domingo, enero 20, 2019

 

Precios de Garantía

1.- CON la resurrección de los precios de garantía, México retrocede a una época en la que las leyes del mercado no aplicaban y, sin esa mano invisible, las cosas se pueden desviar... y mucho...



2.- A'I está de ejemplo el caso del sorgo que casi no se cultivaba a mediados de los 60, pero que tuvo un auge al inicio de los 70 cuando, por obra y gracia de los precios decididos en un escritorio, comenzó a ser más rentable que otros cultivos...



1.- EN esos años, en el sur de Tamaulipas, se producía sorgo y soya, peeero cuando la Conasupo les puso un precio de garantía muy superior al del mercado, en un solo año calificado como "malo" se cuadriplicó la "producción"...



2.- POCOS creen que en verdad aumentaron los cultivos, sino que más bien fue un negociazo con granos "importados" más baratos a través del puente internacional y los varios puertos de entrada, pero manejados como "producción"...



1.- MUCHAS fortunas actuales se hicieron con ese papeleo... y esto fue antes de la globalización...



2.- TAN buen negocio era el del sorgo que los agricultores se volcaron a producir esa gramínea que se usa para alimentar ganado y dejaron de sembrar maíz, alimento básico de los mexicanos, lo que contribuyó a que creciera su importación...



1.- CUANDO en la crisis de 1982 el precio de garantía resultó insostenible, México acabó teniendo un superávit de sorgo barato y un déficit de maíz que debía ser comprado caro e importado...



2.- ASÍ que, ¡bienvenidos al pasado!...



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1.- CON el regreso de los precios de garantía hubo quienes recordaron cómo, a principios de los 90, existió una "innovación" en la materia tras la desaparición de las tarifas fijadas por el Gobierno...



2.- EN 1991 se creó Aserca, un organismo dependiente de la Secretaría de Agricultura para dar "apoyos" a los comercializadores con el objetivo de que les dieran mejores precios a los productores...



1.- SE acabaron los precios de garantía... pero aparecieron los acopiadores de granos que dobleteaban los llamados tickets de entrada y recibían recursos públicos por productos no cosechados...



2.- AL amparo de ese modelo nació una nueva estirpe de millonarios por cuenta del Estado y se crearon grandes fortunas mal habidas. ¿Quién dice que el campo no es "negocio"?...



mak@elnorte.com

 


jueves, enero 03, 2019

 

Cuba y Yeidckol

"El sujeto ideal de un régimen totalitario no es el nazi convencido o el comunista dedicado, sino la gente para la que la distinción entre hecho y ficción, verdadero o falso, ya no existe". Hannah Arendt

Cuba festejó este 1o. de enero 60 años de régimen comunista. José Miguel Vivanco, de Human Rights Watch, tuiteó: "Hoy se cumplen 60 años de la revolución que impuso una asfixiante dictadura en Cuba. Nadie que lo celebre puede llamarse a sí mismo demócrata". Luis Almagro, actual secretario general de la OEA y antes ministro de Exteriores de Uruguay con José Mujica, declaró en un video: "El legado de esta dictadura es nefasto".

 

En contraste, Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, afirmó en Twitter: "Conmemoramos el aniversario del triunfo de la Revolución Cubana liderada por el Comandante Fidel Castro. 60 años de sacrificios, luchas y bloqueo; allí está el heroico pueblo cubano, ejemplo de resistencia y dignidad ante el mundo. ¡Viva Cuba!". Yeidckol Polevnsky, la presidenta de Morena, también celebró: "En el 60 aniversario de la Revolución que nos mostró que la dignidad, la solidaridad y la batalla de las ideas son las armas más poderosas de los pueblos, enviamos al Gobierno y al Pueblo de Cuba nuestra alegría y parabienes. 'Un mundo mejor es posible'".

 

Los simpatizantes presentan al régimen cubano como un ejemplo. Dicen que tomó un país pobre y sometido a Estados Unidos para hacerlo próspero e independiente. La alfabetización casi universal y un excelente sistema de salud lo ratifican. Los problemas del país son producto del embargo impuesto por Washington.

 

Cuba, sin embargo, no era particularmente pobre en 1958. Su producto interno alcanzaba los 4,255 dólares (de 2011) por persona, 30 por ciento más que México, con 3,256 dólares. Para 2015 el producto cubano había subido a 7,889 dólares, pero el mexicano casi lo duplicaba ya, con 15,766 dólares (Proyecto Angus Maddison). Dicen los simpatizantes que el ingreso cubano está mejor distribuido, y quizá tienen razón, pero hay una aristocracia en Cuba, de funcionarios y miembros del Partido Comunista, con un nivel de vida muy superior al resto de la población.

 

Raúl Castro, quien heredó el poder de su hermano Fidel, entendió que la prohibición de transacciones económicas privadas tenía enormes costos. Por eso liberalizó algunos aspectos de la economía cubana, permitiendo, por ejemplo, la actividad de los cuentapropistas, personas que trabajan y comercian por cuenta propia. La apertura, sin embargo, ha sido demasiado tímida para impulsar un verdadero despegue económico. Desde antes el gobierno aceptaba inversiones privadas extranjeras, como las de los hoteles españoles, pero sin un verdadero sistema de mercado.

 

El peor problema de Cuba, empero, no es el económico, sino la falta de democracia y libertades individuales. El poder ha sido controlado de manera personal por los hermanos Castro. A sus 87 años, Raúl ha accedido a entregar el trabajo cotidiano a Miguel Díaz-Canel, pero sigue siendo secretario general del Partido Comunista. Cuba tiene elecciones, pero solo con candidatos del Partido Comunista o aprobados por la Comisión Nacional de Candidaturas.

 

El entusiasmo de Polevnsky hacia el comunismo cubano sugiere que quiere construir un sistema similar en México. Quizá pueda decir que los morenistas no son comunistas, pero lo mismo dijo Fidel el 19 de abril de 1959 en Washington: "El pueblo de Cuba sabe que el gobierno revolucionario no es comunista". Para el 22 de diciembre de 1961 ya había cambiado de opinión: "¡Seremos siempre socialistas! ¡Por eso somos marxista-leninistas!", dijo en la Plaza de la Revolución.

· ZALDÍVAR

Arturo Zaldívar, nuevo presidente de la Suprema Corte, no viene de una carrera judicial. Algunos lo consideran de izquierda, otros liberal; redactó la sentencia que inició el camino de la legalización de la marihuana.

 

Sergio Sarmiento

@SergioSarmiento


domingo, diciembre 23, 2018

 

Gasolinas caras

"Eskedeke la gasolina es cara porque es importada y YSQ la bajará hasta que seamos autosuficientes en producirla y con la refinería lo seremos..."

Sigo leyendo/escuchando comentarios similares justificando (maromas, pues) que YSQ no haya cumplido su promesa de bajar la gasolina.

Trataré de ser lo más concreto posible en las explicación aunque no importa lo que diga, los solovinos no lo creerán.

