martes, marzo 18, 2008

 

¿Cómo salir de la pobreza?

La pobreza es un fenómeno social y económico lacerante al cual no se ha logrado ni entender ni erradicar. En nuestro país se estima que aproximadamente 49.6 millones de personas caen dentro de la definición oficial de pobreza, que incluye a la pobreza alimentaria, de capacidades y patrimonial.

A lo largo de la historia del país se han hecho diversos esfuerzos por tratar de erradicarla o bien, reducir a la población que se encuentra en esta condición. El esfuerzo ha sido muy grande y los resultados, si bien significativos desde una perspectiva relativa, en términos absolutos muestran que seguimos hablando de una cantidad importante de personas que aún se encuentran en una situación de pobreza.

Bajo esa perspectiva relativa, desde 1950 el porcentaje de personas en situación de pobreza (alimentaria, de capacidades y patrimonial) se había reducido del 88.4 por ciento del total de la población al 47 por ciento en el año 2004. Miguel Szekely, una de las personas que más ha estudiado este tema y que fue Subsecretario de Prospectiva, Evaluación y Planeación de la Sedesol en el sexenio pasado, publicó en el 2005 un artículo en el Trimestre Económico (disponible en www.sedesol.gob.mx/archivos/70/File/2as_Docu24.pdf), en el que se muestra una serie desde 1950 hasta el 2004 sobre pobreza y desigualdad.

Desde una perspectiva absoluta, la población total del país se incrementó 3.9 veces en ese periodo, el número de pobres lo hizo 2 veces, y el saldo es que actualmente existen 49.6 millones de personas en condiciones de pobreza.

En el mismo estudio, Szekely encuentra una correlación entre pobreza y desigualdad con crecimiento económico e inflación. Obviamente existe una correlación negativa entre crecimiento del PIB per cápita y la reducción del número de pobres, y lo más destacable es que encuentra una correlación positiva entre inflación contra desigualdad y pobreza. Es interesante observar que en los años de la crisis económica de 1995, cuando el crecimiento del PIB fue negativo en 6.2 por ciento y la inflación ascendió a 51.9 por ciento, los niveles relativos de pobreza y desigualdad retrocedieron a niveles de 30 años antes.

Llama la atención que en el estudio no haya agregado una correlación entre el monto que gasta el Gobierno federal en programas de combate a la pobreza y la reducción en el número de los mismos y en la desigualdad.

Cuando uno escucha los discursos de los políticos, desde tiempos inmemorables, el ataque a la pobreza ha estado en el centro de sus ofertas de política pública. Cuando es tiempo de campañas electorales, nada mejor que una foto del candidato con un pobre o arrancar la campaña visitando al municipio más pobre del país. La solución que ofrecen siempre está enfocada a cuánto dinero público (de nuestros impuestos) va a destinar a combatir la pobreza.

Para los políticos mexicanos, la mejor manera de combatir la pobreza es aumentar los presupuestos públicos. Si nos remitimos a lo sucedido durante el sexenio de Vicente Fox y lo que va de la actual administración, el gasto federal destinado para la superación de la pobreza subió del 7.5 por ciento del gasto programable en el año 2001 al 9.8 por ciento en el año 2007.

Como porcentaje del PIB significó un incremento del 1.2 al 1.7 por ciento en dicho periodo. Estamos hablando de una barbaridad de dinero. La reducción que se observa en la pobreza patrimonial del 53.7 por ciento en el 2000 al 47 por ciento en el 2004, que significó reducir el número de pobres de 54 millones a 49.6 millones, ¿realmente es atribuible a estos recursos gastados? Seguramente deben explicar una parte de la reducción. También el PIB creció 2.6 por ciento en promedio en ese periodo con un crecimiento de la población del 1 por ciento. Habrá que darle su mérito a la reducción en los niveles de inflación y estabilidad macroeconómica de los últimos años.

De los programas de combate a la pobreza más exitosos que se han aplicado en nuestro país y que muchos otros países (inclusive ciudades como Nueva York) están tomando de ejemplo es, sin duda, el programa "Oportunidades", el cual tiene la virtud de que ataca a la pobreza desde su raíz mediante apoyos monetarios a las familias objetivo para alimentación, en el cual se benefician 4.8 millones de familias; apoyos en educación y salud, esto es, capital humano necesario que le dé la llave a las familias para salir de la pobreza. Hay también apoyos monetarios a gente de la tercera edad.

El mérito de este programa es que va focalizado hacia una población objetivo (no es el clásico programa "escopeta", en donde se reparte dinero a todos). Otros méritos son que este programa inició con Ernesto Zedillo y ha sobrevivido dos administraciones presidenciales posteriores y que no es manipulable electoralmente, como fue en su momento el caso del programa "Solidaridad" de Carlos Salinas de Gortari. La muestra es que no le ayudó a Zedillo a que el PRI siguiera en el poder y que, en las últimas elecciones presidenciales, un porcentaje importante de los votos obtenidos por Andrés López fue en los municipios beneficiados por "Oportunidades".

Para reducir la pobreza la clave está en que repunte el crecimiento económico. Para esto es indispensable que se incrementen los acervos de capital, es decir, que haya mayor inversión, y a través del cambio tecnológico, además de mantener la estabilidad económica.

