domingo, septiembre 15, 2019

 

La imposible legalidad

La ley lo dice, por lo tanto tiene que ser verdad. Cicerón hubiera dicho: Lex dixit, verita est. Bajo ese rasero, si la ley lo prohíbe, no existe: no hay secuestros, no hay robos, no hay homicidios, no hay violencia intrafamiliar, porque todo eso está prohibido por ley.

 

Al menos eso es lo que nos dicen nuestros legisladores de manera recurrente, los anuncios que emergen del Congreso son siempre iguales: "nosotros ya legislamos, por lo tanto el problema ya desapareció".

 

Excepto que, todos lo sabemos, nada cambió, sólo lo que se publica en el Diario Oficial: miles de páginas de nueva legislación que no cambia nada en la realidad, pues siguen los secuestros y los robos y la corrupción. Lo único que falta es que a alguien se le ocurra decretar la felicidad. Con eso nuestros problemas serían historia.

 

La legalidad se ha convertido en un mito retórico: todos la prometen, pero nadie la define. Para nuestros "gobernantes" leguleyos, si está en la ley, es legal y, por lo tanto, vivimos en un Estado de derecho, lo que ha llevado a la práctica de modificar la ley para que lo que el Gobierno quiera se pueda hacer.

 

Lo que todos esos políticos no entienden -igual los de barriada que los que se sienten superiores- es que la esencia de la legalidad radica en que el gobernante no pueda cambiar la ley a su antojo. Es decir, la legalidad es imposible mientras alguien tenga, por sí mismo, el poder para modificarla.

 

El reino de la ley consiste en tres cosas muy simples: primero, que los ciudadanos tengan sus derechos (legales, políticos y de propiedad) perfectamente definidos; segundo, que todos los ciudadanos conozcan la ley de antemano; y, tercero, que los responsables de hacer cumplir la ley lo hagan de manera apegada a los derechos ciudadanos.

 

Es decir, la legalidad implica que ambas partes -la ciudadanía y el Gobierno- viven en un mundo de reglas claras, conocidas y predecibles que no pueden ser modificadas de manera voluntaria o caprichuda, sino siguiendo un procedimiento en el que prevalecen pesos y contrapesos efectivos cuya característica medular sea el respeto a los derechos de la ciudadanía.

 

Esta definición, aunque sea escueta, establece la esencia de la plataforma de reglas que norman el comportamiento de una sociedad. Cuando existe ese marco y éste se respeta y hace cumplir, existe el Estado de derecho. Cuando las reglas son desconocidas, cambiantes o ignorantes de los derechos ciudadanos, la legalidad es inexistente.

 

Es en este contexto debe analizarse la problemática que encara el Estado de derecho en el País. La legalidad en México no existe porque quienes ostentan el poder político tienen -de facto- la capacidad de ignorar la ley, violarla, modificarla a su antojo o aplicarla, o no, cuando quieran. Es decir, el problema reside en el enorme poder que concentra el Gobierno -y, crecientemente, una persona- y que le permite mantenerse distante e inmune respecto a la población.

 

Hay dos componentes del "Estado de chueco" que prevalece en el País, como lo llamó Gabriel Zaid: uno es la enorme, excesiva, latitud y discrecionalidad, que acaba siendo arbitraria, que le otorgan todas las leyes y regulaciones a nuestros funcionarios.

 

Los funcionarios, de cualquier nivel, pueden decidir quién vive y quién muere (o quién tiene que pagar una mordida) porque la ley les otorga esa facultad. Esto no es algo que ocurrió por error: es la forma en que se nutre y preserva el sistema político, la forma en que se pagan los moches, la corrupción y la impunidad.

 

La única forma de construir un régimen de legalidad es quitándole el poder tan desmedido que tiene nuestra clase política y eso sólo puede ocurrir por voluntad propia -o por un liderazgo efectivo que reconoce que aquí reside una de las fuentes esenciales de la corrupción y la impunidad- o por una revolución. No hay otra posibilidad.

 

A riesgo de repetir un ejemplo que es imbatible, el Gobierno de los 80 y 90 entendió que la ausencia de Estado de derecho hacía imposible atraer inversión privada, sin la cual el crecimiento económico es imposible. Así, la razón de ser del TLC norteamericano es precisamente ésa: un espacio de legalidad en el que hay reglas claras y conocidas y una autoridad que las hace valer. Ese régimen se adoptó porque el Gobierno de entonces estuvo dispuesto a aceptar reglas "duras" a cambio de la inversión.

 

Si queremos un régimen de legalidad, tendremos que hacer lo mismo para todo el País, para toda la población, para todos los ciudadanos. Ésa es la revolución que le falta a México.

 

Luis Rubio

www.cidac.org


martes, agosto 13, 2019

 

Incéndialo todo... y rapidito

"Aplicaremos rápido, muy rápido, los cambios políticos y sociales para que si en el futuro nuestros adversarios nos vencen, les cueste mucho trabajo dar marcha atrás a lo que consigamos".

 

Así nos lo advirtió Andrés Manuel en su discurso de toma de posesión. Y así ha sido. Reléalo y verá que está haciendo tooodo lo prometido. Una destrucción total e irracional de lo construido en el pasado. Su terquedad ideológica lo ciega. Incendia lo bueno junto con lo malo.

 

La 4T cae en un error común de la vida y los negocios.

 

"Para solucionar un problema, primero asegúrate que lo estás solucionando. Cuando las acciones a seguir no son obvias o el problema es difícil, es muy fácil creer que hay que hacer algo. Nos convencemos de que el movimiento es mejor que la inacción".

 

Una fantástica reflexión de Shane Parrish. El autor del blog "Farnam Street" explica que el movimiento crea la ilusión de progresar.

 

"Pero confundir movimiento con resultados muchas veces empeora la situación", concluye.

 

Totalmente de acuerdo. Quizá lo haya visto en su empresa. ¿Y sabe cuándo la ilusión del movimiento es más peligrosa? Cuando existe una crisis, una emergencia. Cuando parar parece una locura.

 

Exactamente lo que sucede con la 4T. Están felices y orgullosos porque se mueven ante los graves retos de México. Sienten que progresan mucho porque queman todo rapidito.

 

Craso error. Los problemas complejos y añejos no tienen soluciones fáciles y rápidas. Pensar lo contrario terminará empeorando todo.

 

Es al revés: el avance gradual en el tiempo es un arma sólida de progreso comprobado a nivel personal, empresarial y hasta en las naciones.

 

Quizá el ejemplo moderno más dramático del impacto de la mejora continua es la transformación de Japón en potencia tras su destrucción en la Segunda Guerra Mundial.

