lunes, noviembre 28, 2016

 

El populismo y sus 'explicaciones'

Uno de los efectos más perniciosos de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha sido la proliferación de innumerables expertos instantáneos en la economía, la política y la sociología del mundo. Con osadía, los enterados referidos han opinado sobre asuntos que caen (muy) lejos de su competencia. Aquí va una muestra de tales despropósitos, acompañada de apuntes críticos breves. Las frases en cursivas son compuestos de algunas de las expresiones aludidas. Soy consciente de que me estoy metiendo en un "gatuñal", como dicen en el norte, pero no pude resistir la tentación.

 

1.- "El populismo ha ganado fuerza en todo el mundo porque la pobreza ha aumentado". ¿De veras? De acuerdo con las estimaciones más recientes del Banco Mundial, la pobreza extrema afecta actualmente a algo así como 12 por ciento de la población, en comparación con 37 por ciento en 1990 y 45 por ciento en 1980. La mayor reducción se observó en Asia, en particular en China. De acuerdo con el Banco, a lo largo de las tres últimas décadas unos mil 200 millones de personas han salido de la pobreza en el llamado "mundo en desarrollo". En lo que toca a los pobres en Estados Unidos, caben dos apuntes sumarios: i) los pobres en cuestión están entre la gente más rica del mundo; la mediana del ingreso familiar es entre 15 y 30 por ciento más alta que la correspondiente a Alemania, Francia y Japón; y, ii) la tasa de pobreza aumentó notablemente entre 2006 (12 por ciento) y 2010 (15 por ciento), pero descendió de ahí en adelante (13 por ciento en 2015). De paso, hay que notar que el populismo fue derrotado en Argentina y en Perú, y está en vías de serlo en Venezuela.

 

2.- "La irritación del electorado se finca en la inequidad generada por el sistema económico neoliberal". Un simplismo. Para empezar, uno puede fatigar las páginas del diccionario sin encontrar la palabra "inequidad". Se usa descuidadamente como si su significado fuera "injusticia". Muy a menudo se emplea para designar "desigualdad". El problema es que el término "justicia" no tiene una acepción generalmente aceptada. En todo caso, es obvio que no implica igualdad. Supongo que nadie criticaría a un maestro que calificara desigualmente a sus estudiantes, si mostraran méritos académicos diferentes. En cuanto al neoliberalismo y sus alegadas "inequidades", quizá basta y sobra con señalar que los más pobres del mundo viven en economías primitivas (africanas), cuya estructura y funcionamiento nada tienen que ver con el liberalismo, ni viejo ni nuevo. Más todavía: el sistema económico "liberal" (capitalista, de mercado) ha creado, sin discusión, una prosperidad que no tiene antecedente en la historia de la humanidad. Y lo ha hecho en un marco de libertad individual. Ningún otro sistema ha conseguido esa combinación. Nadie ha dicho nunca, con seriedad, que sea perfecto. En México, por ejemplo, ha prevalecido un "capitalismo de cuates", con las consecuencias negativas conocidas en términos de eficiencia y distribución del ingreso. Es cierto que la desigualdad creció en algunos países desarrollados entre 1970 y la actualidad. Pero no se sabe si la tendencia se prolongará o si se trata de uno más de los altibajos históricos del fenómeno. En todo caso, empíricamente, la desigualdad ha disminuido entre países.

 

3.- "Para enfrentar las probables medidas económicas de Trump, que perjudicarán a México, es necesario contraatacar rechazando la globalización, estableciendo aranceles sobre los productos y servicios estadounidenses, dejando de viajar 'al otro lado'", consumiendo lo que producimos, fortaleciendo el mercado interno..." Absurdos nostálgicos. Adoptar una postura proteccionista porque el vecino la asume resultaría en un doble golpe. No sólo enfrentaríamos el nuevo obstáculo "trumpiano" para vender afuera lo que producimos, sino que aumentaríamos los precios internos, en perjuicio del usuario de insumos extranjeros (incluyendo al exportador) y del consumidor nacional. En cuanto al "fortalecimiento del mercado interno", caben dos interpretaciones: la equivocada y la correcta. La primera consistiría en aumentar artificialmente el poder de compra en México; por ejemplo, con una política monetaria y crediticia floja o con un alza de emergencia del salario mínimo o con subsidios o con más gasto público o con... La segunda implicaría modernizar radicalmente "las reglas del juego" económico interno, para elevar la productividad. Ésa es la tarea que tenemos pendiente en México desde hace décadas. ¿Qué quiere decir la frase entrecomillada? En resumen: desregular la economía; fomentar el ahorro y la inversión; revolucionar el sistema educativo; reducir el gasto del Gobierno y su demanda de recursos financieros; racionalizar el sistema tributario; mejorar la infraestructura física; profundizar la inserción de México en la economía mundial; fomentar el desarrollo tecnológico; y, sobre todo, establecer de veras el "Estado de Derecho".

 

Everardo Elizondo

El autor es profesor de Economía en la EGADE, Business School, ITESM.

 


sábado, noviembre 26, 2016

 

La gran prueba

Nuestro País enfrenta hoy una de sus pruebas más difíciles en su historia.

 

Un Gobierno estadounidense impredecible y posiblemente errático a partir del 20 de enero nos debe poner a trabajar unidos más que nunca.

 

No está a prueba nuestro nacionalismo, sino nuestra capacidad de defender las instituciones que hemos construido como país.

 

Los resultados de una votación cerrada que han dividido a la nación más poderosa del mundo es parte de una tendencia que amenaza otros cambios de Gobiernos como el que ya se vive en Inglaterra con el Brexit, y se advierte en Francia, Italia y otras economías en próximas elecciones.

 

Vivimos un momento en el que reina la desesperación por la incomprensión de que no se pueden resolver todos los problemas con medidas extremas y lapidarias.

 

Mientras tanto, se alejan las posturas de comprender que la posición intermedia y el trabajo ordenado, honesto y con respeto a la dignidad humana y al Estado de derecho son las únicas vías de crecer mejor y más justamente en el largo plazo.

 

Este vacío en la argumentación en el mundo está provocando las salidas fáciles y falsas.

 

Ante la impotencia de que las economías crezcan a la velocidad que una población demanda, el camino es la cerrazón: prefiero vivir de espaldas al mundo para yo mismo convertirme en un ente improductivo y pobre como la historia lo ha demostrado una y otra vez. Y si el mundo necesita de mi apoyo para mantener paz y equilibrio, ya no los ayudaré, aunque se destruyan entre sí, al cabo yo vivo en otro continente lejos del conflicto.

 

Los grandes movimientos de la sociedad y de su economía se han basado en abrazar la competencia y la globalización.

 

Así nació Estados Unidos buscando impulsar su desarrollo libre de ataduras de un Gobierno británico que prohibía su emancipación y su libertad de creencias y de comercio.

 

De la impotencia de los Gobiernos para dirigir con efectividad y honestidad la administración, combatiendo la corrupción, la impunidad y la urgencia por soluciones rápidas, las sociedades en democracia optan por cambiar el rumbo 180 grados, destruyendo lo positivo que se había alcanzado.

 

Es tanta la ignorancia dentro de los procesos electorales democráticos que se busca hoy dar un vuelco hacia la extrema derecha, mismo que puede llevar a un exceso absurdo, como lo han sido también los movimientos a la izquierda extrema. Ambos ignoran las leyes finas, pero siempre contundentes de la economía.

