domingo, julio 14, 2019

 

Vicios a la Argentina

El riesgo de que México adquiera el vicio argentino de quedarse permanentemente atorado en un limbo de desempeño económico mediocre -peor al vivido en años recientes- con altibajos recurrentes y propensión a experimentar frecuentes crisis financieras es real y se eleva con las políticas que ha adoptado el Gobierno actual.

 

Las coincidencias comienzan a ser demasiadas para no ver el peligro que su consolidación podría implicar para el País y las generaciones de jóvenes que renovaron su esperanza con AMLO.

 

Tanto el peronismo como el morenismo son movimientos incluyentes, caracterizados por una enorme diversidad de adeptos y seguidores, pero con un elemento en común que es la férrea lealtad al jefe: todo se vale mientras esa lealtad sea inquebrantable.

 

AMLO está substituyendo las pocas instituciones que existían en el País por estructuras personales de lealtad y sumisión, dos recetas para segura inestabilidad en el futuro.

 

En lugar de consolidar los pocos avances institucionales que se habían logrado, se está avanzando hacia un proyecto donde las reglas que nos rigen son la voluntad de una sola persona, tal como sucedió en los años del kirchnerismo.

 

En segundo lugar, la estrategia de subsidio y generación de clientelas, que sigue el mismo patrón de subordinación, pero a una escala masiva, inexorablemente viene acompañado de la creación de nuevos derechos que, en el tiempo, se tornan difíciles, si no es que imposibles de revertir.

 

La crisis fiscal argentina no es producto de la casualidad, sino de derechos adquiridos que luego se tornan en obligaciones que el Gobierno tiene que sufragar con recursos cada vez más escasos.

 

México ya de por sí avanza hacia una sociedad con un mayor número de adultos pensionados y menos nuevos jóvenes incorporándose a la fuerza de trabajo, a lo que ahora se sumará el costo de las huestes clientelares de AMLO.

 

En tercer lugar, las políticas adoptadas por los dos Gobiernos de los Kirchner en Argentina sugieren el tipo de riesgos que la estrategia del nuevo Gobierno mexicano va a endilgarle al País: la centralización de todos los programas sociales en la oficina presidencial.

 

México ya había pasado por programas (y fracasos) clientelares como los anteriores, pero desde los 90 logró una cierta institucionalización de la política social, que ahora ha sido desmantelada a una velocidad que asombra.

 

Peor, sorprende que ni los beneficiarios de programas como Prospera ni lo que queda de la Oposición hayan levantado siquiera un dedo.

 

En Argentina esos programas permitieron apabullar electoralmente a la Oposición mientras duró la bonanza fiscal.

 

La pregunta ciudadana es obvia: si la población no defiende sus logros, no los merece.

 

Existen otras coincidencias que deberían preocupar por su efecto sobre la competencia política y en el menguado ambiente de negocios.

 

Por ejemplo, el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro está diseñado para generar dependencia respecto al Gobierno, mermando el desarrollo de una fuerza de trabajo guiada por criterios de mérito y productividad, cada vez más importantes en la era de la economía digital.

 

Un ejército de jóvenes permanentemente movilizados sirve para fines electorales, pero destruye el futuro económico de un país.

 

Cuando el Presidente dice que su objetivo es subordinar las decisiones económicas a las políticas, ahora consolidado con la renuncia del Secretario de Hacienda, ratifica que está dispuesto a ir contra las fuerzas más poderosas de nuestra era: los mercados financieros.

 

Cuando Bill Clinton contendió por la Presidencia, su principal asesor político, James Carville, de golpe entendió que el mundo había cambiado:

 

"Yo solía pensar que, si hubiera reencarnación, quisiera retornar como el Presidente o el Papa... Ahora quisiera regresar como un operador de los mercados de bonos. Esos intimidan a cualquiera".

 

AMLO también cree que seguimos en los 80...

 

El ejemplo argentino es por demás sugerente porque es el tipo de programa que AMLO y sus seguidores ven como deseables.

 

La desaparición de (casi) toda capacidad técnica en el Gobierno permite implementar programas costosos sin medir consecuencia alguna, además de que provee incentivos para adoptar políticas cuyo efecto de mediano y largo plazos siempre acaba siendo devastador, como controles de precios, la nacionalización de fondos de pensiones y el empleo de herramientas como encaje legal y cajones de inversión a bancos.

 

Algunos morenistas salivan por este tipo de mecanismos. No tienen idea de la destrucción que implican.

 

Luis Rubio

www.cidac.org


 

Es Alfonso Romo Conflicto de interés

Acusa ex Secretario de Hacienda que empresario de NL impuso a funcionarios. Cuenta Carlos Urzúa las diferencias que ha tenido con el Presidente Andrés Manuel López Obrador y algunas de las razones por las que dejó su cargo, entre ellas un desacuerdo con Manuel Bartlett

 

Hernán Gómez Bruera – Proceso

 

MÉXICO.- Carlos Urzúa se ve de buen humor. Pareciera que su renuncia a la Secretaría de Hacienda, el pasado martes 9, sólo es un dato más en su biografía. No hace falta sacarle las palabras con tirabuzón: tiene muchas ganas de hablar. Lo hace como siempre: intercalando anécdotas graciosas y con numerosas digresiones.

 

Habla de cómo conoció al Presidente Andrés Manuel López Obrador y cuenta de qué manera evolucionó su relación, hasta que éste lo invitó a formar parte de su gabinete. En esta entrevista, la primera que da desde su renuncia, le pone nombre y apellido a las críticas que en su carta mencionó indirectamente.

 

El principal conflicto de interés de este Gobierno, asegura, se llama Alfonso Romo Garza.

 

LARGA RELACIÓN

 

-¿Desde cuándo conoces a López Obrador?

 

-Lo conocí a fines de 96, cuando él era presidente del PRD y me invitó a participar en la elaboración del plan económico para el partido. El trabajo salió bien y López Obrador empezó a confiar en mí y a invitarme a sus reuniones.

 

-Entras como Secretario de Finanzas en el Gobierno del Distrito Federal. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Hubo fricciones entre ustedes?

 

-En el Gobierno de la Ciudad no tuvimos ninguna fricción. En realidad siempre me llevé bien con López Obrador. A pesar de las diferencias que hoy tengo con él, estoy convencido de que es, por mucho, el mejor político vivo que existe hoy en México.

 

"La Administración al frente del Distrito Federal fue muy exitosa en las finanzas, especialmente en términos de recaudación. Logramos combatir los desvíos que se generaban en la Tesorería y digitalizamos los servicios (...) Octavio Romero era el oficial mayor, quien controlaba las compras de casi todas las dependencias de forma centralizada. Eso permitió generar muchos ahorros. Por ello, al llegar a la Presidencia, tanto López Obrador como yo estuvimos de acuerdo en que había que tener una sola Oficialía Mayor que llevara a cabo esas tareas. Es el área que hoy comanda Raquel Buenrostro".

 

-Pero finalmente decides retirarte del Gobierno capitalino...

 

-Me fui al tercer año porque tenía una carrera académica en El Colegio de México.

 

"En julio de 2003 dejé el Gobierno, pero no por El Colegio de México sino por el Tecnológico de Monterrey, mi alma mater, donde fundé una Escuela de Graduados de Administración Pública. Cuando se lo comuniqué a López Obrador fue la primera vez que se molestó conmigo. Dejamos de vernos un buen tiempo".

