lunes, julio 28, 2008

 

Hacen consulta al estilo PRD

Reforma, Cd. de México (28 julio 2008).- Ocho días después de que el PRD anuló su elección de dirigente nacional entre cuestionamientos internos por la manera en que se condujo el proceso, el Gobierno perredista del Distrito Federal organizó ayer una consulta ciudadana sobre la reforma petrolera... que mostró el sello del "Sol Azteca".

Instalación caprichosa de casillas, acarreo de votantes, tinta indeleble que sí se borraba y regalos a cambio de votos fueron parte de una jornada que se caracterizó por la escasa asistencia de electores a las urnas.

La ubicación de puntos de votación, por ejemplo, se hizo sin tomar en cuenta criterios científicos, concentrando la mayoría en sectores frecuentados por simpatizantes del PRD.

Además, en Iztapalapa se comprobó que cientos de personas fueron a votar a cambio de playeras, gorras y hasta sobres con dinero entregados por dirigentes perredistas, como ocurrió en la unidad habitacional Vicente Guerrero.

Ante la baja afluencia de votantes, Manuel Camacho Solís, coordinador nacional del ejercicio, responsabilizó al PAN y al Gobierno federal de inhibir la participación de al menos la mitad de personas que hubieran podido tener.

Por la noche, José Ángel Ávila, Secretario de Gobierno del Distrito Federal, dijo que se proyectaba una participación de alrededor de 870 mil personas, es decir, poco más del 10 por ciento del padrón electoral capitalino.

No se informó de la participación en los otros nueve Estados donde ayer también se realizó la consulta, que presuntamente busca medir la postura ciudadana ante la propuesta de reforma petrolera del Presidente.

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Puras mentiras del Reforma, el periódico de la derecha. La tinta se borró porque desde Bucareli se orquestó un compló y modificaron la fórmula. Y esos regalos son puras mentiras. La gente fue por su propia voluntad. Yo fui y no me dieron nada y no vi que dieran.

:-D

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lunes, mayo 12, 2008

 

Tragedia, farsa, bufonada

No recuerdo quién decía que la historia sucede siempre dos veces. Sí me acuerdo de quién agregaba que la segunda ocasión, se aparecía como farsa. Tras la tragedia, una imitación grotesca. En "El 18 Brumario de Luis Bonaparte", su mejor ensayo político, Marx sentenciaba que los hombres hacen su historia, pero que no la hacen a voluntad, bajo circunstancias producidas por su deseo, sino bajo las condiciones impuestas por la historia. Así, los agentes de la historia tienen el cerebro enmarañado por fantasmas del pasado. Tradiciones de los muertos convertidas en pesadillas sobre el cerebro de los vivos. Así, sin percatarse siquiera de lo que hacen, los agentes de la historia toman prestados otros nombres, antiguas consignas, ropas y disfraces. El pasado secuestra al presente.

El seco economista se convertía, al escribir "El 18 Brumario...", en un dramaturgo extraordinario. Es que su libreto de la historia encontraba en la coyuntura francesa un desafío que un pensador escrupuloso no podía ignorar. Marx deja atrás las grandes categorías sobre la estructura, escapa de las gruesas sentencias sobre la mecánica del tiempo social, y deja a un lado la estricta crítica del capitalismo. Para entender eso que juzgaba como una anomalía, el filósofo de la historia deviene artista: apreciar las formas de la sociedad en movimiento; colorear la atmósfera del presente; capturar el perfil de los protagonistas.

El sabio desmenuza aquí la complejidad del presente; retrata a los personajes del momento, analiza las decisiones, siente el flujo de la historia. Apuntaba Marx: "La revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa del pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse acerca de su propio contenido. La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido".

Para Marx, la historia, lejos de ser siempre una vía de ferrocarril, es en ocasiones una feria de absurdos y sorpresas. Absurdos que, por cierto, tenían dimensión cómica. Los tíos suelen tener sobrinos ridículos. El presente francés que tanto le intrigaba es visto por él como una mezcla de contradicciones: agentes constitucionales que conspiran contra la Constitución; revolucionarios que se presentan como defensores de la ley. "En nombre de la calma una agitación desenfrenada y vacua; en nombre de la revolución los más solemnes sermones en favor de la tranquilidad; pasiones sin verdad; verdades sin pasión; héroes sin hazañas heroicas; historia sin acontecimientos, un proceso cuya única fuerza propulsora parece ser el calendario, fatigoso por la sempiterna repetición de tensiones y relajamientos; antagonismos que sólo parecen exaltarse periódicamente para embotarse y decaer, sin poder resolverse". El economista también se vuelve aquí pintor de plomo: "si hay un pasaje de historia pintado en gris sobre gris, es éste". Hombres y acontecimientos no son más que "sombras que han perdido sus cuerpos". Sombríos personajes y ridículos en tiempos cuyo único impulso es el calendario.

Si la historia, al repetirse, deja de ser trágica para convertirse en farsa, ¿cómo se podría describir en su tercera visita? ¿Cómo se describe la reescenificación de una farsa? El 2006 quiso ser pintado como una reedición del 1988 o, con un grado de demencia mayor, como reposición de la lucha por la restauración de la República. Se pretendió vender la idea de que el autoritarismo hizo fraude en el 2006, impidiendo la llegada de una alternativa de izquierda al poder, a través de trampas que falsearon la voluntad electoral.

