viernes, noviembre 01, 2019

 

El relato del fracaso

Hay que reconocer que la mañanera del miércoles, si no algo inédito, sí resultó un ejercicio de comunicación notable, orquestado por los gurús de la narrativa de la Cuarta Transformación, en donde el Secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval, presentó un "cortometraje" para contar la versión oficial del operativo fallido en el que las Fuerzas Armadas terminaron rindiéndose ante el narcotráfico en Culiacán el pasado 17 de octubre.

 

El General Cresencio Sandoval no escatimó en detalles y apoyos visuales para explicar lo sucedido, a través de una amplia cronología que inició en la solicitud de extradición del presunto narcotraficante por parte del Gobierno de Estados Unidos, y concluyó en la decisión colegiada por parte del Gabinete de Seguridad de abortar la operación y liberar al hijo de "El Chapo" Guzmán.

 

La estrategia de la referida mañanera fue muy clara: saturar con detalles, ampliar la cronología de los hechos mucho más allá del Día D, para intentar que no se centrara la atención en las horas críticas y en el hecho concreto de la decisión de cancelar la operación. Fue un relato vistoso, y hasta cierto punto convincente, para justificar el resultado final del operativo: un rotundo fracaso.

 

La explicación parecía la del presidente de una compañía en la que se hablaba de todas las bondades de ésta, la capacidad y entrega de los colaboradores, la trascendencia de una misión importante y los pasos para concretarla, para después explicar que algunos factores externos muy críticos que no estaban previstos obligaron a abortarla.

 

El Presidente López Obrador salió desde luego a defender la narrativa y a criticar a todas aquellas voces que cuestionaban la decisión de replegar a las Fuerzas Armadas ante la respuesta violenta del Cártel de Sinaloa.

 

"Hay forma de garantizar la paz, en la que podamos resolver los problemas sin violencia, que no se violen los derechos humanos, que se use de manera regulada la fuerza, que sea en legítima defensa, que no haya ese afán autoritario y fascistoide que prevalecía", señaló.

 

Se sostuvo en que la 4T representa un Gobierno humanista y que la inseguridad no se combate con la violencia. Días después del fracaso de Culiacán, el Presidente habló inclusive del cristianismo, al que prácticamente comparó con su proyecto político, al decir que el cristianismo es amor, justicia social y humanismo. La misma "doctrina" que su Gobierno, y en la cual se basó para tomar la decisión de claudicar ante la delincuencia organizada en Sinaloa.

 

El Presidente ataca a todo aquel que lo cuestiona por lo sucedido el 17 de octubre, acusándolo de ser poco humano, al desestimar que si el operativo se hubiera concluido hubieran muerto muchas personas. El dilema no es ése.

 

Ningún crítico del Presidente anhelaba un derramamiento de sangre inocente, sino eficacia y contundencia para atrapar a los criminales, más allá de discursos moralizantes y falaces.

 

Es la postración ante los delincuentes y la falta de una estrategia eficaz en materia de seguridad lo que seguirá suscitando miles de muertes en México, no la acción contundente de los cuerpos de seguridad, que para eso están, para poner orden y garantizar la paz en un marco de legalidad.

 

El Presidente sigue hablando de los muertos de Calderón y del fracaso de Peña en materia de seguridad, pero tal parece que su discurso de "abrazos, no balazos" nos ha llevado a un escenario mucho peor que el de Gobiernos anteriores.

 

Es cierto que por un operativo fallido no se puede juzgar la estrategia de seguridad de un Gobierno, el problema es que en este caso no se aprecia ninguna estrategia, sí en cambio, un discurso de amor y paz que sólo tendría dos explicaciones posibles: un mesianismo delirante o un pacto de impunidad de la 4T con algunos grupos criminales.

 

Guillermo Velasco Barrera


domingo, octubre 27, 2019

 

Para entender al populismo

La retórica de la postverdad de aquellos líderes populistas que enarbolan una sarta de mentiras para llegar al poder o mantenerse en él es, a primera vista, caótica. Cada uno de esos líderes parece buscar soluciones propias a problemas diferentes.

 

En las últimas semanas, Trump trató de disfrazar como un triunfo diplomático uno de los peores errores de su Gobierno: el abandono de los kurdos -aliados tradicionales de Estados Unidos- a su suerte.

 

En Polonia, Jaroslaw Kaczynski, cabeza del partido populista Ley y Justicia, usó los muchos medios de comunicación que controla para convencer a los polacos de que la mayor amenaza para la supervivencia del país es la comunidad lésbico-gay.

 

En Gran Bretaña, el Gobierno de Boris Johnson se empeñó en disfrazar un acuerdo de última hora, lleno de huecos, con la Unión Europea como la receta perfecta para solucionar el dilema de Brexit.

 

Y en México, López Obrador ha adoptado, de plano, un "doble lenguaje" -el doublespeak orwelliano- donde las manifestaciones de oposición son "provocaciones", los ataques del crimen organizado son "lamentables accidentes", aplicar la ley es "represión", y la violencia legítima que el Estado debe usar para garantizar la seguridad de sus gobernados es una idea "conservadora".

 

En horas, convirtió un operativo militar fallido, que hundió a Culiacán en la violencia y culminó en el triunfo del narco sobre el Estado, en una "operación humanitaria".

 

El hecho de que el caos sea sólo aparente y que los líderes iliberales que pululan en el mundo usen los mismos medios y compartan aparentemente los mismos objetivos, ha puesto a pensar a muchos para descifrar los cómos y los para qué de esos movimientos populistas. Han descubierto que hay, en efecto, un patrón de acción política común.

 

La mentira es uno de sus cimientos. El modelo es una exportación rusa. Peter Pomerantsev, que conoce el fenómeno de cerca, escribió hace poco ("Rudy Giuliani...", NYT) que Rusia abandonó hace mucho la pretensión soviética de presentar sus enredados análisis ideológicos como factuales.

 

Uno de los estrategas de Putin antes de la elección del 2000 descubrió que las ideologías, en Oriente y Occidente, habían desaparecido y que los viejos roles sociales y las categorías políticas se habían vuelto cascarones vacíos. Su receta, que adoptarían los brexitistas y Trump en el 2016, fue fundir a grupos de interés diversos y resentidos y convencerlos, a través de la propaganda, que formaban parte de "una mayoría": un pueblo imaginario.

 

La manipulación de los medios que el Gobierno de Putin había tomado por asalto inventó una nueva y eficaz estrategia alternativa: no había que pretender nada. Lo único importante era sembrar la duda y la confusión. Bien sazonadas con una dosis de teorías conspiratorias y enemigos inasibles, pero poderosos, para crear un escenario tan oscuro que llevara a muchos a añorar (y votar, porque estos regímenes siguen convocando a elecciones), por un líder fuerte.

 

El modelo se sostiene también (Simon Kuper, "Sects, lies...", FT) porque muchos de los partidos de las democracias liberales se han vuelto sectas. Han sido tomados por grupos de creyentes, que se sienten elegidos y defienden a sus líderes y sus creencias irracionales por encima de la ley y de las instituciones democráticas a las que desprecian. Tienen, claro, sus "propios datos".

