martes, diciembre 13, 2011
Salario mínimo
El virtual candidato del PRI a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, no se acordó, en una entrevista con el periódico español El País, cuál es el monto del salario mínimo en México. Una vez más se desató una oleada de críticas y burlas al aspirante, lo cual es inevitable dado que se encuentra en primer lugar en las encuestas en la carrera presidencial.
Qué bueno que nadie me preguntó a mí, porque yo tampoco sabía. Pero me puse a investigar. Este 2011 el salario mínimo en la zona A, la más cara, es de 59.82 pesos diarios, lo cual equivale a mil 794.69 pesos al mes (tampoco los reporteros de El País tenían bien la cifra ya que dijeron "ronda los mil 740"). En la zona B el mínimo asciende a 58.13 y en la C a 56.70. Con el aumento para el 2012, a partir del 1 de enero el mínimo en la zona A pasará a 62.33 pesos, o mil 869.90 pesos al mes. En las zonas B y C se alcanzarán 60.57 y 59.08 pesos.
Pero ¿cuántos mexicanos ganan el salario mínimo? Me dicen que alrededor de 5 millones, aunque muchos tienen un salario mínimo nominal y obtienen ingresos adicionales. Es muy común, por ejemplo, que los meseros sean contratados con salario mínimo, pero obtengan la mayor parte de su ingreso en propinas. Aun así, hay un número importante de trabajadores que solamente reciben el salario mínimo y otros más que ni siquiera llegan a ese monto.
Yo nunca he podido conseguir un trabajador, ni siquiera para las tareas más humildes, por un monto cercano al salario mínimo. El mercado al que tengo acceso empieza alrededor del doble. Sin embargo, tras preguntar al aire en mi programa de radio, un empleado de Lavatap, una empresa de limpieza de oficinas, me mostró un recibo que registra un sueldo diario de 57.46 pesos. Esto es incluso menos que el mínimo. Recibí también varias llamadas telefónicas de personas que me dicen trabajar en gasolineras. Señalan que no tienen sueldo y que viven simplemente de las propinas. El esquema me parece ilegal.
Una cosa son los salarios mínimos y otra muy distinta los medios. En septiembre del 2011 los salarios medios generales registrados por el IMSS alcanzaban los 245.84 pesos, cuatro veces más que el mínimo. Los trabajadores peor pagados eran los de agricultura, ganadería, silvicultura y pesca, pero aun así recibían 140.13 pesos, más del doble del mínimo. Los mejor pagados eran los de las industrias extractivas, particularmente la minería, ya que obtenían un salario medio diario de 386.95 pesos, más de seis veces el mínimo.
Hay que tener cuidado, sin embargo, con la idea de que la forma de combatir la pobreza es simplemente elevar el salario mínimo. El economista negro Thomas Sowell ha advertido que el salario mínimo ha representado un virtual genocidio contra la raza negra en los Estados Unidos. Antes de que se estableciera este mínimo, no había diferencia entre el desempleo de blancos y negros. El salario mínimo volvió inempleables a millones de negros; el desempleo entre los miembros de esta raza se elevó radicalmente y sus familias y comunidades fueron gradualmente destruidas.
La única forma de elevar el nivel de vida de un país es tener inversión productiva que genere empleos. Subir en exceso el salario mínimo en una sociedad en la que no hay suficiente inversión simplemente aumenta el desempleo. Eso es lo importante que deben entender los aspirantes a la Presidencia de la República. Los montos exactos de los salarios mínimos son una simple anécdota.
Sergio Sarmiento
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Etiquetas: economia, EPN, Peña Nieto, populismo, PRI, reforma laboral, salario
lunes, diciembre 22, 2008
El aguinaldo de los legisladores
Vale la pena ver y compartir con todos nuestros contactos.
Y para burla de todos quienes estamos cautivos de Lolita, su aguinaldo, como el de todos los burócratas federales, es libre de impuestos. ¿Cuál crisis? Por eso a los políticos no les interesa realizar las reformas que el país requiere. Si no son tontos, se les acabaría su negocio.
Saludos
Etiquetas: canaco, congreso, corrupcion, diputados, gobernadores, injusticia, Mexicali, partidocracia, reformas, salario, senadores
martes, abril 17, 2007
Autonomía Sindical
Desafortunadamente, cuando hablan de autonomía sindical, nadie dice que ésta debe ser respetada también por partidos políticos y otras organizaciones, que han utilizado a los sindicatos como un medio para presionar al Gobierno y a la sociedad para la defensa de sus intereses y privilegios particulares, en especial de sus líderes, que no necesariamente coinciden con los intereses de los trabajadores.
El tema de la autonomía sindical tiene que ser revisado a fondo. Se debe respetar la autonomía sindical, si en realidad se quiere hacer cumplir lo que los constitucionalistas tenían en mente cuando redactaron el artículo 123. Este artículo dio lugar a una de las legislaciones laborales más avanzadas en el Siglo 20. Lo que buscaban los legisladores en 1917 era elevar a rango constitucional el respeto a los derechos de los obreros reglamentando la duración de las jornadas de trabajo e introduciendo elementos de seguridad laboral mínima, así como garantizar el derecho a por lo menos un día de descanso, a un salario decoroso y a recibir un porcentaje de las utilidades.