Insistiría en lo que se ha dicho muchas veces, el paralelo es insostenible. De 1988 al 2006 cambió un régimen. No se dio simplemente una alternancia en el 94: se transformaron las reglas, cambió la distribución de los poderes, aparecieron nuevas rutinas y se instaló la incertidumbre. También se quiso evocar el pasado juarista: frente a la ilegitimidad del emperador francés, el terco y viajero símbolo de la legitimidad. Esta analogía no vale siquiera un comentario. El hecho es que la "izquierda" lopezobradorista parece incapaz de despojarse de esas supersticiones históricas. El (Cuauhtémoc) Cárdenas valiente que no transige con el fraude; el Juárez renacido que encarna a la República; ahora el (Lázaro) Cárdenas vuelto a nacer.

El hecho es que hoy parece revivirse el enfrentamiento retórico postelectoral en la sede de lo que todavía se llama PRD. Ya tenemos el cuadro de los personajes que personifican nuevamente papeles de la historia reciente. El pleito perredista arremeda toscamente la comedia nacional de los últimos dos años. Cada bando tiene su legítimo y su pelele; cada uno abraza sus cuentos de fraude, de intervenciones indebidas, dados cargados, albazos, madruguetes y árbitros tendenciosos. El espectáculo es penoso. El pasado que restituye es demasiado cercano para no colorear de patetismo el circo. El guión anticipa el desenlace. Tras el desconocimiento de la resolución institucional, se proclamará un presidente perredista legítimo y se procederá a los actos de repudio del presidente perredista pelele. Tiene una lógica graciosa: el legítimo tendrá un partido legítimo y ese partido legítimo su dirigente legítimo. De la tragedia a la farsa; de la farsa a los porrazos de las marionetas.

Alejandro Encinas decía hace un par de días: "ya estamos igual que en la elección del 2006". Se le olvidó decir que, si entonces fue una farsa, ahora se trata de una bufonada.



Jesús Silva-Herzog Márquez
http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/

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martes, octubre 02, 2007

 

El negocio del ayer

El eco es ensordecedor. Por momentos causa aturdimiento: nada cambia, es lo mismo, siempre es lo mismo, nada cambia, es lo mismo, siempre lo mismo. Fraude, fraude, fraude, medio siglo de fraudes; allí está el 2006 como prueba; políticos que se enriquecen, una y mil veces, la lista no acaba, es lo mismo priistas, panistas, perredistas, verdes, lo que sea, llevamos décadas viendo la misma historia. Primero muy circunspectos y después aparecen las grandes casonas o las cuentas bancarias. Es lo mismo. Bombas por aquí y por allá, nunca acaban, ¿qué quieren? Lo que pasa es que la política no está abierta, eso los justifica, al igual que hace 40 años, nada ha cambiado es lo mismo; violaciones a los derechos humanos, ya lo sabemos, nunca cesan, para qué tanto cuento con la CNDH si las policías y el Ejército hacen lo que quieren. Y ahora de nuevo nos amenazan con "hiperinflación".

El escepticismo crece cuando se habla de la violencia callejera, o de la guerra contra el narco o de la administración de justicia, o de los políticos, diputados, senadores, líderes sindicales millonarios, etc. ¿Qué ha cambiado?, se pregunta mucha gente. Vamos para atrás. Este país está podrido, no tiene solución. Los argumentos los escucha uno un día sí y el otro también. México vive días de desilusión, peor aun, de hartazgo. Todos somos, en alguna medida, responsables de ello. El problema es que siendo presas de esa actitud todos los matices se pierden, el enfado conduce y la ilusión de un mejor mañana no encuentra lugar. Atrapados en el torbellino de la autoflagelación no hay futuro promisorio, ni siquiera vale la pena intentarlo. Con la desesperanza instalada entre nosotros es difícil siquiera imaginar un mejor mañana. Por allí se comienza. ¿Cómo llegamos ahí?

Lo primero es quizá el veneno que introdujo la elección del 2006. La intención es clara: convertir a esa fecha en un nuevo acto fundacional: 1988 y 2006. En la lectura burda nada ocurrió entre las dos fechas. Con todas las deficiencias del 2006, es innegable que los dos expedientes son muy distintos. Entre las dos fechas hubo un quiebre definitivo en la concepción de las instituciones que rigen la vida electoral. La comparación es falsa. Pareciera que por momentos somos incapaces de asimilar los cambios que el país ha vivido.

"Miles y miles" de muertos decía un popular conductor de televisión para referirse al 68 y de allí brincar a las tropelías de las fuerzas armadas en los operativos del 2007. El problema es que esos "miles y miles" de muertos nadie los ha podido comprobar y que varios conocedores nos remiten a menos de 100 muertos y desaparecidos. Un horror, que quede claro. Pero en nada ayuda a la verdad jurídica e histórica seguir alimentando ese mito que se ha convertido en un muy buen negocio político.

Decir que estamos igual que durante la "guerra sucia" es un despropósito mayor. Hace 20 años, el término "derechos humanos" era manejado sólo por académicos. Hoy existe una creciente cultura al respecto además de la institución nacional y las locales. Por supuesto que sigue habiendo atropellos y no se debe bajar la guardia, pero decir que estamos igual que hace medio siglo es faltar a la verdad, mentir, y las mentiras tienen consecuencias.

La pobreza crece, sueltan con gran aplomo algunos "pobresionistas" que han encontrado en el tema un manantial inagotable. Hay, sin embargo, un pequeño problema, tanto los indicadores nacionales como los internacionales muestran lo contrario. Pero lo que debiera ser una buena noticia viene a incomodar. Porque el pasado mexicano se convirtió en un gran negocio. Apuntalados en esas versiones que mucho tuvieron de verdad, es que se construyó el avance democrático del país. Pero tenemos que aprender a enterrar discusiones para así poder encarar la realidad.