 

Por ejemplo, no puede un país cerrarse a los movimientos migratorios cuando la tasa de crecimiento interna de su población va en picada, a menos de que se busque reducir el tamaño de su economía y su riqueza.

 

No puede un país aislarse de la globalización y la competencia para pretender así ser más competitivo, innovador y productivo.

 

México es el segundo cliente más grande de Estados Unidos. Le compramos más de una quinta parte de todo lo que produce. Nuestro vecino del norte es el principal socio comercial y le vendemos una proporción similar de todo lo que producimos.

 

Esta simetría comercial era algo impensable cuando nació el TLCAN, pero hoy habla de la complementariedad entre México y Estados Unidos.

 

Por ello, debemos buscar defender las ventajas comparativas que hemos construido a largo de tantos años, buscando una mayor integración económica frente a la economía más abierta del mundo, Estados Unidos, que ahora parece que quiere dar la espalda a la globalización que, paradójicamente, fue lo que los hizo grandes y competitivos.

 

ADENDA

Dejó de existir el líder revolucionario que abrazó el comunismo, Fidel Castro. Nadie ha impactado tanto un país como él, dejando dos generaciones perdidas.

Para bien y para mal, luchó por sus ideales marcando la historia del siglo 20 como ningún otro gobernante, y colocando a Cuba como sinónimo de Fidel en el mundo.

 

Vidal Garza Cantú

vidalgarza@yahoo.com


viernes, noviembre 25, 2016

 

El líder y la tele

"Una de las lecciones de Trump es que la política y el entretenimiento se han fusionado". Niall Ferguson

Para una comunidad culta y educada, Donald Trump es sencillamente un personaje impresentable. Para los más de 60 millones de estadounidenses que votaron por él, la mayoría blancos de edad media o avanzada y poca educación, es el único líder que puede cambiar una realidad que los deja cada vez más insatisfechos.

 

Trump no es el primer populista que gana una elección... ni en Estados Unidos ni en el mundo. El hecho es bastante más común de lo que uno pudiera pensar. Lo sorprendente es que no ocurra con mayor frecuencia.

 

La magia del populismo es enorme. Siempre es más fácil votar por un político que promete resolver todos los problemas de un plumazo que por otro que ofrece "sangre, sudor y lágrimas".

 

Ante quienes piensan que Trump puede trumpezarse antes de tomar el poder o que será depuesto antes de cumplir sus cuatro años de Gobierno o que será derrotado en su intento de reelección en el 2020, hay que señalar que los populistas tienen una enorme capacidad de conquistar el poder y de permanecer en él.

 

Ahí está el caso de Hugo Chávez, que logró su sueño de mantenerse en la Presidencia de Venezuela hasta su muerte y que se las arregló todavía para dejarle el mando a una caricatura a su imagen y semejanza, Nicolás Maduro.

 

Pueden pasar muchos años para que se perciban los problemas que genera el populismo.

 

Quizá Trump no era un candidato culto y educado, pero resultó más listo que sus rivales. Supo manejar los medios de comunicación, y en especial la televisión, mucho mejor que los otros aspirantes republicanos y que Hillary Clinton.

 

Se dio cuenta de que es más popular un candidato que habla directamente a la gente, en un lenguaje común y corriente, aunque cometa errores a cada paso, que uno que cuida sus palabras y busca ser políticamente correcto.

 

Clinton gastó mucho más que Trump en medios, 237.4 millones de dólares hasta el 19 de octubre (Bloomberg).

 

Trump sólo invirtió 68 millones en medios. Sin embargo, logró comunicar su mensaje con mayor claridad y contundencia a un público al que no le importaba mucho si decía mentiras o dislates.

 

Simplemente mantuvo su papel del reality show "The Apprentice" (El Aprendiz) que había protagonizado en NBC.

 

Sus debilidades se convirtieron en fortalezas porque llamaba la atención, mientras que Hillary parecía gris y burocrática. Cada vez que Trump decía en sus mítines: "¿Y qué vamos a construir?" y "¿Quién lo va a pagar?", haciendo que la gente coreara "Un muro" y "México", su popularidad subía no sólo entre los asistentes, sino entre quienes lo veían en la televisión.

 

Trump ha seguido los pasos de una serie de predecesores que demostraron que en la política mediática no importa mucho lo que digas, sino el énfasis con que lo digas.

 

Hitler cautivó a los electores alemanes en la década de 1930, cuando la radio empezaba a dominar, con sus bombásticos discursos que contrastaban con los razonamientos intelectuales de los demás políticos. Hugo Chávez podía no decir nada, pero lo decía con un enorme entusiasmo.

 

Muchos políticos siguen pensando que una campaña es un ejercicio intelectual en el que deben presentarse argumentos sopesados e inteligentes.

 

La experiencia nos dice que, como en cualquier otra actividad que se presenta en los medios, la emotividad es más importante.

 

Los electores no responden a los políticos con el lado izquierdo del cerebro, con la razón y la lógica, sino con el lado derecho, con la emoción.

PRESIONANDO

Trump está presionando a Carrier, fabricante de equipos de aire acondicionado, para que cancele sus planes de mudar una parte de su producción de Indiana a Nuevo León. Da miedo pensar que un Presidente ahora intervendrá de este modo en las decisiones de las empresas.

 

Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com


domingo, noviembre 20, 2016

 

Fascista americano ( #PejeGringo)

La portada de Letras Libres de octubre presentaba un acercamiento al rostro rollizo y arrogante de Donald Trump, con un bigotillo recortado en el que se leían dos palabras: fascista americano. Estamos orgullosos de esa portada. Nos repugnan los demagogos que no solo aspiran al poder sino al poder absoluto. Más aún si predican el odio por motivos de raza o religión. Nos recuerdan el Mal absoluto encarnado por Hitler.

 

Es obvio que no solo Hitler encarnó el poder y el Mal absolutos en el siglo XX. También lo encarnaron Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, fanáticos de la ideología que con el aura de una legitimidad revolucionaria sacrificaron, en conjunto, a más personas que Hitler.

 

¿Y qué decir de sus homólogos en América Latina, los sangrientos tiranos que manchan nuestra historia? ¿O los militares genocidas, Pinochet y Videla? Pero en esa galería del horror destacan también nuestros "buenos dictadores", escogidos, ungidos y hasta elegidos por sus pueblos gracias al hechizo de su palabra y al magnetismo de su persona. Dejaron tras de sí un sistema mentiroso, opresivo, empobrecedor y, por desgracia, duradero: el peronismo (esa caricatura del fascismo italiano), el castrismo (ese bolchevismo con palmeras) y el chavismo (caricatura del castrismo, que a su vez engendró al sádico y vulgar Nicolás Maduro).

 

Estos, los amados por el pueblo, son los que más me intrigan (quizá por el tufo hitleriano que despiden). Nunca ha dejado de sorprenderme (y horrorizarme y repugnarme) la voluntad de los pueblos que, a lo largo de la historia, han decidido entregar todo el poder (no delegarlo: cederlo, regalarlo) a una persona supuestamente salvadora, providencial, que promete el cielo en la tierra o la vuelta a la Edad de Oro y lo que provoca es el infierno.

 

Esa extraña sumisión de la masa a los demagogos se dio en Grecia, en Roma, en las ciudades-Estado del Renacimiento, y arrasó con las democracias y las repúblicas. En el siglo XX ocurrió dramáticamente con Mussolini, y sobre todo con Hitler, cuyo odio racial llevó a la hoguera a 60 millones de seres humanos: judíos, rusos, polacos, ingleses, alemanes, gitanos, japoneses, estadounidenses.

