miércoles, julio 30, 2008

 

Sacralización

Sacralizaciones y perversiones: dos lados de una moneda de uso (y abuso) particularmente frecuente en nuestro medio político. Por razones de coyuntura (y conveniencia particular) se sacraliza lo que se desea inmovilizar y poner a salvo de cualquier posible cuestionamiento, con el consabido resultado de que se pervierte la vida pública en el País: se impide el desarrollo económico, se encumbran los intereses más perniciosos y se construyen mitos y leyendas que resultan negativos para la abrumadora mayoría de los mexicanos, sobre todo los más pobres.

Basta mirar nuestro entorno diario para observar la cantidad tan impresionante de vacas sagradas con que vivimos y que fueron debidamente sacralizadas en su oportunidad. No queremos cambiar, vaya, ni siquiera discutir, regímenes alternativos para la administración del agua: mejor la convertimos en un derecho constitucional, por consiguiente sagrado e intocable.

En el caso de la energía eléctrica, la expoliación que lleva a cabo el Sindicato de Electricistas es, faltaba más, un derecho adquirido, y, como tal, sagrado e intocable que, además, hace imposible evitar el robo de luz. Permitir que se desarrollen fuentes de energía privadas, así sean renovables, constituiría un sacrilegio: mejor sacralizamos la energía eléctrica.

El petróleo es, por supuesto, sagrado y por lo tanto intocable. El sindicato de Pemex es sagrado (y un dechado de virtudes). Sacralizamos (o se autosacralizan) líderes sindicales y políticos, intelectuales y empresarios. Todos quieren ser intocables para hacer lo suyo sin que nada cambie ni nadie los toque.

Todo lo que no queremos cambiar se vuelve sagrado y con eso se anula cualquier discusión o análisis. El tema se torna intocable, así que ya para qué hablamos del ejido o de las tierras comunales, de la supuesta gratuidad de la educación o de los pases automáticos.

Pero no por ser sagrados los temas se resuelven los problemas. El País enfrenta desafíos monumentales en todas las áreas mencionadas pero, por haber sido sacralizados, ni siquiera se pueden plantear como temas legítimos de discusión.

En algunos casos es el subconsciente colectivo el que crea las condiciones para que un determinado tema resulte ser intocable. Sin embargo, no tengo duda de que, en la mayoría de los casos, son los intereses particulares más mezquinos los que determinan la sacralización de un tema. En términos de valor y trascendencia, quizá no haya asunto más relevante que el del petróleo.

En el espacio público, el petróleo ha sido sagrado por muchas décadas: todos sabemos que hay infinidad de vivales escondidos detrás del statu quo (por supuesto, sagrado), pero cualquier cuestionamiento provoca la ira de los sumos sacerdotes, lo que acaba reforzando el muro protector que, por conveniencia personal o política, mantienen muchos de nuestros legisladores.

También hay un ejemplo maravilloso de cómo un grupo de interés, nada modesto, convirtió en sagrado su interés y, con ello, encumbró su posición en el mercado nacional. El lector recordará que uno de los acuerdos dentro del TLC era que se liberaría el tránsito de camiones de carga entre los tres países. La idea era que se eficientara el transporte de carga a fin de reducir costos a los productores y mejorar la competitividad de la economía mexicana.

Los primeros en oponerse fueron los poderosos sindicatos de transportistas gringos, los famosos "teamsters". Acostumbrado a proteger su monopolio, el sindicato de transportistas logró que su gobierno incumpliera su compromiso de liberalizar el acceso de camiones mexicanos a ese país. Dada la historia siniestra de los "teamsters", era perfectamente anticipable lo que harían, por lo que no fue sorprendente su capacidad de presión.

Lo que sí fue novedoso y, en cierta manera, asombroso, por inteligente, fue la forma en que los transportistas mexicanos reaccionaron ante la posibilidad de enfrentar la competencia de camioneros extranjeros en México. En lugar de quejarse y presentarse como unos debiluchos incapaces de competir, como casi todo el resto de nuestra economía, los transportistas mexicanos decidieron tomar la ofensiva: demandar la apertura del mercado estadounidense. En lugar de argumentar la necesidad imperiosa de proteger su mercado, los transportistas mexicanos aprovecharon las tendencias proteccionistas de sus contrapartes estadounidenses y se dedicaron a exigir la apertura del mercado del vecino país.

A sabiendas de que aquéllos no cejarían en su oposición, los mexicanos se envolvieron en la bandera y crearon un mito más, sacralizando el sector. Es decir, aprovecharon el incumplimiento estadounidense para crear una nueva vaca sagrada que les garantiza una posición monopólica para siempre. Admirable.

Lo sagrado, por definición, es intocable. Si todos los grupos interesados en que nada cambie siguen saliéndose con la suya, van a acabar por paralizar al País en todos los frentes. Por 70 años, el PRI logró sacralizar al ejido y a la supuesta democracia mexicana (rara, inusual, poco democrática, pero sagrada a final de cuentas). El petróleo es sagrado desde los 30. El agua en la última década. Uno por uno, nuestros intereses más mezquinos han logrado convertir en sagrado su interés particular. Paso a paso, se ha logrado pervertir la realidad nacional y crear hechos políticos que se tornan intocables.

Al mismo tiempo, cada vaca sagrada que se muere abre espacios de libertad y ciudadanía, como ocurrió con el régimen electoral en 1996. Es tiempo de matar vacas sagradas.

En este momento no hay mayor vaca sagrada que el petróleo. Por buenas o malas razones, una porción significativa de la población ha aceptado, o al menos condona, la mitología de que el petróleo es de todos los mexicanos, que el sindicato sigue las prácticas ascéticas y humanistas de la madre Teresa y que cualquier modificación al régimen vigente constituye un sacrilegio, una afrenta al mayor valor sagrado de nuestro régimen político. Esa parte de la población no se percata de que al aceptar esos valores, o participar en "consultas", no hace otra cosa que sacrificar sus propios derechos y su capacidad para acceder al verdadero desarrollo. Serán los traumas de nuestra historia de que hablaba Edmundo O'Gorman.

Aunque es de admirarse la capacidad de esos intereses particulares por protegerse, es en buena medida inexplicable la indisposición del mexicano común y corriente a desafiar esos valores e intereses, es decir, a velar por su propio interés. Gracias a esa pasividad, México se ha convertido en el reino de los intereses particulares, las vacas sagradas y los mitos. El problema es que de mitos no se come.

Luis Rubio
www.cidac.org


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¿Quiénes son los conservadores que quieren que continúe el status quo? Analícenlo y obtengan sus propias conclusiones.

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martes, julio 29, 2008

 

Petróleo: el nacionalismo, coartada conservadora

Salir de México y estar unos días en España permite redescubrir el país desde otros ángulos, comprender lo lejos que estamos de un proyecto de nación común y, sobre todo, de una clase política que sepa, incluso ante la más profunda de las diferencias, tener claro cuáles son las variables entre las que se puede mover la nación. Es la oportunidad de ver a José Luis Rodríguez Zapatero aceptando que enfrenta una crisis económica y reuniéndose con su rival Mariano Rajoy para buscar acuerdos; es comprobar que en términos de seguridad se detiene a un comando de la ETA y la representante de las FARC en España y que todas las fuerzas políticas asuman que la política de la violencia no es legal ni aceptable; es escuchar al alcalde de Madrid (y uno de los políticos más populares de España), Alberto Ruiz Gallardón, un hombre del PP, reconociendo que la renovación de esa ciudad se dio gracias a la labor del socialista Tierno Galván, al inicio de la transición española.

Es la oportunidad para ver también, con un espectáculo avasallador, a Lila Downs, confirmada como la mejor y más original cantante mexicana del momento. Pero de la misma forma que Lila demuestra cada día que la música y la cultura mexicanas van mucho más allá de algunas estrellitas creadas en los medios, que el cambio constante es la única norma que permite consolidar la evolución, se puede comprobar también que, según dice otra extraordinaria cantante, ésta, alemana pero con lazos sutiles y artísticos que la enlazan con la Downs, Utte Lemper, "el nacionalismo es tan sólo un movimiento de las élites conservadoras". Y esos nuevos (viejos en realidad) bríos que por aquí nuestros políticos denominan "reivindicaciones nacionalistas" no son sino una reafirmación de la suma de convicciones conservadoras y restauradoras de una élite política que no alcanza a comprender siquiera lo que sucede allá afuera.

Ejemplos hay muchos: los términos de la propuesta priista sobre la reforma petrolera, digna de los tiempos de Ruiz Cortines, incapaz de asumir siquiera sus respectivas posiciones públicas sobre el tema; las pugnas internas y las ambiciones de poder del perredismo (el partido se está derrumbando electoralmente, pero ya están peleando la candidatura de 2012) en busca de algo parecido a una identidad partidaria; la ridiculez de un panismo que "lanza" a Fox a la campaña de 2009, sin comprender que la apuesta del calderonismo se basó precisamente en ser una oferta diferente de la del foxismo. En fin, en pocas ocasiones, como en este julio, hemos podido constatar que nuestra clase política no ha aprendido de la transición (porque en realidad no la ha vivido) y que, para casi toda ella, la bandera del supuesto nacionalismo del que tanto se ha abusado en torno a la reforma petrolera sirve sólo como una coartada para ocultar su conservadurismo.

No estamos ni siquiera a nivel de Hugo Chávez. Este fin de semana el presidente venezolano visitó Madrid: después del derrumbe del proyecto bolivariano en torno a las FARC se ha apresurado a deslindarse de ésta para reunirse con el mandatario colombiano Álvaro Uribe y ha volado a Europa a tratar de recomponer una relación rota en la cumbre de Santiago de Chile, cuando el rey Juan Carlos estalló con aquel: "¿Por qué no te callas?" Y la diplomacia de Chávez, que no quiere quedarse solo, para bien o para mal, es petrolera. Y para hacer productivo el petróleo se requieren inversiones. En este recorrido ha puesto de manifiesto la apertura de su país para recibir todo tipo de inversiones en la Franja del Orinoco, que le ayuden a aumentar su plataforma petrolera: inversiones privadas y sin limitaciones. En España, además de recibir de regalo, del rey (al que fue a visitar a Mallorca), una camiseta con la leyenda "¿Por qué no te callas?", dejó atrás el discurso nacionalista y llegó a acuerdos estratégicos con la empresa Repsol-YPF, para explotar, junto con la venezolana PDVSA, el campo Junín 7 con el fin de extraer, en principio, unos 200 mil barriles diarios de crudo que, como dijo Chávez, "podrían venir directamente a España, que tendría garantizado el petróleo para siempre... siempre que haya petróleo". Acordó, además, iniciar la exploración conjunta de otros yacimientos y garantizó la venta de diez mil barriles diarios a 100 dólares a España. No fue un gesto gratuito: fue en contraposición a la inversión de la empresa Repsol-YPF en el sector, porque, como dijo Chávez, para explotar esos yacimientos se necesitan inversiones de "miles de millones" que esa empresa está realizando y Venezuela no puede hacer.

