viernes, julio 13, 2018

 

Recortar gasto

"Una falta de realismo en la visión hoy cuesta credibilidad mañana". John C. Maxwell

Es muy positivo que Andrés Manuel López Obrador busque aumentar el gasto público sin elevar impuestos ni el déficit de gasto público.

 

Supongo que ésta es la razón principal por la que los mercados financieros se han mantenido estables a pesar del triunfo de un candidato que en un momento fue considerado un peligro para México.

 

Para lograr este objetivo, el nuevo Gobierno tendrá que encontrar ahorros importantes. ¿Hay dispendios que se pueden eliminar? Sin duda. Pero el esfuerzo no resultará fácil. Quizá dos terceras partes ya están comprometidas.

 

El gasto público total en 2018 está presupuestado en 5 billones 279 mil 667 millones de pesos. El 28 por ciento es gasto no programable, que no se puede modificar. En este monto se incluyen participaciones que el Gobierno federal debe entregar por ley a los Gobiernos de las entidades de la Federación, así como el servicio de la deuda pública.

 

La mayor parte del gasto programable, que asciende a 3.8 billones de pesos, también está etiquetado. Incluye los sueldos de los trabajadores del sector público, como maestros, médicos y enfermeras, y subsidios a diferentes grupos sociales, como los campesinos, que ningún político se atreve a recortar. López Obrador no ha prometido bajar este gasto, sino aumentarlo, con mayores subsidios.

 

Los recortes de gasto que ha prometido Andrés Manuel son llamativos, pero no hacen mella a unas propuestas que buscan incrementar el gasto público en alrededor de 500 mil millones de pesos.

 

Está ahí el caso de las pensiones de los ex Presidentes. Prometer recortarlas ha sido una de las más llamativas promesas de campaña de López Obrador, pero el ahorro es mínimo.

 

Su afirmación de que estos ex Presidentes tienen una pensión que no tiene ni Obama es falsa. Las pensiones de los ex Presidentes ascienden a 205 mil pesos mensuales antes de impuestos y no a los 5 millones mensuales que afirmó López Obrador.

 

El ahorro total de eliminar pensiones, incluso las que reciben las ex Primeras Damas, será de sólo 40 millones de pesos al año. Obama recibe una pensión de 207 mil dólares anuales, que si se erogaran en 12 pagos al año equivaldría a 17 mil 250 dólares mensuales; al tipo de cambio de ventanillas bancarias de ayer equivalen a 340 mil pesos.

 

Es cierto que los ex Presidentes mexicanos reciben apoyos para una oficina, un pequeño personal de apoyo y guardias, pero lo mismo ocurre con el ex Presidente Obama y con casi todos los ex jefes de Estado y de Gobierno en el mundo.

 

El Presidente Enrique Peña Nieto tiene un sueldo bruto de 209 mil pesos al mes. Descontando impuestos, esto se traduce en 142 mil pesos netos. López Obrador dice que lo recortaría a la mitad, por lo que recibiría un sueldo neto de 70 mil pesos mensuales.

 

Dice también que bajaría los sueldos de todos los altos funcionarios. Así tendríamos Secretarios con ingresos de quizá 60 mil pesos al mes y Subsecretarios con tal vez 50 mil. Esto no solamente haría difícil encontrar personas calificadas para muchos cargos, sino que haría que los altos funcionarios ganaran menos que mucho personal de base.

 

Lo peor de todo es que de nada serviría para llegar a la meta. Todos los sueldos de los altos funcionarios, de director de área a Presidente, apenas suman unos 5 mil millones de pesos al año.

 

Es muy loable que López Obrador busque reducir los gastos del Gobierno. Pero las formas en que ha señalado que lo logrará no convencen. Los ahorros que ha prometido son una fracción apenas del dinero que tiene que recortar.

 

Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com


martes, julio 03, 2018

 

Hay que exigir resultados

Soy del 47% que no votó por AMLO. Y aunque no me gustó el resultado, aquí seguiré trabajando por México desde mi trinchera como lo he hecho toda mi vida.

 

Sin embargo, a menos de 2 días de su triunfo me sorprende leer con más frecuencia a muchos del 53% que si votaron por él pedir cosas que no vienen al caso.

Piden que se le dé el beneficio de la duda, que se le dé chance, que no se arregla en 6 años "el desmadre" de 80 años, que hay que apoyarlo, que si uno le desea el mal al presidente es como desearle el mal al piloto del avión donde uno viaja, etc.

 

A ver, vámonos por partes. ¿Por qué exigen algo que muchos de los que votaron por él no se lo dieron a otros presidentes en el pasado? ¿Recuerdan cuál fue el primer comentario de Cuauhtémoc Cárdenas hace 18 años exactamente cuando reconoció a regañadientes el triunfo de Fox? Yo si lo recuerdo muy bien. Investíguenle, usen Google.

 

Me queda claro que mucha gente de izquierda votó por Fox solo para sacar al PRI de Los Pinos, como seguramente hoy muchos de ese 53% lo hicieron como voto de castigo, no como cheque en blanco. Pero la izquierda institucional representada entonces por el PRD, dirigida por AMLO desde la CDMX y por Cárdenas, bloquearon cualquier posible cambio.

 

Lo mismo sucedió en 2006 cuando nunca reconocieron su derrota y claman por un fraude inexistente hasta la fecha. Ya no hablemos de los últimos 6 años. ¿Por qué ahora si piden apoyo? Ganaron y ganaron bien, tan es así que tendrán mayoría en el Congreso y no necesitan apoyo de nadie para implementar sus propuestas. ¿por qué lo piden?

 

Ahora, si no se puede arreglar en 6 años el desmadre de 80, ¿por qué AMLO lo prometió? ¿Por qué dijo que la corrupción se acabará solo con el hecho de que él se siente en la silla presidencial? ¿Y no respondía a casi cualquier pregunta que le hacían que todo se resolvería con honestidad y acabando con la corrupción? ¿No dijo N mil veces que el máximo problema es la corrupción? ¿Entonces mintió en la solución? ¿Les dio atole con el dedo? ¿O siempre supieron que él mentía o exageraba al menos y de todos modos votaron por él por coraje y despecho? #PreguntasCabronas

 

No señores, no empiecen a desdecirse a 1 día de su triunfo. Tendrán 5 largos meses para preparar su presupuesto y hacer cambios a leyes de septiembre a noviembre ya con el nuevo Congreso. Podrán sin problema implementar sus cambios desde el 1o de diciembre sin dilación ni excusa. Así lo quiso la mayoría.

 

Quienes pusieron las expectativas hasta el cielo fueron ustedes y con esas promesas fue que ganaron. Ahora que no les de miedo el cambio que tanto añoraron. Sean ciudadanos adultos, de tiempo completo, y exijan resultados. Sean igual o mas críticos con los gobernantes que ustedes escogieron porque si ellos quedan mal a ustedes los pondrán en evidencia por su error. Exijan lo que les fue prometido porque ese es el trabajo de la ciudadanía con sus servidores públicos (no me gusta usar la palabra "gobernantes"), que cumplan lo prometido. Ese es el primer paso si queremos tener mejores funcionarios públicos en el futuro, que cumplan lo que prometen.

 

Pero si desde ahora están sacando excusas, ¿qué nos espera como ciudadanía? ¿O acaso solo votaron para cambiar de amo sabiendo que eran utopías? Apoyar a políticos no debe ser como apoyar a un equipo de fútbol. No se apoya con los sentimientos y se les perdona todo aunque no cumplan. ¿Cuánta gente por décadas voto por el PRI por costumbre y por eso estamos como estamos? ¿Van a hacer lo mismo hacia adelante?

 

Se necesitan #CiudadanosLiberados para que éste país mejore ¿Eres uno de ellos o eres uno más del montón?

Al tiempo.