"Aumento general de salarios" fue la consigna de un legislador para poder así contender con la "hiperinflación" que se ha desatado. De nuevo, ¿"hiperinflación"? Al país le ha llevado décadas encauzar la economía. Hoy el Banco de México goza de un estatuto institucional muy diferente y cuenta con instrumentos. ¿Por qué envenenar a la opinión pública? Que hay presiones inflacionarias, por supuesto, pero es momento de enterrar el discurso incendiario.

Ni en democracia, ni en derechos humanos, ni en pobreza, este país es igual al de hace un cuarto de siglo. Por supuesto que hay rubros vergonzosos como lo es la realidad de los pueblos indígenas o la migración de connacionales, o los niveles de corrupción, o los educativos o el bajo ritmo de crecimiento. Pero usufructuar el pasado sin atender los logros, que también los ha habido y muchos, es convertir la política en una farsa muy irresponsable. Es claro que la evolución vende menos, pero fomentar la ilusión revolucionaria, el cambio súbito, que tanto prestigio da, es irresponsable. Mientras no denunciemos las mentiras y admitamos los cambios, el hartazgo continuará.

Un ejemplo, justificar así sea de manera edulcorada los actos terroristas argumentando que es otra forma de hacer política válida ante la cerrazón, es una bofetada a la democracia, imperfecta, en la que muchos se empeñaron. No aceptar el avance en la lucha en favor de los derechos humanos es una auténtica afrenta a quienes se entregaron a esa batalla. No admitir la apertura informativa ofende. No aceptar ciertos beneficios de la apertura comercial es meter la cabeza en un hoyo.

Hay muchas injusticias que discutir, muchas causas que defender, pero convertir al pasado en un negocio es una infamia.


Federico Reyes Heroles

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viernes, agosto 31, 2007

 

IFE: ¿el San Salvador Atenco de Calderón?

Si el presidente Calderón y el PAN aceptan la remoción de los consejeros del IFE con la consiguiente desaparición del Instituto, estarán cayendo en una trampa política que será, para esta administración, el equivalente al San Salvador Atenco de Vicente Fox, a la decisión de no construir el aeropuerto metropolitano, por la oposición concertada de un grupo militante ligado a otros, armados. En aquella ocasión, con el argumento de la necesidad del diálogo y de no utilizar la legítima violencia del Estado, la administración de Fox dobló las manos y mostró su debilidad. Nunca se volvió a recuperar de ese hecho el Presidente.


Hoy la trampa es similar: nadie duda que el sistema electoral y el político necesitan cambios radicales; tampoco que los partidos y el Congreso sufren una profunda crisis de legitimidad social, pero en el contexto de la reforma electoral en ciernes, se pretende desaparecer el IFE, como una medida para remover a todos sus consejeros con el argumento de que es el Instituto el que debe recuperar legitimidad y asumiendo, de esa manera, que los comicios del año pasado no fueron legítimos. Ese es el verdadero y único mensaje de esa negociación.

El IFE es una institución autónoma, cuyos miembros fueron elegidos por dos tercios de los miembros del Congreso en la pasada Legislatura y hasta 2010. Ahora se argumenta que no hubo unanimidad en la votación, pues tampoco la ha habido en la designación de la mayoría de los integrantes de la Suprema Corte de Justicia, del Tribunal Electoral del Poder Judicial o de los integrantes del Banco de México. ¿Implica ello que, cuando a un grupo de legisladores no les guste una decisión de la Corte, del Tribunal Electoral o de política monetaria, destruirán esas instituciones para remover a sus integrantes?

Sin duda, el IFE cometió algunos errores puntuales; también es verdad que existen personajes en la vida política nacional que podrían tener mayor experiencia que algunos de los actuales consejeros. Pero resulta que éstos son los que eligió el Congreso, es la institución que nos dimos, a un altísimo costo social y político, los mexicanos y resulta, además, que su accionar en los pasados comicios se ciñó estrictamente a la ley, que en la organización y el conteo electorales participaron más de un millón de ciudadanos y otro millón de representantes de los partidos y que ninguno de ellos, incluida la coalición Para el Bien de Todos, presentó prueba alguna de que hubiera vicios de origen o en los comicios. ¿Cuál es entonces la legitimidad que debe recuperar el IFE?

Si el PRD quiere vengarse por la derrota electoral o el grupo priista que respalda al senador Manlio Fabio Beltrones, con sus remanentes del madracismo, quiere ajustar cuentas con Elba Esther Gordillo, es su problema: en última instancia, López Obrador perdió por la enorme cantidad de errores políticos cometidos y, cuando se designó a este consejo, los priistas habían elegido, para bien o para mal, a Elba Esther como su secretaria general y coordinadora parlamentaria. Muchos de quienes ahora abjuran de Gordillo deberían por lo menos recordar que, sin ella, Madrazo jamás hubiera ganado la presidencia del partido y ellos no ocuparían, hoy, esas posiciones. Las cuales, por otra parte, en el caso de los legisladores, son producto de la misma elección que ahora descalifican.

Desaparecer al IFE y remover a sus consejeros es legalmente cuestionable y terminará en la Suprema Corte (¿puede el Congreso votar una reforma constitucional que vaya en contra de los principios de la Carta Magna?), pero ello no puede hacerse sin una reforma constitucional y si el PAN y Nueva Alianza, por lo menos, se oponen a esa decisión, no podrá darse ese paso que implicaría, insistimos, que el presidente Calderón asumiera que su elección no fue legítima y hubo fallas fundamentales en el proceso comicial. La actual administración no se recuperaría jamás de ese golpe.

