martes, marzo 31, 2020

 

Colapso

Todo se precipitó. Las dudas se disiparon. La 4T se colapsa, no sabe gobernar. Economía, seguridad, salud, educación, se vienen abajo. La velocidad es aterradora. Pero quizá lo más grave es el colapso ético.

 

La mentira.- Cuando un gobierno es sorprendido mintiendo, la legitimidad se desmorona. Comenzaron mintiendo y siguen haciéndolo. No existían los 500 mmdp, pero lo repitieron hasta el cansancio. Mintieron porque no hay la voluntad de transparentar las compras públicas, hoy proliferan las asignaciones directas. Mintieron con los logros efímeros del huachicol. Mintieron con la disminución de la violencia. Mintieron diciendo que no había desabasto. Mintieron con la viabilidad de Dos Bocas y Santa Lucía. Mintieron con las cifras del superávit fiscal y de la producción petrolera. Mintieron con los logros de sus programas sociales. Mintieron inventando casos de corrupción que nunca demostraron, sobre todo en las organizaciones de la sociedad civil. Mintieron burdamente con las cifras de la marcha contra la violencia hacia las mujeres. Mintieron con la designación de la presidenta de la CNDH. La mentira como forma de gobierno los llevó a esta crisis en la peor condición.

 

Hoy es difícil creer en las cifras dadas del COVID-19: decenas de casos de “neumonía atípica”, hospitales saturados, epidemiólogos que no saben cuáles son los síntomas. En un mar de mentiras las dudas corroen a la sociedad mexicana. ¿Por qué creerles?

 

El engaño.- Cuando un gobierno engaña, parte del supuesto de que la población es oligofrénica, tonta, estúpida. Por supuesto no lo es. Engañan con las consultas como forma de decisión, engañan, pues son una farsa. Engañan, pues no representan nada y lo saben. Pero la farsa se les cayó con el caso de Constellation Brands, ahora el mundo sabe de qué están hechas las consultas, sabe del engaño en la cancelación del NAIM y por ello estará de nuevo en la agenda, porque proviene de una farsa. Engañaron al evadir hechos tratando de imponer la agenda nacional desde la mañanera. Fracasaron. La rifa del avión fue un engaño burdo. Engañaron con las cifras de los migrantes y su condición. Engañaron, o lo intentaron, con la revocación de mandato en año electoral. Engañaron con los permisos del Tren Maya. Engañaron, porque las subastas no ayudan en nada a unas finanzas públicas que están contra la pared. Engañaron con su “profundo respeto a la ley”, pues han sido 18 meses de triquiñuelas, entre ellas una reforma al sistema de justicia que se quedó sin autoría, pero que coincidía en las amenazas a las libertades individuales.

 

El liderazgo se colapsa porque las mentiras y los engaños tienen patas cortas, no llegan lejos. Se colapsa porque incendiaron a una sociedad que está mucho más organizada e informada de lo que imaginaron. Una sociedad que sigue las compras públicas, las licitaciones a modo, las cifras económicas y sociales. Una sociedad que pregunta y descree de la palabra presidencial, el gran instrumento de mentira y engaño. Ciudadanos que se bajan de los aviones donde viaja el Presidente, que exigen que se tome la temperatura antes de abordar. Se colapsa porque hablar desde La Rumorosa de los daños estéticos de la energía eólica -en plena crisis sanitaria- es patético. Se colapsa porque esa sociedad hoy, ante las mentiras y engaños, está más alerta que nunca. Se colapsa porque pensaron que las redes sociales eran territorio exclusivo de la 4T, mostrando su desprecio hacia los ciudadanos libres. Las perdieron. Se colapsa porque creían y vendían la idea de que la popularidad del Gran Líder era estable e intocable y hoy cae en picada. Estamos en otro país y no lo entienden. Fueron esperanza, hoy son referente de hipocresía.

 

El ridículo presidencial a nadie beneficia. Las mentiras y los engaños se toparon muy rápido con un México que hoy los denuncia.

 

Ahora, ante el colapso y la debilidad opositora, es la sociedad la que debe asumir el liderazgo ético con información e ideas.

 

Federico Reyes Heroles


domingo, marzo 29, 2020

 

Solidaridad entre empleados y empresas

"eskedeke los empresarios deben solidarizarse y pagar salarios completos a sus trabajadores en la cuarentena..."

Sigo leyendo opiniones similares a ese comentario entre mis conocidos.

La solidaridad debe existir, sin duda, pero la solidaridad es recíproca.

El primer objetivo de cualquier director de empresa, sea el dueño o un empleado contratado por los dueños, debe ser mantener la fuente de trabajo, que la empresa sobreviva.

 

¿De qué sirve que por "solidaridad" la empresa pague salarios completos por 1 mes sin tener ventas, ingresos, si dentro de 2 o 3 meses quiebra y todos se quedan sin empleo?

 

Y no, no es tan fácil como decir "eskedeke el dueño debe resolver ese problema sin afectar a sus trabajadores". ¿En serio? ¿No van en el mismo barco dueño y empleados?

 

Cada empresa es única, como las personas, y sin conocer sus entrañas, sin ver al menos un estado de resultados y una hoja de balance, afirmar que "todas las empresas deben pagar salarios completos en la cuarentena" es hablar a lo pendejo.

 

Muchas empresas, sobre todo las PyMEs en México, viven (o sobreviven) apalancadas con préstamos bancarios. Y la mayoría de ellos atravesando como garantía una propiedad, frecuentemente la casa del dueño. Muchas empresas venden a crédito. Por ejemplo grandes minoristas como Walmart, HEB o Soriana, le pagan a sus proveedores a 90 días o más.

 

Y es una cadenita, esas empresas que vende a crédito, también piden crédito a sus proveedores o a bancos. Pero la nómina se paga puntualmente cada semana/quincena. Los impuestos al SAT, IMSS, INFONAVIT, ISN, se pagan puntualmente cada mes/bimestre. De lo contrario te cierran la empresa.

 

Y no es lo mismo una empresa en la que el costo de la nómina representa el 10-30% de sus ingresos, a una empresa intensiva en mano de obra o de servicios donde el costo de la nómina representa el 60-80% de sus ingresos. ¿Se espera igual, sin importar el giro, que todos los empresarios paguen salarios completos por 1 mes sin tener ventas?

 

Y sí, hay sin duda empresas que están bien administradas que traigan líneas de crédito disponibles para aguantar 1 mes o más sin ventas. Pero son las menos, sobre todo cuando en México el acceso a créditos es todavía bajo y caro. Cuando en el 2019 se tuvo un crecimiento económico de "menos cero %" y había sectores como el de la construcción que estaban en crisis.

 

Así que esos que dicen que "los empresarios sean solidarios" ¿a qué empresarios se refieren? ¿pondrían ustedes su patrimonio familiar que tanto trabajo les ha costado para ayudar a otros? Y si la respuesta es si, ¿no pueden los trabajadores, según sea la situación particular de cada empresa, poner algo de su parte también entonces?

 

Yo los invito a todos, seas empleado o empresario, a involucrar a todo el equipo en la situación particular de cada empresa. Si eres empleado, pregunta a tu jefe, al gerente de tu área o al director general si tienes oportunidad, qué opciones tienen, en qué puedes apoyar. Hay puntos intermedios, como dar vacaciones primero a todos, luego quizá jornadas reducidas, que si contempla la Ley.

