sábado, octubre 06, 2007
La verdad sospechosa
La última y recentísima aparición de la augusta señora ocurrió ahora con motivo del mensaje enviado al aire por TV Azteca cuyo contenido, insidioso y maligno, nos da cuenta y razón de cuáles son los ingresos de diputados y senadores de nuestro país; los mismos que le acaban de levantar la canasta al duopolio privándolo así de pingües ingresos.
O sea que TV Azteca habla por la herida, lo cual no quiere decir que falte a la verdad o que invente su información. Aquí, lo queramos o no, estamos en el centro de un asunto ético. Me pregunto: ¿TV Azteca publica esta información por amor a la verdad, o está empleando esa verdad como instrumento de revancha? Aunque parezca, la pregunta no es de fácil respuesta si se toma en cuenta que el informe de TV Azteca es verdadero y nos recuerda las inmensas cantidades de dinero que gastamos en mantener un aparato que produce muy magros resultados.
Uno de éstos ha sido sin duda la aprobación del nuevo conjunto de leyes que, entre otras cosas, se cepilla a los hermanos lelos de la televisión mexicana y los deja sin domingo. A no dudar, esto es un logro; pero esto no les quita a senadores y diputados su condición de haraganes, vividores, buenos para nada y lastre nacional.
Ocurre, sin embargo, que a raíz de este logro que todavía tendrá que revisarse, senadores y diputados se han convertido en santos súbitos que sólo merecen nuestra reverencia y admiración por su inaudita valentía. No será para tanto. Lo que les dice TV Azteca es la pura verdad, aunque ésta palidece junto a lo que pensamos los ciudadanos de su desempeño, de la desatención que nos muestran, de las fortunas que amasan, de su cinismo que los lleva a autorizar leyes sin haberlas leído y de su alineación permanente con la línea partidaria que es una comodísima manera de renunciar al propio pensamiento.
Así las cosas, me parecen un tanto ridículas las poses de damas ofendidas que han adoptado algunos senadores y diputados. Si quieren darse por ofendidos, demuestren primero la inexactitud de lo que les manda decir TV Azteca y una vez logrado esto: ¡que caiga todo el peso de la ley sobre los culpables! y mientras tanto, que se pongan a hacer algo de provecho en lugar de hacer tanto tango porque les dijeron la verdad. Como diría mi madre: tómenlo como de quien viene, pero no hagan caso omiso porque, como ya comentaba, lo que les dice TV Azteca era nada junto a lo que pensamos nosotros los ciudadanos que los consideramos como una peste del infierno.
Lo que dice TV Azteca es una verdad, pero como la dice TV Azteca se convierte en la verdad sospechosa.
Germán Dehesa
german@plazadelangel.com.mx
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domingo, septiembre 23, 2007
El bufón favorito
Basta ver el espacio que en este medio le dimos a la nota del ranchito de Fox (20 septiembre) para darse cuenta que nos fuimos con la finta, y que las futuras declaraciones de Chente serán una inmejorable cortina de humo para disimular que la reforma electoral ha quedado trunca: que si bien podemos congratularnos de haberle quitado al duopolio televisivo su libertad de presión (que no de expresión), no hemos avanzado ni un ápice en disminuir el poder de corrupción del triopolio que nos gobierna.
Y es que ¡qué conveniente para Carlos Navarrete y para Manlio "El Inmaculado" Beltrones resucitar a Fox justo cuando se imponía analizar el argumento que sustenta el presupuesto de los partidos políticos! Porque al cual está asentada en la ley electoral de 1996, la razón de fondo para triplicar en 10 años el presupuesto electorero era "garantizar el acceso de los partidos políticos a los medios electrónicos". De ahí que si los spots van a desaparecer, se impone -por lógica aristotélica- la cancelación de las partidas destinadas al pago de propaganda en radio y televisión, así como la abolición del derecho de los partidos a recibir ese dinero. Dicho sin tanto rollo: si el año pasado los partidos gastaron en tiempo aire mil 971 millones de pesos (Focus México, abril, 2007), no hay motivo para seguir entregándoles esa suma ahora que podrán disponer gratuitamente de tiempo en medios electrónicos.