Se argumentará que, si no se concede la cabeza de los consejeros del IFE, entonces el Congreso o el PRD y el PRI no dejarán gobernar a Felipe Calderón. Es lo mismo que se dijo para no actuar en Atenco. En realidad, de lo que se trata es de hacer política y asumir responsabilidades. ¿Que no habrá reforma fiscal?, será responsabilidad de esos legisladores, quienes además la han convertido en una microrreforma donde, paradójicamente, los que saldrán más damnificados serán los gobernadores del PRI y los del PRD. ¿Que no habrá reforma electoral? Es responsabilidad de los partidos: es algo que debe resolver el Congreso, no el Ejecutivo. ¿Que no habrá reforma en el régimen fiscal de Pemex? Sería una lástima, pero esa, recordemos, es una propuesta del PRI, no del PAN ni del gobierno. ¿Que el gobierno no podrá gobernar? No es verdad: el gobierno federal debe cumplir con su labor: combatir la pobreza, garantizar la seguridad, mejorar la economía, promover los empleos. Hacer que el gobierno funcione eficientemente, que el gabinete cumpla con sus responsabilidades. Allí está la verdadera batalla política, de eso dependerá el futuro de la administración de Calderón. En algunas cosas llegará a acuerdo con sus oposiciones, en otras, no, pero no puede ignorar la legalidad ni paralizar las políticas públicas en busca de consensos falsos.

La opinión pública está siendo distraída con la ceremonia del Informe de Gobierno cuando ello no es sino un procedimiento de forma, donde no debería haber más negociación que atenerse estrictamente a lo que dicen la ley y el reglamento del Congreso (sobre todo cuando más de 70% de los ciudadanos rechazan la posición de impedir la ceremonia) y, en el camino, estamos perdiendo de vista un punto crítico para el futuro del país. Si el PAN y la administración federal aceptan refundar el IFE y remover a sus consejeros, estaríamos ante el San Salvador Atenco del actual sexenio y los costos serían similares.

Jorge Fernández Menéndez

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lunes, julio 02, 2007

 

El día del derrumbe

Todas las encuestas que se han dado a conocer en estos días, presentadas de diferente manera, coinciden en un punto: la popularidad de López Obrador está en los mismos niveles (y, en algunos estudios, por debajo) que los del PRD en 2003, cuando obtuvo 18% de los votos. Ayer, López Obrador demostró, en la pálida concentración dominical pletórica de acarreados y de respaldo directo del Gobierno del DF, que no está muerto políticamente, pero que se trata de un político más que, como otros en el pasado, dilapidó su capital luego de una larga serie de errores, malas lecturas y mentiras.

Hace un año, se vivió la jornada electoral más cerrada de la historia del México contemporáneo. Lo sorprendente de ella fue, primero, la participación ciudadana, mucho más alta de lo esperado; segundo, la tranquilidad: durante el día no hubo, prácticamente, un solo incidente importante en todo el país ni se reportaron quejas ante el IFE; tercero, el grado de participación de la gente en la organización y el cuidado de los comicios: además de los representantes de todos los partidos, hubo un millón de personas atendiendo casillas y computando votos en todo el país.

Durante la jornada hubo una multitud de encuestas que se iban levantando para saber cómo evolucionaba el voto: en las primeras horas, hubo una leve ventaja de López Obrador que hacia el mediodía ya se había perdido y, desde entonces hasta el final del día, todos los estudios daban un resultado muy cerrado que impedía pronosticar un ganador o una leve ventaja, que iba de uno a dos puntos, de Felipe Calderón. A las diez de la noche, el IFE tenía el resultado del conteo rápido que estaba en el límite que el propio IFE se había dado: una ventaja de 0.6% para Calderón, por lo que Luis Carlos Ugalde salió a los medios a reconocer que no podía dar un resultado final mientras no terminara el conteo en todo el país. Pero todos los resultados: el conteo rápido, el PREP, el recuento distrital, el organizado en agosto por el Tribunal Electoral, coincidieron casi con exactitud en el mismo resultado: Calderón ganó la Presidencia por poco más de 200 mil votos.

López Obrador no dijo la verdad en toda la etapa final de la campaña: había mencionado que tenía encuestas, que jamás mostró, que lo tenían con diez puntos de ventaja (en realidad, en los días previos a la elección, estaba hasta tres puntos debajo de Calderón y, si pudo recuperar esos espacios, fue por la operación realizada en algunos lugares del Distrito Federal, como Iztapalapa y el oriente del Estado de México, donde ocurrieron, paradójicamente, las mayores irregularidades de ese domingo 2 de julio) y, ese mismo día, ordenó que se anunciara que había ganado por 500 mil votos de ventaja. Era, lisa y llanamente, una mentira: no sólo no tenía un solo estudio que lo demostrara (y tampoco lo demuestran, al contrario, ninguno de los libros que sus simpatizantes han puesto en circulación estos días, incluido el de López Obrador), sino que su propia encuestadora oficial, Ana Cristina Covarrubias, le había informado que había perdido por un punto. No importa si esa noche, en un momento de debilidad, López Obrador, como escribió Carlos Tello, pronunció o no la palabra "perdí". Lo importante es que sabía que había perdido y mintió.

Fue después cuando comenzaron los mitos, las historias del fraude cibernético que, al no poder ser comprobado, se convirtió en el fraude a la antigua; las acusaciones contra otros militantes y dirigentes partidistas, por no haber "operado" lo suficiente en su favor; las descalificaciones a sus respectivos representantes de casilla, a quienes acusó de haberse vendido. Y luego la larga serie de disparates políticos: desde el plantón en Reforma y el Centro Histórico hasta la autoproclamación como presidente legítimo. López Obrador ya había perdido la brújula mucho tiempo atrás. No la ha recuperado, la ha extraviado por completo y la ciudadanía lo percibe con claridad: hoy, 15% aproximadamente votaría a favor de él.

