sábado, octubre 11, 2008

 

Una real izquierda

¡Cómo está haciendo falta en México una izquierda verdadera; una izquierda moderna, es decir liberal, racional, alejada de todo caudillismo y de ese dogmatismo obtuso que impide todo diálogo y niega la tolerancia y la pluralidad. Cuando uno ve los desfiguros de la llamada izquierda perredista, que ejerce violencias y viola sistemáticamente la ley con cinismo de jaque bravucón; que apoya todo aquello -como las inmorales demandas de los malos maestros de Morelos y Quintana Roo- que va contra el Gobierno, por el solo hecho de ir contra el Gobierno; cuando vemos la elemental torpeza de esa falsa izquierda tan nociva, lamentamos la ausencia de una auténtica izquierda que abandere las causas de los mexicanos que buscan sobre todo la justicia, esa justicia que no hemos sido capaces de conseguir en bien de quienes necesitan todo aquello que hace que la vida humana sea digna y plena. Muchas veces he dicho, lo digo ahora y seguiré diciendo que México necesita un gobierno de izquierda, de verdadera izquierda. Pero ¿dónde está esa izquierda?

Armando Fuentes Aguirre, Catón
afacaton@prodigy.net.mx

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viernes, agosto 01, 2008

 

El pastor y su rebaño

Hace dos décadas, la oposición de derecha y de izquierda peleaba por rescatar la independencia del Congreso de la secuestrada voluntad de un solo hombre

Hoy el PRD está secuestrado por un solo hombre. El "legítimo", dispuesto a todo para tirar a Calderón

Hace dos décadas, la oposición de derecha y de izquierda peleaba por rescatar la independencia del Congreso de la secuestrada voluntad de un solo hombre. A los diputados y senadores del PRI les decían borregos, descerebrados, sometidos, conciencias secuestradas, títeres. Hoy el PRD es copia fiel de ese PRI, y está secuestrado por un solo hombre, por el "presidente legítimo". Vemos la muerte del PRD y al PRI de aquellos años revivido. Va la historia.


Entre 1982-1988 las legislaturas 52 y 53 de la Cámara de Diputados mostraron una inédita pluralidad en la que no sólo estaban presentes PRI y PAN, sino que gracias a la reforma política de López Portillo participaban legisladores de PSUM, PMT y PRT -la izquierda de entonces-, a la que representaban políticos como Eduardo Valle, Ricardo Pascoe, Heberto Castillo, Jorge Alcocer, Pablo Pascual y Arnoldo Martínez Verdugo, entre muchos otros.


Las crónicas parlamentarias de entonces recrean con puntualidad los recursos discursivos preferidos de los opositores al PRI: "borregos", "sometidos", "conciencias secuestradas", "títeres", les decían a los del PRI desde la tribuna legisladores del PAN, PSUM, PMT y PRT, en tanto que los cartonistas dibujaban al jefe del Ejecutivo rodeado de un rebaño de borregos y a los diputados del PRI sin cerebro. Eran los "descerebrados".


Con discursos vehementes, a gritos, Valle, Pascoe, Castillo, Alcocer, Moncayo y Verdugo, y otros como el panista Juan de Dios Castro, pedían a los del PRI que pensaran con cabeza propia, que se sacudieran la tutela del Presidente, recordaban que representaban al pueblo, no la voluntad de un sólo hombre, al que unos motejaban como "el pastor" y otros como "el gran legislador". Los diputados del PRI eran "la borregada", porque todo era consultado en Los Pinos.


Diez años después, al inicio de la histórica 57 Legislatura -1997-, y en congruencia con décadas de lucha por la independencia del Congreso -y aunque usted no lo crea-, ese 1 de septiembre de 1997 desde la tribuna de San Lázaro se acuñaron declaraciones históricas como: "En México no se puede seguir teniendo un legislador unipersonal... para el grupo parlamentario del PRD, la nueva pluralidad en la Cámara de Diputados es producto de 30 años de lucha de las fuerzas democráticas del país, y sin mayoría de ningún partido, no habrá ni gran legislador ni patrón ni pastor; habrá contienda parlamentaria real". ¿Quién dijo eso? Sí, Pablo Gómez.


Pero no fue el único. En un lance poético, ese 1 de septiembre de 1997 el diputado Porfirio Muñoz Ledo dijo al responder el tercer Informe de Zedillo: "En México ya no hay espacio para que ningún poder quede subordinado a otro... la obcecación es contraria a la sabiduría y nociva para los quehaceres del Estado... el ejercicio democrático del poder es, ciertamente, mandar obedeciendo", y terminó con una advertencia al presidente: "Cada uno de nosotros somos tanto como vos, y todos juntos valemos más que vos".


Tampoco fue todo. En ese 1997 el jefe de los diputados del Partido del Trabajo era Gonzalo Yáñez, quien también desde la tribuna se aventó lo siguiente: "Terminaron los tiempos de sometimiento del Poder Legislativo... las prácticas de la Cámara de Diputados cambiaron porque este país por fin está cambiando... y no habrá más manipulación del Congreso".


Bueno, pues ahora resulta que en esa grosera regresión democrática en México, sobre todo en el Congreso, están de vuelta los viejos tiempos del "pastor y su rebaño", de "el gran legislador", de los diputados "sin cabeza propia", y el Congreso se encuentra secuestrado por "la voluntad de un solo hombre", por el "presidente legítimo", rescate que festejaron como uno de los grandes triunfos de la democracia, ese 1 de septiembre de 2007, los diputados opositores Pablo Gómez, Porfirio Muñoz Ledo y Gonzalo Yáñez.


¿Qué quiere decir lo que vemos?


Está muy claro. Se confirma que los legisladores del PRD viven secuestrados por la voluntad de un hombre, el que se dice "presidente legítimo", como hasta antes de ese 1 de septiembre de 1997 los diputados del PRI vivían secuestrados por la voluntad de un solo hombre, el que despachaba en Los Pinos, al que todos conocían como el presidente constitucional. Y se confirma que así como hoy AMLO controla el Congreso con la violencia, lo hubiese controlado con la fuerza si hubiese ganado en julio de 2006.


Pero además, cuando se da a conocer la más reciente discusión entre AMLO y Carlos Navarrete, se confirma lo que aquí revelamos el 28 de mayo de 2007, una conversación similar, entre AMLO y Navarrete, en la que, palabras más, palabras menos, se dice lo que hoy aparece como revelación y, además, que el "legítimo" no está dispuesto a aprobar nada que sirva al gobierno. Está dispuesto a todo para tirar a Calderón, incluso, que se hunda Pemex.


No es un secreto -y lo confirma la grabación-, una feroz disputa por el control del PRD, de la izquierda, de los grupos parlamentarios. Pero lo más grave es que el PRD es hoy una grosera copia del PRI, porque sus diputados están sometidos no sólo a un hombre, a un mesiánico delirante de poder, sino que en una de las más grotescas farsas de la política mexicana se dice "presidente legítimo". Sí, les guste o no a los perredistas, están convertidos en todo aquello que dijeron combatir.


Los diputados del PRD son, incluso, un rebaño político idéntico al que criticaron en los tiempos de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas... Les han ordenado desconocer un proceso electoral y lo han desconocido, secuestrar al Congreso y lo han secuestrado, destruir al PRD y lo han destruido, dinamitar la democracia y la han dinamitado. ¿Hasta cuándo?

Ricardo Alemán
Itinerario Político


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Muchos en el PRD no son de izquierda. Son priístas de la vieja guardia, de los "nacionalistas revolucionarios" que tuvieron su máxima expresión en la docena trágica (1970-1982). Por eso aquí hemos dicho que en México no hay una izquierda progresista, como la del PSOE en España, la de Chile, o incluso la de Brasil. Siguen atados a paradigmas del pasado. Lucha de clases, dictadura del proletariado, la colectividad sobre la individualidad. Lo más triste no es que haya políticos que sigan ese juego para su beneficio personal o de su partido. Lo más triste es que mucha gente les cree.

Gracias George por compartir esta columna de Ricardo Alemán.

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lunes, mayo 12, 2008

 

Tragedia, farsa, bufonada

No recuerdo quién decía que la historia sucede siempre dos veces. Sí me acuerdo de quién agregaba que la segunda ocasión, se aparecía como farsa. Tras la tragedia, una imitación grotesca. En "El 18 Brumario de Luis Bonaparte", su mejor ensayo político, Marx sentenciaba que los hombres hacen su historia, pero que no la hacen a voluntad, bajo circunstancias producidas por su deseo, sino bajo las condiciones impuestas por la historia. Así, los agentes de la historia tienen el cerebro enmarañado por fantasmas del pasado. Tradiciones de los muertos convertidas en pesadillas sobre el cerebro de los vivos. Así, sin percatarse siquiera de lo que hacen, los agentes de la historia toman prestados otros nombres, antiguas consignas, ropas y disfraces. El pasado secuestra al presente.

El seco economista se convertía, al escribir "El 18 Brumario...", en un dramaturgo extraordinario. Es que su libreto de la historia encontraba en la coyuntura francesa un desafío que un pensador escrupuloso no podía ignorar. Marx deja atrás las grandes categorías sobre la estructura, escapa de las gruesas sentencias sobre la mecánica del tiempo social, y deja a un lado la estricta crítica del capitalismo. Para entender eso que juzgaba como una anomalía, el filósofo de la historia deviene artista: apreciar las formas de la sociedad en movimiento; colorear la atmósfera del presente; capturar el perfil de los protagonistas.

El sabio desmenuza aquí la complejidad del presente; retrata a los personajes del momento, analiza las decisiones, siente el flujo de la historia. Apuntaba Marx: "La revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa del pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse acerca de su propio contenido. La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido".

Para Marx, la historia, lejos de ser siempre una vía de ferrocarril, es en ocasiones una feria de absurdos y sorpresas. Absurdos que, por cierto, tenían dimensión cómica. Los tíos suelen tener sobrinos ridículos. El presente francés que tanto le intrigaba es visto por él como una mezcla de contradicciones: agentes constitucionales que conspiran contra la Constitución; revolucionarios que se presentan como defensores de la ley. "En nombre de la calma una agitación desenfrenada y vacua; en nombre de la revolución los más solemnes sermones en favor de la tranquilidad; pasiones sin verdad; verdades sin pasión; héroes sin hazañas heroicas; historia sin acontecimientos, un proceso cuya única fuerza propulsora parece ser el calendario, fatigoso por la sempiterna repetición de tensiones y relajamientos; antagonismos que sólo parecen exaltarse periódicamente para embotarse y decaer, sin poder resolverse". El economista también se vuelve aquí pintor de plomo: "si hay un pasaje de historia pintado en gris sobre gris, es éste". Hombres y acontecimientos no son más que "sombras que han perdido sus cuerpos". Sombríos personajes y ridículos en tiempos cuyo único impulso es el calendario.

Si la historia, al repetirse, deja de ser trágica para convertirse en farsa, ¿cómo se podría describir en su tercera visita? ¿Cómo se describe la reescenificación de una farsa? El 2006 quiso ser pintado como una reedición del 1988 o, con un grado de demencia mayor, como reposición de la lucha por la restauración de la República. Se pretendió vender la idea de que el autoritarismo hizo fraude en el 2006, impidiendo la llegada de una alternativa de izquierda al poder, a través de trampas que falsearon la voluntad electoral.