Hace poco más de un mes estuve también en España, cubriendo otra visita presidencial, la de Felipe Calderón. Nunca un Presidente mexicano (salvo López Portillo, con motivo de la reanudación de las relaciones diplomáticas bilaterales) había sido recibido con tantos gestos y ofertas de acuerdos políticos y económicos de fondo. En los encuentros políticos y empresariales en los que me tocó estar, el tema de las inversiones en México era central y todo ello iba de la mano con el interés diplomático de convertir a las dos naciones en los extremos de un puente que permitiera profundizar relaciones en América y Europa, respectivamente. La única pregunta que se hacían los españoles era qué nos pasaba, por qué no aprovechábamos la oportunidad que tenía México, sobre todo en el ámbito energético. Este fin de semana deben haberse sorprendido aún más porque el presidente que menos quieren en España, Chávez, llegó a los acuerdos que aún no se pueden alcanzar con Calderón. Porque mientras con Chávez firmaban acuerdos de inversión, de "miles de millones", en México el discurso nacionalista, conservador, de una élite, lo impedía, porque la misma tiene un solo objetivo en mente: adueñarse de espacios de poder, aunque el país fracase. Ya se presentarán en el futuro como los salvadores de lo que ellos mismos propiciaron.

Jorge Fernández Menéndez

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jueves, julio 24, 2008

 

Petróleo: guajolotes o riqueza + Dos enfoques: PRI-PRD y PAN

Luego de semanas de debate y de decenas de oradores, el saldo final del foro energético debe medirse en función del fin del ciclo petrolero priísta con el colapso de Pemex y del inicio del papel estratégico del petróleo en el desarrollo mexicano.

Asimismo, la conclusión debe medirse en función de ocho dilemas:

1.- Regresar al 1938 de Cárdenas en que el Estado expropió las empresas petroleras en contexto laboral irrepetible o dar el paso hacia delante y convertir al petróleo en el detonador de un nuevo modelo de desarrollo sin ceder el dominio constitucional del Estado.

2.- Regresar el Estado a los tiempos de Echeverría para que toda la industria petrolera dependa del sector público y burocratizarla o salvaguardar el dominio exclusivo del Estado pero utilizar la inversión privada para impulsar un más rápido desarrollo del sector energético controlado por Pemex como empresa cien por ciento paraestatal.

3.- Profesionalizar a Pemex para convertirla en una empresa fuerte y poderosa o esconder a la empresa para ocultarla detrás de los miedos a otras empresas o a la competencia y dejar pasar la oportunidad de los precios altos que exigen inversiones urgentes para más reservas.

4.- Mantener el Estado rector del desarrollo y la industria petrolera mixta que ya existe o regresar al Estado gestor directo del manejo de Pemex con la experiencia de que toda empresa paraestatal depende de los intereses del gobierno en turno y siempre pierde posibilidades por el manejo inevitablemente burocrático de su administración. La expropiación de la banca fracasó por el despilfarro de sus directores designados por el gobierno.

5.- Asumir el petróleo como un recurso comerciable en función de producción-venta o darle la noción misma de nacionalismo o establecerlo como el punto de definición de tres políticas que los gobiernos mexicanos han eludido: la política de seguridad nacional, la política de relaciones con los Estados Unidos y la política de contribución a un nuevo orden energético internacional.

6.- Optar por el Estado populista o neoliberal o buscar la opción del Estado promotor del desarrollo manteniendo el control del petróleo y la rectoría del desarrollo pero aprovechando el capital privado para reimpulsar la empresa. López Portillo expropió la banca para el desarrollo pero los banqueros estatales no pudieron convertirla en el pivote del desarrollo. Eso sí, los banqueros estatales expoliaron a los bancos.

7.- Aceptar el desafío de la reorganización del capitalismo internacional con una participación activa y sin miedos para defender posiciones o sumarse pasivamente a las corrientes de crítica a la corporativización de los Estados y por tanto rechazar cualquier inversión privada y desaprovechar el potencial energético, mientras de todos modos el capitalismo se reorganizará para beneficio de sus participantes y no de sus críticos.

8.- Definir si el problema de Pemex es de organización administrativa, presupuestal y productiva de la empresa o si debe definirse primero el modelo de desarrollo nacional, la política presupuestal del Estado y la estrategia de seguridad nacional y después darle su espacio a Pemex.

Además de los dilemas que tienen que ver con la alternancia --ahora sí-- partidista en la presidencia de la república, el foro en el Senado sirvió para fijar las posiciones de los partidos políticos: el PAN se quedó en la reorganización administrativa de la empresa sin evaluar los perfiles políticos, de seguridad nacional y de desarrollo; el PRI se opuso a cualquier reforma de Pemex que cambie la situación actual de una empresa típicamente priísta en materia de corrupción, saqueo sindical y manipulación política; y el PRD dejó claro que desea un petróleo bajo el control absoluto del Estado y de la burocracia gobernante.

Pero a pesar de las limitaciones en las posiciones y de debates mediocres, el saldo final coincidente fue bastante obvio: Pemex ya no debe ser la empresa del sistema político priísta y debe dar el paso a la modernización que permita un mejor aprovechamiento del potencial petrolero. Por tanto, el Pemex priísta fue condenado por todos los asistentes al foro, aún por priístas que criticaron a la empresa como si sus defectos hubieran sido producto de una gestión de extraterrestres de Marte. El Pemex que todos criticaron es el Pemex que heredó el sistema priísta después de 50 años de gestión, porque los directores bajo el foxismo habían sido priístas y el actual director Jesús Reyes Heroles fue --¿es?-- un importante político priísta, hijo de un priísta también director de Pemex.

Los documentos históricos hablan de una expropiación hecha contra la rebeldía laboral de las compañías extranjeras. La segunda expropiación petrolera debe fijar la política de convertir el petróleo en un detonador del desarrollo sin perder la soberanía absoluta del Estado sobre el recurso pero abriéndose a la inversión privada sin los complejos del pasado.

Si la expropiación de 1938 se pagó con guajolotes que donó el pueblo, ahora se trata de definir al petróleo como el instrumento del desarrollo y fuente de riqueza. El mejor nacionalismo es el que promueve el desarrollo.

Carlos Ramírez

(Blog e Indicador Político TV en www.grupotransicion.com.mx.)

cramirez@indicadorpolitico.com.mx

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miércoles, julio 02, 2008

 

A dos años

Es increíble que después de 2 años todavía hay gente que le cree ciegamente al peje. Él seguirá haciendo su lucha por llegar al poder, esta en su derecho. Pero que sus seguidores no le cuestionen nada, es increíble.

Vamos por partes, esos que dicen que hubo fraude, ¿siempre cómo fue? ¿Fue electrónico, como dijo AMLO el primer dia, o fue a la antigüita como dijo después??

Dicen que la diferencia es muy poca y que hubo irregularidades. Correcto. Pero se contó, voto por voto, el 11% de las casillas. Las casillas que supuestamente tenían las peores irregularidades. Casillas que fueron impugnadas por AMLO. No se contó el 11% al azar. Se contó el 11% de una muestra seleccionada como lo peor por AMLO y los partidos que lo postularon. ¿Qué resultó? Nada. Si hubo diferencias, pero fueron aleatorias. Es decir, en unas eran unos cuantos votos mas para AMLO, en otras para Calderón, y así. En promedio todo quedó igual. Y eso que era una muestra sesgada a favor de AMLO.

¿Por qué no se revisaron casillas en Tabasco donde el PG quedó muy arriba? ¿O Zacatecas, Chiapas, el DF, etc.? Hubo muchas casillas con irregularidades donde ganó aplastantemente AMLO. Y esas no se revisaron como ese 11%.

Luego también dicen que fue confabulación de los medios y de los empresarios. ¿Quién tuvo mas tiempo en TV? AMLO. ¿A quién entrevistaron mas?? A AMLO. ¿Quién no quiso ir a los primeros debates?? AMLO. ¿Quién cometió errores soberbios diciendo siempre que iba arriba mas de 10 puntos?? AMLO. ¿Quién decia que las encuestas estaban cuchareadas cuando las propias nunca las mostró y luego se supo que mostraban lo mismo que las demas?? AMLO. ¿Quieren que le siga??

Y ahora resulta que la crisis MUNDIAL de alimentos y energía es culpa de Calderón. Es culpa de los reaccionarios, de los conservadores del status quo, de los que no quieren hacer cambios en México, que no podamos enfrentar esas crisis externas de mejor manera. Y ojo, no soy panista. Son anti peje. Son anti personas que han divido al país con sus discursos de lucha de clases que hace un siglo ya no se usan en los paises del primer mundo. Envidiamos a los países desarrollados, pero no queremos tener las responsabilidades, las obligaciones que tienen ahí los ciudadanos. Pero no, siempre es mejor echarle la culpa a los extranjeros, a los ricos, de los problemas que tenemos. Eso, aquí y en China es simplemente envidia.

Que bueno que no ganó. Y yo si estoy seguro que no hubo fraude. Les falta saber de estadística. No le crean todo al peje. Es un político como todos los demás en México. Con sus intereses particulares, con ambición de poder. Nació y creció políticamente en el PRI. Con todo lo que hemos visto después de las elecciones del 2006 me quedó completamente claro que era, es y seguirá siendo un peligro para México. Y mientras en este país haya un poco de libertad de expresión (ya mengüada con la contrareforma electoral del año pasado hecha para calmar al peje) haré lo que este a mi alcance para denunciarlo y evitar que llegue al poder. Yo no quiero un Hugo Chávez en México. ¿Tu si?