 

Los dos grandes partidos británicos, el republicano en Estados Unidos y Morena en México, no son organizaciones políticas democráticas, son sectas.

 

¿Qué buscan? Pocos lo han definido mejor que el gran escritor Simon Schama ("Who speaks...", FT). Lo que estos movimientos populistas quieren es cambiar el locus de la soberanía popular, de las instituciones representativas a una comunión intuitiva entre el líder carismático y los ciudadanos. Transformación orquestada en reuniones de los resentidos, el griterío que escenifican en las redes y en programas adulatorios y propagandísticos en los medios.

 

Han tenido más éxito en países pobres o aislados, con una cultura política autoritaria como Rusia, la Polonia rural y buena parte de México, pero muchos han empezado a resquebrajarse. No son invencibles.

 

Isabel Turrent


sábado, octubre 26, 2019

 

Crecimiento, Sr. Presidente

México, otrora la economía más grande de América Latina y el modelo a seguir de muchos países sudamericanos, ahora luce diluido, sin rumbo y falto de pensamiento estratégico.

 

Nuestro País está desvinculado de América del Sur y mira sólo hacia el Norte; amarrado con Estados Unidos y Canadá en su papel de maquilador y subcontratista. México ha demostrado poca capacidad para crear marcas propias, desarrollar canales de distribución e invertir en propiedad intelectual y diseño.

 

Políticamente, el Gobierno de México es visto por los medios internacionales como populista. AMLO se sigue acomodando en el puesto y su arma más potente es el carisma y el uso de símbolos, pero aún no decide utilizarlos para liderar un movimiento hacia el crecimiento económico.

 

Sí, el crecimiento económico. Repito, el crecimiento económico. Éste debe ser su foco y el principio guía de nuestro País.

 

Creo poder imaginar el conflicto tan grande de prioridades que debe enfrentar un Gobierno. ¿Qué es primero? ¿La seguridad, la pobreza, la educación, la delincuencia, el avance tecnológico, la regularización de la economía informal, la investigación, el turismo, la manufactura, los servicios?

 

Y la tentación a decir que todo es prioritario es grande, pero también es una receta para la mediocridad.

 

Si todo es importante, nada acaba por ser importante; si no hay renuncia, no hay estrategia; si no hay priorización, no puede pasar nada diferente.

 

Señor López Obrador: véndanos un sueño de crecimiento y enfoque al Gabinete hacia esa meta. Usted ya implementó una buena parte de sus ideas con fines sociales, y esto está bastante bien, pero se le ha olvidado que las clases sociales bajas también progresan al estar invertidos en una ola de crecimiento y que pueden ser altamente beneficiadas.

 

La meta de México tiene que ser el crecimiento económico. Si la economía crece, crecen los empleos, la educación, la inversión, el pago de impuestos y la riqueza en general. Si hay crecimiento y oportunidades, la gente deja de estar a la defensiva y busca subirse a la ola de progreso.

 

Con un crecimiento sostenido se alinean los factores económicos y la población se reenfoca a sectores rentables, de alto potencial y no se diga legales. Y también crece algo que es clave: la autoestima nacional y la expectativa de logro. Para qué perseguir el american dream si tenemos todo para crear nuestro mexican dream.

 

El crecimiento es algo medible y con impactos directos en sus ciudadanos. Cowen, de la Universidad George Mason, afirma que a un crecimiento anual de 5 por ciento, los estándares de vida se duplican aproximadamente cada 14 años.

 

La meta de México tiene que ser el crecimiento; tiene que ser su obsesión, su narrativa predominante, su principal noticia, su máxima referencia y plan a cumplir.

 

Si la meta de México fuera crecer, la agenda automáticamente quedaría establecida y alineada: ¿Cómo vamos a crecer? ¿Dónde somos más competitivos? ¿Qué sectores son los de mayor crecimiento? ¿Cuáles nos están frenando? ¿Qué decisiones se tienen que tomar para catalizar el crecimiento? ¿A qué tenemos qué renunciar?

 

Una meta concreta unifica criterios, establece una visión y asigna recursos. Una meta bien vendida, nos haría cambiar el discurso de Nación y hablaríamos menos de violencia, política estéril y trivialidades. Queremos hablar de éxito, de progreso, de mejorar el nivel de vida de nuestra familia, de triunfar. Queremos estar orgullosos de crecer con México.

 

Si en México no crecemos, decrecemos; si no construimos, nos autodestruimos; si no tenemos un rumbo claro y medible, caemos en la inercia, cedemos a fuerzas inferiores y nos perdemos en lo irrelevante.

 

Horacio Marchand


 

Sin crecimiento

"Sin un crecimiento y progreso continuos, palabras como mejoría, logro y éxito no tienen sentido". Benjamin Franklin

 

El Presidente López Obrador ha dejado ya de afirmar que tiene otros datos y que la economía crecerá 2 por ciento este año. Su argumento ahora es que el crecimiento no es relevante, que lo que realmente importa es el desarrollo.

 

También ha señalado que el País no se encuentra en recesión, lo cual hasta ahora es cierto, pero empiezan a registrarse cifras que sugieren que puede estar entrando a una fase de contracción.

 

El índice global de actividad económica, un adelanto del Producto Interno Bruto trimestral, tuvo un descenso de 0.4 por ciento entre agosto del 2018 y el mismo mes del 2019. Según este índice, la economía ha estado estancada, o con ligeros descensos, desde septiembre del 2018. El sector secundario, o sea, la industria, ha tenido el peor desempeño, con una baja anual de 1 por ciento.

 

La construcción, una de las actividades industriales más importantes, se está desplomando. El valor de la producción de las empresas constructoras cayó 10.2 por ciento anual en agosto.

 

Las empresas han tratado de aguantar lo más posible y sólo han recortado 4.2 por ciento de su personal (Inegi); pero, si no hay un repunte, los despidos se volverán generalizados. Con el efecto multiplicador de la construcción, podría haber un impacto negativo importante en la economía nacional.

 

El Presidente dice que vamos muy bien porque sus políticas sociales están repartiendo riqueza y por lo tanto la gente está más feliz. Ha usado para demostrarlo la encuesta de bienestar autorreportado del Inegi que, efectivamente, muestra una mejoría en el actual Gobierno.

 

López Obrador es un magnífico comunicador, que ha logrado generar un ánimo de optimismo después de años de pesimismo. Quizá su constante insistencia de que "Vamos bien" está permeando entre la población.

 

Pero el optimismo es siempre frágil y depende mucho del desempeño de la economía. El Gobierno, es cierto, ha repartido dinero en grandes cantidades a adultos mayores y a quienes se han inscrito en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Quienquiera que reciba dinero del Gobierno se sentirá satisfecho y optimista, pero el problema es que las dádivas no generan ni crecimiento ni desarrollo. Si el desempleo aumenta, y los ingresos de las familias bajan, el resultado final será una gran decepción.