#Aguzados


domingo, junio 24, 2018

 

AMLO poeta

Corre la leyenda de que Andrés Manuel López Obrador compuso el himno del PRI tabasqueño, del que fue presidente. Se entiende, porque Tabasco es tierra de poetas. Carlos Pellicer, José Gorostiza y José Carlos Becerra fueron tabasqueños. Y cuando Pellicer fue candidato del PRI a Senador por Tabasco (1976), el joven López Obrador militó en su campaña. El socialismo cristiano de Pellicer lo marcó.

 

Tabasco es también tierra de lingüistas. Francisco J. Santamaría no sólo fue Gobernador del Estado, sino el autor de un admirable "Diccionario de Mejicanismos". AMLO buscó la Gubernatura de Tabasco, es autor de 16 libros y tiene una riqueza de vocabulario inusual entre políticos.

 

Las personas que insultan suelen tener un repertorio limitado y repetitivo. No AMLO. Es un artista del insulto, del desprecio, de la descalificación. Su creatividad en el uso de adjetivos, apodos y latigazos de lexicógrafo llama la atención:

Achichincle, alcahuete, aprendiz de carterista, arrogante, blanquito, calumniador, camajanes, canallín, chachalaca, cínico, conservador, corruptos, corruptazo, deshonesto, desvergonzado, espurio, farsante, fichita, fifí, fracaso, fresa, gacetillero vendido, hablantín, hampones, hipócritas, huachicolero, ingratos, intolerante, ladrón, lambiscones, machuchón, mafiosillo, maiceado, majadero, malandrín, malandro, maleante, malhechor, mañoso, mapachada de angora, matraquero, me da risa, megacorrupto, mentirosillo, minoría rapaz, mirona profesional, monarca de moronga azul, mugre, ñoño, obnubilado, oportunista, paleros, pandilla de rufianes, parte del bandidaje, payaso de las cachetadas, pelele, pequeño faraón acomplejado, perversos, pillo, piltrafa moral, pirrurris, politiquero demagogo, ponzoñoso, ratero, reaccionario de abolengo, represor, reverendo ladrón, riquín, risa postiza, salinista, señoritingo, sepulcro blanqueado, simulador, siniestro, tapadera, tecnócratas neoporfiristas, ternurita, títere, traficante de influencias, traidorzuelo, vulgar, zopilote.

 

La inspiración dicta lo que baja del cielo: juicios olímpicos y fulminantes. "¡Torres de Dios! ¡Poetas! ¡Pararrayos celestes!", dijo Rubén Darío.

 

Insulta a diestra y a siniestra, aunque "con todo respeto". Desprecia y descalifica, pero con "amor y paz". Recomienda cuidarse de los otros candidatos, como si fueran asaltantes: "No lleven cartera porque va a ser una robadera". Lo escenificó en un "sketch" ante las cámaras de televisión, cuando se le acercó el candidato del PAN-PRD-MC. Compone parodias de comerciales, como la burla contra el candidato del PRI:

 

Ternurita, ternurita:

¡Apúrate!

 

porque te va a ganar Margarita.

 

 

Le gustan los dísticos: "No queremos candidatos ni de chivos ni de patos". "Agarra la avena, pero vota por Morena".

 

AMLO se volvió adicto a ser el centro de la atención pública mientras descarga sus sonoros epítetos. Cuando fue Jefe del Distrito Federal, se daba el lujo de citar a las seis de la mañana para conferencias de prensa que los reporteros no podían ignorar. La prensa, fascinada y sumisa (a pesar de que la maltrata) lo sigue a todas partes y amplifica sus declaraciones. Domina el arte de volverse noticia.

 

Como Júpiter Tonante, es caprichoso y no discute con iguales, porque no los tiene. No acepta consejos, menos aún críticas. No trata de convencer con argumentos, sino con su presencia carismática. No necesita escuchar. Desde las alturas, impone decisiones con su dedocracia cariñosa: "Lo que diga mi dedito".

 

No había un clamor popular que pidiera segundos pisos en las calles del Distrito Federal (en vez de ampliar el Metro). Ni fueron el resultado de un estudio técnico de su Secretaría de Obras Públicas. Fueron una ocurrencia: lo que dijo su dedito.

 

Los políticos saben que la gloria en el poder es efímera. Saben también que las obras monumentales quedan, cuando menos por un tiempo. La obra cumbre de AMLO fueron los segundos pisos. Trató de legitimarlos con un plebiscito, se los encargó a una "yes person" (no a su Secretario de Obras Públicas) y eludió el escrutinio público del manejo del dinero.

 

En cambio, hubo un clamor y hasta una manifestación de miles que pedían algo completamente razonable: una ciudad más segura. Pero se ofendió, tomó el micrófono y los insultó: "La marcha de los pirrurris".

 

No se puede contener. Pellicer fue un poeta de la alegría, AMLO es un poeta del insulto. Arrastrado por la inspiración, seguirá insultando, aunque su incontinencia tenga costos políticos. Las musas mandan. El Peje por la boca muere.

 

Gabriel Zaid


sábado, junio 16, 2018

 

Cero es nada

¿Cuál es la probabilidad de que Andrés nos lleve a la modernidad que nos urge? Cero. ¿Que encabece un Gobierno libre de corrupción? Cero. ¿Que su sola presencia cambie la mentalidad, la cultura, las actitudes de millones de mexicanos? Cero.

 

¿Por qué lo digo? Por la certeza de mis argumentos.

 

Andrés es una persona cerrada. Nunca ha practicado la apertura. La compleja realidad moderna lo rebasa. Posturas simplistas preceden su enconchamiento en los debates. Frente al reto corta la comunicación.

 

Andrés denuncia una "mafia del poder", pero no se mira en el espejo. Sus incondicionales reverencian su estilo dictatorial. Le perdonan todo, le alaban todo. Su fortaleza es el poder de la cargada.

 

Andrés desconoce el mundo moderno. No ha viajado. No habla inglés. ¿Qué libros lee?, me gustaría saber. Se pierde el 95 por ciento de la literatura que vale la pena leer. Dicen que lee historia de México. Por eso sueña con revivir el pasado. Su futuro no nos sirve.

 

Andrés no ha cambiado ni es agente de cambio. Gobernó el entonces DF hace 15 años sin transparencia alguna. No ha progresado, propone lo mismo, su lenguaje lo delata. Cambió el "cállate, chachalaca" por "serénense". Para él los críticos son personas exaltadas, inestables, peligrosas. Su "cambio" es la reversa acelerada.

 

Andrés carece de un plan de Gobierno sólido. Infestó de contradicciones el plan de "Poncho" Romo, y lo contaminó con muchas ideas tontas, por ejemplo la construcción de refinerías o el rechazo de la reforma educativa.

 

Andrés está rodeado de personajes nefastos. A la futura Secretaria de Gobernación que él alaba, una ex ministra de la Suprema Corte, se le achacan corruptelas hasta decir ya no. Cualquier abogado lo sabe, pero Andrés lo ignora. Agreguen al equipo a los Bartlett, los Monreal, la CNTE, Napo, la maestra Gordillo. ¿Con este álbum de estampitas ganará México? Es como apostar a que México quedará campeón en el Mundial de Rusia. Cero sobre cero.

 

Andrés dispondrá de una Constitución tentadoramente estatizadora. La "chance" de que Andrés resista la tentación es cero. Puedo apostar 10 a 1 que empezará con consultas públicas para todo... y de allí al desastre. Sumemos la rectoría del Estado, los planes nacionales, los tres sectores económicos y las mañas de quienes harán las consultas.

 

Andrés justificará cualquier decreto imaginable. No tiene que violar la Constitución, porque ésta es una masoquista que tiene 35 años deseosa de encontrarse con un estatista demagogo y populista perfecto encarnado por AMLO.