Dany Osiel Portales Castro
http://no-al-populismo.blogspot.com/
http://editorial-danyportales.blogspot.com/
"El castigo que los hombres buenos tienen que pagar por no estar interesados en la política es ser gobernados por hombres peores que ellos mismos" (Platón)


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sábado, junio 28, 2008

 

AMLO sin rumbo ni destino

Luego de muchas vueltas, la realidad acaba de alcanzar a Andrés Manuel López Obrador. Pero en lugar de mostrarlo como un político maduro, lo volvió a exhibir como un dirigente sin brújula y sin destino.

El IFE le dio la oportunidad de regresar a la racionalidad al caracterizar de ilegal su cargo de "presidente legítimo". Pero en lugar de usar ese punto para flexionar su estrategia, asumir su condición de oposición y romper con las burlas de que no podrá ser presidente en el 2012 porque no hay reelección, López Obrador se va a hundir más en la defensa de su ilegitimidad.

El problema del tabasqueño es que perdió los referentes políticos. Toda su agitación violenta tiene el propósito de alcanzar el poder el 2012 por la vía institucional, pero pulverizó las instituciones: agredió a la sociedad con los plantones, reventó el sistema político al tratar de impedir la toma de posesión de Calderón, deshizo el Congreso al tomar violentamente las dos tribunas, desconoció al IFE y al Trife, repudió a la Corte y tachó a los ministros, anuló a la prensa en general y la lapidó en el zócalo.

Si llegara a la presidencia, López Obrador se encontraría con un sistema tronado por él mismo. Y ahí se localiza justamente la peor contradicción del tabasqueño: encabezar un movimiento que no es revolucionario ni fundacional, sino que pasa por la destrucción de las instituciones, pero la paradoja final es que ni él ni sus masas son revolucionarias quieren la revolución sino el arribo institucional al poder. Al final de cuentas, López Obrador representa la restauración del viejo régimen priísta, una mezcla del corporativismo de Lázaro Cárdenas y el populismo de Luis Echeverría. A este escenario se le puede aplicar la caracterización que le dio José Revueltas a los enredos ideológicos del viejo Partido Comunista Mexicano: "locura brujular".

En este escenario, el IFE le echó a López Obrador una llanta salvavidas. Al señalar la anticonstitucionalidad del cargo de "presidente legítimo", el IFE le abrió al tabasqueño la oportunidad de regresar a la lucha política legal e institucional y asumirse como oposición radical. Sin embargo, la cohesión del movimiento lopezobradorista depende de la payasada del presidente legítimo y no de una propuesta coherente.

Como argumento del cuento de Hans Christian Andersen, el IFE acaba de gritar que "el rey está desnudo": que el traje de presidente legítimo fue tejido con hilos de oro y plata inexistentes y que los sastres timaron a su Majestad con vestimentas que sólo eran admiradas por la corte pero que físicamente no existían.

Pero en lugar de despertar de un sueño-pesadilla y posicionarse del espacio ganado a golpes de violencia política, López Obrador y sus seguidores van a pelear por el uso del concepto de "presidente legítimo". Y en su caída seguirá arrastrando al PRD y a los legisladores y gobernantes que tomaron posesión con las cifras del 2 de julio del 2006 pero que no reconocen la presidencia de Calderón por el fraude electoral del 2 de julio del 2006.

Lo malo es que López Obrador realmente se ha creído su condición de legítimo. En febrero pasado Jacobo Zabludovsky le hizo una entrevista a López Obrador en la 69 de Radio Centro y le preguntó, "sin ocultar un placer perverso", que si era presidente legítimo, "la Constitución la impide reelegirse".

--Deduzco que usted, señor López Obrador, no será candidato a la presidencia otra vez, porque si es usted presidente legítimo equivaldría a tratar de violar la Constitución.

López Obrador respondió con seriedad:

--Eso habría que verlo en su momento, ahí los juristas lo tendrían que resolver.

López Obrador pudo haber establecido el tema de la presidencia legítima como una forma de cohesionar su movimiento y evitar la dispersión de la derrota. Pero lo que habría sido una estrategia, al final quedó como un fin en sí mismo: López Obrador tomó posesión de la presidencia legítima, la juró ante la Constitución, se mandó hacer un escudo nacional, se sentó en su silla presidencial --¿gestatoria?--, pidió el trato de Señor Presidente, cobra como presidente de la república y designó a su gabinete.

Lo de menos es la caracterización de un cargo inexistente. El problema es que López Obrador ha creado una esquizofrenia entre sus seguidores y con ello ha fracturado al país en una república institucional y una isla de balcanización política que vive la esquizofrenia de transcurrir cotidianamente en el mundo real pero con espacio para el mundo bizarro de López Obrador. La izquierda ha perdido credibilidad, seriedad y sobre todo tiempo político con el desgaste de defender una presidencia legítima inexistente en lugar de darle dinamismo político a su base electoral.

El saldo de la presidencia legítima y sus acciones está a la vista: el PRD cayó del 35% del 2006 a 17% de tendencia para el 2009. Y no ha resuelto la paradoja principal: luchar por la vía rupturista para acceder al poder por la vía institucional y restaurar el modelo caudillista del PRI.

Carlos Ramirez, 19 de junio 2008

(Blog e Indicador Político TV en http://www.grupotransicion.com.mx/.)

cramirez@indicadorpolitico.com.mx

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Ya es más que obvio que "el bueno" para el 2012 es Marcelo Ebrard. ¿Lo permitirá AMLO? ¿O veremos un pleito como el que todavía divide al PRD por la presidencia del partido? Al tiempo.

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viernes, junio 20, 2008

 

Samba petrolera

"Mientras México sigue importando gasolina a pesar de ser un país petrolero, Petrobras está no sólo produciendo, sino está exportando gasolinas hechas en Brasil".
Felipe Calderón Hinojosa

Hace algunas semanas entrevisté a Alejandro Encinas, el todavía candidato a la presidencia nacional del PRD, quien me dijo que Petrobras, la empresa petrolera brasileña, era un gran fracaso y nos demostraba cuál era el rumbo que México no debía seguir en la reforma petrolera. Con anterioridad, el propio ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador había descalificado al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, por sugerir una sociedad entre Petrobras y Pemex, lo cual, a juicio de López Obrador, equivalía a promover una "privatización de Pemex".

La posición de Encinas y López Obrador no debe sorprender. Brasil es un país que ha abierto su industria petrolera mucho más, incluso de lo que propone el presidente de México, Felipe Calderón. Dado que ellos consideran que cualquier apertura es una traición a la patria, Brasil y Petrobras son un peligro para su posición ideológica.

La reforma petrolera brasileña fue iniciada por Fernando Henrique Cardoso, un Presidente socialdemócrata, de izquierda moderada, en 1995, pero ha sido mantenida y fortalecida por el gobierno más izquierdista de Lula. Como parte de esa reforma, Petrobras se abrió al capital privado y empezó a hacer alianzas con empresas brasileñas y extranjeras. En la actualidad el Gobierno sólo mantiene el 32 por ciento de las acciones de Petrobras, la cual cotiza en bolsas del Brasil y del extranjero. Alrededor de 50 empresas privadas realizan operaciones de exploración, extracción, transporte y procesamiento de petróleo y sus derivados en Brasil, en sociedad o solas. Petrobras ha establecido numerosas coinversiones con firmas privadas para operar en el país y también en el extranjero.

¿Ha sido tan desastrosa la operación de Petrobras como para que Encinas y los perredistas la consideren como un enorme fracaso cuyo ejemplo debemos evitar los mexicanos? ¿Ha perdido Brasil soberanía? Todo lo contrario. Petrobras y la industria petrolera brasileña parecen una gran historia de éxito. En contraste, Pemex es un fracaso absoluto.

Brasil era un país que hasta hace algunos años importaba virtualmente todo su petróleo. Petrobras se dedicaba a comprar, distribuir y vender combustibles. La empresa y sus socios, sin embargo, empezaron a invertir y a transformar la industria petrolera del país. Petrobras construyó primero una fuerte capacidad de refinación, lo cual le permitió convertirse en exportador de gasolina incluso cuando todavía era importador de crudo. Hoy la producción de petróleo del país ha alcanzado los 2 millones de barriles diarios, lo cual le deja un excedente de unos 400 mil barriles para la exportación.

Ahí no termina, sin embargo, la historia de éxito. Gracias, precisamente, a que ha establecido sociedades con algunas de las empresas más importantes del mundo, las cuales cuentan con la tecnología más avanzada, Petrobras ha hecho hallazgos muy importantes de yacimientos de petróleo crudo. De hecho, la empresa es hoy una de las mejores a nivel internacional por su capacidad de operar en aguas profundas.

Entre los campos que ha encontrado está el de Tupi, cerca de Río de Janeiro, considerado como el más importante hallado en cualquier lugar del mundo en los últimos años. Petrobras ha descubierto petróleo, incluso en el Golfo de México -del lado estadounidense, por supuesto- en una coinversión con la europea Shell, la estadounidense Marathon Oil y la italiana ENI.

Pemex y la industria petrolera mexicana, en cambio, son un verdadero ejemplo de fracaso. Si bien México contó con la enorme suerte de encontrar en los años 70 un enorme yacimiento en aguas someras, el de Cantarell, sin siquiera tener que realizar un esfuerzo de exploración, el País pronto dispendió la riqueza encontrada. Los recursos que produjo Cantarell, en lugar de reinvertirse, se emplearon en gasto corriente del Gobierno.

Con el tiempo, la producción de ese campo ha empezado a decaer y con ella la del País. México no logró siquiera convertirse en productor autosuficiente de gasolina en ese tiempo. Convenía más hacer inversiones de refinación en el exterior, como en Deer Park, en Houston, con la Shell, que en un México en que se le prohibían a Pemex las sociedades con firmas privadas.

Petrobras y Brasil serán grandes potencias petroleras en los años que vienen. El optimismo de los analistas se ve reflejado en las calificaciones de los bonos de la empresa y del país, así como en la bonanza de los mercados bursátiles brasileños (Petrobras, por supuesto, cotiza en bolsa, cosa que Pemex no hace).