 

El Presidente ha tomado la decisión de prestar menos atención al crecimiento económico y concentrarse en repartir riqueza. Puede haber razones para esta decisión.

 

López Obrador ha expresado su convicción de que enseñar a pescar en lugar de regalar pescado es una idea neoliberal. Los pobres son como animalitos, dijo en marzo: "Ni modo que se le diga a una mascota: 'A ver, vete a buscar tu alimento'. Se les tiene que dar alimento, pero en la concepción neoliberal, todo eso es populismo, paternalismo".

 

El problema es que los pobres no son animalitos, ni una economía puede prosperar sólo repartiendo recursos. Alguien tiene que generar la riqueza. Para eso se necesita inversión, actividad económica productiva y crecimiento.

 

Por lo pronto empiezan a apreciarse ya los resultados de una política económica que busca repartir antes que producir. La economía está estancada y una actividad tan importante como la construcción está cayendo de manera alarmante. Por eso es urgente que el Presidente entienda que para repartir primero hay que producir.

 

BLOQUEO

Desde el lunes 21 de octubre están bloqueadas nuevamente las vías de ferrocarril que salen de Lázaro Cárdenas, Michoacán. Ahora lo han hecho unos 80 normalistas de la Escuela Normal de Tiripetío que piden plazas magisteriales. Las pérdidas son de unos 50 millones de pesos diarios. El bloqueo es un delito federal, pero el Gobierno ha decidido no intervenir.

 

Sergio Sarmiento


 

Tres dificultades que vienen

Percibo tres problemas que impactarán a México: la imposibilidad para el País de crecer más, la desconfianza en las instituciones, que se traduce en problemas para gobernar, y la crisis de los partidos políticos que inhabilitan la interacción de la sociedad con sus aspiraciones.

 

El Fondo Monetario Internacional recortó la semana pasada las expectativas de crecimiento para la economía mexicana que había anticipado en julio. Ahora nos sitúan en un crecimiento de tan sólo 0.4 por ciento este año y 1.3 por ciento para 2020.

 

Vale señalar que el FMI también bajó la expectativa de crecimiento del mundo de 3.2 a 3 por ciento para este año.

 

Es decir, México, siendo la treceava más grande economía del mundo, y la tercera entre las emergentes, está creciendo siete veces menos rápido que el resto de los países.

 

Para el FMI, el crecimiento de México se desaceleró bruscamente durante el primer semestre del 2019 debido a la elevada incertidumbre política, decisiones contradictorias del Gobierno y la baja ejecución del presupuesto.

 

No hay otra salida para este problema: para crecer más necesitamos invertir más. El 80 por ciento de la inversión en México es de los empleadores mexicanos. Un 13 por ciento lo conforma la inversión extranjera directa y el restante 7 por ciento viene de la inversión pública que el Gobierno realiza con nuestros impuestos. Sin poder impulsar una mayor inversión, es inútil hablar de que México crecerá.

 

El segundo problema es el aumento en la desconfianza en las instituciones. Si se pierde la confianza de la sociedad con las autoridades y viceversa, menos tendremos crecimiento inclusivo. Hoy parece que se respeta a los que piensan como el actual régimen y no a los que difieren.

 

Esta pérdida de respeto entre nosotros produce menos ciudadanos, menos deliberaciones justas, menos políticas públicas sensatas, impunidad selectiva y un peor sistema de impartición de justicia.

 

El Índice de Estado de Derecho en México 2018 de The World Justice Project (WPJ) presenta datos incluso de la disparidad entre los Estados de México. En una escala de 0 a 1, Yucatán aparece como el mejor evaluado con 0.45, mientras que Guerrero es el peor rankeado con 0.29.

 

A nivel mundial, con la misma métrica, Dinamarca se colocó a la cabeza con 0.90 y el peor fue Venezuela con 0.28, muy cerca de Guerrero, por cierto.

 

La debilidad de la gobernabilidad ha expuesto frustraciones y división entre la sociedad. Recientemente, en América Latina los Gobiernos han buscado reformas y ajustes fiscales para obtener mayores ingresos y estabilidad. Esto ha desatado olas de inconformidades como las provocadas por el aumento de las tarifas del Metro -sumadas a otras demandas ciudadanas- en Chile o la decisión de Ecuador de poner fin a los subsidios en gasolina, reflejando la fragilidad de las autoridades para gobernar y la poca tolerancia de la sociedad ante los cambios racionales.

 

En Brasil, el saldo es positivo con una reforma a pensiones que le liberará importantes recursos al Gobierno para invertir.

 

Este panorama de fragilidad está permeando en los partidos políticos que hoy viven una crisis de propósitos e identidad, y que en México se refleja con las 80 solicitudes de nuevos registros.

 

Seguramente, muchos nuevos partidos obtendrán su registro y, aunque pudiera ser positivo para la democracia y la competencia, me parece muestra de la nula capacidad de construir consensos y liderazgos por el verdadero quehacer de este País.

 

Para enfrentar estos tres problemas, necesitamos ciudadanos comprometidos con generosidad y solidaridad, y un Gobierno honesto, eficiente y que cumpla la ley. Ciudadanos capaces de ayudar a su país más allá de sus responsabilidades directas. Gobiernos capaces de tomar decisiones que no destruyan valor y ayuden a mejorar las condiciones de todos no de unos cuantos.

 

Vidal Garza Cantú


domingo, octubre 20, 2019

 

El presidente frente al mal

Para caracterizar la naturaleza del mal, el Presidente López Obrador no recurre a los marcos legales de una república sino a la esfera religiosa, en particular a dos de los Diez Mandamientos: "No mentirás", "No robarás".

 

Extrañamente, en su discurso aparece poco el precepto que, desde el origen, norma la vida en sociedad: "No matarás". ¿Cómo operan, en la práctica, sus creencias?

 

"No mentirás". Aunque el Presidente solía repetir que no miente, en tiempos recientes ha dejado de mencionarlo. Su diaria exposición de los problemas del País no se caracteriza por la sencilla y sincera confrontación de la verdad sino por la imprecisión, la evasión, el silencio, el insulto o la descalificación de quien lo cuestiona, y sí, la mentira.

 

En la era de las "fake news" puede parecer normal que declare tener "otros datos" y que su público cautivo los avale, pero un sector creciente de la opinión sabe que esos datos alternativos son demostrablemente falsos. En los tiempos actuales no hay mentira impune.

 

"No robarás". La corrupción (entendida como el uso privado de los recursos públicos) ha sido la llaga mayor de nuestra vida pública y es loable la voluntad de enfrentarla, pero no basta la prédica moral del ejemplo o la palabra.

 

La única vía probada es la denuncia de la prensa independiente, la información de instituciones autónomas de transparencia y la acción de un aparato judicial independiente, tres entidades que López Obrador -para decirlo con suavidad- desestima.

 

Por lo demás, la discrecionalidad de varias decisiones de política pública (concesiones, nombramientos) y la presencia en su entorno de figuras emblemáticas de la corrupción (no solo económica sino sindical, política y electoral) restan credibilidad a sus empeños.