 

¿Qué hay detrás de la servidumbre (el hechizo) de los hombres ante el poder personal? Tal vez sea el espejo de la personificación de Dios: la deificación de la persona. O la huella indeleble del monarquismo que predominó por milenios, con sus reyes taumaturgos, crueles o benévolos, que imperaban por derecho divino. O la arquetípica figura del padre protector que perpetúa la infancia de los pueblos y los exime de asumir su destino. O la irresistible atracción por los caudillos medievales o "los grandes hombres" cuya biografía, según Carlyle, no solo es parte de la Historia sino que es La Historia. O la nostalgia de las épocas heroicas, reiterada en la era posmoderna por el culto a los "superhéroes". O algo inefable: el carisma. "La entrega al carisma del demagogo -escribe Max Weber- no ocurre porque lo mande la costumbre o la norma legal, sino porque los hombres creen en él. Y él mismo... vive para su obra".

 

La democracia de Estados Unidos ha sido admirable justamente por haber acotado de raíz el poder absoluto concentrado en una persona. Su división de poderes, la autonomía de sus jueces, sus sagradas libertades cívicas, su pacto federal, sus pesos y contrapesos, integran una prodigiosa maquinaria que ha durado 240 años. Pero increíblemente hoy, con el arribo al poder de Trump, esa democracia está sometida a una prueba sin precedentes: la ambición del demagogo caprichoso e ignorante que buscará, a toda costa, el poder absoluto. No es seguro que lo logre. Pero tampoco es seguro que no. Sesenta millones de personas creen en él y él mismo "vive para su obra".

 

Trump no es Hitler, pero está hecho de su pasta. ¿Aplicará a México las medidas que anunció en su campaña? Probablemente: los demagogos suelen cumplir sus promesas. Ojalá los mexicanos (Estado y sociedad) encontremos maneras de enfrentar legalmente el peligro o, al menos, amortiguarlo.

 

Pero lo que como mexicano me indigna más, es el daño que nos ha hecho ya, avalando el odio racista que es también, por desgracia, característico de Estados Unidos, su mitad oscura, intolerante, cerrada. Ese odio propicia la agresión a nuestros niños en escuelas, campos deportivos, plazas y calles. Haberlo desatado es su aportación al Mal absoluto. No debe haber indulgencia ante lo que ha hecho. Solo la exigencia digna e irreductible de un desagravio.

 

Enrique Krauze

www.enriquekrauze.com.mx


sábado, noviembre 12, 2016

 

Season finale

Escribo esto con un ojo morado y el labio partido. Fui golpeado por la victoria de Trump y me equivoqué en mis estimaciones. Aunque numéricamente el voto popular favoreció a Hillary Clinton, el sistema norteamericano de votación indirecta, por Estado, le dio el triunfo a Trump. Ahora la apuesta es que Trump siga con su perfil de mentiroso crónico y que sus declaraciones incendiarias de campaña resulten también mentiras.

Otra de las razones de su triunfo, en retrospectiva, fue la catalización del Tánatos (dimensión agresiva, opuesta al Eros y que juntas dominan el psique) que se aprecia en varias dimensiones: la inflamación nacionalista (al estilo de la escuela fascista); la unificación tribal que genera el miedo y el odio (directamente del manual Mein Kampf de Hitler); la corriente mundial de repudio hacia el establishment (los de siempre). Quizá la razón toral de su victoria fue el grado de hastío de una gran parte de la sociedad ("Trumpanos" de closet), donde considero que hasta el mismo Trump no se la cree y apenas dimensiona el tamaño de la fibra nerviosa que tocó.

Un factor clave adicional fue la exagerada cobertura de medios. Un estudio de Harvard Kennedy School, a través de Shorestain Center, asegura que la cobertura en medios es el aspecto de mayor peso en determinar el triunfo de un candidato. El estudio concluye que "Trump es el primer candidato relevante producido por los medios".

En un país que desde Hollywood manufactura celebridades, que lanza al estrellato a nuevos héroes y crea nuevas mitologías, donde imperan las Karda-shian con su inexplicable y vana fama, emerge una nueva y controversial figura.

Trump se convirtió en entretenimiento. El morbo y el estilo caricaturesco de un tipo de pelo naranja, peinado de una manera curiosa, con movimientos de manos chistosos, lo convirtieron en un personaje con utilidad noticiosa: "vamos a ver qué dice/hace este loco... jajaja". Susto: ya es presidente electo.

Trump fue creado y alimentado por los medios que vieron sus ratings crecer. Había que explotarlo. Además, traía en el paquete a la sexy esposa modelo y a sus anexados hijos fresas emulando a una monarquía europea. Para completar el cuadro estelar, le rondan Giuliani y Gingrich, un par de veteranos con cara de malos.

Llegó por fin el cierre de la 1era. temporada de Reality TV "Quiero ser Presidente". Hubo de todo: odio, venganzas, golpes bajos, sexo, complots, el FBI, así como los arquetípicos enfrentamientos entre el bien y el mal, ricos vs. pobres, una tribu vs. otra, y hasta la clásica lucha entre religiones. No hay muchos guionistas capaces de crear una trama como la que vimos y ni González Iñárritu, Cuarón o J.J. Abrams, hubieran podido orquestar una producción de esta magnitud.

Por lo pronto ya se concibieron cuatro temporadas más, a una por año. House of Cards parece rosita comparado con este drama de la vida real. Pareciera que la industria del entretenimiento y la fuga de atención es el bálsamo adecuado para un sistema capitalista opresivo, quizá decadente.

Finalmente, quiero clarificar como mexicano: no es que lleguen inmigrantes, es que les dan trabajo. No es que lleguen las drogas, es que las compran y las consumen. No es que nos "robemos" los trabajos a los norteamericanos, es que nos subcontratan para que ellos paguen precios más bajos. Somos un planeta irremediablemente vinculado y tampoco "América" puede ser grande si es xenofóbica y temerosa.

Por nuestra parte, no es que dependamos de Estados Unidos, es que no hemos aprendido a depender de nosotros mismos.

Horacio Marchand

martes, octubre 18, 2016

 

Populismo y conspiración

No sorprende que Donald Trump recurra a la conspiración para explicar sus problemas. Desde su irrupción en la escena política ha advertido que sólo la trampa impediría su victoria.

 

Ahora que parece que sus posibilidades de ganar la Presidencia se diluyen, lanza acusaciones a quienes maquinan para derrotarlo.

 

Si pierde en un debate es porque su micrófono ha sido alterado. Los periodistas que no lo elogian son corruptos. Si se ríen de él en los programas de comedia es porque los dueños de las televisoras pretenden eliminarlo.

 

Cuando las encuestas lo retratan a la baja es porque se han vendido a su enemigo. Las mujeres que lo denuncian son, en realidad, títeres manipulados por los perversos.

 

El candidato que restaurará la grandeza de la patria enfrenta un sistema podrido que cancela la posibilidad de un cambio verdadero. Las elecciones mismas no son confiables. Están amañadas para perpetuar una farsa.

 

La lógica conspirativa es un componente esencial de la mentalidad populista. Sea de izquierda o de derecha, el dirigente que se imagina encarnación del pueblo pinta a sus adversarios como enemigos de la nación y al sistema político que no controla como un engaño.

 

Cuando parecía insegura su victoria en las primarias, advirtió que el partido estaba controlado por los políticos de siempre y que podrían negarle la postulación con trampas. Amagó con rebeliones y violencia.