Pero no. Fieles a las intenciones de los tiranos -"hacer que los súbditos piensen poco", que "desconfíen unos de otros" y que "les sea imposible ponerse de acuerdo para la acción"-, Manlio Fabio y Navarrete traen a colación a Fox con la intención de sembrar disenso y armarnos un circo mediático mientras sus partidos roban a manos llenas. Como en las antiguas tragedias griegas donde, a falta de un buen colofón, un dios se "descolgaba" del techo para salvar la situación y arrancar el aplauso del público, los eminentes legisladores van a hacer comparecer no a un dios, sino a su bufón favorito: Chente.
Fox provocará la catarsis de la risa (o la del llanto) con sus dislates y logrará lo que Beltrones y Navarrete quieren: distraernos. Y es que la idea básica de este final improvisado a la reforma electoral es hacer que los ciudadanos nos demos por muy servidos con un cambio en el destino de nuestros dineros (que ya no irán a parar a Televisa ni a TVAzteca), en vez de exigir una drástica reducción de los gastos electoreros. Lo que nuestros diputados y senadores ocultan es que su reforma electoral, tan prematuramente aplaudida, no abate en un céntimo los costos de una de las democracias más caras del mundo.
Dejarles a los partidos mil 971 millones de pesos sin motivo ni justificación alguna, amén de obsceno, es dejar intacto el poder de corrupción de los partidos.
Claro que no faltará el cínico legislador que diga que autoasignarse contratos millonarios por impresos y chucherías electorales es imposible bajo las actuales normas de fiscalización. Mentira podrida: con sólo dos empresas publicitarias que monitorear (dos), al IFE se le "fueron" en la pasada elección 280 mil spots de los que nadie sabe, nadie supo, con qué o cómo se pagaron.
No hay duda: el 70 por ciento del presupuesto de los partidos carece de fundamento, pero es algo que no les conviene discutir a los tiranos del Legislativo. Y por eso, sólo por eso, han elegido este momento para traer a su bufón favorito a escena.
Claudia Ruiz Arriola
sherpa01@gmail.com
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Y no se confundan. No es defensa a Fox. Si le encuentran algo, que lo entamben. Pero hay cosas mucho más importantes que hacer en lugar de estar desviando la atención con esos asuntos. Y si fuera el caso, hay ratas mucho mas grandes que Fox, como Montiel. Al menos Fox ya era empresario rico antes de ser presidente. Todos los demás, todos los anteriores presidentes sin excepción, incluyendo al actual, Felipe Calderón, siempre han vivido de la política. Siempre han vivido del Erario. Ninguno de ellos ha sabido lo que es pagar el ISR, y las cuotas del IMSS. Quien no sepa lo que eso significa mejor que no hable.
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martes, septiembre 18, 2007
Bombas, pantallas y barricadas
El país quedó tan envenenado después de la imprudente gestión de Fox y de la polarizada elección del 2006 que ese territorio común que es la nación hoy se desvanece. Los que quieren que a Calderón le vaya mal están dispuestos a que la nación pague un precio. Que le reviente Pemex, así llegamos nosotros a salvarlo. Que fracasen las reformas fiscal y política, para que tenga menos centavos y haya más enojo. Al final del día toda nación se asienta en creencias y en sueños compartidos, Tocqueville lo leyó con gran claridad. Toda nación comparte un espacio simbólico. Los símbolos no son un asunto menor. Varios de los principales actores políticos, en sus siempre complicados cálculos, han permitido la destrucción sistemática de la simbología de la nación. Hoy, todos pagamos los costos.
La agresión lleva ya décadas, en 2006 fue particularmente severa. Ya nadie se espanta de pancartas y gritos; son parte, decimos, de los "tiempos democráticos", pero también hemos visto caballos en la sala de plenos de la Cámara de Diputados, manifestantes desnudarse o tomar la tribuna para dormir una siesta. Hemos sido testigos del avance lento, pero sistemático, de la destrucción de la simbología nacional. Se acabó el día del Presidente festejan algunos, perfecto, pero qué lo va a sustituir. Se acabaron los espacios copados por el oficialismo, el Zócalo, la Plaza Mayor de la capital es de todos, perfecto, pero de todos es de todos.
