viernes, junio 20, 2008
Samba petrolera
Felipe Calderón Hinojosa
Hace algunas semanas entrevisté a Alejandro Encinas, el todavía candidato a la presidencia nacional del PRD, quien me dijo que Petrobras, la empresa petrolera brasileña, era un gran fracaso y nos demostraba cuál era el rumbo que México no debía seguir en la reforma petrolera. Con anterioridad, el propio ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador había descalificado al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, por sugerir una sociedad entre Petrobras y Pemex, lo cual, a juicio de López Obrador, equivalía a promover una "privatización de Pemex".
La posición de Encinas y López Obrador no debe sorprender. Brasil es un país que ha abierto su industria petrolera mucho más, incluso de lo que propone el presidente de México, Felipe Calderón. Dado que ellos consideran que cualquier apertura es una traición a la patria, Brasil y Petrobras son un peligro para su posición ideológica.
La reforma petrolera brasileña fue iniciada por Fernando Henrique Cardoso, un Presidente socialdemócrata, de izquierda moderada, en 1995, pero ha sido mantenida y fortalecida por el gobierno más izquierdista de Lula. Como parte de esa reforma, Petrobras se abrió al capital privado y empezó a hacer alianzas con empresas brasileñas y extranjeras. En la actualidad el Gobierno sólo mantiene el 32 por ciento de las acciones de Petrobras, la cual cotiza en bolsas del Brasil y del extranjero. Alrededor de 50 empresas privadas realizan operaciones de exploración, extracción, transporte y procesamiento de petróleo y sus derivados en Brasil, en sociedad o solas. Petrobras ha establecido numerosas coinversiones con firmas privadas para operar en el país y también en el extranjero.
¿Ha sido tan desastrosa la operación de Petrobras como para que Encinas y los perredistas la consideren como un enorme fracaso cuyo ejemplo debemos evitar los mexicanos? ¿Ha perdido Brasil soberanía? Todo lo contrario. Petrobras y la industria petrolera brasileña parecen una gran historia de éxito. En contraste, Pemex es un fracaso absoluto.
Brasil era un país que hasta hace algunos años importaba virtualmente todo su petróleo. Petrobras se dedicaba a comprar, distribuir y vender combustibles. La empresa y sus socios, sin embargo, empezaron a invertir y a transformar la industria petrolera del país. Petrobras construyó primero una fuerte capacidad de refinación, lo cual le permitió convertirse en exportador de gasolina incluso cuando todavía era importador de crudo. Hoy la producción de petróleo del país ha alcanzado los 2 millones de barriles diarios, lo cual le deja un excedente de unos 400 mil barriles para la exportación.
Ahí no termina, sin embargo, la historia de éxito. Gracias, precisamente, a que ha establecido sociedades con algunas de las empresas más importantes del mundo, las cuales cuentan con la tecnología más avanzada, Petrobras ha hecho hallazgos muy importantes de yacimientos de petróleo crudo. De hecho, la empresa es hoy una de las mejores a nivel internacional por su capacidad de operar en aguas profundas.
Entre los campos que ha encontrado está el de Tupi, cerca de Río de Janeiro, considerado como el más importante hallado en cualquier lugar del mundo en los últimos años. Petrobras ha descubierto petróleo, incluso en el Golfo de México -del lado estadounidense, por supuesto- en una coinversión con la europea Shell, la estadounidense Marathon Oil y la italiana ENI.
Pemex y la industria petrolera mexicana, en cambio, son un verdadero ejemplo de fracaso. Si bien México contó con la enorme suerte de encontrar en los años 70 un enorme yacimiento en aguas someras, el de Cantarell, sin siquiera tener que realizar un esfuerzo de exploración, el País pronto dispendió la riqueza encontrada. Los recursos que produjo Cantarell, en lugar de reinvertirse, se emplearon en gasto corriente del Gobierno.
Con el tiempo, la producción de ese campo ha empezado a decaer y con ella la del País. México no logró siquiera convertirse en productor autosuficiente de gasolina en ese tiempo. Convenía más hacer inversiones de refinación en el exterior, como en Deer Park, en Houston, con la Shell, que en un México en que se le prohibían a Pemex las sociedades con firmas privadas.
Petrobras y Brasil serán grandes potencias petroleras en los años que vienen. El optimismo de los analistas se ve reflejado en las calificaciones de los bonos de la empresa y del país, así como en la bonanza de los mercados bursátiles brasileños (Petrobras, por supuesto, cotiza en bolsa, cosa que Pemex no hace).