Pero mientras nuestros políticos sigan viendo a la pobreza como botín político-electoral y sigan saboteando las reformas estructurales para apuntalar nuestro crecimiento económico, entre ellas, la energética, millones de mexicanos seguirán siendo pobres y seguirán siendo festín de resentidos, populistas, demagogos, ineptos y ambiciosos, a quienes lo que menos les interesa es que desaparezca la pobreza. Si desaparece, ¿a quién van a redimir?


Abel Hibert
ahibert@prodigy.net.mx

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lunes, marzo 03, 2008

 

Sobre el sectarismo

Por años, el país ha sufrido un embate de envenenamientos. Muchos han contribuido a la intoxicación. Resulta difícil rastrear los orígenes de este aire viciado, pero podría ubicarse en la Presidencia de Fox su impulso más decidido. Carente de proyecto, el panista se empeñó en hacer política desde y para el resentimiento. Su herencia fue un país detenido por un cruce de hostilidades. El Gobierno calderonista tendrá vicios importantes, pero no continúa el tren de inquinas. No se aprecia un decidido empuje reformista, pero el Gobierno federal ha dejado de ser fuente de provocaciones. Donde se percibe esa infusión de veneno es en la izquierda sectaria.

Ése puede ser uno de los efectos más lamentables de la elección del 2006: una izquierda que caminaba hacia la institucionalización adoptó desde entonces el rumbo del sectarismo. La batalla que hoy se libra dentro del PRD, la manera en que se encara el debate sobre una reforma energética expresa el fogoso resurgimiento de esa convicción política.

Tras las elecciones, el grupo más cercano a Andrés Manuel López Obrador adoptó una política que bien puede describirse como sectaria. El golpe que sufrieron fue severísimo y, sobre todo, inesperado. Estaban ya celebrado su victoria cuando el electorado aguafiestas les echó a perder el baile. La sobrevivencia de ese grupo incapaz de la autocrítica consistió en una fuga religiosa. Los ingredientes místicos del discurso lópezobradorista han estado siempre a la vista, pero después del revés electoral, ese componente se desenrolló a punto de devorar cualquier otro elemento.

Como cabeza de secta, López Obrador ha sido capaz de mantener la intensidad de sus respaldos más radicales y amenazar de manera creíble a sus enemigos de dentro y de fuera. A pesar de que su discurso haya perdido todo anclaje de realidad, ese sectarismo no es ninguna locura. Lo mantiene en el centro de la atención pública, con mando férreo sobre sus incondicionales y con significativo poder de intimidación.

El número más reciente de la revista Dissent incluye una reflexión muy pertinente sobre la tentación sectaria. Avishai Margalit, autor de una sugerente apuesta por la decencia -no como cuidado de las buenas maneras, sino como el deber de tratar a todo hombre como ser humano y no como una cosa o un animal- recuerda que Irving Howe le advirtió alguna vez que nunca cayera en el sectarismo. Formar una secta era abandonar la política y entregarse a una visión religiosa de la causa; era preparar la guerra y perder sentido de realidad.

Margalit piensa que nuestra imagen de la política está marcada por dos dibujos contrastantes. El primero retrata a la política como un mercado: el sitio donde se compran y venden servicios. Ahí todo es sustituible, nada es valioso en sí mismo. Todo puede ser negociado y puesto a subasta. El segundo trazo pinta la política como territorio sagrado. En la política se trata con lo divino y, en consecuencia, con aquello que no puede ser negociado. Lo sagrado no puede dividirse y, por lo tanto, no puede ser objeto de transacción. La imagen de la política como ámbito religioso enciende el dramatismo de la acción: para defender a los santos habrá que estar preparados para el sacrificio y el combate.

El sectarismo implica un rechazo a lo negociable: la política es religión y sólo religión. Por ello el sectario está convencido de que cualquier acuerdo está podrido. No hay pacto que valga porque cualquier negociación supone un desgaste de lo divino. Quienes sugieren negociar recomiendan la traición: son vendidos que han dejado de pertenecer a los nuestros. Margalit encuentra varias notas distintivas del temperamento sectario. Una de ellas es su desprecio por el número y el dato. La secta no busca ensancharse, lo que anhela es conservar la pureza absoluta de todos sus miembros. Que no quepa duda de que cada uno de los miembros de la secta es un puro, un sectario auténtico y orgulloso en quien no aparece ni el más leve soplido de duda.

La secta lanza a sus miembros constantes pruebas de lealtad. Todos los días hay que demostrar fidelidad a la causa. Cualquier diferencia, por mínima y absurda que parezca al extraño, se convierte en diploma de pertenencia o en razón de excomunión. Siempre en guardia, la secta tiende a escindirse, a separar lo distinto y a expulsar aquello que pudiera parecer peligroso. De ahí que su metabolismo reclame purgas y divisiones. De ahí que, para el sectario, el debate sea un terreno minado.

El ámbito de lo indiscutible es inmenso. Todos los miembros del grupo saben bien que hay una larga lista de temas que no pueden ser abordados, que hay otra lista de personas con quienes jamás se puede entrar en contacto y que, en consecuencia, la tarea consiste en repetir las confiables cantaletas de la identidad. En ese mundo clausurado a la discusión, el examen de la realidad ha sido definitivamente proscrito.

