lunes, mayo 05, 2008

 

Odios de ayer y hoy

"¿Por qué la reprobación en las doctrinas ha de cambiarse en odio a las personas?".
Melchor Ocampo


La discordia teológica a la que alude Ocampo desgarró el primer medio siglo de nuestra vida independiente. Su motivo principal fue la tolerancia de cultos. Negarla, refutarla, combatirla, fue un dogma irrenunciable para los conservadores. Afirmarla, fundamentarla, defenderla, fue una postura tenaz del ideario liberal. Fue un diálogo imposible: los primeros aducían principios absolutos; los segundos, realidades prácticas. ¿Quién tuvo la razón?

Según los conservadores, la tolerancia de cultos rompería la unidad religiosa de México y amenazaría la nacionalidad. ¿Para qué introducir "el error" si el país vivía ya en posesión de "la verdad"? La llegada de inmigrantes de otras religiones dañaría la moralidad, dejaría inerme a la Iglesia, propagaría falsedades y supersticiones entre el pueblo ignorante. El padre Agustín de la Rosa, famoso y caritativo sacerdote jalisciense que fue también astrónomo, escritor y redactor de La Religión y la Sociedad, veía el posible arribo de los "sectarios del extranjero" (es decir, los protestantes) como una maldición bíblica:


Todo les anuncia que ha llegado el día deseado por siglos de venir a vivir en delicias en el país del oro y de la plata... Pero el pueblo mexicano verá desvanecerse su pasado, sus tradiciones, sus costumbres, sus creencias... las riquezas que a él y no a otros se dignó conceder el Supremo Bienhechor.


Frente a estas creencias, Ocampo había resumido desde 1851 la justificación ética de la tolerancia: "¿Por qué para con todos los errores inofensivos hemos de mostrar indulgencia, y ninguna se ha de tener para... adorar a Dios de diverso modo que del que creemos bueno?".

En los debates del Congreso Constituyente (1856-1857), varios liberales (moderados en su mayoría y casi todos católicos activos) argumentaron que la tolerancia era una práctica común en toda Europa y una condición necesaria para atraer la necesaria inmigración. Cuando finalmente introdujeron en la Constitución una tenue provisión a favor de la libertad de creencia, la Iglesia la repudió y amenazó con excomulgar a todo aquel que la jurara. Acto seguido pasó lo de siempre: callaron las palabras y hablaron los fusiles, se desató la Guerra de Reforma.

A partir de 1867, la Historia no sólo dio el triunfo a los liberales, sino también la razón. Cuando el extranjero tan temido arribó por fin (tardíamente y a cuentagotas, a diferencia de Argentina o Estados Unidos) acrecentó con su trabajo la riqueza de México, se asimiló a las costumbres y tradiciones del país y no afectó en absoluto la antigua matriz católica y nacional. La vida cívica de México ganó mucho al instaurar la libertad de creencia y el respeto a las opiniones ajenas en materia de religión.

Pero el dogmatismo, como los virus, no muere: emigra. Primero el Estado liberal y luego, de manera más aguda, el revolucionario adoptaron una actitud de intolerancia extrañamente parecida a la de sus antiguos adversarios. El presidente Calles retomó los viejos instintos jacobinos y quiso nada menos que erradicar por la fuerza el catolicismo. Al fracasar, tras la Guerra Cristera, buscó "apoderarse de las conciencias infantiles", transmutando la "verdad única" del cristianismo en la "verdad única" del socialismo. Fracasó nuevamente. En tiempos de Cárdenas, el afán de ortodoxia dejó esos ámbitos religiosos y educativos para concentrarse en los preceptos sociales y nacionales del Artículo 27. A partir de entonces se fue configurando el dogma nacional revolucionario por excelencia: el dogma del petróleo.

En sentido estricto, el principio legal que lo sustenta no es sólo legítimo, sino también justificado y razonable: la riqueza del subsuelo debe pertenecer a la nación, es decir, al conjunto de los mexicanos. El problema está en la sutil suplantación que el Estado ha hecho de la nación: para todos los efectos prácticos, quien tiene la propiedad del petróleo no es la nación, sino el Estado, que delega la propiedad en el gobierno en turno. El gobierno, a su vez, es dueño de Pemex, o, más bien, socio mayoritario: el otro socio es el intocable sindicato. La "propiedad" de la nación es letra muerta.