 

-¿Cuándo vuelven a verse?

 

-En 2006, cuando él iba a ser candidato a la Presidencia, me pidieron que lo apoyara en el norte del País, que era donde estaba más débil, para que pudiera explicar allá lo que se había hecho en el Gobierno de la Ciudad. López Obrador se enteró de que yo había hecho esto y me mandó decir que me agradecía mucho. Luego de la elección me pidió que integrara el gabinete legítimo, pero tuve que negarme porque no podía afectar la neutralidad de la Escuela de Graduados que dirigía. Él tampoco estuvo contento con esa decisión y nuevamente nos dejamos de ver.

 

"En 2012, después de que perdió la elección, lo invité un día a mi casa. Dejamos de vernos otra vez hasta finales de 2017, cuando me pidió que lo apoyara para seleccionar a gente que pudiera integrarse a su gabinete. Luego él comenzó a insistir cada vez más en que yo debía ser su Secretario de Hacienda.

 

-¿Le pusiste alguna condición para integrarte al gabinete?

 

-No. Ni él ni yo pusimos condiciones. Sólo le dije que si las cosas iban mal, me iba a ir. Él sabe cómo soy yo.

 

-¿Qué te imaginabas que podía ir mal?

 

-Me preocupaba el hecho de que fuese fiscalmente conservador, y al mismo tiempo colocara un gran énfasis en los programas sociales. Me preocupaba el balance. No es sencillo tener balance presupuestal y al mismo tiempo muchos programas sociales.

 

-¿Le mencionaste la necesidad de aumentar impuestos?

 

-Él no quería hacerlo. Esa ha sido una diferencia importante entre nosotros. El Presidente no quiere hacer una reforma fiscal. Yo sí, porque creo que es la única manera de abatir desigualdades. No sé por qué no quiere hacerlo. Quizás por no enfrentarse a algunos empresarios, quizás por el costo electoral.

 

ROMO

 

-¿Dónde están tus principales diferencias con Alfonso Romo?

 

-Me cuesta entender el tipo de relación que tiene con el Presidente. Ideológicamente Romo es un hombre de extrema derecha y en términos sociales oscila entre el Opus Dei y los Legionarios de Cristo. ¿Cómo un hombre así, que llegó a admirar a Augusto Pinochet y a Marcial Maciel, acabó no sólo siendo amigo de López Obrador, sino incluso siendo el jefe de la Oficina de la Presidencia?

 

"Ahora bien, es verdad que aun cuando Romo trató de usar su influencia para apoderarse de las Secretarías de Hacienda y de Economía, el Presidente no lo dejó. Pero sí pudo imponer a Margarita Ríos-Farjat en el SAT y a Eugenio Nájera en Nafinsa y Bancomext. Este último ha sido desde siempre su mano derecha en el sector empresarial, mientras que para que ella pudiera ser impuesta se tuvo que cambiar la propia Ley del SAT.

 

-¿Alfonso Romo tiene algún conflicto de interés?

 

-Es una buena pregunta, y es precisamente a él a quien aludo en mi carta de renuncia. Un conflicto de interés existe cuando una actividad personal o de negocios de un servidor público podría eventualmente interferir con el ejercicio de sus funciones.

 

"No estoy diciendo que esto haya pasado en el caso de Romo, no me consta, pero dado que en la jefatura de la Oficina de la Presidencia se maneja a diario un cúmulo de información económica confidencial, uno quisiera que Alfonso Romo y sus familiares hasta de primer grado no tuvieran actualmente participación accionaria alguna en la Casa de Bolsa Vector".

 

-Tus razones para salir fueron más profundas que Romo. ¿Por qué decides irte?

 

-En uno de los párrafos de mi carta me refiero a una serie de políticas públicas sin sustento. No quiero hablar de todas, pero de entrada te puedo decir que yo sí estuve a favor de que continuara la construcción del aeropuerto de Texcoco. Creo que la obra estaba muy avanzada y había demasiado dinero de por medio. Si bien es cierto que muchos de los terrenos aledaños estaban controlados por gente vinculada a la Administración anterior, un Gobierno fuerte como el de López Obrador podría haberlos expropiado por razón de Estado.

 

BARTLETT Y GASODUCTO

 

-¿Pero qué fue lo que más te hizo enojar? ¿Cuál fue la gota que derramó el vaso? ¿Pasó algo en particular?

 

-Pasó algo de lo que no quiero hablar porque involucra a mucha gente. Puedo referir, sin embargo, cuál fue una de las gotas que casi derramó el vaso. Un alto funcionario y yo fuimos a comentarle al Presidente hace unos días que lo que está haciendo la CFE no es en beneficio de México. En particular, le hablamos de un caso. Resulta que Bartlett, que tiene una fuerte visión estatista, encontró varios contratos de empresas extranjeras de construcción de gasoductos que para él son un robo a la nación.

 

"Uno de los gasoductos paradigmáticos es el que va de Texas a Tuxpan, Veracruz, el cual se firmó hace cinco años y ya se terminó de construir. Ese gasoducto, que provee más de un tercio de toda la demanda de gas en México, fue construido por Transcanada, una paraestatal canadiense, junto con Ienova, una empresa mexicana, subsidiaria a su vez de una estadunidense llamada Sempra. Puede ser cierto que el gasoducto haya salido caro, como afirma Bartlett, pero lo cierto es que nosotros firmamos un contrato y debemos cumplirlo.

 

"Bartlett no quiere entregar ese gasoducto y pretende renegociar el contrato, pero no está evaluando correctamente su costo, porque al parecer no entiende el concepto de valor presente. Es preocupante que alguien que dirige una empresa de electricidad no entienda el concepto de valor presente. Alguien así no puede dirigir una empresa de electricidad.

 

El problema es que, si no se respeta el contrato, Transcanada demandará a la CFE, porque el gasoducto ya se terminó de construir.

 

POSICIONES, carlos Urzúa, ex Secretario de Hacienda, afirma que él estaba a favor de que continuara la construcción del aeropuerto de Texcoco, ya que la obra estaba muy avanzada. En la imagen, junto al Presidente en una conferencia mañanera.


domingo, junio 30, 2019

 

Yo no quiero que renuncie AMLO

Hoy yo NO voy a participar en la marcha que pedirá su renuncia.

Considero que él debe quedarse los 6 años para los que fue elegido, con más del 50% de los votos válidos, por un INE ciudadano como las anteriores 3 elecciones presidenciales.

 

Quizá, si modifican la Constitución y las Leyes, participaré en una eventual elección de revocación de mandato a los 3 años como prometió que lo haría. Con todos los riesgos que eso conlleva.

 

Apenas lleva 7 meses en el poder, es muy poco tiempo para ver resultados como para exigir su renuncia.

Si, definitivamente creo que lo negativo en éstos 7 meses es mucho mayor a lo positivo. Si, también creo que de seguir así, con ese tipo de decisiones, y con la forma de tomarlas, la situación empeorará. Todo eso lo pronostiqué por más de 12 años y se está cumpliendo.

 

Pero precisamente por esas razones creo, aunque suene contraintuitivo, que debe quedarse y que todos veamos los resultados a los 2, 3 o 6 años.