 

"No matarás". Como si se tratara de un mandamiento incómodo, el Presidente suele eludir la palabra "criminales" o "asesinos".

 

En alguno de sus exhortos se refirió eufemísticamente a "las personas que se dedican a esas actividades", como niños traviesos que merecen la reprimenda de las madres y abuelas por haber hecho algo malo o, mejor dicho, maloliente, que produce asco.

 

El Presidente no cree en la existencia intrínseca del mal (en particular del mal extremo, el asesinato). El Presidente cree que todo asesino es una víctima del orden social.

 

Por eso declaró que le "conmueven" las condiciones carcelarias del Chapo Guzmán, por eso tuvo expresiones de misericordia con sus familiares.

 

En cambio, frente al dolor de las víctimas -como aquella madre desconsolada que se postró a sus pies para implorar por su hijo desaparecido, o los deudos de policías y soldados asesinados- el Presidente muestra una retracción sombría.

 

De este extraño concepto del mal se desprenden consecuencias. La gradación del mal se ha invertido: el robo resulta más grave que el asesinato.

 

Por eso la defraudación fiscal -sin duda punible- se ha elevado potencialmente al rango del crimen organizado.

 

Por eso el verdadero crimen organizado se ha degradado al nivel de una mala crianza que se resuelve con admoniciones espirituales.

 

Otra derivación es el modo de combatir el mal. Abrazos, no balazos. Lo que nunca ha ocurrido en la historia humana ocurrirá en México.

 

La pauta legal que castiga el crimen desde el Código de Hammurabi hasta las constituciones vigentes en todo el mundo se detiene en la Cuarta Transformación.

 

Vivimos una Nueva Era que algún día borrará la injusticia social, raíz del mal. Entonces no habrá criminales. Entonces seremos felices. Mientras tanto reina la impunidad.

 

A partir de esa premisa se entiende que el Ejército, la institución más querida y respetada de los mexicanos, esté siendo desvirtuado en sus labores esenciales, tentado por una tajada de poder (y, no nos engañemos, de dinero) y dedicado a la valiente tarea de defender el suelo patrio de esos peligrosos "masiosares", esos extraños enemigos que son los migrantes centroamericanos.

 

A partir de esa premisa se entiende que la fuerza pública se doblegue no solo ante el crimen organizado sino ante el crimen desorganizado, el que ocurre en las calles y las plazas del País, donde los delincuentes comunes han entendido que tienen carta blanca.

 

El Presidente López Obrador está a tiempo de reconocer que el mal radical existe en sí mismo, al margen de determinaciones sociales, que tiene grados, y que es irreductible por cualquier otra vía que no sea la del Estado de derecho.

 

La inmensa mayoría del País, gente buena que no roba ni mata, lo agradecería.

 

Enrique Krauze


 

Incentivos y consecuencias

La señal que lanzó el Gobierno de México con el repliegue en Culiacán, no abona a la narrativa de un país donde impere el Estado de derecho. Salvó vidas, sin duda, falta saber a qué costo.

 

Rescato la autocrítica de algunos actores de la autollamada 4T que reconocen errores en el operativo. Preocupa que el líder siga creyendo que "vamos muy bien" y que asuma cualquier insinuación de que no es así como crítica opositora.

 

¿Para qué quiere AMLO una Guardia Nacional si con el argumento del mal menor, no la va a usar? Otorgar patente de corso a los narcos para que trabajen para el País, seguramente también salvará vidas.

 

Vivimos una paradoja. El Presidente y el Gobierno federal se equivocan de enemigos.

 

Por un lado, son suaves con los criminales y les hacen exhortaciones morales que son motivo de burla popular en varios sectores de la población, y por otro lado se muestran amenazantes, implacables contra las empresas y los empresarios vía una política fiscal que equipara ciertos delitos fiscales con la delincuencia organizada, sin mediar juicio de por medio.

 

Cualquier narcotraficante tiene derecho a un juicio justo antes de ser condenado, un empresario que haya cometido fraude con facturas falsas, no.

 

Aplaudo el objetivo de incrementar la recaudación y disminuir o erradicar la defraudación fiscal, me cuesta trabajo creer que la batería legal del Estado se apunte con prepotencia contra quienes arriesgan su patrimonio para crear empresas que producen fuentes de trabajo y en muchos casos tienen iniciativas sociales que contribuyen a una mejor sociedad y desarrollo económico.

 

¿Qué hay de la inmensa mayoría que vive bajo el cobijo de la economía informal? ¿Por qué el Estado parece sólo ver a los contribuyentes cautivos?

 

Todo grupo social opera con un sistema de incentivos y consecuencias, algunos del orden natural (toco un cable, sin aislamiento, cargado de corriente eléctrica, recibo una descarga; no es negociable), otros salidos de la mente del ser humano para una mejor convivencia (Yuval Noah Harari las identifica como creaciones ficticias, es decir, son narrativas ajenas al orden natural) como el concepto de nación, el Estado, la ley, la religión.

 

Estos incentivos y consecuencias forman un gran marco de actuación para las personas, donde el Estado tiene como primerísima función la seguridad de sus ciudadanos, y estos a cambio deben contribuir para que el Estado tenga los recursos necesarios.

 

Cuando los incentivos y las consecuencias se invierten, el Estado tiende a tener más de lo que no quiere y menos de lo que sí quiere.

 

Al lanzar una señal al mundo de que en México se imponen los criminales (y la consecuencia que reciben es un "¡fuchi, guácala!") la inversión extranjera y el turismo no tienen incentivos para venir.

 

Al ponerles la pistola del SAT en la sien a los empresarios, no se tienen los incentivos para abrir más empresas y generar más fuentes de trabajo.

 

Por otro lado, los grupos criminales tienen ahora más incentivos para seguir delinquiendo, y quienes están en la economía informal tienen más incentivos para seguir ahí, sin pagar impuestos.

 

Necesitamos cambiar las condiciones de vida de muchos mexicanos para evitar estos incentivos: "Tus lágrimas seca, muchacho,/ pronto vas a acostumbrarte./ Tus manos están temblando/ como cualquier principiante. / Las calles han sido tu escuela/ y el vandalismo tu vida./ Pasaste hambres y tristezas,/ la mafia ahora es tu familia". (Fragmento, El niño sicario, Calibre 50).

 

Imagino un pacto nacional por la legalidad y el progreso para cerrar filas con el Presidente López Obrador, donde éste reconoce que necesita escuchar a expertos que hoy desprecia (algunos incluso correligionarios) y promueve cambios legales para que los incentivos estén a favor de que haya más empresarios y empresas, se trabaje en mancuerna para conseguir sus metas de los programas sociales de la mano de Empresas Socialmente Responsables y generamos un círculo virtuoso de empleo y desarrollo económico con mejor distribución de la riqueza.

 

Para que esto suceda, el Presidente y su gobierno deben dejar de ver enemigos donde puede tener aliados.