 

Ahora, frente a la elección de noviembre, repite la cantaleta: los medios, los donantes, los periodistas, los extranjeros se coordinan para arrebatarle el triunfo que merece. Todos los malos se han puesto de acuerdo para cerrarle el paso.

 

La incertidumbre democrática resulta intolerable a los hombres que tienen fe absoluta en sí mismos. Para el megalómano, la imprevisibilidad del voto es, en sí misma, una afrenta.

 

Cuando el político se ha convencido de que es la representación auténtica de la patria empieza a soñar conspiraciones para poder ignorar sus fallas.

 

La fantasía de la conspiración omnipotente se convierte así en un truco para esconder la irresponsabilidad.

 

Cualquier afrenta tiene una sola fuente. No hay que abrir los ojos a la realidad, no hay que ejercer la autocrítica, hay que imaginar conspiraciones. Si el cuento de las maquinaciones lo explica todo, no es necesario reflexionar sobre la actuación propia. Quien se cree infalible sólo puede justificar su fracaso en la acechanza de los conspiradores.

 

La conjura tiene la virtud de explicarlo todo. Es fácil de comunicar. Nunca falla. Le imprime sentido al mundo. No es necesario esforzarse gran cosa para descifrar la realidad. El libreto de la conspiración es suficiente para entenderla.

 

La conjura también entusiasma: gracias a ella la política puede vivirse en clave épica. Los buenos que dan la cara contra los malos que se esconden; la nación contra los traidores, el pueblo contra sus enemigos.

 

Una misteriosa coordinación ordena la complejísima estrategia de la conspiración. Hasta los fenómenos naturales llegan a rendirse a su propósito. A la conspiración se le siente todo el tiempo, pero no se le puede retratar. Ahí radica su poder: es invisible, omnipresente y omnipotente.

 

Bien vio Karl Popper en la fantasía conspiratista una especie de teología perversa que le da orden al caos del presente. La conspiración es como una divinidad maligna que lo puede todo, que está en todas partes y que siempre hace el mal. La conspiración aporta dramatismo a la paranoia.

 

¿Que me tropecé? No me tropecé. Soy agilísimo, pero los malvados me pusieron una zancadilla para burlarse de mí. ¿Alguien me critica? Nadie puede honestamente discrepar de mí. Mi ideas son las del pueblo. Quien me critica es, en realidad, un vendido.

 

¿Salgo mal en las encuestas? Ésas no son encuestas, son inventos que agradecen el dinero de mis enemigos. ¿Puedo perder? ¡Por supuesto que no! Solo si hacen trampa podrían ganarme.

 

El hermetismo intelectual, esa indisposición a reconocer noticias adversas, esa urgencia de explicarlo todo con base en una poderosa malignidad tapa los ojos del populista, pero activa la pasión de sus seguidores.

 

Les ofrece una explicación sencilla para entenderlo todo. Frente a la bondad de la causa, la conjura de los otros. La conspiración es la sospecha fanática. La idolatría de la desconfianza.

 

Jesús Silva-Herzog Márquez

http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/


domingo, septiembre 25, 2016

 

Diálogo Público

En 1968, el movimiento estudiantil exigía diálogo público al Presidente Díaz Ordaz, y parecía una insolencia. Profanaba el espacio sagrado del Zócalo, la liturgia sagrada de las ceremonias oficiales, la figura sagrada del poder presidencial.

 

Además, las audiencias multitudinarias y a gritos no son el mejor formato para un diálogo. El problema de fondo era la desconfianza. El rechazo a los "arreglos en lo oscurito".

 

La corrupción fue el sistema político organizado para acabar con la violencia de la Revolución. Nació como un mercado de compra y venta de buena voluntad, al margen de la ley. En esa tradición, los líderes consiguen algo para sus seguidores a cambio de algo para el Gobierno y para sí mismos. Todo esto en el marco de la posible violencia, que no desaparece del horizonte, y así, precisamente, favorece la transacción pacífica.

 

La intransigencia del 68 terminó en tragedia. Y el trauma dejó una consecuencia nefasta: confundir fuerza pública y represión. Son dos cosas distintas. Igualarlas legitima la represión como mal necesario para evitar el caos y la guerra civil. También legitima a los que dan por cerrados todos los caminos políticos y se van al monte, a encabezar movimientos en armas.

 

La democracia superó el presidencialismo, pero no el trauma del 68, que todavía hoy complica el uso legítimo de la violencia. La falta de una fuerza pública civilizada creó oportunidades para múltiples centros de poder impune que habían estado bajo el control del poder impune central. Gobernadores, sindicatos y hasta funcionarios federales (teóricamente dependientes, pero dueños de un nicho presupuestal) empezaron a moverse por su cuenta. Ya no se diga el crimen organizado.

 

Entre la represión y el utópico diálogo multitudinario, hay en la práctica soluciones políticas, pero tardan en desarrollarse: la prensa libre, los debates, los partidos de oposición, las elecciones limpias, la transparencia, la rendición de cuentas y una fuerza pública que proteja sin abusar. En todo esto se ha avanzado en los últimos 20 años, aunque en distintos grados. Falta mucho en el caso de la fuerza pública y los debates.

 

Ningún Estado de derecho puede tolerar que un movimiento se apodere de los espacios públicos, aunque sea con demandas justas. Si recurres a la fuerza, primero te desarmo y luego atiendo tus exigencias. Tu violencia ilegítima (que no es lo mismo que tus exigencias legítimas) será enfrentada con violencia legítima (que no es lo mismo que represión).

 

Es perfectamente posible reclutar, entrenar y desarrollar una fuerza pública efectiva y respetable. En particular, hace falta una brigada especializada en desbloquear calles, carreteras y aeropuertos tomados por manifestantes.

 

Hay que respetar los dos derechos ciudadanos en conflicto: el de manifestarse públicamente y el de libre tránsito. Pero no hay que respetar un derecho que no existe: el de fastidiar a otros ciudadanos como presión a las autoridades. La brigada debe intervenir sin armas y acompañada de notarios, periodistas y otros testigos sociales que filmen la intervención.

 

La práctica del debate empezó en el Poder Legislativo y en la prensa, pero debe extenderse. El derroche en spots (mera propaganda aburrida) debe reducirse a cero, y el ahorro asignarse a debates de los candidatos. Debates verdaderos, no monólogos sucesivos que evitan la discusión seria de propuestas. Esto requiere personas capacitadas para dirigir imparcialmente y con tino el curso de un debate.

 

Universidades, partidos y periódicos han tenido la buena idea de hacer concursos de oratoria. Hacen falta también debates de entrenamiento para aprender a escuchar lo que dicen los otros, para entender las críticas recibidas, para desmontar sofismas y argumentar las propias posiciones.

 

Karl Popper celebró la discusión civilizada como una forma de superar la violencia. Que las buenas razones acaben con las malas, en vez de que los adversarios se maten entre sí (words, not swords). "La guerra de ideas es una invención griega. Es una de las invenciones más importantes jamás concebidas. De hecho, la posibilidad de enfrentarse con palabras y no con espadas es el fundamento último de nuestra civilización" ("Conjeturas y Refutaciones", capítulo 19).

 

El debate civilizado es educativo y democrático por sí mismo. Contribuye a la madurez de los participantes y de toda la sociedad.

 

Gabriel Zaid


viernes, agosto 26, 2016

 

Deficiencias educativas

El problema del sistema educativo en México es muy severo y va más allá de la impunidad con la que la CNTE comete atropellos y la respuesta pusilánime del Gobierno.