México, en cambio, parece destinado a convertirse en importador neto no sólo de gasolina y petrolíferos, sino de crudo, en los próximos años. La historia de éxito es Petrobras y la de fracaso Pemex.
Sergio Sarmiento
www.sergiosarmiento.com
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Parece que ya le empezó a llegar de nuevo su cheque a Sarmiento desde Bucareli. jajajajajajaja
Le faltó un dato importante a Sarmiento. Si bien el gobierno de Brasil sólo tiene el 32% del total del capital accionario de Petrobras, posee el 60% (si mal no recuerdo) de las acciones con derecho a voto. Con eso, el gobierno decide unilateralmente reinvertir todas las utilidades que quedan después de pagar los impuestos generales y especiales al petróleo (la mayor parte de la renta pretrolera), de tal manera que la renta la conserva el Estado para beneficio del país, y se arriesgó capital privado, no el Erario. Eso es soberanía. Eso es mantener el control. Lo demás es demagogia.
Pero no le hagan caso a Sarmiento. No es un intelectual (what ever that means) y además es un conservador (quiere cambiar el status quo) que recibe dinero del gobierno espurio. Tampoco me hagan caso a mi. Soy un ignorante que no conozco la historia y vivo cegado por la información manipulada de Telerisa y TV Azqueta. Ah!, también del periódico de la derecha, Reforma/El Norte. :-))
Digo, porque no puede haber otra explicación para que yo tenga estas ideas. La única opción posible es mi ignorancia. Si, eso debe ser.
Lo que es no tener argumentos ni propuestas.
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viernes, mayo 30, 2008
Privatizar
Carlos Monsiváis
¿Cómo, de ser un término técnico, "privatizar" se convirtió en una mera descalificación? El sentido original de la palabra, vender una empresa pública a empresarios privados, se ha desvanecido por completo en nuestros medios de comunicación. Hoy es simple sinónimo de perversión, corrupción y deshonestidad.
El rechazo a las "privatizaciones", especialmente de la industria petrolera, está uniendo a perredistas radicales, como Gerardo Fernández Noroña, con algunos de los priistas más encumbrados. Incluso aquellos que en su momento privatizaron empresas, como el ex director general de Pemex y actual presidente de la Fundación Colosio del PRI, Francisco Rojas, cuestionan hoy las "privatizaciones". Cómo estarán las cosas que un liberal como Francisco Gil Díaz, ex Secretario de Hacienda y hoy presidente de Telefónica Española en México, ha criticado también las privatizaciones... o por lo menos la de Telmex.
En su labor ideológica, los perredistas y algunos priistas utilizan una definición de "privatización" que va mucho más allá de la que yo conozco. Privatizar no es para ellos vender los activos de una empresa pública a inversionistas privados: el que un gobierno o una paraestatal contrate la compra de papel higiénico con una empresa privada es, también, una privatización.
El prejuicio no existía, por supuesto, en la Constitución liberal de 1857, pero tampoco en la "social" de 1917. Ésta estableció la propiedad de la Nación sobre los recursos del subsuelo, como ocurre ahora en la mayoría de las naciones del mundo, pero precisaba que "podrán hacerse concesiones" a particulares con la condición de que se cumplan los "requisitos que provengan de las leyes".
Ni siquiera Lázaro Cárdenas eliminó la participación privada en el petróleo. La Ley Reglamentaria al artículo 27 que publicó en noviembre de 1940 permitió expresamente el trabajo del sector privado en exploración y explotación a través de los "contratos de riesgo", ideados por el propio Cárdenas y después imitados en todo el mundo. Estos contratos no fueron eliminados de la ley reglamentaria sino hasta 1958 y de la Constitución en 1960, cuando los conservadores estaban ya en control del PRI y del gobierno.
Hoy estamos viendo en el Senado un desfile de políticos y juristas conservadores, incapaces de considerar la posibilidad de realizar cambios a nuestro marco jurídico para mejorar el nivel de vida de los mexicanos. Primero exigieron que la reforma energética no hiciera cambios a la Constitución; y cuando se les atendió, y el gobierno buscó maneras de promover la inversión sin tales cambios, acusaron al Presidente de violar la Constitución.
