domingo, julio 02, 2017

 

El test de la democracia

"No me importa si alguien es de derecha o de izquierda. Lo único que me importa es que sea demócrata", dijo Felipe González a un grupo de amigos, a propósito de la connivencia de Podemos y Rodríguez Zapatero con el régimen de Maduro. Tiene razón: la convicción democrática se mide en las reacciones frente a fenómenos dictatoriales.

 

Ése fue el criterio de Octavio Paz en las revistas que dirigió. Cuando Pinochet asestó el golpe de Estado al régimen de Allende, Plural repudió inmediatamente el acto. Cuando la revolución sandinista derrocó a la dictadura de Somoza, Vuelta puso su esperanza en la pronta celebración de elecciones (que tardaron 11 años en llegar). Cuando Argentina cayó en las garras de unos militares genocidas, Vuelta lo denunció al grado de que su circulación fue prohibida en ese país.

 

Cuando el movimiento Solidaridad estalló en Polonia, lo saludamos con el mismo entusiasmo con que apoyamos y publicamos a los disidentes de la Europa secuestrada (Havel, Michnik) y a los héroes de la libertad en la propia URSS: Sájarov, Soljenitsin.

 

Creímos en un desenlace democrático que llegó en unos casos y se desvirtuó en otros. Pero no nos equivocamos al interpretar el significado de la caída del Muro de Berlín. Incluso fallamos en percibir su alcance: hoy Alemania es la vanguardia del mundo libre.

 

En nuestro continente, criticamos de manera sistemática al régimen castrista, lo mismo que a los movimientos guerrilleros que buscaban emularlo en Colombia, Perú, Salvador, Nicaragua. No erramos, salvo excepciones, los principales países de América Latina no optaron por la vía revolucionaria sino por la democracia.

 

Nuestra premisa era clara: la única legitimidad para acceder al poder, y para ejercerlo, era la democracia. Respetando sus reglas (en particular la del respeto a las minorías), honrando las leyes, las instituciones y las libertades, la competencia ideológica podía ser despiadada. Pero la violación de esas reglas era absolutamente inadmisible. Con la democracia todo, contra la democracia nada.

 

Estas ideas no eran comunes en el México de los 80, pero poco a poco se abrieron paso hasta convencer a un amplio sector de la opinión pública sobre la insostenible ilegitimidad democrática del régimen que nos gobernaba desde 1929. El que en México no hubiese militares en el poder o golpes de Estado no atenuaba ese hecho.

 

La no reelección seguía siendo un legado invaluable del Maderismo, pero el sufragio no era efectivo y las libertades políticas eran muy limitadas. Por fortuna, el País optó por la transición pacífica a la democracia.

 

Llevamos casi 20 años en esa experiencia inédita para nosotros. Es obvio que nuestra democracia -lo he repetido muchas veces- es una casa en obra negra, pero no por ello es menos sustancial.

 

Sus defectos son de quienes la ejercen, no de ella, ni como doctrina ni como sistema. Sería terrible destruirla. Para calibrar el riesgo, basta ver lo que ha ocurrido en Venezuela.

 

Venezuela nos abre la oportunidad de aplicar el test de la democracia a la política mexicana. Un partido puede ser de derecha o de izquierda, pero la forma de medir si es demócrata es cotejar su postura ante Venezuela.

 

La diplomacia mexicana ha modificado su política frente a esa crisis. Enhorabuena: no hay doctrina que justifique la pasividad frente a un tirano.

 

El resto de las fuerzas ha condenado (con tibieza) al régimen de Maduro, cuya deriva totalitaria ocurre ante nuestros ojos, día con día.

 

Estamos viendo la rebelión masiva y pacífica de un pueblo hambriento empeñado en una lucha solitaria por su libertad.

 

Pero dos partidos (mejor dicho, uno y medio) no sólo se han resistido a llamar por su nombre al régimen asesino de Maduro sino que lo apoyan.

 

En el caso del medio partido se entiende: los dirigentes del PT son admiradores confesos y huéspedes frecuentes del régimen de Norcorea.

 

Pero en el caso de MORENA, las declaraciones son en verdad preocupantes. Según su jefe máximo, la democracia venezolana es superior a la de México.

 

Y uno de los miembros de su Dirección Nacional se refirió al "importantísimo papel que puede hacer MORENA en el Gobierno de México, que es el de integrarse con los países de América Latina que están haciendo los cambios como Venezuela. Digámoslo directo, la integración de México en la revolución bolivariana".

 

Queda claro. Un amplio sector de la izquierda mexicana no pasa el test de la democracia. No cree que México sea una democracia pero la utilizará para buscar el poder y, desde ahí, acabar con ella.

 

Enrique Krauze


martes, abril 18, 2017

 

¿Un rayito que electrocuta?

Le propongo que en una emergencia o crisis la tendencia dominante de cualquier persona toma el control. Un enojón se enoja. El analítico analiza. El nervioso se muerde las uñas. El asustadizo entra en pánico. El dubitativo se paraliza. Etc.

 

Traigo esta idea a la mente para hablar del rayito de esperanza, de López Obrador. Nuestro más probable siguiente Tlatoani.

 

Hace unos meses me tocó convivir con él cuatro horas en una mesa de 10 personas. Hablamos de todo. Claramente, Andrés Manuel ha aprendido de sus errores. Al menos en privado es mesurado y habla bien. Se adapta a su audiencia. Les dice lo que quieren escuchar.

 

Pero creo que sus ideas siguen siendo simplistas y muchas veces erradas. Por ejemplo, le pregunté algo así: Pemex tiene 129 mil empleados. Chevron produjo 25 por ciento más petróleo en 2014 y tiene 40 por ciento de los puestos de Pemex. Y así como está nuestra petrolera está la CFE, el IMSS y en general toda la burocracia. ¿Le meterás mano a la obesidad sindical en México? ¿Cómo?

 

Más o menos respondió que el problema no es "la tropa" sino los mandos superiores. Que cortando y controlando el desorden en la cima de la pirámide, se arregla todo.

 

Estoy en total desacuerdo. Es un diagnóstico "cajonero" que no ataca uno de los problemas fundamentales de todos nuestros gobiernos: son obesos, ineficientes y burocráticos. El enorme y desordenado gasto público es un cáncer gravísimo. Si no lo operamos, el paciente morirá. México seguirá jodido (relea "¡Es el gasto estúpido!").

 

Pues así por el estilo son muchos de los conceptos de AMLO: acabaré la corrupción poniendo el ejemplo (honestidad valiente), vamos a construir muchas refinerías (nadie lo hace), explotar petróleo es rete fácil y no necesitamos a extranjeros, las evaluaciones a maestros no deben ser obligatorias (ah, junto con su apoyo a la CNTE), la república amorosa, se combate al narco convenciéndolos, etc.

 

Soluciones simplonas y equivocadas a problemas complejos. ¿Qué va a pasar cuando se implementen? Obvio: ¡no van a funcionar!

 

Entonces el Tlatoani se va a enojar. Es probable que el País siga empantanado. Peor aún, quizá entremos en una crisis. Y ahí tomará el control el verdadero yo de Andrés Manuel. Alguien que ya conocemos:

 

1. Autoritario y enojón. "¡Cállate chachalaca!".

 

2. Privilegia teorías de conspiración. "La mafia del poder".

 

3. Esboza una lucha de clases. "El pueblo es bueno".

 

4. La solución es "Él". "¡Al diablo con las instituciones!".

 

5. Culpa a otros de sus errores. "Me robaron la elección".

 

Esa es mi preocupación central sobre el "rayito": qué hará cuando sus soluciones se atasquen. Sus tendencias dominantes son muy peligrosas. Tiene todos los rasgos de un populista.