 

Es obvio que todas sus deficiencias no pueden cubrirse en unos cuantos comentarios. En mis columnas anteriores toqué sólo la superficie de algunos de sus aspectos importantes, pero hay muchos otros que saldrían a la luz con un análisis más detallado de la educación en nuestro país. Ésa, sin embargo, no es mi tarea.

 

Aun así, no quiero dejar el tema sin abundar en otras de las deficiencias educativas que prevalecen aquí y que en varias formas también existen en otros países emergentes. Para ello recomiendo la lectura de dos artículos, algunas de cuyas ideas incluyo aquí y que aparecieron en la edición de verano del 2016 del Journal of Economic Perspectives.

 

Uno es de Ludger Woessmann, "The Importance of School Systems: Evidence from International Differences in Students Achievements", y el otro de Isaac M. Mbiti, "The Need for Accountability in Education in Developing Countries".

 

Woessmann destaca que para mejorar el aprendizaje de los estudiantes, son más importantes la calidad de los maestros y el tiempo que dedican a la enseñanza, que el gasto por estudiante o el tamaño de la clase. Ese aprendizaje, nos dice, es todavía mayor cuando las escuelas son operadas por el sector privado.

 

El artículo de Mbiti comenta que los sistemas educativos de los países en desarrollo (y México no es la excepción) carecen de rendición de cuentas y los maestros no son despedidos por un mal desempeño, por lo que es muy probable que los aumentos de salarios sean esencialmente transferencias a los maestros sin que lleven a una mejora de su desempeño educativo.

 

La evidencia en ese sentido es importante. Por ejemplo, en Indonesia se doblaron permanentemente los salarios de maestros que llenaron un cierto criterio, y se encontró que varios años después ello sólo se había traducido en una mayor satisfacción de los maestros, pero ningún efecto sobre el aprendizaje de los alumnos.

 

El problema central es que los maestros son trabajadores sindicalizados considerados como servidores públicos a los que les paga la autoridad central, que tiene la última palabra en cómo conformar la planta de maestros.

 

Estos sistemas centralizados hacen que no existan medidas documentadas sobre la calidad de los maestros, o que éstos se opongan colectivamente (como la CNTE) a que se instrumenten.

 

En cambio, los maestros que están bajo contrato en las escuelas privadas tienen más incentivos para dar una mejor calidad de enseñanza en relación con sus contrapartes sindicalizadas del sector público.

 

Es más probable que no se ausenten, estén en la clase enseñando y que sus alumnos muestren mayores niveles de aprendizaje que los estudiantes de las escuelas públicas, aun cuando sus sueldos no necesariamente son muy distintos a los que reciben los sindicalizados. De hecho, por hora trabajada son bastante menores.

 

En Kenia se hizo un experimento con un programa de contratos a maestros en 200 escuelas. El estudio comparó la efectividad del programa cuando era administrado por el Gobierno frente al que administraba una organización no gubernamental.

 

El principal hallazgo fue que los beneficios del programa desaparecían por completo cuando era administrado por el Gobierno.

 

Por consiguiente, los padres de familia y los electores deben presionar a las autoridades y a los partidos políticos para que se apliquen medidas que aumenten la rendición de cuentas del sistema educativo, así como que mejoren los esfuerzos y prácticas pedagógicas de los maestros, que se usen de manera más eficiente los recursos y, dado que el Gobierno es un mal proveedor del servicio educativo, se facilite una mayor participación del sector privado.

 

El Gobierno mexicano debe seguir financiando la educación, pero no tiene que proveerla. Tampoco tiene por qué limitar las alternativas de libros de texto y sus contenidos, puesto que ello sólo lo hacen los Gobiernos totalitarios que desean controlar lo que se enseña, como aquí sucede con los textos oficiales.

 

Un país no prospera si no desarrolla su sistema educativo. Uno de los peores errores que se pueden cometer es dejar la política educativa en las burocracias y los sindicatos, cuyos intereses están muy alejados de las medidas de política económica que fomentan el desarrollo.

 

Cambiar todo esto requiere de una voluntad política para enfrentar las objeciones del poderoso sindicato de maestros y otras partes del establishment educativo.

 

Mientras no estemos dispuestos a reconocer que nuestro sistema educativo es un fracaso, no podremos hacer progresos sensibles en educación, sin la cual será imposible elevar de manera significativa el nivel de vida de los mexicanos.

 

Salvador Kalifa

sakalifaa@gmail.com


domingo, agosto 21, 2016

 

La CNTE y Thatcher

En 1979, cuando Margaret Thatcher llegó al poder, tenía razones económicas y políticas tan poderosas para enfrentar a los mineros sindicalizados, como Peña Nieto para imponer a los sindicatos de maestros una reforma educativa.

 

La historia del conflicto entre la Unión Nacional de Mineros (NUM) y el Gobierno de Thatcher, es una guía inmejorable de lo que un Gobierno debe hacer y, sobre todo, de lo que no debe hacer en una guerra contra sindicatos tan fuertes y politizados como el NUM o la CNTE.

 

La educación en México -de la cual depende el futuro del País- es como la industria del carbón en Gran Bretaña en los 70 -que generaba un porcentaje altísimo de la electricidad- una actividad estratégica muy costosa de rendimientos decrecientes.

 

México dedica un porcentaje considerable del gasto gubernamental a la educación pública (y bajo cualquier medición, el nivel de educación que reciben los niños, sobre todo en los estados controlados por la CNTE, es abismalmente bajo). Gran Bretaña tenía que dedicar subsidios crecientes a un sector económico improductivo e ineficiente.

 

Thatcher había llegado al poder en un escenario económico menos saludable que el nuestro hoy.

 

Gran Bretaña había abrazado en la posguerra el paradigma del Estado interventor, rector de la economía y dueño de industrias básicas, precios, salarios y subsidios. Un Estado regulador más preocupado por distribuir que por crear riqueza, que arrastraba un déficit creciente, una inflación de dos dígitos y presidía sobre una economía anémica.

 

Pero Margaret Thatcher tenía siglos de democracia parlamentaria y estabilidad política tras ella. Aunque el NUM y otros sindicatos se habían convertido en poderes paralelos que imponían sus demandas y negociaban de tú a tú con el Primer Ministro en turno, los ciudadanos estaban hartos de ser rehenes del NUM y sus aliados y la Policía cumplía aplicando la ley.

 

Thatcher enfrentaba un líder sindical -Arthur Scargill- tan ideologizado y radical como los de la CNTE, pero, a diferencia de López Obrador, la oposición laborista nunca se alió con un movimiento que pretendía imponer sus demandas por encima del Estado de derecho y del régimen democrático del país.

 

Aún con esas ventajas, el éxito del Gobierno nunca estuvo garantizado. El NUM era tan poderoso que nada más en los 70 tiró a dos Primeros Ministros. Margaret Thatcher misma había cedido en 1981 ante un primer desafío de los mineros. Pero aprendió la lección: en 1984 enfrentó la huelga minera ejerciendo un liderazgo firme y decidido y siguiendo una cuidadosa estrategia.

 

A diferencia de lo que ha sucedido aquí con la reforma educativa, cuando estalló la huelga, aquel Gobierno británico conformó el mejor equipo posible para enfrentar al NUM y despolitizó el conflicto. Lo redujo a un conflicto laboral.

 

Aquí los líderes de la CNTE no dialogan con la SEP: imponen sus demandas al Secretario de Gobernación. Allá, los mineros negociaban con el organismo encargado de la producción del carbón, no con los ministros.