Jorge Fernández Menéndez

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AMLO, izquierda errática

Con su mentira a cuestas sigue en su incierto camino López Obrador. Bien sabe que defrauda cuando de fraude habla, pero no puede ya dar marcha atrás, ni asumir la responsabilidad que le toca por haber desesperanzado a aquellos para quienes dijo ser un rayo de esperanza. Su soberbia lo perdió, y él todavía no se encuentra. Sigue aferrado a sus mitos; se empecina en tocar una y otra vez el mismo disco, cada vez más gastado y cada vez más oído.

El título del libro que escribió, y que a muy pocos ha interesado, se divide entre la ficción absurda y la arrogancia ciega. Una nueva invención, la de "la mafia", sustituye a la manida cantaleta del "compló". Y la baladronada: "Sólo le han quitado una pluma a nuestro gallo", no sólo es risible por su despego absoluto de la realidad, sino sigue mostrando la voluntad de AMLO de ser el único caudillo, y de que en él se agoten todas las posibilidades de la izquierda.

Cada vez menos gente cree en López Obrador. Una encuesta del Grupo REFORMA reveló que uno de cada tres ciudadanos que votaron por él se arrepienten de haberle dado su sufragio. El recorrido que ha hecho por el País ha servido sólo para evidenciar el creciente desánimo de sus partidarios, y aun del grupo más cercano de sus seguidores. Algunos de ellos ya se atreven a mostrar su inconformidad ante un movimiento personalista que no hace propuestas y cifra su futuro únicamente en las acciones callejeras. Se irá desgranando esa mazorca cuando los integrantes del primer círculo de AMLO pierdan el miedo a ser tildados de traidores si se atreven a dudar de los dogmas propuestos por el iluminado líder, y cuando reconozcan que la izquierda es mucho más que un cabecilla a quien favorecieron circunstancias pasajeras, pero que por sí mismo no tiene consistencia, según lo prueban sus errores y la vacuidad de su discurso egocentrista, cada vez más alejado de la sociedad y de lo que México demanda.

Es una pena, por eso, que el jocoque -no la crema- de la intelectualidad vernácula siga firmándole cheques en blanco a López Obrador. Ya parecen decirle, eco de los pasados tiempos: "Contigo hasta la ignominia, Andrés Manuel". Intelectuales así dejan de serlo, y se convierten en meros propagandistas, cuando renuncian a la permanente actitud crítica y libertad de pensamiento que caracterizan al verdadero intelectual, y se entregan sin condiciones, con devoción de fanáticos, a un dogma o una falacia. No sólo existe la corrupción del dinero: existe también quien se corrompe por mera vanidad; por pose que a fuerza de ser fingida se vuelve cursilona; por miedo al abucheo de la turba, o por falta de carácter e integridad para enmendar el rumbo y mantenerse en la mentira, aunque ya se haya descubierto.

Estamos en presencia de una lamentable izquierda, errática y dividida, que se gasta y agota dándose cabezazos contra un resultado electoral que nada puede ya cambiar, organizando concentraciones cada vez más desconcentradas, y apostándole a la algarada y el desorden sin otro fin que el de joder por joder, y nada más. Así las cosas, el "gobierno legítimo" se ve muy ilegítimo, muy falto de legitimidad. Quienes pensamos que México necesita un gobierno de izquierda democrática que procure justicia a los más pobres, nos sentimos desolados al ver esa caricatura de izquierda, clientelar, personalista, estéril, alejada de la realidad y en pugna consigo misma y con el interés nacional. Mientras esa llamada izquierda no deje atrás a López Obrador y sus rencores; mientras no aprenda a ver hacia adelante y a sacar provecho de los errores cometidos; mientras se obstine en dar más importancia a la calle que al Congreso y privilegie más la violencia que el diálogo y la negociación, esa izquierda seguirá siendo lo que hasta ahora ha sido: una esperanza defraudada.

Armando Fuentes Aguirre
afacaton@prodigy.net.mx

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jueves, junio 28, 2007

 

El mito del fraude

Una verdadera avalancha de libros nos lleva a revisar la jornada electoral del 2 de julio de 2006. Muchos han sido elaborados por famosos políticos o intelectuales de izquierda que reiteran la idea de que hubo un gran fraude en la elección presidencial. Ahí están "Reporte 2006: el desquite" de Socorro Díaz, "Los medios y los jueces: la guerra sucia de 2006" de Julio Scherer y Jenaro Villamil, y "La mafia nos robó la presidencia" de Andrés Manuel López Obrador, que se lanzará este próximo domingo.

Pero en medio de estos libros de autores de altos vuelos, hay uno mucho más modesto, escrito por el Dr. Fernando Pliego Carrasco, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, cuya única virtud es el rigor académico. Se trata de "El mito del fraude electoral en México" (Editorial Pax México).

El Dr. Pliego desmenuza varios de los mitos del fraude electoral del 2006 con un análisis sistemático y contundente de la información estadística. El primero de los mitos es el que sostiene que el comportamiento del PREP, el Programa de Resultados Electorales Preliminares, "no tiene una explicación lógica", como dijo en su momento López Obrador. Pliego muestra, por el contrario, que todo el desarrollo del PREP respondió exactamente a lo que podría esperarse si se consideran los grados de marginación de las comunidades y la distancia a los centros distritales desde donde se transmitieron los datos. "No encontramos entonces un 'fraude cibernético'", escribe, "sino una explicación social y geográfica para entender el comportamiento del PREP".