 

La economía y las empresas se transformaron con el Kaizen, un vocablo formado con dos palabras: Kai (cambio) y Zen (bien). Mejora continua, triunfar gradualmente.

 

El Kaizen es un método inspirado en los principios de W. Edwards Deming, el pionero del control estadístico de procesos para mejorar la calidad total de una organización.

 

"Kaizen es mejorar todos los días, es que todos mejoren y es mejorar en todos lados", explica Masaaki Imai un experto en Kaizen (vea un video en nuestros sitios).

 

A diferencia del enfoque disruptivo de innovaciones súbitas (relea "¡Destruya su negocio!"), con el Kaizen las mejoras son pequeñas, continuas y poco espectaculares. El cambio involucra a todos, aprovecha los procesos actuales y requiere poca inversión.

 

Es un buen método para tiempos de austeridad, cuándo es difícil invertir en tecnologías disruptivas. Un gran ejemplo de su uso es Toyota, que a finales de la Segunda Guerra Mundial estaba en ruinas.

 

Pero a inicios de los 50, Eiji Toyoda visitó las plantas de Ford en Michigan. Quedó impresionado por las operaciones, pero también notó problemas de desperdicio y calidad.

 

Regresó a Japón y creó el "Sistema de Producción Toyota" con 14 principios para producir con calidad.

 

Su éxito es evidente. Cuando Toyoda visitó Ford, su armadora había producido 2,500 vehículos en toda su historia; ¡Ford armaba 8,500 diarios! El año pasado Toyota produjo 10.6 millones de vehículos, 77% más que Ford.

 

De acuerdo a Imai, el Kaizen es guiado por 4 principios básicos:

* Buenos procesos conllevan buenos resultados.

 

* Involucramiento: hay que ir a ver. Que no le platiquen.

 

* Hablar con datos, administrar con hechos.

 

* Contener y corregir causas raíz de problemas.

 

Excelentes. Es cierto que en la era de la disrupción la tecnología permite a las empresas dar saltos cuánticos. Pero no hay que subestimar el poder del avance gradual en el tiempo.

 

Anótelos, quizá estos conceptos le sirvan en su compañía.

 

Pero donde son vitales es en la 4T. No existen atajos mágicos por más buenas intenciones que se tengan.

 

Para que México salga del hoyo, se requieren buenas ideas, una ejecución ingenieril y tomar paciencia. No hay de otra.

 

En pocas palabras...

"Estar ocupado no es suficiente; las hormigas lo están. La pregunta es: ¿en qué te estás ocupando?".

Henry David Thoreau, escritor estadounidense.

 

BENCHMARK / Jorge A. Meléndez Ruiz


domingo, julio 28, 2019

 

El dilema del 2019

El electorado mexicano le quitó la máscara a la narrativa dominante y al establishment y eligió al candidato que prometía cambiar los vectores de la política y la economía del País.

 

Desde la elección, pero particularmente desde el 1 de septiembre en que el Congreso entró en funciones, los contingentes morenistas y sus aliados se han comportado más como una fuerza de choque que quiere alterar el orden establecido sin que medien procedimientos formales o negociaciones, que como un grupo parlamentario institucional.

 

La lógica de este modo de actuar es su creencia de que llegaron al poder independientemente de las elecciones: se les reconoció su triunfo. Es decir, hay un enorme ánimo revanchista, un encono soterrado en muchos de los actores clave de la coalición de Morena.

 

La gran pregunta para el futuro es si López Obrador secundará esta concepción o si asumirá la Presidencia como un estadista responsable ante la totalidad del electorado.

 

El contraste entre los dos escenarios es evidentemente radical. En el primer caso estaríamos hablando de un Gobierno que viene no sólo a gobernar a su modo, sino a cambiar el orden establecido y las instituciones que lo sostienen de una manera integral y drástica, incluso violenta. Es decir, la vieja idea revolucionaria que procura el fin de un régimen y el comienzo de otro sin que medie un proceso institucional.

 

De manera alternativa, López Obrador podría apegarse a todos los reglamentos institucionales para dar cabida a su agenda de cambio sumando al resto de la población, como ocurrió en la España post-Franco. Un camino así tiene la virtud de hacer más permanentes los cambios a los que se llegue.

 

España ilustra el contraste entre estos dos modos de proceder. Para los políticos españoles, la interrogante era cómo dar el paso a un nuevo régimen: una posibilidad era romper con el régimen franquista, entrando en un entorno de absoluta incertidumbre; la alternativa era aceptar el régimen institucional vigente, así fuese detestado por la mayoría de las fuerzas y partidos políticos, mientras se construía un nuevo andamiaje legal e institucional.

 

En este sentido, los pactos de La Moncloa no acordaron "el qué", sino "el cómo". La trascendencia de aquella reunión en particular tuvo que ver precisamente con lo que en México no hemos logrado: acuerdos de procedimiento.

 

De manera similar, López Obrador tiene que definir si va por el camino institucional como hizo Adolfo Suárez, lo que lo elevó al nivel de un estadista trascendental, o por el camino de la imposición radical, clásica de un proyecto radical o revolucionario.

 

No me cabe duda de que López Obrador muy pronto se encontrará con que muchos de sus planteamientos son inviables o extraordinariamente destructivos y, por lo tanto, contraproducentes respecto a su propia visión para el futuro del País.

 

Su decisión respecto al aeropuerto de la Ciudad de México sirve de ventana para observar los potenciales costos de realizar acciones que tienen más ángulos relevantes de los que podría parecer a primera vista. Al cerrar esa puerta, López Obrador envió la señal de que nunca se apegará a las reglas existentes y que, por lo tanto, ninguna inversión goza de certidumbre.

 

El costo inmediato se pudo ver en acciones por parte de las calificadoras de crédito y el tipo de cambio, pero el costo potencialmente incontenible vendrá después: cuando los inversionistas potenciales incorporen en su proceso de decisión sobre si invertir un cálculo respecto al riesgo de perder su inversión por la forma de proceder del Gobierno. En contraste con contratistas y constructores, los empresarios e inversionistas tienen, por necesidad, que ver un horizonte de más largo plazo.

 

El punto de todo esto es que López Obrador tiene una decisión fundamental que tomar respecto a la forma en que actuará como Presidente: será un activista social o un estadista.

 

Si es lo primero, la decisión sobre el aeropuerto ya marca una pauta; si es lo segundo, todavía es tiempo de establecer un nuevo patrón de comportamiento, como ha ocurrido en instancias como la de la Conago.

 

Me parece claro que, para él, un cambio en este sentido sería sumamente difícil por su profunda y arraigada convicción de que todo lo realizado a partir de los 80 fue errado, y porque es un factor importante para las bases que lo han apoyado frente a viento y marea, las cuales por eso frecuentemente corean que "es un honor estar con López Obrador".