La izquierda sectaria quiere declararle guerra al país. México está partido en dos: uno es el México de los patriotas; el otro es el antiMéxico de los traidores. Quienes duden de esta división son ya parte de la conjura contra la patria. No es necesario hacer sumas, ni disponerse al estudio de los problemas por muy técnicos que puedan parecer. Es pecado la simple sugerencia de una posible negociación para una mínima reforma. Dicen que quien negocia se prostituye. Se encargan de fomentar odios y purgas adentro de sus filas, enfatizando que la verdadera política no admite más que a los puros. Estamos en tiempos de definición, dicen los sectarios: se está con México o se está con lo intereses extranjeros. Punto. Y si hay que quemar al país para purificarlo, adelante.

Jesús Silva-Herzog Márquez
http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com

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jueves, septiembre 27, 2007

 

Andanzas del provocador

Vicente Fox es un provocador, un provocador mediocre. Lo fue como diputado, como gobernador, como candidato a la Presidencia, como Presidente y ahora como ex Presidente. Camorrista, tira golpes a diestra y siniestra con el único afán de recibir luces. Su incontinencia verbal, incapacidad para tolerar la sombra, su inmadurez lo convierten en un personaje impredecible. La estulticia se multiplica por la ambición. La fórmula es mortal. Es capaz de escupir al cielo y ser víctima de su propio acto. Así fue su Presidencia. Eso hizo en esta develación no solicitada de intimidad. ¿Qué irrita del asunto?

El reportaje de una revista de sociales muestra a los incontrolables Fox en su rancho enseñando los interiores de una lujosa residencia. Pero, a decir verdad, no es la primera ni la última mansión que veremos. En un país de verdaderas libertades, optar por la riqueza siempre será una de ellas. Pero, vayamos con cuidado, ¿qué irrita, la opulencia, el lujo en sí mismo o la desfachatez, la insensibilidad, la brutal impertinencia en el país de la desigualdad señalado por Humboldt?

En su confusión mental, los Fox nunca comprendieron que México no es Estados Unidos ni ellos la familia Bush. Ven a mi rancho, voy a tu rancho, somos iguales fue la tonta interpretación que echó a andar la relación entre los presidentes y así nos fue. Pero resulta que en México hay muchos millones de pobres, que además tienen una profunda y justificada desconfianza contra la riqueza súbita. Los Fox contribuyen a fomentar la sospecha.

El asunto tiene raíces muy profundas y es quizá uno de los síndromes que más nos han dañado. México tiene un trauma severo: la acumulación provoca sospecha. En lugar de generar respeto, admiración o simple indiferencia, han sido tan comunes las riquezas mal habidas y súbitas que en algunos segmentos como el magisterio y en algunas zonas del país, sobre todo en el sur, el rechazo a la acumulación deviene en rechazo a la prosperidad. Eso sí es muy grave. Varios estudios de valores profundos muestran cómo ni siquiera hemos logrado socializar la idea de que la prosperidad es deseable, que es correcto desearla y que es asequible por medios honestos. No se valora el trabajo, sino la astucia.

Frases populares que muestran la deformación hay muchas: "Contra los ricos hasta que nos emparejemos", de ese extraño personaje que fue Gonzalo N. Santos; por supuesto, "el que no transa no avanza" o la muy antigua y delatadora "pobre, pero honesto". ¿Qué ganaron los Fox con este nuevo escándalo? ¿Qué necesidad o necedad recóndita hay de exhibir su intimidad? Queda claro que no pensaron en su país, pues de entrada ofendieron a muchos. Tampoco pensaron en su Presidente: Calderón ha tenido que cargar con el pesado fardo de los Fox que podría estar entrando en una nueva fase. Su partido tampoco les importó demasiado: cómo se van a quitar de encima la fama pública del partido de los ricos. Sólo a partir de una brutal miopía el nuevo escándalo podría generarles algún beneficio. Gracias a su superficialidad estarán ahora en el banquillo de los acusados. No podrán llevar la fiesta en paz porque no quieren.

Lo increíble del caso es que ésa fue la mentalidad que gobernó a México seis años. Afrentas desde el primer minuto, pleitos con aliados necesarios, prepotencia y groserías sistemáticas, locuacidad del diario. Gracejadas provocadoras de los más profundos resentimientos y, como un niño, jugar con lumbre tal y como se mostró con el desafuero. Soy un convencido de que la mayor prueba institucional de los tiempos recientes ha sido la imparable locuacidad de Fox y seguidores. Y aquí estamos. Quizá el daño mayor lo pagamos en distracción nacional. Que no nos vuelva a ocurrir lo mismo.

Sea como sea, en 10 meses el Presidente Calderón ha logrado tres reformas de fondo. Por supuesto que en todas hay bemoles y observaciones, pero las pensiones del ISSSTE que eran una auténtica bomba de tiempo, ya están atrás; la reforma fiscal será ligera, pero hubo ya un primer paso en el rumbo correcto; la reforma política, quizá la más controvertida, es otra muestra de que se está negociando, de que se está haciendo política.

Justo en este momento en que el país lentamente pareciera ocuparse de asuntos determinantes para nuestro futuro, salen los Fox con su escandalito. Esta batalla no la podemos perder de nuevo: la ostentación de Fox nos llevará a hablar de los ex Presidentes y sus pensiones, y de allí en adelante nos volveremos a sumir en el fango. Si el escandalito nos atrapa vamos a terminar hablando de la boda, de los regalos, de los invitados en vez de poner atención a la nueva ronda del IMSS, a la reforma de seguridad que está en puerta o en la muy sugerente propuesta del diputado Eduardo Sánchez sobre subastas inversas que podrían ahorrarle al erario alrededor de un punto del PIB, casi lo mismo que le quedará libre a la Federación después de la muy traída y llevada reforma fiscal.