La amenaza merodeó el año pasado al propio desfile militar. Recapitulemos la lista de fechas bajo amenaza: primero, 15 y 16 de septiembre y 1 de diciembre, toma de posesión. Por supuesto 1 de mayo y también el 5, por qué no. Las principales fechas de conmemoración nacional han sido trastocadas. Ya lograron que el Presidente informe a los ciudadanos a través de los medios y no frente a los legisladores. Una vez más el Zócalo es territorio en disputa, por lo menos se dio la recuperación mínima del acto. En lugar de que el diálogo y los argumentos prosperen, ahora fueron los watts de potencia las armas utilizadas. La pluralidad no necesariamente está deviniendo en una mejor convivencia. La pluralidad se inserta en una simbología nacional a la cual se subsumen los intereses personales y partidarios. La guerra simbólica ocurre con frecuencia, ver caer la estatua de Hussein hacía sentido para muchos. Pero cuál es el límite, ¿no es acaso la guerra simbólica una salida falsa que niega la historia? ¿Qué hacer con Lenin en la Plaza Roja o con Díaz enterrado en París?
Terrorismo, guerra simbólica, la semana pasada mostró los contrahechuras de una nación dividida. Sin reforma electoral no habría reforma fiscal. ¿Por qué? La fiscal la tendrían que sacar PAN y PRI y así fue. En la electoral, la intención de montar al PRD supuso cesiones. La electoral tiene varios méritos importantes, ya los hemos señalado: reducción de tiempos de campaña; reducción de costos; uso de los tiempos oficiales; renovación escalonada de los consejeros; mayores facultades de fiscalización para el IFE. Pero también tiene malformaciones: la dedicatoria ad hominen de una norma para cortar cabezas; la intención reguladora de las campañas negativas; la creación de un órgano de fiscalización que depende del Consejo General que depende, más ahora, de los propios partidos. Las ausencias son varias: no a la controversia constitucional; no abrir las candidaturas independientes; no a la reelección. Es una reforma que tenía dos enemigos identificados de antemano: los consejeros y los medios.
Sobra decir que los excesos de costos en medios en un país con tantas carencias no tienen defensa. Ése era el extremo del cual debíamos salir. Pero la prohibición total es el otro extremo y ése también puede tener otras consecuencias. Carlos Puig y Héctor Aguilar han señalado algunas. Puede tener un efecto concentrador de la imagen que lacere a nuevas figuras locales. Los candidatos contrarios a las televisoras o que escapen a sus simpatías, simplemente no tendrán cómo aparecer. Quedarán a merced de ellas. El espacio regulado difícilmente satisfará la necesidad de espacios de radio y pantalla, por lo cual los noticiarios y los programas políticos serán altamente cotizados. La disminución de la injerencia de los medios da más poder político a las organizaciones y gremios. El incentivo para los dineros ocultos, sobre todo en radiodifusoras locales, incrementa su atractivo. Y, finalmente, regresaremos a las frases breves que quepan en pendones y suenen bien.
Esto es lo que debió haberse discutido. La reacción histérica de los medios no ganó nada, por el contrario, exhibió falta de argumentos en un asunto que pudieron haber estudiado desde hace años. La alta carga emocional del asunto agravará la división nacional. Ya salieron las reformas, por lo menos hay movimiento. Aquí estamos, entre bombas, pantallas y barricadas.
Federico Reyes Heroles
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sábado, septiembre 15, 2007
Dictadura del spot
Guadalupe Acosta Naranjo, PRD
En el debate del 11 de septiembre sobre la reforma electoral, la Senadora del PRI María de los Ángeles Moreno afirmó que con la nueva legislación se eliminaría la cultura del spot y se promoverían campañas de más fondo. Ya no se discriminará -dijo- a candidatos por ser feos o por tener mala voz.
El 12 de septiembre, Alejandro González Yáñez del PT aseveró que la nueva ley impedirá la "espotización" de la política; el sistema anterior no "ofertaba (sic) ideas", sino que convertía a los candidatos en meros "productos de mercadotecnia política". La nueva legislación, dijo, privilegiará el debate de altura y el intercambio de ideas.
Tan atractivo resultó el concepto que lo adoptó el diario La Jornada, que ayer editorializó en su cabeza principal: "Sepulta el Senado la dictadura de los espots". La verdad, sin embargo, es que la reforma le está dando rango constitucional a la dictadura del spot.
Quizá los senadores no leyeron la iniciativa, como el año pasado cuando Pablo Gómez y los diputados del PRD reconocieron que no leyeron la Ley de Radio y Televisión que aprobaron por unanimidad. Pero quienquiera que se tome la molestia de examinar las enmiendas verá que éstas no sólo promueven, sino que obligan a la "espotización". Una de las mayores víctimas de la nueva ley será el debate de las ideas.