 

También me queda claro que le es mucho más importante lograr sus objetivos que apegarse a dogmas contraproducentes.

 

Fragmento del libro "Fuera Máscaras: el Fin del Mundo de Fantasía".

 

Luis Rubio

www.cidac.org


 

La prensa frente a Juárez

En una reciente conferencia matutina el Presidente criticó a la revista Proceso por "no portarse bien", es decir, por no apoyar a su Gobierno, y para probarlo evocó al periodismo que se practicaba durante la República Restaurada. Su referencia histórica está equivocada.

 

Aunque todas las publicaciones del grupo liberal coincidieron en celebrar el triunfo sobre el Imperio, diferían en su apreciación sobre su circunstancia, y a todo lo largo de aquel periodo (1867-1876) mantuvieron posturas muy distintas entre sí.

 

La más superficial ojeada a la prensa de la época (decenas de publicaciones en todo el País) muestra que jamás existió un apoyo incondicional a los Gobiernos sucesivos de Juárez y Lerdo, entre otras cosas porque la filosofía misma del régimen, el liberalismo, abjuraba de la obediencia.

 

Nacido contra el poder absoluto, el caudillismo, el clero y el dogmatismo religioso, el liberalismo alentaba las corrientes diversas, las ópticas divergentes, el debate abierto.

 

Para muestra un botón. Conservo los ejemplares de La Orquesta, el legendario "Periódico omniscio, de buen humor y con caricaturas", fundado en 1861.

 

Su Jefe de redacción era Vicente Riva Palacio. Se imprimía en un despacho de la Calle de Santo Domingo, salía los miércoles y sábados, costaba un real, se vendía por suscripción, tenía anuncios de ocasión (corridas de toros, carteleras teatrales, funciones de circo, ofertas comerciales, plantas medicinales).

 

Recorrí sus páginas de 1867, leí algunas editoriales y disfruté las maravillosas caricaturas de C. Escalante. Cinco días antes de la entrada triunfal de Juárez a la ciudad de México, la editorial advertía:

"Libres. Independientes. Sin odio y sin temor, queremos cumplir con nuestra conciencia y ofrecer a los vencedores una corona adornada con las espinas de la verdad y no con las flores de la adulación".

 

El periódico cumplió su promesa. Reconocía los méritos históricos de los tres "inmaculados" (Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y José María Iglesias), pero tras su llegada al poder los criticó acremente.

 

Aludiendo a Juárez, advirtió los peligros del cesarismo y las facultades extraordinarias, condenó las distorsiones a la ley y su permanencia en el poder.

 

En una caricatura titulada "El gabinete de costura", Juárez detiene y zurce el lienzo parchado de la Constitución de 1857 mientras que Lerdo lo corta con unas inmensas tijeras.

 

En "El mundo al revés", Juárez aparece sentado sobre el pedestal de la "Constancia", y sobre sus rodillas se sienta la silla coronada por el águila y el letrero bordado en el respaldo: "Presidencia, 14 años". En otras palabras: Juárez es la Silla presidencial y la Silla presidencial es Juárez.

 

Ese año, La Orquesta dio la bienvenida a un nuevo periódico titulado El Padre Cobos. Sería una de las publicaciones más mordaces en la historia de nuestra la prensa. Los irreverentes sonetos que publicó su editor, Ireneo Paz, prefiguran el genio poético de su nieto y merecen una antología. En "Siglo de Caudillos" recogí uno contra la reelección de Juárez en 1871, que comienza así (y termina peor):

 

¿Por qué si acaso fuiste

tan patriota

estás comprando votos

de a peseta?

 

¿Para qué admites

esa inmunda treta

de dar dinero al que

en tu nombre vota?

 

La postura de La Orquesta y El Padre Cobos fue característica del espíritu de la época. La compartían viejos compañeros de Juárez, como Guillermo Prieto e Ignacio Ramírez, y las nuevas generaciones, que se referían a él como "Su Majestad Benito I".

 

Llegado el tiempo, Vicente Riva Palacio e Ireneo Paz -escritores y editores notabilísimos- fueron indulgentes con el poder absoluto de Díaz, pero el hecho mismo de que nunca dejara de existir una prensa combativa es un tributo al espíritu original de la República Restaurada y a sus hombres que, en palabras de Cosío Villegas, "eran fiera, altanera, soberbia, insensata, irracionalmente independientes".

 

"Para aquellos hombres", decía el historiador, "expresar una inconformidad era un ejercicio tan natural como caminar o respirar". También los gobernantes participaban de esa convicción. Fueron blanco continuo de críticas feroces, pero nunca reclamaron obediencia por una razón elemental:

"Juárez y Lerdo... sentían la libertad igual que sus adversarios. Sabían que la libertad de sus enemigos era la condición de su propia libertad y que la del país dependía de la libertad de todos".

 

La prensa de la República Restaurada no "se portaba bien" con el poder. Ésa era su misión y también su gloria.

 

Enrique Krauze


sábado, julio 20, 2019

 

créditos fiscales

Sólo los que pagamos impuestos haciendo declaraciones sabemos que si te retrasas 1 mes inmediatamente te cae un requerimiento del SAT. Si no te reportas en el plazo que te indicas te suspenden el RFC y ya no puedes timbrar, generar, facturas.

 

Apesta a "cortina de humo", "caja china", que después de casi 8 meses en el poder salgan con que "un ex-presidente debe impuestos". Si realmente los debe no es para que el presidente lo diga en una mañanera, es para que el SAT ya lo estuviera embargando y con requerimientos múltiples desde hace meses.

 

Por otro lado, de nueva cuenta, quienes pagamos impuestos con declaraciones sabemos que el hecho que el SAT diga que tienes un "crédito fiscal" no significa que realmente no hayas pagado los impuestos correspondientes. Simplemente ellos creen que los debes pero como contribuyente debes presentarte a aclarar.

 

En la mayoría de los casos se aclara y los montos que te dicen no son y a veces ni siquiera debes algo. Muchos de esos requerimientos o créditos fiscales son "buscapies" de los auditores para ver que encuentran, pues les exigen cuotas.

 

Cuando se cierra la auditoria, hayas pagado algo o no, se "cancela" el requerimiento y eso es, en buena parte, lo que aparece en las listas que se publican de que se "condonaron" impuestos a empresas. Para los #PejePets,  que muchos ni pagan impuestos, mucho menos saben hacer una declaración, cuando "len" esas notas inmediatamente creen que se "perdonaron" impuestos a los ricos, a los fifís.