 

Andrés, de ganar, recibirá además un país con la Oposición desarmada. El PRI es un cadáver podrido y el PAN un templo en ruinas. Los demás partidos son hambrientas sanguijuelas que bailan a como les convenga. Las elecciones garantizan un Congreso fraccionado y, "en medio de la confusión", solamente un hombre se saldrá con la suya: el Presidente López.

 

Hago notar que estos co-factores se retroalimentan unos a otros y producen una loco-motora sin frenos (tipo nomenclatura). Por ejemplo, ante el declive de producción agrícola, aun los mayas, inventores del cero, aceleraron la construcción de pirámides (populismo). Familias enteras sufrieron muertes violentas.

 

Al interior del Gobierno resulta imposible derrotar a los fanáticos amafiados. Por eso digo y aseguro: cero posibilidad.

 

¿Qué puedo decir de los altos porcentajes de votantes en diversos segmentos que favorecen a Andrés? Que la crisis es grande. Que aun la educación de los universitarios es en realidad baja. Que el "poder celular" de los jóvenes produce contagios aberrantes: tanto "meme" los atonta.

 

O quizá los mexicanos somos apostadores irracionales. La gente no entiende la diferencia entre posible y probable. A todos ellos les digo: la probabilidad cero y los milagros no se llevan.

 

Ahora sí, hagan sus apuestas. Cero es nada.

 

Javier Livas Cantú

javierlivas@prodigy.net.mx


domingo, junio 10, 2018

 

Las trampas de la mente

No es uno, son decenas los libros que se han publicado sobre el populismo -y el mito del votante racional que lo sostiene- en los últimos años.

 

El interés de tantos no sorprende porque el renacimiento del populismo autoritario en la segunda década del siglo 21 ha erosionado a las democracias liberales y a los valores que defienden: la racionalidad, la ciencia y, sobre todo, las instituciones y las libertades que protegen los derechos de todos los ciudadanos.

 

El populismo es fácil de diagnosticar: un líder, el único cauce de las virtudes auténticas de la nación, reclama la soberanía directa del "pueblo" que encarna (un grupo étnico, una clase o una parte de la población). Deja fuera a quienes no representa y polariza a la sociedad, echando mano de la nostalgia por un pasado imaginario (donde todo era mejor).

 

En ese pasado, el progreso no existe. Los populistas intentan subir al pueblo elegido a una máquina del tiempo que aterrice en naciones homogéneas étnicamente, con valores culturales y religiosos premodernos, y economías agrícolas y manufactureras dedicadas al consumo interno.

 

Y si algo falla -y generalmente falla mucho- el líder populista siempre construye a un enemigo a quien culpar de todos los males del presente, que son siempre legado de gobiernos liberales que traicionaron al mejor pasado. En ese pasado imaginario y premoderno, el destino utópico del populismo, las instituciones democráticas son desechables. Lo importante es la lealtad tribal al líder carismático, no los derechos y las libertades individuales.

 

Nadie ha podido identificar un abanico limitado de razones y hechos que expliquen por qué movimientos y partidos populistas multiplicaron su número de seguidores en todas las latitudes en los últimos años y llevaron al arquetipo del líder populista -Donald Trump- a la Casa Blanca.

 

La ignorancia y desinformación son, sin duda, factores importantes. (Trump ha podido aplicar medidas económicas proteccionistas -que no tienen ninguna lógica económica- y perseguir impunemente a los inmigrantes con políticas fascistas, porque el votante norteamericano promedio cree a pie juntillas que el proteccionismo funciona y los inmigrantes son una amenaza para su país).

 

Sorprendentemente, la economía ha sido menos importante en el resurgimiento del populismo: en Estados Unidos, el racismo de la población blanca, la agenda religiosa de la derecha republicana y el rechazo de los hombres blancos mayores a la agenda cultural de "la izquierda" son el cimiento del apoyo a Trump. Y los seguidores de la ultraderecha en Francia y Alemania no son los sectores más pobres, sino la clase media.

 

El factor común es que en todos los países con movimientos populistas fuertes, la retórica del líder indispensable ha dividido a la sociedad, convertido a los contendientes en enemigos y alimentado la irracionalidad de los ciudadanos.

 

La posibilidad de un diálogo racional en busca de un consenso se ha evaporado con la desaparición del centro político y el refugio de los votantes en burbujas sociales -cuyo mejor ejemplo son las redes- que sólo admiten a quienes comparten incondicionalmente un proyecto político. Y, claro, con las trampas de la mente.

 

Cuando la politización polarizada domina el discurso público, el cerebro humano es presa de mecanismos que alimentan aún más la irracionalidad. La "evaluación tendenciosa", como la llama Steven Pinker, que recoge solamente la información que confirma los prejuicios del votante o de la tribu política a la que pertenece y desecha el resto, o el "razonamiento motivado", que lleva cualquier argumento hacia la conclusión que el votante irracional busca.

 

La mente crea puentes entre la información y los prejuicios que bloquean cualquier posibilidad de analizar con objetividad la agenda del oponente. (Una mención a las bondades del libre mercado se convierte automáticamente en "neoliberalismo"; la defensa de los derechos de los gays, en un ataque directo "al orden natural de las cosas").

 

Y ahí estamos: en una sociedad escindida, donde 48 por ciento apoya un cambio de régimen que el 52 por ciento no quiere, y donde una cultura política naciente que no admite la disensión ni la libertad de expresión puede convertirse en la atmósfera dominante.

 

Sin un lenguaje común para resolver los graves problemas del País: el peor escenario posible.

 

Isabel Turrent


domingo, junio 03, 2018

 

¿Juárez, Madero, Cárdenas?

La historia es la Sagrada Escritura de Andrés Manuel López Obrador y él es el oráculo que la interpreta. El lema de su movimiento, "Juntos Haremos Historia", es la anunciación de la "cuarta transformación" de México, tan trascendental como la Independencia, la Reforma y la Revolución. Y, para pasar a la historia, ha dicho repetidamente que quiere estar a la altura de Juárez, Madero y Cárdenas. Vale la pena analizar la sustancia de esas ideas.

 

En primer lugar, la sustancia psicológica. Que yo recuerde, ningún candidato presidencial desde Guadalupe Victoria hasta Peña Nieto ha postulado -ni siquiera especulativamente- su sitio en la historia antes de que la propia historia emitiera su veredicto.

 

En segundo lugar, la sustancia filosófica. Su teoría corresponde a un historicismo decimonónico, desacreditado en sus dos vertientes: la creencia en el libreto de la historia y la idolatría de los héroes. Para AMLO, el libreto culmina con él y el héroe definitivo es él. Festejar la concentración del poder en el héroe que supuestamente "encarna" la historia es alimentar el culto a la personalidad, abdicar de la responsabilidad ciudadana, sacrificar la libertad.

 

En tercer lugar, la sustancia histórica. He releído el discurso que Juárez pronunció el 15 de julio de 1867, al regresar victorioso a la Capital de la República tras la caída del Imperio. Consta de 688 palabras, de las cuales sobresalen las siguientes: Leyes (seis menciones), Derecho, República, Libertad o libres (cinco menciones cada una), Constitución (tres menciones). Esas palabras no forman parte del vocabulario de López Obrador.

 

Tampoco el apotegma de Juárez "El respeto al derecho ajeno es la paz", corazón de aquel discurso, corresponde a su visión política. Aunque utiliza la palabra "respeto", lo hace con un sesgo irónico. El "derecho" le ha parecido siempre un arma de los poderosos para aplastar a los oprimidos. "Lo ajeno", es decir, el otro, si no es un aliado, es un enemigo. En cuanto a "la paz", no resulta de un orden constitucional que la procura sino del "amor" que el líder predica.

 

Juárez contribuyó a separar a la Iglesia del Estado. Su religión pública era la ley. Ninguno de estos hechos distintivos corresponde a AMLO. De ganar la elección podrá vivir en Palacio Nacional como Juárez, podrá ser austero como Juárez, podrá repetir frases de Juárez. Pero no es Juárez.