 

- Si la causa del precio alto es que es importada, ¿cómo te explicas que el precio al MENUDEO en Texas es la mitad de lo que cuesta aquí? Dicho de otra forma, a pesar de que en EU también hay impuestos a la gasolina, aún y si se comprara al menudeo saldría más barata importarla!!!!!!

 

Por lo tanto, es FALSO (YSQ miente) que se necesita producirla en México para que sea barata. Ya se puede importar y venderla aquí a la mitad de precio.

 

Entonces, ¿Por qué es cara en México? Básicamente por 2 impuestos: el IVA y el IEPS. Desde enero del 2017 Morena y YSQ prometieron que de ganar eliminarían el IEPS. Ya ganaron y no cumplieron.

 

Dicen que no pueden quitar ese IEPS porque se usará el $ para construir la refinería que hará que sea barata. Pero eso es una INCONGRUENCIA. Ya demostré que no se necesita la refinería para tenerla barata HOY mismo.

 

También es FALSO que la causa del alto precio haya sido la Reforma Energética que "liberó el precio". De hecho, la razón por la que el precio ha bajado en las últimas 3 semanas es precisamente por la Reforma Energética. El precio ya es libre, cualquier gasolinero puede poner el precio que quiera, y ahora si, si el precio del petróleo baja a nivel internacional aquí también baja la gasolina. Eso es GRACIAS a la Reforma Energética. No sigan exhibiendo su ignorancia al afirmar que es lo opuesto.

 

El IEPS tenía un subsidio que fue eliminado en la Ley de Ingresos del 2017, por eso fue el #gasolinazo. No fue por la Reforma Energética. No confundan. Y ahora, en ésta Ley de Ingresos para 2019 la mayoría de Morena votó para mantenerlo igual, al mismo nivel. Así que los responsables de que la gasolina siga cara es YSQ y su partido.

 

Finalmente, es una reverenda estupidez construir una refinería que tardará mínimo 6 años en estar productiva (acepto apuestas a que no estará al 100 en 3 años) cuando los autos eléctricos siguen aumentando sus ventas y para ese tiempo, 2024 mas o menos, estarán en igualdad de precio que los de combustión. Y es más una estupidez porque el retorno de inversión de una refinería es muy bajo comparativamente con la exploración y producción de petróleo. Sería mucho mejor invertir ese dinero en extraer petróleo, o mejor aún, en energías renovables que en una refinería que en 10 años será obsoleta.

 

Si llegaste hasta aquí y sigues pensando que la gasolina debe seguir cara para financiar la construcción de una refinería, y sigues echando maromas para justificar a YSQ no tengo mas remedio que decirte que eres un PENDEJO. Síguele justificando y defendiendo políticos que solo viven de los impuestos que pagamos.

 

#aguzados


 

Opcional y perdedor

El taxi conduce por una de las principales arterias de la ciudad, hasta que, de pronto, se para en seco. A lo lejos se puede ver que el entronque con el ramal de uno de los circuitos "rápidos" de la urbe prácticamente no se mueve. El taxista voltea a la izquierda y observa que, del otro lado de la avenida, hay una entrada por la que se incorpora un automóvil tras otro a la calle.

 

El taxista piensa rápido y decide darse la vuelta a la brava para cortar unos minutos en su trayecto. Los coches que vienen en sentido contrario le tocan el claxon y le recuerdan a su progenitora, pero en un par de minutos se sale con la suya y les regresa el sentimiento con la mano.

 

El taxista se comportó tal como lo hacemos muchos una y otra vez de manera cotidiana al estacionarnos en doble fila, tocar el claxon frente a un hospital, darnos vuelta en sentido contrario, pasarnos un alto, conducir a mayor velocidad de la permitida, etcétera. Lo hacemos y creemos que fuimos muy listos.

 

Detrás del taxista antes mencionado está otra persona que iba a su trabajo y observaba la misma escena, pero opta por mantenerse en su carril hasta llegar al entronque, cumpliendo las reglas al pie de la letra. Mientras que el taxista se ufanaba de su travesura y se burlaba de los tontos que se quedaron en la cola, el señor de atrás llegó tarde a su trabajo. Le salió caro a quien optó por cumplir con las reglas.

 

Esta historia en nada se diferencia a la del ciudadano ejemplar que va y paga la tenencia de su automóvil en el tiempo establecido, mientras que su vecino pospone y pospone hasta el límite, sólo para encontrarse con que el Gobierno local decreta un descuento especial para los retrasados. El que optó por apegarse a las reglas perdió.

 

En México el cumplimiento de la ley es opcional, igual para los gobernantes que para los ciudadanos. Los funcionarios deciden si aplican la ley o si la cambian sin el menor rubor; lo peor que le puede suceder a un ciudadano común y corriente por no cumplir una ley es que tenga que pagar una mordida para luego decir "me salió barato". El que cumple la ley llega tarde, paga más y tiene una vida complicada. Cumplir con la ley es ser perdedor.

 

En nuestro sistema de Gobierno la ley es un instrumento que se usa a conveniencia: cuando satisface los objetivos, usualmente políticos, del funcionario en turno, la ley ¡es la ley! y se hace cumplir.

 

Cuando no le gusta lo que dice la ley, el funcionario tiene dos posibilidades: una es ignorarla (lo más frecuente); la otra, sobre todo si es el Presidente o se trata de un funcionario de alto nivel, procede a modificarla o promover una nueva ley, que se apegue al objetivo.

 

Cuando López Obrador le respondió al Ing. Slim en el asunto del nuevo aeropuerto, su punto de partida hizo evidente que sería facultad suya aplicar la ley, cambiarla o concesionar el aeropuerto. No es necesario que haya un proceso de licitación o que el Congreso revise la ley. Con la decisión de una persona basta.

 

Saltarnos las trancas es parte de nuestro ADN y lo hacemos todos los días. El caso del tránsito es quizá el más evidente o, al menos, el más visible, pero es sólo una muestra de nuestro ser.

 

En una ocasión asistí con varios legisladores mexicanos al Congreso estadounidense. El policía de la entrada tenía una lista de los visitantes y exigía una identificación a cada uno de nosotros para cotejarla contra ella. Un Senador se acercó y, con tono de autoridad, le dijo "yo soy Senador de la República", como si al policía, responsable de quien entra y sale, le importara. En inglés, le respondió, de la manera más natural, pero inconfundible: "si quiere entrar tiene que mostrar su identificación".

 

Los países más exitosos y desarrollados se apegan a las reglas y no piensan ni un instante en la alternativa: las reglas y las leyes no son opcionales, son obligatorias.

 

Los funcionarios de esos países no dudan en que la ley es la que está en el código y tiene que hacerse cumplir sin chistar: no es algo opcional. Eso es lo que hace posible la equidad y el desarrollo.

 

Algún día, los mexicanos tendremos que decidir si queremos ser un país desarrollado y lo que eso implica, comenzando por cumplir y hacer cumplir la ley. Mientras, sólo los tontos (hay mejores palabras) la cumplirán.