 

"Plebes que siguen mis pasos,/ voy a darles un consejo./ Valoren familia y trabajo,/ sean hombres de provecho". (Op. cit.).

 

Eduardo Caccia


sábado, octubre 19, 2019

 

¿Realmente se evitaron más muertes?

"eskedeke liberar al hijo del chapo fue la decisión correcta para salvar vidas..."

Esa es la maroma oficial que, desde que el presidente López la dijo en su mañanera de ayer, han repetido sus aplaudidores oficiales (a los que les paga por hacerlo) y los #ternuritas (los #politicolovers que defienden al político en turno como si fuera equipo de fútbol o su religión sin recibir ni un frutsi a cambio).

 

Plantearon un falso dilema (un falso dilema es cuando se reducen las posibilidades existentes a solo 2 para obligar a quien se le plantea a que no había más opciones y forzar a escoger una) de que si no lo soltaban habría ocurrido un derramamiento de sangre.

 

Vamos a aceptar la respuesta como válida. OK, se liberó para no causar muertes. Sin embargo esa decisión plantea algunas responsabilidades previas y posteriores. De entrada, ya se sabe (por boca del propio presidente López) que si fue un operativo oficial y que si hay una orden de aprehensión con fines de extradición. Dicho operativo fallido ya causó 8 muertos, 16 heridos (cifras oficiales que hay que tomar con pincitas porque se habla de muchos más) y +50 reos fugados del penal. ¿Quién es el responsable de esos muertos? ¿Todavía es el borracho de Calderón? #WTF

 

Si ya se sabe que si fue un operativo oficial, mal planeado y peor ejecutado, ¿quiénes son los responsables del fracaso? La orden de aprehensión existe y dejaron ir al criminal. ¿quién es el responsable?

 

Si la responsabilidad de las consecuencias de ésta decisión seguirán siendo de quien la tomó (hoy todavía muchos dicen que el "culpable" de los muertos por el crimen en pleno 2019 todavía sigue siendo el "borracho" de Calderón por haber iniciado "la guerra" hace casi 13 años!!!!!), entonces ¿es válido afirmar que los muertos futuros a manos del cártel de Sinaloa serán culpa del político en turno? Dejaron libre al líder de una organización criminal, ¿no?

 

Finalmente, ¿quién es el responsable de toda la narrativa a nivel bajo mundo y gente sugestionable que ve a criminales como el chapo y sus hijos como héroes? Ya hay narcocorridos festejando que se chingaron al "gobierno", que en Sinaloa el Cártel es quien manda. ¿Cuántos niños y adolescentes se unirán al crimen sugestionados por esa idealización de poder y dinero que les llega por todos lados? ¿Quién es el responsable de actos futuro de terrorismo como los del jueves en Culiacán que serán replicados por otros grupos criminales en otras partes del país que ya saben cómo poner de rodillas al político en turno?

 

#PreguntasCabronas

 

#aguzados #politicolovers con sus maromas, les saldrá el tiro por la culata.


viernes, octubre 18, 2019

 

La guerra continua

La cantidad de elementos desplegados por el cártel de Sinaloa, la velocidad en que lo hicieron, y el tipo de armamento que tienen indican que es una fuerza paramilitar enorme. Si el "gobierno" federal no tiene eso detectado o no se prepararon sabiendo que eso existen, habla pésimo de la capacidad de el "Estado" para actuar así. Literalmente el "gobierno" federal rindió la plaza.

 

En una guerra, porque eso es dado el armamento desplegado y cantidad de efectivos, siempre habrá pérdidas humanas, incluidas las de inocentes. Usar de excusa la protección de vidas para no actuar en el mandato de Ley es una pésima excusa de parte de quien juró cumplir y hacer cumplir la Ley.

 

Si el "Estado" renuncia a su prerrogativa legal de uso legítimo de la fuerza para imponer el orden, pierde toda legitimidad. La razón de pagar impuestos y renunciar a ciertas libertades individuales para que el "Estado" nos provea de seguridad y justicia no existe. Eso es un "Estado Fallido".

 

¿Qué garantías tienen las familias, los ciudadanos, de Culiacán (y muchas otras partes del país) para andar libremente en las calles y no toparse con unos criminales así? Yo tengo 2 hijas, ¿qué garantías tengo de que no las secuestren unos pendejos con AK47?

 

¿A quién le pagamos impuestos ahora, al SAT o a los cárteles?

 

#aguzados #PoliticoLovers


domingo, octubre 13, 2019

 

Paso a paso...

La excusa es la corrupción; la realidad es el control total.

 

Paso a paso, el Presidente consolida su posición, doblega al Congreso y, ahora, a la Suprema Corte de Justicia, a la vez que amedrenta a los distintos sectores relevantes de la sociedad. El mensaje es claro: aquí yo mando.

 

La estrategia es transparente y avanza a marcha forzada. No hay semana en que no haya un nuevo elemento en la construcción del proyecto, ni iniciativa que no avance de manera implacable, al menos en la Cámara de Diputados. Algunos elementos del andamiaje podrían parecer excesivos o innecesarios, pero el mandato es claro: ¡todo! Sin excepción.

 

El camino establecido hasta este momento sugiere que hay dos componentes centrales del proyecto de control: primero, neutralizar cualquier fuente de contrapeso, sea eliminándola, saturándola de empleados del Presidente o matándola por inanición.

 

Y, segundo, manteniendo y nutriendo el apoyo popular a través de la exhibición constante de casos de (supuesta) corrupción, encarcelados cada vez más prominentes y todo el circo que las mañaneras posibilitan.

 

La cuidadosa selección de candidatos a la picota sirve a los dos objetivos: doblega a las instituciones y aterroriza a vastos sectores de políticos, empresarios y líderes sindicales.

 

No es una estrategia nueva. Exactamente lo mismo se hizo a finales de los 80, pero con el objetivo de avanzar las reformas que hoy se quieren cancelar. El problema es que el mundo y México han cambiado tanto en estas décadas que es imposible recrear aquel sueño que anima al Gobierno en la actualidad.

 

Además, como en los 80, la detención de una serie de personas simbólicas no resuelve el problema de la corrupción porque no ataca sus causas y menos cuando la definición de corrupción depende de la cercanía al Presidente.

 

Los circos llegan por una temporada y luego se van porque la gente se asombra al principio, pero luego se harta. Lo mismo ocurre con los circos políticos: tarde o temprano se agotan porque no contribuyen a que mejore la vida diaria.

 

La gran falacia del proyecto de control que diligentemente construye el Presidente es que no conduce más que a la parálisis de la vida política y económica.

 

Sin crecimiento económico es imposible disminuir la pobreza o reducir la desigualdad regional y sin atacar las causas de la corrupción, ésta cambia de forma o de lugar, pero nunca desaparece, lo que, inexorablemente, dañará la credibilidad del Gobierno que se comprometió a combatirla.

 

El caso de la revocación de mandato que se aprobó esta semana es elocuente: con este instrumento cambiará la dinámica de la política mexicana porque llevará a que el Presidente y los Gobernadores estén permanentemente en campaña, en vez de dedicarse a su proyecto, con una mira de largo plazo.