El que los partidos no paguen a los medios electrónicos por los tiempos de propaganda política no va a elevar el nivel de la propaganda. Los partidos y candidatos en campaña tendrán que compartir de 2 a 3 minutos por hora de forma gratuita, pero en ese espacio sólo podrán ofrecer spots.
Si quieren tocar temas de fondo, no podrán contratar tiempos más prolongados, como lo hizo Andrés Manuel López Obrador en la campaña del 2006. El entonces candidato perredista compraba media hora diaria en TV Azteca y contrató, además, tiempos largos de medios para explicar en detalle sus propuestas económicas y sociales. Hoy esa opción queda constitucionalmente cancelada. Los 2 a 3 minutos por hora que se arrebatarán a los medios no vuelven inevitable la "espotización".
Peor aún. En la campaña del 2006 los análisis y debates a fondo se llevaron a cabo en programas de las barras de opinión de las televisoras, como "Zona abierta", de Héctor Aguilar Camín y "Tercer grado", de Televisa, o "La entrevista con Sarmiento", que yo conduzco. El futuro de estas barras, sin embargo, queda ahora en tela de duda, porque sus recursos provenían en buena medida de la publicidad política que ahora quedará prohibida. Si estos programas desaparecen, o se ven limitados, los spots serán la única opción para presentar ideas de fondo.
Ni siquiera los programas de debate televisado de media hora que actualmente produce el IFE y que conduce Guadalupe Juárez sobrevivirán. El nuevo artículo 41 de la Constitución sólo plasma la asignación de tiempos electorales de 2 a 3 minutos por hora entre las 6:00 y las 24:00. México tendrá el dudoso privilegio de ser el único país en detallar en la Constitución minuto a minuto los tiempos de propaganda electoral y en prohibir en tiempos oficiales los programas de análisis de fondo.
Paradójicamente, si las tan vilipendiadas empresas de medios no ceden generosamente más tiempo a los partidos del que éstos les quitaron a la mala, las futuras campañas políticas se verán necesariamente reducidas a simples guerras de spots. Los debates entre candidatos sólo podrán realizarse en abonos chiquitos de 3 minutos, a menos de que los partidos les pidan el favor a las televisoras y radiodifusoras.
Por otra parte, como las nuevas normas constitucionales prohíben las campañas "denigrantes", los partidos se verán obligados a limitar sus spots a simples enumeraciones de promesas o a esos autoelogios a los que nos han acostumbrado los anuncios del sector público. Los candidatos se unirán al coro de los grillos que hoy nos dice que contamos con los mejores diputados, senadores, jueces y funcionarios del mundo.
Ya hoy los partidos, el Congreso y el Gobierno tienen problemas para llenar los tiempos públicos. Hace algún tiempo, Convergencia cubrió uno de sus espacios de radio de 5 minutos con una simple repetición interminable de su cancioncita "Naranja, Naranja". El PRD a veces mete viejos discursos de López Obrador. El Senado se ha hartado de decirnos que "A Patricia ya no la volverán a golpear", cuando todo el mundo sabe que la siguen golpeando. La situación empeorará cuando se tripliquen los tiempos oficiales en horarios estelares.
Pero, en todo caso, los 2 ó 3 minutos constitucionales sólo podrán llenarse con spots. Los partidos están cerrando las puertas al debate de ideas. Y lo peor de todo es que lo están haciendo en la Constitución.
Concesiones
La reforma electoral ha dejado claras las reglas para los servicios concesionados en nuestro país. De ahora en adelante, en tiempos de campaña, los bancos tendrán que dar crédito sin cobrar intereses a los candidatos. Las aerolíneas dejarán el 30 por ciento de sus asientos para uso gratuito de los políticos. Y los aserraderos entregarán un tercio de su madera a los partidos.
Sergio Sarmiento
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lunes, septiembre 10, 2007
Discernir
Ésa es la presión hoy para evaluar la propuesta de reforma electoral. El objetivo es sintetizar una propuesta en un adjetivo rotundo que sirva para perfilar una acción: promover u objetar. Vale el esfuerzo resistir esa tentación del calificativo concluyente y buscar los denominadores múltiples y contradictorios de una iniciativa importante.