 

Luis Rubio

www.cidac.org


 

Ver el elefante

Ignoro cómo se sienta el Presidente López Obrador con la enorme responsabilidad que sobre sus hombros ha adquirido al tener el cargo público de mayor relevancia en el País, pero además por la gran cantidad de promesas y expectativas que millones de sus votantes esperan ver realizadas.

 

Concédanme la licencia de expresarlo en términos futbolísticos, es como si el jugador más importante fuera a cobrar el penalti bajo la consigna "no tienes derecho a fallar". La realidad es que no es una cuestión de tener derecho, acertar o fallar son probabilidades de quien toma decisiones.

 

Hasta donde mi limitada visión de campo me permite ver, el Presidente está tomando decisiones fragmentadas; es como un médico que ve enfermedades asociadas a partes del cuerpo, sin ver al paciente como una entidad completa (y compleja). ¿El problema es el hígado?, pues toma tal medicina para ese órgano, con la intención de conseguir salud hepática. Pero ¿de qué le sirve al hígado estar sano si el cuerpo que lo aloja no lo está?

 

En México han faltado líderes políticos con visión sistémica. Imagina que continuamente tienes que cambiar un foco de tu casa; por alguna razón se funde constantemente. Pronto llegas a la conclusión de que "no es el foco", sino algo más: el sistema eléctrico. Podrás cambiar el foco una y otra vez, se volverá a fundir.

 

Ahora pensemos en nuestros Gobiernos. Es un lugar común en México decir que todos los Presidentes nos han salido malos. ¿No será el sistema? Tendremos un mejor Gobierno cuando tengamos una mejor sociedad, no al revés.

 

Dice Robert Pirsig (citado por Donella Meadows en "Thinking in Systems"): "Si una revolución destruye un Gobierno, pero los patrones sistémicos de pensamiento que produjeron ese Gobierno permanecen intactos, entonces esos patrones se repetirán. Hay tanto que hablar sobre sistemas. Y tan poco entendimiento".

 

Un sistema es un conjunto de cosas de tal forma interconectadas que producen su propio patrón de conducta con el tiempo. Por eso hablamos de "el sistema político mexicano", por eso hablo de la corrupción como un fenómeno cultural, es parte de nuestro sistema social.

 

Muchos de los actuales actores políticos tienen el "ADN" del viejo sistema político mexicano. Aunque ahora aparezcan bajo el sello de otro partido, como Morena, su código cultural está forjado en las prácticas que han sido corrosivas al País. No es de extrañar que a pocas semanas de que ejerzan el poder, repliquen aquello de lo que renegaban cuando eran oposición.

 

Una de estas características es que los elementos del sistema político habrán de mutar para sobrevivir; no sólo de colores, también de ideología y puntos de vista. Sólo así es explicable que un político como Mario Delgado apoye fervorosamente hoy iniciativas a las cuales se opuso fervorosamente ayer: la militarización del País y el desarrollo inmobiliario en terrenos propiedad de la Sedena.

 

López Obrador hará un buen papel si logra entender cómo sus decisiones afectan el conjunto del sistema llamado México y no sólo alguna de sus partes.

 

Algo brutalmente evidente es ¿de qué le sirve al sistema México que el Presidente regrese 22 mil pesos de su sueldo (que le aplaudirá el subsistema pueblo bueno que votó por él) si por otro lado tira a la basura 100 mil millones de pesos que podrían beneficiar a muchos otros subsistemas (como la educación y la cultura) del País y por supuesto al sistema en general?

 

En un cuentecillo clásico sufí se habla de un rey que lleva a su poderoso elefante a una comunidad de ciegos que -obviamente- nunca han visto un paquidermo. Los invidentes empiezan a palpar las diferentes partes de la bestia, cada uno aportando lo que experimentaba. El que tocó la oreja dijo: "es larga, rugosa y ancha, como una alfombra", mientras otro describió a su tacto: "es fuerte y firme, como un pilar". Todos tenían su propia idea equivocada de lo que era un elefante.

 

La lección es que la conducta de un sistema no puede ser conocida simplemente al conocer los elementos de los que se compone. El estadista tiende a ver el sistema. El político de ocasión, las partes; es ciego ante las consecuencias de sus decisiones.

 

El aeropuerto en Texcoco es ese enorme elefante.

 

Eduardo Caccia

El Norte


sábado, diciembre 01, 2018

 

Sociedad abierta: reto para AMLO

Aun concediendo el beneficio de la duda, existen desde ya múltiples razones para diferir de la dirección adoptada por el Presidente López Obrador desde el mismo amanecer de su Administración.

 

La cancelación del NAIM -lo que desató procesos jurídicos en marcha- es un error histórico que lo perseguirá el resto de su mandato, una infraestructura totalmente financiada por sus usuarios y en proporción a su beneficio, ahora será pagada por el contribuyente por no usarla.

 

Por contrapartida, sus megaproyectos carecen de una evaluación costo-beneficio y de impacto ambiental. No sabemos si generarán bienestar o si responden al capricho del poder y se convertirán en desastres financieros y ambientales. Mal augurio, corazonadas en lugar de evaluaciones técnicas

Más allá de su retórica, la nueva Administración carece de un plan estructurado de combate a la pobreza, y en su lugar ofrece becas aisladas, pensiones para adultos mayores, empleos temporales como paliativos clientelares, no una vía al progreso intergeneracional para superar la miseria de millones.

 

A un Gobierno se le debe evaluar por la calidad de los servicios que brinda a la ciudadanía, no por su discurso.

 

El contacto más estrecho entre población y Gobierno se da en salud y educación. Éstas son las vías que pueden transformar a una sociedad entrampada entre "opulencia e indigencia" en una integrada y convergente en oportunidades.

 

Por lo que se ha visto, la nueva Administración carece de la voluntad para mejorar la calidad de la educación, hacer de las escuelas comunidades más cálidas y con mayor atención al alumnado.

 

Tampoco existe una visión de la crisis de salud que se avecina con el envejecimiento de la población si no se invierte masivamente en nueva infraestructura y tecnologías de salud.

 

Con esto, alumnos y pacientes son los grandes huérfanos de la 4T.

 

Aunque no será inmediato, la licitación de contratos de extracción de hidrocarburos revertirá la caída en la producción petrolera, mientras que una mayor competencia en mercados energéticos beneficiará al consumidor si se le da continuidad.

 

Apoyadas en incentivos bien diseñados, las energías limpias muestran ya su enorme potencial. Construir refinerías es más un resabio de nostalgia nacionalista que un cálculo con visión de futuro y bienestar.

 

Cada uno de estos factores bastaría para diferir de la Administración que inicia. No obstante, existen razones más profundas para disentir del nuevo régimen.

 

El listado no es breve: su intolerancia hacia el diálogo genuino y la pluralidad de la sociedad, su estrategia sistemática de polarización, su instinto hacia la centralización y el control, su desconfianza en balances democráticos y reguladores autónomos, su desapego a reglas claras y su preferencia por arreglos opacos, la inexplicable disposición a perdonar la corrupción, su obsesión por erosionar mecanismos democráticos en aras de un culto a la personalidad, contrario a una sociedad abierta.