Que se investigue a los Fox, que se aclare el origen de su riqueza, eso no es optativo. Pero que no nos vuelvan a atrapar en su dinámica de escandalitos que nos da una dimensión de los horizontes de la pareja. México se merece otro nivel de discusión. Escándalos siempre habrá, por ejemplo, Sarkozy y Chirac también tienen algunos detrás, lo cual no ha impedido al Presidente francés presentar al menos seis reformas de fondo (pensiones, función pública, inmigración, sindicatos, delincuencia y productividad). Que los mediocres se ahoguen en su propio lodo. Ya tuvimos suficiente.


Federico Reyes Heroles



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domingo, septiembre 23, 2007

 

Apocalipsis Prontito

¿Y lo verdaderamente importante?

Cartón de Paco Calderón publicado el día de hoy en distintos medios.

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El bufón favorito

Tengo desde hace más de 20 años un affaire aristotélico. De ahí que ante el inminente retorno de Fox a la palestra mediática, mi primer pensamiento haya sido aristotélico. "El tirano -decía Aristóteles- es un provocador de disensos, pues necesita que sus súbditos estén siempre ocupados". Proclive a ponerse sacos que no le vienen, Fox seguro no entenderá que el tirano al que se refiere Ari (y yo, por añadidura) no es él, sino los senadores y diputados que han decidido revisar sus cuentas patrimoniales en estos momentos, no por una súbita preocupación por las finanzas de la Nación, sino por la necesidad de mantener a los ciudadanos en la lela.

Basta ver el espacio que en este medio le dimos a la nota del ranchito de Fox (20 septiembre) para darse cuenta que nos fuimos con la finta, y que las futuras declaraciones de Chente serán una inmejorable cortina de humo para disimular que la reforma electoral ha quedado trunca: que si bien podemos congratularnos de haberle quitado al duopolio televisivo su libertad de presión (que no de expresión), no hemos avanzado ni un ápice en disminuir el poder de corrupción del triopolio que nos gobierna.

Y es que ¡qué conveniente para Carlos Navarrete y para Manlio "El Inmaculado" Beltrones resucitar a Fox justo cuando se imponía analizar el argumento que sustenta el presupuesto de los partidos políticos! Porque al cual está asentada en la ley electoral de 1996, la razón de fondo para triplicar en 10 años el presupuesto electorero era "garantizar el acceso de los partidos políticos a los medios electrónicos". De ahí que si los spots van a desaparecer, se impone -por lógica aristotélica- la cancelación de las partidas destinadas al pago de propaganda en radio y televisión, así como la abolición del derecho de los partidos a recibir ese dinero. Dicho sin tanto rollo: si el año pasado los partidos gastaron en tiempo aire mil 971 millones de pesos (Focus México, abril, 2007), no hay motivo para seguir entregándoles esa suma ahora que podrán disponer gratuitamente de tiempo en medios electrónicos.

Pero no. Fieles a las intenciones de los tiranos -"hacer que los súbditos piensen poco", que "desconfíen unos de otros" y que "les sea imposible ponerse de acuerdo para la acción"-, Manlio Fabio y Navarrete traen a colación a Fox con la intención de sembrar disenso y armarnos un circo mediático mientras sus partidos roban a manos llenas. Como en las antiguas tragedias griegas donde, a falta de un buen colofón, un dios se "descolgaba" del techo para salvar la situación y arrancar el aplauso del público, los eminentes legisladores van a hacer comparecer no a un dios, sino a su bufón favorito: Chente.

Fox provocará la catarsis de la risa (o la del llanto) con sus dislates y logrará lo que Beltrones y Navarrete quieren: distraernos. Y es que la idea básica de este final improvisado a la reforma electoral es hacer que los ciudadanos nos demos por muy servidos con un cambio en el destino de nuestros dineros (que ya no irán a parar a Televisa ni a TVAzteca), en vez de exigir una drástica reducción de los gastos electoreros. Lo que nuestros diputados y senadores ocultan es que su reforma electoral, tan prematuramente aplaudida, no abate en un céntimo los costos de una de las democracias más caras del mundo.

Dejarles a los partidos mil 971 millones de pesos sin motivo ni justificación alguna, amén de obsceno, es dejar intacto el poder de corrupción de los partidos.

Claro que no faltará el cínico legislador que diga que autoasignarse contratos millonarios por impresos y chucherías electorales es imposible bajo las actuales normas de fiscalización. Mentira podrida: con sólo dos empresas publicitarias que monitorear (dos), al IFE se le "fueron" en la pasada elección 280 mil spots de los que nadie sabe, nadie supo, con qué o cómo se pagaron.

No hay duda: el 70 por ciento del presupuesto de los partidos carece de fundamento, pero es algo que no les conviene discutir a los tiranos del Legislativo. Y por eso, sólo por eso, han elegido este momento para traer a su bufón favorito a escena.

Claudia Ruiz Arriola
sherpa01@gmail.com


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Y no se confundan. No es defensa a Fox. Si le encuentran algo, que lo entamben. Pero hay cosas mucho más importantes que hacer en lugar de estar desviando la atención con esos asuntos. Y si fuera el caso, hay ratas mucho mas grandes que Fox, como Montiel. Al menos Fox ya era empresario rico antes de ser presidente. Todos los demás, todos los anteriores presidentes sin excepción, incluyendo al actual, Felipe Calderón, siempre han vivido de la política. Siempre han vivido del Erario. Ninguno de ellos ha sabido lo que es pagar el ISR, y las cuotas del IMSS. Quien no sepa lo que eso significa mejor que no hable.