La nueva clerecía mexicana (representada por López Obrador y sus seguidores) no hace esos distingos. Para ella el petróleo no es un recurso material perecedero sobre cuya naturaleza y operación se pueda, en rigor, debatir. Para ella el petróleo no pertenece a esa esfera terrenal. Para ella el petróleo es la sustancia trascendente de la soberanía: un principio inmutable, intocable, inagotable, celestial, el pan y el vino de la identidad nacional. Abordar y transformar la situación actual del petróleo de acuerdo con las mejores prácticas mundiales equivale para ella a "entregar" las riquezas que "se dignó conceder el Supremo Bienhechor" y "traicionar a México".

Todo esto no implica que la reforma energética propuesta sea la buena. Menos aún acabar con un monopolio público para crear uno privado. Lo que sí implica es la necesidad de debatir realidades, no principios. Si el debate no tiene lugar en esos términos y si la liberación (adoptada en el mundo entero) es estigmatizada como "privatización", la discordia civil se ahondará.

De la misma manera en que la intolerancia de cultos hizo perder tiempo a México, la intolerancia sobre el petróleo nos hará perder muy pronto el tren de la Historia. Cuando las reservas se agoten y se consoliden las diversas energías alternativas, será demasiado tarde. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que el dogmatismo del petróleo nos ha retrotraído ya al caudillesco siglo XIX. Lo peor es que el odio teológico se ha vuelto odio ideológico.


Enrique Krauze
--------------------------------

Para los que no saben (o no quieren) distinguir a los conservadores de hoy. A los que quieren mantener el status quo. A los que se oponen al cambio.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,


jueves, diciembre 13, 2007

 

AMLO: rebasado por la izquierda

A 'Marcos', a Cárdenas y a todos los críticos del "mesías tropical" se les dijo "traidores"

'Los Chuchos' y otros grupos siempre lo consideraron un político más proclive a la derecha

Durante los meses previos al proceso electoral del 2 de julio de 2006, algunas voces se alzaron en torno a la aparición de evidentes signos de que el férreo control que mantenía sobre su partido el entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, su estrategia electoral y hasta una buena parte de su programa se identificaban más con la derecha que con la izquierda mexicana que decía representar.

Por supuesto que en esos tiempos de fanatismo a toda prueba, del predominio del corazón por sobre la razón, esas voces fueron aplastadas y hasta satanizadas por todos aquellos que se asumían como seguros ganadores de la contienda presidencial. Una de las voces críticas a ese predominio de las prácticas de la derecha en una candidatura dizque de izquierda como la de AMLO fue la del subcomandante Marcos, el mítico guerrillero zapatista -hoy casi actor de fotonovelas-, que acertadamente calificó la campaña presidencial de Obrador y al propio líder tabasqueño "como el brazo derecho de la izquierda".

Esa definición marcó el rompimiento definitivo entre AMLO y el sub Marcos, al tiempo que al jefe militar zapatista -igual que a Cuauhtémoc Cárdenas y a todos los críticos del "mesías tropical"- se le endilgó el sambenito de "traidor". Lo curioso del caso es que muchos de los que hace meses defendieron con uñas y dientes la candidatura de AMLO, y que se sumaron a la condena contra los "traidores" que no pensaban igual que el tabasqueño y hasta criticaban sus desplantes de derecha, hoy son los que alzan la voz precisamente para advertir del "peligro" para el PRD que significa el liderazgo de AMLO.

Sí, por increíble que parezca, el grupo mayoritario en el PRD, ese que pudiera quedarse con el control del aparato partidista de los amarillos, alertó sobre el riesgo que corre la izquierda mexicana -léase el PRD- ante un liderazgo autoritario, de derecha, que cultiva el culto a la personalidad, como el de López Obrador.