 

Es obvio porqué quiere el Presidente esta pieza de legislación, pues quiere estar la boleta en 2021 o seguir adelante. Lo que no es tan obvio es que, en ausencia de una mejoría económica sustancial, las cosas para entonces sean vistas favorablemente por la ciudadanía como para que lo premie con un voto. Como dice el dicho, uno debe ser cauteloso con lo que desea porque puede salirle el tiro por la culata.

 

La gran diferencia entre los 80 y esta era radica en que los Gobiernos de todo el mundo efectivamente perdieron capacidad de controlar las decisiones económicas de las que depende el crecimiento.

 

Esto no es bueno ni malo, sino la simple realidad del siglo 21 y la razón por la cual todos los países del mundo compiten por atraer la inversión.

 

Todos los proyectos que han dejado de venir a México por la falta de certidumbre que emana del Gobierno se dirigen a otras partes, a países que en lugar de negar la evolución del orbe compiten por aprovecharla para que sus poblaciones prosperen. La pregunta es si el Gobierno tendrá la disposición de aceptar esta circunstancia.

 

Los nuevos personeros privados del Gobierno podrán pensar que atemperan el ánimo del Presidente o moderan su agenda, pero la realidad es que no hacen más que representarlo y convertirse en parte integral de la estrategia y, por lo tanto, de lo que venga en la economía.

 

Hay salidas, pero éstas requieren certidumbre para los inversionistas, lo que es incompatible con la centralización a ultranza del poder. Así de simple.

 

A pesar de ello, el mensaje es claro y se repite cada mañana y sólo quien se autoengaña puede ignorarlo: las reglas del juego ya cambiaron y se medirán por sus resultados.

 

Luis Rubio


lunes, octubre 07, 2019

 

¿Huachicol blanco?

"Los impuestos son un robo, simple y llanamente, aunque es robo en una gran y colosal escala que ningún criminal reconocido podría alcanzar". Murray Rothbard

El presidente López Obrador declaró el 20 de mayo, al firmar el decreto para eliminar las condonaciones fiscales, que esta práctica "es como un huachicol de cuello blanco que se va a eliminar. Es acabar con privilegios fiscales".

 

Según Margarita Ríos-Farjat, jefa del Sistema de Administración Tributaria, entre 2007 y 2018 se condonaron casi 400 mil millones de pesos, a valor actual, a 153,530 contribuyentes. Hoy sabemos que entre los beneficiarios se encuentran Yeidckol Polevnsky, actual presidenta de Morena, con 16.4 millones de pesos, y Ana Gabriela Guevara, la titular de Conade, con 9.6 millones de pesos. Ninguna admite haber realizado un robo, sino que explican que las condonaciones se originaron en errores de sus contadores.

 

Nadie puede objetar la eliminación de privilegios fiscales, todos debemos ser iguales ante la ley; pero es un error equiparar el huachicol a una condonación fiscal, aun cuando se tratara de una evasión, que no lo es. "El ladrón despoja la legítima propiedad ajena -me dice un empresario-. El creador de riqueza concede pagar como impuestos algo de lo que produce en aras del bien común. El creador decide pagar al vivir aquí... porque puede vivir en otra parte. Por lo tanto, elige pagar de manera voluntaria lo que indica la ley".

 

Las condonaciones han sido mecanismos, quizá ineficaces, con los que los gobiernos han tratado de enmendar errores de contadores o incrementar la recaudación. Son el resultado de una pésima arquitectura fiscal en la que se cobran impuestos muy altos de manera muy complicada y sin otorgar servicios públicos equivalentes.

 

Las tasas fiscales en México son muy altas. La baja recaudación no es producto de ellas, sino de que el 56.6 por ciento de la población trabaja y hace negocios en la economía informal. El impuesto corporativo es de 30 por ciento, a lo que habría que sumar 10 por ciento de reparto de utilidades y 10 por ciento al retirar dividendos. En contraste, Noruega y Dinamarca cobran 22 por ciento, Suecia 21.4 por ciento, el Reino Unido, Suiza y Polonia 19, e Irlanda 12.5. El promedio de los países de la OCDE, las naciones ricas del mundo, es de 23.35 por ciento; el de Europa, de apenas 19.35 (KPMG).

 

Estados Unidos tenía hasta 2017 una tasa corporativa federal de 35 por ciento, la cual se elevaba a 40 por ciento tras considerar los impuestos estatales, pero el país redujo la tasa federal en 2018 a 21 por ciento, que sube a 27 por ciento por los impuestos locales. Esta reducción es en buena medida responsable de que Estados Unidos siga teniendo un crecimiento alto, 2.3 por ciento anual, a pesar de las guerras comerciales de Trump y la desaceleración en el resto del mundo, y de que la tasa de desempleo haya bajado en septiembre a 3.5 por ciento, la más baja desde 1969. Los beneficios de disminuir la tasa corporativa son cada vez más evidentes. El 20 de septiembre la India anunció una reducción de la suya, que era de 35 por ciento en 2018 y 30 en 2019, a 22 en 2020.

 

La inversión productiva es la clave para mejorar la prosperidad, pero se muda con facilidad. Las condonaciones fiscales, más que un huachicol de cuello blanco, son consecuencia de un sistema de impuestos altos y complicados. La solución real es una verdadera reforma fiscal que reduzca las tasas y simplifique el pago. Esto evitaría los "errores de los contadores" y eliminaría las condonaciones de manera natural.

· TAXISTAS

Hoy los líderes de los taxistas del Valle de México buscarán presionar nuevamente al gobierno para prohibir las aplicaciones de vehículos de transporte. Causarán enormes problemas a la población, pero no lograrán detener una tecnología que se impone en todo el mundo.

 

Sergio Sarmiento


sábado, octubre 05, 2019

 

Si se conoce la historia

Ayer escribió Ximena Peredo en EL NORTE criticando, de manera generalizada, a quienes criticamos a Fernández Noroña y a Salmerón por decir que los asesinos de don Eugenio Garza Sada fueron valientes.

Afirma que aquí en NL "falta la visión de los guerrilleros", que "falta leerlos" para entender el contexto en que tomaron sus decisiones.

 

No sé cómo puede asegurar que todos los que criticamos los dichos del legislador y del historiador "renunciado" no conocemos la historia. Al contrario, precisamente porque la conocemos nos indignó que en pleno siglo XXI todavía exista gente que justifique el uso de la violencia, asesinar a otros seres humanos, solo porque tienen una ideología diferente.

 

El uso de la violencia para imponer ideas o religión no está justificado en ningún contexto. Si, es cierto, en los años 70's se vivía lo peor de la represión del PRIato pero muchos se oponían de manera pacífica, como el propio Garza Sada.