 

Madero sostenía que "el poder absoluto acabó con las libertades públicas, ha hollado la Constitución, desprestigiado la ley". Al triunfar en las urnas, declaró: "Estoy más orgulloso por las victorias obtenidas en el campo de la democracia que por las alcanzadas en los campos de batalla".

 

La esencia de Madero, demócrata y liberal, está en los 15 meses de su Presidencia. Su período fue una reivindicación plena de la Reforma. Respetó como nunca antes el pacto federal; respetó al Congreso, al grado de abrir la puerta al Partido Católico; pero sobre todas las cosas respetó las libertades. En su gobierno nació la libertad sindical.

 

Y en su Gobierno -punto clave- la libertad de expresión fue irrestricta. La prensa, los editorialistas y caricaturistas fueron feroces contra Madero pero Madero nunca descalificó a sus críticos. Ninguno de estos rasgos específicos corresponde a AMLO, que propende al poder absoluto y a la intolerancia. En caso de triunfar, querrá identificar su trayectoria con la de Madero, pero no es Madero.

 

Lázaro Cárdenas fue un Presidente revolucionario, no un liberal ni un demócrata.

 

Cosío Villegas -que admiraba su instinto popular- lo describía como un "estupendo destructor... un hombre realmente notable aunque incapaz de tener nociones generales sobre las cosas". Su gobierno -me dijo- fue "desgobernado, pero de grandes impulsos generosos, todos ellos con finalidades de carácter incuestionablemente popular, de favorecer a la gente pobre...". Hacia allá apunta el posible Gobierno de López Obrador.

 

De triunfar, será un Presidente revolucionario y, a su tiempo, la historia lo juzgará por sus logros. Pero las diferencias también son claras.

 

Cárdenas nunca fue un caudillo carismático que arengara al pueblo. Fue un Presidente reservado e institucional. Al final de su vida escribió en sus "Apuntes" un pasaje contra la "relativa invalidez del sufragio" y la "extraña unanimidad" de las agrupaciones políticas mexicanas.

 

Cárdenas reafirmó el principio de la "no reelección" y se inclinó por un candidato que no comulgaba con su ideología. Esos rasgos de autolimitación no distinguen a AMLO. Es quizá popular como Cárdenas, pero no es Cárdenas.

 

López Obrador ya pasó a la historia como el gran líder social de la era moderna en México. Para pasar a la historia como Presidente, tendría que adoptar los valores liberales que ha negado a lo largo de su vida.

 

Enrique Krauze


domingo, mayo 27, 2018

 

Una democracia iliberal

Los debates entre los candidatos a una elección presidencial sirven en todas partes. Son instrumentos políticos muy útiles para medir las cualidades que le servirán al político en campaña para gobernar bien, si gana.

 

Según un interesante artículo de John Dickerson en The Atlantic, como parte de la campaña los debates ayudan a evaluar el talento administrativo del candidato, cuál es su agenda, si está rodeado de equipos inteligentes y preparados para la transición de la campaña al poder, atisbos de que será eficaz en el Gobierno (si tendrá paciencia para enfrentar el complejo y aburrido arte de gobernar), y el temple del candidato.

 

Asunto fundamental porque -dice Dickerson citando a un asesor del último Presidente Bush- "la Presidencia no forma el carácter, lo revela".

 

Meade y Anaya cumplieron con algunos de esos requisitos y fallaron en otros, pero los dos se prepararon para un ejercicio democrático. López Obrador, que después del debate sigue siendo el puntero, reprobó en todos y mostró una vez más que no tiene un temple democrático.

 

Es tan iliberal y autoritario que cree que un debate entre candidatos a un puesto de elección popular es una emboscada. Una "trampa" del INE (me imagino que en colusión con la "mafia del poder") para "apabullarlo". Se atrincheró en su podio, y desde ese espacio, no pudo o no quiso contestar una sola pregunta.

 

Los millones que frente al televisor esperábamos que esclareciera su posición frente al TLC, a la defensa de los migrantes y al lugar de México en el mundo.

 

Vimos a un candidato rígido, que no puede hilar respuestas, y que ha dedicado todo su tiempo y energía para llegar al poder, pero no se ha preparado para ejercerlo con eficacia. Su única propuesta es él mismo.

 

Cree genuinamente que encarna la esencia de la Nación -al "pueblo bueno"- y alimenta el mito insostenible de que su sola presencia en el poder resolverá todos los problemas de México, desde la pobreza, hasta la inseguridad y la corrupción.

 

Si gana la elección entraremos de lleno a la postmodernidad política: al exclusivo club de las democracias iliberales y sus líderes populistas indispensables.

 

Al club de la Rusia de Putin, y su "democracia dirigida"; al de Orban, el líder húngaro y su "democracia cristiana", y, por qué no, a la oligarquía racista y misógina de Trump, disfrazada de democracia.

 

López Obrador enterraría la mejor herencia de Juárez: la convicción liberal y sus instituciones, y la separación de la Iglesia y el Estado.

 

Morena y sus aliados pueden ganar una mayoría de Diputados (entre 236 y 298 del total, según las últimas encuestas). El Partido Encuentro Social, que forma parte de la coalición que apoya a AMLO, tendría más Diputados: no hay Estado laico que pueda sobrevivir a la imposición de la agenda de un partido confesional, misógino y homófobo como el PES.

 

El Estado laico se debilitaría también con la Constitución "moral" que López Obrador pretende promulgar y las consultas populares que decidirían la supuesta validez de los derechos de las mujeres y las minorías.

 

Los derechos humanos son inalienables. Sólo un político autoritario y obsesionado por el control, como López Obrador, puede pensar que una consulta popular puede privar legítimamente a un grupo de ciudadanos de sus derechos. Benito Juárez debe estar revolcándose en su tumba.

 

La democracia iliberal de AMLO debilitaría también a uno de los principales contrapesos al poder en una democracia plena: la sociedad civil y sus organizaciones.

 

Todos los líderes iliberales, desde Turquía hasta Estados Unidos, se han buscado un enemigo conveniente (inmigrantes, los liberales, la Unión Europea, los progresistas). Enemigos útiles para dividir y polarizar a la ciudadanía -la pasión da más votos que la razón- y para culparlos cuando sus proyectos naufragan.

 

Sólo el Sagrado Corazón de Jesús sabe por qué López Obrador ha ignorado al verdadero enemigo que enfrentamos -Donald Trump- y ha optado por construirse un enemigo interno. La "mafia del poder" -que al parecer somos todos menos él- que incluye a todos sus críticos liberales y a los empresarios privados que generan riqueza y empleo.

 

Si gana, vamos a vivir en una democracia iliberal que puede también destruir la economía.

 

Isabel Turrent


lunes, abril 16, 2018

 

Las refinerías

"Y una vez que tengamos las dos refinerías, vamos a bajar los precios de los combustibles". Andrés Manuel López Obrador

Si construir una o dos refinerías fuera una proposición rentable, ya habría empresas privadas preparando planes para hacerlo.

 

Antes había restricciones legales para la inversión privada en refinerías, pero hoy, gracias a la reforma energética, ya no las hay. Ninguna empresa privada, sin embargo, muestra deseos de invertir en una refinería, mientras que sí hay un gran interés por desarrollar campos de petróleo crudo.

 

Las empresas privadas invierten dinero de sus accionistas y son muy cuidadosas con los proyectos que emprenden. Las firmas estatales, en cambio, usan recursos de los ciudadanos y se preocupan bastante menos por darles un buen uso.

 

Esto explica la facilidad con la que un candidato puede decir que hay que gastar entre 8 mil y 20 mil millones de dólares para construir una o dos refinerías en un mercado saturado.

 

Quienes no conocen el negocio petrolero insisten que tiene que ser más rentable producir gasolina, u otros petrolíferos, que crudo simplemente porque se trata de productos más elaborados. La realidad ha sido otra desde hace décadas. La extracción de crudo genera altos márgenes, mientras que la refinación es una actividad centavera que requiere de mercados muy amplios y operaciones extraordinariamente eficientes para reportar utilidades.