 

"La batalla en Latinoamérica está entre populismo y república. Porque el populismo desmantela instituciones poco a poco", explica Gloria Álvarez en un video que le recomiendo vea en nuestros sitios.

 

La politóloga guatemalteca explica el "modelo" del populista:

 

a) Elegir un enemigo interno (el anti pueblo) y uno externo.

 

b) Demarcar la lucha: el pueblo bueno vs. el enemigo.

 

c) Fomentar odio al enemigo: la mafia del poder, la oligarquía, etc.

 

d) Enamorar al pueblo. Pueblo bueno = gobernante bueno.

 

e) Adoctrinamiento masivo: redes, medios, sistema educativo, etc.

 

f) Buscar controlar los tres poderes.

 

g) Mantener "feliz" al pueblo con gasto, subsidios, dádivas, etc.

 

Pero este "mundo fantástico" del populista no es sostenible. El financiamiento termina por agotarse y el modelo se derrumba. El caso de Venezuela es el ejemplo más claro (hay muchos en la historia).

 

Esa es la bronca de López Obrador. Sus palabras y acciones anticipan perfectamente el caminito populista que claramente explica Álvarez.

 

En su libro "La línea de salida", AMLO asegura que "la prosperidad del pueblo se conseguirá, como decía el general Francisco J. Múgica, de la simple moralidad y de algunas pequeñas reformas".

 

Ojalá. Pero, ¿y si no? Como diría Cantinflas: ahí está el detalle. Porque un rayito enojón más que dar esperanza puede electrocutar.

 

Posdata: R.I.P. el PRI. Se me hace que pierden Edomex con tanto gobernador y funcionarios corruptos. Y los que faltan. El destino los alcanzó...

 

EN POCAS PALABRAS...

"El populismo ama tanto a los pobres que los multiplica". Gloria Álvarez, politóloga guatemalteca

 

Jorge A. Meléndez Ruiz

benchmark@elnorte.com

Twitter: @jorgemelendez


lunes, abril 10, 2017

 

¿(In)congruencia?

Van preguntas para AMLO, basadas en su libro "2018: La Salida", con el ánimo de debatir propuestas y obtener respuestas para quienes no creemos en candidatos "inevitables":

1) En el libro culpas al "neoliberalismo" de todos los males, porque le apostó a las fuerzas del libre mercado y redujo la función social del Estado. ¿Pero en qué es diferente tu visión al "nacionalismo revolucionario" estatista que produjo crisis reiteradas en los 70 y 80? ¿En qué es distinta tu postura sobre la interacción entre el Estado y el mercado a la de los echeverristas o lopezportillistas, por ejemplo? ¿Cómo construirías mercados competitivos, innovadores, capaces de generar beneficios para los consumidores?

 

2) Escribes que con tu gobierno la impunidad acabará, pero al mismo tiempo mandas un mensaje a los miembros de la "mafia en el poder", diciendo que "no habrá represalias, persecución o destierro para nadie", porque se hará a un lado el odio y habrá "justicia y no venganza". ¿Qué tipo de justicia y en qué términos? ¿Llevada a cabo por cuáles instituciones?

 

3) Escribes que se consultará a la gente si las reformas estructurales se mantienen o se cancelan. ¿No es un posicionamiento que se ve y siente "democrático" pero no lo es, porque podría llevar a una des-democratización peor? ¿La recuperación del gobierno para el "pueblo" que se vuelve un juego suma-cero entre la voluntad popular y cualquiera que se le oponga? ¿Jueces, periodistas, el Congreso, líderes de oposición?

 

4) Escribes que "es indispensable regresar el sector energético al poder público". ¿No es el poder público -vía la SHCP, Pemex, CFE y los sindicatos- el que ha expoliado y corrompido al sector energético? ¿Cómo asegurar que el Estado sea menos rapaz y mejor administrador, si venimos de décadas en las cuales no lo fue?

 

5) Escribes que tendrás respeto absoluto a la "libertad de prensa". ¿Entonces por qué tu crítica constante a columnistas, analistas, encuestadores y periódicos que te cuestionan o te ponen en segundo lugar en la contienda presidencial? ¿Tu defensa a la libertad de expresión es sólo aplicable a quienes te apoyan?

 

6) Escribes sobre la necesidad de amor al prójimo, la armonía y la alegría. ¿Cómo reconcilias eso con la larga lista de insultos que propinas a múltiples personajes en el libro, descritos como "patéticos", "farsantes", "deslenguados", "hipócritas"?

 

7) Escribes que tu gobierno combatirá a la corrupción y que ésta se elimina barriendo las escaleras de arriba para abajo, con el ejemplo personal. ¿Pero si eso no bastó en tu gobierno en el DF -recordemos a René Bejarano, Carlos Imaz, Carlos Ahumada, el Secretario de Finanzas- ¿por qué funcionaría a nivel nacional? ¿Cuál es tu posición frente al Sistema Nacional Anticorrupción? ¿Ante el imperativo de una Fiscalía General autónoma?

 

8) Escribes que el problema es la corrupción, no la debilidad de las finanzas públicas. ¿No será que un problema principal es nuestro pésimo pacto fiscal, basado en un Estado que gasta mucho y recauda poco? ¿Cómo lo reescribirías? ¿Alcanzará el gasto público para financiar los ambiciosos programas de rescate al campo, refinación e infraestructura que prometes? ¿Por qué has guardado silencio sobre la reducción en el financiamiento público a los partidos?

 

9) Escribes que ninguna persona con antecedentes de enriquecimiento ilícito podrá participar en la función pública: ¿Cómo hacer compatible esa regla con la incorporación reciente a Morena de perredistas y priistas con antecedentes cuestionables? ¿Cómo explicas la presencia en tu equipo de quienes no tienen lo que tú exiges: principios y autoridad moral y política?

 

10) Escribes que el Ejército y la Marina se sumarán al esfuerzo de garantizar la seguridad pública. ¿Esto significa que estás a favor de la Ley de Seguridad Interior propuesta por el PRI y el PAN, que le otorga más poder y permanencia a las Fuerzas Armadas?

 

11) Escribes que nadie será censurado o perseguido por su manera de pensar y que eres un demócrata. ¿Cómo explicas entonces la descalificación de un padre de Ayotzinapa como "provocador"? ¿Por qué te rehúsas a dar entrevistas a quienes te han criticado, desde la izquierda? ¿Tú y tus seguidores debatirán sin insultar, escucharán sin denostar, aceptarán que la inevitabilidad proviene de convencer y no sólo de existir? ¿O la tuya será una República amorosa sólo para incondicionales?

 

Denise Dresser

(a quien los #pejelovers no podrán acusar de #peñabot o #Prianista)


sábado, marzo 18, 2017

 

AMLO si puede ser un Hugo Chávez

Dice Irma Martinez, en su columna de hoy en El Norte, que AMLO no podría ser un Hugo Chávez porque si gana no tendría el control del Congreso.

Le recuerdo a la Sra. Martínez, y a todos los que creen que AMLO es una opción viable, que Chávez no ganó con mayoría en 1998, sin embargo para 1999 ya había impulsado una nueva Constitución que aprobó en referéndum, usando todo el poder económico del gobierno central para comprar voluntades con dádivas, con mucho #populismo.

 

Y ya en el 2000 se reeligió con mucho más poder que le confirió la nueva Constitución que diseñó a su gusto. Yo si veo a López Obrador haciendo marchas y bloqueos desde la Presidencia para presionar al Congreso cuando no le aprueben algo. Y sin duda, si gana, buscará una nueva Constitución, que de hecho ya lo ha dicho en varias ocasiones. Todo controlando el enorme presupuesto federal, aumentando el gasto para elevar su popularidad por medio de subsidios y dádivas de todo tipo.