 

En contraste, una política de consenso, bienestar e integración enfocaría la agenda pública en prioridades básicas: construir un México donde tu futuro dependa de tu propio esfuerzo y capacidad, no de tu origen, orientando salud y educación a ello; fortalecer la democracia y el Estado de derecho acatando reglas transparentes y árbitros independientes; proteger nuestro medio ambiente generando energías limpias; crear oportunidades para todos eliminando el capitalismo de cuates, no alimentándolo; crear condiciones de seguridad en las comunidades desarrollando capacidades locales.

 

Poco importa si esta breve agenda constituye o no un capítulo histórico a la altura de Juárez. Abriría nuevas esperanzas en la microhistoria de millones de familias mexicanas, microhistorias al parecer muy pequeñas para la aparente soberbia de la 4T.

 

Ojalá la Administración aprenda el valor de la apertura y la capacidad de ajuste.

 

Rodrigo Morales Elcoro

rodrigo.morales@fldm.edu.mx

El autor es titular del Centro de Estudios de Competencia de la Facultad Libre de Derecho.


lunes, noviembre 19, 2018

 

Bancos para pobres

"Nunca proporciones soluciones pobres a los pobres". Chetna Sinha

PUEBLA.- Una de las presentaciones que más me impresionó este pasado fin de semana en la Ciudad de las Ideas, el festival de mentes brillantes que dirige Andrés Roemer, fue la de Chetna Sinha. Esta mujer originaria de la India, de origen muy humilde, que llegó a ser copresidenta del Foro Económico Mundial de Davos en este 2018, fundó y dirige el Mann Deshi Bank, una cooperativa que abre cuentas de ahorro y otorga préstamos a las mujeres más pobres de la India.

 

Los servicios bancarios son cruciales para que las mujeres puedan rescatarse a sí mismas, y a sus familias, de la pobreza. Para operar, sin embargo, Mann Deshi ha tenido que enfrentar la incomprensión y conservadurismo de los funcionarios y políticos que establecen las reglas de operación bancaria en la India.

 

El Banco de la Reserva de la India negó originalmente a Mann Deshi la licencia para operar porque las mujeres que integraban el banco no sabían leer ni escribir y, por lo tanto, según el regulador, no podían firmar documentos ni entender los términos de los contratos. Chetna Sinha pensó darse por vencida, pero las propias mujeres a las que había entusiasmado lo impidieron y aprendieron a leer y escribir para que el regulador bancario no tuviera ya ese pretexto para negar la licencia.

 

Hoy el Mann Deshi Bank recibe depósitos y otorga créditos a cientos de miles de mujeres pobres de la India, las cuales solamente pueden ahorrar en muy pequeñas cantidades. Cuando se le pregunta a la fundadora cómo puede el banco sobrevivir con un capital exiguo, su respuesta es: "Nuestro valor es nuestro capital".

 

Es muy probable que en México Mann Deshi nunca habría podido surgir, ni mucho menos prosperar. El ánimo regulatorio de nuestros políticos lo habría asfixiado antes de nacer. Una medida como la que pretende el senador Ricardo Monreal, de prohibir las comisiones bancarias, impediría el establecimiento de bancos para los pobres. Los políticos de derecha que dicen ser de izquierda, como Monreal, piensan que los bancos solo deben ser para los ricos.

 

La banca de los ricos puede vivir sin comisiones y con bajos diferenciales entre las tasas pasiva y activa de interés. Los costos administrativos en cuentas o créditos multimillonarios son relativamente pequeños, en cambio los de una cuenta o un préstamo pequeños representan un porcentaje mucho más alto del capital. Por eso la banca de los pobres tiene tasas de interés o comisiones relativamente altas.

 

Mann Deshi, como otros bancos que dan servicio a los más pobres, se ha sostenido gracias a que recurre con libertad a una mezcla de comisiones y tasas de interés. De otra manera el servicio no se podría otorgar y las usuarias se quedarían sin servicios, o tendrían que recurrir a los prestamistas no regulados, cuyas condiciones son mucho peores. Supongo que esto último es lo que pretende Monreal, quien cuando fue jefe delegacional en Cuauhtémoc permitió que se mantuviera el comercio informal.

 

Si Monreal realmente quisiera que los pobres tuvieran servicios financieros, debería impulsar medidas para que más instituciones pudieran ingresar al mercado. En lugar de prohibir comisiones o controlar precios, liberalizaría las reglas para que pudieran crearse más bancos para los pobres que compitieran libre e intensamente entre sí. El problema es que los populistas necesitan a los pobres para votar por ellos; y si los pobres dejan de ser pobres, ya no podrán ser manipulados.

· ¿NO IMPORTA?

Quienes dicen que no importa que caigan la Bolsa y el tipo de cambio por las ocurrencias de Monreal no saben que las crisis económicas suelen empezar por desplomes bursátiles y devaluaciones. Por eso López Obrador está tan interesado en distanciarse de la prohibición de las comisiones bancarias de Monreal.

 

Sergio Sarmiento 

@SergioSarmiento


domingo, noviembre 04, 2018

 

Gobierno para la prosperidad

Todos los Presidentes se sienten destinados a cambiar el mundo, pero ninguno lo ha logrado en el último medio siglo. ¿Qué diferencia podrá hacer el próximo?

 

Los recientes intentaron todo: gasto público exacerbado (Echeverría y López Portillo), pactos (Miguel de la Madrid y Peña Nieto), alianzas (Salinas), acuerdos (Zedillo) y tratados (como el TLC). Muchos planes, pero los resultados no son encomiables porque ninguno enfrentó el principal reto del País: el de cómo y, sobre todo, para qué gobernar.

 

Con AMLO existe la oportunidad de una transformación cabal porque goza de una legitimidad inusual, pero sobre todo porque no está comprometido a preservar el statu quo.

 

Si uno observa al País desde al menos 1964, cuando Díaz Ordaz asumió la Presidencia, todos los Presidentes comenzaron con grandes planes, pero, con la sola excepción de Zedillo, acabaron mal: unos porque provocaron crisis incontenibles, otros porque sus actos los desacreditaron al punto de no poder volver a ver la luz pública. Todos prometieron el cielo y las estrellas, pero pocos acabaron bien.

 

Sin duda, algunos dejaron legados trascendentales (como el TLC) y otros construyeron instituciones que han cambiado la naturaleza de la problemática. Todos, cada uno a su manera, intentaron reformar al País para lograr un crecimiento elevado y sostenido, pero ninguno logró que ése fuera el caso para el conjunto de la población.

 

Hoy es claro que nadie ha querido o ha estado dispuesto a enfrentar el problema de fondo de nuestra estructura institucional y política: aunque mucho ha cambiado, el Gobierno ha quedado igual. El País ha cambiado mucho, pero la prosperidad generalizada sigue sin llegar.

 

Si la economía y la demografía ofrecen ingentes oportunidades, la crisis de seguridad, la pobreza y la rijosidad política constituyen fardos que nos detienen y obstaculizan. Porque, a final de cuentas, si el propósito de gobernar no es la prosperidad, su función es irrelevante. Y el récord del último medio siglo no es encomiable en esta medida. Tampoco lo es la forma en que AMLO pretende gobernar, como ilustró la faena del aeropuerto.