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viernes, agosto 31, 2007

 

IFE: ¿el San Salvador Atenco de Calderón?

Si el presidente Calderón y el PAN aceptan la remoción de los consejeros del IFE con la consiguiente desaparición del Instituto, estarán cayendo en una trampa política que será, para esta administración, el equivalente al San Salvador Atenco de Vicente Fox, a la decisión de no construir el aeropuerto metropolitano, por la oposición concertada de un grupo militante ligado a otros, armados. En aquella ocasión, con el argumento de la necesidad del diálogo y de no utilizar la legítima violencia del Estado, la administración de Fox dobló las manos y mostró su debilidad. Nunca se volvió a recuperar de ese hecho el Presidente.


Hoy la trampa es similar: nadie duda que el sistema electoral y el político necesitan cambios radicales; tampoco que los partidos y el Congreso sufren una profunda crisis de legitimidad social, pero en el contexto de la reforma electoral en ciernes, se pretende desaparecer el IFE, como una medida para remover a todos sus consejeros con el argumento de que es el Instituto el que debe recuperar legitimidad y asumiendo, de esa manera, que los comicios del año pasado no fueron legítimos. Ese es el verdadero y único mensaje de esa negociación.

El IFE es una institución autónoma, cuyos miembros fueron elegidos por dos tercios de los miembros del Congreso en la pasada Legislatura y hasta 2010. Ahora se argumenta que no hubo unanimidad en la votación, pues tampoco la ha habido en la designación de la mayoría de los integrantes de la Suprema Corte de Justicia, del Tribunal Electoral del Poder Judicial o de los integrantes del Banco de México. ¿Implica ello que, cuando a un grupo de legisladores no les guste una decisión de la Corte, del Tribunal Electoral o de política monetaria, destruirán esas instituciones para remover a sus integrantes?

Sin duda, el IFE cometió algunos errores puntuales; también es verdad que existen personajes en la vida política nacional que podrían tener mayor experiencia que algunos de los actuales consejeros. Pero resulta que éstos son los que eligió el Congreso, es la institución que nos dimos, a un altísimo costo social y político, los mexicanos y resulta, además, que su accionar en los pasados comicios se ciñó estrictamente a la ley, que en la organización y el conteo electorales participaron más de un millón de ciudadanos y otro millón de representantes de los partidos y que ninguno de ellos, incluida la coalición Para el Bien de Todos, presentó prueba alguna de que hubiera vicios de origen o en los comicios. ¿Cuál es entonces la legitimidad que debe recuperar el IFE?

Si el PRD quiere vengarse por la derrota electoral o el grupo priista que respalda al senador Manlio Fabio Beltrones, con sus remanentes del madracismo, quiere ajustar cuentas con Elba Esther Gordillo, es su problema: en última instancia, López Obrador perdió por la enorme cantidad de errores políticos cometidos y, cuando se designó a este consejo, los priistas habían elegido, para bien o para mal, a Elba Esther como su secretaria general y coordinadora parlamentaria. Muchos de quienes ahora abjuran de Gordillo deberían por lo menos recordar que, sin ella, Madrazo jamás hubiera ganado la presidencia del partido y ellos no ocuparían, hoy, esas posiciones. Las cuales, por otra parte, en el caso de los legisladores, son producto de la misma elección que ahora descalifican.

Desaparecer al IFE y remover a sus consejeros es legalmente cuestionable y terminará en la Suprema Corte (¿puede el Congreso votar una reforma constitucional que vaya en contra de los principios de la Carta Magna?), pero ello no puede hacerse sin una reforma constitucional y si el PAN y Nueva Alianza, por lo menos, se oponen a esa decisión, no podrá darse ese paso que implicaría, insistimos, que el presidente Calderón asumiera que su elección no fue legítima y hubo fallas fundamentales en el proceso comicial. La actual administración no se recuperaría jamás de ese golpe.

Se argumentará que, si no se concede la cabeza de los consejeros del IFE, entonces el Congreso o el PRD y el PRI no dejarán gobernar a Felipe Calderón. Es lo mismo que se dijo para no actuar en Atenco. En realidad, de lo que se trata es de hacer política y asumir responsabilidades. ¿Que no habrá reforma fiscal?, será responsabilidad de esos legisladores, quienes además la han convertido en una microrreforma donde, paradójicamente, los que saldrán más damnificados serán los gobernadores del PRI y los del PRD. ¿Que no habrá reforma electoral? Es responsabilidad de los partidos: es algo que debe resolver el Congreso, no el Ejecutivo. ¿Que no habrá reforma en el régimen fiscal de Pemex? Sería una lástima, pero esa, recordemos, es una propuesta del PRI, no del PAN ni del gobierno. ¿Que el gobierno no podrá gobernar? No es verdad: el gobierno federal debe cumplir con su labor: combatir la pobreza, garantizar la seguridad, mejorar la economía, promover los empleos. Hacer que el gobierno funcione eficientemente, que el gabinete cumpla con sus responsabilidades. Allí está la verdadera batalla política, de eso dependerá el futuro de la administración de Calderón. En algunas cosas llegará a acuerdo con sus oposiciones, en otras, no, pero no puede ignorar la legalidad ni paralizar las políticas públicas en busca de consensos falsos.