 

Es importante que el eterno perdedor, quien se autoproclamó y convenció a la mayoría de ser la "oposición" real a "la mafia del poder", cumpla o intente cumplir sus promesas, que se noten sus incongruencias, que se vean los resultados de esas políticas setenteras, para ver si, de una vez por todas, muchos que siguen creyendo en políticos salvadores, en mesías, en que la solución vendrá del "Estado", por fin les cae el 20 que así no es.

 

Si, hay un riesgo enorme de que no se den cuenta, que se radicalicen aun mas, y que pidan continuar por ese camino, profundizar las políticas estatizadoras, populistas, y que el periodo negativo dure décadas, como pasó en los 70's y 80's. Pero creo que no tenemos otras opciones. Ganaron y bien, ahora que lo intenten a ver si es cierto que con autoritarismo, centralismo, estatismo, mercantilismo y populismo sale un país adelante.

 

Al tiempo...

 

#aguzados #PoliticoLovers


domingo, junio 16, 2019

 

El peje de paja

El Peje está hecho de paja. Dicho de otra manera: Andrés encarna al "hombre de paja", uno de los más visitados trucos en una discusión o argumento. Este sexenio, me temo, está siendo construido sobre un castillo de falacias o errores del pensamiento.

 

Paja son las palabras superfluas en un discurso o en un escrito. En inglés le dicen "bullshit" y es algo ofensivo, pero no al grado que no se pueda pronunciar en público. Este material abunda en los discursos y conferencias de prensa de Andrés. Es un maestro de la inserción de paja en todo lo que dice.

 

Hombre de paja a su vez, es una falacia predilecta de quienes desean desviar la atención de un tema y para ganar un argumento.

 

Inventan un hombre de paja al que introducen como si fuera un argumento válido. La gente más ignorante es la más propensa a comprar un argumento que trae escondido un hombre de paja.

 

Los hombres de paja favoritos que encarna el Presidente de México son muchos, pero debo destacar cuatro: el neoliberalismo, el gasto excesivo, la corrupción y la unión de los mexicanos.

 

El neoliberalismo es la más socorrida y la mejor cortina de humo de la que dispone Andrés. Lo invoca para todo, como si fuera una pomada milagrosa que hasta lo tonto te quita.

 

Por ejemplo, la destrucción de Pemex, la baja de las calificaciones crediticias, el origen del huachicoleo, son todos productos del México neoliberal. Él lo va a arreglar regresando al estilo del PRI invencible que gobernó imperturbado durante 70 años. Lo reencarnará a través de Morena.

 

Ahora que reunió fácilmente a 40 paleros para que lo acompañaran a celebrar la victoria de la negociación con Trump, entiendo por qué nadie le aclara a Andrés que México jamás ha sido neoliberal más que en forma simulada.

 

En la era priista jamás operó el libre mercado. Ni siquiera durante los 25 años que lleva el TLC. La presencia de las grandes paraestatales, controladas por sindicato y Gobierno, impide decir que vivimos el neoliberalismo. La tolerada explotación de los celulares sobre los mexicanos indefensos es otro ejemplo.

 

La otra falacia predilecta es el gasto excesivo, no porque no lo sea, sino porque lo usa para de allí deducir -en su lógica torcida- que concluir que el exceso de gasto se resuelve cortando parejo en todo y a todos.

 

Cualquier empresario rascuache sabe que hay que rediseñar para cortar lo improductivo y reforzar lo productivo. Ah, pero para nuestra desgracia, Andrés nunca tomó una clase de administración, pagó un sueldo de su bolsa o maromeó un documento en un banco.

 

El hombre de paja más rentable que introduce el Presidente es el combate a la corrupción. Para todo le echa la culpa. Pobre. Cree sinceramente que la corrupción es como una persona que hay que combatir o matar. No la ve como el resultado de un sistema podrido, sin reglas y gobernado por caprichos como los que él nos impone. Ya verá el despapaye de corrupción que se está fraguando.

 

Luego viene otro hombre de paja, montado en un corcel negro, de larga crin, parecido a "Tornado", pero imaginado por Andrés: la unión de los mexicanos. Ése es el jinete que nos va a salvar de todo. La lógica de Andrés es impecable. Si todos estamos de acuerdo en todo, todo se hará bien, rápido y de calidad.

 

¿Pemex? Resulta que siempre no necesita socios para explotar ciertos campos. ¿La razón? La unidad de los mexicanos es más poderosa que los bancos extranjeros y acreedores internacionales juntos. Unidad es como la pomada de "La Campana". Borra raspones y oculta moretones. El Peje de paja no tiene cerebro.

 

Sin embargo, la unidad en un país moderno no significa pensar igual, sino entre todos generar soluciones inteligentes. Ah, de nueva cuenta. La inteligencia ya la trae Andrés de fábrica. No entendemos porque nosotros somos los tercos y cerrados. La unidad es la pegadura con la que él va a armar su castillo de falacias.

 

Lo increíble realmente es que el Peje de paja tenga tantos y tantos aduladores.

 

Javier Livas

javierlivas@infinitummail.com


domingo, junio 02, 2019

 

Yo tengo otros números

El Presidente es un hombre letrado a quien no sólo le gusta demostrar su conocimiento de la historia, particularmente la de México, sino que además parece tener una inteligencia innata para comunicarse con el ciudadano común (de ahí buena parte de su popularidad y empatía con la gente). Lo vemos en sus dichos populares que son vitoreados por las multitudes, expresiones coloquiales que arrancan la sonrisa, el aplauso y la algarabía.

 

Recientemente expuso (sin saberlo, quizá) una clase de cómo deben nombrarse las marcas (en inglés el proceso se llama naming y es uno de los que requieren más habilidad, creatividad y estrategia) al bautizar como "Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado" en lugar del nombre técnico que usaba el rigor legal de "extinción de dominio". Más allá de estar de acuerdo o no con él, el Mandatario tiene esta habilidad.

 

Como donde hay montañas existen valles, el Presidente recientemente tropezó al decir que México fue fundado hace 10 mil años. En días posteriores volvió a errar sus cálculos al afirmar que el hombre en América tenía una existencia de "5 a 10 mil millones de años". Surgieron las burlas y las correcciones serias demostrando que el Presidente equivocó las cuentas. Esto abre camino a una pregunta seria: ¿Es el Presidente de México un hombre anumérico?

 

Hace algunos meses en este mismo espacio escribí "Anumerismo", donde expongo lo que John A. Paulos ha escrito en "El Hombre Anumérico, el Analfabetismo Matemático y sus Consecuencias": "El anumerismo o incapacidad de manejar cómodamente los conceptos fundamentales de número y azar, atormenta a demasiados ciudadanos que, por lo demás, pueden ser perfectamente instruidos".

 

Me queda claro que ser anumérico no es impedimento democrático para ostentar el cargo, pero al ser la integridad del Presidente, su condición de salud, su estabilidad mental y emocional un tema de seguridad de Estado, también deberíamos saber si tenemos un Presidente anumérico.

 

Importantes decisiones que el Gobierno de la llamada Cuarta Transformación ha tomado son adversas al País cuando se les analiza numéricamente. Entiendo que la política tiene una lógica distinta a la aritmética, pero las consecuencias importan.

 

Paulos cita a Tversky y Kahneman con un ejemplo de anumerismo irracional: "Imagínese que es un general rodeado por una fuerza enemiga abrumadora que aniquilará su ejército de 600 hombres a menos que se decida por tomar una de las dos posibles vías de escape.