 

Definitivamente hubo (y todavía hay) mucha corrupción en el SAT. Sin duda hay empresas o personas físicas que no pagaron lo que debían. Pero también hay muchas otras empresas y personas que pagan hasta de más con tal de quitarse de encima a burócratas avariciosos. Así que antes de opinar sobre el tema al menos vayan a sacar su RFC al SAT y hagan sus declaraciones.

 

#aguzados #politicolovers

 

PD. Y no, no estoy defendiendo a Fox ni a nadie mas. Si deben que paguen. Comento ésto porque ya se lo hicieron a los dueños de el Reforma/El Norte y cada vez lo usarán mas, enviar al SAT a sus críticos y enemigos. Siguiendo al pie de la letra el manual para dictadores. Al tiempo.


domingo, julio 14, 2019

 

Vicios a la Argentina

El riesgo de que México adquiera el vicio argentino de quedarse permanentemente atorado en un limbo de desempeño económico mediocre -peor al vivido en años recientes- con altibajos recurrentes y propensión a experimentar frecuentes crisis financieras es real y se eleva con las políticas que ha adoptado el Gobierno actual.

 

Las coincidencias comienzan a ser demasiadas para no ver el peligro que su consolidación podría implicar para el País y las generaciones de jóvenes que renovaron su esperanza con AMLO.

 

Tanto el peronismo como el morenismo son movimientos incluyentes, caracterizados por una enorme diversidad de adeptos y seguidores, pero con un elemento en común que es la férrea lealtad al jefe: todo se vale mientras esa lealtad sea inquebrantable.

 

AMLO está substituyendo las pocas instituciones que existían en el País por estructuras personales de lealtad y sumisión, dos recetas para segura inestabilidad en el futuro.

 

En lugar de consolidar los pocos avances institucionales que se habían logrado, se está avanzando hacia un proyecto donde las reglas que nos rigen son la voluntad de una sola persona, tal como sucedió en los años del kirchnerismo.

 

En segundo lugar, la estrategia de subsidio y generación de clientelas, que sigue el mismo patrón de subordinación, pero a una escala masiva, inexorablemente viene acompañado de la creación de nuevos derechos que, en el tiempo, se tornan difíciles, si no es que imposibles de revertir.

 

La crisis fiscal argentina no es producto de la casualidad, sino de derechos adquiridos que luego se tornan en obligaciones que el Gobierno tiene que sufragar con recursos cada vez más escasos.

 

México ya de por sí avanza hacia una sociedad con un mayor número de adultos pensionados y menos nuevos jóvenes incorporándose a la fuerza de trabajo, a lo que ahora se sumará el costo de las huestes clientelares de AMLO.

 

En tercer lugar, las políticas adoptadas por los dos Gobiernos de los Kirchner en Argentina sugieren el tipo de riesgos que la estrategia del nuevo Gobierno mexicano va a endilgarle al País: la centralización de todos los programas sociales en la oficina presidencial.

 

México ya había pasado por programas (y fracasos) clientelares como los anteriores, pero desde los 90 logró una cierta institucionalización de la política social, que ahora ha sido desmantelada a una velocidad que asombra.

 

Peor, sorprende que ni los beneficiarios de programas como Prospera ni lo que queda de la Oposición hayan levantado siquiera un dedo.

 

En Argentina esos programas permitieron apabullar electoralmente a la Oposición mientras duró la bonanza fiscal.

 

La pregunta ciudadana es obvia: si la población no defiende sus logros, no los merece.

 

Existen otras coincidencias que deberían preocupar por su efecto sobre la competencia política y en el menguado ambiente de negocios.

 

Por ejemplo, el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro está diseñado para generar dependencia respecto al Gobierno, mermando el desarrollo de una fuerza de trabajo guiada por criterios de mérito y productividad, cada vez más importantes en la era de la economía digital.

 

Un ejército de jóvenes permanentemente movilizados sirve para fines electorales, pero destruye el futuro económico de un país.

 

Cuando el Presidente dice que su objetivo es subordinar las decisiones económicas a las políticas, ahora consolidado con la renuncia del Secretario de Hacienda, ratifica que está dispuesto a ir contra las fuerzas más poderosas de nuestra era: los mercados financieros.

 

Cuando Bill Clinton contendió por la Presidencia, su principal asesor político, James Carville, de golpe entendió que el mundo había cambiado:

 

"Yo solía pensar que, si hubiera reencarnación, quisiera retornar como el Presidente o el Papa... Ahora quisiera regresar como un operador de los mercados de bonos. Esos intimidan a cualquiera".

 

AMLO también cree que seguimos en los 80...

 

El ejemplo argentino es por demás sugerente porque es el tipo de programa que AMLO y sus seguidores ven como deseables.

 

La desaparición de (casi) toda capacidad técnica en el Gobierno permite implementar programas costosos sin medir consecuencia alguna, además de que provee incentivos para adoptar políticas cuyo efecto de mediano y largo plazos siempre acaba siendo devastador, como controles de precios, la nacionalización de fondos de pensiones y el empleo de herramientas como encaje legal y cajones de inversión a bancos.

 

Algunos morenistas salivan por este tipo de mecanismos. No tienen idea de la destrucción que implican.

 

Luis Rubio

www.cidac.org


 

Es Alfonso Romo Conflicto de interés

Acusa ex Secretario de Hacienda que empresario de NL impuso a funcionarios. Cuenta Carlos Urzúa las diferencias que ha tenido con el Presidente Andrés Manuel López Obrador y algunas de las razones por las que dejó su cargo, entre ellas un desacuerdo con Manuel Bartlett

 

Hernán Gómez Bruera – Proceso

 

MÉXICO.- Carlos Urzúa se ve de buen humor. Pareciera que su renuncia a la Secretaría de Hacienda, el pasado martes 9, sólo es un dato más en su biografía. No hace falta sacarle las palabras con tirabuzón: tiene muchas ganas de hablar. Lo hace como siempre: intercalando anécdotas graciosas y con numerosas digresiones.

 

Habla de cómo conoció al Presidente Andrés Manuel López Obrador y cuenta de qué manera evolucionó su relación, hasta que éste lo invitó a formar parte de su gabinete. En esta entrevista, la primera que da desde su renuncia, le pone nombre y apellido a las críticas que en su carta mencionó indirectamente.

 

El principal conflicto de interés de este Gobierno, asegura, se llama Alfonso Romo Garza.

 

LARGA RELACIÓN

 

-¿Desde cuándo conoces a López Obrador?

 

-Lo conocí a fines de 96, cuando él era presidente del PRD y me invitó a participar en la elaboración del plan económico para el partido. El trabajo salió bien y López Obrador empezó a confiar en mí y a invitarme a sus reuniones.