La opinión pública está siendo distraída con la ceremonia del Informe de Gobierno cuando ello no es sino un procedimiento de forma, donde no debería haber más negociación que atenerse estrictamente a lo que dicen la ley y el reglamento del Congreso (sobre todo cuando más de 70% de los ciudadanos rechazan la posición de impedir la ceremonia) y, en el camino, estamos perdiendo de vista un punto crítico para el futuro del país. Si el PAN y la administración federal aceptan refundar el IFE y remover a sus consejeros, estaríamos ante el San Salvador Atenco del actual sexenio y los costos serían similares.

Jorge Fernández Menéndez

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jueves, julio 05, 2007

 

Antihéroes: Fox y AMLO

¿Fracaso o prueba exitosa? A un año de la elección un 36 por ciento de los mexicanos cree que hubo fraude, 43 por ciento que debieron recontarse todas las casillas; 39 por ciento que México es un país poco o nada democrático y 45 por ciento está insatisfecho con la democracia. Así vista, la elección del 2006 fue un fracaso. Dejó un país dividido y asediado por dudas. El odio sigue estando en las calles. Los actos de intolerancia, las viles agresiones, las amenazas están allí. Toda elección confronta, pero ésta partió al País. Nadie debiera sentirse orgulloso. ¿Cómo llegamos allí? Las responsabilidades están claras.

Fox.- Con la miopía que lo caracterizó como Presidente, Fox hizo de la Presidencia un problema electoral. A diferencia de la actitud cautelosa de Zedillo, Fox dejó ir su incontinencia verbal y política. Con su lengua imprudente hirió a diestra y siniestra. Su incapacidad de articular y mantener una estrategia generó problemas donde no los había. En la elección intermedia, embriagado por su popularidad, utilizó los medios hasta el cansancio para apoyar a su partido. El hoy olvidado ultimátum del IFE fue la consecuencia final. Tarde y mal retiró los spots. Resultado, el PAN perdió votos. Pero Fox no entendió.

Intervino en tanta elección estatal como pudo. Tuvo estruendosos fracasos como en el Estado de México. Pero Fox tampoco aprendió. La Presidencia no puede inclinar una elección. Aún más importante, en México la intervención de la Presidencia es una provocación, inútil provocación. Pero claro, él, salvador todo poderoso, pensó que podía jugar en el límite. Trató de imponer candidato. Fracasó. Personalizó la campaña con su figura y perjudicó al candidato de su partido. Otra pifia. Lanzó al aire la bomba del desafuero y le estalló en la cara. Fox no pasará a la historia como el demócrata que desplazó al PRI, sino como el primer Presidente de la época democrática que, de acuerdo al Tribunal Federal Electoral, puso en riesgo una elección. Parte del veneno que hoy circula en la sociedad mexicana lo inyectó Fox, ese gran irresponsable. Primer antihéroe.

AMLO.- Ha perdido a un tercio de sus electores; tiene hoy más puntos negativos que positivos; la identificación perredista se desplomó, está por debajo del 20 por ciento; Cuauhtémoc Cárdenas goza hoy de mayor respeto que él. Su partido, segunda fuerza en el Legislativo Federal, recibe hoy el mayor rechazo nacional: 52 por ciento de los mexicanos jamás votaría por sus siglas. Las divisiones internas se multiplican con consecuencias muy concretas, ver Zacatecas. Su deseo irrefrenable de imponer su voluntad explica el desastre. Enfermo de poder, obcecado, autoritario, no le importa dañar a su país, a su partido, a sí mismo con tal de él ser el centro. Para aquellos que dudaban de su relación enfermiza con las instituciones, no tienen más que volver el rostro a la brutal herida que causó a México. Incapaz de aceptar su derrota es presa de un radicalismo locuaz y suicida. Hoy podría ser el principal interlocutor del Gobierno; es, sin embargo, un actor que raya en lo patético. Su vanidad es tal que ni siquiera se respeta a sí mismo.

Pero hay algo que está más allá de los cálculos políticos. ¿Tenía AMLO derecho a llevar su defensa al extremo? En una elección tan cerrada era previsible. Pero hay una frontera, un límite ético que AMLO transgredió y que hoy la historia registra: mintió. Él supo con tiempo de lo cerrado de la elección y de su posible derrota. Pero no le importó dañar a las instituciones con tal de generar en la imaginación popular un gran fraude, una maquinación con él como víctima al centro. La congruencia final de las cifras no dejan duda: ese fraude no existió. (Ver "El Mito del Fraude Electoral en México" de F. Pliego Carrasco). AMLO actuó con soberbia, con prepotencia, con mala fe hacia el país que le ha dado todo, incluso la posibilidad de ser Presidente. Segundo antihéroe.

En el IFE se cometieron errores de comunicación. Por inexperiencia se cayó en trampas muy bien armadas, cierta vanidad merodeó. Pero también es claro que si la diferencia final hubiese sido de cinco puntos o más, hoy la solvencia del IFE no sería tema. Los derrotados quieren, una vez más, purgar sus errores en otros. Así de pequeños son.