"Nos enfrentamos a la visión de la derecha que alienta el individualismo, el personalismo, el culto a la personalidad… debemos tener cuidado de que en un partido de izquierda, y en el PRD, penetre como humedad la visión más conservadora del pensamiento de derecha, que hace a un lado y margina la acción social y la acción colectiva… ya que las profundas transformaciones sociales y económicas son resultado de la acción colectiva, no obedecen al mérito de un individuo, por más carismático y por más liderazgo que tenga; es mérito de la acción del pueblo, de las masas".

¿Quién cree usted que dijo eso? Sí, el señor Jesús Ortega, el aún jefe del FAP, líder del poderoso grupo político Nueva Izquierda en el PRD y candidato a presidente de los amarillos. ¿Y a quién cree usted que dedicó tan delicadas acusaciones? Pues sí, al señor Andrés Manuel López Obrador. Pero Jesús Ortega dijo más, para los que tengan dudas: "Peligrosamente penetra una visión de pragmatismo y de utilitarismo al interior del partido, con el afán de alcanzar propósitos individuales y objetivos particulares… cortémosle la cabeza a esa perversidad que se está colando al partido".

En realidad nadie se debe llamar sorprendido por las declaraciones de Jesús Ortega o de otros de los líderes de Nueva Izquierda contra el ex candidato presidencial, como tampoco debe asustar a nadie la campaña emprendida por el señor López Obrador contra sus compañeros de partido, Los Chuchos, a los que ha acusado de todo, desde que cambiaron "el morral por una Suburban" hasta "traidores", pasando por calificativos como los de "simuladores" y "encubridores". Y es que todos en el PRD, y fuera de ese partido, saben que el de Nueva Izquierda y otros grupos amarillos siempre consideraron a AMLO un político más proclive a la derecha que a la izquierda. Pero siempre se quedaron callados, en todo el sexenio anterior, porque pensaron que lo importante no era si llegaba al poder un hombre de derecha, con la piel de oveja de la izquierda, sino que lo importante era que las siglas del PRD alcanzaran el poder.

Pero como esa posibilidad se perdió, y como hoy el grupo de Los Chuchos vive su momento político -y la posibilidad de alcanzar el control del partido-, hoy dicen lo que siempre pensaron de AMLO, como el tabasqueño dice lo que siempre pensó de Nueva Izquierda. En realidad, el señor López Obrador "está siendo rebasado por la izquierda" de su propio partido, o por lo menos por uno de los grupos políticos que más se identifican con esa doctrina dentro del partido amarillo.

El problema de fondo, el choque entre grupos antagónicos del PRD -y la enseñanza fundamental para los ciudadanos-, es que en las luchas de y por el poder los políticos, sean de PAN, PRD o PRI, o de la doctrina que se quiera, son capaces de aliarse con el diablo si es necesario para acceder al poder, o de negar a Dios, si con eso consiguen el poder. El grupo de Los Chuchos y la camarilla de AMLO siempre han sido como el agua y el aceite, pero a ratos caminan juntos, como en 2006, porque juntos pueden acceder al poder, y a ratos pelean, como ahora, porque no caben juntos en la dirección de un partido como el PRD.

Y la declaración de Ortega, vista en retrospectiva, confirma que la carta de AMLO a los coordinadores parlamentarios -en la que rechaza la reforma electoral y al Cofipe-, la propuesta de Carlos Navarrete de formar un solo partido con las franquicias del FAP y los insultos del tabasqueño a los legisladores de Nueva Izquierda no son más que parte de la guerra que se libra por el control de la dirigencia del PRD, donde AMLO pretende seguir con el mando del partido, y Los Chuchos creen que esa etapa del caudillo se acabó. Lo demás no es más que espectáculo, circo político.

En el camino

Por cierto, se aprobó el Cofipe a pesar del voto de AMLO en contra. Lo curioso es la rapidez con la que se aprueba la reforma electoral. ¿Qué dieron unos y otros a cambio? Ya lo sabremos.

Ricardo Alemán

aleman2@prodigy.net.mx

Etiquetas: , , , , , , , , ,


jueves, agosto 23, 2007

 

Something rather exciting is happening in Latin America


MUCH of the news coming out of Latin America in recent years has been of radical populists proclaiming “revolution” or, as Venezuela's Hugo Chávez would have it, “21st century socialism”. In their widely propagated caricature, a tiny white elite in Latin America oppresses an indigenous majority whose poverty has been exacerbated by the free-market reforms imposed by the IMF and the United States.