México, en cambio, parece destinado a convertirse en importador neto no sólo de gasolina y petrolíferos, sino de crudo, en los próximos años. La historia de éxito es Petrobras y la de fracaso Pemex.


Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com
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Parece que ya le empezó a llegar de nuevo su cheque a Sarmiento desde Bucareli. jajajajajajaja

Le faltó un dato importante a Sarmiento. Si bien el gobierno de Brasil sólo tiene el 32% del total del capital accionario de Petrobras, posee el 60% (si mal no recuerdo) de las acciones con derecho a voto. Con eso, el gobierno decide unilateralmente reinvertir todas las utilidades que quedan después de pagar los impuestos generales y especiales al petróleo (la mayor parte de la renta pretrolera), de tal manera que la renta la conserva el Estado para beneficio del país, y se arriesgó capital privado, no el Erario. Eso es soberanía. Eso es mantener el control. Lo demás es demagogia.

Pero no le hagan caso a Sarmiento. No es un intelectual (what ever that means) y además es un conservador (quiere cambiar el status quo) que recibe dinero del gobierno espurio. Tampoco me hagan caso a mi. Soy un ignorante que no conozco la historia y vivo cegado por la información manipulada de Telerisa y TV Azqueta. Ah!, también del periódico de la derecha, Reforma/El Norte. :-))

Digo, porque no puede haber otra explicación para que yo tenga estas ideas. La única opción posible es mi ignorancia. Si, eso debe ser.

Lo que es no tener argumentos ni propuestas.

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domingo, junio 15, 2008

 

Oswaldo y las reglas

Para todos los que no aman y para todos los que no quieren al futbol, comienzo por aclarar que Oswaldo Sánchez es el portero titular de la selección nacional. El puesto de portero es (puedo atestiguarlo por una experiencia personal, ¡ay!, tan remota) el más sufrido pero también el más "heroico". El portero suele ser el líder del equipo. Oswaldo no sólo ha sido un excelente jugador y un gran líder sino un ejemplo de profesionalismo y seriedad.

Hace unos días, Oswaldo fue protagonista de un incidente incómodo. Tras el triunfo de la selección en un partido amistoso que tuvo lugar en Chicago contra su homóloga del Perú, Oswaldo y sus compañeros decidieron festejar ruidosamente en su habitación de hotel. Las reglas de silencio y privacidad no permitían este tipo de encuentros, por lo que los alegres amigos fueron reconvenidos algunas veces hasta que la policía irrumpió (al parecer, con severidad extrema) para detener al portero nacional y someterlo a juicio. Además de una sanción pecuniaria, Oswaldo tendrá que comparecer en una futura audiencia de la que, con toda certeza, saldrá bien librado.

El episodio no tiene importancia pero es emblemático de una cierta actitud nacional sobre la que vale la pena reflexionar. Los jugadores festejaban su victoria porque festejar es algo natural. Si las reglas del lugar eran contrarias a ese festejo el problema no era de ellos sino de las reglas, que seguramente no se tomaron la molestia, o no vieron la necesidad, de revisar.

Es la misma lógica que prevalece en incontables manifestaciones de nuestra conducta pública. Cualquiera puede atestiguarlo, por ejemplo, en el tráfico nuestro de cada día: la gente en México conduce su auto como una prolongación de su cuerpo, moviéndolo con naturalidad en todas las direcciones y a una velocidad discrecional. El único límite (a veces) es el instinto de supervivencia, o la precaución de no ser "cachado" por la policía, pero casi nunca la convicción racional o cívica de que existen leyes escritas que no se deben infringir. Si la ciudad es una selva y en la selva no hay semáforos, ¿por qué habría yo de obedecerlos?

Otro ejemplo más delicado es el abuso de los grupos o asociaciones sociales, sindicales, políticas de su derecho constitucional a la libre manifestación. Tomemos por caso la reciente toma del periférico de la Ciudad de México por un grupo de sindicalistas que apoyan al líder Napoleón Gómez Urrutia.

Aunque el frecuente conflicto entre el derecho de manifestación y el de tránsito es un tema complejo del que los legisladores o los ministros de la Corte deberán ocuparse alguna vez, es claro que tanto el taponamiento completo de las vías como la agresión a algunos automovilistas son actitudes violatorias de la legalidad, pero los manifestantes no se detienen en esas consideraciones menores. Ellos están en su derecho "natural" de protestar, un derecho superior a cualquier regla escrita. Más aún, si la autoridad pretende hacer valer la regla escrita, es inmediatamente acusada de represión.

Lo más extraño es que las propias autoridades comparten esa postura. Hace casi diez años, cuando en una operación legal, ordenada e incruenta el Gobierno intervino para poner fin al movimiento que había paralizado a la UNAM, un alto funcionario federal declaró (palabras más, palabras menos): "A veces las circunstancias son tan delicadas que uno no tiene más remedio que aplicar la ley".

La noción de preeminencia de la "ley natural" sobre la ley escrita se encuentra en un sustrato muy antiguo y profundo de nuestra cultura política. Proviene de la matriz neoescolástica que caracterizó a Nueva España, lo cual no explica todo pero explica mucho.

En México -como en la España del "Siglo de Oro"- todo pueblo es "el pueblo", toda parte es el todo, y por eso se siente con el derecho natural no sólo de manifestar su parecer o su agravio sin límite alguno, sino de tomar las medidas de hecho que crea pertinentes para hacerlo valer por sobre las falibles leyes humanas. En el fondo del "imaginario" mexicano, todo conjunto homogéneo y numeroso de personas es "Fuenteovejuna" y se siente con derecho a actuar contra los comendadores en turno.

Los liberales del siglo 19 tuvieron perfecta conciencia del problema. Por eso en las leyes, en la Ley, como el único instrumento que nos permite vivir en convivencia y no "al natural", sometidos a la ley de la selva, a la voluntad del rey o a la del coro que lo aclama. El prestigio de la Revolución sobre la Reforma nos desvió de ese camino de construcción legal para retrotraernos a un orden regido por el pacto entre una porción del "pueblo", cuya voluntad soberana no se medía en votos sino en su capacidad de movilización y aclamación, y un caudillo a quien ese "pueblo" entregaba el poder para que lo ejerciese conforme a su muy personal concepto de "orden natural".

Seguramente Oswaldo no infringirá ya las reglas y seguirá defendiendo el arco de la selección. Por desgracia, en la cancha de nuestra vida pública, seguirá imperando la ley natural sobre la escrita.


Enrique Krauze

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Ojalá los políticos de hoy en México fueran tan liberales y progresistas como los liberales del siglo XIX. Ah, pero eso si!, no dejan de usar el nombre de Juarez para todo. Ojalá fueran realmente seguidores de los principios de Juárez.

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domingo, junio 01, 2008

 

...y, al vino, vino

Nada ha cambiado desde los 70 en que se evidenció una disputa por el futuro de la nación. Desde entonces tenemos un país profundamente dividido en su visión de futuro, desde entonces vienen chocando dos visiones encontradas: la de los nacionalistas estatistas y la de los modernizadores. Cada una tiene sus raíces en nuestra historia y ambas pregonan soluciones definitivas, pero su enfoque y objetivos son radicalmente distintos. La tragedia es que estamos en el mismo lugar treinta años después. Hemos desperdiciado tres décadas sin poder resolver esta disputa, que ahora se manifiesta en el tema del petróleo.

Las dos posturas que se disputan la primacía en el debate actual reflejan dos visiones del mundo, dos expectativas sobre el futuro y dos momentos del poder político. El discurso dogmático de los nacionalistas estatistas que enarbola una parte de los perredistas y de los priistas deriva su inspiración en el acto expropiatorio de 1938 y justifica su postura en la lectura, como si fuera un texto sagrado y no un documento vivo, de la Constitución de 1917. Desde esa perspectiva, el petróleo no puede entenderse como una mercancía sino como una fuente de soberanía, un elemento central de la mexicanidad.

Esa visión se traduce en dos propuestas concretas: una, que no es posible modificar legislación alguna porque se trata de algo que está por encima de la acción humana. La otra, que sólo el gobierno tiene, y debe tener, la facultad para explotar el recurso y decidir sobre el conjunto de la industria (y, de hecho, sobre el desarrollo del País). Cualquier avezado lector de la realidad de inmediato encontrará una obvia contradicción entre esta postura política y considerar al gobierno de la República como "ilegítimo".

La postura que presenta el gobierno y que, de acuerdo a las encuestas, al menos en sus grandes líneas, representa a una franja amplia de la sociedad entiende al petróleo como un recurso soberano pero también como un instrumento para el desarrollo. Es decir, reconoce la historia y la centralidad de la soberanía sobre los recursos del subsuelo, pero ve al petróleo como un recurso finito, cuya importancia es susceptible al cambio tecnológico y, sobre todo, lo ve como un medio para lograr el desarrollo económico como objetivo, y no como un fin en sí mismo. La propuesta que ha presentado el gobierno no es de avanzada; si uno observa el contexto mundial, donde hay jugadores que se han tornado en formidables competidores, como Petrobras, la iniciativa presentada por el gobierno es sumamente modesta. Una verdadera propuesta modernizadora estaría buscando colocar a Pemex por encima de la empresa brasileña en tamaño y productividad.

A vuelo de pájaro, mientras que quienes enarbolan la postura estatista pugnan por la inmovilidad, los que abogan por la apertura vinculan el desarrollo del recurso al desarrollo económico. Los primeros no tienen prisa, aparentemente porque suponen que el petróleo seguirá siendo igual de importante en cien años. Los segundos observan la forma en que evoluciona la tecnología y temen que el recurso pierda valor en el curso del tiempo. Ciertamente, a la luz de los extraordinarios precios del barril de petróleo en la actualidad, hoy parece difícil creer que éste pueda disminuir.

Sin embargo, no es necesario ir muy atrás en la historia para observar que, como todas las mercancías, los precios fluctúan y el ciclo petrolero tarde o temprano impondrá una dinámica distinta en ese precio. A esos precios es rentable explotar recursos petroleros menos accesibles así como desarrollar substitutos, lo que elevará la oferta y, con ello, disminuirá el precio. Cuando eso suceda, la dinámica de los mercados será distinta.