 

Durante años los márgenes de refinación fueron, de hecho, negativos. Esto provocó una disminución de la capacidad de refinación en muchas regiones del mundo, incluida Norteamérica. Lo que se llamaba Pemex-Refinación, hoy Pemex Transformación Industrial, ha perdido enormes cantidades de dinero.

 

En este momento, por primera vez en mucho tiempo, los márgenes de refinación son positivos, pero no soportarían una inversión en una o dos nuevas refinerías.

 

Los políticos buscan ajustar las realidades económicas a los dogmas. Andrés Manuel López Obrador argumenta que si el petróleo crudo se entrega a las refinerías no a su valor de mercado, sino a su costo de producción la refinación sí sería rentable; pero esto sería un juego contable que trasladaría artificialmente la utilidad del petróleo crudo a la gasolina y llevaría a equivocadas decisiones de negocios, como invertir menos en crudo y más en refinación.

 

Parte del problema de Pemex en la refinación ha sido su ineficiencia. La empresa cuenta con exceso de personal y procedimientos de producción extraordinariamente burocráticos. Ésta ha sido una de las razones de sus pérdidas.

 

La única refinería de Pemex que gana dinero es la de Deer Park, cerca de Houston, que tiene la ventaja de ser manejada por Shell y de no tener al sindicato de Carlos Romero Deschamps.

 

Las decisiones de negocios deben tomarse por razones de negocios. A los accionistas de Pemex, que somos todos los ciudadanos mexicanos, nos conviene que la empresa sea lo más rentable posible. Por eso sus inversiones deben hacerse en las actividades más rentables. No hay que ser demasiado inteligente para detectarlas.

 

No vemos en este momento a ninguna empresa privada -nacional o extranjera- interesada en construir una nueva refinería, mucho menos dos. En cambio, decenas de firmas sí están licitando por campos petroleros.

 

Pensar que si Pemex invierte en dos refinerías podrá vender gasolina más barata es una tontería. Si acaso, la gasolina sería más cara que la que actualmente importamos. A menos que el Gobierno quiera subsidiarla, lo que sería desviar recursos fiscales a quienes menos los necesitan.

 

CNTE VIOLENTA

No, no creo que Andrés Manuel haya mandado los contingentes violentos que atacaron el mitin de Meade en Puerto Escondido este 14 de abril. Pero el ataque sí ratifica que la CNTE, aliada de López Obrador, es una organización violenta... como Antorcha Campesina, aliada de Meade.

 

Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com


domingo, abril 08, 2018

 

La vieja-nueva disputa

México lleva al menos medio siglo disputando el futuro. Luego de décadas de estabilidad y crecimiento económico relativamente elevado, en los 60 comenzó a resquebrajarse tanto el orden económico fundamentado en la sustitución de importaciones, como el orden político sustentado en el férreo control de un sistema político cerrado.

A partir de entonces, el País se dividió en dos grandes corrientes: la que procuró construir un nuevo futuro viendo hacia adelante y hacia afuera, y la que persiguió retornar al nacionalismo revolucionario originado en la Revolución Mexicana, particularmente en su fase cardenista.

La forma en que se resolvió la disputa, luego de la crisis de los 70, fue típicamente mexicana, con un híbrido de pasado y futuro: construyendo nuevas estrategias económicas, pero sin abandonar las viejas estructuras políticas. A nadie debería sorprender que esa contradictoria combinación esté haciendo agua en estos momentos.

AMLO es un fiel representante de la corriente nacionalista revolucionaria y está explotando los errores, pero sobre todo las carencias e insuficiencias de la corriente modernizadora.

Esas carencias e insuficiencias -en un entorno de apertura, información ubicua y redes sociales capaces de transmitir cualquier mensaje en nanosegundos- permiten evidenciar la corrupción, los privilegios y los excesos del viejo sistema que, por esa modernización inacabada, persisten en la sociedad mexicana.

Es obvio que todas esas formas de abuso existían antes y, sin la menor duda, seguirían bajo un Gobierno de AMLO, pero ése no es el punto de esta contienda, lo que existe resalta algo insoportable para la ciudadanía y ése es el corazón de la estrategia de AMLO: evidenciar las carencias prometiendo el nirvana que, todo mundo sabe, es una utopía más.

Aunque las corrientes modernizadoras han dominado el panorama económico y político por estas décadas, la disputa nunca desapareció. Y esa es la razón medular por la cual se concibió el TLC norteamericano: para garantizar la viabilidad de la modernización, al menos en una parte de la vida nacional, la de la inversión.

Es decir, desde el comienzo, los modernizadores entendían, al menos de manera pragmática, la existencia de una flagrante contradicción pero, en lugar de resolverla de fondo, construyeron un mecanismo que fuese implacable para proteger al menos el corazón de la modernidad: la economía.

El TLC resolvió el nodo del problema al despolitizar una enorme porción de la actividad pública, pues su esencia radica en que constituye, para todo fin práctico, un espacio de excepción: ahí sí hay reglas, mecanismos funcionales para resolver disputas y hacer valer contratos. Con el TLC, una parte fundamental de la economía quedó excluida de la corrupción.

Sin embargo, para los perdedores en esa disputa, el TLC se convirtió en el factor a vencer, su problema fue que el acuerdo comercial se tornó extraordinariamente popular: es el único motor de crecimiento de la economía y constituye un vívido ejemplo de lo que es la legalidad.

Cuando AMLO llama "PRIAN" a los Gobiernos modernizadores del PRI y del PAN, lo hace obviamente para descalificarlos, pero en realidad se refiere a la lucha entre el pasado y el futuro: apertura vs. autarquía, mercado vs. gobierno a cargo, democracia vs. control vertical.

No es que los Gobiernos del PRI y del PAN hayan sido un dechado de virtudes, pues todos hablaban de la modernidad pero seguían preservando el mundo de los privilegios. Pero lo relevante es que el común denominador es el sistema priista de antaño en su vertiente política.

López Obrador y Peña Nieto son paradigmáticos de esta disputa: ambos son representantes dignos del PRI de los 60 y ninguno promete algo distinto que preservar ese viejo sistema en su vertiente política.

Donde los candidatos de hoy -AMLO y Meade (o Anaya)- difieren radicalmente es en la vertiente económica: uno quiere retornar al mundo idílico de los 60, justo cuando comenzaba a hacer crisis; el otro quiere avanzar hacia la modernidad creando mayores oportunidades de desarrollo que son, a final de cuentas, las que han estabilizado a la economía y creado una creciente y pujante clase media.

Contrario a lo que plantea AMLO, el verdadero reto de México no yace en el "modelo" económico sino en el viejo orden político, pues es ahí donde el País se ha atorado, preservando un mundo de privilegios y un capitalismo "de compadres". Así, el dilema para la ciudadanía radica en decidir cómo quiere cambiar: hacia adelante o hacia atrás.

Luis Rubio 
www.cidac.org


viernes, abril 06, 2018

 

En su propia voz

El miércoles pasado EL FINANCIERO publicó una carta de Andrés Manuel López Obrador a inversionistas en la que pide tener confianza en su propuesta. La carta incluye diez puntos, que reviso con rapidez, por el espacio disponible.