Algo que nunca entendió López Obrador mientras sostuvo la tesis del fraude cibernético -que después rechazó por la del fraude "a la antigüita"- es que el PREP es un simple ejercicio de comunicación cuyas cifras no tienen validez legal. El recuento oficial de los votos se realiza en los centros distritales sobre la base de las actas preparadas en las secciones (actas que, a propósito, fueron objeto de muy pocos cuestionamientos por los representantes de casilla de la Coalición por el Bien de Todos, lo que llevó a López Obrador a acusar a sus propios representantes de casilla de deshonestidad).

Pliego reconoce que "los ciudadanos participantes en las mesas directivas de las casillas... cometieron una gran cantidad de errores aritméticos cuando realizaron su trabajo de cómputo y escrutinio de votos". Pero rechaza el mito de un intento sistemático para favorecer al candidato Felipe Calderón. "Dichos errores se distribuyeron de manera semejante en el caso de las casillas ganadas por Calderón (en 58.2 por ciento de 59 mil 042 casillas) o donde López Obrador triunfó (en 61.2 por ciento de 54 mil 020)... Tal correspondencia... sólo es explicable por la índole aleatoria o involuntaria de los errores".

El investigador de la UNAM rechaza también el mito de que el recuento "voto por voto y casilla por casilla" haya podido descubrir un supuesto fraude electoral. "El recuento de 11 mil 718 casillas y la anulación de 748 casillas ordenados por el Tribunal Electoral" resultaron en modificaciones "insignificantes" a pesar de que se trataba en su mayoría de casillas protestadas por la Coalición por el Bien de Todos. La muestra de casillas objeto de recuento era suficientemente grande como para mostrar un cambio de tendencia en caso de que realmente hubiera existido alguna discrepancia sistemática entre las boletas y las actas.

Pliego considera también el mito de que el gasto gubernamental en programas como "Oportunidades" o "Microrregiones" compró votos para Calderón. Encuentra por el contrario que en las comunidades beneficiadas el voto favoreció a López Obrador y al priista Roberto Madrazo, dejando a Calderón en tercer lugar. En comparación con elecciones anteriores, los partidos de izquierda registraron su mayor crecimiento en estas zonas favorecidas por los programas sociales del Gobierno federal.

El autor estudia también el mito de que la intervención del Presidente Vicente Fox en la elección a través de anuncios y declaraciones en contra del populismo, pero que no mencionaban a López Obrador, inclinó la elección a favor de Calderón. Las encuestas disponibles, sin embargo, muestran que mientras esta campaña estuvo al aire Calderón perdió terreno. Sólo después empezó a caer López Obrador, pero esto como consecuencia de sus propios errores.

Entiendo que el doctor Pliego no es una de esas grandes vacas sagradas que están publicando libros para defender la tesis del fraude. Sus conclusiones, además, no son "políticamente correctas". Por otra parte, es claro que los mitos del fraude parten de un dogma de fe que ninguna argumentación racional puede debilitar. Pero si alguien quiere leer en esta temporada de reflexión sobre las elecciones del 2006 un trabajo realmente serio y sistemático, le recomiendo "El mito del fraude electoral en México".

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domingo, junio 17, 2007

 

Descartan fraude en 2006

MÉXICO.- José Woldenberg, ex consejero presidente del IFE, afirmó ayer que no se ha podido comprobar que haya habido un fraude en las elecciones presidenciales de 2006.

"Yo no puedo decir que haya habido un fraude maquinado", afirmó Woldenberg durante su participación en el foro "¿Qué izquierda para México?", organizado por el Frente Amplio Progresista.

Al responder preguntas de los asistentes, el ex consejero expresó que para analizar lo ocurrido el año pasado se debe distinguir entre las campañas, donde hubo irregularidades, y el hecho de que haya habido un fraude como operación orquestada.

Resaltó las autoridades electorales no atajaron a tiempo la compara de publicidad por terceros, lo que violaba la ley.

Woldenberg reconoció que no se puede "tapar el sol con un dedo", respecto a la actuación del IFE en el proceso electoral, pues una tercera parte de la población cree que las elecciones no fueron limpias.

Sin embargo, resaltó que no hay evidencia alguna del fraude, porque finalmente no fue cierto que había 3 millones de votos perdidos.

Tampoco, agregó, se pudo sustentar que en el PREP hubiera irregularidades para inclinar los resultados hacia alguno de los candidatos.

Ni fue cierto que hubiera un embarazo de urnas, recordó, pues el video que entonces se difundió resultó ser un acto acordado por los representantes de los partidos para colocar correctamente los votos.

Rosalbina Garavito, ex senadora del PRD, dijo que ese partido no se debe quedar con la visión de que factores externos impidieron que ganaran la Presidencia.


Claudia Salazar, El Norte, 16 de junio 2007

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lunes, marzo 05, 2007

 

2 de julio

Winston Churchill tituló el cuarto de sus seis gruesos volúmenes sobre la Segunda Guerra Mundial "La encrucijada del destino". Se refería al año de 1940, el momento en que más cerca estuvo Hitler de obtener la victoria. John Lukacs, quien ha dedicado buena parte de su vida a estudiar la guerra, se ha concentrado precisamente en esos meses. Para entender lo que estaba en juego y apreciar el peso del liderazgo se ha empeñado en capturar los instantes más dramáticos de ese tiempo. Por eso ha puesto los meses del 40 bajo el microscopio, resaltando sus momentos cruciales. En una semana puede verse el denso enjambre de un drama secular. A través de la concentración del historiador en un lapso corto, se iluminan los peligros y las oportunidades del presente, el peso de las decisiones y el impacto del azar.