 

Lamentablemente en México la Ley laboral es sumamente rígida. En otros países se pueden tener más opciones intermedias para salvar crisis de éste tipo. Pero aquí dizque se han hecho leyes para proteger a los trabajadores pero la realidad es que protegen a los que tienen ya un empleo y antigüedad, no ayudan a crear nuevos empleos ni a trabajadores con poca experiencia.

 

Las épocas de crisis al final de cuentas son un proceso de depuración donde las empresas que ya estaban en situación precaria terminan por salir del mercado. Empresas que estaban siendo mal administradas y que solo sobrevivían tendrán que dejar el espacio para otros emprendedores con ideas y productos nuevos.

 

Y los empleados deben entender que las empresas nacen y mueren como personas, por eso aferrarse a un empleo, a una empresa, ya no es algo recomendable. ¿Cuáles son tus ventajas competitivas como individuo? ¿Toda tu experiencia laboral se quedó en un trabajo específico en una empresa nada más? ¿Qué conocimientos y habilidades tienes que puedes vender (si, cada empleado vende su trabajo, su tiempo) en otras empresas, en otros sectores? ¿Has hecho tu tarea para ahorrar para tu retiro o estás esperando que tus hijos o el gobierno te mantengan? ¿tienes ahorros para las vacas flacas o tienes deudas?

 

El problema principal para la mayoría de las empresas es de liquidez. Si la nómina es uno de los costos fijos principales en la empresa en la que laboras, será difícil que puedan dar salarios completos sin despedir a nadie. Los pilotos y sobrecargos de Aeroméxico lo entendieron bien.

 

Ahora en marzo hay que hacer la declaración anual del 2019 y el gobierno federal no va a dar prórroga. Si la empresa tuvo utilidades en el 2019 y éstas fueron mayores a las del 2018, ahora en marzo tuvieron que pagar la diferencia en ISR. Y en mayo hay que pagar utilidades (PTU) a los trabajadores. Porque eso sí, en México se reparten utilidades pero no pérdidas, ¿verdad? Eso será otro flujo fuerte que solventar.

 

En fin, son tantas las variables y casos que es muy pueril (en mi rancho le dicen de otra forma) simplemente decir que los empresarios, todos, deben pagar salarios completos sin despedir a nadie.

 

#aguzados #EstadoLovers


viernes, marzo 27, 2020

 

Un ego obstinado

En la cruda de una borrachera populista que lo alucina con una inmunidad personal transmisible al País, el Presidente López Obrador finalmente aceptó, implícitamente, que siente pasos en el terreno social y económico, aunque ha afirmado repetidamente que los recursos que ha "recuperado de lo robado" le alcanzan para enfrentar las inversiones faraónicas a las que se ha comprometido.

 

Le hablo entre otras cosas de la construcción del Tren Maya y la del aeropuerto de Santa Lucía, que requieren el gasto de miles, muchos miles, de millones de pesos para su instrumentación, sumados a muchos miles más ya gastados o debidos por la cancelación de la construcción del NAIM.

 

También le alcanza, ha dicho obsesivamente, para pagar todas las prestaciones, por no llamarles dádivas -que lo ofende-, para premiar la pobreza que el generoso tlatoani macuspano ha otorgado, por su obra y su gracia, a los pobres de México, al "pueblo bueno y sabio" que lo eligió Presidente.

 

El mandón mandatario ha convertido esas prestaciones, ad chalecum, en prebendas constitucionales difícilmente eludibles. Incluyen subsidios a la pobreza, a la edad avanzada, a la enfermedad, becas para ninis, que ya no serán ninis, y la lista sigue larga y largamente seguirá creciendo.

 

Este régimen populista ha institucionalizado trofeos a la pobreza en lugar de estimular la productividad de los pobres y ayudarlos a dejar de ser pobres independientes de patrocinios interesados de gobernantes manipuladores que proclaman que los pobres son primero, pero los dejan en la cola.

 

Ese ha sido el ostinato rítmico de la música obradorista durante estos primeros 16 meses de gestión. El autor se obstina en repetir lo mismo, composición tras composición. Lo que se robaban los corruptos neoliberales y los conservadores fifís alcanzará para pagar la cuarta transformación y sobrará para ahorrar y otros menesteres.

 

Ayer, sin embargo, el obstinado compositor mozartiano nos sorprendió con un cambio de tonada, en la partitura con la que se dirigió a sus homólogos y colegas (de algún modo hay que nombrarlos) del G-20, reunidos en videoconferencia.

 

Escudado en la crisis generada por el coronavirus en el mundo, AMLO pidió a sus pares instrumentar una tregua económica para aminorar el impacto del tsunami alimentado por el Covid-19.

 

Horas antes y días antes y semanas y meses antes, el encantador de los pantanos de Centla insistía obstinadamente en que los recursos de que disponía alcanzaban para todos sus proyectos faraónicos.

 

El otro ostinato era el de una amenaza viral a la que hasta hace sólo unos días era inmune Su Excelencia, inmunidad que graciosamente nos transmitía a los demás mexicanos, bueno, a los pobres "que son lo primero", no a los conservadores, fifís y neoliberales adversarios.

 

Entonces salió el peine de la tregua económica para la fumigada viral, en la que este terco no cree, pero bajo cuyo manto seguirá adelante con sus pirámides primermundistas, a lo Salinas de Gortari, aunque le dé roña a Andrés Manuel, y quizá le suelte un poquito a la guerra contra el virus, nomás para no levantar sospechas.

 

Al cabo el Presidente es inmune y su inmunidad la extiende graciosamente a todos los que estén de acuerdo con las dádivas constitucionales que premian la pobreza en lugar de erradicarla y en las construcciones de obras para la historia (el aeropuerto de Santa Lucía y el Tren Maya), que deberemos hasta el fin de los días de este músico obstinado.

 

Y también después, a través de los sátrapas que de alguna manera manipuladora impondrá, como impuso constitucionalmente las dádivas a la pobreza, que tanto le irrita ver llamadas así en los encabezados periodísticos de sus críticos, a los que odia sin el menor respeto.

 

Felipe Díaz Garza


domingo, marzo 22, 2020

 

El adicto

Como esos adolescentes incapaces de despegarse del celular, AMLO requiere estar hablando en público, ya sea en la mañanera, en una reunión de gabinete o en un mitin. Es tan grande su necesidad de no sentirse solo, que, aun estando rodeado de cientos de personas, tiene la pulsión de darle un beso con mordisco a una niña que se resistía a su cariño en un mitin el sábado 14 de marzo. Vale la pena ver el video: http://bit.ly/2Ujyfos

 

Su incapacidad de quedarse en la oficina (que es su casa) para estudiar junto con su gabinete los problemas con profundidad, lo lleva a recorrer el país frenéticamente. Todavía ayer estuvo en un mitin en Oaxaca. Quizás es un millennial incapaz de estar en la oficina.

 

Las implicaciones de su adicción son muchas. La primera, perder su tiempo, el de su equipo y el del país en parloteos generales y en temas absurdos como la rifa del avión o las estampitas religiosas. En lugar de estar en celebraciones, debería analizar la mejor ruta de acción frente a la crisis epidemiológica y económica que ya se nos vino encima, apoyándose en los expertos. Expertos con libertad para opinar. Cuando el líder de un gobierno es adicto a la adulación, todos, incluidos los expertos, aprenden a anticipar sus deseos y evitan decir lo que no le va a gustar al gran timonel. Pero quizás no necesita expertos, porque, según John Ackerman, AMLO es un científico. Su secretario de Salud solo sigue instrucciones.