 

Hace tres o cuatro años el Gobierno mandó hacer una encuesta de percepciones sobre el País. El resultado se expresaba en una gráfica de barras en la que aparecían, de mayor a menor, los asuntos que la población evaluaba de manera positiva, descendiendo hacia los que percibía como negativos.

 

De esta forma, había barras muy altas del lado izquierdo de la gráfica y otras muy negativas del lado derecho: las del lado izquierdo se referían a la naturaleza del mexicano, la comida, la afabilidad, el arte, la historia, las exportaciones y demás. Luego seguían muchas barritas pequeñas cubriendo asuntos que no se percibían como buenos ni malos, para acabar con una serie de barras hacia abajo, cada una peor que la anterior: éstas se referían a las Policías, la educación, el Gobierno, las autoridades hacendarias y los tribunales.

 

O sea, la población aprobaba todo lo que es parte de nuestra historia y de la población y reprobaba todo lo que se vincula con el Gobierno. Ése es el problema del País: no tenemos un Gobierno que funcione para lo relevante, para generar prosperidad.

 

A los políticos les encanta emplear el término "gobernabilidad" para referirse a la capacidad de hacer lo que les da la gana. AMLO no tiene ese problema y lo ha demostrado de manera cabal. El problema para él es que tiene que arrojar resultados: no es suficiente desmantelar programas existentes o tener una mayoría abrumadora en el Poder Legislativo. Si no logra la prosperidad del País, su enorme poder resulta intrascendente.

 

La historia enseña que recrear los mismos vicios, programas y estrategias que no funcionaron en el pasado tampoco funcionarán ahora. El País y el mundo han cambiado, lo que obliga a buscar nuevas formas de acceso a las oportunidades para toda la población.

 

Si quiere acabar bien, el Gobierno tiene que crear condiciones para la prosperidad de la población y, para eso, debe no sólo cambiar la estructura del Gobierno, sino construir medios de acceso para la población que siempre ha estado excluida.

 

No basta ser poderoso: para salir del hoyo es imperativo crear un nuevo sistema de Gobierno institucionalizado y con criterios explícitos de inclusión social.

 

La tragedia de su consulta sobre el aeropuerto es que sólo pensó en el cambio de relaciones de poder, sin reparar en sus consecuencias en términos de desarrollo a largo plazo.

 

Luis Rubio

www.cidac.org


 

Conducta e Incentivos

El área de comunicación del Presidente electo emitió el comunicado 071 "Presidente electo anuncia iniciativa de Ley de Responsabilidad Ciudadana; se suspende fiscalización y vigilancia a negocios". Y enlista, a modo de puntos destacados, una mezcla entre medidas administrativas, decisiones políticas y decretos omnipotentes.

 

Juzguen: "No existirá la figura de inspectores en ninguna dependencia federal. México será de los países con mayor honestidad en el mundo: AMLO". Acoto: de no haber mediado los dos puntos entre "mundo" y "AMLO", el enunciado sería premonitorio. "Habrá un nuevo pacto con la ciudadanía, partirá de la confianza. Estoy seguro que todos los ciudadanos van a actuar de manera responsable. Ciudadanos cumplidos recibirán reconocimiento público". Y más.

 

El próximo Presidente da a entender que aquilata la confianza como divisa personal y eje articulador de lo que llama "nuevo pacto" con la ciudadanía (en este sentido, y por la decisión de suspender el NAIM, su escudero fiel Alfonso Romo ya va perdiendo la batalla).

 

Nos describe un panorama donde no habrá fiscalización gubernamental, sólo revisiones aleatorias, donde bastará la palabra para manifestar que se conocen las leyes y se actuará de manera responsable. Y añade: "no se va a necesitar abogado, no se va a necesitar ningún contador público".

 

Si yo fuere de alguna de estas dos profesiones estaría preocupado, pero contento de vivir en un mundo sin litigios ni estados financieros. ¿Y si le añade que tampoco habrá enfermedades? (Perdón, amigos médicos).

 

¿Es posible que con tanta buena voluntad, con sus decretos y con su ejemplo el próximo Presidente pueda cambiar a la sociedad mexicana? Más allá de opiniones personales, veamos lo que dicen los expertos en comportamiento individual y colectivo.

 

En "La Verdad Honesta sobre la Deshonestidad", Dan Ariely, catedrático en psicología y economía conductual por la Universidad de Duke, concluye que hay factores que inhiben la deshonestidad: un código de honor, de ética o manifiesto firmado, recordaciones morales en lugares y momentos precisos, y la supervisión. No hay evidencia de que con el ejemplo de un Presidente cambie el comportamiento de la sociedad. Tampoco eliminando la supervisión.

 

En "El Efecto Lucifer", Philip Zimbardo establece que la conducta humana está sujeta a fuerzas del contexto o del sistema que harán que una persona buena realice acciones malas.

 

No se trata de decretos de los autores, son deducciones a partir de experimentos serios.

 

Esa fuerza del contexto o sistema es nada más ni nada menos que ¡la cultura!, es decir que para cambiar la conducta hay que cambiar el sistema (la cultura), pero el próximo Presidente no cree en esto, para él la palabra "cultura" es sinónimo de mexicanidad, nacionalidad. Percibo que se siente ofendido cuando se le dice que la corrupción sí es cultural.

 

Sin embargo, atina en decir que acabar con la corrupción "no depende de un sólo hombre, de un dirigente, de un Presidente, depende de todos". Ahora que alguien le explique al Presidente electo que la conducta se cambia modificando los incentivos, las señales cotidianas, eliminando las trampas (que, está comprobado, son contagiosas) y las acciones ilegales.

 

El comunicado también menciona que el próximo Presidente invita a los Gobiernos estatales "para que se sumen a este cambio en la cultura política que busca terminar con la corrupción...". ¡¿Ya lo leyó AMLO?! Dice "cultura política". ¿Por qué se reconoce que hay cultura política que debe ser cambiada, pero no cultura ciudadana?

 

Aplaudo que se vaya a reconocer a ciudadanos cumplidos. He mencionado anteriormente que Zimbardo propone un "nuevo heroísmo" en las sociedades enfermas, como la nuestra, para revalorar las conductas excepcionales (que ayer eran ordinarias).

 

La cultura (insisto: entendida como el sistema social de normas no escritas) se cambia para bien cuando vemos ejemplos positivos. Cambiar los modelos de conducta de niños y jóvenes será particularmente poderoso.

 

Si el Estado comandado por AMLO es capaz de administrar los incentivos correctos, podrá pasar a la historia en letras de oro. Si no, nada más pasará a la historia.

 

Eduardo Caccia

ecaccia@mindcode.com


 

Reducto de Libertad

Las expresiones y actitudes del Presidente electo sobre la prensa que no le agrada son altamente preocupantes. Y lo son más ahora, porque resuenan en las redes sociales como una orden de ataque.