 

Pero, por otro lado, los grupos guerrilleros comunistas no buscaban democracia ni libertad. Simplemente querían derrocar al autoritarismo PRIista para imponer un régimen comunista donde tampoco existiría democracia ni libertades. ¿Ese ese el contexto para entender sus decisiones y decir que fueron "valientes"?


domingo, septiembre 29, 2019

 

¿Así quieren el desarrollo?

Las monedas tienen dos lados y, en este momento, la del Gobierno no cuadra.

 

Por un lado, el presupuesto supone una tasa de crecimiento sensiblemente más elevada a la que se experimentó en el año que está por terminar.

 

Para lograr este hito, el propio Gobierno reconoce que sólo se puede lograr una tasa más elevada de crecimiento con inversión privada.

 

Pero, por el otro lado, el Poder Legislativo se la vive aprobando leyes que no solo desincentivan la inversión, sino que la aniquilan. La pregunta es si los dos lados del Gobierno se comunican y entienden las implicaciones de su desencuentro.

 

El planteamiento inherente al presupuesto es por demás sensato: se puede elevar la recaudación y con eso lograr las metas de gasto que propone el Gobierno siempre y cuando se eleve la plataforma de producción petrolera y crezca la economía cerca del 2 por ciento.

 

Muchos han criticado de ilusas estas dos premisas pero, desde el punto de vista de Hacienda, son alcanzables siempre y cuando existan condiciones propicias: a final de cuentas, esos números se han logrado en años anteriores y no hay razón estructural para pensar que no pudiera repetirse.

 

Sin embargo, el actuar legislativo ha venido construyendo un andamiaje que atenta directamente contra la posibilidad de que crezca la inversión: se han aprobado tres leyes que no sólo atentan contra la inversión, sino que ponen en la defensiva a toda la población que paga impuestos.

 

La extinción de dominio entraña definiciones tan laxas y amplias que puede ser aplicada a virtualmente cualquier persona.

 

El cambio en el Artículo 19 constitucional le da poderes tan vastos a la autoridad, que no hay límite en lo que pueda llegar a hacer, independientemente de si sus motivaciones son legítimas o políticas.

 

Finalmente, la legislación en materia fiscal pone contra la pared literalmente a cualquier ciudadano, no sólo a empresarios que adquieran facturas falsas.

 

Por supuesto que el negocio de las llamadas factureras tiene que ser erradicado, pero la ley que se aprobó pone en el umbral de la cárcel a cualquier causante fiscal.

 

Poco a poco, se ha construido el andamiaje de un instrumental formidable que, en manos de una autoridad vengativa o con agenda, puede afectar al conjunto de la población.

 

En su más mínima expresión, permite intimidar a cualquier persona, de cualquier actividad. Es posible que haya un plan maquiavélico de control o que cada iniciativa responda a demandas de distintos grupos dentro de Morena, motivados más por un ánimo revanchista.

 

Yo tiendo a pensar que lo segundo es más probable, pero el asunto es irrelevante porque lo que se ha construido es un instrumental letal para personas, empresarios y, en general, para la inversión.

 

La pregunta es si se trata de un gobierno unificado que se propone modificar la forma de funcionar del País para lograr una mejor distribución del ingreso y erradicar la corrupción y la impunidad o si lo que estamos ante un Estado autoritario en ciernes.

 

De ser lo primero, el objetivo es incumplible porque lo único que se logrará será paralizar a la economía y, por ende, al País.

 

Si es lo segundo, los buenos propósitos presentados en el presupuesto quedan anulados por quienes prefieren la intimidación y la amenaza que la certeza y la viabilidad de largo plazo.

 

Quienes propugnan por la consolidación de un Gobierno autoritario con todos los medios e instrumentos para intimidar y controlar a toda la población, desde el empresario más encumbrado hasta el más modesto campesino, evidentemente parten de la premisa que el Gobierno puede imponer su voluntad y que la población, toda, carece de alternativas.

 

La realidad es muy distinta. Por un lado, los mexicanos más modestos emigran para encontrar las oportunidades de empleo y desarrollo que los políticos y burócratas desde siempre les han negado.

 

Los migrantes votan con sus pies y, en el camino, se lea esto así o no, de facto los censuran y reprueban.

 

Por su parte, las empresas -medianas y grandes- han hecho suyo el mundo.

 

De la misma forma en que Audi o Toyota se instalan en México, empresas mexicanas crecen y se expanden en Alemania y Japón.

 

Un mercado interno insuficiente, en buena medida por la falta de elevado crecimiento y muy pobre desempeño gubernamental, ha constituido un incentivo adicional.

 

El problema para el Gobierno es que parece creer que mayor control va a producir un resultado mejor.

 

La evidencia es exactamente la opuesta: sin confianza ni los campesinos ahorran o invierten.

 

Luis Rubio

www.cidac.org


domingo, septiembre 22, 2019

 

Las obras de don Eugenio

"Cuándo se apreciará al hombre que enseña y no al hombre que mata". Melchor Ocampo

En los recientes alegatos oficiales sobre el asesinato de Eugenio Garza Sada hay una omisión significativa: la del propio Garza Sada.

 

Ignoro si los "valientes jóvenes" que lo asesinaron aquel 17 de septiembre de 1973 sabían quién era y qué había hecho. No sé si las autoridades del INEHRM y otros voceros saben quién fue ni qué hizo, aunque siendo custodios de la memoria deberían saberlo.

 

Pero para eso está la historia, para recordar. Y ahora, más que nunca, importa recordar quién era y qué hizo Eugenio Garza Sada.

 

Perteneció a la Generación de 1915, que en los más diversos campos de la cultura, la educación, la salud, la hacienda pública, la empresa privada, la ciencia y la vida sindical construyó las instituciones de todo orden que, frágilmente, aún nos sostienen.

 

Nacidos a fines del siglo 19, vivieron la Revolución como un vendaval de pasiones, pero también de revelaciones. "¡Existía México!", escribió Manuel Gómez Morin, recordando 1915 como el año en que se perfiló "un nuevo valor de la inteligencia en la vida". Ese valor era la aplicación de la técnica para aliviar el dolor ancestral del pueblo mexicano. La técnica no como instrumental egoísta. La técnica que incorpora a la ciencia "pero a la vez la supera, realizándola subordinada a un criterio moral, a un ideal humano".

 

El joven ingeniero graduado del MIT en 1914, que regresó pocos años después a México a reconstruir junto con don Isaac, su padre, y su hermano Roberto, la Cervecería Cuauhtémoc, participaba de ese mismo espíritu.

 

No es casual que, a raíz de la crisis de 1929, fuese Gómez Morin -creador del Banco de México- quien le sugiriese una inédita emisión de obligaciones que salvó a la empresa y permitió su formidable expansión fincada en cinco estrategias: la sustitución de insumos que provenían del exterior; la promoción de nuevas ideas y avances tecnológicos; la autosuficiencia energética regional; el uso de nuevos instrumentos de financiamiento; la diversificación de nuevas plantas (cajas, etiquetas, corcholatas, malta, empaque, vidrio, acero) (Gabriela Recio Cavazos, "Don Eugenio Garza Sada: Ideas, acción, legado". TEC, 2017).