En la fracción XVI de este artículo se establece el derecho de los trabajadores a unirse en sindicatos para la defensa de sus intereses. El mismo artículo reconoce como un derecho de los obreros utilizar las huelgas como medio de presión para alcanzar una negociación laboral más justa con los patrones.
En el capítulo II de la Ley Federal del Trabajo (LFT) se reglamenta el funcionamiento de los sindicatos. Llama la atención que esta ley dice que nadie puede ser obligado a formar parte de un sindicato o a no formar parte de él (artículo 358). También establece que los sindicatos tienen derecho a redactar sus estatutos y a elegir libremente a sus representantes (artículo 359). Y que la directiva de los sindicatos "debe rendir a la asamblea cada seis meses, por lo menos, cuenta completa y detallada de la administración del patrimonio sindical. Esta obligación no es dispensable" (artículo 373).
Si se aplicara lo que dice el 123 constitucional y el capítulo II de la LFT, tendría sentido hablar de autonomía sindical.
Sin embargo, en la práctica lo que vemos es que algunas de las organizaciones más opacas que existen son los sindicatos. Mientras en otras organizaciones, como las gubernamentales o privadas, ha avanzado en el tema de la transparencia, vemos que es más fácil que llegue la luz del sol al fondo del océano que la transparencia al interior de los sindicatos.
En el caso de los gobiernos, en sus tres niveles ha habido avances, aunque insuficientes, para transparentar el manejo de los recursos públicos y los procesos de toma de decisiones. Inclusive en empresas privadas que cotizan en los mercados de valores se ha legislado para transparentar el manejo de los recursos para evitar que los accionistas de control y los ejecutivos tomen decisiones que afecten el patrimonio de accionistas minoritarios.
Pero en los sindicatos la única evidencia que tenemos es el enriquecimiento desmedido de sus dirigentes y el uso del patrimonio de sus agremiados para satisfacer sus intereses particulares. ¿Alguien sabe de alguna auditoría que se haya hecho a las organizaciones sindicales?
La autonomía sindical debería suponer que la elección de sus dirigentes y la toma de decisiones importantes, como irse a huelga, se realizara bajo los términos más elementales de una democracia representativa. Como se han formulado muchos estatutos sindicales, en las asambleas no se permite el voto secreto para que sean elegidos los líderes ni los trabajadores tienen una adecuada representatividad.
Para estos casos, es más conveniente tener delegados a modo, elegidos por los dirigentes, que voten a mano alzada lo que éstos les manden votar. Por eso no es de extrañar que muchos líderes sindicales se "sacrifiquen" por periodos muy prolongados al frente de sus sindicatos.
Fidel Velázquez, de sus 97 años de vida, se sacrificó 74 años por la defensa de los trabajadores. Francisco Hernández Juárez solamente lleva 31 años al frente del sindicato de Teléfonos de México. Cuando los líderes deciden irse a huelga para mostrar su poder, en la mayoría de las ocasiones lo hacen aun en contra de la voluntad de muchos trabajadores.
Por último, el déficit en nuestro sistema de pensiones se lo debemos a ese sindicalismo corporativo que en su tiempo presionó a las autoridades para que se le concediera un conjunto de privilegios que han hecho a los miembros de estos sindicatos trabajadores de excepción con relación al resto.
Aunque el poder del sindicalismo no es el mismo de hace 30 años, siguen conservando el suficiente grado de desestabilización si las autoridades y la sociedad no ceden a sus pretensiones. El caso Oaxaca y el de los mineros son buenos ejemplos.
Para hablar de autonomía sindical verdadera se debería comenzar por revisar el papel de los sindicatos en la sociedad para que realmente sean patrimonio de los trabajadores y no negocio privado de sus líderes. Al menos se podría comenzar por obligarlos a la transparencia y a la democracia. Esto permitiría un sindicalismo que diera lugar a un balance entre el respeto al derecho de los trabajadores y el impulso a la competitividad del país.
Abel Hibert, El Norte, 16 de abril 2007
ahibert@prodigy.net.mx
Etiquetas: democracia, economia, estado de derecho, pobreza, salario, sindicatos
sábado, febrero 03, 2007
La inflación del Banxico está en lo correcto
Durante las últimas semanas se ha generalizado la idea de que la medición de la inflación del Banco de México corresponde a la macroeconomía, la que no tiene que ver con la microeconomía que es la que afecta a nuestros bolsillos.
Así, se dice popularmente que es falso que la inflación haya crecido 4 por ciento durante los últimos 12 meses y que en realidad el incremento haya sido mucho mayor.
Voy a volver a ser impopular -ni modo- y quiero demostrarle que la medición de la inflación que mide Banxico es esencialmente correcta y que su incremento sí es cercano al 4 por ciento durante el último año.
El banco central no inventa los datos sino que los capta de varias decenas de miles de lecturas que se realizan cada mes.