 

Allá, el Gobierno apoyó a los mineros disidentes -en lugar de abandonarlos, como Peña a los maestros que quieren trabajar-, cultivó el apoyo de la sociedad civil -en lugar de permitir que el oponente convirtiera a los ciudadanos en rehenes para imponer su agenda-, y aplicó sin miramientos la ley.

 

Al final del conflicto, en 1985, la Policía había arrestado a 8 mil 688 mineros que habían violado la ley y congelado 8 millones de libras de fondos del NUM. Todo ello a pesar de que los daños que hizo palidecen frente a las pérdidas económicas que ha causado la CNTE, que destruye todo a su paso con total impunidad.

 

Peña Nieto perdió ya la guerra con la CNTE. No implementó la reforma educativa en 2012 cuando tenía la legitimidad para hacerlo; no midió bien a su contrincante; nunca tuvo una estrategia inteligente para enfrentarlo y le ha regalado el monopolio de la violencia (legítima) que es prerrogativa del Estado.

 

La CNTE es ahora un poder paralelo más poderoso que en 2012 y ha debilitado al Gobierno. Peña Nieto no parece tener otra alternativa que ceder ante la CNTE y abrogar, de jure o de facto, la reforma educativa.

 

Isabel Turrent


sábado, agosto 20, 2016

 

salidas falsas

La democracia es inherentemente inestable. Mientras más democráticos somos y más libertad tenemos para expresarnos individualmente, más difícil es reconocernos en los demás.

 

¿Usted cree que los líderes recientemente liberados de la CNTE se pusieron en los zapatos de familias enteras y comercios que quebraron por sus bloqueos incesantes en Oaxaca, Chiapas y Michoacán?

 

La paradoja de la democracia parece ser que tener más libertad nos lleva a ser más egoístas. Y no solamente la CNTE, sino el resto de la sociedad se manifiesta hoy con mayor libertad en este País.

 

Así, cuando comienza la disrupción y sentimos que hemos perdido el control de nuestro presente, buscamos figuras, ejemplos a seguir, líderes carismáticos que son capaces de traducir el sentir popular en algo que nos gusta escuchar, aunque sea una tontería irracional e inalcanzable. Como Le Pen en Francia, Trump en Estados Unidos y AMLO en México, que son ejemplos de estas salidas fáciles de la democracia.

 

De acuerdo con Platón, cuando una democracia está en niveles avanzados, la situación favorece la aparición de tiranos, que suelen ser personas de la élite que comienzan acusando a sus colegas como corruptos y se ofrecen como respuesta a la debacle democrática local.

 

Tienen retóricas poco detalladas y, en muchos casos, contradictorias como en México: proponen apoyar causas, como la de muchos maestros que no quieren ser evaluados y que no encuentran manera de ayudar al sistema educativo del País, del cual ellos son parte importante.

 

También estos tiranos en potencia comúnmente exaltan los sentimientos de enojo y odio de los demás, porque es la manera más fácil de evitar resolver los problemas de manera integral.

 

Ahí tenemos a Maduro manifestando que hay una guerra económica en su contra, cuando ya ni siquiera economía tiene, o Trump que busca deportar a 10 millones de mexicanos indocumentados que hoy aportan impuestos y valor a su economía, y la perdería irremediablemente.

 

Conectan con las masas populares y se venden como casos de éxito, como personas que viven el sueño que todos quieren alcanzar sin esfuerzo y sin arriesgar nada. Su mayor fuerza: apelan a la pasión en vez de a la razón.

 

No sólo las personas son quienes alientan esta polarización, también son circunstancias las que desencadenan reacciones, como el Brexit y la señal que emite del "fracaso" de la globalización.

 

Esto es así a pesar de que todos deberíamos saber que lo único que ha impulsado el mayor avance de desarrollo en muchos países ha sido el comercio y el intercambio libre de ideas entre las personas y las naciones.

 

Los movimientos populares/colectivos pocas veces comienzan cuando la situación es la menos favorable y tienden a aparecer cuando lo peor ha pasado, pero el futuro no se ve prometedor.

 

Esto es lo preocupante para nuestro País, pues a pesar de crecer poco, pero con baja inflación y bajo desempleo frente a otras economías, hay un descontento que cada vez se extiende más.

 

Entonces, cuando el bienestar se ve como una posibilidad de la que no seremos partícipes o no sentimos que la retribución será la "justa", la frustración mueve a la sociedad hacia la exigencia.

 

Cuando esa exigencia es irracional, la sociedad se vuelve violenta entre sí. Es entonces cuando creamos una especie de subcultura alienada y despreciada que exige salidas fáciles a su situación. Salidas que al no poder alcanzarse, como aceptar que nada es gratuito y que hay que esforzarse por hacer mejor lo que hacemos, devienen en erupciones violentas.

 

Por ello es fundamental alejarnos de esta desesperación y frustración que hoy permite la aparición de salidas fáciles que violentan la legalidad y al respeto.

 

Nunca como antes le debemos prudencia y serenidad a nuestro País. México no es un lugar de puros delincuentes o sólo Gobiernos corruptos con una sociedad poco participativa y escondida. Tampoco es un lugar donde las protestas mandan sobre el orden y la legalidad.

 

Hagamos bien y mejor lo que nos toca. Sólo así despresurizaremos esta tendencia de salidas falsas que parece que algunos en México quieren tomar.

 

Vidal Garza Cantú

vidalgarza@yahoo.com


sábado, agosto 13, 2016

 

Perdonavidas

Sus amigos hablan de Andrés, por sus iniciales AMLO. Sus críticos le dicen "El Peje". Su nombre oficial, Andrés Manuel López Obrador. Ha sido ya dos veces candidato a la Presidencia de México. Para llegar en el 2018 se anuncia como el perdonavidas.

 

Es un sureño extraño. Se cree el salvador de México. Se cree el único político honrado. Terco, terco, terco. Intelectualmente es una mezcla de Benito Juárez con Lázaro Cárdenas, con nivel de secundaria. Orgulloso guardián de la historia de México, sueña con retomar la ruta extraviada por la Revolución Mexicana.

 

En una contradicción andando, ¿un demócrata autoritario? Dueño de un partido, asegura que competirá sin alianzas. Él es absoluto. Hasta sus hermanos lo desconocen.

 

A quienes quieren un dictador de izquierda pregunto: ¿uno que conduzca a México viendo por el espejo retrovisor? Pregona su historia de víctima de dos fraudes electorales en giras constantes. Se le olvida que dejó a la gente plantada en la Avenida Reforma hasta que se cansaron de protestar.

 

Andrés se cree una especie de Gandhi mexicano. Personifica y habla a nombre de los mexicanos. Se ve a sí mismo como un pacifista, un mártir, y ahora... el adalid del perdón.

 

En tal carácter, su majestad López Obrador acaba de lanzar una proclama pública en la que perdona al "grupo en el poder".

 

"No los odiamos", dijo usando el plural. Anuncia "una amnistía anticipada" tan luego de su triunfo. ¡Perdona a nombre de todos! Claro, ya entendí. Para un santo la ley no existe.

 

En serio que es difícil razonar con alguien así. No escucha, no entiende, trae su rollo a la vuelta y vuelta. En el 2006, en una reunión a la que me invitó Porfirio Muñoz Ledo en la que estarían AMLO y otras 30 personas, pedí la palabra y sugerí que usara sus votos para negociar con Felipe Calderón.

 

¡Gran error! Hagan de cuenta que le hablé a la pared. Contestó cariñosamente a cada uno de los aduladores, pero a mí y a Agustín Basave, únicos disidentes, nos saltó olímpicamente.

