viernes, mayo 30, 2008

 

Privatizar

"Sé que ya... nunca me van a privatizar. Nada ganarían con hacerlo, estoy de acuerdo, pero es un consuelo".
Carlos Monsiváis


¿Cómo, de ser un término técnico, "privatizar" se convirtió en una mera descalificación? El sentido original de la palabra, vender una empresa pública a empresarios privados, se ha desvanecido por completo en nuestros medios de comunicación. Hoy es simple sinónimo de perversión, corrupción y deshonestidad.

El rechazo a las "privatizaciones", especialmente de la industria petrolera, está uniendo a perredistas radicales, como Gerardo Fernández Noroña, con algunos de los priistas más encumbrados. Incluso aquellos que en su momento privatizaron empresas, como el ex director general de Pemex y actual presidente de la Fundación Colosio del PRI, Francisco Rojas, cuestionan hoy las "privatizaciones". Cómo estarán las cosas que un liberal como Francisco Gil Díaz, ex Secretario de Hacienda y hoy presidente de Telefónica Española en México, ha criticado también las privatizaciones... o por lo menos la de Telmex.

En su labor ideológica, los perredistas y algunos priistas utilizan una definición de "privatización" que va mucho más allá de la que yo conozco. Privatizar no es para ellos vender los activos de una empresa pública a inversionistas privados: el que un gobierno o una paraestatal contrate la compra de papel higiénico con una empresa privada es, también, una privatización.

El prejuicio no existía, por supuesto, en la Constitución liberal de 1857, pero tampoco en la "social" de 1917. Ésta estableció la propiedad de la Nación sobre los recursos del subsuelo, como ocurre ahora en la mayoría de las naciones del mundo, pero precisaba que "podrán hacerse concesiones" a particulares con la condición de que se cumplan los "requisitos que provengan de las leyes".

Ni siquiera Lázaro Cárdenas eliminó la participación privada en el petróleo. La Ley Reglamentaria al artículo 27 que publicó en noviembre de 1940 permitió expresamente el trabajo del sector privado en exploración y explotación a través de los "contratos de riesgo", ideados por el propio Cárdenas y después imitados en todo el mundo. Estos contratos no fueron eliminados de la ley reglamentaria sino hasta 1958 y de la Constitución en 1960, cuando los conservadores estaban ya en control del PRI y del gobierno.

Hoy estamos viendo en el Senado un desfile de políticos y juristas conservadores, incapaces de considerar la posibilidad de realizar cambios a nuestro marco jurídico para mejorar el nivel de vida de los mexicanos. Primero exigieron que la reforma energética no hiciera cambios a la Constitución; y cuando se les atendió, y el gobierno buscó maneras de promover la inversión sin tales cambios, acusaron al Presidente de violar la Constitución.

Los mexicanos, sin embargo, no deberíamos estar discutiendo dogmas sino medidas para construir una industria petrolera más eficiente y que beneficie más a los mexicanos. Deberíamos dejar a Pemex las decisiones de cómo, dónde, cuándo y con quién invertir. Así lo hacen las cabezas de Petrobras o de Repsol, las exitosas empresas petroleras de Brasil y España. Si fuéramos más inteligentes, hoy estaríamos invirtiendo en todo: pozos marginales, aguas someras, aguas profundas, yacimientos en tierra firme y refinerías. Lo haríamos con y sin socios porque las condiciones del mercado, con un precio alto del petróleo, y las necesidades del País, con una pobreza lacerante, así lo exigen.

Pero no. Quienes están tomando las decisiones son un pequeño grupo de conservadores que tiemblan ante la posibilidad de hacer cambios a la ley o de que se les llame "privatizadores". Son los mismos, empero, que cuando tuvieron posiciones de responsabilidad no dudaron en privatizar empresas, como lo hizo Francisco Rojas con Mexlub cuando fue director de Pemex.

Mientras nuestros conservadores debaten, vale la pena volver la vista a los verdaderos políticos progresistas del mundo. Ahí está el socialista Felipe González, que privatizó Repsol, la petrolera española (en la cual Pemex, paradójicamente, tiene una participación), y Endesa, la empresa de electricidad. En Chile el también socialista Ricardo Lagos privatizó los servicios de agua y sanidad y promovió la construcción de autopistas privadas.

La diferencia es que González y Lagos representan una izquierda verdadera, interesada en generar inversión y en mejorar el nivel de vida de quienes menos tienen. Nuestros políticos, en cambio, se dicen de izquierda pero son conservadores. Para ellos son más importantes los dogmas sobre la privatización que el bienestar de los mexicanos.

Brasil e Indonesia

Dos ejemplos internacionales, dos caminos. Por un lado Brasil -con Petrobras, controlada por el gobierno pero con abundante capital privado-, que ha logrado grandes hallazgos de crudo en aguas profundas de Brasil y del Golfo de México. En pocos años, Brasil se ha transformado de importador a exportador de petróleo. Del otro lado Indonesia -con su estatal Petromina-, que fijó las reglas más duras de Asia contra la inversión privada en petróleo y que prodigaba subsidios a los combustibles. El gobierno indonesio acaba de anunciar aumentos en los combustibles y su salida de la OPEP, porque de exportador se ha convertido en importador de crudo. ¿Cuál de los caminos, el brasileño o el indonesio, seguiremos los mexicanos?

Sergio Sarmiento
www.sergiosarmiento.com

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