Insistiría en lo que se ha dicho muchas veces, el paralelo es insostenible. De 1988 al 2006 cambió un régimen. No se dio simplemente una alternancia en el 94: se transformaron las reglas, cambió la distribución de los poderes, aparecieron nuevas rutinas y se instaló la incertidumbre. También se quiso evocar el pasado juarista: frente a la ilegitimidad del emperador francés, el terco y viajero símbolo de la legitimidad. Esta analogía no vale siquiera un comentario. El hecho es que la "izquierda" lopezobradorista parece incapaz de despojarse de esas supersticiones históricas. El (Cuauhtémoc) Cárdenas valiente que no transige con el fraude; el Juárez renacido que encarna a la República; ahora el (Lázaro) Cárdenas vuelto a nacer.

El hecho es que hoy parece revivirse el enfrentamiento retórico postelectoral en la sede de lo que todavía se llama PRD. Ya tenemos el cuadro de los personajes que personifican nuevamente papeles de la historia reciente. El pleito perredista arremeda toscamente la comedia nacional de los últimos dos años. Cada bando tiene su legítimo y su pelele; cada uno abraza sus cuentos de fraude, de intervenciones indebidas, dados cargados, albazos, madruguetes y árbitros tendenciosos. El espectáculo es penoso. El pasado que restituye es demasiado cercano para no colorear de patetismo el circo. El guión anticipa el desenlace. Tras el desconocimiento de la resolución institucional, se proclamará un presidente perredista legítimo y se procederá a los actos de repudio del presidente perredista pelele. Tiene una lógica graciosa: el legítimo tendrá un partido legítimo y ese partido legítimo su dirigente legítimo. De la tragedia a la farsa; de la farsa a los porrazos de las marionetas.

Alejandro Encinas decía hace un par de días: "ya estamos igual que en la elección del 2006". Se le olvidó decir que, si entonces fue una farsa, ahora se trata de una bufonada.



Jesús Silva-Herzog Márquez
http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/

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lunes, mayo 05, 2008

 

Odios de ayer y hoy

"¿Por qué la reprobación en las doctrinas ha de cambiarse en odio a las personas?".
Melchor Ocampo


La discordia teológica a la que alude Ocampo desgarró el primer medio siglo de nuestra vida independiente. Su motivo principal fue la tolerancia de cultos. Negarla, refutarla, combatirla, fue un dogma irrenunciable para los conservadores. Afirmarla, fundamentarla, defenderla, fue una postura tenaz del ideario liberal. Fue un diálogo imposible: los primeros aducían principios absolutos; los segundos, realidades prácticas. ¿Quién tuvo la razón?

Según los conservadores, la tolerancia de cultos rompería la unidad religiosa de México y amenazaría la nacionalidad. ¿Para qué introducir "el error" si el país vivía ya en posesión de "la verdad"? La llegada de inmigrantes de otras religiones dañaría la moralidad, dejaría inerme a la Iglesia, propagaría falsedades y supersticiones entre el pueblo ignorante. El padre Agustín de la Rosa, famoso y caritativo sacerdote jalisciense que fue también astrónomo, escritor y redactor de La Religión y la Sociedad, veía el posible arribo de los "sectarios del extranjero" (es decir, los protestantes) como una maldición bíblica:


Todo les anuncia que ha llegado el día deseado por siglos de venir a vivir en delicias en el país del oro y de la plata... Pero el pueblo mexicano verá desvanecerse su pasado, sus tradiciones, sus costumbres, sus creencias... las riquezas que a él y no a otros se dignó conceder el Supremo Bienhechor.


Frente a estas creencias, Ocampo había resumido desde 1851 la justificación ética de la tolerancia: "¿Por qué para con todos los errores inofensivos hemos de mostrar indulgencia, y ninguna se ha de tener para... adorar a Dios de diverso modo que del que creemos bueno?".

En los debates del Congreso Constituyente (1856-1857), varios liberales (moderados en su mayoría y casi todos católicos activos) argumentaron que la tolerancia era una práctica común en toda Europa y una condición necesaria para atraer la necesaria inmigración. Cuando finalmente introdujeron en la Constitución una tenue provisión a favor de la libertad de creencia, la Iglesia la repudió y amenazó con excomulgar a todo aquel que la jurara. Acto seguido pasó lo de siempre: callaron las palabras y hablaron los fusiles, se desató la Guerra de Reforma.

A partir de 1867, la Historia no sólo dio el triunfo a los liberales, sino también la razón. Cuando el extranjero tan temido arribó por fin (tardíamente y a cuentagotas, a diferencia de Argentina o Estados Unidos) acrecentó con su trabajo la riqueza de México, se asimiló a las costumbres y tradiciones del país y no afectó en absoluto la antigua matriz católica y nacional. La vida cívica de México ganó mucho al instaurar la libertad de creencia y el respeto a las opiniones ajenas en materia de religión.

Pero el dogmatismo, como los virus, no muere: emigra. Primero el Estado liberal y luego, de manera más aguda, el revolucionario adoptaron una actitud de intolerancia extrañamente parecida a la de sus antiguos adversarios. El presidente Calles retomó los viejos instintos jacobinos y quiso nada menos que erradicar por la fuerza el catolicismo. Al fracasar, tras la Guerra Cristera, buscó "apoderarse de las conciencias infantiles", transmutando la "verdad única" del cristianismo en la "verdad única" del socialismo. Fracasó nuevamente. En tiempos de Cárdenas, el afán de ortodoxia dejó esos ámbitos religiosos y educativos para concentrarse en los preceptos sociales y nacionales del Artículo 27. A partir de entonces se fue configurando el dogma nacional revolucionario por excelencia: el dogma del petróleo.

En sentido estricto, el principio legal que lo sustenta no es sólo legítimo, sino también justificado y razonable: la riqueza del subsuelo debe pertenecer a la nación, es decir, al conjunto de los mexicanos. El problema está en la sutil suplantación que el Estado ha hecho de la nación: para todos los efectos prácticos, quien tiene la propiedad del petróleo no es la nación, sino el Estado, que delega la propiedad en el gobierno en turno. El gobierno, a su vez, es dueño de Pemex, o, más bien, socio mayoritario: el otro socio es el intocable sindicato. La "propiedad" de la nación es letra muerta.

La nueva clerecía mexicana (representada por López Obrador y sus seguidores) no hace esos distingos. Para ella el petróleo no es un recurso material perecedero sobre cuya naturaleza y operación se pueda, en rigor, debatir. Para ella el petróleo no pertenece a esa esfera terrenal. Para ella el petróleo es la sustancia trascendente de la soberanía: un principio inmutable, intocable, inagotable, celestial, el pan y el vino de la identidad nacional. Abordar y transformar la situación actual del petróleo de acuerdo con las mejores prácticas mundiales equivale para ella a "entregar" las riquezas que "se dignó conceder el Supremo Bienhechor" y "traicionar a México".

Todo esto no implica que la reforma energética propuesta sea la buena. Menos aún acabar con un monopolio público para crear uno privado. Lo que sí implica es la necesidad de debatir realidades, no principios. Si el debate no tiene lugar en esos términos y si la liberación (adoptada en el mundo entero) es estigmatizada como "privatización", la discordia civil se ahondará.

De la misma manera en que la intolerancia de cultos hizo perder tiempo a México, la intolerancia sobre el petróleo nos hará perder muy pronto el tren de la Historia. Cuando las reservas se agoten y se consoliden las diversas energías alternativas, será demasiado tarde. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que el dogmatismo del petróleo nos ha retrotraído ya al caudillesco siglo XIX. Lo peor es que el odio teológico se ha vuelto odio ideológico.


Enrique Krauze
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Para los que no saben (o no quieren) distinguir a los conservadores de hoy. A los que quieren mantener el status quo. A los que se oponen al cambio.

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sábado, mayo 03, 2008

 

Un peligro llamado Ruth

¿Qué es lo que les molesta tanto de Ruth Zavaleta a muchos perredistas, incluyendo, en ocasiones, a sus propios compañeros de Nueva Izquierda? La única respuesta posible es su independencia y capacidad de asumir posiciones públicas autónomas. Pero eso no les molestó Zavaleta cuando fue dirigente vecinal, realmente popular; cuando estuvo relacionada con sectores muy radicales de la política mexicana; cuando debió ser apoyada por mujeres de su colonia que, sin llamarse adelitas, acabaron con un acoso real a su persona; cuando hacía trabajo de base o cuando, embarazada, participaba en todas las movilizaciones que fueran necesarias. Tampoco les molestó cuando fue una buena delegada en el DF o cuando ganó su diputación con el mayor número de votos del PRD en la capital. Cubría una cuota de género.

Ruth comenzó a molestar cuando empezó a ser más que una cuota. El resultado sorprendió a la mayoría del mundo político y, paradójicamente, desató la furia de algunos de sus supuestos compañeros de partido y la desconfianza de otros.

¿Qué hizo Ruth Zavaleta? Simplemente actuar con base en la ley y el respeto a los demás y las instituciones que le tocaba, en este caso, presidir sin abandonar sus convicciones. Sin duda debe haber cometido errores como presidenta de la mesa directiva de la cámara de diputados, pero nadie puede cuestionarle la verticalidad y el respeto para todos con que ejerció ese cargo. Y eso la hace peligrosa para una corriente que está apostando exactamente a lo contrario: a radicalizar, a romper, a recurrir al insulto y la agresión como forma de debate. Una corriente que gira en torno a un líder que no acepta un no como respuesta y que cree que "el movimiento soy yo". Ello ha provocado, lo hemos dicho muchas veces, el secuestro del perredismo: son muchas las voces en ese partido que están literalmente hartas de esa situación (lo escuchamos con toda claridad en la discusión entre Carlos Navarrete y López Obrador en días pasados) pero no se atreven a expresarlo públicamente. No se trata ni siquiera de debatir si se está o no de acuerdo con López Obrador: lo que sucede es que éste no admite ese debate, y sus seguidores más fieles son incondicionales que, como ha ocurrido con otros caudillo, sobre todo en la historia de la izquierda, son aquellos que no tienen una carrera propia. Stalin tuvo de deshacerse de Bujarin, Trostky y tantos otros para reemplazarlos por Beria y la KGB. Fidel terminó alejando al Ché y a muchos de los que lo acompañaron en la revolución. Aún hoy tuvo que separarse completamente del poder para que Raúl pudiera comenzar un proceso estrecho, limitado, de reformas que hace apenas unos meses Ricardo Alarcón había calificado de contrarrevolucionarias. El principal opositor de Chávez es el general Raúl Baduel, quien fue su amigo desde los 17 años, el que lo rescató en el golpe de Estado del 2002 y quien era su secretario de Defensa: fue despedido cuando disintió de Chávez porque éste se proponía terminar de romper las débiles estructuras democráticas que quedaban en su país. Los ejemplos podrían repetirse a lo largo de la historia pero allí están: cuando la izquierda no es democrática (y por lo tanto socialdemócrata, en cualquiera de sus variantes) se convierte necesariamente en autoritaria. Y lo peor que existe para un régimen, una corriente o un líder autoritario es un disidente interno. Alguien que diga que no está de acuerdo y lo haga con la suficiente autoridad moral como para respaldar sus dichos.

Ese es el verdadero pecado de Ruth Zavaleta: ejerció sus funciones e hizo política de acuerdo con sus convicciones, que son las que están en la letra de los documentos básicos de su partido pero no en el espíritu que anima al líder.