Los mexicanos, sin embargo, no deberíamos estar discutiendo dogmas sino medidas para construir una industria petrolera más eficiente y que beneficie más a los mexicanos. Deberíamos dejar a Pemex las decisiones de cómo, dónde, cuándo y con quién invertir. Así lo hacen las cabezas de Petrobras o de Repsol, las exitosas empresas petroleras de Brasil y España. Si fuéramos más inteligentes, hoy estaríamos invirtiendo en todo: pozos marginales, aguas someras, aguas profundas, yacimientos en tierra firme y refinerías. Lo haríamos con y sin socios porque las condiciones del mercado, con un precio alto del petróleo, y las necesidades del País, con una pobreza lacerante, así lo exigen.
Pero no. Quienes están tomando las decisiones son un pequeño grupo de conservadores que tiemblan ante la posibilidad de hacer cambios a la ley o de que se les llame "privatizadores". Son los mismos, empero, que cuando tuvieron posiciones de responsabilidad no dudaron en privatizar empresas, como lo hizo Francisco Rojas con Mexlub cuando fue director de Pemex.
Mientras nuestros conservadores debaten, vale la pena volver la vista a los verdaderos políticos progresistas del mundo. Ahí está el socialista Felipe González, que privatizó Repsol, la petrolera española (en la cual Pemex, paradójicamente, tiene una participación), y Endesa, la empresa de electricidad. En Chile el también socialista Ricardo Lagos privatizó los servicios de agua y sanidad y promovió la construcción de autopistas privadas.
La diferencia es que González y Lagos representan una izquierda verdadera, interesada en generar inversión y en mejorar el nivel de vida de quienes menos tienen. Nuestros políticos, en cambio, se dicen de izquierda pero son conservadores. Para ellos son más importantes los dogmas sobre la privatización que el bienestar de los mexicanos.
Brasil e Indonesia
Dos ejemplos internacionales, dos caminos. Por un lado Brasil -con Petrobras, controlada por el gobierno pero con abundante capital privado-, que ha logrado grandes hallazgos de crudo en aguas profundas de Brasil y del Golfo de México. En pocos años, Brasil se ha transformado de importador a exportador de petróleo. Del otro lado Indonesia -con su estatal Petromina-, que fijó las reglas más duras de Asia contra la inversión privada en petróleo y que prodigaba subsidios a los combustibles. El gobierno indonesio acaba de anunciar aumentos en los combustibles y su salida de la OPEP, porque de exportador se ha convertido en importador de crudo. ¿Cuál de los caminos, el brasileño o el indonesio, seguiremos los mexicanos?
Sergio Sarmiento
www.sergiosarmiento.com
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martes, mayo 27, 2008
Petrobras en aguas profundas
El 8 de noviembre de 2007 Petrobras anuncia el descubrimiento de un campo gigante, denominado Tupi, en una camada pre-sal en la Cuenca de Santos, cuyos reservorios están a 3 mil-6 mil metros debajo del lecho marino y en tirantes de agua de 2 mil-3 mil metros.
El volumen de Tupi se estima entre 5 mil y 8 mil millones de barriles de petróleo equivalente, cantidad que podría aumentar en 50 por ciento las reservas actuales de hidrocarburos de Brasil. Se trata del descubrimiento más grande en aguas profundas en el mundo, y representa todo un desafío tecnológico y económico, tomó un año perforar el primer pozo a un costo de 240 millones de dólares. Petrobras espera iniciar la producción en esta área para 2013.
Detrás de tan impresionante logro hay una larga historia de esfuerzo y trabajo que se remonta a 1974, cuando Petrobras descubre el Campo Garoupa a una profundidad de 120 metros, el primero en la Cuenca de Campos. Tres años más tarde la compañía logra iniciar su producción costa afuera.
A pesar de estos resultados, la producción de Petrobras al final de los 70, 165 mil barriles diarios, era claramente insuficiente para satisfacer la creciente demanda nacional de petróleo, obligando al Gobierno brasileño a desembolsar grandes recursos en importaciones, situación agravada por los choques petroleros ocurridos durante la década. Para aliviar la situación, el Gobierno adoptó diversas medidas, entre ellas, la adopción de contratos de riesgo, el comienzo del programa de etanol y el inicio de las operaciones en el exterior de Petrobras.
Para mediados de la década de los 80, Brasil continuaba importando grandes cantidades de petróleo. Para aliviar dicha situación, nuevas medidas fueron implementadas para reducir el consumo de hidrocarburos, entre ellas, el cierre de las estaciones de servicio los fines de semana.