 

Finalmente, AMLO también es parte del sistema, prueba de ello es que siempre ha vivido a costa del Erario, nunca ha trabajado en la iniciativa privada. Y ahora recibe cientos de millones de pesos para sostener a su MORENA, que es de su propiedad.

AMLO si es un peligro y no necesito que el PRIAN me lo digan, solo basta escucharlo y ver sus actitudes.

 

#aguzados con el Populismo nacionalista mercantilista

 

Dany Gates


miércoles, marzo 08, 2017

 

Promesa y práctica del populismo

En términos económicos, el populismo es una receta de política económica que promete curar toda suerte de males, principalmente la lentitud o, de plano, la falta de crecimiento de la producción y del empleo; al mismo tiempo, ofrece acabar con la pobreza y reducir la desigualdad. Para el caso, asigna el papel protagónico al Gobierno.

 

Por supuesto, el problema del populismo no reside en los objetivos, sino en los instrumentos. Supongo que (casi) todo mundo está de acuerdo con la necesidad de acelerar el crecimiento. Supongo también que todo mundo coincide en el propósito de erradicar la pobreza, y (casi) todo mundo concuerda con la conveniencia de aminorar la desigualdad. Donde surgen las diferencias, a menudo radicales, es en los medios que propone el populismo para alcanzar los fines mencionados.

 

El populismo ignora o desestima los riesgos económicos que traen consigo sus prescripciones. Específicamente, menosprecia el peligro de aumentar el gasto público y el déficit correspondiente; las consecuencias inflacionarias previsibles de ello; las limitaciones que representan las relaciones comerciales, financieras y cambiarias con el exterior; las distorsiones de precios y de ingresos que provocan algunas medidas específicas, como los controles de todo tipo; y, quizá lo más importante, las respuestas lógicas (defensivas) de los agentes económicos (individuos y empresas) a los principales componentes de la fórmula populista.

 

Las características políticas, económicas y sociales peculiares de cada país imprimen al populismo un sello nacional. Pero el desenlace, a veces dilatado, es el mismo en todas partes: una crisis desastrosa. El final es trágicamente irónico, porque sus aspectos negativos lo sufren principalmente los estratos de la población a los cuales se pretende beneficiar con el esquema. Esta afirmación no es una conjetura teórica, es, sin ir muy lejos en la geografía, la situación de la República Bolivariana de Venezuela al presente, debido a la continuación de las políticas de Chávez, ahora con Maduro. En 2016, según las cifras del FMI, en Venezuela el PIB real cayó 10 por ciento, y la inflación alcanzó 475 por ciento.

 

El populismo económico no es un fenómeno reciente, aunque su resurgencia sea hoy motivo de análisis y de preocupación tanto en economías desarrolladas como en economías "en vías de desarrollo" (para usar el eufemismo en boga, en lugar de "países subdesarrollados"). De hecho, en la historia no tan antigua de América Latina, los deplorables regímenes de Perón, Vargas, Allende, García, Echeverría y Chávez han sido ejemplos meridianamente claros de su operación. En 1991, Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards publicaron una colección de artículos con un título muy atractivo: The Macroeconomics of Populism in Latin America. Antes, en 1989, Dornbusch y Edwards habían publicado un artículo sobre el mismo tema en lo que el National Bureau of Economic Research llama Working Papers.

 

En la actualidad, se han identificado como populistas a Theresa May, Primer Ministro del Reino Unido después del "Brexit", y al flamante Presidente de EUA, Donald Trump. Los líderes de Hungría y Polonia exhiben también inclinaciones de ese tipo. Además, no es imposible que los resultados de la elección general a efectuarse en Holanda este mes de marzo, y los correspondientes a la elección presidencial francesa durante abril y mayo, arrojen propensiones parecidas.

 

* * * *

 

La opinión política no es lo mío. Al respecto, suscribo una más de las frases de Borges: "Es absurdo suponer que todo el mundo puede opinar en política. De política entenderán algunas personas, entre las cuales hasta podríamos incluir a algún político". Consciente del riesgo, termino esta nota con un par de comentarios... políticos.

 

Ciertos analistas han concluido, descuidadamente, que los movimientos populistas se ubican en la derecha del espectro político. Digo "descuidadamente" porque, por ejemplo, se estima que Podemos es el segundo partido político en España, y los observadores lo clasifican como populista de izquierda. Y, desde luego, en América Latina, Chávez y Maduro se autocalificaron como izquierdistas.

 

Los estudiosos de las ciencias sociales aceptan que es difícil definir con propiedad al populismo. En todo caso, ofrecen alguna forma de consenso en un punto central: se trata de una postura política personificada en un líder carismático, quien representa al "hombre común" (al pueblo) contra una "élite depredadora e incompetente". ¿Suena conocido... y ominoso?

 

Everardo Elizondo

El autor es profesor de Economía en la EGADE, Business School, ITESM.


lunes, febrero 27, 2017

 

Sexenios tontos

Porfirio Díaz y Álvaro Obregón inventaron el sexenio (en vez del cuatrienio) como una especie de anuncio de que sería su último período. No era creíble, y terminaron mal. Díaz tuvo que irse del país cuando empezaba su segundo sexenio (1911). Obregón fue asesinado antes de iniciar el suyo (1928).

 

Cárdenas fue el segundo presidente de sexenio completo (1934-1940) y, al retirarse, transformó la dictadura personal en dictadura de partido. La estabilidad resultante parecía renovar y mejorar la del Porfiriato, pero se llevó un par de sustos. Los crímenes de Díaz Ordaz (1968) y Echeverría (1971) fueron demasiado, hasta para el PRI. Los generales Díaz y Obregón se habían pasado de listos en sus sexenios fallidos. Los licenciados Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo se pasaron de autoritarios, pero terminaron los suyos, aunque pusieron en riesgo la estabilidad política y arruinaron la economía. Se desató una inflación que duró sexenios y el crecimiento económico del 6% anual nunca se recuperó.

 

Este sexenio (2012-2018) llegó anunciando que casi lo recuperaría (3.5% en 2013 y 5% en 2018), gracias a un gran economista que gobernaría como una especie de primer ministro. Fue muy bien recibido. El paquete de reformas que propuso tuvo un apoyo sorprendente en el Congreso, los medios, las encuestas y la opinión internacional. El dólar estaba a $13. Nadie se imaginó que así empezaba uno de los sexenios más tontos en la historia de México.

 

¿A quién se le ocurre enviar fuerzas armadas para verificar si los yates turísticos pagaban los 50 dólares del derecho de internación? ¿O enviar 130 policías y cámaras de televisión para la toma de un hospicio, en vez de enviar a un inspector, tocar la puerta y revisar si todo estaba en orden? ¿A quién se le ocurre declarar como "verdad histórica" una versión de los hechos de Ayotzinapa que sería desmentida? ¿O aceptar de un contratista de obras públicas la "Casa Blanca" y la de Malinalco, en condiciones sospechosamente favorables?

 

También fue tonto anunciar una campaña contra la obesidad que se reducía a recaudar, gravando alimentos y refrescos azucarados. La mentira transparente tuvo un gran costo político, pero no sirvió para aprender. En 2017, las explicaciones sobre el "gasolinazo" tropezaron en la misma piedra. El 88% de la población no las cree (CESOP).