 

"Sus espías le dicen que si toma la primera salida salvará a 200 soldados, mientras que si se decide por la segunda hay una probabilidad de 1/3 de que los 600 consigan salvarse y una probabilidad de 2/3 de que no lo consiga ninguno. ¿Qué haría usted?

 

"La mayoría de la gente (tres de cada cuatro preguntados) elige el primer camino, pues de este modo es seguro que se salven 200 vidas, mientras que por el segundo camino hay una probabilidad de 2/3 de que haya más muertos. De momento no hay nada que objetar.

 

"Pero ¿y este otro problema? Usted vuelve a ser el general que ha de decidir. Y le dicen que si elige la primera es seguro que perderá 400 soldados, mientras que si toma la segunda hay una probabilidad de 1/3 de que ninguno muera y una probabilidad de 2/3 de que caigan todos. ¿Qué ruta elige usted?

 

"La mayoría de la gente (cuatro de cada cinco) opta por la segunda, justificando su elección en que la primera de ellas lleva a 400 muertes seguras, mientras que por la segunda hay una probabilidad de 1/3 de que todos se salven".

 

Dos preguntas idénticas y dos respuestas distintas. La forma de plantear el asunto es la clave. ¿Cómo le plantearon al Presidente los números para evaluar decisiones trascendentes como la conveniencia de hacer el Tren Maya, la refinería en Dos Bocas, vender el avión presidencial, la cancelación del NAIM? ¿Lo entendió? ¿Si se lo hubieran planteado en términos de equivalencia en programas sociales hubiese decidido distinto?

 

No tengo duda de las buenas intenciones de AMLO, preocupa sin embargo que (salvo excepciones, como la de Germán Martínez) nadie en su equipo le pueda decir "Yo tengo otros números".

 

Eduardo Caccia

ecaccia@mindcode.com


 

Desafios a la libertad

Soplan vientos autoritarios. En muchos países ha resurgido la figura del hombre fuerte, el líder populista que, habiendo llegado al poder por la vía de la democracia y en un marco de libertad, tiene el designio de acabar con ambas.

 

Consciente de que en México ronda el mismo fantasma, Mario Vargas Llosa convocó al Foro "Desafíos a la libertad en el siglo XXI", que tuvo lugar el pasado domingo 26 de mayo en el histórico Paraninfo de la Universidad de Guadalajara.

 

El acto fue organizado por la Fundación Internacional para la Libertad (la FIL, que Vargas Llosa fundó y preside desde octubre de 2002) y por Raúl Padilla, creador de la otra FIL, la Feria Internacional del Libro, que es orgullo de México.

 

En su discurso de apertura, Vargas Llosa trazó un bosquejo de la difícil situación de la libertad en un mundo cruzado de nacionalismos, fanatismos de toda índole y la presencia creciente de los populismos. Con elegancia y prudencia, evitó deslizar la menor opinión sobre México invitando a que fuésemos nosotros, los ponentes mexicanos, quienes abundáramos sobre el asunto. No obstante, recordó que nuestro País es demasiado importante en el destino de América Latina como para perder el rumbo.

 

Es imposible glosar con justicia las intervenciones de los ponentes, que se recogerán en un libro. Acudo a mis apuntes.

 

Valeria Moy y Ana Laura Magaloni tocaron asuntos sensibles para los jóvenes huérfanos de futuro: la inequidad económica y el vacío jurídico.

 

Con respecto a este último tema, José Ramón Cossío fundamentó su grave preocupación sobre el uso político de nuestra Constitución... para acabar con ella.

 

Lisa Sánchez detalló las luchas pasadas y futuras de la sociedad civil. Guillermo Sheridan fustigó con irónica sutileza la autoproclamada superioridad moral del régimen.

 

Jaime Sánchez Susarrey hizo un diagnóstico de la debilidad estructural de nuestra democracia. Gerardo Bongiovanni arrancó risas con anécdotas sobre "la extravagancia argentina", en particular, el peronismo y sus avatares.

 

Álvaro Vargas Llosa explicó por qué, desde la antigüedad hasta nuestros días, las instituciones de la libertad y el espíritu de la república viven amenazadas.

 

Roger Bartra sostuvo que el actual Gobierno mexicano no representa a la izquierda, sino a un movimiento conservador que, en muchos sentidos, busca restaurar la hegemonía del viejo sistema.

 

Tras admitir las taras del proceso de transición (corrupción, inequidad, violencia, inseguridad), José Woldenberg defendió la lucha democrática durante los últimos decenios del siglo 20, expresó la mayor preocupación ante la dilapidación de saberes e instituciones, los "claros tintes autoritarios del Presidente" y los impedimentos que impone para "generar un circuito de discusión".

 

Héctor Aguilar Camín sostuvo que la amenaza a la democracia mexicana es real e inminente. "Estamos en un estado avanzado de captura" de las instituciones republicanas y federales por un Gobierno que busca instaurar una "larga hegemonía política". "Esa democracia, que ahora no valoramos y que trajo tantas deformidades consigo" agregó, "tenía lo fundamental: libertad y competencia en pluralidad".

 

Jorge Castañeda explicó la desfavorable circunstancia internacional que enfrenta la lucha por la institucionalidad democrática en México, y lanzó un llamado a los intelectuales para recuperar un espacio colectivo de acción pública.

 

Christopher Domínguez Michael señaló la responsabilidad histórica de la izquierda intelectual en descalificar y minar la legitimidad democrática en los tres sexenios de la transición. Los resultados están a la vista: sólo hay democracia si triunfan ellos.

 

Héctor de Mauleón precisó las categorías de Timothy Snyder en su libro "Sobre la Tiranía": todas parecen aplicables a México.

 

Federico Reyes Heroles puso el acento en el contenido sesgado o francamente falso de la información oficial. En mi intervención dejé constancia de la agresión que inflige el poder a la prensa.

 

Los frescos del paraninfo rimaban, por decirlo así, con nuestro foro. Los pintó José Clemente Orozco en 1936. En el panel principal, el pueblo indignado, herido, mutilado, encara a los líderes. Uno de éstos pone el imperioso índice sobre el libro que contiene algún dogma, mientras en la otra mano blande el cuchillo amenazante. La imagen perfecta de la intolerancia.

 

En México debe prevalecer la tolerancia. No el dogma, no el cuchillo verbal, sino el diálogo auténtico, la civilidad, el respeto, la capacidad de escuchar. Ése es el desafío de nuestra libertad.

 

Enrique Krauze


sábado, mayo 25, 2019

 

Cacique, aunque diga que no

Los políticos son mentirosos por naturaleza. Sobre todo en un país miserable como México. Hay que tomar con mucho cuidado sus ofrecimientos y levantar la falda de sus palabras para encontrarles sus verdaderos significados.

 

No suelen ser sinceros, aunque lo juren, ni realistas, pues su negocio no son las malas noticias sino las buenas, entre más increíbles más creíbles por una audiencia esperanzada que, como siempre, esta vez quiere de nuevo creer que las cosas serán mejores. Con más razón sazonan el discurso cuando ya han obtenido el poder con ofertas navideñas y piensan que la única forma de conservarlo es aumentar la apuesta ilimitadamente.