 

-Entras como Secretario de Finanzas en el Gobierno del Distrito Federal. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Hubo fricciones entre ustedes?

 

-En el Gobierno de la Ciudad no tuvimos ninguna fricción. En realidad siempre me llevé bien con López Obrador. A pesar de las diferencias que hoy tengo con él, estoy convencido de que es, por mucho, el mejor político vivo que existe hoy en México.

 

"La Administración al frente del Distrito Federal fue muy exitosa en las finanzas, especialmente en términos de recaudación. Logramos combatir los desvíos que se generaban en la Tesorería y digitalizamos los servicios (...) Octavio Romero era el oficial mayor, quien controlaba las compras de casi todas las dependencias de forma centralizada. Eso permitió generar muchos ahorros. Por ello, al llegar a la Presidencia, tanto López Obrador como yo estuvimos de acuerdo en que había que tener una sola Oficialía Mayor que llevara a cabo esas tareas. Es el área que hoy comanda Raquel Buenrostro".

 

-Pero finalmente decides retirarte del Gobierno capitalino...

 

-Me fui al tercer año porque tenía una carrera académica en El Colegio de México.

 

"En julio de 2003 dejé el Gobierno, pero no por El Colegio de México sino por el Tecnológico de Monterrey, mi alma mater, donde fundé una Escuela de Graduados de Administración Pública. Cuando se lo comuniqué a López Obrador fue la primera vez que se molestó conmigo. Dejamos de vernos un buen tiempo".

 

-¿Cuándo vuelven a verse?

 

-En 2006, cuando él iba a ser candidato a la Presidencia, me pidieron que lo apoyara en el norte del País, que era donde estaba más débil, para que pudiera explicar allá lo que se había hecho en el Gobierno de la Ciudad. López Obrador se enteró de que yo había hecho esto y me mandó decir que me agradecía mucho. Luego de la elección me pidió que integrara el gabinete legítimo, pero tuve que negarme porque no podía afectar la neutralidad de la Escuela de Graduados que dirigía. Él tampoco estuvo contento con esa decisión y nuevamente nos dejamos de ver.

 

"En 2012, después de que perdió la elección, lo invité un día a mi casa. Dejamos de vernos otra vez hasta finales de 2017, cuando me pidió que lo apoyara para seleccionar a gente que pudiera integrarse a su gabinete. Luego él comenzó a insistir cada vez más en que yo debía ser su Secretario de Hacienda.

 

-¿Le pusiste alguna condición para integrarte al gabinete?

 

-No. Ni él ni yo pusimos condiciones. Sólo le dije que si las cosas iban mal, me iba a ir. Él sabe cómo soy yo.

 

-¿Qué te imaginabas que podía ir mal?

 

-Me preocupaba el hecho de que fuese fiscalmente conservador, y al mismo tiempo colocara un gran énfasis en los programas sociales. Me preocupaba el balance. No es sencillo tener balance presupuestal y al mismo tiempo muchos programas sociales.

 

-¿Le mencionaste la necesidad de aumentar impuestos?

 

-Él no quería hacerlo. Esa ha sido una diferencia importante entre nosotros. El Presidente no quiere hacer una reforma fiscal. Yo sí, porque creo que es la única manera de abatir desigualdades. No sé por qué no quiere hacerlo. Quizás por no enfrentarse a algunos empresarios, quizás por el costo electoral.

 

ROMO

 

-¿Dónde están tus principales diferencias con Alfonso Romo?

 

-Me cuesta entender el tipo de relación que tiene con el Presidente. Ideológicamente Romo es un hombre de extrema derecha y en términos sociales oscila entre el Opus Dei y los Legionarios de Cristo. ¿Cómo un hombre así, que llegó a admirar a Augusto Pinochet y a Marcial Maciel, acabó no sólo siendo amigo de López Obrador, sino incluso siendo el jefe de la Oficina de la Presidencia?

 

"Ahora bien, es verdad que aun cuando Romo trató de usar su influencia para apoderarse de las Secretarías de Hacienda y de Economía, el Presidente no lo dejó. Pero sí pudo imponer a Margarita Ríos-Farjat en el SAT y a Eugenio Nájera en Nafinsa y Bancomext. Este último ha sido desde siempre su mano derecha en el sector empresarial, mientras que para que ella pudiera ser impuesta se tuvo que cambiar la propia Ley del SAT.

 

-¿Alfonso Romo tiene algún conflicto de interés?

 

-Es una buena pregunta, y es precisamente a él a quien aludo en mi carta de renuncia. Un conflicto de interés existe cuando una actividad personal o de negocios de un servidor público podría eventualmente interferir con el ejercicio de sus funciones.

 

"No estoy diciendo que esto haya pasado en el caso de Romo, no me consta, pero dado que en la jefatura de la Oficina de la Presidencia se maneja a diario un cúmulo de información económica confidencial, uno quisiera que Alfonso Romo y sus familiares hasta de primer grado no tuvieran actualmente participación accionaria alguna en la Casa de Bolsa Vector".

 

-Tus razones para salir fueron más profundas que Romo. ¿Por qué decides irte?

 

-En uno de los párrafos de mi carta me refiero a una serie de políticas públicas sin sustento. No quiero hablar de todas, pero de entrada te puedo decir que yo sí estuve a favor de que continuara la construcción del aeropuerto de Texcoco. Creo que la obra estaba muy avanzada y había demasiado dinero de por medio. Si bien es cierto que muchos de los terrenos aledaños estaban controlados por gente vinculada a la Administración anterior, un Gobierno fuerte como el de López Obrador podría haberlos expropiado por razón de Estado.

 

BARTLETT Y GASODUCTO

 

-¿Pero qué fue lo que más te hizo enojar? ¿Cuál fue la gota que derramó el vaso? ¿Pasó algo en particular?

 

-Pasó algo de lo que no quiero hablar porque involucra a mucha gente. Puedo referir, sin embargo, cuál fue una de las gotas que casi derramó el vaso. Un alto funcionario y yo fuimos a comentarle al Presidente hace unos días que lo que está haciendo la CFE no es en beneficio de México. En particular, le hablamos de un caso. Resulta que Bartlett, que tiene una fuerte visión estatista, encontró varios contratos de empresas extranjeras de construcción de gasoductos que para él son un robo a la nación.

 

"Uno de los gasoductos paradigmáticos es el que va de Texas a Tuxpan, Veracruz, el cual se firmó hace cinco años y ya se terminó de construir. Ese gasoducto, que provee más de un tercio de toda la demanda de gas en México, fue construido por Transcanada, una paraestatal canadiense, junto con Ienova, una empresa mexicana, subsidiaria a su vez de una estadunidense llamada Sempra. Puede ser cierto que el gasoducto haya salido caro, como afirma Bartlett, pero lo cierto es que nosotros firmamos un contrato y debemos cumplirlo.