Pero, para fortuna del país, el trabajo para desarrollar las actividades costa afuera daba sus primeros resultados. Petrobras descubre los campos gigantes de Marlim y Albacora, en 1984 y 1985, respectivamente. En 1986 lanza el Programa Tecnológico en Aguas Profundas (Procap), con el objetivo de hacer factible la producción en profundidades superiores a mil metros. Unos cuantos años más tarde, Petrobras consigue producir a 781 metros de profundidad y en 1992 decide comenzar con el desarrollo de tecnología para producir a 2 mil metros. En 1994, la empresa rebasa los mil metros de tirante de agua.
En 1995, el Gobierno brasileño decide modificar la Constitución y abre el sector de hidrocarburos a la participación privada, con el objetivo de incrementar el volumen de inversiones y complementar el esfuerzo realizado por Petrobras. El Gobierno mantiene el control de la empresa, conservando por ley al menos el 51 por ciento de las acciones con derecho a voto, pero permitiendo a Petrobras operar con criterios estrictamente empresariales, así como asociarse con otras empresas petroleras dentro de Brasil.
En el año 2000, Petrobras se plantea la meta de desarrollar tecnología para producir petróleo a 3 mil metros de profundidad. Actualmente, perfora pozos exploratorios en tirantes de agua de 2 mil 500-3 mil metros, como lo muestran sus recientes descubrimientos de Tupi y Júpiter, así como sus actividades en la parte americana del Golfo de México.
El nivel de desarrollo tecnológico y experiencia que Petrobras ha alcanzado en aguas profundas se debe a un proceso de más de 30 años de inversiones masivas en investigación y desarrollo, y de capacitación continua de sus empleados, generando una masa crítica de más de 20 mil técnicos de alto nivel trabajando en aguas profundas.
Otro factor que contribuyó a lograr tal desempeño ha sido la interacción con otros agentes. Tanto en Brasil como en el extranjero Petrobras busca constantemente la asociación y la realización de proyectos conjuntos con otras compañías petroleras, colabora estrechamente con los proveedores de equipos y servicios, y fomenta la investigación conjunta con el sector académico.
Los recientes descubrimientos de Petrobras parecen indicar que Brasil eligió la estrategia correcta para solucionar la difícil situación que enfrentaba en su sector energético. En 2006 alcanzó la autosuficiencia en petróleo y, de materializarse el potencial de los nuevos descubrimientos, podría convertirse en un importante exportador de crudo en el futuro.
Además, los beneficios en términos de desarrollo económico comienzan a ser visibles, la participación de la industria petrolera en el PIB brasileño creció de 3 a 12 por ciento en la última década; Petrobras y las empresas privadas planean invertir 140 mil millones de dólares en los próximos cinco años; la industria local ha crecido bastante, proveyendo actualmente el 75 por ciento de los insumos requeridos por el sector. En los últimos 10 años, alrededor de 3 mil millones de dólares se invirtieron en investigación y desarrollo tecnológico, y a través del Programa de Movilización de la Industria Nacional del Petróleo se están capacitando más de 70 mil cuadros técnicos. En cuanto a la generación de impuestos, Petrobras solamente aportó al fisco cerca de 45 mil millones de dólares en 2007, con una producción promedio de 2 millones de barriles diarios.
Milton Costa es director de Petrobras en México.
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No, la experiencia de Brasil no aplica en México, porque en Brasil no tienen corrupción. Tampoco hay malas experiencias con privatizaciones en Brasil. Por eso no podemos aprender de otros países. :-))
A Brasil le tomó 30 años desarrollar su tecnología. Y se abrieron a la inversión privada porque no tenían petróleo. Yo creo que aquí en México tendremos que esperar a que el futuro nos alcance, a que empecemos a importar crudo, dentro de unos 10 años, para entonces si cambiar nuestros paradigmas.
PetroBras es un ejemplo de que la soberanía no esta en la propiedad de las cosas, sino en el control de las reglas del juego. El gobierno brasileño sólo tiene el 51% de las acciones con derecho a voto de la empresa. Con eso controla la controla. Al aceptar inversionistas privados (cotiza en bolsa) el crecimiento de la empresa se hizo arriesgando el capital de los ricos, no el Erario del país, el cual muy probablemente se usó para construir escuelas, carreteras, hospitales, etc. Ahora con una empresa grande, líder en la exploración y explotación de crudo, el Estado brasileño recibe la renta petrolera de varias formas. Primero, por los dividendos como accionista mayoritario. Segundo, por el impuesto sobre la renta. Y tercero, el impuesto especial a la extracción de petróleo. Sólo la primer forma se comparte con los otros accionistas. Y esa forma seguramente debe estar muy reducida pues siendo accionista mayoritario el gobierno reinvierte la mayoría de las utilidades, minimizando los dividendos, mas no así los impuestos. No, pero eso no funcionaría aquí.