Pero la disputa sobre la política energética no se agota en la retórica y en la especulación sobre el precio. Detrás de la retórica existe un profundo pragmatismo apenas disfrazado. Ambas perspectivas conciben al petróleo como instrumento, pero ese instrumento es radicalmente distinto. En el planteamiento estatista, al petróleo se le concibe como un instrumento de poder en manos del gobierno, para lo cual demanda absoluta discrecionalidad, es decir, un gobierno todopoderoso capaz de emplear el recurso y los fondos que éste traiga consigo, sin tener que dar explicaciones o rendirle cuentas a nadie.

Detrás de la retórica casi religiosa de la soberanía petrolera se oculta un absoluto pragmatismo donde el recurso debe quedar en manos del gobierno, presumiblemente de un futuro gobierno estatista, mismo que tendría todas las facultades para utilizar los fondos que éste produce de acuerdo a su "proyecto" de nación. Así, la visión estatista propugna por la restauración del viejo poder presidencial con el petróleo como fuente de financiamiento.

El planteamiento modernizador es igualmente pragmático pero se inscribe en una visión muy distinta del papel del gobierno en la sociedad y en el desarrollo económico. El petróleo no es del gobierno para explotarlo al antojo del presidente en turno sino un recurso, un instrumento, que debe ser explotado de manera racional. Para esto se deben utilizar mecanismos de mercado que determinen el ritmo óptimo de extracción y que combinen las virtudes de la eficiencia que trae consigo la competencia entre distintas empresas en un mismo mercado con la propiedad gubernamental del recurso mismo. La visión modernizadora viene de la mano de la descentralización del poder.

La visión estatista nacionalista fracasó en 1982 porque la concentración del poder llevó a excesos y abusos como le pasa a todo exceso. La visión de mercado nunca se ha materializado porque el gobierno, incluyendo los supuestamente reformistas de los 80 y 90, jamás creó las condiciones para que operaran los mecanismos de una verdadera economía de mercado en el País.

Los críticos de las privatizaciones tienen razón cuando argumentan que tan malos son los monopolios públicos como los privados y que las privatizaciones poco transparentes acabaron creando mercados protegidos, claramente oligopólicos, que resultaron más onerosos para la población. Los erróneos criterios bajo los cuales se llevaron a cabo esas privatizaciones (bancos, carreteras, comunicaciones) operan en sentido contrario al mercado, lo que hace difícil la venta de una visión de eficiencia y desarrollo acelerado.

Lo probable es que sigamos en el mundo del "hacer creer", donde habrá algunos cambios que aceleren la explotación del recurso, pero no los cambios necesarios para cancelar la opacidad en la asignación de la renta petrolera. Nuestra triste tradición en pleno.

Luis Rubio
www.cidac.org

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viernes, mayo 30, 2008

 

Privatizar

"Sé que ya... nunca me van a privatizar. Nada ganarían con hacerlo, estoy de acuerdo, pero es un consuelo".
Carlos Monsiváis


¿Cómo, de ser un término técnico, "privatizar" se convirtió en una mera descalificación? El sentido original de la palabra, vender una empresa pública a empresarios privados, se ha desvanecido por completo en nuestros medios de comunicación. Hoy es simple sinónimo de perversión, corrupción y deshonestidad.

El rechazo a las "privatizaciones", especialmente de la industria petrolera, está uniendo a perredistas radicales, como Gerardo Fernández Noroña, con algunos de los priistas más encumbrados. Incluso aquellos que en su momento privatizaron empresas, como el ex director general de Pemex y actual presidente de la Fundación Colosio del PRI, Francisco Rojas, cuestionan hoy las "privatizaciones". Cómo estarán las cosas que un liberal como Francisco Gil Díaz, ex Secretario de Hacienda y hoy presidente de Telefónica Española en México, ha criticado también las privatizaciones... o por lo menos la de Telmex.

En su labor ideológica, los perredistas y algunos priistas utilizan una definición de "privatización" que va mucho más allá de la que yo conozco. Privatizar no es para ellos vender los activos de una empresa pública a inversionistas privados: el que un gobierno o una paraestatal contrate la compra de papel higiénico con una empresa privada es, también, una privatización.

El prejuicio no existía, por supuesto, en la Constitución liberal de 1857, pero tampoco en la "social" de 1917. Ésta estableció la propiedad de la Nación sobre los recursos del subsuelo, como ocurre ahora en la mayoría de las naciones del mundo, pero precisaba que "podrán hacerse concesiones" a particulares con la condición de que se cumplan los "requisitos que provengan de las leyes".

Ni siquiera Lázaro Cárdenas eliminó la participación privada en el petróleo. La Ley Reglamentaria al artículo 27 que publicó en noviembre de 1940 permitió expresamente el trabajo del sector privado en exploración y explotación a través de los "contratos de riesgo", ideados por el propio Cárdenas y después imitados en todo el mundo. Estos contratos no fueron eliminados de la ley reglamentaria sino hasta 1958 y de la Constitución en 1960, cuando los conservadores estaban ya en control del PRI y del gobierno.

Hoy estamos viendo en el Senado un desfile de políticos y juristas conservadores, incapaces de considerar la posibilidad de realizar cambios a nuestro marco jurídico para mejorar el nivel de vida de los mexicanos. Primero exigieron que la reforma energética no hiciera cambios a la Constitución; y cuando se les atendió, y el gobierno buscó maneras de promover la inversión sin tales cambios, acusaron al Presidente de violar la Constitución.

Los mexicanos, sin embargo, no deberíamos estar discutiendo dogmas sino medidas para construir una industria petrolera más eficiente y que beneficie más a los mexicanos. Deberíamos dejar a Pemex las decisiones de cómo, dónde, cuándo y con quién invertir. Así lo hacen las cabezas de Petrobras o de Repsol, las exitosas empresas petroleras de Brasil y España. Si fuéramos más inteligentes, hoy estaríamos invirtiendo en todo: pozos marginales, aguas someras, aguas profundas, yacimientos en tierra firme y refinerías. Lo haríamos con y sin socios porque las condiciones del mercado, con un precio alto del petróleo, y las necesidades del País, con una pobreza lacerante, así lo exigen.

Pero no. Quienes están tomando las decisiones son un pequeño grupo de conservadores que tiemblan ante la posibilidad de hacer cambios a la ley o de que se les llame "privatizadores". Son los mismos, empero, que cuando tuvieron posiciones de responsabilidad no dudaron en privatizar empresas, como lo hizo Francisco Rojas con Mexlub cuando fue director de Pemex.

Mientras nuestros conservadores debaten, vale la pena volver la vista a los verdaderos políticos progresistas del mundo. Ahí está el socialista Felipe González, que privatizó Repsol, la petrolera española (en la cual Pemex, paradójicamente, tiene una participación), y Endesa, la empresa de electricidad. En Chile el también socialista Ricardo Lagos privatizó los servicios de agua y sanidad y promovió la construcción de autopistas privadas.

La diferencia es que González y Lagos representan una izquierda verdadera, interesada en generar inversión y en mejorar el nivel de vida de quienes menos tienen. Nuestros políticos, en cambio, se dicen de izquierda pero son conservadores. Para ellos son más importantes los dogmas sobre la privatización que el bienestar de los mexicanos.

Brasil e Indonesia

Dos ejemplos internacionales, dos caminos. Por un lado Brasil -con Petrobras, controlada por el gobierno pero con abundante capital privado-, que ha logrado grandes hallazgos de crudo en aguas profundas de Brasil y del Golfo de México. En pocos años, Brasil se ha transformado de importador a exportador de petróleo. Del otro lado Indonesia -con su estatal Petromina-, que fijó las reglas más duras de Asia contra la inversión privada en petróleo y que prodigaba subsidios a los combustibles. El gobierno indonesio acaba de anunciar aumentos en los combustibles y su salida de la OPEP, porque de exportador se ha convertido en importador de crudo. ¿Cuál de los caminos, el brasileño o el indonesio, seguiremos los mexicanos?

Sergio Sarmiento
www.sergiosarmiento.com

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domingo, mayo 25, 2008

 

Petróleo: delirios de AMLO

Como si fuera lo más importante, el enviado lopezobradorista José Agustín Ortiz Pinchetti dijo en el debate del martes en el Senado que gracias a López Obrador se habían podido realizar las reuniones. Con fina ironía, el senador priísta Francisco Labastida le contestó que no, que los foros habían sido decididos por los senadores antes de la toma de las tribunas. Sorprendido, Ortiz Pinchetti, antes un abogado de empresas trasnacionales en sus litigios contra el Estado mexicano, se quedó calladito. Su maniobra de lopezobradorizar el debate sobre la reforma energética fue otro fracaso político del candidato presidencial perredista derrotado.

El arranque formal del foro sobre la reforma energética mostró las limitaciones de sus alcances: no fue debate de propuestas abiertas sino la confrontación de dos posiciones encontradas e irreconciliables. De un lado, el populismo trasnochado del PRI-PRD clamando por el regreso del Estado echeverrista; del otro, el neoliberalismo panista promotor del mercado que, por cierto, ya había sido reivindicado antes por el priísmo salinista. El marco del debate fue definido ayer mismo por el grupo de intelectuales lopezobradoristas en una carta publicada en La Jornada. La reforma debiera regirse por tres principios:

1.- La preservación de la exclusividad del Estado sobre propiedad, dominio, gestión, explotación, refinación y petroquímica básica. 2.- Orientar la reforma a garantizar la demanda nacional, con precios y oferta. 3.- Recuperar capacidad tecnológica a través del Instituto Mexicano del Petróleo. Lo malo de la carta de los intelectuales lopezobradoristas es su estancamiento ideológico y su falta de comprensión de los fenómenos económicos. El punto clave no radica en el regreso a la cultura del Estado hegemónico sin intereses sociales, sino en el punto 2: petróleo manejado por el Estado para atender la demanda nacional. ¿Y quién encabeza la demanda? El sector privado.

Así que los intelectuales de Estado piden la hegemonía del Estado sobre el petróleo para seguir subsidiando al sector privado productivo. Nada dicen de políticas sociales o de modelos de desarrollo. Los intelectuales priístas y salinistas hoy lopezobradoristas pugnan por un Estado intendente del petróleo para beneficiar la acumulación de riqueza por el sector privado.