Advertiría una marca esencial en la propuesta. La coincidencia que le da origen delata el interés común de los tres grandes partidos de protegerse frente a quienes tienen por enemigos. Se golpea a los partidos pequeños, se estorba aun más la aparición de nuevas organizaciones, se formaliza la prohibición de candidaturas independientes, se interviene al árbitro, se rompe el financiamiento electoral a los medios. Se abaratan las contiendas, es cierto, pero no se lastima económicamente a los partidos grandes. Los partidos incluso instauran en la Constitución el deber de los contribuyentes de mantenerlos.
Elegante medida: la inversión en educación caerá en el vaivén de las negociaciones anuales, pero, eso sí, las remesas a los partidos estarán a salvo. No lamento que se limite el espacio de los pequeños partidos que han sido, todos, un gran fiasco. Lo que parece preocupante es que quede sellado un sistema de partidos que necesita oxígeno. Se trata, en efecto, de una reforma de la partidocracia para reforzar ese régimen.
Se pretende constitucionalizar el paternalismo que se asomó judicialmente en las elecciones pasadas. La iniciativa prohíbe "denigrar" a las instituciones, a los partidos y a las personas. La propuesta es un grave atentado a la libertad de expresión, un atentado, en consecuencia, al debate libre. Los promotores de esta iniciativa imaginan un debate en donde ninguno de los candidatos se atreva a empañar la imagen pública de sus contrincantes. ¿Qué debate es aquel donde es ilícito resaltar los aspectos negativos del adversario? Gravísimo retroceso que parte de un entendimiento erróneo de lo que sucedió en el 2006 y que ha puesto énfasis en la llamada "guerra sucia," como clave para entender el desenlace de julio.
Para tener una democracia auténtica, nos dicen, hay que eliminar los ataques para instaurar un ágora de discusiones cerebrales, donde imperen las propuestas y las ideas. Alegato provinciano que no se ha enterado de la rispidez y la emotividad de toda campaña política. Las estrategias negativas son un elemento esencial del debate político. Son apuestas, esto es, decisiones con riesgo, que ofrecen información valiosa a la ciudadanía. Si se cree en la capacidad de los ciudadanos para evaluar el actuar político, debe dejársele a ellos juzgar el mérito de las denuncias o el ataque.
El relevo escalonado de los consejeros electorales es una medida sensata. El órgano se iría reconfigurando de manera lenta, combinando experiencia y renovación. Lo que resulta grave es que los partidos políticos castiguen al órgano electoral a través de la remoción. El árbitro que debe elevarse por encima de las disputas partidistas se convertiría en moneda de cambio, en pieza de subasta.
También se pueden apreciar elementos positivos en la iniciativa. La reducción de los tiempos de campaña es uno de ellos. Si la iniciativa prospera tendremos contiendas presidenciales más breves, campañas notablemente más cortas y más baratas. También me parece valioso regular el sentido de la propaganda oficial. La publicidad de los órganos públicos no podrá contener nombres o símbolos que supongan promoción personal. Podría ponerse fin a esa práctica grotesca que nos ha inundado en fechas recientes: alcaldes, gobernadores y presidentes dilapidando las arcas públicas elogiándose en los medios. El cambio es un avance, pero es insuficiente. El derroche se muestra igualmente en campañas institucionales tan anodinas como la del Senado que sigue teniendo permiso para bombardearnos con su cursilería.
Lo más positivo en la propuesta sería la modificación del vínculo entre partidos y medios. Se ha divulgado que los partidos dejarían de contratar por sí mismos anuncios y "spots". Los partidos difundirían su mensaje a través de los tiempos oficiales del Estado. Se trata de terminar con la perversa conexión entre partidos y medios que ha conformado un extraño gravamen. Existe, en efecto, un impuesto electoral que extrae recursos de los contribuyentes para transferirlos, a través de los partidos, a los bolsillos de los medios. Es razonable que en tiempos de campaña se empleen los espacios del Estado mexicano como plataforma de difusión de los partidos.
Jesús Silva-Herzog Márquez
http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com
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domingo, septiembre 09, 2007
Libertad a debate
Hay mucha hipocresía en los corrillos políticos en torno al papel que jugaron los medios en las pasadas elecciones. López Obrador -que se presenta como el principal agraviado- tuvo a su disposición cámaras y micrófonos en una precampaña que comenzó el día en que tomó posesión como Jefe de Gobierno del DF. Pedir que lo dieran "por muerto" era la señal perfecta para darlo por vivo, y esa atención espontánea siguió hasta las postrimerías de la elección.