El fenómeno es demasiado singular, además, como para pasar desapercibido. Alejandro Encinas ha tirado por la borda una larga carrera política para convertirse en un fiel seguidor de las instrucciones de su líder, primero en el GDF, y ahora como candidato a la presidencia del partido. El propio Jesús Ortega, como otros dirigentes de Nueva Izquierda, no terminan de reafirmar en el terreno público sus convicciones cada vez menos privadas. Una gobernadora como Amalia García departe amablemente con el presidente Calderón en su gira por Zacatecas, mientras sus más cercanos colaboradores toman tribunas y llaman a la desobediencia civil para ajustar cuentas internas y quedar bien con el líder. Un hombre como Federico Arreola, con quien se puede o no estar de acuerdo pero que ha defendido a capa y espada causas para muchos perdidas (en su momento el gobierno de Aznar o la intervención en Irak) no quiere demostrar públicamente ni un asomo de rebeldía interna. Y lo mismo sucede con hombres y mujeres con una larga historia política personal que han decidido enterrar esas convicciones en pos de la disciplina.

En el caso de Ruth Zavaleta no sólo se han puesto de manifiesto posiciones encontradas sino que se han presentado de forma transparente: ejerciendo con pluralidad y responsabilidad sus propios espacios de poder. Su ejemplo es tan peligroso porque demuestra lo que se puede hacer desde la izquierda, desde las instituciones, manteniendo la civilidad y las convicciones. ¿Acaso no es un peligro que hoy el grado de aceptación del perredismo en general y de López Obrador en particular apenas si supera el 15 por ciento y el grado de aceptación de Zavaleta es de los más altos de todo el Congreso? Lo que demostró Ruth es que otra vía es posible, es viable y es políticamente redituable para la izquierda. Por eso las amenazas, las agresiones y, al mismo tiempo, el alto reconocimiento que ha obtenido de la sociedad. Acabó el periodo ordinario pero Ruth seguirá hasta el primero de septiembre fungiendo como presidenta de la mesa directiva. Ha construido un espacio político original y entonces tendrá que decidir que hace con ese capital.

Jorge Fernández Menéndez

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sábado, abril 26, 2008

 

Ridiculo y hombre sin palabra

Ridículo: grotesco, extravagante, risible, bufo, burlesco, tosco, caricaturesco, necio, desagradable. Todos esos y más son los sinónimos que aparecen en mi computadora cuando busco sinónimos para ridículo. Dice Ruth Zavaleta, una digna presidenta de la mesa directiva de la cámara de diputados, que fue inoportuno que el presidente Calderón calificara con ese adjetivo la toma de las tribunas por parte de un sector del PRD. Y alguno de los hooligans de López dijo que se confirmó con ello la campaña de la ultraderecha en contra de su líder. Lo cierto es que debe doler, pero el adjetivo es preciso: el proceso interno del perredismo y la toma de las tribunas sólo pueden calificarse, siendo generosos, con el adjetivo de ridículo.

Es ridículo (extravagente, risible, caricaturesco) que haya una elección abierta en un partido y que a un mes y una semana no se pueda tener un cómputo completo, que se hayan hecho todo tipo de trampas, que el comité electoral haya renunciado porque no existen condiciones para realizar su tarea, que en dos ocasiones, rompiendo las reglas y faltando a la verdad, se haya intentado dar un albazo colocando a Alejandro Encinas como ganador de los comicios perredistas: la primera ocasión, el mismo 16 de marzo, basándose en dos exit poll que demostraron estar, por lo menos, equivocados. La segunda este fin de semana, cuando Leonel Cota Montaño, el más oscuro y débil presidente del PRD en toda su historia, salió del letargo para anunciar, primero, que no aceptaría continuar en ese cargo y segundo que el ganador era Encinas. ¿Con base en qué lo decía el ahora ex dirigente?. A un supuesto documento de un área de planificación de un comité (el de elecciones) que ya no existe, que da por concluido el cómputo con poco más del 83 por ciento de los votos. Es ridículo, porque nadie sabe dónde quedó el otro 16 por ciento que, según Jesús Ortega, son los que le darían la victoria. Lo cierto es que Cota Montaño que fue puesto en la presidencia del PRD por órdenes de López Obrador quería cumplir la última encomienda de su encargo y colocar a Encinas, como diera lugar, como presidente del partido, cuando no se han contado todos los votos. Es francamente ridículo todo el proceso, y es más risible aún cuando algunos dirigentes de ese partido quieren vender como una muestra de democracia y pluralismo, la elección más oscura que se ha realizado en partido alguno en el país desde la reforma de Reyes Heroles a fines de los 70.

Es ridículo (caricaturesco, desagradable) que se haya tomado la tribuna del congreso con el argumento de que se quería realizar un debate. Lo es por varias razones: el miércoles anterior a la toma de la tribuna, unas horas antes de ese hecho, ya se había llegado a un acuerdo para realizar ese debate, entre el PRI, el PAN y el PRD. Un numeroso grupo de legisladores fue a informarle al "líder" que se había alcanzado un acuerdo y Carlos Navarrete salió a los medios a decir que no habría acciones de resistencia y violentas mientras continuara ese diálogo. Pero Navarrete, González Garza y otros dirigentes habían sido, una vez más, engañados por López: a la una de la tarde, cuando en la Junta de Coordinación Política del Senado comenzaba la negociación final del cronograma y el temario del diálogo prometido, resultó que otro grupo de legisladores encabezados por Ricardo Monreal tomaba la tribuna del senado y otro, con Raymundo Cárdenas a la cabeza, la de la cámara de diputados: González Garza estaba en la reunión de la propia Junta de Coordinación de la cámara baja y Ruth Zavaleta presidía la sesión. Es ridículo decir que se exige un debate cuando el mismo ya estaba aprobado, se había anunciado así desde un día antes y el propio PRD, por lo menos sus coordinadores parlamentarios, estaban negociando los términos.

Es ridículo (necio, desagradable) que se siga insistiendo en el tema del debate cuando es público que a López no le interesa el mismo, ni tampoco las opiniones que allí se puedan verter. Cuando por primera vez le llevaron el tema del debate, López descalificó a sus coordinadores parlamentarios: les dijo textualmente que lo importante no era el debate sino "lo que venía después". Por eso quería llevarlo hasta el mismo día del informe presidencial y proponía una condición que rompe cualquier norma legislativa: que hubiera un compromiso de que incluso concluido el debate, el congreso se comprometiera a no legislar: es ridículo. El propio Cuauhtémoc Cárdenas lo exhibió cuando dijo que en lugar de presentar una iniciativa contraria a la del gobierno, para poder discutirla en el congreso y sacar la mejor ley posible, el PRD había se decidido tomar las tribunas para impedir el propio debate.

Pero para completar este proceso grotesco, extravagante, necio (ridículo), una vez más, cuando se llegó a un segundo acuerdo en la comisión de energía, López volvió a condicionar todo a que los resultados del debate fueran los que quisiera, a no abandonar la "resistencia civil" y a impedir legislar en torno a la modernización de PEMEX. Es obvio que no interesa el debate, que no es importa lo que suceda con PEMEX. El tema es usar el petróleo para tratar de abonar a la desestabilización gubernamental y la parálisis de las instituciones, incluyendo el propio Partido de la Revolución Democrática que estará los próximos cuatro meses acéfalo. El problema, lo ridículo, no son los adjetivos que califican una proceso, sino el proceso en sí mismo. Y lo evidente no puede ocultarse.

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La mentira, las dobles intenciones, la incapacidad de decir la verdad y asumirla de frente es lo que tuerce las vidas, los objetivos, lo que convierte a un hombre, o en este caso a un político, ya ni siquiera en un mentiroso, sino en un simulador, como dirían nuestros Usigli y Paz, un simulador que se viste y asume la mentira como su propia piel. López Obrador es uno de esos hombres: se trata simplemente de alguien que cree que la política se basa en el engaño, en sorprender rompiendo la palabra, en decir algo en público para rechazarlo terminantemente en privado, un hombre que exige incondicionalidad en lugar de lealtad.

La grabación que se difundió el miércoles de López Obrador regañando a los legisladores perredistas, sobre todo a Carlos Navarrete, calificando de "vacilada" el debate, exigiéndoles que le consulten sus decisiones porque el tema no es el debate sino "ganar tiempo", diciendo que tomaron la tribuna no por el debate sino para ganar tiempo para su causa, descalificando a Navarrete por querer negociar o dialogar es el verdadero López Obrador. El que engaña y no acepta más opinión que la suya. Ya lo había dicho antes pero no existía, como ahora, una grabación que lo atestiguara: la primera vez que los legisladores le llevaron la propuesta de un debate, los envió, junto con las instituciones, al diablo: no importa el debate, dijo entonces, lo que importa "es lo que viene después".

Para aumentar el ridículo, para aquilatar la mentira, públicamente, en una entrevista anterior a la divulgación de esa conversación, López había declarado que impulsaba el debate y que iría a él. Y al mismo tiempo, un político que alguna vez fue serio, Raymundo Cárdenas, el que encabezó la toma de la tribuna de la cámara de diputados (¿qué hace Amalia García con esos colaboradores?) hablaba de pasar de la etapa de la "resistencia civil" a la de la "desobediencia civil". La mentira, el doble lenguaje, no construyen hombres, sino caricaturas de los mismos: es la esencia de la que se hacen los autoritarismos, la cultura fascistoide.

Jorge Fernández Menéndez

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Aún con grabación y todo, habrá muchos que seguirán creyendo que AMLO esta defendiendo a PEMEX. Como lo dijo el propio López, no se trata del debate, ni del petróleo, se trata de ganar tiempo. Tiempo para seguir vivo políticamente. Tiempo para estar en todos los medios. Tiempos para mantenerse posicionado. Tiempo para intentar llegar al poder. Así como gobernó el DF, como mangonea en el PRD, como controla a tantos grupos de choque, ¿así gobernará cuando llegue a la presidencia? ¿Hay alguien que sinceramente cree que una vez en el poder será tolerante, demócrata, abierto a las ideas de otros, negociador? ¿Un estadista? ¿Gobernará para todos o sólo para quienes piensen como él y que son los únicos dignos de llamarse "el pueblo"?

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domingo, abril 20, 2008

 

Golpistas

Reaccionarios, intolerantes, locos, enemigos de lo popular, del avance democrático. Es Lula, no Chávez. Están viendo "moros con tranchetes". Es un buen hombre que sólo busca el bienestar de los mexicanos. Sí, sí, su discurso es un poco radical, pero es un hombre de instituciones. Los defensores del personaje toleraron todo: de las expresiones delatoras -el objetivo "un nuevo Estado" en pleno Zócalo, "al diablo con las instituciones" y muchas más- a los actos violentos. Es violencia menor decían. Pero, según ellos, los detractores de su líder eran (éramos) los equivocados, los miopes, los sesgados. Aquí estamos, casi dos años después de la elección con un personaje que se dice "Presidente legítimo", que estrangula al PRD y lo conduce al abismo -allí están las cifras-, que convoca a la violencia y que ha dado un paso que lo marcará en la historia como lo que siempre ha sido: un golpista.

"Sostuve que la resistencia civil pacífica, no sólo es protesta, es también una vía hacia la transformación del país", hasta aquí el único problema es definir la resistencia civil pacífica. Pero el gran "líder moral" continúa, es "un proceso para la construcción de una nueva República", así, con mayúscula, para que no quede duda. Pero resulta que, como en toda democracia que se respete, los actores políticos deben someterse y aceptar los principios esenciales del régimen que los gobierna. La República para el caso. Desde fuera se puede estar a favor o en contra de la República o de la monarquía, por ejemplo, pero una vez adentro no hay margen. Rodríguez Zapatero, de izquierda, no puede levantarse en contra del Rey Juan Carlos, no por la persona, por las instituciones con las que se comprometió. Se es leal o desleal. El "líder moral" es desleal. Sus seguidores también.