 

El segundo problema es la señal de despreocupación que manda a la población al negarse a usar el gel antibacterial y al continuar en giras y reuniones públicas. Para muchos la conclusión es obvia: el problema no es tan grave. Un mandatario debe comportarse como tal, sobre todo en circunstancias en las que está en juego la salud o la vida. Se debe gobernar con el ejemplo. Miguel de la Madrid fumaba mucho. No lo hacía en público.

 

El tercer problema es mandar al mundo el mensaje de que en México la crisis va a ser profunda y larga. Si ni el Presidente toma precauciones, ¿cómo hacerles creer a las autoridades de Estados Unidos que se puede mantener un diálogo serio con nuestro gobierno sobre cómo administrar la frontera en épocas de pandemia? Ni hablar del hazmerreír en que se han convertido en muchos otros países sus estampitas religiosas y sus actos multitudinarios en plena pandemia.

 

El cuarto problema es que él mismo se puede contagiar. Aunque según López-Gatell, "casi sería mejor que [AMLO] padeciera coronavirus porque lo más probable es que él, en lo individual [...] se va a recuperar espontáneamente y va a quedar inmune", sería un problema serio para el país que AMLO terminara hospitalizado. El virus también se puede propagar en su gabinete, reunidos en el mismo espacio público durante la ceremonia de la Expropiación Petrolera el miércoles pasado.

 

A los adictos les cuesta ver las consecuencias de sus actos. Les importa el placer inmediato de la droga. AMLO parece tener ese comportamiento.

 

Debió sentirse bien cuando prometió libre tránsito a cuanto migrante quisiera pasar por México, pero era evidente la implicación: Estados Unidos amenazaría con cerrar la frontera. Seguro se sintió muy bien cuando afirmó que no hay que parar todo dado que afectaría a "mucha gente que se busca la vida en la calle". Pero si el coronavirus se expande con la rapidez que se ha visto en otros países y que temen muchos expertos, los pobres serán los más afectados, en su salud y en su bolsillo. Cruel paradoja es que los republicanos en Estados Unidos estén dispuestos a repartir dinero como socialdemócratas, mientras que la izquierda estatista en México tiene un gobierno digno del elogio de los fisiócratas: "dejen hacer y dejen pasar, el mundo va solo".

 

Por fortuna, una parte del pueblo fue sabio y supo que era hora de recluirse. Pero estos esfuerzos sociales rinden muchos menos resultados si no están coordinados por un gobierno capaz de entender la naturaleza de los retos que enfrenta.

 

Carlos Elizondo Mayer-Serra


 

Impunidad

El profesor Huntington causó un escándalo cuando, en la mitad de la guerra fría, escribió que lo importante de un Gobierno no radica en sus características ideológicas, sino en su efectividad ("Political Order in Changing Societies").

 

Lo que causó revuelo fue su afirmación de que Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética tenían sistemas de gobierno que funcionaban, mientras que muchas naciones dentro de la órbita norteamericana carecían de esa capacidad.

 

Equiparar a la URSS con Estados Unidos era apostasía pura: las tres naciones, escribió Huntington, cuentan con instituciones políticas fuertes, adaptables y coherentes, con burocracias efectivas y mecanismos para resolver conflictos políticos.

 

El punto clave, y de ahí su relevancia para México, era que, a pesar de sus diferencias, en ninguna de las tres naciones había impunidad.

 

La impunidad se ha tornado en la principal característica del México actual: literalmente no hay espacio en la vida pública donde se cumplan las reglas, procedimientos o leyes.

 

Aunque pudiera parecer excesiva esta afirmación, la evidencia es abrumadora: existen delincuentes porque no existen sanciones ni capacidad (o interés) por restringirlos; asesinatos, extorsiones y secuestros pasan desapercibidos, como si no existieran; la administración cambia rubros de gasto, realiza consultas amañadas, asigna obras sin concurso, elimina compras de medicamentos y reduce salarios, todo para transferir fondos a proyectos electorales del Gobierno, sin que haya impedimento alguno; el Gobierno cancela contratos sin cumplir con la ley; el crimen organizado aterroriza a la población y le cobra derecho de piso sin que jamás se aparezca autoridad alguna; las Policías se corrompen en lugar de hacer cumplir los reglamentos (de hecho los usan para abusar), sin que haya sanción; los funcionarios del Gobierno pasado, sólo para ejemplificar, robaron sin rubor, pero sólo son perseguidos cuando le es políticamente conveniente al Gobierno actual.

 

El punto es claro: la impunidad es la ley imperante.

 

Lo paradójico es que cada administración pretende que sus funcionarios son prístinos, impolutos e intocables, lo que les permite penalizar a sus predecesores: sin embargo, quienes hoy ostentan el poder y persiguen a sus enemigos tarde o temprano se encontrarán del otro lado de la mesa.

 

La pretensión de que hoy, en contraste con el pasado, no hay impunidad es mera fantasía.

 

Con poderosas -y abusivas- leyes en la mano, el Gobierno de hoy cuenta con una enorme capacidad de intimidación: la posibilidad de encarcelar ciudadanos sin orden judicial, expropiarles sus propiedades (extinción de dominio) sin que medie un juicio y congelar sus cuentas bancarias con una mera orden administrativa. Difícil imaginar una definición más clara y patente de impunidad.

 

La impunidad es lo que explica que vivamos bajo la amenaza de la inseguridad permanente, el abuso burocrático, la corrupción, la venta de plazas, la "purificación" de funcionarios corruptos por parte del Presidente, el robo a los inversionistas que compraron bonos de energía limpia, la negativa a autorizar una mega inversión cervecera en Mexicali y, la joya de la impunidad, la pretensión de Pemex y de la Secretaría de Energía de quedarse con el yacimiento Zama que desarrolló la empresa Talos, violando los contratos y reglamentos vigentes.

 

La impunidad es un viejo mal del sistema político mexicano porque las leyes le confieren enormes poderes discrecionales, de hecho arbitrarios, a las autoridades, lo que hace posible que éstas actúen como les plazca por el mero hecho de detentar el poder.

 

No hay peor mal que el de la impunidad porque implica la total ausencia de reglas y, por lo tanto, de certidumbre, madre del desarrollo y la civilidad.

 

Si bien la impunidad es parte de nuestro ADN, los Gobiernos de 1982 en adelante intentaron construir un andamiaje institucional que atajara o disminuyera su alcance. La verdadera tragedia del Gobierno actual es que, al eliminar todo ese tinglado, hizo evidente que lo único que le interesa es imponerse por la fuerza o la intimidación.

 

El costo de largo plazo de esto es inenarrable, aunque los funcionarios gubernamentales de hoy y sus acólitos no lo puedan comprender.

 

La expropiación de los bancos en 1982 abrió la caja de Pandora porque hizo gala de la fuerza y la impunidad. Lo que ha hecho el Gobierno actual es tomar esa estafeta y llevarla hasta sus últimas consecuencias.

 

El resultado de la vez anterior fue la década perdida de los 80; el impacto de la actual no será idéntico, pero ciertamente no será mejor.

 

Luis Rubio

www.cidac.org

 


 

Un soldado de la salud

En busca de inspiración para estos días de miedo e incertidumbre, he recordado la trayectoria de un héroe de la medicina en México: el doctor Jesús Kumate Rodríguez.