So it might be hard to believe that in many countries in the region, and especially in Brazil and Mexico, Latin America's two giants, things are in fact going better today than they have done since the mid-1970s. The region is in its fourth successive year of economic growth averaging a steady 5%. In most places inflation is in low single digits. And for the first time in memory, growth has gone hand-in-hand with a current-account surplus, holding out hope that it will not be scotched by a habitual Latin American balance-of-payments crunch.

What is more, financial stability and faster growth are starting to transform social conditions with astonishing speed. The number of people living in poverty is falling, not only because of growth but also thanks to the social policies of reforming democratic governments. The incomes of the poor are rising faster than those of the rich in Brazil (where income inequality is at its least extreme for a generation) and in Mexico.

In both these countries a new lower-middle class is emerging from poverty (see article). Low inflation, achieved through more disciplined public finances and trade liberalisation, has brought falling interest rates. Credit has at last returned. So these new consumers are buying cars and DVD players or taking out mortgages. No wonder Latin Americans are in an optimistic mood: earlier this year a poll by the Pew Global Attitudes Project found a greater increase in personal satisfaction in Brazil and Mexico over the past five years than in any of the other 45 countries it surveyed.

Keep inflation low and fix the schools

So if things are going so well, why have radical populists and leftists done well in recent elections? Look closer: they have in fact failed to carry all before them. Out of a dozen presidential elections in the region in the 13 months to last December, the radicals won only four. Moderate governments, of centre-left or centre-right, are in charge in most countries.
That said, politics sometimes lags economics. Even as things started to improve, many Latin Americans were in surly mood because they had suffered through five years of stagnation or worse between 1998 and 2003. Besides, the progress is not uniform. In some of the smaller and poorer countries, the populists' caricature has a grain of truth to it. That is why Mr Chávez has friends in places like Bolivia and Ecuador.

But the important point is that the course upon which most Latin American countries are set -of democracy and open-market economies- is finally bearing fruit. The new middle class in countries like Brazil and Mexico derives its income from the private sector, not from public employment. There lies the big difference with Mr Chávez's Venezuela, where falling poverty depends almost entirely on a vast increase in public spending, and is thus hostage to the oil price.

Of course plenty of caveats are in order. The first is that it is not just in Venezuela that growth has been underpinned by higher prices for commodity exports. Nevertheless, in many other countries export-growth is broad-based. With China and India industrialising, it is unlikely that commodities will be as cheap as in the 1990s any time soon. A second obvious worry is that the current financial-market flap will end up making a serious dent in the growth of the world economy. But -mirabile dictu- thanks to its current-account surplus Latin America is not in the front line of this particular market panic.

Another caveat is that for all its recent progress, Latin America remains a long way from enjoying widespread affluence. In the region as a whole, some 38.5% of people remain poor according to national definitions. The gains are still fragile. But the lessons for governments are clear. To bolster the new middle class, it is crucial to keep inflation low. So is improving the shoddy education imparted in the region's schools and universities. And businesses in the region are still held back by lack of transport infrastructure and an excess of red tape.

The commodity bonanza won't last forever, so now is the time to fix these things. Do so and Latin America's democracies could turn an important corner, in which inequality, poverty and populism give way to prosperous middle-class democracies where the majority has an interest in stability.
-----------------------------
Tomado del Economist

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,


sábado, junio 02, 2007

 

Espectro ideo(i)lógico

¿Cuál es la ideología de alguien que cree que el libre mercado, en efecto, es mejor modelo económico que el populista, como lo cree Felipe Calderón, pero que está a favor del aborto, como Marcelo Ebrard?

¿Cuál sería el partido por el que votaría alguien que está a favor de las sociedades de convivencia, pero también a favor de la pena de muerte?

¿A qué corriente pertenece alguien que opina que sí hay que darle una lana extra a los viejitos, pero además piensa que, para financiar ese programa, debe realizarse una reforma fiscal urgente?