Son los golpistas, los desleales los que arrasan con los congresos. Es casi una acción imprescindible. Un golpista no puede actuar con una asamblea deliberante. Las decisiones de las mayorías pueden ser contrarias a la voluntad divina que inspira a los buenos dictadores, a los fascistas. Camisas negras o blancas, da lo mismo. Varones o mujeres, da lo mismo. Legisladores o de a pie, da lo mismo. Lo que los define es su forma de actuar, no la vestimenta, no la posición. Mussolini, Pinochet o Tejero, con toda su investidura eran golpistas. El "líder moral" de la izquierda mexicana es un golpista y sus seguidores -legisladores borregos, extorsionadores profesionales o muy conocidas firmas- en su participación activa o aceptación silenciosa de los hechos son golpistas. Fuera máscaras.

Quienes aceptan la violencia como vía de transformación de la sociedad, de un lado. Quienes la nieguen del otro. No es demasiado complejo. Cuando las puertas de la democracia estaban cerradas había un margen de interpretación: si la democracia no funciona, ¿por dónde? Pero una vez abiertas esas puertas se acabó la tolerancia. El "líder moral" de la izquierda no aceptó su derrota en el proceso presidencial. Gritó fraude, conspiración. Yo no puedo estar equivocado. Y sus corifeos lo siguieron, atropellando los derechos de terceros que es la típica expresión de los autoritarios. Te cierro las calles, te sometes a mi capricho, tu vida se sojuzga, pero no importa porque yo tengo la razón, lo sé porque mantengo un dialogo divino. Igualito que Bush.

Como buen cacique que es impuso a un candidato a la presidencia de su partido. Igualito que el PRI en sus peores épocas. Ahora tampoco puede reconocer que no ganó. Sigue como búfalo destrozando al PRD porque su voluntad no se cumplió. Y los corifeos, callados: por Él todo se vale. Como al comandante, al jefe de las brigadas, no le gusta debatir -digamos sobre las necesidades energéticas del país-, característica de los verdaderos demócratas, pues entonces da instrucciones a sus huestes a los seguidores sin conciencia de "clausurar" nada menos que al Congreso. Ex regidores, ex gobernadores y legisladores que han vivido y viven de las reglas de la democracia mexicana y también del presupuesto, ahora deciden que no van a debatir, muy su derecho, pero que tampoco permitirán el debate de los otros. ¡Genial! Clara muestra de su vocación democrática.

¿Resistencia civil pacífica? Dejémonos de juegos. Bloquear una carretera o un aeropuerto es un delito. Como en cualquier país. Quienes lo hagan serán delincuentes. Así de sencillo. Los persigan o no, hablan por sus actos. De nuevo, los terceros perjudicados no les importan. Ellos pueden pisotear a quien sea. Tomar violentamente las tribunas e impedir la vida democrática es un acto golpista. Así quedará registrado en la historia. Los corifeos incluidos, con pluma o no, da lo mismo. Son maestros de la violencia: enseñan que la violencia es una vía válida. Claro, en Oaxaca la "Coordinación Revolucionaria" llama a las organizaciones guerrilleras del país a una sublevación. Un país donde una de las tres mayores fuerzas políticas da el deleznable espectáculo violento en las dos más altas tribunas nacionales de diálogo, de debate, de alguna manera autoriza lo que sea. Ésas son las consecuencias de la patología del "líder moral" de la izquierda.

Es momento de definiciones. No es un asunto de derecha o izquierda. Lo ocurrido no puede ser visto como una anécdota más de la vida política mexicana. No nos equivoquemos. El jueves 10 de abril del 2008 dio inicio el más severo de los múltiples atentados recientes contra la democracia mexicana. Tenemos un problema muy serio: el "líder moral" de la izquierda es un golpista y sus seguidores, cómplices.


Federico Reyes Heroles

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jueves, abril 17, 2008

 

Nos deben una explicación

En lugar de tomar el Congreso y declararse en ayuno, los senadores y los diputados perredistas, así como los del Partido Convergencia, deberían morderse la lengua y ofrecer una disculpa pública.

Ellos saben qué hay que hacer en Pemex. Lo que no quieren es que lo haga el presidente Calderón. Con sus propias palabras, estampadas en documentos oficiales, se puede constatar que los mueve la mala fe y el deseo de que a México le vaya mal.

El Partido Convergencia, cuyos integrantes en el Congreso han sido particularmente agresivos al tomar la tribuna para "impedir la privatización de Pemex", planteó lo siguiente en su Plataforma Electoral registrada ante el IFE:

"26. Lograr una reforma en materia de energía que aumente las capacidades productivas del país y permita su viabilidad en el largo plazo y que incluya de manera integral el petróleo, gas y electricidad, con medidas como:

a. Mantener la rectoría del Estado sobre la política energética.

b. Establecer una política energética integral.

c. Permitir la participación regulada de particulares.

d. Dotar de autonomía administrativa y operativa a las empresas públicas de energía (Pemex y la CFE)

e. Encontrar formas de asociación con particulares, sobre todo empresas nacionales, para revertir la disminución de reservas petroleras y aumentar la producción de gas natural.

f. Fomentar la participación de particulares en la generación de electricidad, reservando al Estado la transmisión y distribución de energía eléctrica.

g. Permitir a los ciudadanos la participación accionaria en Pemex.

h. Dar a los estados con reservas de hidrocarburos la posibilidad de explotarlos directamente, en donde no sea rentable para Pemex, mediante modelos de autogestión."

Por su parte, Andrés Manuel López Obrador, en el libro Un proyecto alternativo de nación, donde expone lo que pensaba hacer si llegaba a la Presidencia, dice en lo referente a política energética:

"Pero tampoco deberíamos descartar que inversionistas nacionales, mediante mecanismos transparentes de asociación entre el sector público y el privado, participen en la expansión y modernización del sector energético o actividades relacionadas, siempre y cuando lo permitan las normas constitucionales.

"En resumen, la propuesta es fincar las bases del desarrollo nacional en el aprovechamiento y en la modernización del sector energético. El objetivo es sencillo: aprovechar los recursos energéticos para fomentar la industrialización del país, generar empleos y ser competitivos en el mercado mundial" (pág. 42).

Tanto Convergencia como López Obrador hablan de "asociación" de Pemex con particulares, lo que lleva a la iniciativa privada mucho más allá de lo que propone el proyecto enviado por Felipe Calderón al Congreso. La iniciativa que se presentó la semana anterior habla de que Pemex podrá contratar a empresas privadas para realizar determinados trabajos en aguas profundas. En ningún momento se comparte la riqueza del subsuelo, como lo proponen López Obrador y Convergencia en sus respectivas plataformas electorales, al hablar de "asociación". Incluso Convergencia propone "permitir a los ciudadanos la participación accionaria en Pemex".

El proyecto del gobierno de Felipe Calderón no llega a tanto. Sólo propone la emisión de bonos para los ciudadanos, que no implican una participación accionaria en Pemex.

¿Entonces?, ¿qué les duele?

Les duele que la modernización de Pemex la promueva un Presidente al cual odian.
Les duele que serán priistas y panistas los que van a tener el mérito de esta reforma a Petróleos Mexicanos.
Les duele que con la reforma propuesta se va a dar mayor viabilidad a Pemex y al país le va a ir mejor.

Su oposición radical y al filo de la violencia para evitar que se haga lo que se tiene que hacer en ese organismo público, es parte de una estrategia desestabilizadora. Es evidente que, si no quieren que se haga lo que ellos tienen claro que se debe hacer en Pemex, es porque quieren que le vaya mal al país.

Esa es su apuesta.

Minar al gobierno, sangrar a México, agitar y polarizar para tomar el poder por las malas.

Si no les alcanza para tanto, por lo menos quieren desgastar lo suficiente a las instituciones para llegar a 2012 con un país extenuado y presentarse ellos como los salvadores.

Pablo Hiriart
Excelsior, 14 de Abril 2008

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martes, abril 15, 2008

 

Clausurado

El 10 de abril del 2008 puede inscribirse como uno de los días más negros de nuestra historia. Ese día, el sujeto que se autonombra "Presidente Legítimo", mostrando su verdadera cara de tirano y absolutista, ordenó a los legisladores que conforman el Frente Amplio Progresista (que están al servicio del Mesías tabasqueño y no del pueblo que los eligió y paga sus jugosas dietas) a clausurar las cámaras legislativas para evitar la discusión, análisis, debate, propuestas, cambios y aprobación de la propuesta de reforma petrolera que días antes el Presidente Constitucional de México, Felipe Calderón, había enviado al Poder Legislativo.

Tal atropello al Poder Legislativo por parte de un "Presidente" había ocurrido únicamente tres veces en la historia de México: la primera vez fue en 1822, cuando Agustín de Iturbide decretó la disolución del Congreso en la naciente república; la segunda disolución fue en 1838, con Antonio López de Santa Anna, a través del General Nicolás Bravo, quien cuidaba el Poder Ejecutivo mientras el primero se retiraba a descansar a su hacienda de Manga de Clavo; la última vez fue en 1913, cuando el General Victoriano Huerta disolvió la 26 legislatura.

Con esta acción totalmente antidemocrática por parte de estos barbajanes, que es tan pacífica como la invasión de Bush a Iraq y Afganistán, se está efectivamente cancelando cualquier posibilidad de diálogo, debate y discusión sobre el tema petrolero.

Al no tener ningún argumento válido e inteligente sobre el cual debatir y no contar con ninguna propuesta qué ofrecer para resolver la grave situación que enfrenta Petróleos Mexicanos, han decidido irse por el camino fácil y dar por cancelado el trabajo parlamentario que es, o debería ser, el lugar natural para la discusión de ideas y propuestas de política pública. También están aprovechando la coyuntura para mejorar la percepción en la sociedad después de que mostraron su verdadero rostro en las desaseadas, por decir lo menos, elecciones internas para renovar su dirigencia.

La acción arbitraria del iluminado tabasqueño y sus subordinados legislativos muestra la desesperación de que, en la propuesta del Presidente Calderón, en ningún momento se plantea la privatización, como de manera falsa y mentirosa han venido pregonando el tirano tabasqueño y banda.

Lo que vimos que sucedió en el Congreso está dando por cancelada la posibilidad de poner en marcha unas medidas de política pública que, desde mi óptica, pudieran parecer limitadas para resolver el problema de fondo de la industria petrolera, como es la falta de inversión para aprovechar nuestros recursos petroleros que se encuentran en el subsuelo, incrementar la producción de petróleo crudo y darle valor agregado a nuestros productos petroleros para reducir la dependencia con el exterior. Sin embargo, la propuesta puede considerarse un avance para revertir el estado de las cosas en materia petrolera que, de continuar como hasta el día de hoy, inevitablemente nos lleva por el camino para convertirnos en importadores de petróleo crudo en seis años.

Lo que también se canceló el 10 de abril fue la forma como prevé la Constitución la conformación y operación de las Cámaras de Diputados y Senadores. El 6 de julio del 2000, en elecciones limpias y justas, además de la elección presidencial, los mexicanos decidimos que la Cámara de Diputados se conformara de la siguiente manera: 207 diputados del PAN, 156 del Frente Amplio Progresista, 106 del PRI, 17 del PVEM, 9 de Nueva Alianza y 5 de Alternativa.

Por lo que respecta a la Cámara de Senadores, la composición es la siguiente: PAN, 52 senadores; PRI, 33; FAP, 36; PVEM, 6; y un senador sin partido. Esta parte de las elecciones no fue impugnada por los integrantes del FAP. La cancelación del trabajo legislativo que hizo el FAP nos muestra que, en el caso de la Cámara de Diputados, una minoría del 31.2 por ciento evita que el restante haga su trabajo legislativo.