 

Las relaciones con los Estados Unidos han sido poco diplomáticas. En cuatro años hemos tenido cuatro embajadores en Washington, además de un período vacante. Visto desde México, parece falta de seriedad (como la de tener tres procuradores de la República, cuatro procuradores del Consumidor y cuatro directores de Bansefi en cuatro años). Pero desde allá puede tomarse a desaire: darle poca importancia a la relación bilateral. Otro desaire: traer a Los Pinos a uno de los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos; sin precedente y atropellando los canales diplomáticos. (¿Qué nos parecería que en 2018 Trump invitara de igual manera a un candidato a la presidencia de México?). Para cerrar con broche de oro, el nuevo secretario de Relaciones Exteriores declara su ignorancia del ramo: "Vengo a aprender".

 

El sindicato de maestros tiene un historial conflictivo. ¿A quién se le ocurre provocar un alboroto con la forma de anunciar la evaluación educativa? El Chapo Guzmán tiene un historial de fugas. ¿A quién se le ocurre encarcelarlo sin impedirle otra? Y ¿no era de esperarse que el ex gobernador de Veracruz también se fugara, en vez de enfrentar los cargos por sus fechorías?

 

Se ha gobernado como si gobernar fuera producir comerciales. Y el despilfarro en frases como "Mover a México" ha sido contraproducente. Ha subrayado el contraste con la realidad.

 

Todo ha sido gastar y gastar en desorden y con cargo a la deuda pública, que estaba en 33% del PIB al comenzar el sexenio y va en camino de superar el 50%. Todavía en 2016 se gastó 5.8% más de lo programado, y la deuda amplia del sector público creció 3.5 billones de pesos. El desenlace previsible empeora con las bravatas de Trump y las elecciones de 2018. Los capitales golondrinos se van, el peso se devalúa. Ante la inquietud, "astutamente" se adelanta la liberación del mercado de la gasolina. Lo único que faltaba: echarle gasolina al descontento y la inflación.

 

El PRI recuperó la presidencia, aunque se conocían sus mañas, porque millones de votantes creyeron que era mejor que volvieran los que sí sabían gobernar. Pero resulta que no saben.

 

Gabriel Zaid

26 de febrero 2017


lunes, febrero 20, 2017

 

Por qué no votaré por López Obrador (AMLO)

No, no votaré por López Obrador porque intentaría gobernar con recetas extraídas del bote de la basura de la historia de las doctrinas económicas que han demostrado sobradamente su caducidad e ineficiencia. Su diagnóstico para superar el temerario nivel de atraso que padecemos está equivocado, porque el principal problema de México no es la corrupción, un cáncer que nos devora por los cuatro costados, sino el escandaloso fracaso educativo: somos un país de reprobados en ética, en ciencias, en lectura, en operaciones elementales aritméticas y en todo lo relativo al saber universal. Y, sin embargo, AMLO se alía con uno de los peores enemigos de México: la CNTE, una coordinadora magisterial reconocida como una feroz defensora de la ignorancia que incendia alcaldías, bloquea carreteras, paraliza ciudades, quema sucursales bancarias, rapa a los profesores, se opone a la superación académica, a la capacitación magisterial, a la evaluación de los maestros, insiste en la compra-venta de plazas y amenaza a las instituciones de la República a cambio de dinero. ¿Cómo votar por un político que traba alianzas en contra del futuro de nuestros hijos y, por ende, de México?

 

Pemex, antes la única empresa petrolera monopólica del mundo que se encuentra quebrada, ha sido, sálvese el que pueda, una cantera de bandidos. ¿Qué propone AMLO? Construir refinerías operadas por Pemex, muy a pesar de que el gobierno ha demostrado ser un pésimo empresario, si no olvidan las catastróficas empresas descentralizadas de Echeverría. AMLO insiste en el capitalismo de Estado, el burocrático, como que ignora el derrumbe de la Cortina de Hierro y la desaparición de la URSS. AMLO intimidó al Tribunal Electoral del DF, amenazó con marchas y ante la flagrante cobardía del gobierno, logró que, a pesar de no contar con el requisito de residencia mínimo de cinco años establecido por la ley, pudiera gobernar la Ciudad de México. AMLO no erradicó la corrupción de la policía capitalina, ni acabó con la corrupción en las delegaciones ni en la propia de la autoridad central. ¿Por qué sí habrá de erradicar la corrupción a nivel federal, cuando no ha convencido con un plan efectivo destinado a sanear al país? En México existen 24 millones de compatriotas que perciben ingresos inferiores a 5 mil pesos mensuales, ¿se superará su condición económica y la de 16 millones sepultados en la miseria extrema, atacando la corrupción? Ese no es el camino.

 

El fascismo niega la existencia del Estado de Derecho: AMLO mandó al diablo a las instituciones de la República. AMLO evitó su desafuero aun en contra de lo dispuesto por la ley. AMLO se negó a ejecutar cerca de 900 resoluciones judiciales durante su estancia en el gobierno de la Ciudad y se resistió a acatar, por la vía de los hechos, las sentencias emitidas por la Suprema Corte de Justicia. AMLO intimidó a la autoridad por medio de plantones. AMLO, como Castro y Chávez, ha creado un enemigo, como la “Mafia del Poder”, a la que ya prometió amnistiar de llegar a Los Pinos y, por el otro lado, ¡cuánta incongruencia!, promete acabar con la corrupción. ¿Cómo entenderlo?

 

AMLO divide al país entre ricos y pobres y los enfrenta entre sí para lucrar políticamente con el revanchismo social. AMLO asestó un intento de golpe de Estado, cuando impidió que el Senado deliberara, libre y soberanamente, al rodear con la policía capitalina dicho recinto legislativo para impedir la votación de una ley que no le convenía. AMLO propone un sindicalismo populista de consecuencias imprevisibles desde que ha prometido volver a contratar a los integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, una cáfila de burócratas extorsionadores y corruptos, cuyo despido implicó una enorme sangría del erario. AMLO dicta e impone en Morena, en donde, como en el PRI, no existe la menor simiente democrática. ¿Ese es el futuro? AMLO se unge como abanderado de la “Honestidad Valiente”, a pesar de un Bejarano y sus ligas, y de otro funcionario de su gobierno que se jugaba los recursos públicos en Las Vegas.

 

AMLO es enemigo de la transparencia, de la apertura informativa, desde que esconde el proyecto ejecutivo financiero de los segundos pisos en un fideicomiso a 12 años. AMLO nunca ha aclarado de qué ha vivido los últimos años ni de dónde ha sacado los recursos multimillonarios para viajar, organizar mítines, contratar miles de camiones para los acarreados y pagar cantidades incuantificables de viáticos. AMLO propone las marchas callejeras para asustar a los poderes soberanos de la Federación, mostrándoles un puño que implica el enfrentamiento con las masas y el terror al derramamiento de sangre. Quien se oponga a cualquier decisión suya tendrá que vérselas con las masas, a las que controla con instintos e impulsos apartados de la más elemental razón. AMLO empeñó su “palabra de honor” cuando prometió someterse al veredicto del IFE y al perder las elecciones, por toda respuesta, bloqueó el Paseo de la Reforma, con graves daños económicos para la ciudad. AMLO siempre impuso su voluntad por la vía de los hechos y no en términos institucionales, por ello tomó pozos petroleros, bloqueó caminos e inundó el Zócalo capitalino con barrenderos de Tabasco que fueron desalojados a través de acuerdos desaseados e inconfesables.