 

"Bartlett no quiere entregar ese gasoducto y pretende renegociar el contrato, pero no está evaluando correctamente su costo, porque al parecer no entiende el concepto de valor presente. Es preocupante que alguien que dirige una empresa de electricidad no entienda el concepto de valor presente. Alguien así no puede dirigir una empresa de electricidad.

 

El problema es que, si no se respeta el contrato, Transcanada demandará a la CFE, porque el gasoducto ya se terminó de construir.

 

POSICIONES, carlos Urzúa, ex Secretario de Hacienda, afirma que él estaba a favor de que continuara la construcción del aeropuerto de Texcoco, ya que la obra estaba muy avanzada. En la imagen, junto al Presidente en una conferencia mañanera.


domingo, junio 30, 2019

 

Yo no quiero que renuncie AMLO

Hoy yo NO voy a participar en la marcha que pedirá su renuncia.

Considero que él debe quedarse los 6 años para los que fue elegido, con más del 50% de los votos válidos, por un INE ciudadano como las anteriores 3 elecciones presidenciales.

 

Quizá, si modifican la Constitución y las Leyes, participaré en una eventual elección de revocación de mandato a los 3 años como prometió que lo haría. Con todos los riesgos que eso conlleva.

 

Apenas lleva 7 meses en el poder, es muy poco tiempo para ver resultados como para exigir su renuncia.

Si, definitivamente creo que lo negativo en éstos 7 meses es mucho mayor a lo positivo. Si, también creo que de seguir así, con ese tipo de decisiones, y con la forma de tomarlas, la situación empeorará. Todo eso lo pronostiqué por más de 12 años y se está cumpliendo.

 

Pero precisamente por esas razones creo, aunque suene contraintuitivo, que debe quedarse y que todos veamos los resultados a los 2, 3 o 6 años.

 

Es importante que el eterno perdedor, quien se autoproclamó y convenció a la mayoría de ser la "oposición" real a "la mafia del poder", cumpla o intente cumplir sus promesas, que se noten sus incongruencias, que se vean los resultados de esas políticas setenteras, para ver si, de una vez por todas, muchos que siguen creyendo en políticos salvadores, en mesías, en que la solución vendrá del "Estado", por fin les cae el 20 que así no es.

 

Si, hay un riesgo enorme de que no se den cuenta, que se radicalicen aun mas, y que pidan continuar por ese camino, profundizar las políticas estatizadoras, populistas, y que el periodo negativo dure décadas, como pasó en los 70's y 80's. Pero creo que no tenemos otras opciones. Ganaron y bien, ahora que lo intenten a ver si es cierto que con autoritarismo, centralismo, estatismo, mercantilismo y populismo sale un país adelante.

 

Al tiempo...

 

#aguzados #PoliticoLovers


domingo, junio 16, 2019

 

El peje de paja

El Peje está hecho de paja. Dicho de otra manera: Andrés encarna al "hombre de paja", uno de los más visitados trucos en una discusión o argumento. Este sexenio, me temo, está siendo construido sobre un castillo de falacias o errores del pensamiento.

 

Paja son las palabras superfluas en un discurso o en un escrito. En inglés le dicen "bullshit" y es algo ofensivo, pero no al grado que no se pueda pronunciar en público. Este material abunda en los discursos y conferencias de prensa de Andrés. Es un maestro de la inserción de paja en todo lo que dice.

 

Hombre de paja a su vez, es una falacia predilecta de quienes desean desviar la atención de un tema y para ganar un argumento.

 

Inventan un hombre de paja al que introducen como si fuera un argumento válido. La gente más ignorante es la más propensa a comprar un argumento que trae escondido un hombre de paja.

 

Los hombres de paja favoritos que encarna el Presidente de México son muchos, pero debo destacar cuatro: el neoliberalismo, el gasto excesivo, la corrupción y la unión de los mexicanos.

 

El neoliberalismo es la más socorrida y la mejor cortina de humo de la que dispone Andrés. Lo invoca para todo, como si fuera una pomada milagrosa que hasta lo tonto te quita.

 

Por ejemplo, la destrucción de Pemex, la baja de las calificaciones crediticias, el origen del huachicoleo, son todos productos del México neoliberal. Él lo va a arreglar regresando al estilo del PRI invencible que gobernó imperturbado durante 70 años. Lo reencarnará a través de Morena.

 

Ahora que reunió fácilmente a 40 paleros para que lo acompañaran a celebrar la victoria de la negociación con Trump, entiendo por qué nadie le aclara a Andrés que México jamás ha sido neoliberal más que en forma simulada.

 

En la era priista jamás operó el libre mercado. Ni siquiera durante los 25 años que lleva el TLC. La presencia de las grandes paraestatales, controladas por sindicato y Gobierno, impide decir que vivimos el neoliberalismo. La tolerada explotación de los celulares sobre los mexicanos indefensos es otro ejemplo.

 

La otra falacia predilecta es el gasto excesivo, no porque no lo sea, sino porque lo usa para de allí deducir -en su lógica torcida- que concluir que el exceso de gasto se resuelve cortando parejo en todo y a todos.

 

Cualquier empresario rascuache sabe que hay que rediseñar para cortar lo improductivo y reforzar lo productivo. Ah, pero para nuestra desgracia, Andrés nunca tomó una clase de administración, pagó un sueldo de su bolsa o maromeó un documento en un banco.

 

El hombre de paja más rentable que introduce el Presidente es el combate a la corrupción. Para todo le echa la culpa. Pobre. Cree sinceramente que la corrupción es como una persona que hay que combatir o matar. No la ve como el resultado de un sistema podrido, sin reglas y gobernado por caprichos como los que él nos impone. Ya verá el despapaye de corrupción que se está fraguando.

 

Luego viene otro hombre de paja, montado en un corcel negro, de larga crin, parecido a "Tornado", pero imaginado por Andrés: la unión de los mexicanos. Ése es el jinete que nos va a salvar de todo. La lógica de Andrés es impecable. Si todos estamos de acuerdo en todo, todo se hará bien, rápido y de calidad.

 

¿Pemex? Resulta que siempre no necesita socios para explotar ciertos campos. ¿La razón? La unidad de los mexicanos es más poderosa que los bancos extranjeros y acreedores internacionales juntos. Unidad es como la pomada de "La Campana". Borra raspones y oculta moretones. El Peje de paja no tiene cerebro.