En el caso de los senadores, el 28 por ciento de éstos impusieron su voluntad de manera violenta sobre el resto para evitar que desempeñaran las tareas que como legisladores les ordenamos hacer con nuestro voto. Inclusive, los miembros del FAP están violando el último párrafo del artículo 63 constitucional, que dice que: "incurrirán en responsabilidad, que la misma ley sancionará, los Partidos Políticos Nacionales que habiendo postulado candidatos en una elección para diputados o senadores, acuerden que sus miembros que resultaren electos no se presenten a desempeñar sus funciones".

Impedir que se realice el trabajo legislativo y presentarse a alterar el orden o a dormir en sus curules en la madrugada, no significa necesariamente que estén desempeñando las funciones constitucionales para las cuales fueron electos. Habrá que estar pendientes de cuántos días va a durar la arbitrariedad de los seguidores del tabasqueño, ya que el mismo artículo 63 contempla el caso de inasistencias al trabajo legislativo: "Se entiende también que los diputados y senadores que falten diez días consecutivos sin causa justificada o sin previa licencia del presidente de su respectiva Cámara, de lo cual se de conocimiento a ésta, renuncian a concurrir hasta el período inmediato, llamándose desde luego a los suplentes".

La manta que pusieron estos legisladores sobre la mal llamada máxima tribuna, que decía "Cancelado", tiene un alcance mayor, ya que no sólo se canceló el debate, el diálogo, la vida institucional y el trabajo parlamentario. También se está cancelando el futuro de México, ya que de aquí en adelante cualquier minoría podrá imponer con violencia su visión a la mayoría. ¿De qué privilegios gozan estos saboteadores para impedir que afronten las consecuencias de su actitud?

Abel Hibert
ahibert@prodigy.net.mx

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sábado, abril 12, 2008

 

Golpismo

La toma de las Cámaras de senadores y diputados es una estrategia golpista. Nadie objeta el derecho de la fracción fapista a oponerse a la iniciativa de reforma de Pemex. Es, sin duda, su derecho legal y constitucional. Ocurre en todos los sistemas democráticos. Lo que es inaceptable es que literalmente se secuestre ("clausure") el recinto legislativo. No sólo se trata de impedir un debate necesario y obligado, sino que además se violenta el orden institucional. Las camisas obradoristas son blancas por fuera, pero pardas y negras por dentro.

Más grave aún. Los perredistas jamás impugnaron la elección de los legisladores del 2 de julio de 2006. Concentraron toda su artillería en los comicios presidenciales. La contradicción era mayúscula. Porque fueron los mismos ciudadanos y autoridades electorales los que montaron las casillas y contabilizaron los votos para diputados, senadores y... Presidente de la República. ¡Cómo denunciar, entonces, un fraude mayor en un caso y nada en el otro si se trató del mismo proceso! No hay lógica que apuntale semejante disparate. Pero en el mundo al revés de la izquierda este tipo de "paradojas idiotas" (que no absurdas) son moneda corriente.

El hecho es que ni López ni sus huestes impugnaron jamás los resultados del 2 de julio, los dieron desde el inicio por legítimos. Su participación en ambas Cámaras y el cobro regular de sus sueldos lo confirman. Junto al resto de los legisladores aprobaron la contrarreforma electoral y el conjunto de los gobiernos perredistas ejerce el presupuesto que se aprueba cada año en la Cámara de Diputados. Carecen de argumentos racionales, primero, para impedir el debate y, segundo, para oponerse y desconocer la decisión que tome la mayoría en el Congreso.

López ha dado así un paso más en su estrategia insurreccional. No se trata sólo de mandar al diablo las instituciones, sino de dinamitarlas desde adentro, con actos violentos, y desde fuera, con las marchas y bloqueos. La estrategia no es nueva. A principios del siglo 20, Lenin proponía utilizar todos los espacios y foros para hacer propaganda revolucionaria. La presencia de los diputados bolcheviques en el parlamento ruso tenía por objeto difundir el programa comunista y sabotear el trabajo legislativo para preparar la toma del poder.

A los bolcheviques, como a López y sus huestes, les tenía sin cuidado que su fracción fuese minoritaria. Su legitimidad no provenía del sufragio efectivo, sino de la ciencia (el marxismo-leninismo) y el programa que convertía al Partido Comunista en la vanguardia de la clase revolucionaria, el proletariado. López es la reedición tropical de esa lógica maximalista. AMLO se asume como la encarnación viviente del pueblo y la nación. Su legitimidad es genética, no pasa por las urnas. Combatir a los enemigos del pueblo y a los traidores a la patria es su misión suprema. Cualquier acto y medida es legítimo en esa guerra.

Quienes han pregonado que hay que negociar y abrirle espacios a López se equivocan. Habría que hacerlo si se ajustara a las normas y principios del orden democrático. Pero no es el caso. Éste es un ejemplo más del peligro que representaba el rayito de esperanza en el 2006. De haber alcanzado la victoria hubiese utilizado todo el poder de la Presidencia para imponer su liderazgo autoritario. Tampoco es novedad su intención de barrer con las instituciones: de haber tenido los medios hubiera impedido la toma de posesión del Presidente de la República.

El peligro y los riesgos no están superados. Los objetivos inmediatos de López son dos: recuperar el espacio político que ha perdido desde el 2 de julio e impedir que la reforma energética se apruebe. En ese combate se juega el todo por el todo. No le importa la modernización de Pemex ni la estabilidad del País. Antes al contrario, busca provocar una crisis mayor que le permita renacer como el ave fénix. Porque, a final de cuentas, hay vasos comunicantes entre la situación de Pemex, la petrolización de las finanzas públicas y la posibilidad de una crisis económica de gran envergadura.

¿Tendrá éxito la estrategia? Es muy temprano para saberlo. Pero no se trata de una apuesta irracional ni condenada al fracaso de antemano. A su favor tiene tres elementos fundamentales: a) la campaña de mentiras y medias verdades contra la privatización ha calado ya en sectores importantes de la sociedad; exactamente como después del 2 de julio caló el mito del fraude electoral; b) la simpatía de muchos priistas que comparten las obsesiones, prejuicios y fantasmas del Peje, y c) la mediocridad del liderazgo priista que se acobarda y aterra frente a las campañas de desinformación.

Hay un cuarto elemento no determinante, pero tampoco despreciable: la carta en blanco que extendió un buen número de intelectuales de izquierda a la campaña contra la privatización e, implícitamente, contra las instituciones democráticas. La descalificación, la confusión e incluso la violencia son avaladas o cuando menos justificadas. Los argumentos son perversos: nos quieren vender gato por liebre, dicen. La privatización de Pemex está en la letra chiquita o en términos oscuros y sibilinos; aunque nunca se muestre ni se defina ninguna de esas artimañas. Y luego la perla de la corona: el petróleo es la esencia de la soberanía. ¡No pasarán!

La moneda está en el aire. Sin embargo, si López logra torpedear la reforma y se sale con la suya nadie podrá negar que se enfila ya hacia el 2012 a tambor batiente. De ocurrir esa peregrinación, veremos varios fenómenos extraordinarios: el primero es el riesgo de que la estabilidad económica naufrague a finales del sexenio y el segundo, el arrepentimiento de los arrepentidos. Porque conforme se consolide la candidatura del rayito de esperanza muchos de los intelectuales que lo abandonaron correrán a ofrecerle incienso.

Ésta es la realidad. El huevo de la serpiente anida en el PRD. Quienes militan en ese partido y disienten de López no pueden seguir guardando silencio ni escudándose en una falsa tolerancia. Si los métodos empleados huelen, saben, suenan y tienen color golpista es porque son golpistas. Lo que está en juego hoy es mucho más que el petróleo, es el futuro de las instituciones democráticas.


Jaime Sánchez Susarrey

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viernes, abril 11, 2008

 

Pacificos

Al son de mexicanos al grito de guerra, las adelitas y los adelitos de Andrés Manuel empezamos ayer nuestras pacíficas movilizaciones en todo el País. Con una valentía que nos llenó los ojos de lágrimas, nuestros legisladores tomaron pacíficamente las tribunas de las cámaras y pusieron sobre ellas una manta que decía "Clausurado".

No estamos exigiendo algo a lo que no tengamos derecho. Lo único que queremos es que nos aseguren que podremos discutir la reforma petrolera durante todos los años que sea necesario para que se acepte finalmente lo que queremos. Nosotros representamos al pueblo, mientras que la violenta ultraderecha no se representa ni a sí misma. Así que impediremos cualquier discusión en el Congreso sobre cualquier tema durante tiempo indefinido. Pero lo haremos, por supuesto, de manera pacífica.

La culpa de lo que estamos haciendo no es, por supuesto, nuestra. Las adelitas y los adelitos somos simples y pacíficos instrumentos de una causa superior a la que nuestro gran líder y caudillo, a quien le hemos jurado lealtad hasta la última gota de sangre, nos ha convocado.

No estamos dispuestos a que la violenta ultraderecha privatice el petróleo. No queremos que a nadie se le permita vender gasolina. No estamos dispuestos a que se privatice el viento para generar electricidad. Tampoco queremos que se importen gasolina o gas. No aceptamos que Petróleos Mexicanos compre ni un centavo a la iniciativa privada. ¿Por qué no puede Pemex hacer sus perforadoras y sus ductos, sus computadoras y sus escritorios, su propio papel higiénico?

Nuestro valiente y pacífico vicecoordinador en el Senado, Ricardo Monreal, les dijo a los violentos miembros de la ultraderecha: "Ustedes son los responsables, no se nos culpe. Y al pueblo que nos escucha le pedimos que se solidarice con esta lucha que en este momento estamos anunciando, que no tendrá tregua ni descanso en ese afán privatizador de Petróleos Mexicanos". Si la violenta ultraderecha no hace pacíficamente lo que le ordenamos, nos veremos obligados a tomar todas las medidas necesarias para pacíficamente obligarla a hacerlo.

Nosotros somos demócratas, pero demócratas verdaderos. Ya lo demostramos en las elecciones del 2006, cuando bloqueamos el Paseo de la Reforma porque nos robaron la elección. También lo comprobamos este año en nuestras elecciones internas en las que dimos lecciones de democracia a México y al mundo.

Rechazamos tajantemente las ideas difundidas por algunos medios de comunicación, confabulados en un perverso complot en nuestra contra, de que es positivo que el Congreso deje de operar durante días, semanas, meses o años. Son una burla violenta e inaceptable los comentarios de que el Congreso debe permanecer clausurado por lo menos hasta el 31 de agosto del 2009, porque así le haría menos daño al País.

Mucho peor es la sugerencia de que, mientras dure esta patriótica y pacífica huelga legislativa, el Congreso debe dejar de recibir su modesto presupuesto de 8 mil 976.6 millones de pesos. Ese dinero y las migajas que el IFE nos da son indispensables para mantener nuestra pacífica lucha a favor del pueblo.

Las tribunas de las cámaras legislativas son sólo el principio de este pacífico movimiento. Después seguirán las oficinas gubernamentales y las calles, las carreteras y los aeropuertos. Tomaremos todas las instalaciones petroleras y las de electricidad. Y si es necesario, ahogaremos pacíficamente por hambre las violentas intenciones de la ultraderecha de atentar contra los mexicanos.

Después extenderemos nuestro movimiento al resto del mundo. No podemos aceptar que otros países, como Estados Unidos, Canadá, Cuba, Noruega, Brasil, la Gran Bretaña y tantos más, hayan privatizado su industria petrolera. A todos ellos los bloquearemos pacíficamente y los obligaremos a no producir ni una sola gota de petróleo con sucio dinero privado.