 

Pienso que a López Obrador le fascina su rol de víctima. "Nunca me vi con la banda presidencial", confesó en esa ocasión.

 

No quiere ser Presidente. Le gusta ser el eterno y sufrido derrotado. Esa credencial lo autoriza a meter su cuchara con los maestros disidentes de la CNTE, que cometen más delitos por hora que ni los pistoleros de Pancho Villa. ¿Será que el perdonavidas, dos veces "crucificado" se siente el Jesucristo tabasqueño?

 

La Ciudad de México es su obra cumbre. Una verdadera joya arquitectónica de la política clientelar llevada a su máxima expresión. No hay manera de que pierdan una elección. La pobreza estructurada, los líderes maizeados con dineros públicos. Ya quisiera Obama. Eso es lo que podemos esperar para todo México si AMLO llega a la Presidencia.

 

Para el 2012 López Obrador ya estaba topado en poco más de 30 por ciento de intención de voto. Así lo escribí en EL NORTE. Así resultó. México no es socialista por más que AMLO le revuelva con el estandarte de la Virgen Morena y haya adoptado el apodo "Morena" para engatusar creyentes.

 

El socialismo fue construido hace más de 100 años siguiendo el paradigma burocrático de la especialización y la división del trabajo.

 

El Gobierno puede organizar todo un país y decirle a cada quien qué puede y debe hacer. En México se llama el Plan Nacional de Desarrollo, existe desde 1983 y para Andrés Manuel sería más paraíso que el de las 72 vírgenes de Islam. La señora Hillary se moriría de envidia.

 

Como lo advertí también en su momento, esto nunca ha jalado. Hoy por hoy, y a medida que avanza la revolución digital, las burocracias están condenadas a desaparecer.

 

No es por allí, pero AMLO sueña con tomar control de nuestras vidas.

 

AMLO no tiene, ni trae ni tendrá, la fórmula para la prosperidad construida con base en la suma de libertades individuales. Eso lo hace políticamente obsoleto e inviable.

 

No temo su ira. Y francamente su perdón me causa hilaridad.

 

Javier Livas

javierlivas@prodigy.net.mx


domingo, julio 31, 2016

 

La viga y la paja

Hay un vicio en las redes sociales que parece sintomático de algo más amplio: el ascenso de la irracionalidad en el debate público. Lo ilustro con un ejemplo personal en Twitter. Cada vez que expreso ahí una crítica al gobierno de Venezuela, un sector del público responde, más o menos, de esta manera: "Es vergonzoso que hables de Venezuela, ¿por qué no criticas la realidad mexicana?".

 

El reclamo parte de una falacia lógica que conviene desmontar: pensar que la crítica a X implica, directa y necesariamente, la indulgencia ante Y. Como si señalar los males ajenos condujera, obligatoriamente, al olvido de los propios.

 

Criticar al actual gobierno de Venezuela es un acto válido en sí mismo que no requiere de más justificación que los hechos objetivos que lo sustentan, hechos que están ahí, en las redes sociales, en imágenes dramáticas, en estadísticas y reportajes incontrovertibles, para todo el que los quiera ver: el hambre, la carestía, la inflación, el empobrecimiento, la falta de medicinas, criminalidad, la corrupción, etc...

 

Señalar esos males en 2016 es tan válido como haber denunciado, en los años setenta u ochenta del siglo pasado, los horrores de las dictaduras chilena y argentina. Pero nadie, que yo recuerde, dijo entonces que criticar a Pinochet o a Videla implicaba condonar la brutalidad criminal de Díaz Ordaz o Echeverría. Se trata, pues, de una falacia inducida ideológicamente. Para quienes incurren en ella, hay críticas que valen en sí mismas (las suyas) y otras que no valen porque les parecen interesadas, distractoras o de mala fe (las de quienes no piensan como ellos).

 

La falacia exhibe también la ignorancia de quien la practica. ¿Está seguro el inquisidor que el crítico de X nunca, o pocas veces, ha criticado a Y? Volvamos a mi postura frente al régimen de Venezuela. Es verdad que desde fines de 2007 (cuando visité Caracas por primera vez) he procurado seguir de cerca ese país que ahora vive sumido en un drama sin precedente en la historia latinoamericana y donde tengo tantos buenos amigos. Pero es obvio que en estos años mi atención hacia los grandes problemas de México ha sido mucho mayor. Y no he dejado de señalar la persistencia y agravamiento de cuatro males que han hundido al país en el desaliento: la impunidad, la corrupción, la violencia y la inseguridad. Quizá los airados tuiteros (creyentes en una crítica puramente nacionalista) no han leído esos textos, y están en su derecho. Pero es difícil que ignoren su existencia. Lo que su mensaje implica, entonces, no es una reconvención sino una descalificación. No es un argumento ni un reclamo honesto, menos una refutación: es puñetazo de 140 caracteres, un escupitajo verbal.

 

Lo curioso es que la falacia puede revertirse fácilmente contra quien incurre en ella. Imaginemos (aunque cueste trabajo) a un gobierno no dictatorial ni militar pero ajeno a la órbita cubana (o a la más reciente bolivariana), que incurriese de pronto en las violaciones flagrantes que caracterizan al de Maduro: intento de anulación del Poder Legislativo (electo por la mayoría), usurpación del Poder Judicial, bloqueo de la libertad de expresión en los medios tradicionales, uso de la violencia contra un pueblo desesperado que tiene hambre al grado de marchar en un exilio forzoso al país vecino para proveerse de alimentos y medicinas de primera necesidad. El escándalo sería cósmico. El desprestigio, infinito. El ostracismo, inmediato. El gobierno habría caído.

 

¿Por qué no hay un clamor mundial a favor del referendo revocatorio en Venezuela? ¿Qué protege, a estas alturas, a la dictadura de facto de Nicolás Maduro? Un oscuro entramado de complicidades, fanatismos, conveniencias políticas, bloqueos ideológicos. Y una espantosa indiferencia. Todo eso, y la hipocresía radical de quienes acusan al crítico de "ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio" cuando son ellos mismos los que ejemplifican a la perfección esa parábola del Evangelio.

Enrique Krauze

www.enriquekrauze.com.mx


martes, julio 12, 2016

 

¿Cómo se hace un gran maestro?

¿Cómo se hace un gran maestro?

 

El provocativo título de una portada reciente de The Economist (TE). Un tema muy apropiado ahora que algunos maestros en México "dan clases" de violencia, bloqueos y cómo dañar a niños.

 

Mientras aquí nos peleamos para ver si "se evalúa al maestro", en el mundo desarrollado esto ya no es tema. Allá buscan mejorar al maestro, el elemento clave en una educación de calidad.

 

"El secreto de buenas calificaciones y alumnos estelares son los maestros. Un alumno que toma clases de un gran maestro (del 10 por ciento superior) aprende tres veces más del que está en el grupo de uno malo (del 10 por ciento peor)", explica TE.

 

John Hattie de la U. de Maryland analizó resultados de más de 65 mil estudios de mejora en la calidad educativa aplicados a 250 millones de estudiantes. Sorpresa: no pesan tanto cosas que los papás aprecian como clases pequeñas, uniformes o dividir alumnos por habilidad.

 

Lo más importante: un gran maestro. Que por cierto no nace, se hace: "se puede hacer extraordinarios a maestros comunes y corrientes". Algo que puede revolucionar a las escuelas (y al mundo).

 

"Las escuelas olvidan enseñar a sus alumnos más importantes: los maestros. En la OCDE, el 40 por ciento nunca ha aprendido a presenciar clases de otros maestros", añade.