 

Sin embargo, la unidad en un país moderno no significa pensar igual, sino entre todos generar soluciones inteligentes. Ah, de nueva cuenta. La inteligencia ya la trae Andrés de fábrica. No entendemos porque nosotros somos los tercos y cerrados. La unidad es la pegadura con la que él va a armar su castillo de falacias.

 

Lo increíble realmente es que el Peje de paja tenga tantos y tantos aduladores.

 

Javier Livas

javierlivas@infinitummail.com


domingo, junio 02, 2019

 

Yo tengo otros números

El Presidente es un hombre letrado a quien no sólo le gusta demostrar su conocimiento de la historia, particularmente la de México, sino que además parece tener una inteligencia innata para comunicarse con el ciudadano común (de ahí buena parte de su popularidad y empatía con la gente). Lo vemos en sus dichos populares que son vitoreados por las multitudes, expresiones coloquiales que arrancan la sonrisa, el aplauso y la algarabía.

 

Recientemente expuso (sin saberlo, quizá) una clase de cómo deben nombrarse las marcas (en inglés el proceso se llama naming y es uno de los que requieren más habilidad, creatividad y estrategia) al bautizar como "Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado" en lugar del nombre técnico que usaba el rigor legal de "extinción de dominio". Más allá de estar de acuerdo o no con él, el Mandatario tiene esta habilidad.

 

Como donde hay montañas existen valles, el Presidente recientemente tropezó al decir que México fue fundado hace 10 mil años. En días posteriores volvió a errar sus cálculos al afirmar que el hombre en América tenía una existencia de "5 a 10 mil millones de años". Surgieron las burlas y las correcciones serias demostrando que el Presidente equivocó las cuentas. Esto abre camino a una pregunta seria: ¿Es el Presidente de México un hombre anumérico?

 

Hace algunos meses en este mismo espacio escribí "Anumerismo", donde expongo lo que John A. Paulos ha escrito en "El Hombre Anumérico, el Analfabetismo Matemático y sus Consecuencias": "El anumerismo o incapacidad de manejar cómodamente los conceptos fundamentales de número y azar, atormenta a demasiados ciudadanos que, por lo demás, pueden ser perfectamente instruidos".

 

Me queda claro que ser anumérico no es impedimento democrático para ostentar el cargo, pero al ser la integridad del Presidente, su condición de salud, su estabilidad mental y emocional un tema de seguridad de Estado, también deberíamos saber si tenemos un Presidente anumérico.

 

Importantes decisiones que el Gobierno de la llamada Cuarta Transformación ha tomado son adversas al País cuando se les analiza numéricamente. Entiendo que la política tiene una lógica distinta a la aritmética, pero las consecuencias importan.

 

Paulos cita a Tversky y Kahneman con un ejemplo de anumerismo irracional: "Imagínese que es un general rodeado por una fuerza enemiga abrumadora que aniquilará su ejército de 600 hombres a menos que se decida por tomar una de las dos posibles vías de escape.

 

"Sus espías le dicen que si toma la primera salida salvará a 200 soldados, mientras que si se decide por la segunda hay una probabilidad de 1/3 de que los 600 consigan salvarse y una probabilidad de 2/3 de que no lo consiga ninguno. ¿Qué haría usted?

 

"La mayoría de la gente (tres de cada cuatro preguntados) elige el primer camino, pues de este modo es seguro que se salven 200 vidas, mientras que por el segundo camino hay una probabilidad de 2/3 de que haya más muertos. De momento no hay nada que objetar.

 

"Pero ¿y este otro problema? Usted vuelve a ser el general que ha de decidir. Y le dicen que si elige la primera es seguro que perderá 400 soldados, mientras que si toma la segunda hay una probabilidad de 1/3 de que ninguno muera y una probabilidad de 2/3 de que caigan todos. ¿Qué ruta elige usted?

 

"La mayoría de la gente (cuatro de cada cinco) opta por la segunda, justificando su elección en que la primera de ellas lleva a 400 muertes seguras, mientras que por la segunda hay una probabilidad de 1/3 de que todos se salven".

 

Dos preguntas idénticas y dos respuestas distintas. La forma de plantear el asunto es la clave. ¿Cómo le plantearon al Presidente los números para evaluar decisiones trascendentes como la conveniencia de hacer el Tren Maya, la refinería en Dos Bocas, vender el avión presidencial, la cancelación del NAIM? ¿Lo entendió? ¿Si se lo hubieran planteado en términos de equivalencia en programas sociales hubiese decidido distinto?

 

No tengo duda de las buenas intenciones de AMLO, preocupa sin embargo que (salvo excepciones, como la de Germán Martínez) nadie en su equipo le pueda decir "Yo tengo otros números".

 

Eduardo Caccia

ecaccia@mindcode.com


 

Desafios a la libertad

Soplan vientos autoritarios. En muchos países ha resurgido la figura del hombre fuerte, el líder populista que, habiendo llegado al poder por la vía de la democracia y en un marco de libertad, tiene el designio de acabar con ambas.

 

Consciente de que en México ronda el mismo fantasma, Mario Vargas Llosa convocó al Foro "Desafíos a la libertad en el siglo XXI", que tuvo lugar el pasado domingo 26 de mayo en el histórico Paraninfo de la Universidad de Guadalajara.

 

El acto fue organizado por la Fundación Internacional para la Libertad (la FIL, que Vargas Llosa fundó y preside desde octubre de 2002) y por Raúl Padilla, creador de la otra FIL, la Feria Internacional del Libro, que es orgullo de México.

 

En su discurso de apertura, Vargas Llosa trazó un bosquejo de la difícil situación de la libertad en un mundo cruzado de nacionalismos, fanatismos de toda índole y la presencia creciente de los populismos. Con elegancia y prudencia, evitó deslizar la menor opinión sobre México invitando a que fuésemos nosotros, los ponentes mexicanos, quienes abundáramos sobre el asunto. No obstante, recordó que nuestro País es demasiado importante en el destino de América Latina como para perder el rumbo.

 

Es imposible glosar con justicia las intervenciones de los ponentes, que se recogerán en un libro. Acudo a mis apuntes.

 

Valeria Moy y Ana Laura Magaloni tocaron asuntos sensibles para los jóvenes huérfanos de futuro: la inequidad económica y el vacío jurídico.

 

Con respecto a este último tema, José Ramón Cossío fundamentó su grave preocupación sobre el uso político de nuestra Constitución... para acabar con ella.

 

Lisa Sánchez detalló las luchas pasadas y futuras de la sociedad civil. Guillermo Sheridan fustigó con irónica sutileza la autoproclamada superioridad moral del régimen.

 

Jaime Sánchez Susarrey hizo un diagnóstico de la debilidad estructural de nuestra democracia. Gerardo Bongiovanni arrancó risas con anécdotas sobre "la extravagancia argentina", en particular, el peronismo y sus avatares.