 

Gobernar es crear empleos, pero no burocráticos, sino productivos, derivados de la fuente de riqueza creada por empresas privadas mexicanas a las que AMLO invariablemente les declaró la guerra, hasta que en últimas fechas ha venido cambiando su posición de cara a las elecciones. ¿Cómo creerle? ¿Ya es otra persona, que si vuelve a perder en 2018, acatará la voluntad popular y entenderá el papel del sector privado? ¿Ahora ya no se va a retratar como “Presidente Legítimo” con la banda tricolor colocada al revés, la mano derecha levantada, en tanto juraba respetar la Constitución y las leyes que de ella emanan? ¿Qué es la Constitución para AMLO, que cuando la juró no la respetó? ¿Ya es un nuevo AMLO que no le diría a Fox: Cállate, Chachalaca? ¿Ya no es un peligro para México el mismo AMLO que le dio el banderazo de salida a vehículos (adquiridos quién sabe cómo), las “brigadas de reconexión”, que se encargaron de conectar la luz a quienes no la hubieran pagado colocando ilegalmente “diablitos” en Tabasco? ¿Quién lo sancionó al volver a atentar en contra del patrimonio público?

 

AMLO odia los debates presidenciales, las conferencias de prensa y las entrevistas para no exhibir su inseguridad ni su intolerancia. AMLO descalifica las encuestas si éstas no le favorecen. AMLO, quien nunca se pudo inspirar en Nietzsche, se llegó a proclamar “soy indestructible”, sin saber que Mussolini también proyectó siempre la imagen de un superhombre.

 

No, no votaré por López Obrador, un peligro de extracción chavista y trumpiana para México. Yo soy inocente, lo denuncié a tiempo.

 

Francisco Martín Moreno

 


lunes, febrero 13, 2017

 

La Constitución y el subdesarrollo económico

La centenaria y remendada Constitución mexicana presenta graves fallas, como marco de referencia para la operación eficiente de las fuerzas que determinan el desarrollo económico.

 

La concepción moderna de una constitución es que consiste en un documento que define y limita los poderes del Estado. En lo que toca a la economía, la Constitución no establece cotas efectivas a dichos poderes. De hecho, los Arts. 27 y 28 dotan al Estado de facultades prácticamente absolutas. (Al respecto, es difícil mejorar la argumentación de Issac Katz, contenida en La Constitución y el Desarrollo Económico de México, CIDAC - ITAM, Cal y Arena, México, 1999).

 

El Art. 27 asienta que "tierras y aguas" son "originariamente" de "la Nación". A su vez, la Nación tiene el derecho "de transmitir (el) dominio" de dichos bienes a los particulares, "constituyendo la propiedad privada". Así pues, "la Nación" tiene la facultad de hacer o no hacer la transmisión referida, de manera que la existencia misma de la propiedad privada se deja al arbitrio del Estado.

 

El Art. 27 dice también que "la Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público". La palabra "modalidades" puede interpretarse de manera tan laxa que, en la práctica, niegue las características esenciales de la propiedad privada, como son el uso, el disfrute y la disposición de los bienes. Con ello, vulnera un derecho humano reconocido mundialmente (Art. 17 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).

 

Al especificar los fundamentos de "las expropiaciones", el Art. 27 establece que "sólo podrán hacerse por causa de utilidad pública y mediante indemnización". La redacción parece limitativa, pero no lo es: "utilidad pública" es una frase muy elástica, que se presta al abuso. (Valle del Yaqui, banca comercial, ingenios azucareros). Además, como ha sido señalado, la indemnización no es previa a la expropiación, lo que permite una posposición indefinida del pago.

 

El Art. 28 permite al Estado imponer "precios máximos" para los bienes "que se consideren necesarios para la economía nacional o el consumo popular". El fraseo usado abre la puerta a casi cualquier definición sobre lo que se califica de "necesario", a criterio del gobernante.

 

Los "precios máximos" son relevantes sólo si se establecen por debajo de los precios determinados por el mercado. Tienen muchas consecuencias negativas, dañando en última instancia al grupo que se pretende proteger. Por ejemplo, propiciando desabastos y mercados negros. (Así ha sido desde Diocleciano hasta Maduro, pasando por Echeverría). Además, reducen discrecionalmente la rentabilidad de la actividad económica. En consecuencia, deprimen el valor de la empresa, lo que significa una expropiación parcial.

 

La vaguedad de la definición del derecho de propiedad privada, y su indefensión institucional, conllevan necesariamente un aumento de la incertidumbre para los agentes económicos. El patrimonio no está protegido cabalmente por la ley, y sus frutos no están a salvo de un acto depredador del Estado. Por ello, resultan disminuidos los incentivos para el ahorro, la inversión, la innovación, la asunción de riesgos y el esfuerzo productivo.

 

El crecimiento económico depende precisamente de los factores mencionados. Si se entorpecen, el resultado será un crecimiento anémico, que perpetúa la pobreza de la población y la desigualdad en la distribución del ingreso.

 

Sobre el tema, una autoridad académica afirma: "... para... un mejor entendimiento de las causas fundamentales del crecimiento económico, necesitamos estudiar las instituciones y las políticas que afectan los incentivos a acumular capital físico y humano, y a mejorar la tecnología". (Acemoglu, Daron, Introduction to Modern Economic Growth, Princeton University Press, New Jersey, 2009).

 

Entre las instituciones aludidas destaca la Constitución, que determina "las reglas preliminares que permiten el desarrollo del juego" económico y, por tanto, establecen el marco para el diseño de las políticas públicas. (Bobbio, Norberto, El futuro de la democracia, Fondo de Cultura Económica, México, 1986).

 

La situación actual dista mucho de lo ideal. Mientras persista, es intrincado materializar el potencial que tienen la economía y la sociedad mexicanas.

 

Everardo Elizondo

El autor es profesor de Economía en la EGADE, Business School, ITESM.


domingo, febrero 12, 2017

 

Populismo (¿Qué es?)

Suena simple: me eliges y yo resuelvo todos los males. En palabras de Trump: "Yo solito lo puedo resolver". El llamado populista es seductor por la sencilla razón de que tergiversa el elemento intuitivo clave de la democracia que consiste en que "la gente" puede gobernarse a sí misma. El populista vende la noción, claramente ilusoria, de que él o ella representa a la gente y, de hecho, la personifica. Es por ello que Jan-Werner Müller, autor de Qué es el Populismo, afirma que "el populismo es una sombra permanente sobre la democracia representativa".

 

El populismo se ha vuelto una etiqueta de fácil arraigo, pero de difícil definición. En los últimos meses, diversos partidos europeos y al menos dos candidatos estadounidenses cayeron bajo esa definición. Unos son de derecha, otros de izquierda, pero todos comparten una serie de elementos comunes.

 

John Judis, en La Explosión Populista, afirma que el populismo de derecha (utilizando a Trump como ejemplo) propone que las clases medias están siendo comprimidas por "otros", que igual pueden ser "los ricos", extranjeros, burócratas, o sea, "los malos". Por su parte, el populismo de izquierda, donde Judis emplea a Sanders como el prototipo, promete defender a las masas de las élites plutocráticas. Ambos viven de lo mismo: los buenos contra los malos, donde sólo una persona puede resolver el problema porque se identifica con la población y es parte integral de ella, el único auténtico representante del pueblo.

 

El populista se enfoca en problemas reales para convertirlos en un llamado a la acción: lo que importa no es si tiene mejores ideas para resolver las dificultades, sino crear una sensación de impotencia porque es la ausencia de esperanza o de percepción de mejoría lo que se constituye en el principal caldo de cultivo del populismo. También es la razón por la cual es tan preocupante que el Presidente emplee términos como el del "mal humor social", porque, viniendo de una persona en posición de autoridad, ese tipo de caracterizaciones tienden a validarse y convertirse en mantra.