Mientras tanto, combatiremos las intenciones de negarnos nuestra merecida parte de los presupuestos gubernamentales. No reconocemos al gobierno espurio y violento, pero necesitamos los recursos que nuestras adelitas y nuestros adelitos obtienen de sus cargos en el Congreso, en las oficinas públicas, en los partidos, en las escuelas y en los sindicatos. Nuestros valientes revolucionarios no podrían hacer sus largas guardias si no recibieran sus modestos sueldos y subsidios del gobierno. La mera amenaza de que nos serán retirados, demuestra la violencia de ese gobierno ilegítimo ante nuestra pacífica resistencia civil.

Poco importa que nos amenacen con violencia o con que vamos a perder el voto de los ciudadanos. Si perdemos alguna elección más, exigiremos el recuento voto por voto hasta que ganemos. Y estaremos dispuestos a paralizar el País hasta que nos den la razón. Para eso somos demócratas y para eso somos pacíficos.


www.sergiosarmiento.com

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martes, abril 01, 2008

 

Diálogo, verdad, reglas

Mandar al diablo las instituciones no es el deshacerse de lo inservible sino desprenderse de lo elemental -y de lo propio. No es atacar la fortificación enemiga, sino perforar la nave donde uno viaja. Dirán los defensores de las comillas que López Obrador no mandó al diablo a las instituciones, sino a sus instituciones. Subrayarán que los institutos remitidos al caluroso territorio eran los de la derecha tramposa. Pero ahí está el gran problema del lente marxista. Las instituciones del Estado no pueden entenderse como armas de los encumbrados contra los justos. Son el domicilio común, el espacio indispensable para la convivencia. Cuando el caudillo gritó a los cuatro vientos que las instituciones merecían estar ahí, en el infierno de la porquería, era claro que mandaba al diablo también a quien lo hacía su candidato. Era cuestión de tiempo que los efectos de la convocatoria se hicieran sentir en su propia casa. Se ha consumado el aviso: al PRD se lo ha llevado el diablo.

El discurso del gran caudillo ha sido un coherente embate a los tres fundamentos de la convivencia: el diálogo, la verdad y las reglas. Ése es el tripié del trato institucional: aceptar la realidad, acatar las reglas, tolerar al otro. No es extraño lo que pasa en la familia perredista porque ahí ha avasallado ese mensaje: no se puede conversar con los traidores; no importan los hechos, sólo valen las normas que me validan.

Empecemos con la cancelación del diálogo. Tiene sentido escuchar a otro si se admite su dignidad, la posibilidad de que tenga razón o, incluso, si se acepta su derecho a equivocarse. Esa rutina en la que unos y otros hablan y se escuchan consecutivamente ha sido vetada por el purísimo. Los patriotas no tienen por qué charlar con los traidores. A ellos no se les escucha, se les aplasta.

Hoy lo vemos en la nueva campaña lopezobradorista. Con retórica e ilusiones insurreccionales se organizan comandos -¡así les llama!- para impedir que una fuerza política presente una iniciativa de ley. Se preparan para bloquear la deliberación. Considerar los argumentos de los desleales a la patria es ya motivo de excomunión. Curiosa virilidad de la intolerancia: quien escucha el alegato de otro se le entrega. Quien admite que el otro pudiera encerrar alguna diminuta y remota pista de razonabilidad es ya cómplice de los peores. Imposible debatir en este ambiente. El único espacio de la palabra es la cantaleta, la consigna y la amenaza.

Las proscripciones se extienden como epidemias. Si primero está prohibido conversar con los del otro partido, luego se vuelve indebido conversar con los del otro barrio y luego con los de la otra casa, después con los del otro cuarto, y al final con el de al lado. Al vetar el primer diálogo se inicia el camino hacia el monólogo donde sólo una voz es legítima. El resto tiene permiso de celebrarla. Lo que ahora pasa dentro del PRD no es más que la ramificación de su intolerancia. Ahora la intransigencia se perfila contra los enemigos interiores. Unos son puros, los otros traidores. Y ya se sabe que con los traidores no se puede tomar el café porque lo envenenan.

La sociedad política también tiene ciertas exigencias de verdad. No es que sea una comunidad científica volcada a la medición y la experimentación. Pero reclama un mínimo compromiso para aceptar hechos. Cada uno puede valorarlos como le dé la gana, pero no se tiene derecho a inventar la verdad, a torcerla, a ignorarla. Como recuerda el libro de Carlos Tello-Díaz, a las 11 de la noche del 2 de julio del 2006, Andrés Manuel López Obrador declaró que aventajaba con "cuando menos 500 mil votos" a su adversario. ¿De dónde sacó ese número? De la manga. Lo inventó. Dijo medio millón, pero pudo haber dicho tres millones. Después fue inventando e inventando e inventando hipótesis, teorías y conjuras que trataban de ocultar su derrota y fabricar una victoria cuya única fuente es la fe de sus simpatizantes.

Al acompañar a López Obrador en ese viaje de fantasía, el perredismo ha dado muestras de su escasísimo compromiso con la verdad -y ahora paga las consecuencias. Lo mismo se escucha hoy en relación con el petróleo: inventos, fabricaciones, incoherencias. Tal parece que la realidad ha sido condenada como reaccionaria. Y ahora que el PRD cumple su segunda semana sin poder declarar al ganador de su contienda interna, ¿de dónde puede levantarse la voz que pida la elemental constatación de hechos? ¿Quién podría levantar la mano para reivindicar la importancia de la veracidad difunta cuando todo el partido colaboró en su entierro?

Los conflictos pueden arreglarse de tres maneras: se resuelven a golpes y se impone el más fuerte; los soluciona una figura de autoridad y todos la reconocen; o se canaliza por algún procedimiento, siguiendo reglas. Las dos últimas opciones parecen inviables para el PRD. Las normas y los árbitros no generan confianza y la figura de autoridad es declaradamente parcial. Quedan la fuerza y el ruido.

El mensaje antiinstitucional de López Obrador ha tenido eco dentro de su partido. Las diatribas que el partido ha recitado en contra del régimen ahora se adaptan al pleito de las facciones. Unos son los espurios, los otros los legítimos; ellos son peleles, nosotros los congruentes. Por eso el pacto entre los contendientes se impone por encima de las resoluciones del órgano común. Ése es el legado político del caudillismo: la expropiación del domicilio compartido. Quien vive en la casa del PRD lo hace por graciosa condescendencia del "Presidente legítimo".

Jesús Silva-Herzog Márquez
http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/

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miércoles, marzo 26, 2008

 

Indignidad

"Quien no tiene vergüenza ¿qué bien tiene?".
Lope de Vega


En política hay días tristes. Éstos lo son. México está enfermo de indignidad. Para donde se mire aparece el mismo síndrome: el empequeñecimiento ético de los actores. Pareciera que han perdido la vergüenza, no respetan las normas escritas, pero tampoco un código mínimo de congruencia en la palabra dicha. No respetan a los ciudadanos, pero, peor aún, no se respetan a sí mismos. Digo peor aún, porque la falta de respeto a uno mismo conduce al cinismo. Hay mucho cínico conduciendo al país. Pareciera que estamos atrapados en un degradante círculo vicioso en el que el cinismo de unos da licencia al de otros. ¿Cuándo dio inicio este patético desfile? Difícil poner una fecha de nacimiento, más bien a la memoria viene una larga lista de indignidades recientes. Algo queda claro, empeoramos: no es un asunto de leyes sino de personas.

Cinismo el del ex candidato a la Presidencia y corredor de maratones que busca atajos. Qué imagen dejó entre los jóvenes. Cómo reparar el daño. Cinismo el del Gobernador de Puebla al no separarse de su encargo para facilitar la investigación sobre el terrible asunto de la pederastia denunciado por Lydia Cacho (ver el más reciente número de Enfoque). Cómo erradicar las dudas sobre su posible involucramiento. Cinismo el de los padres de familia de los mexicanos asesinados en Ecuador al fingir demencia frente a los hechos, pero también cinismo de los medios que erigen nuevos héroes a conveniencia del rating. Cinismo el de los dirigentes deportivos que no asumen ninguna responsabilidad ante las derrotas. Cinismo el del ex Gobernador de Morelos, quien tampoco se separó de su encargo durante las investigaciones que lo vinculaban con el narcotráfico.

Cinismo el de los múltiples saltimbanquis de la política capaces de hacer triples saltos mortales y nunca quedar fuera de la nómina. Cinismo el autosecuestro del ex Gobernador de Oaxaca. Cinismo del Secretario de Gobernación al no aceptar un error ético y además ¡querer vendernos su sacrificio personal al aceptar el puesto! Cinismo el de AMLO, profundo cinismo, con muchos capítulos, el increíble retorno de Bejarano y Padierna o, el más reciente, enrolar a 10 mil mujeres para sus nuevos "cercos". Cinismo el de los señores legisladores que no desaprovechan oportunidad para ausentarse y aumentarse ingresos y prestaciones. Cinismo el del ex Gobernador de Zacatecas y actual Senador al encorsetar a su sucesora.

El cinismo encontró un nuevo doloroso capítulo. La vergonzosa elección del PRD no es un asunto exclusivo de los perredistas. Es una tragedia política que afecta a uno de los tres principales partidos políticos nacionales. No vale la pena repetir la infinita lista de irregularidades y chanchullos que van del padrón inflado en millones, a la participación de gobernadores, al robo de urnas, a la incapacidad de brindar resultados confiables. La elección del domingo 16 ratifica una de las tradiciones de ese partido, vergonzosa tradición: procesos internos pestilentes. Se dirá ahora que hay una campaña de desprestigio montada desde los más altos niveles. Algunos actúan como si lo ocurrido fuera normal, nada hay de qué asombrarse. ¿De verdad no tienen nada de qué avergonzarse? Eso es pérdida del sentido de realidad o vil cinismo.

Los partidos políticos son entidades de interés público cuyas actividades son sufragadas por la ciudadanía. Esos dineros podrían ir a dar a escuelas, hospitales, carreteras. Pero se considera que el fomento de la vida democrática merece esa inversión que es muy cuantiosa. Son los partidos políticos los encargados por ley de difundir una cultura democrática, cultura democrática que comienza por la vida interna, cultura democrática que es el sustento último de las democracias. Por más que se mejoren las leyes, por más candados y contrapesos que se interpongan, si el comportamiento ciudadano es fraudulento nada lo contendrá.

Más allá de izquierdas o derechas, el PRD nació de la fatídica elección del 88, sacudiendo al sistema presidencialista y autoritario. Nació con la consigna de impulsar, lo dicen sus siglas, una revolución democrática. Con sus críticas y aportaciones, sumadas a las de otros partidos, se modificaron las instituciones políticas que hoy nos rigen. La alternancia en el 2000 fue en parte producto de esa apertura política. Pero el origen democratizador se ha desfigurando, perdido, al grado de que hoy muchos ciudadanos, allí están las cifras, desconfían de ese partido, de su papel en las instituciones y por supuesto de su "líder moral". A 20 años de aquel cisma político, el PRD es un partido con un gran caudillo -figura contraria a un espíritu democrático moderno-, un partido que reedita las peores mañas del sistema autoritario. Paradojas: han traicionado el origen que les dio la vida.

¿Es el comportamiento de sus militantes un referente confiable para la democracia mexicana? Eso es lo que está en juego. Con qué cara van a mirar a la ciudadanía que les da votos y dinero después del patético espectáculo de la elección, con qué cara van a seguir reclamando que el proceso electoral del 2006, en que participaron decenas de millones de mexicanos, no es válido si son incapaces de comportarse institucionalmente. Hoy cosechan lo que han sembrado, brutal arribismo, caudillismo galopante y enfermizo y la degradación que trae la lucha por el poder y la pérdida de principios, entre ellos el de la dignidad. Es dramático.