 

A veces los desastres naturales sacan lo mejor del ser humano: el espíritu combativo, el afán de perseverar, la fe traducida en obras. Fue el caso de Kumate en 1985.

 

Con una larga trayectoria académica, reconocimiento científico nacional e internacional, y decenas de obras publicadas sobre enfermedades infecciosas, inmunología y vacunas, en aquel año trágico del terremoto Kumate compartió con Guillermo Soberón Acevedo, entonces Secretario de Salud, la misión de reformar la salud pública mexicana. Hicieron una mancuerna admirable.

 

Todo comenzó ese año. Como Subsecretario, Kumate diseñó el primer programa de rehidratación oral, que redujo significativamente la mortalidad infantil. Fundó el Centro de Investigación sobre Enfermedades Infecciosas (CISEI) que dio origen en 1987 al Instituto Nacional de Salud Pública. Creó las Encuestas Nacionales de Salud que mejoraron sustancialmente el Sistema de Vigilancia Epidemiológica en áreas como paludismo, sarampión, diarreas, cólera. El antiguo Instituto de Salubridad y Enfermedades Tropicales se convirtió en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (INDRE), cuya labor de vigilancia epidemiológica se acompañó con una red de laboratorios estatales de salud pública.

 

Ese mismo año Kumate dio inicio a los Días Nacionales de Vacunación, orientados principalmente a combatir la poliomielitis. Esta labor titánica, sin precedente en nuestro País, implicaba una compleja organización logística: había que vacunar a 11 millones de niños en un solo día, incluyendo a los que habitaban en 100 mil comunidades con menos de 100 habitantes. Parecía imposible, pero se logró.

 

La continuidad de visión entre Soberón y Kumate (Secretario de Salud entre 1988 y 1994) dio resultados perdurables.

 

En octubre de 1990 se eliminó la transmisión del virus de la poliomielitis. En 1992 todos los niños mexicanos quedaron inmunes frente al sarampión.

 

El mismo año Kumate diseñó la Semana Nacional de Vacunación, que incluía suplementación con vitamina A, antihelmínticos, sales de rehidratación. Gracias a estas medidas, se registró una ganancia de cuatro años en la esperanza de vida al nacer.

 

El combate al paludismo que rebrotó en 1985 llegó a controlarse al cabo de unos años. El Programa de Agua Limpia disminuyó la mortalidad por enfermedades diarreicas hasta entonces soslayadas.

 

Estos logros parecen un mero catálogo, pero se miden en millones de vidas rescatadas, millones de niños puestos a salvo. He consultado videos de esas campañas en YouTube y hoy más que nunca me conmueven. Doctores, enfermeras, madres, niños en los sitios más apartados. Un desfile de disciplina, esperanza y salvación concreta, no retórica. Obras, no palabras.

 

¿De dónde extraía su fuerza Jesús Kumate? Aunque tuve oportunidad de preguntarle en nuestras reuniones de El Colegio Nacional, nunca lo hice. Pero no es difícil imaginar su núcleo moral.

 

Nacido en 1924 en Mazatlán, Sinaloa, hijo del modesto comerciante japonés Efrén Kumate y de la mexicana Josefina Rodríguez, quedó huérfano de padre a los 12 años, sin una herencia que lo cobijara, pero con un claro mensaje: "a ti te toca devolver al país lo mucho que nos ha dado".

 

Jesús siguió el mandato paterno con disciplina marcial, estudió en la Escuela Médico Militar, pero su madre (maestra rural en Los Limones, Sonora) debió inspirar en él la especialidad que eligió: la pediatría. "Uno no acepta la muerte de un niño", decía Kumate, "es un evento no natural". Así quería ser recordado, como el médico de niños en hospitales públicos.

 

Participaba en aquellas reuniones de manera precisa, clara y sustancial. Samurái mestizo, era gentil, ceremonioso, estoico, austero. No lo vi reír, pero sí sonreír con un dejo de tristeza. Veía el espectáculo del mundo con la misericordia que un dios cruel no tuvo con él. En su tramo final contrajo el mal de Parkinson. Asistía a nuestras sesiones en silla de ruedas. E intervenía con voz casi inaudible.

 

Murió en 2018, apenas a tiempo para no ver el desastre de ineficiencia, demagogia e irresponsabilidad que sobrevendría en el sector que tanto contribuyó a construir.

 

Hoy nuestra circunstancia es aún más grave que la de 1985. Los médicos mexicanos están, como siempre, en primera fila. ¿Dónde está el servidor público que quiera "devolver a México lo mucho que nos ha dado"?

En el Gobierno actual del Presidente López Obrador, el sarampión ha reaparecido.

 

Enrique Krauze


domingo, marzo 01, 2020

 

Pandemia

El señor de la casa amenazó a su esposa de una manera tajante, quizá insoportable: me traes a una niña como "regalo" o violo a nuestras hijas. La mamá respondió trayéndole a una niña. El dilema tal vez fue existencial, pero la mujer cumplió, condenando con ello a una niña inocente. Lo que sigue todos lo sabemos: la niña se llamaba Fátima.

 

La verdadera pandemia que sobrecoge a México no es el coronavirus, sino la impunidad y en ningún asunto es ésta mayor que la que aqueja a las niñas, a los niños y a las mujeres. La rampante impunidad ha hecho posible no sólo que la violencia se apropie de la vida de la sociedad mexicana, sino, todavía peor, que ya a nadie le parezca algo extraño.

 

¿En qué país se tolera la violencia como la que aqueja a la sociedad mexicana sin que pase nada? ¿En qué país es posible que lo que es intolerable se haya tornado cotidiano sin que nadie diga, o pueda decir, nada? ¿En qué país el Gobierno se siente agraviado por que la sociedad proteste por los feminicidios y los infanticidios, es decir, por la impunidad? ¿En qué país se desacredita a quien llama la atención sobre crímenes que no deberían existir? ¿En qué país el partido gobernante y sus acólitos acusan a las víctimas de su propia desidia? Sólo en un país que ha perdido todo vector de civilidad y civilización.

 

La revolución de la información ha transformado toda la actividad pública, pero especialmente las relaciones entre Gobierno y sociedad porque les ha dado instrumentos nuevos que antes nunca eran asequibles.

 

La ubicuidad de la información implica que la sociedad está informada, se comunica y actúa, todo eso sin la mediación gubernamental, que era el sello del siglo 20. El Gobierno ahora enfrenta el reto no sólo de comunicar, sino sobre todo de convencer. Desapareció el otrora monopolio de la información.

 

En este siglo 21, las crisis son momentos clave de transformación o quiebre. Transformación cuando se alinean los gobernantes y la sociedad para construir una nueva constelación. Quiebre cuando cada uno de esos componentes jala para su lado, en ocasiones confrontándose. El Gobierno vive de la confrontación y no concibe que pueda existir una sociedad funcionando de manera armónica, lo que le impide comprender el reto que los feminicidios le han colocado en el portón de Palacio.

 

En el siglo 21, un Gobierno serio y realista encabezaría el movimiento en contra de los feminicidios e infanticidios, los convertiría en una causa común para transformar al país. En la 4T el Gobierno se hace la víctima y descalifica a todo aquel que osa plantear una manera distinta de pensar o actuar, comenzando por la esposa del Presidente, quien tuvo que retractarse.