 

En el primer punto, dice que “el principal problema de México es la corrupción y que vamos a erradicarla por completo”. Afirma que un estudio del Banco Mundial calcula que se roban “20 por ciento del Presupuesto público, es decir, más de un billón de pesos anuales”. Ese estudio no existe, como ya ha mostrado Verificado.mx, y además no llegaría a un billón de pesos. Peor aún, eso de que la corrupción sería erradicada por completo es increíble, por muchas razones, incluyendo su paso por el gobierno del Distrito Fedral. En el siguiente punto, no hay lógica alguna: “2. Para mantener al gobierno subordinado a los intereses de los traficantes de influencias, los funcionarios públicos mexicanos reciben actualmente salarios elevadísimos y gozan de prebendas desmesuradas que no tienen cabida en otros países” (¿le entiende?). Su conclusión aparece en el tercer punto: “bastará con honestidad en el gobierno y con una reducción del costo de la administración para aumentar la inversión pública”, pero por las fallas de las premisas, no me parece creíble, a menos que se refiera a un incremento marginal.

 

Lo más impresionante, para mí, fue “4. En términos generales, el modelo económico que proponemos es semejante al que se aplicó en el país en el periodo denominado del ‘desarrollo estabilizador’”. Quienes hemos insistido en que AMLO quiere regresar al pasado, ahora podemos citarlo a él mismo. Intentar hoy replicar un modelo aplicado en 1958, en un contexto internacional totalmente diferente, con una población de la cuarta parte de la actual, bajo un régimen absolutamente autoritario, no es razonable. Afirma en ese mismo párrafo que no lo haría de manera mecánica, sino ajustando a las condiciones actuales (que él mismo lista: democracia, derechos, globalización, cambio tecnológico), pero si es así, entonces ya no queda claro por qué referirse a una época autoritaria, de fronteras prácticamente cerradas, con gran presencia del gobierno en la economía.

 

Precisamente por el carácter autoritario del régimen que AMLO intenta restaurar, los siguientes puntos no suenan creíbles: “5. Seremos respetuosos de la autonomía del Banco de México… operaremos la administración pública sin déficit…” “6. Habrá un auténtico Estado de derecho”. Su propuesta para enfrentar la inseguridad aparece en el punto “7. Todos los días encabezaré, desde muy temprano, el gabinete de Seguridad… Se conformará una Guardia Nacional y habrá coordinación entre todas las fuerzas del orden de las regiones, estados y municipios”. El siguiente punto es de risa: “8. Se acabarán los fraudes electorales”. En el nueve sostiene que “respetará las libertades y no tomará medidas autoritarias”, pero revisará todos los contratos para “evitar casos de corrupción”, lo que no parece compatible con el respeto a la autonomía y el auténtico Estado de derecho, sino la reiteración de que de su persona depende la honestidad del país entero.

 

En el último, quiere posponer la firma del TLCAN para después de las elecciones, y dice que “no descartamos la posibilidad de convencer al presidente Donald Trump de su despectiva y equivocada actitud contra los mexicanos”. En suma, la carta consiste en pura voluntad (erradicar corrupción, terminar inseguridad con reuniones diarias, auténtico Estado de derecho, convencer a Trump), datos dudosos y las fijaciones de siempre (fraudes electorales y el desarrollo estabilizador). De verdad, cuando la leí no estaba seguro de si era una parodia, que lo quería representar como un voluntarista con información errada, lógica débil y fuertes prejuicios. Pero no, era AMLO en su propia voz.

 

Macario Schettino


jueves, abril 05, 2018

 

¿Por qué no?

Aunque lo he escrito desde hace al menos 13 años, creo que es importante explicar mis razones de por qué no votaría jamás por AMLO. Son cuatro: es una persona sumamente autoritaria, sus ideas económicas son equivocadas, la mayoría de quienes lo rodean son impresentables, y su objetivo es la restauración de un régimen político dañino.

 

Primero: Andrés Manuel López Obrador es muy autoritario. Esa es mi impresión personal desde que trabajé con él hace 22 años, por espacio de 16 o 18 meses, confirmada por comentarios de su gabinete en el Distrito Federal, así como por su actitud como jefe de Gobierno y como candidato presidencial en dos ocasiones. Ejemplos: la descalificación de la marcha contra la violencia en 2004, a cuyos integrantes acusó de “pirruris”; el “cállate, chachalaca” contra Fox; su actitud frente a financieros y empresarios; su incapacidad de aceptar derrotas. Es un gran actor y seductor, pero cuando está bajo presión o enojado, le brota el autoritarismo.

 

Sus ideas económicas son equivocadas, como ya muchas personas lo han mostrado. Su visión general parece ser de una economía esencialmente cerrada, con una muy fuerte presencia del gobierno, como la que conocimos buena parte del siglo XX en México. Eso no sirvió entonces, ni ha servido en ninguna parte. Permite capitalismo de compadrazgo, sin duda, pero eso sólo genera ineficiencia y desigualdad.

 

Muchos no coinciden con estas dos percepciones. Especialmente, economistas destacados que han decidido acompañarlo en la búsqueda de la presidencia. No lo perciben autoritario, ni les preocupa el mercantilismo que lo define. Como es frecuente entre consejeros, pensarán que pueden influir en él. Pero no es sano olvidar que el único con puesto garantizado es el presidente. Todos los demás son fáciles de sustituir, como aprendieron muy tarde los economistas de Echeverría (en esa prehistoria que los jóvenes ni imaginan), o acaban de hacerlo decenas de personas contratadas por Trump.

 

La tercera razón es su entorno. Morena agrupa al priismo que busca restaurarse y a buena parte del corporativismo perredista. Con ellos se conformarán las bancadas en el Congreso, en donde estarán además un puñado de ingenuos (o algo peor) que decidieron sumarse a AMLO. Hay además dos grupos de 'intelectuales', los de rancia izquierda bolivariana y castrista, y los jóvenes académicos deliberados. El colmillo retorcido de los primeros lo conocerán muy pronto los segundos.

 

Finalmente, insisto en la restauración del viejo régimen priista ahora bajo las siglas de Morena y el control unipersonal de AMLO. Quienes hoy creen que México no podría estar peor, es porque no conocieron el previo a 1982. Sin ser exhaustivo: no podíamos opinar, ni mucho menos protestar en las calles; no se contaban los votos; no había contrapesos al presidente; ni la Corte ni el Banco de México eran autónomos. La corrupción era el instrumento que permitía el funcionamiento del régimen, de forma que era universal. Entiendo que la 'casa blanca' les haya molestado, pero convendría recordar cómo se fraccionó Satélite, el Pedregal, Cuernavaca, o cómo se expropiaban ranchos y se despojaba sin mayor problema. Y aunque era un tipo diferente de violencia, más rural y menos urbana, todavía en los años sesenta teníamos tasas de homicidios superiores a las actuales.

 

Entre los tres candidatos principales, sólo AMLO ofrece ideas económicas equivocadas y la restauración del viejo régimen. Creo que sólo él es de verdad autoritario, aunque los calderonistas digan que Anaya es similar, viendo la paja del ojo ajeno. Y aunque todos los partidos arrastran impresentables, sí creo que hay niveles también en eso.

 

Todavía no es claro si ganará, pero nos va a heredar a buena parte de los impresentables, eso sí.

 

Macario Schettino


martes, abril 03, 2018

 

Afores y aeropuerto

"Toda la vida humana puede encontrarse en un aeropuerto". David Walliams

Cuatro afores hicieron inversiones en la llamada Fibra E para la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México: Inbursa, Pensionissste, Profuturo y XXI-Banorte, que en conjunto compraron 13,500 millones de pesos de certificados.

 

Esta decisión ha generado una inevitable discusión política, sobre todo porque el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, quien se encuentra en primer lugar en las encuestas, ha declarado que va a cancelar el proyecto. He escuchado comentarios que cuestionan al presidente Enrique Peña Nieto por haber aprobado estas inversiones mientras que otros que dicen que la cancelación del aeropuerto podría llevar a la quiebra de las afores. La verdad es que éstas y otras afirmaciones son producto de la ignorancia.