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domingo, mayo 18, 2008
Nuestra falsa excepcionalidad
Sin embargo, estos gobiernos mantienen un férreo control sobre las operaciones petroleras e imponen a las empresas extranjeras impuestos y pagos por regalías tanto por volúmenes de producción como por márgenes de ganancia. Su objetivo consiste en acceder a tecnología de punta, garantizar la producción y comercialización del crudo y aumentar sus ingresos financieros".
El trabajo detalla las diversas condiciones de operación en cada país, incluye antecedentes históricos necesarios, datos económicos relevantes, así como varias entrevistas con los directivos de las respectivas empresas estatales y consultores independientes. Uno de ellos opina: "En realidad, los contratos de Cuba son más competitivos que aquellos de otros países de la región. México debería tomar lecciones de los cubanos en este tema". La pregunta obvia que se desprende del reportaje es: ¿por qué lo que en esos países gobernados por la izquierda es una práctica racional y provechosa, acá es considerado una aberración antinacional, una malévola conspiración de la derecha, un entreguismo incalificable y hasta una "traición a la patria"? ¿Hay algo que esos tres gobiernos no ven y que sólo en México vemos?
Mucha gente de buena fe piensa que la excepcionalidad mexicana existe, y se explica por la historia. El País, en efecto, sufrió el abuso de las compañías petroleras, que eran como un estado dentro de otro: explotaban los yacimientos a discreción, pagaban impuestos irrisorios y en 1938 llegaron al extremo de ignorar un laudo de la Suprema Corte. La decisión de Lázaro Cárdenas no sólo dio a la nación un orgullo legítimo, sino también una cohesión social que fue constructiva y benéfica. Años más tarde, el contexto internacional de la posguerra impulsó la industria, pero el mérito mayor en la edificación de Pemex lo tuvieron las generaciones de técnicos y trabajadores que tomaron una empresa embrionaria y en crisis, y llegaron a proyectarla a niveles de excelencia internacional.
El recuerdo arraigado del agravio y la satisfacción genuina por la hazaña (ambos reflejados en los libros de texto y en el "imaginario" nacional) explican la intensa emotividad que rodea al tema petrolero. Otro elemento adicional, también histórico pero más reciente, cierra la pinza de susceptibilidad: me refiero, claro, al desorden, la arbitrariedad, la prisa y la corrupción que caracterizaron a varias operaciones privatizadoras de principio de los 90. En suma: "La burra no era arisca...".
Todo eso es verdad, pero la razón histórica debe tener sus límites, sobre todo cuando sus paradigmas entran en conflicto con las circunstancias reales. Al menos tres afinamientos vienen al caso. En primer lugar, el miedo indiscriminado a todo lo que viene de afuera nos ha debilitado: en el siglo 19 retrasó irremediablemente la inmigración y en el 20 minó nuestra competitividad internacional. En segundo lugar, la historia -al menos en este caso- no puede repetirse. Por más voraces que sean, las compañías petroleras de hoy no pueden moverse ya con la impunidad de sus antecesoras en los años treinta. En tercer lugar, hay que reconocer alguna vez que nuestra victimada historia no es tan excepcional. Para no ir más lejos, si de agravios nacionales hablamos, Cuba nos rebasa con mucho. Y sin embargo, en las circunstancias actuales, las autoridades de Cuba darían la bienvenida a las mismísimas transnacionales estadounidenses. Yadira García, ministra de Industria Básica de la isla, declaró a Proceso: "Nosotros no tendríamos limitaciones. Las leyes estadounidenses son las que tienen hoy limitaciones para que las empresas de ese país hagan negocios con Cuba".