 

En el México del siglo 21, las víctimas son culpables; quienes denuncian atracos, violaciones, homicidios (todos responsabilidad del Gobierno, todo Gobierno) son conservadores; y quienes disienten de la verdad oficial son traidores, o sea, neoliberales.

 

El sólo hecho de que siga habiendo la pretensión de una verdad oficial delata lo absurdo -lo ahistórico- de la visión decimonónica en el corazón de la era de la información. De regreso al autoritarismo del siglo 20.

 

El feminicidio es un mal creado y tolerado por la sociedad mexicana porque ha perdido la brújula de lo que es aceptable y de lo que es intolerable. El solo hecho de exigir un "regalo" en la forma de una niña delata la destrucción de la esencia de la civilidad.

 

Sólo para poner las cosas en perspectiva: si el mal en cuestión fuese el coronavirus, ya habríamos desaparecido del mapa por esta absoluta incapacidad de organizarnos y actuar en concierto para responder ante un reto de esta magnitud. Una epidemia que no se contiene se torna en pandemia y las pandemias -igual en asuntos de salud que de política- acaban con las sociedades y con sus gobernantes.

 

Es por eso que el feminicidio y el infanticidio no sólo deben ser denunciados, sino que deben ser asumidos para revisar los dogmas sobre la forma de conducir los asuntos públicos para que desaparezcan de una vez por todas. Esa falta de brújula moral -en el Gobierno y en la sociedad- que permite distinguir lo que es -y debiera ser- aceptable e intolerable, o si uno prefiere, diferenciar al bien del mal, nos ha llevado a ver con naturalidad lo que no es natural, lo que no puede ser tolerado.

 

Al Gobierno, esta "maldita realidad" le ha caído en las manos y no ha sabido responder. En lugar de obligarlo a asumir su responsabilidad, su reacción ha sido fantasmagórica: cómo se atreve la maldita realidad a sabotear a la 4T.

 

Luis Rubio

www.mexicoevalua.org


lunes, febrero 24, 2020

 

La seguridad y el Estado

Garantizar la seguridad de la población no es uno de los servicios del Estado, es su razón de ser. Si no hay seguridad, no hay Estado. Su jefatura resulta simbólica.

 

Para Thomas Hobbes ("Leviatán", 1651), los súbditos renuncian a la violencia a cambio de seguridad, y esta garantía es el contrato social fundador del Estado.

 

Para Max Weber ("La Política como Vocación", 1919), el Estado es la institución que logra imponer el monopolio de la violencia legítima en todo su territorio. No puede tolerar la intervención de potencias extranjeras ni el desacato interno. En la medida en que comparte el poder con la violencia ilegítima, es un Estado fallido.

 

El Fund for Peace produce anualmente un Fragile States Index. En 2019, Finlandia obtuvo el mejor lugar (178); Yemen el peor (1). Del continente americano, Canadá el mejor (172), Venezuela el peor (32), después de Haití. México quedó en el lugar 98, por debajo de 80 países.

 

México ha vivido situaciones hobbesianas (de inseguridad general y guerra de todos contra todos) en dos transiciones históricas: la Independencia y la Revolución. Hoy, la transición democrática vive en ese peligro. En diciembre de 2019, el 73 por ciento de la población urbana consideraba que "vivir en su ciudad es inseguro" (Inegi).

 

Tanto Porfirio Díaz como Plutarco Elías Calles sumaron a su monopolio de la violencia legítima la ilegítima, para acabar con la violencia no centralizada. Asesinaban tranquilamente a sus opositores.

 

Esto no cabe en una democracia. Ya no existe el Capo Máximo que controlaba a los capos del crimen. Operaban sumisos al temido capo di tutti capi que podía destruirlos. Hoy andan sueltos haciendo de las suyas, y no es tan fácil someterlos únicamente con violencia legítima.

 

Los capos buscan autoridades locales que se pongan a sus órdenes o se hagan de la vista gorda. Su máxima ambición es convertirse en Estados dentro del Estado: cobrar impuestos como gobernantes y dueños exclusivos de la violencia en el territorio que dominan.

 

La inseguridad proviene de las disputas territoriales de estos delincuentes y del Estado omiso o delincuente. Ahí está la dificultad democrática. ¿Cómo imponer derechamente un Estado de derecho? Por partes.

 

1. Las cárceles federales son el mejor lugar para empezar. Su territorio es microscópico, aislado y controlado por las armas. Si ahí no se logra un Estado de derecho, ¿cómo se va a lograr en 2 millones de kilómetros cuadrados?

 

En las cárceles hay inseguridad, asaltos, golpizas, robos, tortura, violaciones, asesinatos, motines y fugas. Son centros de extorsión telefónica a la población, escuelas del crimen y agencias de reclutamiento para la delincuencia organizada.

 

La Guardia Nacional debería tomarlas por un tiempo, sanearlas y entregarlas, sin llevarse al personal que tomó el control: volviéndolo civil. Derechos Humanos vigilaría la intervención.

 

2. La transparencia del sector público y la libertad de expresión son fundamentales. Antes, las autoridades robaban, secuestraban y mataban, aunque no se sabía. Hoy se sabe, pero no se castiga. La gran aportación de la prensa es exhibir la impunidad.

 

3. El Poder Judicial aumenta la inseguridad condenando a inocentes y dejando libres a criminales. No basta con que, supuestamente, se depure a sí mismo. Hay que construir un foro virtual que publique las sentencias sobre delincuencia organizada y las someta a penalistas que opinen sobre la calidad de cada una.

 

Es común que la parte acusadora y la juzgadora se culpen mutuamente de los malos resultados. Hace falta un examen por terceros calificados, en un foro público sin consecuencias judiciales, pero sí mediáticas.

 

4. El arresto fallido de un hijo del "Chapo" no sólo es sospechoso, ignoró una advertencia de Clausewitz ("De la Guerra", 1832): No busques éxitos con los cuales no sabrás que hacer.

 

5. El fracaso de la Plataforma México, que supuestamente concentra la información delictiva, es elocuente. Concentrar la información es concentrar el poder. Todas las autoridades quieren retener su propia información para usarla o venderla.

 

Hay que negociar el intercambio informativo en un contrato público que articule las acciones federales, estatales y municipales. Y definir la estrategia conjunta que hoy no existe.

 

6. La opinión mundial sobre Trump daría resonancia a una campaña mexicana para que su muro detenga la exportación de armas a la delincuencia en México.

 

7. Las calles sin alumbrado son inseguras.

 

Gabriel Zaid


domingo, enero 26, 2020

 

Estancamiento sin inflación

La incertidumbre creada por los hechos y dichos del Presidente López Obrador ha tenido un efecto inesperado: el Peso fuerte. No es tan difícil de explicar.

 

1. Los despidos masivos de burócratas fueron arbitrarios, poco selectivos y hasta ilegales: sin indemnización, con renuncias forzadas. La población asalariada se redujo. También se redujo la falsamente no asalariada, que cobra sin derechos ni prestaciones laborales, con recibos de honorarios por servicios supuestamente independientes.

 

2. A esto hay que sumar los empleados públicos no despedidos, pero obligados ilegalmente a aceptar un sueldo menor.

 

3. El menor empleo y los sueldos menores redujeron el consumo familiar, la demanda agregada en la economía y el mercado interno.