Federico Reyes Heroles





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jueves, marzo 20, 2008

 

La amenaza

"Volverán a decir que somos un peligro para México".
Andrés Manuel López Obrador


El mensaje que Andrés Manuel López Obrador lanzó este 18 de marzo desde el Zócalo de la Ciudad de México es realmente ominoso. Si el Congreso siquiera da entrada a una iniciativa de reforma energética que no sea la que él quiere, López Obrador y sus simpatizantes paralizarán el País.

"El despojo del petróleo -dijo el perredista el 18 de marzo, con palabras casi exactamente iguales a las que usó en el mitin del 24 de febrero junto a la torre de Pemex- dejaría latente el riesgo de una confrontación violenta, lo cual nos puede llevar a más sufrimiento, inestabilidad política y social, al predominio del uso de la fuerza y no necesariamente a la emancipación del pueblo".

¿Qué forma tomaría esta "confrontación violenta"? No lo dijo el "presidente legítimo" este martes. Al igual que en la reunión del 24 de febrero, López Obrador le dejó a Claudia Sheinbaum la responsabilidad de detallar la amenaza:

En el momento mismo en que se presente una iniciativa de reforma energética con la que López Obrador no esté de acuerdo se llevará a cabo una "huelga legislativa" por parte de las fracciones del Frente Amplio Progresista y se instalarán "cercos ciudadanos" en el Senado y la Cámara de Diputados, así como en las sedes de los gobiernos y los congresos de los estados. Si no se retira la iniciativa, se harán cercos ciudadanos en los aeropuertos del País y en las instalaciones administrativas estratégicas petroleras y financieras. También habrá "bloqueos ciudadanos" en las carreteras de todo el País y un "paro patriótico nacional".

López Obrador afirmó este 18 de marzo: "Es preferible actuar ahora y no permitir que la derecha termine por desestabilizar al País. Lo repito: ellos son los más tenaces violadores de la Constitución y las leyes. Nosotros no queremos violencia. Nosotros vamos a transformar a México por la vía pacífica".

Habrá que preguntarse si un bloqueo de los aeropuertos, las instalaciones petroleras, las instituciones financieras y las carreteras de todo el País es un acto pacífico de protesta. En el Distrito Federal quizá lo sea, ya que las autoridades le prestarán la policía y todo el apoyo necesario a su jefe López Obrador, como ya lo hizo Alejandro Encinas en el 2006 durante la toma del Paseo de la Reforma y de una parte del Centro Histórico de la ciudad.

Por si alguna duda había, en la reunión del martes en el Zócalo estuvo presente el actual Jefe de Gobierno de la capital, Marcelo Ebrard (a pesar de que el día era laborable y eran horas de oficina), quien de esta manera manifestó su apoyo al movimiento. En el resto de la República, empero, habrá sin duda mayor resistencia a la "resistencia pacífica" de Andrés Manuel.

López Obrador tiene, por supuesto, todo el derecho de hacer sus propuestas y de utilizar la enorme fuerza política que él y su partido han acumulado para promoverlas. Lo que no tiene derecho a hacer es a amenazar al País en caso de que alguien haga una propuesta diferente a la suya. Esto es simplemente un chantaje.

El propio López Obrador se da cuenta de ello. Por eso trató de curarse en salud en el mitin de este 18 de marzo: "Ya sabemos que se nos vendrán encima con sus campañas de desprestigio en los medios de comunicación. Nos llamarán alborotadores, violentos, intransigentes. Dirán que queremos que le vaya mal al país y volverán a decir que somos un peligro para México".

Por supuesto que habrá muchos que lo digan. Y con toda la razón del mundo. Cualquier país puede considerar un peligro a un político que amenace con paralizar la vida económica de la nación si el Gobierno no obedece puntualmente sus instrucciones. Ya imagino lo que haría ese Gobierno cubano que tanto admira López Obrador si algún disidente se atreviera a lanzar una amenaza que fuese siquiera una pálida sombra de la que él mismo ha dado a conocer.

Yo en lo personal -como muchos millones de mexicanos- pienso que el monopolio del que goza Pemex es una de las razones fundamentales de los problemas económicos y de la pobreza de nuestro país. El recurso en el subsuelo debe seguir siendo propiedad de los mexicanos, como lo es en todos los países del mundo, pero los mexicanos no debemos aceptar que una empresa tenga el monopolio sobre toda la exploración y producción de petróleo y sus derivados.

Pero en todo caso ésa es mi idea. Una cosa es que esté yo dispuesto a defenderla con todos los argumentos a mi alcance, y otra muy distinta que amenace con paralizar la economía nacional si el Gobierno y el Congreso no se pliegan a mi posición.

Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com
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Lo dije yo hace varios años, antes de que el PAN utilizara mediaticamente la frase, AMLO es un peligro para México.

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domingo, marzo 02, 2008

 

¿No que no?

No, no nos equivocamos. En todo caso nos quedamos cortos. Andrés Manuel es un peligro para México, pero también para los perredistas. El minilinchamiento de Carlos Navarrete, coordinador de los senadores perredistas, y de González Garza, líder de los diputados del sol azteca, fue una advertencia muy seria. Quienes dentro y fuera del PRD disientan del rayito de esperanza ya saben a qué atenerse. Son traidores a la patria y serán tratados como tales. No habrá tregua ni cuartel. La violencia verbal precedió a la física. Era y es lo que López quiere. No hay confusión ni ambigüedad. Y esto apenas empieza.

2. La intolerancia de Andrés Manuel no es nueva. ¿Ya se olvidó que desde el 2005 tenía una lista negra de intelectuales, periodistas y empresarios, cuyo único pecado era oponérsele frontalmente? ¿Y qué decir de la forma en que denunció a quienes simpatizaban con él, pero no se sumaron a la toma de Reforma y a su Presidencia legítima? Los tachó de traidores a su causa, a su persona y, por supuesto, a la patria. Porque AMLO cree y siente que encarna a la nación toda o, más exactamente, al pueblo bueno. El personaje no se oculta. La disidencia le saca ronchas. Lo suyo no es el debate ni el diálogo. Es la diatriba y la descalificación. Estás conmigo o estás contra mí. En esa lista cabe lo mismo un diario de la Ciudad de México que un conductor de televisión o un militante de Nueva Izquierda.

3. AMLO miente a sabiendas. La verdad no le interesa ni nunca le ha interesado. La lista de sus mentiras y manipulaciones es larga. Mintió al deslindarse de Ponce y Bejarano. Mintió al afirmar que llevaba 10 puntos arriba de Calderón en el 2006. Mintió al proclamar su victoria por 500 mil votos el 2 de julio. Mintió al señalar la desaparición de 3 millones de votos. Mintió al denunciar un fraude cibernético (el famoso algoritmo) y otro a la antigüita. Miente ahora al anunciar un nuevo complot para privatizar Pemex. La estrategia se repite. El fin justifica los medios. López quiere mantenerse como líder máximo del PRD. Y como no tiene programa ni sustancia va a lo suyo: la mentira, la descalificación, la diatriba y la polarización.

4. No hay, sin embargo, que confundirse. López no está loco ni hace malos cálculos. Su apuesta es muy clara: hará todo lo que esté a su alcance, incluso aliarse con el diablo, para que el gobierno de Calderón reviente. Las claves de esa estrategia están, por una parte, en la economía y, por la otra, en la seguridad pública. El rayito de esperanza se ha convertido en un ave de tempestades. Invoca y evoca a los peores demonios. Su divisa es muy clara: el enemigo de mi enemigo es mi amigo, sea quien sea y llámese como se llame. No importa que en ese trance pierda el País y pierdan los mexicanos. La estabilidad y la prosperidad son sus adversarios. La desgracia y el caos, sus aliados. Sólo en ese caldo podrá resurgir como el gran timonel. Es por eso que hay que tomarlo en serio. Su perseverancia y su malicia son a prueba de balas.

5. Los perredistas moderados, Nueva Izquierda, tienen una gran responsabilidad. El verdadero debate no es si Pemex se privatiza o no. El debate de fondo es si el PRD opta por la vía legal e institucional o sigue la línea de la confrontación y la ilegalidad. Ya es hora de llamar a las cosas por su nombre. En la penumbra todos los gatos son pardos y las posiciones se confunden. La hegemonía de AMLO en el PRD fue consecuencia del pragmatismo: era el único candidato que tenía posibilidades de ganar la Presidencia de la República. Pero después del 2 de julio la ruleta juega en sentido inverso. Los costos de la estrategia de López son muy altos y el electorado le va a pasar la factura en la elección intermedia. La mejor y la única forma de enfrentar lo que viene es diciendo la verdad y llamando a las cosas por su nombre.

6. Desde la barrera uno se pregunta: ¿cuál es el verdadero PRD: el que negocia en el Congreso o el que amaga con la violencia y se erige como juez supremo por encima de las instituciones? La respuesta es simple pero lamentable: ambos son verdaderos. Es la historia del Dr. Jekyll and Mr. Hide. En la victoria se muestran moderados y educados. En la derrota destilan odio y rabia. El balance en el corto plazo no es necesariamente negativo, ya que cobran con la derecha y golpean con la izquierda. Son partido en el gobierno, reciben subsidios, derrochan recursos, pero no se comprometen con las instituciones. Esa dualidad hipoteca su credibilidad y su posibilidad de modernizarse.

7. Es por eso que la izquierda en México se ha convertido en un obstáculo para la modernización. Vivimos en medio del chantaje y la simulación. La estructura funciona mediante círculos concéntricos: López Obrador chantajea al ala moderada del PRD, el PRD chantajea al PRI y el PRI chantajea al PAN. El resultado es la inmovilidad. Los delirios del "Presidente legítimo" paralizan los acuerdos y traban las reformas. Es, a final de cuentas, un poder de veto muy efectivo. Nada se hace por temor a pagar los costos. Pero los costos no son reales. Son el efecto de campañas orquestadas, mentiras y prejuicios. Lo vimos claramente con la reforma fiscal y lo estamos viendo, de nuevo, con la reforma energética.

8. Lo deseable sería que el PRD superara sus dilemas el próximo 16 de marzo cuando se elija a la nueva dirección nacional. No es, sin embargo, probable que así ocurra. López Obrador y las corrientes que lo siguen no abandonarán el partido. El camino de la ruptura es intransitable para ellos. No sólo porque no tienen a dónde irse, sino porque las prebendas y privilegios de la marca registrada son muchos. Amén de que se avecina ya la elección intermedia y pelearán por las candidaturas a la Cámara de Diputados.

9. En el PRD anida el huevo de la serpiente. Si López Obrador, como efecto de sus acciones y de otra serie de circunstancias, gana su apuesta, regresará más fuerte y más intolerante. En el ajuste de cuentas con los traidores y con sus enemigos, que lo son también de la patria, será implacable. Quienes piensan que la victoria y el poder lo moderarán se equivocan.

10. Por todo lo anterior es deseable que Jesús Ortega y Nueva Izquierda ganen la elección interna. Su victoria no resolverá los dilemas ni los problemas del PRD, pero su derrota los agravará sin duda alguna. Ésta es la maldición del Peje sobre los perredistas, sobre la clase política y sobre todos los mexicanos. Al final, los que pagamos la factura de la irresponsabilidad y la mezquindad de la clase política somos los ciudadanos. De ahí nuestro justificado hartazgo.