 

Álvaro Vargas Llosa explicó por qué, desde la antigüedad hasta nuestros días, las instituciones de la libertad y el espíritu de la república viven amenazadas.

 

Roger Bartra sostuvo que el actual Gobierno mexicano no representa a la izquierda, sino a un movimiento conservador que, en muchos sentidos, busca restaurar la hegemonía del viejo sistema.

 

Tras admitir las taras del proceso de transición (corrupción, inequidad, violencia, inseguridad), José Woldenberg defendió la lucha democrática durante los últimos decenios del siglo 20, expresó la mayor preocupación ante la dilapidación de saberes e instituciones, los "claros tintes autoritarios del Presidente" y los impedimentos que impone para "generar un circuito de discusión".

 

Héctor Aguilar Camín sostuvo que la amenaza a la democracia mexicana es real e inminente. "Estamos en un estado avanzado de captura" de las instituciones republicanas y federales por un Gobierno que busca instaurar una "larga hegemonía política". "Esa democracia, que ahora no valoramos y que trajo tantas deformidades consigo" agregó, "tenía lo fundamental: libertad y competencia en pluralidad".

 

Jorge Castañeda explicó la desfavorable circunstancia internacional que enfrenta la lucha por la institucionalidad democrática en México, y lanzó un llamado a los intelectuales para recuperar un espacio colectivo de acción pública.

 

Christopher Domínguez Michael señaló la responsabilidad histórica de la izquierda intelectual en descalificar y minar la legitimidad democrática en los tres sexenios de la transición. Los resultados están a la vista: sólo hay democracia si triunfan ellos.

 

Héctor de Mauleón precisó las categorías de Timothy Snyder en su libro "Sobre la Tiranía": todas parecen aplicables a México.

 

Federico Reyes Heroles puso el acento en el contenido sesgado o francamente falso de la información oficial. En mi intervención dejé constancia de la agresión que inflige el poder a la prensa.

 

Los frescos del paraninfo rimaban, por decirlo así, con nuestro foro. Los pintó José Clemente Orozco en 1936. En el panel principal, el pueblo indignado, herido, mutilado, encara a los líderes. Uno de éstos pone el imperioso índice sobre el libro que contiene algún dogma, mientras en la otra mano blande el cuchillo amenazante. La imagen perfecta de la intolerancia.

 

En México debe prevalecer la tolerancia. No el dogma, no el cuchillo verbal, sino el diálogo auténtico, la civilidad, el respeto, la capacidad de escuchar. Ése es el desafío de nuestra libertad.

 

Enrique Krauze


sábado, mayo 25, 2019

 

Cacique, aunque diga que no

Los políticos son mentirosos por naturaleza. Sobre todo en un país miserable como México. Hay que tomar con mucho cuidado sus ofrecimientos y levantar la falda de sus palabras para encontrarles sus verdaderos significados.

 

No suelen ser sinceros, aunque lo juren, ni realistas, pues su negocio no son las malas noticias sino las buenas, entre más increíbles más creíbles por una audiencia esperanzada que, como siempre, esta vez quiere de nuevo creer que las cosas serán mejores. Con más razón sazonan el discurso cuando ya han obtenido el poder con ofertas navideñas y piensan que la única forma de conservarlo es aumentar la apuesta ilimitadamente.

 

Por eso López Obrador habla como cotorra huasteca. Ante su incapacidad de cumplir, como no cumplió de Jefe de Gobierno capitalino, la diarrea verbal, que no lo acompañó como candidato, es la única forma a su alcance de mantener encantados, un día más cada mañana, a los mexicanos, cuyo número se va reduciendo, mucho más aprisa, pero igual de fatalmente, que la popularidad con la que hace un poco más de seis años Enrique Peña Nieto arrancó su Presidencia en el 2012.

 

El encantador de Atlacomulco vendía, como su correligionario Carlos Salinas, un pasaporte internacional para el primer mundo, que Peña fue a tramitar a Davos y a otros escenarios económicos internacionales exclusivos para los triunfadores ricos.

 

Andrés Manuel, incapaz de manejar el discurso de los millonarios, a los que ha invitado a asesorarlo, pero no a dormir con él, y sabedor, ranchero ladino que es, de que el anzuelo de la riqueza en moneda extranjera a la vista no se lo iban a tragar una vez más sus hambreados 30 millones de electores del 2018, formuló un rollo cuasi religioso.

 

Ese rollo lo propone a él como chamán que habla de una transformación moral que acabará con la corrupción, como única salida a los problemas económicos, políticos, sociales y humanos que padecen los pobres, que pasaron a ser, sólo en el discurso diarreico del Presidente, la primera (la única) prioridad del País.

 

Al principio se la tragaron y todavía hay muchos millones indigestados con el demencial discurso del chamán presidencial. Pero miente como político, perdedor o ganador, da lo mismo, pues en política la mentira sostiene igual el fracaso que el triunfo. Conforme se caen los castillos de naipes, como se cayó el de Peña y como se caerá el de AMLO, la mentira se vuelve más comprometida con su realización como acción de gobierno y más peligrosa y más lejana de la verdad.

 

La semana pasada, el Presidente ofreció en la ritualidad de Palenque que no será dictador, que "no voy a reelegirme, no voy a gobernar más tiempo, por principio, yo soy partidario del sufragio efectivo no reelección, no quiero convertirme en un dictador, ni siquiera en un cacique, quiero pasar a la historia como un gobernante que impulsó, fortaleció la democracia en México.

 

"Saben por qué la prisa, para que si nos va mal, porque no sabemos, en la democracia es el pueblo el que manda, es el pueblo que decide, que la gente dice va pa'tras, queremos de nuevo regresar a lo de antes, pues cuando menos que les cueste trabajo echar para atrás lo que ya vamos a dejar avanzado", manifestó.

 

Miente el político. Claro que quiere ser dictador... ya lo es de memoranda, que es su forma soberbia de mandar. Y es ya cacique y chamán desde La Chingada en Palenque, desde donde manipula a los "mexicanos originales" en un ritual asiento pueblerino y tercermundista, el estilo que le queda.

 

Y también miente, lo reconoce tácitamente, cuando dice que, si la gente dice va pa'tras, va pa'tras. No hay regreso de la dura dictadura imperfecta del cacique mentiroso, que lleva ya casi seis meses de lero lero. Lo mismo de siempre: mentira, cacicazgo y dictadura.

 

Ya lo veremos cuando digamos va pa'tras. Si es que no nos cortan la lengua, como el cacique Victoriano Huerta al chiapaneco Belisario Domínguez.

 

Felipe Díaz Garza

diazgarza@gmail.com


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