 

Por eso López Obrador habla como cotorra huasteca. Ante su incapacidad de cumplir, como no cumplió de Jefe de Gobierno capitalino, la diarrea verbal, que no lo acompañó como candidato, es la única forma a su alcance de mantener encantados, un día más cada mañana, a los mexicanos, cuyo número se va reduciendo, mucho más aprisa, pero igual de fatalmente, que la popularidad con la que hace un poco más de seis años Enrique Peña Nieto arrancó su Presidencia en el 2012.

 

El encantador de Atlacomulco vendía, como su correligionario Carlos Salinas, un pasaporte internacional para el primer mundo, que Peña fue a tramitar a Davos y a otros escenarios económicos internacionales exclusivos para los triunfadores ricos.

 

Andrés Manuel, incapaz de manejar el discurso de los millonarios, a los que ha invitado a asesorarlo, pero no a dormir con él, y sabedor, ranchero ladino que es, de que el anzuelo de la riqueza en moneda extranjera a la vista no se lo iban a tragar una vez más sus hambreados 30 millones de electores del 2018, formuló un rollo cuasi religioso.

 

Ese rollo lo propone a él como chamán que habla de una transformación moral que acabará con la corrupción, como única salida a los problemas económicos, políticos, sociales y humanos que padecen los pobres, que pasaron a ser, sólo en el discurso diarreico del Presidente, la primera (la única) prioridad del País.

 

Al principio se la tragaron y todavía hay muchos millones indigestados con el demencial discurso del chamán presidencial. Pero miente como político, perdedor o ganador, da lo mismo, pues en política la mentira sostiene igual el fracaso que el triunfo. Conforme se caen los castillos de naipes, como se cayó el de Peña y como se caerá el de AMLO, la mentira se vuelve más comprometida con su realización como acción de gobierno y más peligrosa y más lejana de la verdad.

 

La semana pasada, el Presidente ofreció en la ritualidad de Palenque que no será dictador, que "no voy a reelegirme, no voy a gobernar más tiempo, por principio, yo soy partidario del sufragio efectivo no reelección, no quiero convertirme en un dictador, ni siquiera en un cacique, quiero pasar a la historia como un gobernante que impulsó, fortaleció la democracia en México.

 

"Saben por qué la prisa, para que si nos va mal, porque no sabemos, en la democracia es el pueblo el que manda, es el pueblo que decide, que la gente dice va pa'tras, queremos de nuevo regresar a lo de antes, pues cuando menos que les cueste trabajo echar para atrás lo que ya vamos a dejar avanzado", manifestó.

 

Miente el político. Claro que quiere ser dictador... ya lo es de memoranda, que es su forma soberbia de mandar. Y es ya cacique y chamán desde La Chingada en Palenque, desde donde manipula a los "mexicanos originales" en un ritual asiento pueblerino y tercermundista, el estilo que le queda.

 

Y también miente, lo reconoce tácitamente, cuando dice que, si la gente dice va pa'tras, va pa'tras. No hay regreso de la dura dictadura imperfecta del cacique mentiroso, que lleva ya casi seis meses de lero lero. Lo mismo de siempre: mentira, cacicazgo y dictadura.

 

Ya lo veremos cuando digamos va pa'tras. Si es que no nos cortan la lengua, como el cacique Victoriano Huerta al chiapaneco Belisario Domínguez.

 

Felipe Díaz Garza

diazgarza@gmail.com


lunes, mayo 20, 2019

 

Jugar con trenes (usando dinero ajeno)

"Algunas veces la luz al final del túnel es un tren". Charles Barkley

Un viaje en autobús de Cancún a Tulum cuesta 160 pesos. No hay que esperar mucho para tomar uno con 29 viajes diarios disponibles de las 5:30 a las 22:05 horas. Además, no tienen subsidios, son rentables.

 

El Tren Maya de López Obrador iría no solo de Cancún a Tulum, sino que llegaría a Bacalar, se adentraría en la Península de Yucatán por Escárcega hasta Palenque y después regresaría por Campeche y Mérida hasta Cancún en un recorrido de mil 525 kilómetros.

 

Según el Presidente, el proyecto costaría entre 120 mil y 150 mil millones de pesos, un máximo de 100 millones de pesos, 5.3 millones de dólares, por kilómetro. La construcción se haría en un tiempo sin precedente: cuatro años.

 

El bajo costo y el breve lapso serían consecuencia de que mucho del derecho de vía ya lo tiene el Gobierno. Ah, y claro, ¡porque ya no hay corrupción!

 

Los trenes de alta velocidad tienen, según el Banco Mundial, un costo de entre 17 y 21 millones de dólares por kilómetro en China, 25-39 millones en Europa y 56 millones en California, Estados Unidos.

 

El Maya no será un tren bala, pero tendrá una respetable velocidad de 160 kilómetros por hora.

 

Ana Thaís Martínez Palacios del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ofrece cifras para construcción de otros trenes que van desde 1.6 millones de dólares por kilómetro del Osaka-Tokio hasta 111.9 millones del Bolonia-Florencia.

 

A la inversión inicial hay que sumar, por supuesto, los costos de operación y mantenimiento.

 

El Presidente López Obrador ha dicho que el tren tendrá capacidad para trasladar tres millones de pasajeros al año. Si es así, su capacidad estaría sobradísima.

 

El Ferrocarril Chihuahua-Pacífico (Chepe), que junto con el Tequila Express es el único tren de pasajeros que queda en nuestro País, traslada alrededor de 170 mil pasajeros anuales en su ruta de 673 kilómetros de los cuales 90 mil son turistas y 80 mil rarámuris que no pagan tarifa completa.

 

El servicio, proporcionado por una empresa privada, se mantiene solo gracias a un subsidio del Gobierno.

 

Casi ningún tren de pasajeros en el mundo es rentable. No hay razón para pensar que el Tren Maya lo será, aun si se construyera por 150 mil millones de pesos.

 

El estudio del IMCO, empero, sugiere que los costos reales de construcción oscilarán entre 460 mil millones y 1.5 billones de pesos.

 

Quizá el Tren Maya tenga un mayor número de pasajeros que el Chepe, pero esto llevaría quizá a un máximo de 200 mil o 300 mil usuarios anuales. No son suficientes para hacerlo rentable.

 

Un boleto sencillo en el Chepe en clase turista entre Chihuahua y Los Mochis cuesta 3 mil 276 pesos. El tramo entre Chihuahua y Ciudad Cuauhtémoc, de solo 103 kilómetros, menos que los 130 de Cancún a Tulum, alcanza 667 pesos.

 

Nada que ver con los 160 pesos sin subsidio de los autobuses Cancún-Tulum. Además los trenes a Los Mochis solo salen de Chihuahua los lunes, jueves y sábados. Tener 29 salidas diarias en un tren turístico es imposible.

 

Si realmente el Gobierno quisiera impulsar un transporte barato y eficiente en la Península de Yucatán ampliaría la actual y excelente carretera Cancún-Tulum y mejoraría las que conectan con Mérida, Campeche, Escárcega y Palenque.

 

Quizá un proyecto así no impulsaría la mística de la Cuarta Transformación, pero sería mejor para los supuestos propósitos que se tienen.

 

El problema es que los políticos son como niños: les gusta jugar con trenecitos.

 

DECLINACIÓN

Virtualmente todos los trenes de pasajeros son subsidiados, pero ni siquiera así los siguen usando los pasajeros. Según el IMCO, los servicios ferroviarios representan menos del 10 por ciento de los traslados por tierra en el mundo y hay "una disminución de casi 10 por ciento en los últimos 15 años". No es la mejor perspectiva para construir un nuevo tren.