 

El populismo no es un tema de política pública -de impuestos, empleos o comercio-, ni tampoco es una ideología; más bien, se trata de una lógica política que gana posibilidades cuando se exacerban los ánimos, se eleva el tono de la discusión política y se acentúa el descontento con el statu quo. La genialidad de los populistas radica en su capacidad para convertir preocupaciones de la población en plataformas electorales sostenibles. En el fondo, sin embargo, el factor que energiza a los populistas no es la economía sino la impotencia que se manifiesta en sed de justicia. ¿Por qué se mete a la cárcel a un pobre diablo y no al Gobernador corrupto? ¿Por qué se mantiene como Senador a un conocido hampón mientras que la economía sigue sin beneficiar a la mayoría? ¿Por qué ningún banquero fue a la cárcel por Fobaproa?

 

El populismo, dice Müller, se sostiene en tres patas: la negación de la complejidad, el antipluralismo y la tergiversación del sistema de representación. Para el populista las soluciones son simples y obvias y la suya es la única respuesta posible, es decir, no hay una legítima discusión respecto a la mejor forma de resolver los problemas existentes porque sólo ese líder tiene la solución que, además, no tiene por qué explicarle a nadie. Como el populista representa la voluntad popular, los procesos legislativos son contraproducentes, lo que explica el amor por los plebiscitos. La vida pública es un asunto no de debate sino de moral: nosotros tenemos la razón y el resto es inmoral, con agendas ulteriores. No sobra decir que el mejor antídoto contra el populismo yace en la transparencia: explicitar los dilemas y la complejidad, tratar a la población como adultos, reconocer la diversidad de visiones en la sociedad y fortalecer las instancias legislativas.

 

Le quedan poco menos de dos años a este sexenio. El asunto primordial debiera ser el de concluir este Gobierno en mejores condiciones que las actuales. Aunque la sociedad decidirá con su voto quién nos gobernará los siguientes seis años, es el Gobierno actual quien tiene la responsabilidad de crear condiciones para que la opción sea real. Lo que ha hecho a la fecha es exactamente lo opuesto: ha polarizado, ignorado a la población y faltado a su misión esencial, que es la de crear condiciones para el progreso, la prosperidad y la esperanza de la población. Con sus errores ha promovido la desazón y la impotencia. Todavía es tiempo de que dé la vuelta.

 

Luis Rubio

www.cidac.org


jueves, febrero 02, 2017

 

Ideas simplistas y equivocadas

El Presidente de Estados Unidos (EU), Donald Trump (DT), ha basado sus propuestas de política comercial en la idea de que los déficits comerciales bilaterales, así como los totales, son un síntoma de fracaso económico. Él insiste, por tanto, en que impondrá aranceles y buscará mejores tratados comerciales para lograr un equilibrio o hasta un superávit comercial que, además, eleven la inversión y el nivel de empleo en su economía.

 

La realidad es contraria a estas ideas simplistas y equivocadas. Los déficits comerciales bilaterales son irrelevantes; el déficit total es muchas veces benéfico; los aranceles reducen el poder de compra de sus propios habitantes, y el nivel de empleo no depende de la política comercial sino de las políticas internas.

 

Primero, es una tontería hablar con preocupación del déficit comercial bilateral de un país, como también es que cualquiera persona hable de su enorme "déficit bilateral" con Soriana, Wal-Mart o HEB. Nadie se angustia por eso. Lo mismo sucede en el caso de una empresa, que seguramente tiene un "déficit bilateral" con cada uno de sus proveedores.

 

Segundo, los déficits comerciales totales son en muchas ocasiones síntomas de mejor salud económica que los superávits. Esta no es una idea fácil de entender, porque a simple vista parece contraria a la "lógica" tradicional. Ello explica por qué DT y, de hecho, también muchas personas en nuestro país, se pronuncian en favor de acciones que conviertan el déficit que "perjudica", en un superávit que "beneficie".

 

Una analogía quizá ayude a aclarar esta idea errónea. Una empresa que tiene proyectos de expansión siempre compra más de lo que vende, esto es, tiene un "déficit comercial". Compra materias primas, y también adquiere maquinaria y equipo, que en conjunto superan los ingresos por la venta de su producto. El faltante se cubre con capital de los accionistas y con crédito, sea éste de instituciones bancarias o proveedores. En otras palabras, le entran más recursos financieros de los que salen y tiene, por tanto, un superávit en su cuenta de capital.

 

Una cosa similar sucede con los habitantes y empresas de un país cuando comercian con los habitantes y empresas de otros países con el fin de llegar a intercambios mutuamente benéficos. Un país puede importar más de lo que exporta cuando su economía tiene potencial de crecimiento y recibe capital externo para financiarlo. Estos recursos, junto con las exportaciones, financian las compras que se hacen del exterior, que incluyen no sólo bienes de consumo, sino también materias primas y bienes de capital. En este sentido el déficit comercial es, contrario a lo que piensa DT y muchas otras personas, un síntoma de una economía robusta y dinámica.

 

Un país atraerá capital externo cuando la inversión es mayor a su ahorro, como sucede en EU. Esto se traduce en una entrada neta de recursos externos (cuenta de capital superavitaria) y, forzosamente, en un exceso de importaciones sobre exportaciones (cuenta comercial deficitaria). Sin entrar en detalles técnicos, baste decir que por razones de identidad contable no puede ser de otra manera.

 

En consecuencia, si DT quiere un superávit comercial, tiene que aceptar que el ahorro será entonces mayor que la inversión en EU y, por ende, que habrá una salida neta de capital. Él quiere, sin embargo, una entrada neta de capitales a EU, pero, por más que tuitee, no podrá lograrlo si al mismo tiempo promueve un superávit comercial.

 

Tercero, DT amenaza con aranceles de hasta 35 por ciento a las importaciones de México. Es mucho lo que se puede decir sobre este particular, pero por ahora baste con señalar algunos puntos. Primero, el arancel no lo pagan los países exportadores sino los consumidores del país de destino. DT con ello reduciría el poder de compra de sus habitantes. Segundo, el TLCN le impide aplicar ese tipo de aranceles, pero si lo abandona, el arancel no puede ser mayor al que permite la Organización Mundial de Comercio (OMC), que para EU se ubica alrededor de 3.5 por ciento. Tercero, si para poner un arancel mayor abandona la OMC, desataría una guerra comercial que dañaría a la economía global, pero también a millones de empresas y personas estadounidenses.

 

Finalmente, el comercio libre es benéfico no porque contribuye a un aumento en el empleo total, sino porque igual que el cambio tecnológico, mejora los niveles de vida de la población al elevar la productividad y dar acceso a productos de mejor calidad y menor precio. Eso es cierto para EU como para México. El intercambio con el exterior altera la distribución de trabajos por sector, como también lo hace la innovación tecnológica y el comercio interno. La creación o pérdida de empleos totales depende del ciclo económico y la política económica interna, pero no de la política comercial.

 

Salvador Kalifa

sakalifaa@gmail.com


martes, enero 24, 2017

 

Fuerzas populistas

"En tiempos de crisis... las fuerzas populistas sobresimplifican las cosas para manipular... los sentimientos de miedo". José Manuel Barroso

Un populista afirma tener soluciones sencillas a problemas complejos, aunque no resuelva nada. Cuando la realidad no se ajusta a lo que pretende, crea "hechos alternativos", para usar la expresión de la asesora de la Casa Blanca, Kellyanne Conway.