Las lecciones son varias. El desenfreno y maldad de dos personas y sus seguidores, su inmadurez política, su falta de sensatez, su megalomanía confrontó y dividió al País. Eso quiere decir que todavía el México de los caudillos, el de los redentores, sigue estando vivo. Eso habla de nosotros como ciudadanos, del fácil expediente de buscar acríticamente a ese líder que resuelva nuestros problemas, de erigir semidioses, de entregarles una credibilidad sin condiciones. Ese país desesperado y apostador en política da miedo.

Pero claro, existe otra lectura. En el 2006 México fue sometido a una durísima prueba. Entre un Presidente irresponsable y miope, un líder mesiánico y enloquecido y un bajo nivel educativo, lo único sólido fueron las instituciones. De uno y otro lado se hizo todo lo imaginable para que la elección tropezara y aquí estamos, con un Presidente en funciones y ejerciendo el mando que le corresponde, con un Congreso, desprestigiado, pero que ha dado pasos recientes de gran importancia, con un reconocimiento muy alto a las Fuerzas Armadas, con una Suprema Corte fortalecida y una economía en marcha. Versión optimista, ¿quizá gracias al 2006 hoy somos más maduros? Puede ser.

Thomas Carlyle centró su interpretación de la historia en los héroes. Pero también puede haber antihéroes, seres sin grandeza, sin solvencia ética, destructores. En el 2006 hubo dos muy evidentes.


Federico Reyes Heroles


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domingo, febrero 18, 2007

 

Palabra de Fox

"Nuestras mentiras nunca son más estridentes que cuando intentamos engañarnos a nosotros mismos", escribió alguna vez Eric Hoffer. Cuando estamos convencidos de una verdad no necesitamos el peso del número para imponerla. Sabemos que, a su debido tiempo, los hechos saldrán a la luz persuadiendo hasta a los más incrédulos. En cambio, cuando no estamos del todo seguros, proclamamos nuestras medias verdades a voz en cuello, a ver si el eco de nuestros propios gritos acaba por convencernos.

Desde el 3 de julio ésa ha sido la estrategia del PRD: proclamar su tesis del fraude a diestra y siniestra a ver si a fuerza de repetirla la mentira se convierte en verdad. Hasta ahora, y pese a los notables esfuerzos de Leonel Cota, Carlos Navarrete y Gerardo Fernández Noroña, el tiro les ha salido por la culata. Incluso quienes no somos antiamlistas rábidos, y apoyamos en su momento el recuento del voto, no podemos pasar por alto que la estrategia poselectoral del partido del sol azteca ha ido de lo infamante (bloquear Reforma), a lo hilarante (crear una Presidencia caricaturesca), a lo patético (citar las babosadas de Fox como prueba del fraude).

Desde aquella improcedente acusación de embarazo de urna, los perredistas han buscado pruebas del fraude hasta por debajo de las piedras. La más reciente -y según ellos, fehaciente- evidencia del carácter espurio de la Presidencia de Felipe Calderón es una declaración de Fox en su rol de regador de baba internacional (porque conferencista, no es). Que Fox haya dicho que se "desquitó de AMLO cuando ganó su candidato" es, según los perredistas, un "reconocimiento de su intrusión en los comicios presidenciales". De ahí que el PRD ya aliste una demanda contra Fox, en la cual la citada declaración será ventilada como prueba (EL NORTE, 14 de febrero).

Amén de que la susodicha intromisión de Fox fue reconocida en el Trife sin ameritar la nulidad de la elección que el PRD exigía, que los perredistas nos vengan con que un dicho de Chente a micrófono abierto puede sostenerse en una Corte de ley, es el chiste del año. Bastaría que la defensa del ex Presidente argumentara que Fox alguna vez juró que Borges era Borgues, que Vargas Llosa era Nobel de Literatura y que nunca le dijo a Fidel Castro "comes y te vas" para establecer que lo único que la "Palabra de Fox" prueba, incuestionablemente, es que en el universo mental del ex Presidente hay como 800 años luz entre neurona y neurona.

De plano el PRD nos tiene por amnésicos (o algo peor) si cree que tras mantener durante seis años que Fox era un mitómano y mentiroso, de pronto nos vamos a tragar que es un testigo digno de credibilidad. Salvo que se hayan caído del caballo camino a Damasco, no veo cómo Cota y compañía pueden afirmar que las declaraciones del mismo hombre a quien reiteradamente llamaron "Pinocho", "chachalaca" o "embustero" y "mitómano" ahora sí son pruebas irrefutables y ¡dogmas de fe!...

No menos indignante resulta que mientras en la prensa no han faltado los censores que exijan cerrarle el pico a Fox, poco se ha dicho de la necesidad de recordarle al PRD que -de acuerdo con sus propios argumentos- su hoy testigo de calidad "vive en Foxilandia" y "tiene el cerebro atiborrado de Prozac", por lo que suelta cualquier cantidad de sandeces frente a un micrófono. De ahí que si AMLO, Cota et al fueran poquito congruentes consigo mismos no andarían esgrimiendo la "Palabra de Fox" como prueba de nada.

Y más allá de la hipocresía de citar a un hombre al que desacreditaron sin piedad a lo largo de seis años, queda la sensación de que los cabecillas del sol azteca siguen dependiendo de las pifias de don Chente para hacerse notar. Es como si a falta de un panista bocón que les engorde el caldo (¡Espino pide mano!), los perredistas se hubieran quedado sin brújula y sin idea para proponer y negociar las alternativas de izquierda que el País espera y necesita de ellos. Al final ríe mejor quien al último ríe; y el ex Presidente debe estar desternillándose de risa al ver que el PRD ha dado cumplimiento a la más improbable de todas sus promesas: aquella donde Fox vaticinaba que no iban a faltar tarugos que lo echaran de menos.