 

Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com


domingo, mayo 12, 2019

 

Desencuentro

No es de sorprender la existencia de tensiones entre las necesidades de la economía para poder progresar y las demandas que impone la población a través de los mecanismos democráticos.

 

Para atraer inversiones y crear condiciones para el progreso, los Gobiernos tienen que contenerse en materia presupuestal y evitar distorsiones como las que producen subsidios, restricciones al comercio y otras medidas discrecionales.

 

Por su parte, la ciudadanía, a través de su voto, demanda soluciones, mejores condiciones de vida y seguridad para su propio desarrollo y bienestar.

 

Si el Gobierno actúa bien, no hay razón para que ambos factores resulten contradictorios, al menos si se le da suficiente tiempo para cuajar a lo primero. Sin embargo, en la era de las comunicaciones instantáneas y las expectativas desbordadas, los votantes quieren satisfactores inmediatos.

 

En la segunda mitad del siglo 20 dominó la noción de que la democracia liberal era el patrón contra el cual todas las naciones tenían que medirse, lo que llevó a que las dictaduras y dictablandas del mundo adoptaran medidas de apariencia democrática.

 

Todo esto cambió en la última década tanto por la crisis financiera del 2008 como por el mero hecho de que China haya logrado un avance económico excepcional sin siquiera pretender ser una democracia.

 

En "Democracia y Prosperidad", Iversen y Soskice argumentan que la democracia y el capitalismo no sólo son compatibles, sino que una es inviable sin la existencia del otro.

 

Su planteamiento se fundamenta en tres elementos: primero, se requiere un Gobierno que funcione y que establezca y haga cumplir las reglas para la interacción social y económica; es decir, el mercado y el Estado son dos componentes cruciales del desarrollo.

 

En segundo lugar, la educación es central al desarrollo y más en sociedades avanzadas porque en la medida en que se eleva la complejidad social, tecnológica y económica, la población siempre demanda la existencia de un Gobierno competente.

 

De esta forma, tercero, el desarrollo requiere habilidades particulares que usualmente se multiplican a través de redes y comunidades y, por lo tanto, tiene una naturaleza geográfica, como ocurre con los clusters industriales que hay en Jalisco, Querétaro, etc.

 

Detrás del planteamiento de estos autores reside la tesis de que la democracia funciona y es estable en la medida en que el Gobierno, y los partidos políticos, son capaces de satisfacer a las clases medias, elemento crucial tanto del crecimiento económico como de la estabilidad política.

 

La clave de todo esto consiste en un principio elemental: cuando un Gobierno es democrático, tiene que proveer a la población y a las empresas las condiciones que les permitan ser exitosas y en eso radica la esencia de la democracia, en responderle de manera efectiva a la ciudadanía.

 

¿Será aplicable esta tesis a la realidad mexicana actual? Por un lado, la popularidad del Presidente sugeriría que el elevado reconocimiento del que goza es independiente del desempeño económico. Sin embargo, si uno observa las encuestas, el electorado distingue nítidamente entre su respeto al Presidente y su apoyo a las medidas y decisiones que éste está tomando.

 

Mientras que el apoyo a la persona rebasa el 60 por ciento, la aprobación a sus medidas fluctúa entre el 20 y el 40 por ciento. Es decir, la mayoría de la población no coincide con la forma en que gobierna, pero aprueba masivamente a la persona del Presidente.

 

Por otro lado, la población que aprueba al Presidente no es homogénea: hay una cohorte que lleva lustros apoyándolo y que le concede toda la latitud que requiera, pero hay otros grupos que son más volátiles y que esperan soluciones prontas y expeditas. El común denominador es que todo mundo espera respuestas, pero algunos tienen más paciencia que otros.

 

La mexicana todavía es, en muchos sentidos, una sociedad industrial, y en las sociedades industriales, dicen los autores, los trabajadores con habilidades y los que no las tienen (producto de las fallas del sistema educativo) son interdependientes; sin embargo, en la medida en que la economía avanza hacia la digitalización, esa interdependencia desaparece y es ahí donde surgen las crisis políticas y los abusos de grupos de interés.

 

Los autores afirman que el populismo surge cuando sectores importantes de la sociedad dejan de verse representados por el sistema político. Esto explica el triunfo de AMLO el año pasado; también constituye un reto para responderle a esa población a tiempo y de manera exitosa.

 

Luis Rubio

www.cidac.org


 

Destrucción de la naturaleza

En la realidad atemporal y alternativa donde vive López Obrador puede hablarse de nuevas refinerías, trenes que atraviesan biósferas y de arrasar con campos, lagos y cerros sin mencionar, ni por asomo, los daños ambientales de esas obras.

 

Para él y sus funcionarios aluxes, el calentamiento global no existe: ni siquiera cuando toca a nuestra puerta y amenaza con destruir las costas de Quintana Roo y la industria hotelera que alberga.

 

Para desgracia del planeta, la negación del calentamiento global es parte de la agenda cultural de los populistas. Han inventado, como Trump, todo tipo de argumentos insostenibles para negarlo, para disuadir a los Gobiernos de tomar medidas que atraviesen las fronteras y engañar a sus seguidores fanáticos y desinformados.

 

La ventaja del sargazo es que las 168 mil toneladas que invadieron las costas del Caribe en el 2018, y de nuevo en el 2019, sí se ven. Y no hay manera de darle la vuelta a sus orígenes ni a la devastación natural que causarán.

 

La multiplicación de esta macroalga se debe al aumento de nutrientes que la alimentan -los agroquímicos y las descargas de aguas residuales que arrojamos al mar-, al aumento de la temperatura del agua y al cambio de las corrientes marítimas y los vientos resultado del calentamiento global.

 

Los funcionarios federales y locales que andan todavía buscando "el entendimiento" del problema han contratado para resolverlo a industrias dedicadas al comercio de "abarrotes y ultramarinos" o de servicios de "hojalatería y pintura" (EL NORTE, mayo 4, 2019) que, inexplicablemente, no han podido detener la llegada del sargazo a las playas, o se han hundido en la resignación. El director de Fonatur, Rogelio Jiménez Pons, declaró de plano, que "es un problema que llegó para quedarse".

 

El director no entiende que el problema no puede haber llegado para quedarse porque puede causar un desastre ecológico. El sargazo acaba con el oxígeno del agua matando a todos los seres vivos de un ecosistema, y ya seco en la playa despide ácido sulfúrico y arsénico que ponen en riesgo a miles de especies marinas más y a los mantos freáticos de agua dulce.

 

Es indispensable entender de qué estamos hablando, porque el sargazo (y la ceguera ambientalista de este Gobierno) es nada más una punta del iceberg de la destrucción del único hábitat que nos sostiene como especie -este planeta- y de la necesidad de detenerla.

 

El 6 de mayo se publicó un largo estudio internacional ordenado por la ONU, el más completo que se haya hecho hasta ahora, sobre la devastación de la naturaleza y el desafío que enfrentamos para revertirla ("Human society under urgent threat", The Guardian). Las cifras son escalofriantes.