 

4. El menor consumo redujo las importaciones y por lo tanto la demanda de dólares.

 

5. El menor mercado dejó en veremos los proyectos de inversión física: construcciones, instalaciones, maquinaria.

 

6. Las menores inversiones físicas redujeron la importación de maquinaria y equipo, y así la demanda de dólares.

 

7. El menor mtercado interno empujó a las empresas al externo: exportar.

 

8. Las menores importaciones y mayores exportaciones mejoraron la balanza comercial y aumentaron las reservas en dólares del Banco de México.

 

9. También aumentaron por las remesas de mexicanos que se fueron a buscar en los Estados Unidos y Canadá mejores oportunidades de empleo.

 

10. Ya no se diga por las elevadas tasas de interés que fijó el Banco: atractivas para las inversiones puramente financieras, disuasivas de las inversiones físicas y del consumo a crédito.

 

11. El menor empleo y los sueldos menores redujeron la recaudación de impuestos laborales. Esto (sumado a las indecisiones del arranque sexenal) redujo el gasto público en lo menos urgente: la inversión pública física.

 

12. Lo cual redujo el empleo, la demanda de materiales de construcción, las importaciones, la recaudación de IVA y de aranceles de importación, acentuando todo lo anterior.

 

De ahí el Peso fuerte.

 

Peor hubiera sido el estancamiento con inflación (stagflation: stagnation inflation) que padecieron los ingleses hacia 1970, cuando se quintuplicaron los precios del petróleo que importaban. Y los chilenos con el Presidente Allende. Y ahora los argentinos.

 

Políticamente, la inflación es peor que el estancamiento. El Presidente López Portillo llegó a decir: "Defenderé el Peso como un perro". "Presidente que devalúa, se devalúa".

 

La inflación es muy visible, el estancamiento tarda en mostrar sus efectos. El descontento por la inflación es general. El descontento por la economía estancada es primero empresarial.

 

Hay una corriente de pensamiento ecologista que aboga por el crecimiento cero, para reducir el daño a la naturaleza. Pero ningún país ha llegado al estancamiento voluntariamente. El crecimiento cero o negativo suele ser resultado de la política económica, no su objetivo.

 

No es tan difícil salir del estancamiento. Lo difícil es salir de la inflación, una vez que se desata.

 

El sexenio de Echeverría empezó con austeridad (llamada entonces atonía) y terminó en la desastrosa economía presidencial, manejada "desde Los Pinos" (no desde Hacienda); en pos de la quimera milagrosa de Allende.

 

El populismo dadivoso del Presidente de Chile tuvo éxito inicial: aumentó el consumo, la demanda agregada y el crecimiento. Después siguió lo que siguió: la inflación desbocada, el desastre económico y el golpe militar.

 

El populismo recortador ha sido menos malo que el populismo gastador, pero el crecimiento cero no puede prolongarse indefinidamente. Tampoco remediarse toreando las presiones de las cúpulas empresariales y el Presidente Trump. La incertidumbre, agravada por la inseguridad, no estimula el crecimiento: lo frena.

 

Para salir del estancamiento, el Gobierno puede construir caminos, presas y otras obras que sean realmente útiles, que tengan efecto multiplicador y que animen a los empresarios a invertir. Lo hizo el Gobernador de Nuevo León Bernardo Reyes, antes de que Keynes lo recetara.

 

Y es mejor una multitud de obras públicas pequeñas, repartidas por todos los Estados, que unas cuantas obras mayúsculas como la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, sobre todo si resultan elefantes blancos.

 

Hay que apoyar la creación de microempresas, el espíritu emprendedor que afortunadamente abunda en el País. Hay que reducir lo que sofoca su desarrollo: la falta de microcréditos y el exceso de trámites.

 

Gabriel Zaid


 

La 'auténtica democracia'

A menudo escuchamos a los voceros oficiales afirmar que la "verdadera democracia" nació el 1 de julio de 2018.

 

La afirmación no es sólo falsa, es injuriosa para quienes participamos en la ardua batalla democrática desde 1968 hasta las elecciones de mitad de sexenio en 1997, cuando un Instituto Federal Electoral Autónomo supervisó los comicios en los que el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y Cuauhtémoc Cárdenas ganó la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal.

 

Y es injuriosa también para los ciudadanos que votaron y participaron en cada elección, desde entonces hasta las más recientes.

 

Escamotear la verdad histórica es un recurso de las sociedades totalitarias. Trocar el sentido de las palabras es la fórmula orwelliana por excelencia.

 

En Oceanía "la libertad es esclavitud", "la guerra es la paz", "la ignorancia es fuerza". Pero no se necesita vivir en una sociedad totalitaria para padecer una mentalidad totalitaria. De hecho, la izquierda latinoamericana ha ejercido por décadas esa distorsión del pensamiento.

 

La refutación más ingeniosa a esa mentira metódica la escuché del eminente filósofo polaco Leszek Kolakowski. Ocurrió hacia 1985, en un seminario sobre el tema de los "Intelectuales" en Skidmore College organizado por Bob y Peggy Boyers, maestros de esa universidad y editores de la revista literaria Salmagundi.

 

Además del propio Kolakowski, aquel encuentro memorable incluyó luminarias como George Steiner, Edward Said, Conor Cruise O'Brien. No sé por qué me invitaron, pero acudí para presentar una ponencia sobre Octavio Paz y la lucha de la revista Vuelta por la democracia en México.

 

Al terminar mi ponencia, unos profesores latinoamericanos (de aquellos que, como decía Octavio Paz, "practicaban la guerrilla en los peligrosos cañaverales de Berkeley") adujeron que la democracia que lentamente estaba conquistando América Latina, la democracia que buscábamos en México, no era la democracia auténtica. Que la "auténtica democracia" no tenía que ver con los votos y las libertades. Que la "auténtica democracia" era "popular". En ese mismo sentido, algunos conspicuos intelectuales mexicanos sostenían que Cuba era la "auténtica democracia".

 

Kolakowski estaba sentado en primera fila. Movía la cabeza nerviosamente. Por un momento pensé que usaría su bastón para abalanzarse sobre mis críticos. Pero no, esperó a que terminaran su perorata. Entonces se puso de pie y les respondió, como solía a veces, con una anécdota:

"Quiero referirme brevemente a este asunto de la democracia. Un amigo me contó que hace mucho, cuando estudiaba en Alemania, se dio cuenta de que en los anaqueles de las tiendas había dos tipos distintos de mantequilla. Una era mantequilla simple y la otra era 'auténtica mantequilla'. La gente sabía que el envase rotulado simplemente como 'mantequilla' tenía mantequilla de verdad, mientras que el que decía 'auténtica mantequilla' tenía mantequilla falsa, echt-butter. Recuerdo esto cada vez que oigo hablar de la 'auténtica democracia' en contraposición a la 'democracia', o de la 'auténtica libertad' en contraposición a la 'libertad'. Llevamos décadas oyendo este tipo de diferenciaciones. Sabemos muy bien que eso a lo que se referían como 'auténtica libertad' no era sino la ausencia de libertad, o despotismo. Esto forma parte del vocabulario que suelen usar los Gobiernos marxista-leninistas y sus partidarios. 'Se quejan de que no tienen libertad cuando lo que tienen es una auténtica libertad', dice el dicho. Pero a estas alturas ya deberíamos saber que la democracia no trata sobre hallar soluciones permanentes a todo tipo de problemas sociales. La democracia misma es una institución que no puede garantizar la resolución de todos los males de la sociedad".