 

Ni el Presidente ni ningún funcionario del gobierno toma las decisiones de inversión de las afores, que son fondos privados con comités de inversión que toman sus propias decisiones para tratar de mejorar el rendimiento de sus fondos. No sorprende que las cuatro afores hayan decidido invertir en el aeropuerto. Los fondos de pensiones de todo el mundo buscan por naturaleza proyectos de infraestructura de largo plazo con buenas perspectivas de rentabilidad. En México no son muchos, por lo que el aeropuerto era una gran oportunidad. Las Fibras E están diseñadas para financiar proyectos de infraestructura de largo plazo y la del aeropuerto resultaba tan atractiva que la demanda superó en 14 por ciento a la oferta. Las afores compraron 40 por ciento, pero el otro 60 fue adquirido por bancos y fondos de inversión.

 

El aeropuerto debería ser, en efecto, una buena inversión. Se trata de un proyecto de infraestructura de largo plazo, seguramente rentable, financiado en buena medida por el derecho de uso del actual aeropuerto y que continuará pagando el nuevo aeropuerto cuando empiece a generar ingresos. Es una inversión que no costará a los contribuyentes, pero que dará competitividad, empleos e ingresos al país.

 

Los administradores de las afores y de otras instituciones financieras dieron por hecho, por otra parte, que México es un país en el que se respetan los contratos. Aquí han surgido dudas por la persistente amenaza de López Obrador de que cancelará el proyecto, pero el propio candidato afirmó este 1o. de abril en Ciudad Juárez que la cancelación "se llevará a cabo con estricto apego a la ley, buscando siempre el acuerdo con las empresas a las que se les han adjudicado contratos; garantizando el gobierno el pago de bonos que se han emitido y protegiendo las inversiones de las afores".

 

Muy caro resultará indemnizar a contratistas e inversionistas. Hasta este momento se han emitido bonos por 7,500 millones de dólares, unos 137 mil millones de pesos. Si se cancela, no sólo se perderá un proyecto productivo y rentable, que no le costaría al gobierno, sino que el gobierno tendrá que desembolsar una enorme cantidad de dinero para indemnizar a los inversionistas.

 

Si el gobierno indemniza a todos no habría, por supuesto, pérdidas en las afores. Las cuatro que han comprado certificados recuperarían sus 13,500 millones de pesos con intereses. Si el gobierno de López Obrador rechazara pagar las indemnizaciones, las pérdidas serían fuertes, pero no pondrían en peligro la estabilidad de las afores, cuya inversión en esta fibra es de 0.9 por ciento de sus activos.

 

No, las afores no van a quebrar. Pero eso no significa que la decisión de cancelar el aeropuerto sea sensata. Entre más se analiza, más absurda parece.

 

 

 MÁS DÁDIVAS

Siguen las promesas de dádivas. Alejandra Barrales del PRD promete que va a dar 2,500 pesos al mes a un millón de mujeres en la Ciudad de México. ¿Cuánto costará el programa y cómo se financiará? Estas preguntas no se hacen en tiempos de campaña.

 

Sergio Sarmiento

@SergioSarmiento


domingo, marzo 25, 2018

 

No hay opción de izquierda

Zedryk Raziel, Reforma

Cd. de México (25 marzo 2018).- A poco más de tres meses de los comicios más grandes de la historia democrática del país, Roger Bartra sostiene que en el escenario político no existe una propuesta electoral de izquierda.

 

El antropólogo y sociólogo de 75 años afirma que los ciudadanos sólo podrán elegir el 1 de julio entre tres variantes de la derecha. Lo que resulta alarmante para alguien como él, ex militante del Partido Comunista Mexicano (PCM) y del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), hijo de dos exiliados de la dictadura franquista.

 

Bartra explica su pesimismo: José Antonio Meade y Ricardo Anaya -diagnostica- abanderan una derecha tecnocrática, mientras que Andrés Manuel López Obrador promueve un populismo conservador con influencias hasta religiosas. No sólo eso, precisa: "es posiblemente el líder político más a la derecha en estos momentos".

 

"Soy bastante pesimista en cuanto a que el panorama está dominado por la derecha y eso es algo que me tiene descontento", afirma.

 

"Lo que no sabemos es cuál de las tres opciones de derecha va a seguir el país, y eso, como persona de izquierda, me parece lamentable: es lamentable que no haya una opción de izquierda. No la hay. Entonces, habrá que elegir entre tres variantes de la derecha, con algunos toques de izquierda en algunas de ellas. Mi pesimismo es grande".

 

Ex director de la revista El Machete, que testimonió el declive del comunismo, Bartra advierte de la trampa que implica la merma de la izquierda en un país democrático. ¿Ejemplos?: Rusia y China, pero para qué ir tan lejos. Ésas son dictaduras.

 

"La presencia de la izquierda es tremendamente importante para fortalecer la democracia, para inyectarle energía, nuevos retos y ocasionalmente nuevas ideas, así que, el que se marchite la izquierda en nuestro país, es para alarmarse.

 

"Yo resiento mucho esta situación crítica de la izquierda y este peligro serio de extinción, de que quede ahogada por la derecha hegemónica en sus diferentes expresiones; eso sería un desenlace muy negativo para la democracia mexicana", asienta.

 

En la sala de su casa de Coyoacán, Bartra tiene frente a sí su libro más reciente, La democracia fragmentada (Debolsillo, 2018), en el que describe la ruptura al interior de la izquierda y la derecha como una tensión entre pasado y presente, entre nacionalismo revolucionario y liberalismo, entre autoritarismo y democracia, entre dogma y pensamiento.

 

Afirma que el PRI, al que define como "el gran partido de la corrupción", está atenazado entre una tendencia tecnocrática, representada por el grupo de Luis Videgaray y José Antonio Meade, y la base social que lo respalda: conservadora y tradicional, en su mayoría rural.

 

Aunque sostiene que la fuerza de esa base social es cada vez más débil, advierte que puede fungir como una corriente restauradora del viejo régimen, como ocurrió en 2012, el año en que el PRI regresó al poder.

 

"Es el peligro de la restauración. Como el priismo es una cultura profundamente enraizada en la sociedad mexicana, el retorno del PRI significó que no había muerto esa veta nacionalista revolucionaria y que había fuerzas muy grandes que trataban de restaurar el antiguo sistema, y Peña Nieto cobijó estas tendencias que fueron importantes durante este sexenio", afirma.

 

La paradoja, precisa el académico, es que, este año, ese empuje restaurador puede venir no con Meade, a quien califica como "el candidato más gelatinoso", sino con López Obrador, cuyo liberalismo es un mito.

 

"Desgraciadamente no viene del PRI, sino de Morena, el peligro de que se convierta en un 'Movimiento de Restauración Nacional'", resume.

 

"El liberalismo de López Obrador es un mito que él toma por su adoración a la figura de Juárez, pero en realidad el ideario nacionalista revolucionario en el que más se apoya es el ideario del PRI de los años sesentas y setentas, el PRI de Echeverría, López Portillo, Díaz Ordaz, López Mateos.

 

"Es una tradición política estatista, que tiene muy pocas raíces en el tradicional liberalismo mexicano; así que ese retorno al nacionalismo revolucionario, a la exaltación de esos modelos económicos completamente viejos y caducos de los años setentas, no es una posición liberal", asienta.

 

De Anaya, Bartra afirma que está en pugna con los grupos conservadores del panismo, como el calderonismo, pues el candidato ha delineado su inclinación liberal.

 

"Anaya es el típico representante de la derecha liberal, con inclinaciones tecnocráticas, que ha estado alojada tanto en el PAN como en el PRI; son sectores de derecha moderna que quieren deshacerse de las tradiciones conservadoras tradicionales, muy arraigadas dentro del PAN, y que enfatizan un pensamiento de carácter liberal, y por eso han sido muy criticadas y han generado muchas tensiones. Dentro del PAN no es fácil llamarse abiertamente liberal", indica.

Izquierda infrarrealista

 

La sociedad mexicana es contradictoria, dice Bartra. "Es como un mar con muchos oleajes". Existen en ella movimientos de derecha y de izquierda, aunque no existan los partidos que los representen.