La memoria de los siglos tiende a borrar al hombre. Las coyunturas críticas, por el contrario, colocan una lupa sobre la acción: el camino se ilumina abierto a la decisión humana. La historia deja de ser el cuento de lo que tenía que haber sucedido para convertirse en una tensa narración de peligros y osadías. La historia que suele crecer con la lentitud del pasto a veces empaqueta en pocas horas hechos cargados de consecuencia.

Un ejemplo admirable de este trabajo de microhistoria -no por la pequeñez de la población estudiada, sino por la brevedad del tiempo en examen- es el nuevo libro de Carlos Tello Díaz, "2 de julio", publicado por Planeta. El primer domingo de julio del 2006 marca el origen de la más grave crisis política que haya vivido México en su historia reciente.

La narración comienza a las 8:00 horas, cuando el candidato Andrés Manuel López Obrador sale de su casa en Copilco para votar y termina a las 3:00 horas del día siguiente al regresar Felipe Calderón, como candidato triunfante, a su casa. La crónica hila lo anecdótico con lo crítico. Tras una cuidadosa investigación hemerográfica y una extensa lista de entrevistas, Carlos Tello restaura la memoria de un día.

El reportaje se sumerge en la fecha pero no se estanca en ella. Con notable talento narrativo parte del domingo para reconstruir los datos esenciales de una campaña corrosiva. Y de ahí mismo sale para adelantarse a la crisis poselectoral. Así podemos recordar el clima de la opinión que rodeaba la jornada electoral. Prácticamente todos los políticos, observadores independientes, ciudadanos y encuestadores, anticipaban una victoria de López Obrador. Vaticinada con tantos meses de antelación, parecía un hecho inevitable, a pesar de que los sondeos retrataban una competencia cerrada.

Podemos remembrar también el triunfalismo del campo lopezobradorista. La cúpula del PRD vivió el día preparando una fiesta. Carlos Tello no encuentra rasgo alguno que muestre señales de una trampa. Sin embargo, exhibe los errores y las imprevisiones de un árbitro que no anticipó, como era su deber elemental, el escenario más complejo que podía presentársele. El confuso discurso del presidente del órgano electoral, lejos de aclarar el panorama, resultó un manjar para mitógrafos y conspiratistas que proliferaron tras la elección. La sorpresa de julio exhibió los descuidos de unos y las deslealtades de otros. La crisis del 2006 nació de la negligencia y la soberbia.

A los pescadores de escándalo, debo decir que el libro de Carlos Tello Díaz no es particularmente revelador. Es cierto que hay un par de episodios que no eran del conocimiento público y que han generado, más que una controversia, una embestida contra el autor. Pero, a pesar de lo que sugiere el murmullo mediático, el ingrediente básico de este relato no son las revelaciones, sino la evocación de una memoria pública y fresca que se empolvó rápidamente con ficciones. La polémica periodística que ha suscitado la crónica se ha centrado en el develamiento de secretos y la divulgación de infidencias.

El núcleo del relato, sin embargo, es otro: la reconstrucción puntual de recuerdos comunes. Carlos Tello nos hace revivir lo que vivimos durante la jornada electoral. Su libro descubre muy poco, por ejemplo, al recordar el contraste de los cuarteles partidistas. Todos tenemos viva la imagen: mientras los panistas celebraban con espontaneidad, los perredistas, conmocionados con la sorpresa, tenían cara de sepelio mientras simulaban un festejo. "2 de julio" cuenta pocas historias que no conociéramos, pero nos ayuda a recordar lo que demasiado pronto quisimos olvidar.

Ahí encuentro la enorme aportación de esta crónica. Quienes denunciaron un fraude descomunal construyeron una fábula instantánea alrededor del dos de julio. Con una habilidad perversa, el caudillo derrotado supo aprovechar los tropiezos de la autoridad electoral y la hondura de nuestras desconfianzas para ingeniar la patraña de una estafa tan monumental como indemostrable. Cada uno de los alegatos resultó ser humo. Las distintas pruebas que ofrecieron se refutaban unas a otras: los votos faltantes no faltaban; el algoritmo maligno era una farsa ridícula, el fraude cibernético fue una ocurrencia; la trampa "a la antigüita" era igualmente insostenible.

Como sea, el hecho es que la fecha quedó impregnada de rumores, habladurías y cuentos. Lo más grave es que los aliados de López Obrador, sus asesores y voceros, los miembros de su partido, se hicieron cómplices de una aventura demencial que sabían infundada. Nadie dentro del núcleo se atrevió a decir que el caudillo iba desnudo. Al reconstruir nuestra historia reciente, Carlos Tello Díaz exhibe esa deshonestidad. Por eso recibe hoy una ráfaga de descalificaciones interesadas. Su libro sobrevivirá las invectivas. Será, sin duda, una pieza clave para entender el 2006.


Jesús Silva-Herzog Márquez, El Norte, 5 de marzo 2007

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sábado, enero 06, 2007

 

2006 - 2007

No, no hubo guerra sucia. El término es inadecuado. Guerra sucia hubo en Argentina después del golpe militar con un saldo de 30 mil desaparecidos. Guerra sucia hubo en Argelia poco antes de que conquistara su independencia. En México jamás la hemos sufrido. Las campañas negativas en un proceso electoral son eso, campañas negativas. Ocurren, por lo demás, en todos los sistemas democráticos. Los expedientes personales y profesionales de los candidatos salen a flote. Y es bueno que así sea. Porque los políticos son hombres de carne y hueso. Los electores tenemos todo el derecho a conocer sus defectos y sus errores.