 

En su discurso inaugural Donald Trump describió un panorama extraordinariamente negativo de Estados Unidos: "Madres y niños atrapados en la pobreza de los centros de nuestras ciudades; fábricas oxidadas regadas como lápidas por la geografía de nuestra nación; un sistema educativo cargado de efectivo, pero que priva a nuestros jóvenes y hermosos estudiantes del conocimiento; y el crimen y las pandillas y las drogas que han robado tantas vidas y han despojado a nuestro país de tanto potencial sin realizar... Esta carnicería estadounidense se detiene aquí y se detiene ahora".

 

Según Trump, "Hemos hecho ricos a otros países mientras que la riqueza, la fortaleza y la confianza de nuestro país han desaparecido del horizonte".

 

Pero ¿por qué se generó este dramático deterioro de Estados Unidos? ¿Qué fuerzas pusieron de rodillas a la mayor potencia económica y militar del mundo? Los inmigrantes y el libre comercio, dice el Presidente. Por eso "América" será grande otra vez si expulsa a los inmigrantes, impide el acceso a nuevos extranjeros y pone barreras al comercio.

 

Sin embargo, el diagnóstico es falso y el medicamento peor. Estados Unidos dista de ser un país destruido y empobrecido por la explotación de naciones abusivas, como México. Sigue teniendo una de las economías más ricas del planeta con un Producto Interno Bruto per cápita de 56 mil 080 dólares al año (2015, FMI), superior al de Dinamarca, Suecia, el Reino Unido, Austria, los Países Bajos, Canadá, Finlandia o Alemania.

 

Se ha recuperado con rapidez de la crisis del 2008 y está registrando una razonable tasa de crecimiento de 1.6 por ciento al año con un desempleo de apenas 4.7 por ciento. La Unión Americana es la envidia de la mayoría de las naciones del mundo.

 

El país ha perdido, es cierto, empleos en manufacturas, unos 5 millones entre el 2000 y 2015, al pasar de 17.3 millones a 12.3 millones, pero la razón es el desarrollo de la tecnología más que la mudanza de puestos de trabajo.

 

Las manufacturas siguen siendo el sector con mayor producción y el más dinámico de la economía de Estados Unidos, sólo que generan más con menos personal. En 2015 el sector industrial estaba a punto de rebasar su récord histórico de producción alcanzado en el 2007 antes del gran desplome económico mundial (MarketWatch).

 

Estados Unidos debe su prosperidad al libre comercio y a la inmigración. Si Trump logra realmente su propósito de reducir la inmigración, por ejemplo, a los niveles de Japón, sólo conseguirá tasas de crecimiento como las japonesas. Si aísla la economía nacional para volverla autosuficiente, como Corea del norte, llevará a Estados Unidos a un empobrecimiento tan dramático como el del reino ermitaño.

 

Los populistas quieren simplificar problemas complejos. Sus medidas pueden tener resultados positivos en un principio, como ocurrió con la Venezuela de Hugo Chávez, enriquecida a principios del siglo 21 por los petrodólares, pero al final la realidad económica termina siempre por imponerse.

 

La riqueza no se construye con medidas simplistas. Necesita el aumento progresivo de la productividad: un proceso lento, pero el único que permite lograr una prosperidad duradera.

 

QUE LE VAYA BIEN

"A Estados Unidos le conviene que a México le vaya bien", dijo ayer el Presidente Enrique Peña Nieto. Es incuestionable y los Presidentes de Estados Unidos en las últimas décadas lo han sabido. La gran duda es si Trump tiene la capacidad de entenderlo.

 

Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com


domingo, enero 08, 2017

 

Rio revuelto

La agitación social que estamos viviendo en el País no sólo deja en evidencia la impericia gubernamental para conducir la nave, también pavimenta el camino a la postura mesiánica del líder absoluto de Morena, que promete "rebelión pacífica en la granja" y bienestar para todos, pues a decir de él, acabará con la corrupción y la violencia. A río revuelto, ganancia de López Obrador.

 

Toda crisis es también momento de oportunidades y, ante la pregunta presidencial de "¿qué hubieran hecho ustedes?", hay muchas respuestas.

 

Expongo una que me compartió el ex Secretario de Economía, Sergio García de Alba, y que apunta a implementar una miscelánea fiscal con fuertes incentivos a la inversión productiva y generación de empleos, incluyendo de manera preferencial a las Pymes y, muy importante, a la inversión de paisanos deseosos de regresar a México ante un inminente clima hostil en Estados Unidos, y también incentivos a la repatriación de capitales. Nada de esto se avizora como medidas paliativas a la tormenta económica y social que amenaza este agitado 2017.

 

Se entiende que la liberalización de los precios implica la eliminación de subsidios, lo que en teoría es sano para las finanzas nacionales. También entendemos que los precios de las gasolinas tengan que subir si suben las materias primas. Pero el creciente descontento social no se acaba con entender esto.

 

El malestar acumulado de la sociedad mexicana se debe también a que sabemos que nuestros Gobiernos han sido tremendamente despilfarradores de nuestra supuesta riqueza petrolera, patrimonio que ha servido para hacer multimillonarios a muchos políticos y líderes sindicales, y ha permitido cubrir ineficiencias gubernamentales a todos los niveles.

 

¿Qué hubiéramos hecho? Pues además de una reforma fiscal que promoviera la inversión, la generación de empleos y nuevas empresas (en lugar de una recesiva como la que impulsó el aprendiz de Canciller Videgaray), hubiéramos recortado más el gasto de la clase política que sigue gozando de privilegios inmorales.

 

También, por supuesto, hubiéramos impedido que líderes de dudosa condición moral llegaran a ser Gobernadores en lugar de presumirlos como modelo de los nuevos priistas, y ya, ante las múltiples evidencias de sus raterías, hubiéramos actuado antes de que se escaparan dejando en ridículo al Gobierno.

 

Y si le seguimos, no hubiéramos hecho tratos dudosos con constructoras que dieran "casas blancas" y tampoco hubiéramos nombrado como fiscal para investigar si hubo o no corrupción por parte del Presidente, a uno de sus títeres.

 

Y volviendo al tema del gran beneficiado por la "rebelión en la granja", recientemente declaró varias cosas que lo convierten en un oxímoron de la política. Dijo AMLO que no es parte del sistema político, ¿cómo?, si recibe dinero público y tiene un partido político inscrito bajo las normas del sistema político mexicano.

 

Dijo también "vamos a hacer valer el Estado de Derecho", ¿cómo?, si ya anunció que está a favor de la impunidad, pues habrá "perdón, pero no olvido" a los corruptos, ¿será que ya pactó con ellos? Habrá que recordarle a AMLO las palabras de Ayn Rand: "Piedad por el culpable es traición al inocente".

 

Y dijo que "soy un demócrata, no creo en el pensamiento único, no soy autoritario", ¿cómo?, si todos sabemos que donde milita nada más su voz manda, si cuando alguien difiere de él es acusado de orquestar un complot.

 

Y qué tal esta joya del mesianismo más encarnado: "Se puede ser feliz buscando la felicidad del prójimo y ése es mi trabajo", ¿cómo?, si ha demostrado que no le ha importado afectar a terceros en su trayectoria política.

 

Hago votos porque en este año los líderes del Gobierno y sus aprendices pregunten primero a los que saben antes de soltar un "¿qué hubieran hecho ustedes?", y porque con sus pifias no sigan allanando el camino al populismo mesiánico. Lo que está mal siempre puede ir peor.

 

Eduardo Caccia


domingo, enero 01, 2017

 

Corrupción: ¿Qué hacer?