 

¿Qué tiene que ver todo esto con el criterio moral, el ideal humano? Tiene todo que ver. "El lucro no es renta para satisfacciones egoístas", decía don Eugenio, "sino instrumento de reinversión para el progreso económico y social".

 

Desde los años 20, decenas de miles de empleados de la Cervecería Cuauhtémoc y las empresas que armoniosamente dirigiría con su hermano Roberto, contaban con servicios médicos, educativos, legales, recreativos, de guardería, despensa y vivienda.

 

Con ese mismo sentido, el patriarca estableció programas de capacitación para trabajadores y becas para sus hijos, financió hospicios, construyó las instalaciones de la Cruz Roja, creó el cuerpo de bomberos, creó a los Sultanes de Monterrey y el Salón de la Fama del Beisbol. Su obra cumbre, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, es hoy la universidad privada más reconocida de México en el mundo.

 

Al final de su vida, a sabiendas de que el Estado pretende siempre acotar el valor supremo de la libertad, buscó consolidar una presencia en la televisión. Alevosamente, Echeverría bloqueó su entrada a la prensa.

 

"Por sus obras los conoceréis". Si alguien en México cumplió con el mandamiento evangélico fue Eugenio Garza Sada.

 

Como los estoicos o los primeros cristianos, no dejó libros ni tratados, sino apotegmas y leyendas sobre las virtudes que transmitió a sus hijos: sencillez, cortesía, tolerancia, paciencia, gravedad, precisión, rigor, templanza, veracidad, laboriosidad, modestia.

 

Franciscano natural, dormía en una pequeñísima recámara (bajo un crucifijo, su cama, un taburete, una lámpara, un armario; frente a él, las fotografías de sus padres). Tenía tres trajes oscuros y un sombrero, tocaba el piano en familia, cultivaba su jardín, ponderaba el trabajo manual, era buen mecánico, sabía escuchar.

 

Éste fue el hombre que, a sus 81 años de edad, murió pistola en mano defendiéndose de los "valientes jóvenes" de la Liga Comunista 23 de Septiembre que (con conocimiento del Gobierno, que alentaba la discordia) intentaban secuestrarlo.

 

Los guerrilleros representaban principios que sembraron de muerte el siglo 20. El empresario representaba principios que sembraron vida, y aún florecen.

                                                                                                                                                                                                                            Enrique Krauze


domingo, septiembre 15, 2019

 

La imposible legalidad

La ley lo dice, por lo tanto tiene que ser verdad. Cicerón hubiera dicho: Lex dixit, verita est. Bajo ese rasero, si la ley lo prohíbe, no existe: no hay secuestros, no hay robos, no hay homicidios, no hay violencia intrafamiliar, porque todo eso está prohibido por ley.

 

Al menos eso es lo que nos dicen nuestros legisladores de manera recurrente, los anuncios que emergen del Congreso son siempre iguales: "nosotros ya legislamos, por lo tanto el problema ya desapareció".

 

Excepto que, todos lo sabemos, nada cambió, sólo lo que se publica en el Diario Oficial: miles de páginas de nueva legislación que no cambia nada en la realidad, pues siguen los secuestros y los robos y la corrupción. Lo único que falta es que a alguien se le ocurra decretar la felicidad. Con eso nuestros problemas serían historia.

 

La legalidad se ha convertido en un mito retórico: todos la prometen, pero nadie la define. Para nuestros "gobernantes" leguleyos, si está en la ley, es legal y, por lo tanto, vivimos en un Estado de derecho, lo que ha llevado a la práctica de modificar la ley para que lo que el Gobierno quiera se pueda hacer.

 

Lo que todos esos políticos no entienden -igual los de barriada que los que se sienten superiores- es que la esencia de la legalidad radica en que el gobernante no pueda cambiar la ley a su antojo. Es decir, la legalidad es imposible mientras alguien tenga, por sí mismo, el poder para modificarla.

 

El reino de la ley consiste en tres cosas muy simples: primero, que los ciudadanos tengan sus derechos (legales, políticos y de propiedad) perfectamente definidos; segundo, que todos los ciudadanos conozcan la ley de antemano; y, tercero, que los responsables de hacer cumplir la ley lo hagan de manera apegada a los derechos ciudadanos.

 

Es decir, la legalidad implica que ambas partes -la ciudadanía y el Gobierno- viven en un mundo de reglas claras, conocidas y predecibles que no pueden ser modificadas de manera voluntaria o caprichuda, sino siguiendo un procedimiento en el que prevalecen pesos y contrapesos efectivos cuya característica medular sea el respeto a los derechos de la ciudadanía.

 

Esta definición, aunque sea escueta, establece la esencia de la plataforma de reglas que norman el comportamiento de una sociedad. Cuando existe ese marco y éste se respeta y hace cumplir, existe el Estado de derecho. Cuando las reglas son desconocidas, cambiantes o ignorantes de los derechos ciudadanos, la legalidad es inexistente.

 

Es en este contexto debe analizarse la problemática que encara el Estado de derecho en el País. La legalidad en México no existe porque quienes ostentan el poder político tienen -de facto- la capacidad de ignorar la ley, violarla, modificarla a su antojo o aplicarla, o no, cuando quieran. Es decir, el problema reside en el enorme poder que concentra el Gobierno -y, crecientemente, una persona- y que le permite mantenerse distante e inmune respecto a la población.

 

Hay dos componentes del "Estado de chueco" que prevalece en el País, como lo llamó Gabriel Zaid: uno es la enorme, excesiva, latitud y discrecionalidad, que acaba siendo arbitraria, que le otorgan todas las leyes y regulaciones a nuestros funcionarios.

 

Los funcionarios, de cualquier nivel, pueden decidir quién vive y quién muere (o quién tiene que pagar una mordida) porque la ley les otorga esa facultad. Esto no es algo que ocurrió por error: es la forma en que se nutre y preserva el sistema político, la forma en que se pagan los moches, la corrupción y la impunidad.

 

La única forma de construir un régimen de legalidad es quitándole el poder tan desmedido que tiene nuestra clase política y eso sólo puede ocurrir por voluntad propia -o por un liderazgo efectivo que reconoce que aquí reside una de las fuentes esenciales de la corrupción y la impunidad- o por una revolución. No hay otra posibilidad.

 

A riesgo de repetir un ejemplo que es imbatible, el Gobierno de los 80 y 90 entendió que la ausencia de Estado de derecho hacía imposible atraer inversión privada, sin la cual el crecimiento económico es imposible. Así, la razón de ser del TLC norteamericano es precisamente ésa: un espacio de legalidad en el que hay reglas claras y conocidas y una autoridad que las hace valer. Ese régimen se adoptó porque el Gobierno de entonces estuvo dispuesto a aceptar reglas "duras" a cambio de la inversión.

 

Si queremos un régimen de legalidad, tendremos que hacer lo mismo para todo el País, para toda la población, para todos los ciudadanos. Ésa es la revolución que le falta a México.

 

Luis Rubio

www.cidac.org


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