El debate energético se ha reducido a la administración del petróleo: el Estado o la participación privada. Y en términos de modelo productivo, el presidente Cárdenas expropio el petróleo para subsidiar el modelo capitalista. Así, el petróleo ha servido para consolidar el modelo de capitalismo monopolista, proteccionista y paternalista de Estado. De 1938 a 2000, el sistema priísta usó el petróleo no para beneficiar a la nación sino para consolidar el modelo productivo capitalista que ha generado desigualdad y falta de democracia.

El otro problema central del debate es la concepción del Estado: un organismo representante de los intereses de la mayoría no propietaria o un organismo pivote de la acumulación privada de capital. El sentido del Estado social mexicano se desvió con la burocratización de la clase gobernante. El petróleo apuntaló el modelo capitalista, no sirvió para el bienestar social y se fue por el caño de la corrupción sindical y burocrática.

Por tanto, Pemex hoy no representa un proyecto social de desarrollo sino que es propiedad de una burocracia de trabajadores, funcionarios y empresarios. De ahí que debate sobre la reforma energética deba pasar primero por tres temas:

1.- Redefinición social del Estado. Hasta ahora no hay diferencia en la reforma de Pemex que propone el gobierno calderonista porque es el mismo que ya había puesto en práctica el PRI con los perredistas hasta hace poco priístas.

2.- Modelo de desarrollo. El problema del país no es la pugna estatismo-privatización de áreas energéticas, sino la carencia de un modelo de desarrollo con objetivos generales de bienestar social. Ni el Estado ni el mercado garantizan la funcionalidad social del petróleo.

3.- Socialización de la propiedad. El PRI y el PRD quieren seguir manteniendo Pemex bajo el control de una casta burocrática y sindical y el PAN que quiere incorporar al sector energético a una empresa privada que hasta ahora no ha mostrado ninguna sensibilidad social o de Estado.

Lo peor de todo es que los abajofirmantes intelectuales no son novatos en la lucha de ideas. Pero en lugar de apostarle a una reflexión hacia adelante, se han quedado en el concepto del pensamiento intelectual de Estado del pasado que quieren reproducir una disputa por la nación entre el modelo populista del echeverrismo y el neoliberalismo del salinismo. La carta va refrendada por intelectuales afines al priísmo y Estadólatras: Rolando Cordera, Enrique González Pedrero, David Ibarra, Carlos Payán, José María Pérez Gay, Víctor Flores Olea, Carlos Monsiváis y Javier Wimer.

De ahí que el debate deba ser otro: un modelo de desarrollo social que subordine al Estado y al mercado o mantenimiento del Pemex priísta.

Carlos Ramírez

www.grupotransicion.com.mx

cramirez@indicadorpolitico.com.mx

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Pie de la letra

Cartón de Paco Calderón publicado el día de hoy en distintos medios.

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lunes, mayo 05, 2008

 

Odios de ayer y hoy

"¿Por qué la reprobación en las doctrinas ha de cambiarse en odio a las personas?".
Melchor Ocampo


La discordia teológica a la que alude Ocampo desgarró el primer medio siglo de nuestra vida independiente. Su motivo principal fue la tolerancia de cultos. Negarla, refutarla, combatirla, fue un dogma irrenunciable para los conservadores. Afirmarla, fundamentarla, defenderla, fue una postura tenaz del ideario liberal. Fue un diálogo imposible: los primeros aducían principios absolutos; los segundos, realidades prácticas. ¿Quién tuvo la razón?

Según los conservadores, la tolerancia de cultos rompería la unidad religiosa de México y amenazaría la nacionalidad. ¿Para qué introducir "el error" si el país vivía ya en posesión de "la verdad"? La llegada de inmigrantes de otras religiones dañaría la moralidad, dejaría inerme a la Iglesia, propagaría falsedades y supersticiones entre el pueblo ignorante. El padre Agustín de la Rosa, famoso y caritativo sacerdote jalisciense que fue también astrónomo, escritor y redactor de La Religión y la Sociedad, veía el posible arribo de los "sectarios del extranjero" (es decir, los protestantes) como una maldición bíblica:


Todo les anuncia que ha llegado el día deseado por siglos de venir a vivir en delicias en el país del oro y de la plata... Pero el pueblo mexicano verá desvanecerse su pasado, sus tradiciones, sus costumbres, sus creencias... las riquezas que a él y no a otros se dignó conceder el Supremo Bienhechor.


Frente a estas creencias, Ocampo había resumido desde 1851 la justificación ética de la tolerancia: "¿Por qué para con todos los errores inofensivos hemos de mostrar indulgencia, y ninguna se ha de tener para... adorar a Dios de diverso modo que del que creemos bueno?".

En los debates del Congreso Constituyente (1856-1857), varios liberales (moderados en su mayoría y casi todos católicos activos) argumentaron que la tolerancia era una práctica común en toda Europa y una condición necesaria para atraer la necesaria inmigración. Cuando finalmente introdujeron en la Constitución una tenue provisión a favor de la libertad de creencia, la Iglesia la repudió y amenazó con excomulgar a todo aquel que la jurara. Acto seguido pasó lo de siempre: callaron las palabras y hablaron los fusiles, se desató la Guerra de Reforma.

A partir de 1867, la Historia no sólo dio el triunfo a los liberales, sino también la razón. Cuando el extranjero tan temido arribó por fin (tardíamente y a cuentagotas, a diferencia de Argentina o Estados Unidos) acrecentó con su trabajo la riqueza de México, se asimiló a las costumbres y tradiciones del país y no afectó en absoluto la antigua matriz católica y nacional. La vida cívica de México ganó mucho al instaurar la libertad de creencia y el respeto a las opiniones ajenas en materia de religión.

Pero el dogmatismo, como los virus, no muere: emigra. Primero el Estado liberal y luego, de manera más aguda, el revolucionario adoptaron una actitud de intolerancia extrañamente parecida a la de sus antiguos adversarios. El presidente Calles retomó los viejos instintos jacobinos y quiso nada menos que erradicar por la fuerza el catolicismo. Al fracasar, tras la Guerra Cristera, buscó "apoderarse de las conciencias infantiles", transmutando la "verdad única" del cristianismo en la "verdad única" del socialismo. Fracasó nuevamente. En tiempos de Cárdenas, el afán de ortodoxia dejó esos ámbitos religiosos y educativos para concentrarse en los preceptos sociales y nacionales del Artículo 27. A partir de entonces se fue configurando el dogma nacional revolucionario por excelencia: el dogma del petróleo.

En sentido estricto, el principio legal que lo sustenta no es sólo legítimo, sino también justificado y razonable: la riqueza del subsuelo debe pertenecer a la nación, es decir, al conjunto de los mexicanos. El problema está en la sutil suplantación que el Estado ha hecho de la nación: para todos los efectos prácticos, quien tiene la propiedad del petróleo no es la nación, sino el Estado, que delega la propiedad en el gobierno en turno. El gobierno, a su vez, es dueño de Pemex, o, más bien, socio mayoritario: el otro socio es el intocable sindicato. La "propiedad" de la nación es letra muerta.

La nueva clerecía mexicana (representada por López Obrador y sus seguidores) no hace esos distingos. Para ella el petróleo no es un recurso material perecedero sobre cuya naturaleza y operación se pueda, en rigor, debatir. Para ella el petróleo no pertenece a esa esfera terrenal. Para ella el petróleo es la sustancia trascendente de la soberanía: un principio inmutable, intocable, inagotable, celestial, el pan y el vino de la identidad nacional. Abordar y transformar la situación actual del petróleo de acuerdo con las mejores prácticas mundiales equivale para ella a "entregar" las riquezas que "se dignó conceder el Supremo Bienhechor" y "traicionar a México".

Todo esto no implica que la reforma energética propuesta sea la buena. Menos aún acabar con un monopolio público para crear uno privado. Lo que sí implica es la necesidad de debatir realidades, no principios. Si el debate no tiene lugar en esos términos y si la liberación (adoptada en el mundo entero) es estigmatizada como "privatización", la discordia civil se ahondará.

De la misma manera en que la intolerancia de cultos hizo perder tiempo a México, la intolerancia sobre el petróleo nos hará perder muy pronto el tren de la Historia. Cuando las reservas se agoten y se consoliden las diversas energías alternativas, será demasiado tarde. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que el dogmatismo del petróleo nos ha retrotraído ya al caudillesco siglo XIX. Lo peor es que el odio teológico se ha vuelto odio ideológico.


Enrique Krauze
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Para los que no saben (o no quieren) distinguir a los conservadores de hoy. A los que quieren mantener el status quo. A los que se oponen al cambio.

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sábado, mayo 03, 2008

 

Un peligro llamado Ruth

¿Qué es lo que les molesta tanto de Ruth Zavaleta a muchos perredistas, incluyendo, en ocasiones, a sus propios compañeros de Nueva Izquierda? La única respuesta posible es su independencia y capacidad de asumir posiciones públicas autónomas. Pero eso no les molestó Zavaleta cuando fue dirigente vecinal, realmente popular; cuando estuvo relacionada con sectores muy radicales de la política mexicana; cuando debió ser apoyada por mujeres de su colonia que, sin llamarse adelitas, acabaron con un acoso real a su persona; cuando hacía trabajo de base o cuando, embarazada, participaba en todas las movilizaciones que fueran necesarias. Tampoco les molestó cuando fue una buena delegada en el DF o cuando ganó su diputación con el mayor número de votos del PRD en la capital. Cubría una cuota de género.

Ruth comenzó a molestar cuando empezó a ser más que una cuota. El resultado sorprendió a la mayoría del mundo político y, paradójicamente, desató la furia de algunos de sus supuestos compañeros de partido y la desconfianza de otros.