A menos que consideremos que los gobiernos de Cuba, Venezuela y Brasil no son de izquierda, la oposición de nuestra izquierda a cualquier apertura del sector es insostenible. Más aún si con un dogmatismo casi inquisitorial tacha de herejes a quienes no opinan como ellos. ¿Por qué, entonces, quienes adoptan esa actitud no sacan las conclusiones naturales de la lectura del reportaje? Muy sencillo: porque no todos obran de buena fe, porque no todos conectan su ideología con la realidad, o porque tienen intereses creados en creer (y hacer creer) que, en materia de petróleo, México es una excepción universal.
Enrique Krauze
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Y no, la única causa no es la corrupción. Corrupción también hay, igual o más, en Brasil, Venezuela o Cuba. Corrupción hay en USA, en Inglaterra, en Rusia o en China comunista. Eliminando la corrupción no se podrá desarrollar la tecnología que no hemos desarrollado en 30 años. Y como lo he dicho varias veces en este foro, cuando vea los plantones y bloqueos afuera de la sede del sindicato de PEMEX (y también en el SME y el SUTERM), clamando que se acaben las canongías y privilegios se esas lacras, ese dia este blog se cerrará y apoyaré a AMLO.
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jueves, agosto 23, 2007
Something rather exciting is happening in Latin America

So it might be hard to believe that in many countries in the region, and especially in Brazil and Mexico, Latin America's two giants, things are in fact going better today than they have done since the mid-1970s. The region is in its fourth successive year of economic growth averaging a steady 5%. In most places inflation is in low single digits. And for the first time in memory, growth has gone hand-in-hand with a current-account surplus, holding out hope that it will not be scotched by a habitual Latin American balance-of-payments crunch.
What is more, financial stability and faster growth are starting to transform social conditions with astonishing speed. The number of people living in poverty is falling, not only because of growth but also thanks to the social policies of reforming democratic governments. The incomes of the poor are rising faster than those of the rich in Brazil (where income inequality is at its least extreme for a generation) and in Mexico.
In both these countries a new lower-middle class is emerging from poverty (see article). Low inflation, achieved through more disciplined public finances and trade liberalisation, has brought falling interest rates. Credit has at last returned. So these new consumers are buying cars and DVD players or taking out mortgages. No wonder Latin Americans are in an optimistic mood: earlier this year a poll by the Pew Global Attitudes Project found a greater increase in personal satisfaction in Brazil and Mexico over the past five years than in any of the other 45 countries it surveyed.
Keep inflation low and fix the schools
So if things are going so well, why have radical populists and leftists done well in recent elections? Look closer: they have in fact failed to carry all before them. Out of a dozen presidential elections in the region in the 13 months to last December, the radicals won only four. Moderate governments, of centre-left or centre-right, are in charge in most countries.
That said, politics sometimes lags economics. Even as things started to improve, many Latin Americans were in surly mood because they had suffered through five years of stagnation or worse between 1998 and 2003. Besides, the progress is not uniform. In some of the smaller and poorer countries, the populists' caricature has a grain of truth to it. That is why Mr Chávez has friends in places like Bolivia and Ecuador.
But the important point is that the course upon which most Latin American countries are set -of democracy and open-market economies- is finally bearing fruit. The new middle class in countries like Brazil and Mexico derives its income from the private sector, not from public employment. There lies the big difference with Mr Chávez's Venezuela, where falling poverty depends almost entirely on a vast increase in public spending, and is thus hostage to the oil price.
Of course plenty of caveats are in order. The first is that it is not just in Venezuela that growth has been underpinned by higher prices for commodity exports. Nevertheless, in many other countries export-growth is broad-based. With China and India industrialising, it is unlikely that commodities will be as cheap as in the 1990s any time soon. A second obvious worry is that the current financial-market flap will end up making a serious dent in the growth of the world economy. But -mirabile dictu- thanks to its current-account surplus Latin America is not in the front line of this particular market panic.
Another caveat is that for all its recent progress, Latin America remains a long way from enjoying widespread affluence. In the region as a whole, some 38.5% of people remain poor according to national definitions. The gains are still fragile. But the lessons for governments are clear. To bolster the new middle class, it is crucial to keep inflation low. So is improving the shoddy education imparted in the region's schools and universities. And businesses in the region are still held back by lack of transport infrastructure and an excess of red tape.
The commodity bonanza won't last forever, so now is the time to fix these things. Do so and Latin America's democracies could turn an important corner, in which inequality, poverty and populism give way to prosperous middle-class democracies where the majority has an interest in stability.