 

Desde los arrecifes de corales hasta las selvas tropicales, estamos destruyendo la naturaleza a una tasa cientos de veces más alta que el promedio de los últimos 10 millones de años. La biomasa de mamíferos salvajes ha caído en 82 por ciento; los ecosistemas naturales han perdido la mitad de su superficie. Un millón de especies estarán en peligro de extinción en las próximas décadas; 500 mil a corto plazo.

 

El reporte describe un planeta en donde la huella de la actividad humana es tan aplastante que deja muy poco espacio para algo más. Tres cuartas partes de la superficie del planeta son ahora campos de cultivo, planchas urbanas de concreto, presas o paisajes que nada tienen que ver con su estado original. Hemos alterado también dos tercios del ambiente marino y tres cuartas partes del agua de ríos y lagos está dedicada a la agricultura y a la ganadería.

 

Cada año extraemos 60 mil millones de toneladas de recursos de la naturaleza: casi el doble de lo que explotábamos en 1980. Nuestros desperdicios han rebasado con mucho la capacidad del planeta para absorberlos.

 

Lean y relean: arrojamos más del 80 por ciento de aguas negras en arroyos, lagos y mares SIN tratamiento, junto con 300 o 400 millones de toneladas de metales pesados y desechos industriales. Los desperdicios de plástico son 10 veces más grandes que en 1980, y los de fertilizantes han creado 400 "zonas muertas" con una superficie del tamaño de la Gran Bretaña.

 

Éste no es mundo para refinerías o trenes que destruyan biósferas. Es un planeta que pide a gritos medidas para detener el calentamiento global, inversiones en infraestructura verde y energías alternativas, nuevas leyes de protección del ambiente y un cambio de nuestro modo de vida, tan radical, que apenas podemos imaginarlo. Y es ahora o nunca. Lo que está en juego es el equilibrio de la naturaleza que sostiene la vida humana.

 

Isabel Turrent


 

Carta a AMLO

Señor Presidente, en aras de que su administración sea exitosa y particularmente su cruzada contra la corrupción pase a la historia, me permito dirigirme a usted en respuesta a su llamado para que veamos a la corrupción como una enfermedad, por lo que sugiere "hacer terapia para reincorporar a mucha gente".

 

Quiero pensar que su postura como candidato ha madurado a la de un Mandatario, ahora ve que no basta con su ejemplo y que la corrupción no se acaba nada más barriendo de arriba para abajo, de ahí que proponga una terapia, pues se ha dado cuenta de que el mal es más complejo de lo que pensó.

 

En nuestro único encuentro cara a cara, donde era usted candidato, le comenté que su visión para erradicar la corrupción me parecía ingenua e insuficiente. Quiero creer que sabe rectificar ante la evidencia.

 

Mencionó también que la corrupción es "una especie de enajenación" y que "hay que crear una asociación para recuperarlos (a los corruptos)" para "hacerles ver que el dinero no es la vida... que no es lo material lo que da la felicidad... que sólo siendo buenos podemos ser felices". Estoy de acuerdo con usted (aunque hay corrupción que persigue intangibles como el poder y la influencia, beneficiar a amigos y parientes y más).

 

Asumo que al mencionar "enfermedad" y "terapia" habla en sentido figurado. Varios quienes hemos tocado el tema usamos expresiones como "cáncer social" que "se contagia" y que necesitamos "una cura". Estoy de acuerdo en la metáfora, hace sentido en cómo crece y se propaga la corrupción, también en la forma de combatirla.

 

La corrupción es un sistema, una forma de ser, es parte de los hábitos con los que la gente resuelve su cotidianidad, es cultural, entendiendo por cultural no a lo genético ni a lo endémico, ni los valores del pueblo, en otras palabras, no está en lo mexicano, sino en el modus operandi del individuo (de cualquier nacionalidad).

 

Como todo hábito puede ser cambiado, la corrupción puede ser combatida a niveles que podrían hacer que usted pase a la historia. Convengamos que no es sólo un ilícito entre funcionarios y particulares, es también cualquier acto ciudadano que corrompe el orden legal, desde la casa, la oficina y la calle.

 

No necesita crear ninguna asociación, ya existen y están haciendo una gran labor contra la corrupción y la impunidad; haga alianzas con ellas, aunque sean de la sociedad civil, deles un voto de confianza.

 

Le menciono algunas, todas apartidistas: MéXXIco libre de Corrupción (www.mexxi.co), que fomenta tres ejes de combate: el compromiso de los líderes, un andamiaje institucional que identifique, persiga y castigue y una sociedad consciente y activa. Mexicanos Unidos Contra la Corrupción y la Impunidad (www.contralacorrupcion.mx), que ha expuesto casos notables. Y www.avanzasintranza.com, que capacita para generar en la sociedad civil un cambio a través de convicción, carácter y compromiso.

 

Propongo que los mexicanos nos unamos a su cruzada, por ello lo invito a leer el libro "Las Hazañas Bribonas" del doctor Guillermo Zúñiga, donde plantea un método para combatir la corrupción.

 

El autor ha identificado cuatro componentes de un acto tramposo (léase corrupto): la oportunidad, el sigilo, la oposición (sabe uno que es contra la ley) y la emoción, y considera fundamental que la persona sea consciente de ese patrón para recapacitar y decidir no ser tramposo (léase corrupto).

 

Esta es la terapia a la que usted se refiere. Invite a su Secretario de Educación para que incorpore esta teoría a los planes de estudio. Ahí está parte de la vacuna.

 

Sólo la voluntad personal de cada mexicano que decide hacer lo correcto en vez de lo ilegal, sumado a otro y a otros miles de mexicanos, podrá darle la vuelta a este azote. No es suficiente el deseo y el ejemplo presidencial, escuche a los que saben, déjese ayudar y no se olvide de la impunidad.

 

Se lo comento con el único adjetivo que debería mediar en nuestro diálogo, ni chairo ni fifí, ni liberal ni conservador, sino un adjetivo que nos hermana y nos causa un orgullo compartido, tan grande como el país que amamos: mexicano. Así, de mexicano a mexicano le digo, Señor Presidente, no está sólo en esta lucha, a menos que usted lo quiera.

 

Eduardo Caccia

ecaccia@mindcode.com


domingo, abril 28, 2019

 

El ABC de los gobiernos

Desde el ABC de la teoría política hay que empezar para explicar por qué el Presidente se equivoca día a día en sus decires matutinos y en muchas de sus políticas.

 

López Obrador parece creer genuinamente que todos los problemas que enfrenta son nada más producto de políticas "neoliberales" del pasado reciente; no ve, ni acepta, las consecuencias de los errores que ha cometido desde que tomó el poder y no tiene idea de las tareas fundamentales de un Estado eficaz.

 

Desde Sun Tzu, pasando por Maquiavelo, Hobbes y Max Weber, y todos los teóricos que han explicado la construcción de un Estado funcional a partir de un contrato social original, están de acuerdo en que el Estado tiene, desde el principio de la historia, tres obligaciones fundamentales: la responsabilidad de proteger a sus gobernados, la de solucionar los conflictos impartiendo justicia de acuerdo con los mandatos de ley, y la capacidad de recolectar impuestos y redistribuir de manera eficaz los recursos para garantizar el bienestar de todos.

 

Sobre el tema se han escrito bibliotecas. Quien quiera viajar por todo el pensamiento político occidental puede consultar el libro enciclopédico de Alan Ryan ("On Politics").