 

"Bajo condiciones democráticas, una de las características de la ciudadanía es justamente que está dividida y que está cruzada de corrientes muy diferentes, que no forzosamente corresponden, sobre todo en las democracias poco maduras como la mexicana, con las expresiones que cristalizan en partidos políticos, porque no han tenido tiempo realmente de madurar en el interior de la ciudadanía", propone.

 

El antropólogo, que impugnó en La jaula de la melancolía (2012) que exista "lo mexicano" como una esencia nacional, ha hallado una ciudadanía conservadora y apática, tolerante de la corrupción y ajena a la idea de democracia.

 

"Hay un desprecio a la democracia, un predominio de tradiciones autoritarias profundamente enraizadas después de tantos decenios de gobiernos priistas; eso ha acabado formando una cultura política antidemocrática, que es la base del autoritarismo, del caciquismo, de la corrupción. La corrupción no solamente está arriba: está en todos los polos de la sociedad mexicana y es, por supuesto, otra expresión escandalosa de la falta de democracia", señala.

 

En el espacio social, prosigue Bartra, también habita una izquierda que denomina "infrarrealista". Y sí: piensa en Roberto Bolaño y en Mario Santiago Papasquiaro, padrinos del grupo de jóvenes poetas iconoclastas de los setentas, adversarios de Octavio Paz, tótem de la cultura oficial, a quien uno de los 'infras' de Los detectives salvajes soñó con secuestrar.

 

"Fueron muy rebeldes, muy rijosos, muy interesantes. No dieron una gran literatura tal vez, pero fueron un fenómeno crítico interesante", concede el autor, hijo de un poeta y una narradora, Agustí Bartra y Anna Murià.

 

"Yo utilizo ese término -ellos se bautizaron a sí mismos como infrarrealistas- para referirme a esa izquierda en general radical, extremista, un poco rijosa, a veces con tintes dogmáticos, ya sea de origen estalinista, marxista-leninista o maoísta, es multicolor.

 

"Es infrarrealista porque camina por debajo de la realidad, no la acaba de reconocer, quiere minarla, tal vez; es tremendamente variada: es una izquierda que va de los neozapatistas a los estudiantes de Ayotzinapa, que en algunos casos se inclinan por movimientos guerrilleros, alternativas violentas y armadas a la crisis actual; hay de todo, están presentes sectores radicalizados de la CNTE, es un mosaico impresionante y multicolor, está presente en todos los polos de la sociedad", afirma.

Tradición antipriista

Bartra expone que en la sociedad existe también una "tradición antipriista", que surgió tímidamente desde que el tricolor era un partido hegemónico y adquirió vigor gracias a las libertades de la transición democrática del siglo XXI.

 

"Existe una antigua tradición antipriista que, antes de ser llamada antipriista, era antisistémica, contra el sistema autoritario", sostiene.

 

"Hay que decir que el PRI, que parece antiguo, propiamente como partido se tuvo que forjar cuando perdió las elecciones en el año 2000, y perdió las siguientes también porque todavía no llegaba a conformarse como un partido más o menos normal y moderno; el PRI había sido tradicionalmente una especie de aparato electoral del Estado, no tenía una conformación propiamente".

 

Bartra describe que la hegemonía autoritaria del PRI no fue unívoca, sino que propició el nacimiento de una resistencia ciudadana que, en contextos electorales, como en el 2000 y en el 2006, se ha volcado hacia opciones de izquierda o de derecha.

 

"Lo que hoy llamamos priismo era ese nacionalismo revolucionario que ilustraba al gobierno autoritario, y eso generó una gran resistencia; no era, posiblemente, mayoritaria, pero esa actitud antisistema, y que después fue claramente antipriista, se desarrolló mucho a lo largo del siglo XXI, lo que llevamos de democracia.

 

"Es un factor importante que también matiza a la ciudadanía mexicana. Ese antipriismo puede a veces ser de izquierda o de derecha, pero existe, y justamente yo creo que es el que puede inclinar la balanza hacia uno u otro candidato", asienta.

 

En la elección de 2006, que marcó el desplome del tricolor al tercer lugar, el voto antipriista se inclinó, casi a partes iguales, por la izquierda y por la derecha representadas en el PRD de López Obrador y el PAN de Felipe Calderón.

 

Para el próximo 1 de julio, Bartra estima que ese voto puede golpear de nuevo al PRI que, encima de todo, postuló a un candidato sin liderazgo.

 

"Es una paradoja que la tecnocracia priista de derecha se haya inclinado por el candidato más gelatinoso que había, no tenían muchas opciones, pero no llega a ser dirigente político, fue un funcionario más o menos hábil, un tecnócrata con ciertas habilidades, y que está haciendo un pésimo papel en la política.

 

"Está expresando bien la debilidad del PRI como efecto del mal gobierno de Peña Nieto, de su corrupción. El PRI sigue siendo el gran partido de la corrupción. Eso no lo puede remediar un candidato tecnócrata de bajo perfil", espeta.

'Me han llamado traidor'

En la estrecha bodega donde guarda decenas de ejemplares nuevos de sus libros, Bartra posa para las fotos.

 

-¿Por qué cree que sus malquerientes dicen que usted es un converso? -se le pregunta.

 

Él se ríe y aclara:

 

-Se usa una palabra mucho más fuerte, que es traidor. ¿Converso a qué?

 

-A la derecha.

 

Con un ejemplar de La democracia fragmentada en la mano, replica:

 

-Este tomo prueba que eso no es cierto. Aquí hay unas críticas fuertísimas a la derecha. Y lo que estoy criticando de la izquierda es su lado reaccionario. Hay una izquierda reaccionaria.

 

Bartra argumenta su temor a los tiempos de la censura y la persecución política que vivió su generación bajo el régimen del PRI y que vivió la generación de sus padres tras la Guerra Civil española.

 

"Ustedes son jóvenes, no les ha tocado vivir eso, pero a mí sí, y créanme, esta democracia que estamos viviendo ahora es muy precaria, funciona muy mal, pero es mil veces mejor que lo que vivíamos en los años sesentas y setentas, pero mucho mejor.

 

"Vivir bajo un régimen dictatorial, autoritario, era verdaderamente insufrible, eso es difícil de valorar si no se ha vivido esa falta de libertad. Uno no podía escribir en esa época lo que uno quisiera en los diarios, era censurado todo el tiempo, había presos políticos, no había libertad ni democracia. Si no se ha vivido, es difícil de aquilatar, y, cuando se pone como modelo ese PRI preneoliberal, a mí sí me asusta", confiesa.

 

LOS CANDIDATOS, SEGÚN BARTRA

 

 

Anaya

"Es el típico representante de la derecha liberal, con inclinaciones tecnocráticas, que ha estado alojada tanto en el PAN como en el PRI; son sectores de derecha moderna que quieren deshacerse de las tradiciones conservadoras tradicionales, muy arraigadas dentro del PAN, y por eso han generado muchas tensiones".

 

López Obrador

"Su liberalismo es un mito que él toma por su adoración a la figura de Juárez, pero en realidad el ideario nacionalista revolucionario en el que más se apoya es el ideario del PRI de los años sesentas y setentas, el PRI de Echeverría, López Portillo, Díaz Ordaz, López Mateos".

 

Meade

 

"Es una paradoja que la tecnocracia priista de derecha se haya inclinado por el candidato más gelatinoso que había; no tenían muchas opciones, pero no llega a ser dirigente político, fue un funcionario más o menos hábil, un tecnócrata con ciertas habilidades que está haciendo un pésimo papel en la política".

 

Zavala

"La fracción que encabezaba Margarita y su esposo no me parece especialmente democrática, más bien representa una inclinación a posiciones priistas. Habría que agregar que ha demostrado que es corrupta, porque cerca del 15 por ciento de los apoyos que logró para registrarse como candidata independiente son fraudulentos".


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