El relevo de un año siempre es motivo de buenos deseos y transformaciones. ¿Si pudieras, como por arte de magia, erradicar un rasgo negativo de los mexicanos, cuál sería? Yo, sin duda, me iría en contra de la mancuerna impunidad-corrupción, por los efectos tan nocivos que tiene como desencadenador de muchos otros males nacionales. Pero como la magia no funciona en estos casos, es necesario comprender la naturaleza de un problema para poder plantear alternativas de solución.

 

Es cierto que estamos llenos de diagnósticos sobre el tema, la pregunta es ¿qué hacer?

 

Como en las enfermedades complejas, no hay una cura fácil y se requiere que el paciente quiera curarse. Es muy usual que un enfermo se convierta en buen conocedor de su enfermedad, conocerla es una forma de combatirla. Sobre corrupción hay que difundir sus causas, manifestaciones y efectos, de manera que paulatinamente se geste un cambio de conciencia colectiva y un cambio de actitud. Es indudable que las actuales generaciones "ya vienen con un nuevo chip", esto es, arrastran cambios de conducta generacional que fueron sembrados antes.

 

Muchos se ofenden cuando escuchan que la corrupción es cultural. Los entiendo. Asocian la definición de cultura (concepto no fácil de definir) con los rasgos étnicos o con nuestro patrimonio histórico, con el ser mexicano.

 

La prueba de que la corrupción no es cultural, dicen, es que un mexicano que cruza la frontera, se comporta correctamente. Bueno, pues con este mismo ejemplo yo argumento que la corrupción sí es cultural, es parte de un sistema, de una forma de ser y de operar y resolver la cotidianidad.

 

La corrupción es sistémica, es parte de un entramado de acuerdos que conocen los locales. En esos acuerdos existe un conocimiento compartido sobre las consecuencias por hacer determinada acción. Dentro del sistema cultural gringo se sabe que el que la hace, la paga, que la ley no es negociable. Esta norma cultural se transmite a quienes se integran a esa sociedad. No es de asombrar el mexicano que al cruzar la frontera se comporte de otra forma, sabe que ha cambiado de sistema cultural. Lo he dicho antes, los sistemas cambian las conductas.

 

Crear conciencia sobre el daño que implica la corrupción es similar a lo que se ha hecho para sensibilizar y cambiar de conducta ante la contaminación y el cuidado del planeta.

 

Recomiendo leer el dossier sobre corrupción en el reciente número de la revista Nexos. Los mexicanos deberíamos saber ad nauseam que la corrupción es un disparo en el pie, que nos cuesta, como cita María Amparo Casar en diferentes fuentes, como un 10 por ciento del PIB, que limita la inversión productiva y las oportunidades de desarrollo de las nuevas generaciones. Desde la primaria debería educarse una nueva generación de mexicanos con un "ADN anticorrupción".

 

La tesis de Mark L. Wolf de que México debería pertenecer a una Corte Internacional Anticorrupción me parece magnífica. Los mexicanos (por razones culturales) asociamos lo extranjero con autoridad, es la cuña que necesitamos para apalancar nuestro movimiento anticorrupción.

 

Como cita el autor: "Si México se sumara al establecimiento de una Corte Internacional Anticorrupción y delegara a ella la autoridad para hacer cumplir las leyes mexicanas en caso necesario, la persecución de sus políticos en dicha Corte no sería una invasión a la soberanía nacional mexicana, sino una reivindicación de la voluntad de su pueblo". ¿No es esto lo que quiere una sociedad harta?

 

Y finalmente, parte de la educación social, a todos los niveles, debería ser la difusión de la obra del doctor Guillermo Zúñiga, "Las Hazañas Bribonas", que es el tratado más completo y sencillo que he leído sobre la corrupción cultural mexicana. El "bribón" es el transgresor, potencial corruptor.

 

El doctor Zúñiga identifica 4 componentes de la formación (cultural) bribona: la oportunidad, el sigilo, la oposición y la emoción. Una renovación moral de la sociedad requiere el contagio de actitudes positivas, esto es posible si empezamos a detonar cambios en cadena dentro de nuestro sistema.

 

La corrupción es cultural y es muy combatible. ¿Hay voluntad?

 

Eduardo Caccia


lunes, diciembre 19, 2016

 

Podemos empeorar (con más populismo)

"No importa qué tan mal estén las cosas, siempre puedes empeorarlas". Randy Pausch

El populismo se nutre de lo mal que están las cosas. Si la economía no crece, si no hay buenos empleos, si hay pobreza o corrupción, la gente busca de manera natural a alguien que pueda resolver todo de un plumazo. Siempre hay algún líder carismático que promete hacerlo.

 

Incluso las epidemias y los periodos de mal clima generaban en el pasado esta búsqueda de soluciones fáciles. Durante siglos miles de mujeres fueron torturadas y quemadas como brujas porque algún líder religioso convencía a la gente de que ésa era la manera de resolver los problemas.

 

Hoy los políticos populistas siguen haciendo lo mismo. Los electores recurren a ellos porque no imaginan que las cosas pueden empeorar.

 

Ahí está el ejemplo de Venezuela. Las cosas estaban mal sin duda en el país en 1998 cuando Hugo Chávez contendió en elecciones por la Presidencia. La economía, una de las más prósperas de Latinoamérica por décadas debido al petróleo, se encontraba en una profunda crisis en un año en que los precios cayeron por debajo de los 20 dólares por barril por primera vez desde 1973. Los dos principales partidos políticos, Acción Democrática y Copei, estaban desprestigiados.

 

Hugo Chávez, quien el 4 de febrero de 1992 había lanzado un intento de golpe de Estado, ganó la elección presidencial con 56.2 por ciento de los votos y una abstención de 36.5 por ciento.

 

Chávez corrió con suerte. Le tocó un periodo en que los precios del petróleo no dejaron de subir hasta alcanzar y rebasa los 100 dólares por barril. La economía tuvo nuevamente años de prosperidad que le permitieron reelegirse en 2000, 2004, 2006 y 2012. Su popularidad le permitió incluso lograr tras su muerte en 2013 la elección de su sucesor designado, Nicolás Maduro.

 

Sin embargo, los costos por el inepto manejo de la economía de ambos se han venido acumulando al grado de que hoy Venezuela tiene la mayor inflación del mundo y un brutal desplome económico. Nadie en 1998 podría haber imaginado que las cosas podían empeorar tanto.

 

La idea de que un político puede arreglar todos los males de la sociedad con medidas populistas ha estado presente desde hace mucho tiempo. Hace más de dos milenios esta propuesta le permitió a Julio César conquistar el poder y volverse un dictador en la antigua república romana. Tanto a Benito Mussolini como a Adolf Hitler les hizo posible en la primera mitad del siglo 20 tomar control de Italia y Alemania.

 

Hoy vemos una nueva corriente populista en el mundo que se refleja en el Brexit y, sobre todo, en el triunfo de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos.

 

Una característica de todos los populistas que aspiran al poder es su insistencia de que todo está mal, en un momento en que la mayoría de la gente está dispuesta a creerlo. El que Estados Unidos tenga una de las tasas de crecimiento más vigorosas de un país desarrollado, una inflación diminuta y una de las tasas de desempleo más bajas del mundo no impidió el triunfo de Trump con su mensaje: "Make America great again".

 

Independientemente de lo mal que esté la situación, sin embargo, los populistas ocultan el hecho de que las cosas pueden empeorar. En México vemos unas circunstancias perfectas para el populismo. El bajo crecimiento, la corrupción, el desánimo y la desconfianza ante la clase política y las instituciones son un caldo de cultivo ideal.

 

El problema es que una vez que el populismo se apodera de un país, es muy difícil descartarlo... aunque las cosas empeoren de manera dramática.

 

Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com


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