¿Cuál es la postura política de un mexicano que considera necesario abrir el sector energético, como Ernesto Zedillo, pero al mismo tiempo tiene un cuadro de Emiliano Zapata, como Carlos Salinas? ¿Cuál la de alguien que tiene un cuadro de Benito Juárez, como López Obrador, pero se autoproclama cristiano en cadena nacional, como López Obrador?

¿A qué perredistas les hago caso: a quienes criticaban el protagonismo de Marta Sahagún o a los que aplauden el de Mariagna Prats? ¿A qué perredistas les creo, a quienes deploran la guerra en Irak o a los que celebran el cierre de Radio Caracas Televisión?

¿Cuál, la de una mexicana que está a favor de la inclusión de educación sexual en los libros de texto gratuito, pero al mismo tiempo a favor de castigar los celos, la indiferencia y el desamor de su pareja? ¿Cuál es la ideología de alguien que está a favor de la democracia y contra el autoritarismo, mas al mismo tiempo es fiel defensor del principio de no intervención en política exterior?

¿A qué fracción pertenece alguien que opina que no debe ser privatizado Pemex, pero, además, que es muy importante escuchar a Norberto Rivera todos los domingos? ¿A qué panistas les hago caso: a quienes van con todo contra el crimen organizado o a los amigos de Nahum Acosta? ¿A quién le creo, al PAN de Manuel Espino o al PAN de Felipe Calderón? ¿A qué PRI pertenece un gobernador que compra votos y, a cuál, otro que impulsa la Reforma del Estado? ¿A qué priistas les creo: a quienes están a favor del IVA en alimentos y medicinas o a los que están en contra?

¿Con qué PRI se va a quedar el PRI: con el que perdió en 2000 o el que perdió en 2006? ¿A qué priistas les creo: a quienes tienen departamentos en Miami, como Roberto Madrazo, o a las que los tienen en París, como Elba Esther Gordillo? ¿A qué PRI le hago caso: al que es progresista en lo político, pero conservador en lo económico, o al que es liberal en lo económico, pero autoritario en lo social? ¿A qué PAN le hago caso: al que es conservador en lo moral, pero globalizante en lo económico? ¿A qué PRD: al liberal en lo moral, pero conservador en lo político, o al conservador en lo económico y populista en lo social?

Liberal versus conservador. El problema de toda la esquizofrenia política que hay en nuestro país estriba en que el espectro partidista es una porquería que no responde a los nuevos ejes del espectro político. La izquierda y la derecha ya no existen como las conocíamos: ahora tendríamos que dibujar un diagrama con, al menos, dos ejes: el típico izquierda-derecha en términos económicos, con un eje que cruza en medio liberal-conservador en términos sociales (ahí entran también los debates de moralidad).

Con esta geometría, podríamos encontrar que el PAN es un partido liberal en lo económico (pro libre mercado), pero conservador en lo social (contra aborto, matrimonios gay, etc.).

El PRD es conservador en lo económico (régimen estatista) y liberal en lo social.

El PRI es el más esquizofrénico de todos, porque tiene una ideología conservadora en lo económico (estatista), pero una práctica liberal (pro libre mercado) en la realidad; y un discurso liberal en lo social, pero conservador en la práctica.

Por eso quedan prácticamente vírgenes dos espacios muy importantes en el espectro partidista mexicano. Por un lado, el "liberal-liberal" (en lo económico y en lo social), generalmente definido como "socialdemócrata", aunque este espacio lo pretenden disputar el Partido Alternativa y el Nueva Alianza. Y, por otro lado, la repisa "conservador-conservador", intermitentemente disputada por fracciones del PRI y del PRD.

Así que, mientras las diferencias entre conservadores económicos y conservadores sociales o entre liberales económicos y liberales sociales se sigan ignorando y los políticos no saquen del clóset sus reales diferencias, la esquizofrenia partidista (en donde el "fuego amigo" es el denominador común de los "partidos partidos") seguirá siendo el PAN, el PRI y el PRD nuestro de cada día…

Yuriria Sierra, Excélsior, 31 de mayo 2007

------------
Mis comentarios personales sobre este tema dando click aquí.

Etiquetas: , , , , ,


This page is powered by Blogger. Isn't yours?