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jueves, agosto 09, 2007
Lula, Petrobras y AMLO
Andrés Manuel López Obrador
Si alguna duda cabía de que el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador se encuentra desfasado de la izquierda moderna, ahí están para comprobarlo sus declaraciones de Tampico de este domingo 5 de agosto.
López Obrador cuestionó que Lula, un Presidente de izquierda, haya llegado a México a firmar un acuerdo de colaboración energética entre Petrobras y Pemex. Según el tabasqueño, "han filtrado de que (sic) van a firmar un convenio para llevar a cabo la explotación del petróleo bajo acuerdos de riesgo". Esto, según el político tabasqueño, sería una violación a la ley y además resultaría innecesario porque "a estas alturas, por las exploraciones que han habido (sic), ya se sabe dónde hay petróleo en nuestro país, y no hay ningún riesgo".
La visión sobre la supuesta facilidad para encontrar yacimientos petrolíferos susceptibles de explotación comercial es sumamente ingenua, pero lo que ya no es ingenuo sino dogmático es pensar que cualquier tipo de colaboración entre Pemex y otra empresa significa una "privatización" que debe ser rechazada con la bandera del nacionalismo en la mano.
Qué lástima que López Obrador, en lugar de criticar por criticar, no haya aprovechado la visita de Lula para entender cómo se maneja una empresa estatal en un gobierno de izquierda moderna.
Brasil es una nación que, a pesar de su abundancia de recursos naturales, fue durante mucho tiempo deficitaria en petróleo. Petrobras, creada en 1953 por el gobierno de Getúlio Vargas, trató de garantizar las necesidades energéticas del país en estas condiciones. Durante décadas fue un monopolio, pero en 1997 el gobierno brasileño decidió abrir, cuando menos parcialmente, el mercado petrolero. El resultado ha sido positivo tanto para Petrobras como para Brasil.
El Gobierno federal brasileño no tiene ya el total de las acciones de Petrobras. De hecho, su participación en la firma es de apenas un 32 por ciento. Los inversionistas privados extranjeros, con un capital de 39 por ciento, poseen más acciones que el gobierno. Éste, sin embargo, cuenta con el 56 por ciento de las acciones con derecho a voto, lo cual le da el control efectivo de las decisiones sin por ello renunciar a los beneficios de los capitales privados y extranjeros.
Al contrario de Pemex, a la cual se le limitan las coinversiones, Petrobras tiene proyectos conjuntos con decenas de empresas privadas o públicas tanto en territorio brasileño como en el extranjero. Si bien hasta 1997 Petrobras tenía un monopolio sobre la exploración y la explotación petroleras, hoy más de 50 empresas participan en este campo.
La diversificación ha sido muy beneficiosa para Brasil. Lejos de afectar la soberanía nacional, la ha fortalecido. En los años 70, el país padecía un déficit crónico que lo obligaba a importar grandes cantidades de petróleo crudo con precios crecientes que estaban postrando la economía nacional. La solución que se buscó entonces fue promover el consumo de etanol en lugar de gasolina, pero esto hizo más costoso el combustible y redujo la competitividad del país. Mucho más eficiente ha sido ahora la apertura. Actualmente Brasil es ya el décimoquinto país petrolero del mundo, con una producción de 2 millones de barriles diarios; su consumo, de 1.6 millones, le deja un margen de exportación.
Los brasileños se han hecho particularmente expertos en la exploración y producción de petróleo en aguas profundas. Pese a lo que piensa Andrés Manuel, encontrar yacimientos en alta mar y desarrollarlos rentablemente no es nada fácil. Se requiere de una experiencia y de una tecnología que México simple y sencillamente no tiene.
En el campo de las refinerías de gasolina, en que la participación de la iniciativa privada en Brasil es también muy importante, Petrobras tiene también mucho que aportar a México. Como bien lo dijo el Presidente Calderón, "mientras México sigue importando gasolina, a pesar de ser un país petrolero, Petrobras está no sólo produciendo, sino está exportando gasolinas hechas en Brasil".
López Obrador no debería molestarse tanto con los mandatarios de izquierda, cómo Bachelet, Zapatero o Lula, que visitan a ese Presidente que él dice que no es Presidente porque no es legítimo como él. Debería más bien prestarles atención a quienes están venciendo a la pobreza en sus países. Un político realmente de izquierda debería estar estudiando el caso exitoso de Petrobras, en lugar de pedirle a Lula que no permita que la mayor petrolera de Brasil contamine con su buen ejemplo a nuestro tullido monopolio petrolero.
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