 

Agradecí mucho la intervención de mi amigo Leszek.

 

Hoy he vuelto a pensar en él. Quienes desde hace cinco décadas luchamos por una democracia sin adjetivos sabemos que la democracia es sinónimo de libertad: libertad de elección, de pensamiento, de crítica, de expresión. Sabemos que el Instituto Nacional Electoral es la institución toral de la democracia.

 

Quienes creen en la "auténtica democracia" confunden la democracia con las consultas a mano alzada, acosan a la prensa libre, organizan campañas de difamación contra intelectuales independientes y se empeñan en debilitar, vulnerar y someter al INE, órgano electoral.

 

Nuestra democracia puede volverse "auténtica democracia". No lo permitamos.

 

Enrique Krauze


domingo, enero 19, 2020

 

El mito del pasado

Para el Presidente López Obrador los 60 fueron el momento culminante de la vida pública del País. En esa era México crecía a tasas cercanas el 7 por ciento, había orden y no había conflicto social. El momento parecía idílico, mucho más, visto en retrospectiva.

 

Sin embargo, una mirada a la forma en que funcionaba la sociedad mexicana en aquella época revela circunstancias mucho menos encomiables y, en todo caso, irrepetibles.

 

La característica central de aquella época era la Presidencia todopoderosa que establecía el rumbo, fijaba prioridades, resolvía disputas y mantenía la paz.

 

Al menos ese es el mito, pero el hecho indudable es que el sistema postrevolucionario había logrado un equilibrio efectivo entre los diversos intereses de la llamada "familia revolucionaria" y los requerimientos de una economía pujante.

 

La coalición gobernante -y la estructura de control del partido que le permitía enorme latitud al Presidente- arrojaba una gran capacidad de decisión y acción que, en el contexto específico de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, creó un entorno excepcionalmente favorable para el crecimiento económico.

 

La poderosa Presidencia se mantenía gracias a la conjunción de circunstancias excepcionales que, años más tarde, dejaron de existir.

 

En primer lugar, el sector privado estaba fuertemente controlado a través de requisitos de permiso para invertir, exportar e importar.

 

El Gobierno regulaba la competencia y determinaba, indirectamente, la rentabilidad de las empresas. Para los empresarios lo importante no era la calidad o precio de sus productos, sino estar cerca de la burocracia.

 

En segundo lugar, los sindicatos funcionaban como un mecanismo de control donde los líderes se enriquecían a cambio de mantener el control de las bases. La clave era el control sin disidencia alguna.

 

En tercer lugar, los Gobernadores vivían bajo la férula del Gobierno central, siempre a sabiendas de que podían experimentar lo que se conocía como una "desaparición de poderes," o sea, su remoción, a la menor provocación.

 

En una palabra, se trataba de un sistema autoritario centrado en el Presidente que, a través de los tentáculos del partido y de los mecanismos de premiación y represión mantenía un férreo control del País.

 

Un diplomático europeo que estuvo basado en México en aquella época citaba a un funcionario soviético en la Embajada de aquel país, afirmando que, comparado con México, los rusos eran unos meros amateurs porque aquí se había logrado construir un sistema político autoritario con pleno control pero absoluta legitimidad, mientras que ellos sólo podían mantener el control por medio de una aguda represión.

 

El éxito de aquella época permite soñar con su recreación.

 

La noción de que se puede someter al sector privado a través de la subordinación de las decisiones económicas a las políticas llevaría la alineación de las prioridades y a la recuperación de altas tasas de crecimiento económico.

 

La libertad sindical, mandatada por la OIT y por el nuevo tratado de libre comercio, el T-MEC, facilitaría la eliminación de los liderazgos charros para su reemplazo por líderes entrenados en Canadá, con criterios anticorrupción nunca antes vistos.

 

El presupuesto favorece la reconstrucción de los controles políticos sobre los Gobernadores, subordinándolos al poder central y obligándolos a ceder sus ambiciones a los designios del gran líder nacional.

 

Finalmente, el Ejército se convierte en la piedra de toque que le permite al liderazgo central un control absoluto de todos los actores locales y sectoriales, sin consecuencia alguna ni riesgo de corrupción.

 

O sea, el Nirvana, versión siglo 21, pero con características de 1960.

 

El mundo de los 60 acabó mal, no porque estuviera mal concebido o estructurado, sino porque, simplemente, acabó dando de sí. Como dice el dicho, todo por servir se acaba y así le pasó a la era del desarrollo estabilizador.

 

Se acabó porque resultó insostenible: porque cambió la forma de producir en el mundo, porque hubo una revolución financiera y otra tecnológica y porque, poco a poco, las comunicaciones favorecieron la democratización radical de la información.

 

En lugar de apalancar lo logrado entonces para transformar la estructura productiva y política como hicieron tantas otras naciones asiáticas, europeas y un par de latinoamericanas, nosotros nos empecinamos en ir de crisis en crisis. Y ahí seguimos.

 

Pretender reconstruir aquella era no va a acabar distinto porque no tiene sustento en la realidad, sino en una nostalgia insostenible.

 

Luis Rubio


 

¿Cuál leviatán?

No es difícil imaginar a Acemoglu y Robinson -autores de "Why Nations Fail"- intercambiando información de todos los rincones del planeta y de cualquier resquicio de la historia para encontrar y, más complicado aún, comprobar una fórmula que garantice el progreso humano.

 

Así debe haber sido la escritura de su nuevo libro, "The Narrow Corridor", publicado el año pasado. Como abreva de todas partes en el tiempo histórico y en el espacio geográfico, es un libro profuso y difuso que viaja de África a Oriente, y desemboca en Europa, pasando por Grecia y Roma, Chile, Guatemala y Arabia Saudita en los tiempos de Mahoma.

 

Se necesita paciencia, pero vale la pena.

 

La idea central del libro es que el progreso, el bienestar y la paz sólo son posibles cuando una sociedad transita por un estrecho corredor que se abre entre el eje del poder de la sociedad y el del poder del Estado o Leviatán.

 

Es un proceso complejo y reversible -el libro está lleno de salvedades: factores externos que afectaron el proceso, por ejemplo- y advertencias sobre todo aquello que puede llevar a una comunidad a salirse del corredor.

 

Se trata de un difícil equilibrio entre el poder del Estado y la capacidad de movilización y organización de la sociedad civil.

 

Cuando el equilibrio se rompe y el Estado domina y oprime a la sociedad, los países se deslizan al territorio del Leviatán despótico.

 

Cuando el Estado se debilita y no quiere o no puede proteger a sus ciudadanos y gobernar de manera eficaz, las sociedades entran en el terreno del Leviatán ausente, garantía del caos, la violencia y la pobreza.

 

En cualquier momento de la historia, sólo las sociedades participativas, que ayudan a diseñar el marco legal y lo respetan, y maniatan al Leviatán -que buscará ser siempre despótico-, y lo obligan a proteger a los ciudadanos, resolver los conflictos con justicia y proveer los bienes públicos -educación, salud, infraestructura- progresan en democracia.

 

La clave está en la libertad que es la única garantía de una sociedad civil vibrante: un bien escaso a lo largo de la historia.

 

Robinson y Acemoglu encontraron innumerables ejemplos de Leviatanes ausentes y despóticos. Ninguno ha garantizado, a corto o largo plazo, la protección de sus gobernados ni el bienestar económico sostenido.