No, no hubo fraude electoral. Las versiones de AMLO fueron muy variadas. Empezó clamando contra un fraude cibernético y terminó denunciando uno a la antigüita con relleno de votos y alteración de actas. Jamás probó lo uno ni lo otro. La inconsistencia en el argumento fue y sigue siendo mayor: los ciudadanos que organizaron y contaron los votos en la elección presidencial son los mismos que organizaron y contabilizaron la elección de senadores y diputados. El PRD impugnó la primera, pero no la segunda. No sólo eso. Todos los senadores y diputados del PRD tomaron posesión de sus cargos y reciben puntualmente su dieta.

No, AMLO no era invencible ni indestructible. Puede parecer exagerado, pero no lo es. Uno de los peores, no el único, pero sí uno de los peores enemigos de AMLO fue... el mismo AMLO. La lista de los errores que cometió es grande: va desde "el cállate, chachalaca" hasta la negativa a reconocer que las encuestas le eran desfavorables, pasando por el nombramiento de dos personajes desconocidos e ineficaces (Alberto Pérez Mendoza y Francisco Yee) para promover el voto y vigilar las casillas. Nada de eso, sin embargo, es casual. La altura de un político se mide por sus capacidades, pero también por sus colaboradores más cercanos. Ellos son su espejo. El Peje, no hay duda, es pequeño, limitado y mezquino.

No, AMLO no es la encarnación de la "honestidad valiente". Y no lo es porque ni es honesto ni es valiente. Ana Cristina Covarrubias, su encuestadora "oficial", ha hecho un par de revelaciones sorprendentes: 1) Andrés Manuel tuvo conocimiento que sus propias encuestas, previas a la jornada electoral, lo situaban en un empate técnico con Felipe Calderón; 2) las encuestas de salida de Covarrubias confirmaron el 2 de julio que Felipe Calderón le había ganado la elección. Sin embargo, Andrés Manuel se resistió a enfrentar la realidad. Reiteró una y otra vez, antes de la elección, que sus sondeos lo situaban 10 puntos arriba de Calderón. La noche del 2 de julio proclamó su triunfo por 500 mil votos y luego denunció el fraude. Mintió a sabiendas. Le faltaron agallas para enfrentar la realidad y reconocer sus errores y su derrota.

Sí, el arranque de Felipe Calderón ha sido exitoso. Ese guión no estaba previamente escrito. Las cosas salieron bien, pero no por inercia propia. Los aciertos de Calderón están a la vista y hay que reconocérselos: integró, en términos generales, un buen gabinete. La Secretaría de Gobernación asumió la seguridad pública como su tarea fundamental. El operativo en Oaxaca fue oportuno e inmediato a un costo mínimo. Otro tanto se puede decir del despliegue militar en Michoacán y Tijuana. Ninguna de esas decisiones violentó la ley o puede considerarse excesiva. Fueron acciones contundentes que han tenido un efecto positivo entre la población. Y eso es justamente lo que él necesitaba. Además de que la aprobación del presupuesto con el consenso de todos los partidos rompió el clima de confrontación.

Sí, el ciclo de enfrentamiento abierto por AMLO se cerró el primero de diciembre. Para todo mundo es evidente que el saldo de la estrategia postelectoral del Peje ha sido un desastre completo para el PRD. La derrota en Tabasco y las encuestas lo confirman ampliamente. La imagen que hoy prevalece es que los perredistas son conflictivos y violentos, como en los viejos tiempos. Ese ciclo se abrió cuando AMLO se proclamó vencedor y denunció el fraude, culminó con la toma de posesión del "presidente legítimo" el 20 de noviembre y se cerró en forma definitiva el primero de diciembre. La confirmación de que quedó atrás es el voto de la fracción perredista a favor de la ley de egresos y de ingresos.

Sí, el PRD debe enfrentar ahora su dilema. Para los perredistas ha llegado la hora del balance y del ajuste de cuentas. AMLO se apoderó del PRD hace tiempo con un ofrecimiento sencillo, pero muy atractivo: él era el único que podía conducir el partido a Los Pinos. El costo no fue menor: los perredistas fueron excluidos de las listas de candidatos a diputados y senadores, pero se disciplinaron; los perredistas fueron excluidos del primer círculo del Peje, pero se disciplinaron; los perredistas fueron excluidos de la campaña de promoción y vigilancia del voto, pero se disciplinaron. Los Pinos valían ésas y otras muchas misas. Sin embargo, la victoria que debió ser no fue y los errores que explican la derrota remiten a un solo personaje: Andrés Manuel. Ha llegado, pues, la hora del corte de caja. La renovación de la dirección nacional está a la vuelta de la esquina y los campos están claramente definidos. Van a salir chispas.

Sí, el PRI debe escoger un camino para salir de su laberinto. Hace seis años el futuro del PRI era más que incierto: ¿qué sería de ese partido sin la tutela y la dirección de la Presidencia de la República? Algunos pronosticaron su extinción y otros su división. Sorpresivamente sobrevivió, se mantuvo como la primera fuerza política en el 2003 y ganó varias elecciones locales posteriores. En el 2005 parecía incluso capaz de volver a Los Pinos. Hoy está peor que nunca. Convertido en la tercera fuerza en la Cámara de Diputados debe definirse. Pero le falta un liderazgo claro y una apuesta de largo aliento. ¿Hay madera e inteligencia para ello?

Sí, el problema de fondo sigue estando allí. El régimen actual no premia las alianzas ni favorece los gobiernos de coalición. El riesgo de un estancamiento, como ocurrió con Fox, sigue presente. Es cierto que hoy hay más oficio y capacidad. Calderón lo está demostrando. Pero, ¿bastará con ello? ¿Estará el resto de la clase política a la altura de su responsabilidad? Imposible adelantar vísperas.


Jaime Sánchez Susarrey, El Norte, 6 de enero 2007

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