Jaime Sánchez Susarrey


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martes, enero 22, 2008

 

Nadie puede ser progresista y xenófobo

El deterioro ideológico de ciertos sectores del PRD que se autocalifican de progresistas, sin serlo en absoluto, tanto como el daño que le ha hecho a ese partido la hegemonía de un personaje tan conservador como López Obrador, se refleja en mucha cosas: por ejemplo, un connotado perredista y político a quien creo un hombre serio e informado, el viernes, durante un vuelo, me mostró un recorte de periódico que decía que en Kenia había habido dos mil 500 muertos luego de que el líder de la oposición desconoció las elecciones y sus resultados. Y me decía algo así como "nosotros no provocamos muertos con el voto por voto". Me pareció absurdo: no conozco en detalle el sistema político y electoral de Kenia, pero no me cabe duda de que no tienen un IFE ni leyes electorales estrictas ni que un millón de ciudadanos participaron en la organización de las elecciones y el conteo de votos ni hubo representantes de partido en todas y cada una de las casillas ni los medios estuvieron cubriendo cada centímetro del territorio nacional durante la jornada de elecciones.

Es ridículo querer comparar la situación que se vive en Kenia con la de México. En todo caso se le podría decir a este amigo que en Alemania Angela Merkel llegó al poder por una diferencia de votos mucho menor de la que separó a Calderón de López o que Al Gore reconoció su derrota porque así lo decidió la Suprema Corte de EU, aunque había obtenido más votos que George Bush y la elección en Florida no estaba decidida. En última instancia, lo que nuestra izquierda tiene que decidir es si prefiere construir un sistema similar a Kenia o a los de Alemania y Estados Unidos.

En temas mucho más delicados, las posiciones de parte de nuestra izquierda, que incluso había sido de las primeras en acercarse a los sectores socialdemócratas y, como se decía en aquellos días, los eurocomunistas (¿recuerda ustedes, por ejemplo, a los llamados "renos", los renovadores del PCM?), en muchos temas, ha sido regresiva: hoy defienden la concepción más cerrada en torno a asuntos energéticos, laborales, sindicales, los mercados y la globalización. ¿Cómo pueden explicar que el régimen legal en el terreno energético sea tan cerrado cuando incluso el gobierno de Corea del Norte ya lo modificó? ¿O que, apenas la semana pasada, Cuba y Brasil hayan firmado contratos petroleros para exploración de aguas profundas, sin que a nadie le preocupara en lo más mínimo la soberanía? Pero, siguiendo el totem y tabú de López Obrador, nuestra izquierda se convierte en un oscuro grupo conservador.

El ejemplo más claro de esa ramplonería conservadora es la actitud tomada por esos sectores con respecto a la nacionalidad de Juan Camilo Mouriño. Para empezar es mentira que Mouriño no es mexicano por nacimiento: el que haya nacido en Madrid no lo priva de ese derecho, como tampoco a otros millones de mexicanos que han nacido en el exterior. Con la tesis esgrimida por el perredismo y sus círculos más cercanos (la revista Proceso, cuyos editores no son precisamente descendientes de Moctezuma y siempre ha mantenido una actitud de amplitud notable hacia colaboradores nacidos en cualquier lugar del mundo, llegó a publicar en primera plana que Gobernación se había convertido en "un enclave español") todos los hijos de los millones de paisanos que viven en Estados Unidos no podrían ser considerados mexicanos y tampoco tendría nuestro gobierno que preocuparse por ellos. Lo mismo sucedería con los millones que han adoptado esa u otras nacionalidades y no pierden la mexicana. El recuento podría continuar, pero, en el pasado, se suponía que la izquierda era, en estos temas, un sinónimo de apertura, internacionalismo, aceptación gustosa del intercambio social, cultural, humano, de una visión que trataba de desterrar las fronteras, para fortalecer los valores de la universalidad, que crean Primera, Segunda, Tercera y Cuarta Internacional. Así se escribieron páginas negras, pero también algunas de las mejores de la historia, incluso de México, desde la de las Brigadas Internacionales hasta la apertura al exilio español, a quienes huían del nazismo y a los refugiados centroamericanos y sudamericanos. Ahora, la que se supone es nuestra izquierda, utiliza los mismos argumentos de la derecha más reaccionaria y xenófoba y, para colmo, lo hace mintiendo conscientemente sobre un tema, la nacionalidad de una persona y haciendo de esa mentira un argumento político.

Y todo eso se sustenta en otro argumento profundamente conservador: no importan las causas, sino el poder; no importan los principios, sino el pensamiento único e irrefutable del líder; incluso en esta lógica no importan ya las lealtades partidarias o ideológicas, que pueden ser intercambiables. Entonces, se inventan temas, se miente y se provoca al estilo de los grupos fascistoides: "La alternativa que se propone es el nacionalismo, el culto a los héroes y los líderes, y al final... el fascismo e irracionalismo brutal y la opresión de las minorías", diría Isaiah Berlin, quien agregaba que "los fines no son valores objetivos... Los fines no son descubiertos en absoluto, sino construidos, no se encuentran sino que se crean"...

Todo esto viene a cuento porque hoy comenzó, formalmente, el proceso interno del PRD para elegir a su nueva dirigencia. Hay varios aspirantes, pero ninguno de ellos, hoy, quiere deshacerse de ese lastre, aunque el interlineado de su discurso, en algunos de ellos, demuestra que el peso del mismo ya se les hace demasiado. Pero nadie lo dirá públicamente antes del 16 de marzo. Por lo pronto, los provocadores siguen su camino: el líder, sin lealtades partidarias, ya está construyendo otra fuerza política, por si fuera necesario deshacerse de su partido y, la izquierda, continúa enarbolando un discurso que está, en muchos temas, a la derecha de los sectores conservadores.

Jorge Fernández Menéndez

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jueves, diciembre 13, 2007

 

AMLO: rebasado por la izquierda

A 'Marcos', a Cárdenas y a todos los críticos del "mesías tropical" se les dijo "traidores"

'Los Chuchos' y otros grupos siempre lo consideraron un político más proclive a la derecha

Durante los meses previos al proceso electoral del 2 de julio de 2006, algunas voces se alzaron en torno a la aparición de evidentes signos de que el férreo control que mantenía sobre su partido el entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, su estrategia electoral y hasta una buena parte de su programa se identificaban más con la derecha que con la izquierda mexicana que decía representar.

Por supuesto que en esos tiempos de fanatismo a toda prueba, del predominio del corazón por sobre la razón, esas voces fueron aplastadas y hasta satanizadas por todos aquellos que se asumían como seguros ganadores de la contienda presidencial. Una de las voces críticas a ese predominio de las prácticas de la derecha en una candidatura dizque de izquierda como la de AMLO fue la del subcomandante Marcos, el mítico guerrillero zapatista -hoy casi actor de fotonovelas-, que acertadamente calificó la campaña presidencial de Obrador y al propio líder tabasqueño "como el brazo derecho de la izquierda".

Esa definición marcó el rompimiento definitivo entre AMLO y el sub Marcos, al tiempo que al jefe militar zapatista -igual que a Cuauhtémoc Cárdenas y a todos los críticos del "mesías tropical"- se le endilgó el sambenito de "traidor". Lo curioso del caso es que muchos de los que hace meses defendieron con uñas y dientes la candidatura de AMLO, y que se sumaron a la condena contra los "traidores" que no pensaban igual que el tabasqueño y hasta criticaban sus desplantes de derecha, hoy son los que alzan la voz precisamente para advertir del "peligro" para el PRD que significa el liderazgo de AMLO.

Sí, por increíble que parezca, el grupo mayoritario en el PRD, ese que pudiera quedarse con el control del aparato partidista de los amarillos, alertó sobre el riesgo que corre la izquierda mexicana -léase el PRD- ante un liderazgo autoritario, de derecha, que cultiva el culto a la personalidad, como el de López Obrador.

"Nos enfrentamos a la visión de la derecha que alienta el individualismo, el personalismo, el culto a la personalidad… debemos tener cuidado de que en un partido de izquierda, y en el PRD, penetre como humedad la visión más conservadora del pensamiento de derecha, que hace a un lado y margina la acción social y la acción colectiva… ya que las profundas transformaciones sociales y económicas son resultado de la acción colectiva, no obedecen al mérito de un individuo, por más carismático y por más liderazgo que tenga; es mérito de la acción del pueblo, de las masas".

¿Quién cree usted que dijo eso? Sí, el señor Jesús Ortega, el aún jefe del FAP, líder del poderoso grupo político Nueva Izquierda en el PRD y candidato a presidente de los amarillos. ¿Y a quién cree usted que dedicó tan delicadas acusaciones? Pues sí, al señor Andrés Manuel López Obrador. Pero Jesús Ortega dijo más, para los que tengan dudas: "Peligrosamente penetra una visión de pragmatismo y de utilitarismo al interior del partido, con el afán de alcanzar propósitos individuales y objetivos particulares… cortémosle la cabeza a esa perversidad que se está colando al partido".

En realidad nadie se debe llamar sorprendido por las declaraciones de Jesús Ortega o de otros de los líderes de Nueva Izquierda contra el ex candidato presidencial, como tampoco debe asustar a nadie la campaña emprendida por el señor López Obrador contra sus compañeros de partido, Los Chuchos, a los que ha acusado de todo, desde que cambiaron "el morral por una Suburban" hasta "traidores", pasando por calificativos como los de "simuladores" y "encubridores". Y es que todos en el PRD, y fuera de ese partido, saben que el de Nueva Izquierda y otros grupos amarillos siempre consideraron a AMLO un político más proclive a la derecha que a la izquierda. Pero siempre se quedaron callados, en todo el sexenio anterior, porque pensaron que lo importante no era si llegaba al poder un hombre de derecha, con la piel de oveja de la izquierda, sino que lo importante era que las siglas del PRD alcanzaran el poder.

Pero como esa posibilidad se perdió, y como hoy el grupo de Los Chuchos vive su momento político -y la posibilidad de alcanzar el control del partido-, hoy dicen lo que siempre pensaron de AMLO, como el tabasqueño dice lo que siempre pensó de Nueva Izquierda. En realidad, el señor López Obrador "está siendo rebasado por la izquierda" de su propio partido, o por lo menos por uno de los grupos políticos que más se identifican con esa doctrina dentro del partido amarillo.

El problema de fondo, el choque entre grupos antagónicos del PRD -y la enseñanza fundamental para los ciudadanos-, es que en las luchas de y por el poder los políticos, sean de PAN, PRD o PRI, o de la doctrina que se quiera, son capaces de aliarse con el diablo si es necesario para acceder al poder, o de negar a Dios, si con eso consiguen el poder. El grupo de Los Chuchos y la camarilla de AMLO siempre han sido como el agua y el aceite, pero a ratos caminan juntos, como en 2006, porque juntos pueden acceder al poder, y a ratos pelean, como ahora, porque no caben juntos en la dirección de un partido como el PRD.

Y la declaración de Ortega, vista en retrospectiva, confirma que la carta de AMLO a los coordinadores parlamentarios -en la que rechaza la reforma electoral y al Cofipe-, la propuesta de Carlos Navarrete de formar un solo partido con las franquicias del FAP y los insultos del tabasqueño a los legisladores de Nueva Izquierda no son más que parte de la guerra que se libra por el control de la dirigencia del PRD, donde AMLO pretende seguir con el mando del partido, y Los Chuchos creen que esa etapa del caudillo se acabó. Lo demás no es más que espectáculo, circo político.

En el camino

Por cierto, se aprobó el Cofipe a pesar del voto de AMLO en contra. Lo curioso es la rapidez con la que se aprueba la reforma electoral. ¿Qué dieron unos y otros a cambio? Ya lo sabremos.

Ricardo Alemán

aleman2@prodigy.net.mx

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