 

Las excepciones son mucho más interesantes: las pequeñas ciudades-Estado del norte de Italia, herederas involuntarias de Grecia que, como Siena, formaron comunas y gobiernos electos por representantes de sus ciudades, aprovecharon la libertad de comercio, se enriquecieron e inventaron de paso la banca moderna. Y, por supuesto, Europa.

 

Robinson y Acemoglu usan la metáfora de la tijera para explicar por qué los países europeos de hoy, que habían estado por siglos al margen de la historia, entraron al corredor del equilibrio de poder entre Leviatán y sociedad para garantizar la libertad, la democracia y el desarrollo.

 

Una hoja fue el fortalecimiento desde finales del siglo 5 de sociedades tribales que convocaban asambleas y seguían normas de toma de decisiones consensuales. La otra, el legado institucional y jerárquico del Imperio romano (y la Iglesia cristiana) que permitió construir Estados eficaces.

 

Inglaterra es el caso paradigmático -pero no el único-. La larga tradición de participación de todos los estratos de la población culminó con la Carta Magna que maniató al Leviatán.

 

Para el siglo 14, la Cámara de los Comunes era prácticamente independiente de la de los Lores. Se habían colocado los cimientos de la actual democracia parlamentaria, que se ampliaría hasta otorgar el voto a todos los ciudadanos entre el siglo 19 y el 20, y las bases de la Revolución Industrial.

 

El libro habla muy poco de México (nos toca apenas haber inventado las tortillas), pero no es necesario que nos dedique un capítulo entero para saber que hemos vivido fuera del corredor durante una larga historia y dentro de él, menos de dos décadas.

 

Es el Leviatán latinoamericano despótico, ideológico, burocratizado e ineficiente del que pocos países de América Latina han podido escapar: el proyecto de López Obrador. A ese regresaremos en mi próximo artículo.

 

Isabel Turrent


miércoles, enero 08, 2020

 

¿En verdad el plástico contamina mas?

En los últimos años, meses, hemos sido bombardeados con noticias, información y ahora leyes/reglamentos que nos dicen que usar plástico es malo, muy contaminante y debemos usar otras opciones "ecológicas".

Sin embargo, ¿en verdad las otras opciones son "ecológicas", no contaminan?

 

La realidad es que TODAS las actividades humanas contaminan, en mayor o menor medida, y de diferentes formas. No hay productos que no contaminen de ninguna manera. Claro, hay unos que contaminan menos. Pero ¿Nos tomamos la molestia de investigar qué tanto menos? ¿Vale la pena el costo?

 

Por ejemplo, ¿alguien se ha puesto a pensar cuánta energía se requiere para hacer vidrio y luego botellas? La industria del vidrio es sumamente extractiva en recursos minerales, e intensiva en energía para hacer y moldear el vidrio. El uso de gas, quemándolo y contaminando el aire, es muy intenso. Mucho mas que la energía para hacer una botella de PET.

Claro, el PET flota, llega a ríos y luego al mar. Es visible.

Pero ¿cuánto le toma a una botella de vidrio degradarse en un basurero? ¿No es contaminación un pedazo de vidrio? ¿Y el CO2 entre otros contaminantes emitido a la atmósfera?

 

Las botellas de vidrio son mucho más pesadas que las de PET, por lo que moverlas y luego reciclarlas requerirá más combustible, quemado, para su traslado. ¿Eso no contamina?

 

¿Qué se tiene que hacer como sociedad para reciclar el 100% de las botellas de PET? ¿Pagar el costo real de recoger y procesar la basura?

 

#PreguntasCabronas

#aguzados #PoliticoLovers


sábado, diciembre 28, 2019

 

Soberbia e improvisación

Soberbia e improvisación son las dos palabras que definen los primeros 12 meses de la actual administración.

 

La soberbia se ha hecho evidente en cinco elementos. El primero es haber llamado a esta gestión de Gobierno "la cuarta transformación", antes siquiera de haber tomado las riendas del aparato administrativo.

 

Después de un año, lo único que hemos visto es la destrucción de las capacidades humanas, presupuestales y administrativas de gestión de Gobierno. Pero ninguna transformación en positivo de alguna institución relevante.

 

El segundo elemento que hace evidente la soberbia es el desdén por la técnica. "No tiene mucha ciencia gobernar", dijo el Presidente, con esa sonrisa que parece burlarse de antemano de quienes se quejarán de sus palabras.

 

La ciencia y la técnica han quedado a un lado, y así los grandes proyectos de este Gobierno están dominados por el cálculo político y el dominio de la narrativa del día. Primero el mensaje, después el cálculo político, y que la realidad se adapte a ambos.

 

El tercer elemento que evidencia la soberbia es la ausencia de diálogo con expertos y críticos que estén fuera del movimiento partidista del Gobierno. Los que no son leales no tienen ni tendrán voz, parece ser el mensaje permanente. En cambio, quienes aplauden al Presidente tendrán un lugar en la mesa de decisiones.

 

El cuarto elemento se observa en la utilización del poder del Estado para deshacerse, poco a poco, de personas incómodas que ocupan cargos claves en instituciones que el Gobierno no controla.

 

El combate a la corrupción se ha convertido en una letal arma discursiva, que señala sin pruebas, ni juicio, ni posibilidad de defenderse, a quienes osan contradecir o estorbar su proyecto.

 

Y el quinto elemento es el alejamiento de México de los foros internacionales multilaterales de alto nivel. "No necesitamos al mundo", parece decir el Presidente con su renuencia a participar directamente en las mesas multilaterales que discuten los grandes problemas globales.

 

De la soberbia viene la improvisación.

 

A lo largo del año hemos visto cómo el control del discurso y el mensaje político dominan sobre los procesos legales, planeados, técnicamente sólidos y financieramente viables.

 

Comprar pipas por adjudicación directa para transportar gasolina por tierra. Cancelar un aeropuerto viable y necesario, para construir uno inviable e inservible. Eliminar programas sociales y reducir gasto en salud para construir una refinería.

 

Continuar obras inviables e inservibles como el tren México-Toluca y el Tren Maya, pero eliminar el Seguro Popular que ha recibido todo tipo de reconocimientos internacionales y ha salvado la vida de miles de mexicanos.

 

Anunciar la creación de 100 nuevas universidades, que en los hechos no son más que pequeños centros comunitarios que imparten algunos cursos improvisados.

 

Y esos son sólo algunos ejemplos. El problema es que esto no es sólo el recuento de un año perdido, sino que es, al parecer, la constante que dominará el año que entra y los que faltan.

 

La desesperanza de muchos mexicanos, incluso de aquellos que votaron por este Gobierno, es que no parece haber ningún signo de que la soberbia y la improvisación dejarán de ser la fórmula que dirige el ejercicio de Gobierno.

 

Y por eso la pregunta es: ¿qué nos queda a la sociedad civil mexicana?

 

La respuesta: construir alternativas. Regresar la ciencia y la técnica al centro del debate de la agenda pública para diagnosticar y evidenciar todo lo que está mal, para después plantear la vía adecuada.

 

Volver a convocar a los grandes expertos que México sí tiene, en los distintos temas, para crear soluciones a los problemas viejos, y a los nuevos que este Gobierno ha creado.

 

Y así, demostrarnos que en una democracia, la responsabilidad de construir Nación es de todos.

 

Max Kaiser

El autor es especialista en temas de Integridad y Anticorrupción.


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