 

Para un excelente recuento, más breve y escrito desde el (vapuleado) centro-izquierda "Good and Bad Power" de otro escritor inglés, Geoff Mulgan, es inmejorable. Mulgan agrega una cuarta tarea fundamental para un Gobierno eficaz, que, paradójicamente, en lugar de perder relevancia, se ha vuelto aún más importante en esta era de la posverdad: la responsabilidad de promover la verdad y el conocimiento.

 

López Obrador ha fracasado en esas responsabilidades para construir y apuntalar un Estado eficaz, porque no ha asumido que encabeza un Estado débil.

 

Tampoco, que la debilidad del Estado mexicano no es resultado de las políticas de libre mercado de sus antecesores, sino del crecimiento y expansión a lo largo del territorio del País de una constelación de grupos bien organizados de narcotraficantes y delincuentes que roban, toman casetas, extorsionan, secuestran y asesinan con total impunidad.

 

La verdad lo tiene sin cuidado. Ha inventado, como lo han hecho muchos populistas iliberales que han transitado por el siglo 20 y el siglo 21, a enemigos anónimos, imposibles de identificar y de llevar a la justicia. El perfecto chivo expiatorio.

 

Los "conservadores" de López Obrador -que parecen reflejo de los "peligrosos inmigrantes" con los que Trump ha azuzado el supremacismo blanco en Estados Unidos- no existen.

 

El Presidente comparte, de menos con su antecesor inmediato, una imaginación política deficiente, que le ha impedido diseñar una estrategia inteligente y de altos vuelos para cimentar el desarrollo económico (del cual depende el fortalecimiento del Estado benefactor) y para resolver la violencia de narcos y delincuentes con el uso de la violencia legítima.

 

Es un político de muy cortos plazos. (Por eso no le interesa tampoco el conocimiento ni el futuro de los estudiantes que ha dejado en manos de la CNTE, ni de los que no tendrán oportunidad de estudiar en el extranjero, porque desmanteló Conacyt).

 

Pero ha olvidado que la seguridad y la protección de sus gobernados no puede ser cortoplacista. El anhelo de paz no es monopolio de un grupo de ciudadanos "conservadores", como dice el Presidente. Es el cimiento del contrato social entre un Estado y la sociedad que gobierna desde el principio de los tiempos: la garantía de seguridad, orden, paz y prosperidad, a cambio de obediencia a las leyes, lealtad al Estado y pago de impuestos.

 

Como lo hemos comprobado los mexicanos, es difícil exagerar la importancia de un Gobierno fuerte, estable y protector para el bienestar de sus ciudadanos. Por eso, para todos los teóricos políticos, es el cimiento de la legitimidad de un Estado. Eso y no su política clientelar debería ser la primera prioridad del Gobierno. Encontrar una estrategia eficaz para garantizar la paz.

 

Si falla, correrá el riesgo de que su legitimidad quede prendida con alfileres de una retórica matutina hecha de ocurrencias.

 

Isabel Turrent


 

Poder y verdad

El poder como servicio es indeseable. Nunca faltan personas abnegadas que se desviven al servicio de los demás. Pero sus beneficiarios pueden ser desconsiderados, creerse dignos de atención infinita. No tener límites para pedir, cuando descubren que les hacen caso. Pueden esclavizar al que les sirve desinteresadamente. Los padres de familia, maestros, médicos, religiosos, pueden ser explotados vilmente por sus hijos, pupilos, pacientes, feligreses, si se abandonan al deseo de servir.

 

Cuando aceptar el poder es sacrificarse de verdad, los elegibles corren a esconderse, como sucede en Alcaldías paupérrimas. En algunas, hay la costumbre mañosa de no faltar a la asamblea de elección, porque se nombra Alcalde al que no asiste. Si, por alguna afortunada anomalía, alguien tiene ambiciones de poder (cuando el poder no es más que servicio), hay que aplaudirlo, festejarlo y entregarle el poder rápidamente, antes de que se arrepienta.

 

El poder como saber profesional aparece tardíamente. Los guerreros empleaban a los letrados que, estando cerca del poder, llegaron a creerse capaces de gobernar. Confucio y Platón soñaron un Estado racional, dirigido por sabios como ellos.

 

Pero la racionalidad política no es tecnocrática, sino democrática: una conversación entre conciudadanos que deliberan públicamente y finalmente toman una decisión razonada.

 

Los especialistas deben ser escuchados, pero no mandar. En la práctica, los tecnócratas no son Platones ni Confucios. Ni siquiera son los técnicos más conocedores, sino los más políticos. Son especialmente hábiles para ocultar la realidad bajo razonamientos y estadísticas que les dan la razón. Su especialidad no es la administración del ramo equis, sino la administración de la verdad sobre el ramo equis.

 

Tener poder es tener razón. Lo que parece que está mal está bien; y, si algo sale mal, es por causas incontrolables o por culpa de administraciones anteriores (a las que no llaman a cuentas).

 

Eso sí: celebran ruidosamente el futuro de las sabias medidas que están tomando para superar los desastres de las sabias medidas anteriores.

 

El poder como negocio es una tradición lamentable. Pero las denuncias, noticias y escándalos destacan el modus operandi y lucro del abusivo, subestimando lo esencial, que es la mentira.

 

La tecnocracia y el poder como negocio dependen de la buena administración de la verdad. Muchas realidades del poder se mantienen secretas. La demagogia encubre lo que no se quiere publicar.

 

Esta doblez daña también al que la impone. En "La Paz Perpetua", Kant dice que el poder atrofia la razón. Lord Acton dijo algo parecido en una carta: El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente.

 

¿De dónde surge la tendencia corruptora del poder? De la doble personalidad. La corrupción sólo puede existir cuando alguien está investido de una representación que lo convierte en otro: una personalidad simbólica, que no necesariamente coincide con sus propios intereses, gustos, deseos, opiniones. El poder empuja al exceso, el crimen, la locura, porque lleva a la confusión de identidades.

 

Lo que Max Weber llamó patrimonialismo (la indistinción entre el erario y el bolsillo de los hombres de Estado) es sólo una de las confusiones posibles. Antes de ser rapiña, irresponsabilidad, injusticia, la corrupción es una impostura. Puede ser mañosa. Puede ser cómica. También puede ser trágica, como en "El Gesticulador" de Rodolfo Usigli: la otra personalidad se apodera del poseso y lo arrastra a creerse lo que no es.

 

La corrupción degrada a los que abusan del poder por el abuso mismo, más que por los beneficios que reciben. Los degrada incluso cuando no se benefician, cuando abusan para salvar el país o la fe, que así destruyen.

 

Solón estableció el derecho de llamar a cuentas a las autoridades: algo bueno para ayudarles a conservar el sentido de la realidad. Montesquieu propuso la división de poderes. Kant, la transparencia del poder. Todos estos principios dicen lo mismo: No te aloques, no eres Dios. Te respetamos como persona y respetamos tu investidura, pero te vamos a ayudar a que no te creas lo que no eres.

 

En los viejos tiempos del PRI, la omnipotencia presidencial y el servilismo llegaron a extremos cómicos. El Presidente era el Creador de todas las cosas y el Verbo Encarnado que las definía en sus propios términos, como en aquel certero chiste. Pregunta a un ayudante obsequioso:

-¿Qué horas son?

 

-¡Las que usted diga!, Señor Presidente.

 

Gabriel Zaid


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