Muy pronto, nada podría impedir que sus partidarios más enardecidos pasen de la batalla verbal a la física. Si ocurre en Estados Unidos (donde las arengas de Trump contra las supuestas "fake news" han provocado ataques a periodistas del New York Times, el Washington Post o CNN), nada impide que la prensa "fifí" -como la llama López Obrador- comience a sufrir embates similares.

La tensión entre los medios impresos y el poder tiene una larga historia. En un ensayo de 1954 titulado "La Prensa y la Libertad Responsable en México", Daniel Cosío Villegas escribió que la nuestra era "una prensa libre que no usa su libertad". El Gobierno, es verdad, tenía "mil modos" para "sujetarla y aun destruirla".

Piénsese, por ejemplo, en una restricción a la importación de papel fundada en la escasez de divisas; en una elevación inmoderada de los derechos de importación al papel o a la maquinaria; en la incitación a una huelga obrera y su legalización declarada por los tribunales del trabajo, en los cuales el voto del representante gubernamental resulta decisivo; etcétera.

Con todo -concluía don Daniel- la prensa tenía un margen de libertad que desaprovechaba. Era próspera, pero inocua, vacía de ideas e ideales y, sobre todo, servil: "simplemente ha aceptado la idea de la sujeción (al Gobierno), se ha acomodado a ella y se ha dedicado a sacar ventajas transitorias posibles sin importarle el destino final propio, el del País y ni siquiera el de la libertad de prensa, a cuya salvaguarda se supone estar consagrada en cuerpo y alma".

El razonamiento de Cosío Villegas tuvo su prueba de fuego en el sexenio de Luis Echeverría, cuando surgió un periódico decidido a rechazar la sujeción y defender la independencia crítica. Era el Excélsior de Julio Scherer. El Gobierno había empezado bajo la promisoria consigna de la "apertura democrática", la "crítica y la autocrítica". Por supuesto, era una treta.

Al poco tiempo Echeverría comenzó a perorar contra aquel periódico donde cada sábado aparecían los punzantes artículos del "escritorzuelo" Cosío Villegas. Cuando esa táctica intimidatoria falló, su Secretario de Gobernación contrató una pluma mercenaria para escribir un libelo titulado "Danny, discípulo del Tío Sam". Acto seguido, Echeverría indujo un bloqueo de publicidad privada (la oficial era muy menor). En última instancia, orquestó el golpe al diario, lo confiscó en los hechos, volviéndolo un esclavo del régimen.

Su sucesor, López Portillo, incrementó la presencia oficial en los medios para domesticarlos. Y, argumentando el famoso "no pago para que me peguen", cortó la publicidad a Proceso. Fue inútil. Para entonces, además de Proceso, habían nacido revistas y periódicos empeñados en ejercer la independencia crítica.

Vivimos otros tiempos, pero la tensión persiste. Sujeta a las viejas restricciones, y lastrada por sus vicios y conveniencias, nuestra prensa no usa plenamente su libertad. Dependientes de la publicidad oficial, muchos medios ceden a la servidumbre voluntaria. A riesgo de perder el alma, deberían resistir.

Tampoco el próximo Gobierno debe actuar de manera ilegítima contra la prensa. Es correcto que busque dar la mayor transparencia a sus vínculos económicos con los medios y acote o incluso cancele la publicidad oficial, pero no tiene razón en descalificar a los que le resultan incómodos.

Llamar a la prensa "fifí" es imputarle intereses ocultos o ideologías contrarias a la verdad histórica encarnada en el poder. Es un abuso. Si existen pruebas de esos intereses ocultos, que se exhiban. Y ningún poder tiene el monopolio de la verdad histórica.

No sólo falta a la justa razón el Presidente electo, también al derecho. En este tema incide el criterio de asimetría entre las partes, sobre el cual la Suprema Corte ha sentado jurisprudencia. Las sentencias que ha emitido en los últimos años han privilegiado la libertad de expresión bajo una idea rectora: entre mayor sea la relevancia pública del objeto de una crítica, mayor latitud tendrá la libertad de expresión para criticarlo.

Tomando en cuenta su posición de poder, y por respeto a la razón, el derecho y aun la vida de los periodistas, el Presidente electo debe mostrar la mayor tolerancia ante la crítica hacia su persona y su gestión. Y la prensa, contra viento y marea, debe seguir siendo un reducto de libertad.

 

Enrique Krauze


viernes, noviembre 02, 2018

 

El pueblo manda

"En una democracia es el pueblo el que manda, es el pueblo el que decide".

Andrés Manuel López Obrador

 

El Presidente electo no tenía por qué inventar una falsa consulta popular. La construcción del aeropuerto de Texcoco empezó por una orden del Ejecutivo y puede detenerse por una orden similar. El propio Enrique Peña Nieto canceló la refinería de Tula iniciada por Felipe Calderón sin recurrir a una consulta y sin hacer ruido en los mercados.

 

Sin embargo, una de las características de los gobernantes populistas es que "afirman que tienen una conexión carismática directa con 'el pueblo'... No les gustan las instituciones y buscan debilitar los equilibrios que limitan el poder personal de un líder en la democracia liberal moderna", según apunta Francis Fukuyama ("Identity: The Demand for Dignity and the Politics of Resentment").

 

Fukuyama se refería a Donald Trump, pero los populistas de todo el mundo actúan igual, al margen de las instituciones democráticas. Reciben órdenes directamente del pueblo. "Los mexicanos", dice Andrés Manuel, "quieren que se les consulte, quieren que se les pregunte y lo mejor para no equivocarnos es preguntar".

 

No es López Obrador el único que manda obedeciendo. Hugo Chávez decía: "Mándeme el pueblo, que yo sabré obedecer"; el subcomandante Marcos declaró: "Que manden los que mandan obedeciendo"; incluso Gustavo Díaz Ordaz afirmaba: "Quien supo obedecer, sabrá mandar".

 

Cuando los populistas enfrentan problemas no los resuelven en los tribunales, negocian personalmente con los afectados. Trump amenaza a las empresas que toman medidas con las que no está de acuerdo, como las que mudan plantas a México, y alaba a las que lo obedecen. López Obrador acusa de corrupción a las compañías que han participado en la construcción del aeropuerto de Texcoco, pero se reúne con sus directivos para tranquilizarlos, como Alberto Pérez Jácome de Hermes y Guadalupe Phillips de ICA.

 

Al igual que los ejecutivos de las firmas estadounidenses con los que Trump se sienta a hablar, los mexicanos se ven obligados a expresar públicamente su apoyo al "Señor Presidente". Sus empresas dependen de los contratos del Gobierno; no tienen más opción que aceptar la garantía personal del futuro Mandatario que los compensará por sus pérdidas, quizá con otros contratos.

 

Los contratos cancelados, sin embargo, deben compensarse en los términos del propio contrato, como en el caso del tren interurbano de Querétaro.

 

Si bien el nuevo Presidente tiene la facultad de cancelar la construcción del aeropuerto, no puede compensar las pérdidas otorgando contratos de manera discrecional. Lo que se construya en Santa Lucía tendrá que ser licitado, porque así lo ordena la ley.