¿Qué hizo Ruth Zavaleta? Simplemente actuar con base en la ley y el respeto a los demás y las instituciones que le tocaba, en este caso, presidir sin abandonar sus convicciones. Sin duda debe haber cometido errores como presidenta de la mesa directiva de la cámara de diputados, pero nadie puede cuestionarle la verticalidad y el respeto para todos con que ejerció ese cargo. Y eso la hace peligrosa para una corriente que está apostando exactamente a lo contrario: a radicalizar, a romper, a recurrir al insulto y la agresión como forma de debate. Una corriente que gira en torno a un líder que no acepta un no como respuesta y que cree que "el movimiento soy yo". Ello ha provocado, lo hemos dicho muchas veces, el secuestro del perredismo: son muchas las voces en ese partido que están literalmente hartas de esa situación (lo escuchamos con toda claridad en la discusión entre Carlos Navarrete y López Obrador en días pasados) pero no se atreven a expresarlo públicamente. No se trata ni siquiera de debatir si se está o no de acuerdo con López Obrador: lo que sucede es que éste no admite ese debate, y sus seguidores más fieles son incondicionales que, como ha ocurrido con otros caudillo, sobre todo en la historia de la izquierda, son aquellos que no tienen una carrera propia. Stalin tuvo de deshacerse de Bujarin, Trostky y tantos otros para reemplazarlos por Beria y la KGB. Fidel terminó alejando al Ché y a muchos de los que lo acompañaron en la revolución. Aún hoy tuvo que separarse completamente del poder para que Raúl pudiera comenzar un proceso estrecho, limitado, de reformas que hace apenas unos meses Ricardo Alarcón había calificado de contrarrevolucionarias. El principal opositor de Chávez es el general Raúl Baduel, quien fue su amigo desde los 17 años, el que lo rescató en el golpe de Estado del 2002 y quien era su secretario de Defensa: fue despedido cuando disintió de Chávez porque éste se proponía terminar de romper las débiles estructuras democráticas que quedaban en su país. Los ejemplos podrían repetirse a lo largo de la historia pero allí están: cuando la izquierda no es democrática (y por lo tanto socialdemócrata, en cualquiera de sus variantes) se convierte necesariamente en autoritaria. Y lo peor que existe para un régimen, una corriente o un líder autoritario es un disidente interno. Alguien que diga que no está de acuerdo y lo haga con la suficiente autoridad moral como para respaldar sus dichos.

Ese es el verdadero pecado de Ruth Zavaleta: ejerció sus funciones e hizo política de acuerdo con sus convicciones, que son las que están en la letra de los documentos básicos de su partido pero no en el espíritu que anima al líder.

El fenómeno es demasiado singular, además, como para pasar desapercibido. Alejandro Encinas ha tirado por la borda una larga carrera política para convertirse en un fiel seguidor de las instrucciones de su líder, primero en el GDF, y ahora como candidato a la presidencia del partido. El propio Jesús Ortega, como otros dirigentes de Nueva Izquierda, no terminan de reafirmar en el terreno público sus convicciones cada vez menos privadas. Una gobernadora como Amalia García departe amablemente con el presidente Calderón en su gira por Zacatecas, mientras sus más cercanos colaboradores toman tribunas y llaman a la desobediencia civil para ajustar cuentas internas y quedar bien con el líder. Un hombre como Federico Arreola, con quien se puede o no estar de acuerdo pero que ha defendido a capa y espada causas para muchos perdidas (en su momento el gobierno de Aznar o la intervención en Irak) no quiere demostrar públicamente ni un asomo de rebeldía interna. Y lo mismo sucede con hombres y mujeres con una larga historia política personal que han decidido enterrar esas convicciones en pos de la disciplina.

En el caso de Ruth Zavaleta no sólo se han puesto de manifiesto posiciones encontradas sino que se han presentado de forma transparente: ejerciendo con pluralidad y responsabilidad sus propios espacios de poder. Su ejemplo es tan peligroso porque demuestra lo que se puede hacer desde la izquierda, desde las instituciones, manteniendo la civilidad y las convicciones. ¿Acaso no es un peligro que hoy el grado de aceptación del perredismo en general y de López Obrador en particular apenas si supera el 15 por ciento y el grado de aceptación de Zavaleta es de los más altos de todo el Congreso? Lo que demostró Ruth es que otra vía es posible, es viable y es políticamente redituable para la izquierda. Por eso las amenazas, las agresiones y, al mismo tiempo, el alto reconocimiento que ha obtenido de la sociedad. Acabó el periodo ordinario pero Ruth seguirá hasta el primero de septiembre fungiendo como presidenta de la mesa directiva. Ha construido un espacio político original y entonces tendrá que decidir que hace con ese capital.

Jorge Fernández Menéndez

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viernes, mayo 02, 2008

 

Negocio sindical

"En el contrato colectivo podrá establecerse que el patrón admitirá exclusivamente como trabajadores a quienes sean miembros del sindicato contratante...".
Artículo 395, Ley Federal del Trabajo


Los sindicatos en México han dejado de ser -si alguna vez lo fueron- organizaciones para representar los intereses de los trabajadores. Hoy son, en el mejor de los casos, simples negocios particulares de los líderes; en el peor, resultan organizaciones gangsteriles.

Los ejemplos son muchos. Lo puede atestiguar desde la persona que debe entregar un pago de extorsión a un sindicato porque tiene un albañil trabajando en el baño de su casa -sin que el albañil reciba nunca un servicio del sindicato- hasta los mineros de Cananea a los que el sindicato minero encabezado por Napoleón Gómez Urrutia les tomó 55 millones de dólares depositados en un fideicomiso que debería haberlos beneficiado a ellos.

El problema tiene raíces muy hondas. El propio artículo 28 de la Constitución exenta a los sindicatos de la prohibición contra los monopolios en nuestro país. Esto ha permitido el surgimiento de una ley laboral que otorga poderes extraordinarios a los líderes sindicales y que ha facilitado el enriquecimiento de muchos.

En México una empresa puede ser presa de una huelga aunque no haya contratado a ningún trabajador o aunque los trabajadores no quieran adherirse a un sindicato. La ley obliga a muchas empresas a tener un contrato con un sindicato y por ello terminan firmando con alguno, aunque sólo sea para protegerse de otros más depredadores.

Los sindicatos aprovechan el monopolio del que gozan constitucionalmente para controlar quién puede ser contratado o no por una empresa. Por eso pueden vender plazas, especialmente en dependencias gubernamentales o paraestatales, o pueden establecer reglas que hacen que los mejores empleos se hereden en familias como ocurre, por ejemplo, en el sindicato petrolero.

Las empresas no tienen la libertad de contratar a los trabajadores que realmente puedan ofrecer un mejor rendimiento. Esto afecta de manera muy importante la competitividad de la economía mexicana.

La mayoría de los sindicatos en México no tienen democracia interna. Sus líderes son electos en asambleas en las que los trabajadores votan a mano alzada. Quienquiera que sufrague por el candidato equivocado, puede perder no sólo la votación, sino también el empleo.

Esto permite a los líderes eternizarse en sus cargos y mantener el control de sus organizaciones durante décadas. Hemos llegado al extremo, en el caso del Sindicato Minero, en que un padre le hereda el control de la organización a su hijo. El mismo sindicato minero ha mantenido el control de ciertas secciones pese a haber sido derrotado contundentemente en votaciones por un grupo disidente.

El monopolio permite a los líderes obtener enormes cantidades de dinero a través de cuotas sindicales, aportaciones de las empresas o extorsiones a los trabajadores. Pero la "autonomía sindical" impide que el público o los trabajadores conozcan cómo se maneja ese dinero. El resultado es que los líderes utilizan esos recursos como si fueran propios.

Nuestra legislación laboral fue impulsada a lo largo de décadas por políticos, muchos de ellos líderes sindicales, que argumentaron siempre que actuaban en defensa de los intereses de los trabajadores. Desde que se promulgó la Constitución de 1917, hemos tenido el régimen que otorga un monopolio a los sindicatos, pero la situación de los trabajadores en nuestro país no ha mejorado demasiado.

Nuestra "progresista" legislación no ha conseguido dar a nuestros trabajadores un mejor nivel de vida que el que tienen quienes laboran en regímenes laborales más liberales, como el de Estados Unidos. Y es lógico, ya que nuestras reglas castigan severamente la productividad. Lo que sí ha conseguido la ley mexicana es hacer ricos a los líderes. Esto es sin duda lo que pretendían ellos cuando impulsaron la actual legislación.

Si realmente queremos tener un país más próspero, deberíamos enmendar el artículo 28 de la Constitución que vuelve monopolios a los sindicatos. Los trabajadores deben tener, por supuesto, el derecho a organizarse para defender sus derechos, pero no el de monopolizar el acceso a los empleos.

Los sindicatos deben ser organizaciones de interés público y su contabilidad tiene que ser pública. Los líderes deben ser electos por sufragio efectivo y secreto bajo la supervisión de una institución profesional independiente. Mucho ayudaría, por otra parte, prohibir la reelección indefinida de los líderes.

Nunca verá usted, sin embargo, que los dirigentes sindicales apoyen estas medidas. A ellos no les interesa construir un país más competitivo y con más empleos. Lo que quieren es preservar el negocio privado de sus sindicatos.


437 millones de razones
¿Se dividirá el PRD? No lo creo. Es verdad que la elección interna fue un cochinero y que el partido ha terminado más dividido que nunca. Pero hay una razón muy poderosa para mantener unidos a los perredistas: 437 millones de pesos que su partido recibirá en este 2008 por financiamiento público y que aumentarán en el 2009 por la realización de elecciones federales. Quien deje el partido ya no tendrá acceso a esta bolsa multimillonaria. Por otra parte, los que pudieran salirse del PRD saben que las reglas de la lamentable reforma electoral del 2007 hacen hoy más difícil que nunca establecer un nuevo partido.

Sergio Sarmiento
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viernes, abril 25, 2008

 

Los adelitos

"Tengo que seguirlos: soy su líder".
Alexandre Rollin


Antes los llamaban "comisionados" o incluso "aviadores". Los términos se referían a aquellos trabajadores o empleados que los sindicatos o las dependencias gubernamentales liberaban de sus responsabilidades normales y utilizaban para realizar trabajo político... esto es, los mandaban a la grilla, para emplear la terminología que ellos mismos empleaban. Estos comisionados no tenían que realizar las labores pesadas para las que se les pagaba su salario, sino otras determinadas por el jefe o el líder sindical.