Claudia Ruiz Arriola, El Norte, 18 de febrero 2007
sherpa01@gmail.com

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miércoles, enero 03, 2007

 

Mitos geniales del 2006


En estos días de escasas noticias nacionales, se puede aprovechar el tiempo para algunas reflexiones sobre el pasado reciente y no tan reciente, y que pueden o no encerrar alguna pertinencia para el futuro. Someto dos al lector: sobre Fox, AMLO y el desafuero en 2004-2005, y, en el sexenio pasado, la tesis del círculo rojo y del verde.

Uno de los factores dados por buenos entre casi la totalidad de los comentócratas es que el proceso de desafuero contra el Peje fue contraproducente. Según esta tesis, el desafuero provocó el crecimiento del Peje. Propongo la tesis exactamente opuesta: el crecimiento del Peje provocó el desafuero.

Si se acepta como fecha del inicio político del desafuero el día 6 de abril de 2004, cuando se reúnen en Los Pinos el presidente de la Suprema Corte Mariano Azuela con Fox, acompañado por Macedo de la Concha y Creel, entonces las encuestas de esa fecha, al ser cotejadas con aquellas levantadas al final de la historia, a saber mayo-junio del 2005, deben validar una u otra tesis. Examinemos varias agencias: Consulta Mitofsky, Parametría, Reforma y Gaussc, aclarando que no todas coinciden ni en metodología ni en el tiempo, pero pueden darnos una idea general.

Según Consulta, en febrero de 2004 AMLO tenía 41% de la intención de voto, Madrazo 23% y Creel 21%. De acuerdo con Parametría, en marzo del 2004 AMLO lograba 45% del voto, RM 31% y SC 24%. Reforma daba a principios de febrero 2004 a AMLO con 38%, RM con 16%, y SC con 18%. Y por último, Gaussc, que empezó a levantar hasta agosto, daba en ese mes del 2004 a AMLO con 42% de los votos, a RM 20% y a SC con 18%. En otras palabras, de acuerdo con cuatro de las encuestas existentes y más confiables, en las cuales sin duda podían basarse Fox, Creel y otros para tomar su decisión -si es que este criterio fuera pertinente-, el Peje tenía un promedio de aproximadamente 40 puntos de preferencia y una ventaja de 20 puntos sobre Creel.

Obviamente esto no significa ni que iba a conservar esa ventaja, ni que fuera "indestructible", ni que la decisión del desafuero se originara en las encuestas. Pero sí quiere decir que en la mente de quienes tomaron esta decisión, y desde hacía varios meses, el Peje iba en caballo de hacienda. Sobre todo si se recuerda que, apenas unas semanas antes, había estallado la crisis de los videos cuyo objetivo evidente era debilitar al Peje. A la luz de esos números no produjo el efecto deseado.

Si suponemos que el sainete concluye a principios de mayo del 2005, cuando Fox toma la decisión de recular, debemos revisar las encuestas en esas fechas. Según Consulta, en mayo de 2005 AMLO se encontraba con 42% de intención de voto, RM 24% y SC 20%; si nos vamos a agosto con la misma encuestadora, AMLO aparece con 38%, RM 25% y SC 20%. En otras palabras, prácticamente ninguna variación. De acuerdo con Parametría en junio de 2005, AMLO logra 45%, RM 32%, y SC 21%: de nuevo ningún cambio. Reforma daba: AMLO 36%, RM 25% y SC 24%, una variación ligeramente superior a las otras, pero que confirma el argumento. En Gaussc, las cifras son AMLO 40%, RM 16% y SC 20%: es decir una pequeña caída de RM, pequeña subida de SC y AMLO estable. Por tanto el año entero de golpes y contra-golpes básicamente no surtió ningún efecto. El desafuero y posible inhabilitación del Peje como candidato presidencial no lo destruyó en las encuestas ni tampoco lo infló o magnificó.

La figura del círculo rojo y círculo verde fue aparentemente inventada por Ricardo Salinas Pliego desde 1999 para caracterizar la diferencia entre el pequeño público informado y politizado que lee periódicos y sigue las noticias, y el enorme público indiferente a estas últimas. Fox, como se sabe, fincó el éxito de su sexenio en complacer al círculo verde y se resignó a padecer la animosidad creciente del rojo. Al final terminó bien con el verde y muy mal con el rojo, comandado por la comentocracia.

Pero hay un problema con esta división. ¿A quién responden los mercados: al círculo rojo o al verde? ¿A la opinión publicada o a la opinión pública?

Un dato, publicado en Reforma hace unos días refleja el problema. En 1999, el riesgo-país de México, es decir, lo que México paga por dinero en los mercados de capitales por encima de las tasas de referencia, fue de 363 puntos base. En el 2000, quizás por la incertidumbre electoral, subió a 392, y se redujo sistemáticamente desde entonces para cerrar 2006 en 99, el más bajo de nuestra historia. Esta cifra, por cierto, repercute en la tasa de interés interna que incide directamente en el costo de una hipoteca, de un préstamo automotriz, de una tarjeta de crédito. ¿Círculo rojo o verde? ¿Páginas editoriales o páginas de negocios?
Jorge Castañeda, El Norte, 3 de enero 2007

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