 

Un buen maestro establece metas claras, estándares altos de comportamiento (del alumno), planea bien sus clases y utiliza técnicas didácticas probadas.

 

"En la docencia, el camino a la maestría no pasa por teorías abstractas sino por práctica intensa basada en experiencias probadas y métodos pedagógicos". Lo que TE llama "el oficio del salón".

 

La revista reseña el estudio de Rob Coe de la U. de Durham que afirma que no funcionan técnicas de enseñanza generalmente aceptadas como alabar al alumno sin razón para motivarlo, aceptar o promover "estilos diferentes de aprendizaje" y pensar que alumnos pueden descubrir conceptos complejos solos.

 

No, el maestro tiene que guiar. Por eso, instituciones privadas y gubernamentales experimentan, generan y capacitan con métodos que sí hacen diferencia. Por ejemplo:

 

· Hacer preguntas provocativas aleatorias a todos y no solo a los "listos".

 

· Encargar tareas cortas por escrito.

 

· Planear clases con objetivos calendarizados.

 

· Liderazgo del maestro pero con alta interactividad grupal.

 

· Anticipar errores comunes.

 

"El oficio del salón" aplica recetas específicas obtenidas de observar y desmenuzar las mejores prácticas de los mejores maestros.

 

Por ejemplo, la revista británica cita las 62 técnicas de Doug Lemov. Tienen nombres pegadores, como "estíralo", "no pidas perdón", "empieza con el final". O una de mis favoritas, la 26: todos escriben (vea un video en nuestros sitios).

 

La premisa de esta técnica yo la he comprobado: escribir algo antes de discutir o exponerlo ayuda a tener mejores ideas. Bien dice Lemov: "reflexionar antes de convertir pensamientos en palabras da la oportunidad (al estudiante) de participar con mejores ideas y lograr mayor confianza".

 

El también autor del libro "Enseñar como Campeón" asegura que para llegar a ser experto en enseñar bien (y en cualquier cosa) se requieren tres cosas: práctica, práctica y práctica. Igualito que en los deportes.

 

"La forma como Roger Federer golpea un revés es el resultado de incontables horas de práctica y análisis. Al encontrar una falla en su juego (un gran atleta) la desmenuza en partes y trabaja en la ejecución de pequeños cambios", explica una nota reciente sobre la revolución educativa en el diario The Guardian.

 

Sólo con un sistema ingenieril para mejorar a los maestros se pueden obtener grandes alumnos que contribuyan poco a poco a mejorar a un país (relea "Los dos Méxicos").

 

El rotativo británico es contundente: "la globalización incrementa la presión para que los sistemas educativos mejoren".

 

Esta verdad indiscutible es para México una tragedia. Mientras que países desarrollados buscan potenciar su calidad educativa, nosotros estamos atascados en el primer paso. Condenados a verle las suelas a los que van a ganar la carrera.

 

EN POCAS PALABRAS...

 

"El maestro hace la diferencia, no el salón de clases".

Michael Morpurgo, autor inglés

 

Jorge A. Meléndez Ruiz

benchmark@elnorte.com

Twitter: jorgemelendez


sábado, julio 09, 2016

 

Claudicar por hartazgo

Las protestas se extendieron y masificaron. Los maestros por salir de vacaciones, y en lugar de mejorar sus materiales escolares o prepararse para el siguiente año escolar, decidieron marchar bloqueando las vías de comunicación.

 

Qué bueno que se manifiesten, qué malo que violen los derechos de millones de mexicanos en el camino. Qué bueno que en el País se respeten los diferentes puntos de vista y sus expresiones, qué malo que los maestros no tengan puntos de vista para mejorar la educación.

 

Qué bueno que se busque medir la calidad de la educación, qué malo que muchos maestros no quieran ser evaluados. Qué bueno que exijan, qué malo que no den nada a cambio.

 

Tenemos hoy muchos Estados sufriendo pérdidas económicas y sociales por las marchas y protestas de los maestros buscando proteger un sistema educativo con privilegios.

 

México ocupa el lugar 53 de 64 países evaluados en PISA. La mitad de todos los alumnos de primaria no entienden lo que leen y no pueden efectuar operaciones aritméticas simples. Alumnos que no funcionarán de manera efectiva para mejorar al País en pocos años.

 

El futuro de un país reside en su calidad educativa, no en su sistema educativo. Ésa fue la esencia de la reforma educativa que todos los partidos políticos aprobaron en febrero de 2013. Una que permitiera, como dice el decreto, "el ingreso al servicio docente mediante concursos de oposición que garanticen la idoneidad de los conocimientos y las capacidades de los docentes".

 

Una reforma que modernizaría el servicio profesional docente, crearía un sistema de evaluación educativa independiente, un sistema de información y gestión educativa y escuelas de tiempo completo, entre otras cosas.

 

Lo más importante de esta reforma fue mejorar la calidad educativa, permitiendo evaluaciones constantes que ayudaran a guiar una mejora medible y continua. A nadie le gusta ser evaluado, pero no existe otra forma de mejorar si no se miden con objetividad avances o retrocesos.

 

No importa si abundan análisis de que la implementación está fallando, o que no se tomaron en cuenta las opiniones de algunos maestros. Tampoco importa que los Estados del País tengan o no la capacidad para administrar a sus maestros, o que no haya más recursos para las escuelas.

 

Los maestros que se oponen a ser evaluados es porque no son maestros, son simples empleados de un sistema de favores y corrupción, muy distinto al que imaginó José Vasconcelos. Por eso no les importa violar los derechos de los demás, ni fallarles a sus alumnos.

 

Lo que ahora estamos padeciendo es precisamente lo que algunos políticos en campaña llaman la oposición de intereses económicos y grupos oscuros del poder.

 

Pero desafortunadamente este político tabasqueño no está viendo que los verdaderos intereses económicos que no quieren a México son los intereses de estos maestros pertenecientes al SNTE o la CNTE, que hoy amagan al Gobierno para rechazar una reforma que no conviene a sus intereses económicos oscuros del sistema educativo, que ellos han secuestrado para su propio beneficio.

 

Ahora entendemos que el valor de la representación de los maestros para mejorar sus capacidades y métodos pedagógicos que ostentan los sindicatos de maestros, en la realidad es y siempre ha sido simple retórica.

 

Se trata de robarle a México más presupuesto para seguir contratando marchistas y quejosos en lugar de maestros dispuestos a formar el futuro del País. Se han acostumbrado a pactar con el Gobierno para no esforzarse más y siempre de espaldas a la sociedad, a los padres y a los estudiantes.

 

Me parece que nuestro sistema educativo no tiene una vocación para mejorar y nuestro hartazgo está claudicando frente a este grupo de maestros que prefieren vivir con un sueldo, pero en la ignominia, que forjar un mejor país como muchos queremos.

 

Disculpen, por favor, todos aquellos buenos maestros que conozco y que incluso me han escrito a favor y en contra de mi postura sobre el magisterio.

 

Vidal Garza Cantú

vidalgarza@yahoo.com

Es director de Fundación FEMSA, AC. Profesor en la Escuela de Graduados en Administración Pública y Política Pública del Tec de Monterrey. Licenciado en Economía por el ITESM. Licenciado en Derecho por la UANL. Maestro en Políticas Públicas por Universidad de Harvard y Doctor en Políticas Públicas por la Universidad de Texas en Austin.

 

Leer más: http://www.elnorte.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=92436#ixzz4DxvHn55v  

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