Hoy, gracias a Andrés Manuel López Obrador, podemos llamar a estas personas "adelitos", aunque en esencia siguen haciendo lo mismo. Se trata de empleados o trabajadores que no tienen que cumplir con los trabajos para los que se les paga un sueldo, sino que utilizan su tiempo para labores políticas.

¿Nunca se ha preguntado usted cómo hace un maestro o un campesino o un taxista pirata o una ex "gacela" (escolta femenina) del Gobierno del Distrito Federal para pasar días, semanas o meses enteros en plantones y movilizaciones? Es tan poco lo que gana un maestro común y corriente, sobre todo, si realmente tiene que dedicar su tiempo a dar clases, que es difícil saber cómo puede dejar de asistir a sus obligaciones durante semanas para quedarse a vivir, por ejemplo, en el campamento que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la CNTE, mantiene desde hace meses fuera de las instalaciones del ISSSTE en la Plaza de la República.

Afortunadamente, los mexicanos no tenemos por qué preocuparnos por los ingresos de estos adelitos. Todos ellos reciben puntualmente ingresos iguales o incluso mayores a los que obtendrían en sus rutinarios trabajos burocráticos. ¿Quién aporta ese dinero? Nosotros los contribuyentes, por supuesto. ¿Quién más?

Los adelitos y las adelitas -para hablar en el lenguaje políticamente correcto que nos heredó Vicente Fox- no tienen el problema del resto de los mexicanos de tener que presentarse a trabajar para percibir sus salarios. Nuestro sistema político, experto en simulaciones, ha encontrado formas para darle a cada uno un dinero seguro a pesar de no estar cumpliendo con las funciones para las que fue contratado.

A algunos de los adelitos les paga el partido político al que pertenecen. Si bien al IFE se le reportan funciones administrativas para estas personas, el verdadero trabajo que llevan a cabo es el de organizar manifestaciones, plantones y actos diversos de presión durante el tiempo que sea necesario. No hay que preguntarse de dónde sacan los partidos el dinero para este propósito. Tan sólo en este 2008, un año en el que no hay elecciones federales, los tres partidos del Frente Amplio Progresista recibirán más de 900 millones de pesos de dinero de los contribuyentes. Y como ya no tienen que pagar por los anuncios de radio y televisión, tienen una verdadera fortuna en sus manos que no saben en qué gastar.

Otros adelitos son subsidiados por las instituciones a las que deben prestar sus servicios. Algunos maestros y profesores de escuelas y universidades públicas, por ejemplo, pueden darse el lujo de pasarse meses enteros en plantones y trabajos políticos pese a lo cual siguen recibiendo sus sueldos de estas instituciones. Algunos de ellos son comisionados para la realización del trabajo político, pero otros simplemente aprovechan la facilidad con la que pueden cobrar en nuestras instituciones públicas sin hacer nada... o por lo menos nada para la institución.

Muchos de los adelitos son empleados o trabajadores del Gobierno. Se les contrata ostensiblemente para cumplir con una obligación determinada en la administración pública, pero su trabajo real es participar en movilizaciones políticas.

En los casos de algunas asociaciones populares, como las de los taxistas, la organización utiliza sus propios recursos para subsidiar a sus adelitos. Pero, claro, estos grupos obtienen sus ingresos de los tratos especiales que obtienen de la autoridad, por lo que enviar carne de cañón a las movilizaciones es un costo relativamente pequeño en el negocio privilegiado al que tienen acceso. Los sindicatos, por supuesto, siempre tienen grandes números de comisionados listos a hacer todo menos a trabajar para las empresas que los han contratado.

A fin de cuentas, sin embargo, los que pagamos los sueldos de todos los adelitos -desde los secretarios del "Gobierno legítimo" hasta el correveydile más humilde- somos nosotros los contribuyentes. Y es que si realmente los adelitos tuvieran que trabajar para ganarse la vida, como la enorme mayoría de los mexicanos, el número que participa en plantones y manifestaciones prolongados se reduciría de manera dramática.


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Esas son las minorías ruidosas, que a fuerza de manifestaciones y bloqueos, quieren mantener el status quo, quieren mantener sus cotos de poder y de recursos públicos. De esto se trata. ¿A poco no?
Y luego dicen que tienen el respaldo popular. Si, el respaldo de los acarreados y "adelitos". Quienes trabajamos y generamos valor agregado para este país, no tenemos tiempo de andar molestando a los demás.

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miércoles, abril 23, 2008

 

Él

¿De qué se trata? ¿Cuál es nuestra obligación? Mediar para ser aceptados por todos, así se dobleguen los principios. O fijar posiciones. ¿Qué vendemos, rating o interpretaciones ceñidas a principios? La idea de lo políticamente cómodo merodea: matizar tanto las expresiones que al final no haya condena, sino una suave aprobación de todos.

Sin duda todo tiene una explicación, reza el dicho. "Desde la perspectiva de..." y entonces se lanza la justificación de lo que sea. Pero quedarse en las explicaciones a todo conlleva un problema: la ética, el deber ser, la deontología, se relativizan. La ETA o las FARC encuentran "explicaciones históricas", pero, de nuevo, ¿de qué se trata? ¿Cuál es nuestra obligación, la del oficio?

Nuestras batallas son las del lenguaje, las de las palabras. Debemos nombrar sin concesiones, si existe la palabra debemos usarla. Cada palabra que cedemos es una batalla perdida. No estamos para hacer cálculos de a quién beneficia o perjudica una expresión. En ese momento estaríamos haciendo política. Se nos podría cuestionar nuestra filiación, a quién queremos beneficiar o perjudicar. Pero la exigencia es otra, nombrar, nombrar con justeza, nombrar con tino, nombrar sin concesiones. Cuando ello ocurre el lector anónimo asiente. Eso es, piensa, y nos da su aprobación.

"Golpistas", de hace una semana, me generó una reacción notable. Personas que se acercan y me dicen había que pronunciar la palabra, decirlo, tal cual. Pero también recibí respuestas contrarias de colegas que respeto. López Dóriga dijo que él no caería en el "extremo", no usaría la expresión golpistas. Ciro Gómez Leyva afirmó en su columna estar de acuerdo con el fondo, pero no con el tono. Aplauso o crítica por igual obligan a la reflexión.

Me acusan de tener un tono de enojo. Aclaro: cada artículo que escribo desde hace 27 años comienza con un acto de meditación sobre fondo y tono del material. Ser ponderado en lo general para no caer en la provocación sistemática, no implica ceder a la capacidad de enojo. Cuando escribía en el unomásuno, a principios de los años 80, con frecuencia me topaba con Fernando Benítez, gran maestro del periodismo mexicano, "ya viste lo que dijo" fulanito, me preguntaba, "es hora de poner un huevo colérico". Vivo tranquilo, no me enojo. Pero el día que mis líneas pierdan la capacidad de enojo, ese día estaré muerto como escritor, como comentarista.

¿Hay motivos para el enojo? Veamos. Me remito a lo más reciente. El viernes pasado López Dóriga entrevistó a AMLO. Primera pregunta. ¿Seguirán tomadas las tribunas? Respuesta, hasta "que se acepte lo que estamos proponiendo, que es algo racional". ¿Quién define racional? Él. ¿Los 120 días? "El tiempo que sea necesario". ¿Quién lo define necesario? Él. Y qué es el debate amplio. "...Nacional en el que todos participen. Si el petróleo es de todos los mexicanos, por qué no van a opinar todos los mexicanos..." ¿Quién define cuando todos es todos? Él. Pero si al final del debate una mayoría decide vamos a hacerle reformas a Pemex... ¿tú lo aceptas? "Claro. En una democracia es el pueblo quien decide", suena bien, "lo que no queremos es que decida una minoría".

¿Quién decide lo que es una minoría?, no crea el lector que la Constitución o el Código Electoral. La respuesta es sencilla: Él. Pero si al final del debate... hay un acuerdo de no privatizar Pemex pero sí de emprender reformas, ¿lo aceptarías?, pregunta el periodista. "Te contesto de esta manera, así de clara y puntual: si no se viola la Constitución, si no hay privatización y si no se alienta la corrupción... no tenemos nada que objetar". ¿Quién define las violaciones a la Constitución, la privatización o el aliento a la corrupción?, acertó el lector: Él.

"Éstas son las tres condiciones (sus condiciones) y para aclarar si hay violación a la Constitución, si hay privatización, si hay corrupción, vamos a informar al pueblo". O sea, según la información que Él le dé "al pueblo" dependerá si acatan o no. ¡Viva la democracia! "Que el pueblo sea al final el que decida", dice Él en tono de hablar en exclusiva con la verdadera nación. Pero de nuevo hay un problema: qué hacer con los órganos de representación popular, con los legisladores o acaso ya también son espurios. Ellos son los únicos representantes de la voluntad popular que, por cierto, no depende de Él.

El pueblo o el Congreso, pregunta López Dóriga, quién decide: "Hay la oportunidad de que podamos, como en otros países democráticos (ojo, por lo visto -'otros'- México sí lo es) resolver estos diferendos, estas diferencias, estos puntos de vista con un referendo". O sea, si el Congreso aprueba por mayoría y Él desaprueba, es mayoriteo. Si Él no aprueba nos vamos a referendo que, por cierto, como afirma Paco Calderón, no sabemos quién contaría porque el IFE es también ilegítimo a pesar de que Él condicionó la designación de consejeros. ¡Genial! Honestidad pura, congruencia inquebrantable.

Pero López Dóriga insiste: Vamos a suponer que haya un referendo, si el resultado es sí a la inversión privada en Pemex, ¿lo aceptarías? ... pero no les vas a decir "me robaron" o hubo un fraude en el referendo. Respuesta que lo desnuda, "depende de cómo se den las cosas". Quién juzga cómo se dieron las cosas: Él. ¿Abrir el Congreso?, "...cuando termine el periodo extraordinario y ya no haya albazo entra la Permanente y no tiene facultades para hacer reformas". Pero nadie habla de reforma constitucional, no importa, Él siempre sabe más.

Lo repito: fuera máscaras, fuera cálculos. ¿Cuál es el miedo? No nos engañemos ni engañemos, no quiere salidas, quiere problemas. Ciento cinco millones de mexicanos no pueden depender de Él.


Federico Reyes Heroles


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