 

Los gobernantes populistas afirman que son necesariamente buenos y sus enemigos serán siempre perversos. Trump lo reitera en cada tuit y en cada discurso. López Obrador, también, afirma que los gobernantes anteriores no "tienen llenadera", pero él, con su ejemplo de hombre honesto, hará que la corrupción desaparezca.

 

Esta semana afirmó que había encontrado un proyecto para convertir los terrenos del actual aeropuerto en un nuevo Santa Fe, lo cual explicaría por qué las empresas se oponen a la cancelación de Texcoco. No explicó que los terrenos son federales y el uso de suelo lo decide el Gobierno capitalino, por lo que los únicos que podrían hacer negocio ahí serían él y Claudia Sheinbaum.

 

La cancelación del aeropuerto es importante, pero la forma lo ha sido más. El Presidente electo nos está diciendo cómo va a gobernar. Y no es precisamente que el pueblo vaya a mandar.

 

Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com


martes, octubre 30, 2018

 

Guía para evitar el abismo

Tristemente se confirmó mi pronóstico del martes 23: se canceló Texcoco. Ganó el capricho disfrazado de consulta sobre la lógica y el beneficio del País (relea "Consultar mañosamente").

 

Es una pésima señal. Donde se le mete la lupa al detalle de las propuestas de AMLO encuentras ocurrencias y sinsentidos. Hace unas semanas le planteé 3 escenarios sobre el nuevo Gobierno: es bueno (ojalá: excelente, se acabó el problema), es malo y genera una crisis económica y es un populista que busca perpetuarse en el poder.

 

Hoy me enfocaré en el tercer escenario. OJO, no digo que vaya a pasar. Es demasiado temprano para saberlo. Pero ese es el punto: ¿a qué señales hay que prestar atención para ver si vamos por el peor camino? Para contestar la pregunta le propongo dos premisas:

1. El camino al despeñadero del populismo lleva tiempo. La destrucción de instituciones es paulatina.

 

2. Existe una ruta previsible.

 

 

Por lo tanto, si la amenaza populista se convierte en realidad en México tendremos señales de advertencia. Hay que estudiarlas.

 

La politóloga guatemalteca Gloria Álvarez explica muy bien (vea un video en nuestros sitios) los pasos generales del populista para derrumbar instituciones:

 

a) Elegir un enemigo interno (el antipueblo) y uno externo.

 

b) Demarcar la lucha: el pueblo bueno vs. el enemigo.

 

c) Fomentar odio al enemigo: la mafia del poder, la oligarquía, "los fifís", etc.

 

d) Enamorar al pueblo. Pueblo bueno = gobernante bueno.

 

e) Controlar los tres poderes y eliminar voces opositoras.

 

f) Adoctrinamiento masivo: redes, medios, educación, etc.

 

g) Mantener "feliz" al pueblo con gasto, subsidios, dádivas, etc.

 

 

Pero este "mundo fantástico" no es sostenible. El financiamiento se agota y el modelo se derrumba, como en Venezuela. ¿Cómo fueron Chávez y Maduro deteriorando las instituciones venezolanas? Si ser exhaustivo, el camino hacia el precipicio fue así (según la BBC):

· 1998: Chávez es electo y el siguiente año promulga una nueva Constitución. Inicia la "revolución bolivariana".

 

· 2001: pasan 49 leyes para redistribuir tierras y riqueza. Inicia la concentración de poder en el Estado al estilo Cuba.

 

· 2002: golpe militar fallido. 2003: inicia el control cambiario.

 

· 2005: Enero, nuevo decreto para eliminar propiedad de grandes extensiones de tierra. Marzo, se imponen fuertes multas a medios que "difamen" a autoridades. Diciembre, partidos leales a Chávez dominan la asamblea tras boicot opositor.

 

· 2006: gana tercer periodo presidencial con 63% del voto.

 

· 2007: Enero, nacionaliza compañías energéticas y de telecomunicaciones. Mayo, no le renuevan concesión a RCTV, televisora crítica. Junio, expropia a Exxon y Conoco.

 

· 2008: Enero, quita 3 ceros al bolívar. Agosto, nacionaliza el banco de Venezuela, de españoles. Noviembre, oposición gana Alcaldía de Caracas y otros puestos, pero Chávez controla 17 de 22 gubernaturas.

 

· 2009: se aprueba reelección indefinida.

 

· 2010: Enero, devalúa 17% el bolívar. Diciembre, el Congreso le da autorización especial para emergencias.

 

· 2012: Abril, se extienden controles de precios para lidiar con la inflación. Octubre, Chávez gana su cuarta elección.

 

· 2013: Abril, muere Chávez, asume Maduro. Septiembre, corte masivo deja sin luz a 70% del país.

 

· 2014 y 2015: protestas masivas donde mueren decenas y arresto de opositores como María Corina Machado, y Antonio Ledezma.

 

· 2016 a 2018: protestas masivas, muertes, hiperinflación, crisis económica generalizada con escasez y hambruna.

 

A este tipo de señales tendremos que estar atentos en México. Y añado una más que me platican algunos venezolanos: la gente buena (porque al inicio sí hay) que rodea al populista se va o es removida. Así se quedan con el Tlatoani sólo nefastos y lambiscones. El debate interno se acaba y muere la esperanza.

 

Habrá que levantar antenas. Si nuestras instituciones llegasen a estar en riesgo, sólo una sociedad activa podría evitar caer al abismo.

 

Sobre aviso no hay engaño.

 

 

EN POCAS PALABRAS...

"Lo único que requiere el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada".

Edmund Burke, escritor británico

 

Jorge A. Melendez Ruiz

benchmark@reforma.com

Twitter: @jorgemelendez


lunes, octubre 29, 2018

 

Precios sin garantía

"Se van a fijar precios de garantía para los productos del campo... Vamos a producir en México lo que consumimos".

Andrés Manuel López Obrador

Si alguna propuesta de Andrés Manuel López Obrador deja en claro que busca regresar a los tiempos del viejo PRI es la reimplantación de los precios de garantía. La ilusión es que estos precios artificialmente fijados por políticos generarán autosuficiencia alimentaria; la experiencia sugiere que redundarán en costosos subsidios, pobreza rural y corrupción.

 

La promesa de regresar a los precios de garantía que se abandonaron en 1994 la hizo López Obrador desde la campaña electoral. Los nuevos precios de garantía se aplicarán a cultivos de maíz, frijol, trigo panificable y arroz, así como a la producción de leche fresca. La Oficina de Transición de Agricultura y Desarrollo Rural anunció este 25 de octubre que el nuevo gobierno fijará precios muy superiores a los de mercado. La tonelada de maíz, por ejemplo, la pagará a 5,610 pesos mientras que en el mercado internacional se ubica en 2,770 pesos. El requisito es que los productores tengan parcelas de menos de 5 hectáreas, mientras que las compras se limitarán a 20 toneladas por vendedor.

 

Para que los precios de garantía no lleven a una escalada en los precios de los alimentos, el gobierno tendrá que dedicar una cantidad de recursos no especificada a subsidiar las compras. El monto puede aumentar en el futuro si bajan los precios de los productos agrícolas.

