miércoles, febrero 18, 2026
Guerra cultural
El libro de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, "Ni venganza ni perdón", confirma la existencia de una estrategia del lopezobradorismo para debilitar al periodismo crítico y sustituirlo por medios afines.
Su epicentro aparece en la reconstrucción que hace Scherer Ibarra de sus diálogos con Gonzalo López Beltrán, hijo del ex Presidente. A Scherer le parecía "increíble que el Presidente de la República negara publicidad a Proceso" porque la revista lo había respaldado; Gonzalo le explica el motivo: "Proceso se había convertido en una revista de derecha" y la evidencia era que ¡criticaba al Presidente!
Scherer apuntala la tesis cuando asegura que López Obrador "siempre ha pensado que los medios militantes funcionan y le convienen".
De ahí surgen políticas que Scherer menciona. La mañanera era una pieza central y en ella los "únicos... que la operaban eran el Presidente de la República y Jesús" (Ramírez Cuevas). También relata cómo alentaron a "medios alternativos" como los youtuberos calificados por Scherer de "pseudoperiodistas (que) desprestigiaron a las mañaneras".
Con la aprobación del Presidente, Ramírez Cuevas nombró a "todos los jefes de prensa de las dependencias" (con excepción de las Fuerzas Armadas), favoreció con publicidad a Televisa, TVAzteca, Radio Fórmula y a "los periódicos que siempre habían apoyado a Andrés Manuel" y logró el "despido de comunicadores molestos para el régimen" en la capital y los Estados.
En algunos pasajes exculpa al ex Presidente y responsabiliza a Ramírez Cuevas, coordinador general de Comunicación Social y vocero. Lo llama "gran manipulador" y lo zarandea calificándolo de "personaje espantoso" y autor de "chismes y enredos horrorosos".
Su libro está repleto de evidencia demostrando que López Obrador sí sabía lo que quería, y que llegó deseoso de aplastar las voces críticas en el periodismo, la academia y la sociedad civil.
La solidez de los recuerdos que incluye ha llevado a una validación tácita de sus afirmaciones. Ramírez Cuevas respondió con una carta tan timorata que ni siquiera musita los nombres de Scherer y Fernández; sólo se queja de un "libelo" repleto de "infundios y falacias" escrito por dos "conservadores".
La Presidenta se fue por la tangente: no piensa leer el libro, pero "hay libertad de expresión en nuestro País". Así es, pero existe gracias a la resistencia de periodistas, académicos y activistas -entre otros- y porque, afortunadamente, la 4T es más que el lopezobradorismo. Es decir, hay una corriente opuesta a un autoritarismo extremo.
Regreso a lo esencial: Scherer sólo borronea los trazos gruesos de la estrategia que busca silenciar las voces críticas. Falta una verificación fáctica rigurosa sobre los enunciados de la estrategia censora.
Sostengo como hipótesis de trabajo que, ante la debilidad e indolencia de los partidos hacia las víctimas, los medios independientes han sido la barrera de contención más visible y permanente del lopezobradorismo.
Esos medios han dado voz y tribuna a las familias de los desaparecidos y a quienes luchan por el medio ambiente u otros derechos, han dado seguimiento a las acciones de los cárteles e iluminado los pactos de impunidad entre criminales y gobernantes.
Estamos inmersos en una guerra cultural inconclusa confirmada por las encuestas de opinión: López Obrador y Sheinbaum gozan de la aprobación de una ciudadanía que también los condena por la manera como han combatido la corrupción y la inseguridad.
Tenemos que diseccionar y entender las entrañas de esa guerra por la hegemonía cultural sólo bosquejada por Scherer. ¿Qué tanto éxito tuvo la ofensiva contra los medios críticos?, ¿cuál fue la capacidad de resistencia de los principales actores?, ¿qué peso tienen hoy los medios digitales y las grandes tecnológicas?, ¿cómo se relaciona todo lo anterior con la guerra cultural planetaria entre autoritarismo y democracia?
Posdata. Cuando estaba por concluir el sexenio anterior, Renata Turrent decidió dar por terminada mi participación en el programa Primer Plano de Canal 11, en el que colaboré durante 23 años. Presenté una demanda con el fin de conocer los motivos del cese; no solicité indemnización ni reinstalación. Hasta la fecha no he recibido una respuesta. ¿Censura ante el pensamiento crítico que incomoda?
Sergio Aguayo