Es verdad que se utilizó profusamente publicidad "negativa" en su contra, sobre todo aquella que lo señalaba como un "peligro para México". Pero, al margen de lo habitual que ese tipo de publicidad es en toda democracia moderna, ¿qué otra cosa había hecho él, sino advertir desde la tribuna de su poder (y utilizando a menudo los recursos públicos), la vasta conspiración de "la derecha" contra México? La "derecha" -definida por el propio líder máximo de la izquierda como todo aquel grupo o persona que se le opusiera- no era sólo "un peligro para México": no era México, no es México, es el anti-México.
Finalmente, más pronto cae un hablador que un cojo: López Obrador acaba de declarar en Puebla que las Cámaras se han convertido... "en un peligro para México" porque las iniciativas que "discuten en tribuna representan un retroceso" y responden "a una agenda establecida desde el extranjero por el Fondo Monetario Internacional". ¿Existe alguna duda de cómo hubiese procedido con respecto a las instituciones, de haber triunfado en los comicios?
Con todo, al igual que sus adversarios, el señor debería estar en su derecho de usar la palabra "peligro" como le venga en gana, y cuantas veces le venga en gana. Creerle o no creerle es decisión de los ciudadanos. Si somos congruentes con los valores de una democracia liberal, en las campañas del 2009 y 2012 los partidos, partidarios, candidatos y ciudadanos deberían poder decir esas cosas, y cosas peores. Las opiniones políticas no deben ser delitos. Ésa es la esencia de la libertad. Usarla con responsabilidad es un arduo aprendizaje colectivo, pero no puede ser impuesto. El verdadero peligro en una democracia está en coartar la libertad de expresión. Por eso los dictadores le temen tanto.
Introducir, como propone la reforma del Artículo 41, el concepto de "denigración" como un valladar legal en defensa de las instituciones, los partidos y las personas, puede resultar incompatible con el Artículo 6 Constitucional sobre la libertad de expresión. Karl Popper, el gran liberal, abogaba por el establecimiento de una comisión interna de autorregulación en los medios, que se comprometiera a cuidar los contenidos agresivos en ciertos programas. Pero nunca abogó por una comisión reguladora en la política.
No es correcto que los partidos dispongan de los escandalosos recursos que ahora tienen. Tampoco que el poder económico decida la agenda pública. Acotar ambas cosas me parecería un acierto. Que el IFE medie en la compra de publicidad, me lo parece también. Sin embargo, puedo pensar en un escenario en el que la modificación propuesta podría volverse contra nuestro sano desarrollo democrático.
De aprobarse la reforma en sus términos actuales, ningún grupo (un nuevo movimiento ciudadano, una ONG) podría defender en el futuro sus puntos de vista (o criticar el de otros) en espacios que no sean los noticieros o programas similares, lo cual atizaría la susceptibilidad con respecto a éstos, inhibiendo la libertad. El problema no es insoluble: requiere creatividad y buena fe.
Si en verdad les importa comunicar de manera cabal e inteligente sus ideas, sería aconsejable que los diputados y senadores estudiaran los intensos debates que ahora mismo está llevando el Partido Demócrata en Miami. Como vehículos de comunicación política para el elector, estos debates son más eficaces que las campañas publicitarias. Porque si algo faltó en el 2006 fueron precisamente debates auténticos, no ese par de rígidas y solemnes pantomimas que tuvieron lugar y que sin embargo jugaron un papel decisivo para normar el voto público. Los debates entre candidatos deben ser obligatorios. Su formato y contenido debe ser objeto de una intensa discusión pública y una reglamentación apropiada.
Los debates por televisión pueden ser la mejor clase de democracia, tolerancia y civilidad para el elector mexicano, la demostración palpable de que las personas pueden diferir en asuntos esenciales pero que esas diferencias no tienen por qué traducirse en actos de violencia.
Enrique Krauze
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La telecracia y la partidocracia están de pleito. Ambas partes atacan al oponente con argumentos ciertos, pero sólo los que les convienen. No caigamos en su juego. La partidocracia nos quiere recetar una seudo reforma electoral que sólo hará más fuerte el poder de los partidos. Y la telecracia, usando a la autonomía del IFE como ariete, quiere evitar que le cancelen el negocio que cada año tienen por las campañas electorales. Una guerra de intereses particulares. Ataquemos a ambos bandos.
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