 

La enorme diferencia entre el precio oficial y el de mercado generará corrupción. La limitación del subsidio a los productores con predios de hasta 5 hectáreas creará un incentivo para mantener la actual fragmentación de la tierra. La producción se volverá más ineficiente. El maíz y el trigo requieren de grandes extensiones de tierra para ser competitivos, pero los precios de garantía atarán a los productores a pequeñas parcelas que los condenan a vivir en la pobreza e inhibirán la inversión en productos con mayor futuro, como el aguacate o las hortalizas.

 

A Conasupo, la Compañía Nacional de Subsistencias Populares, la creó Gustavo Díaz Ordaz (ese Presidente que los políticos de hoy quieren borrar de la historia) en 1965 y se convirtió en la institución insignia de la política alimentaria del viejo PRI. Fue un foco de corrupción y de pérdidas enormes. Sus actividades y subsidios se recortaron de manera gradual a partir de la crisis financiera de los ochenta y la compañía fue extinguida finalmente en 1999, al final del gobierno de Ernesto Zedillo.

 

Ignacio Ovalle, secretario particular de Luis Echeverría y director del Instituto Nacional Indigenista con José López Portillo, donde conoció a un joven Andrés Manuel López Obrador, fue director de Conasupo en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Desde ese cargo lanzó los "tortivales", bonos para entregar tortillas a familias pobres y asegurar su lealtad al PRI. Hoy Ovalle regresa a la política con López Obrador como titular de Seguridad Alimentaria Mexicana, una institución que asumirá las responsabilidades de Diconsa y Liconsa y que busca convertirse en una nueva Conasupo. Junto con los precios de garantía, este Segalmex, que recuerda el viejo SAM, el Sistema Alimentario Mexicano, de José López Portillo, marca el retorno a un sistema de subsidios y precios de garantía que pretendió hacer a México autosuficiente en alimentos, pero que solo sirvió para comprar votos, generar corrupción y empobrecer el campo mexicano.

 

 

· NOSTALGIA DEL PASADO

Para quienes sienten nostalgia por el viejo sistema alimentario mexicano, habría que invitarlos a releer a Arturo Warman, el fallecido autor de El campo mexicano en el siglo XX: "Un campo pobre, avejentado y conservador, que se repite a sí mismo en vano intento para ser lo que no fue, no es la tierra prometida".

 

Sergio Sarmiento

@SergioSarmiento


domingo, octubre 28, 2018

 

El anverso de la moneda

Todas las crisis que los mexicanos hemos experimentado han sido el resultado de un Presidente que dejó de hacer su trabajo o que lo hizo mal. Ése es el costo de un sistema centrado en torno a un solo individuo: sus humores, capacidades, aciertos y errores determinan el resultado para 120 millones de mexicanos.

 

El sistema político emanado de la Revolución constituyó la institucionalización del sistema porfiriano: en lugar de un dictador eterno, los Presidentes serían monarcas sin posibilidad de heredar su puesto, en las palabras de Cosío Villegas, pero monarcas al fin.

 

Ese régimen le confería facultades metaconstitucionales a quien ocupara la Presidencia, mismas que servían para ejercer el poder público de manera discrecional, tomar decisiones arbitrarias y asegurar la permanencia del statu quo a través de lealtades y clientelas nutridas por la corrupción. El Presidente en el centro del poder, disponiendo de los recursos públicos y de las llamadas "instituciones" para sus propios fines.

 

El gran beneficio de ese sistema fue la destreza con que se podían lograr cambios cuando esto era necesario, en tanto que el gran costo y riesgo radica en la inexistencia de contrapesos que impidieran costosos errores.

 

Este sistema llevó a profundas crisis cambiarias en 1976, 1982 y 1994-1995, todas ellas atribuibles a errores evidentes de quien ocupaba la Presidencia, pero también facilitó una rápida recuperación en el año siguiente bajo una nueva administración.

 

Mientras que los países debidamente institucionalizados pueden tomar años en llevar a cabo reformas para atacar problemas nodales de sus economías (como ocurre con los europeos), en México esas reformas se adoptaban casi sin chistar.

 

Es frecuente escuchar que las instituciones son fuertes y se les atribuyen poderes fundamentales para limitar el ejercicio del poder presidencial. Sin embargo, la evidencia no justifica esas pretensiones.

 

Cada que esas instituciones, o sus responsables, ofenden a los poderes fácticos o al Presidente, se les modifica: así ha ocurrido con el instituto electoral y con las comisiones de competencia y telecomunicaciones.

 

Desde esa óptica, no hay razón para pensar que, en un contexto de presión, lo mismo ocurriría con otras como la Suprema Corte o el Banco de México. Del Congreso y del Senado no es necesario hablar: el dedo lo hace.

 

Nuestro régimen político es unipersonal y eso implica facultades efectivas por encima de las instituciones: un Presidente con poderes extraordinarios que, en estos días, sólo está limitado por las capacidades personales de quien lo va a ostentar y por los mercados financieros internacionales que muy pocos en el mundo se atreven a desafiar.

 

Un sistema presidencial unipersonal tiene virtudes, pero todas dependen de las capacidades e integridad del Presidente. Los Gobiernos que así operan dependen de la seriedad, consistencia, entereza y carácter del Presidente. Si el Presidente erra o deja de hacer su trabajo, el País paga las consecuencias. Si el Presidente utiliza los recursos públicos para apostar el futuro del País, son los ciudadanos quienes se beneficiarán o padecerán los costos.

 

Cuando Enrique Peña Nieto se durmió después de Ayotzinapa, el País se congeló haciendo posible el advenimiento de un mesías. Nada es gratis.

 

A los mexicanos nos encanta saltarnos las trancas, dar vuelta donde está prohibido o estacionarnos en segunda fila. Nos parece que es impropio, equivocado o injusto que alguien más haga lo mismo, pero todos creemos que tenemos el derecho divino de hacerlo nosotros.

 

Esa manera de ser es un fiel reflejo del sistema político, donde el Presidente tiene poderes reales para comportarse igual, en los ámbitos de competencia de su función. Si queremos que la Presidencia se atenga a reglas y a mecanismos de contrapeso, también los ciudadanos tendríamos que cambiar nuestra forma de ser.

 

Cada seis años el País vive un momento de trance por el peligro inherente a que un loco, un destructor o una persona que postula un cambio radical llegue a la Presidencia.

 

Sin embargo, en lugar de enfocarnos en el problema de fondo -las facultades excesivas de la Presidencia-, todas las luces se enfocan a los supuestos o reales defectos y atributos de esa persona.

 

Nuestro problema no es que tal o cual individuo sea bueno y merecedor de la oportunidad de ser Presidente, sino que no existen límites efectivos en caso de que resulte que esa persona no era tan merecedora.

 

Aunque AMLO no lo reconozca, al País, y a él mismo, le urge un nuevo régimen sustentado en pesos y contrapesos efectivos.

 

Luis Rubio

www.cidac.org


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