Un virtual ejército de encuestadores, entre los que se encuentran muchas amas de casa, sale todos los días a captar el movimiento de los precios de los bienes y servicios en decenas de ciudades del País.
Puedo asegurarle con entera certeza que no existe en México -con excepción del INEGI- ninguna institución que tenga la capacidad de captación de la información de precios que se presenta en las calles de todo el País todos los días del año.
Hace años, podíamos pensar que el Índice de Precios al Consumidor, que da a conocer el Banxico, era un misterio pues no se sabía cuál era la evolución de las cotizaciones individuales que lo conforman.
Sin embargo, ya desde hace varios años, en la página de Internet del Banxico se puede obtener la referencia precisa de cada uno de los miles de productos y servicios que conforman dicho índice.
Además, se puede conocer su conformación con toda precisión pues deriva de un estudio que no realiza el Banxico sino el INEGI, y es la Encuesta de Ingreso-Gasto de los Hogares, a través de la que se descubre cómo es que se gasta en los hogares mexicanos.
El detalle de las ponderaciones que cada producto o servicio tiene en el índice de precios es público. No tiene misterio. Se sabe que las tortillas de maíz pesan 1.22 por ciento en el índice, o que la leche fresca lo hace en 1.86 por ciento, o que todos los productos vinculados con la alimentación pesan 22.7 por ciento.
No lo quiero cansar con las cifras. Todas están disponibles con pleno detalle en la página de Internet del Banxico.
Hay muchos productos que mes con mes suben y hay otros que bajan. Del gran promedio es que surge el índice.
Por razones plenamente explicables le ponemos siempre más atención a los bienes y servicios cuyo precio aumenta y no atendemos a otros que se quedan estables o bajan.
Si me permite una analogía, los índices de precios en México y en todo el mundo, son parecidos a las percepciones que existen sobre el calentamiento global.
Tal vez parezca que un aumento de algunas décimas de grado en la temperatura promedio del planeta es una cosa insignificante, pero es el aumento real. No es un invento de los investigadores y tiene tras de sí muchos fenómenos específicos que registran variaciones más grandes.
Pero nadie dice que ese cambio, que es un gran promedio de muchos otros más violentos en lo individual, es algo falso o que poco tiene que ver con la realidad.
Una tarea de las mediciones, en cualquier ámbito de la realidad, es lograr generalizaciones. Para Pedro sería irrelevante la inflación que registra Juan y que también es diferente a la que tiene Luis.
La tarea de las mediciones de la mayoría de las unidades económicas es que reflejen a ese gran promedio y sirvan como referencia a todos.
Sin embargo, cuando existe la percepción popular -equivocada- de que la inflación de 4 por ciento es un mito, o peor aún, una manipulación deliberada de la realidad con fines malévolos por parte del banco central, entonces se puede vender muy bien la posibilidad de que se necesita un aumento de emergencia de los salarios.
Pocas consignas o propuestas van a tener tan alta aceptación y respaldo popular como una demanda de subir los salarios, que evidentemente son insuficientes en México.
Pero al mismo tiempo, el argumento no se sostendría si se aceptara que la inflación es de 4 por ciento.
Así que para darle validez a la demanda, hay que desacreditar a quien emite la información, es decir, a Banco de México.
La psicosis que ve Guillermo Ortiz es real, y sobre ella es que se puede construir una movilización como la que ayer se dio en el centro de la Ciudad de México.
Hay que aumentar los salarios, sin duda, y aquí lo hemos dicho reiteradamente. Pero la razón es que necesitamos mejorar la condición de vida de la gente y el camino para hacerlo es a través de aumentos sostenidos de la productividad. No hay otro camino.
Enrique Quintana, El Norte, 1o de febrero 2007
enrique.quintana@reforma.com
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Para quien sepa lo básico de economía sabe que aumentar los salarios por decreto sólo causará más inflación y a la larga más pobreza. ¿Qué acaso esos que piden aumentos de salarios de emergencia no vivieron durante los 70's y 80's? Seguramente si se acuerdan de las inflaciones anuales de 3 dígitos. HAGAN MEMORIA POR FAVOR!!!!!
Etiquetas: economia, inflacion, pobreza, populismo, salario
viernes, febrero 02, 2007
Contradicciones populistas
Albert Einstein
La Marcha por la Defensa del Salario, el Empleo y la Soberanía Alimentaria que se llevó a cabo ayer en el centro de la Ciudad de México llevaba en el nombre sus propias contradicciones.
Uno puede protestar por el alza de precios, o defender el salario, el empleo o incluso la soberanía alimentaria, pero colocar todo en la misma canasta de propuestas, como lo han hecho los participantes en la marcha, es no entender cómo funciona la economía. Quizá el problema es que la preocupación real de los organizadores de la marcha no era ni el salario ni el empleo ni la soberanía alimentaria sino simplemente confrontar al gobierno de Felipe Calderón.
Uno puede "defender el salario" y pedir, como lo hacen algunos de nuestros políticos, que regresen los controles de precios que se aplicaron en los sexenios de Luis Echeverría y José López Portillo. Pero para esa defensa del salario tendríamos que regresar a la vieja estrategia de esos gobiernos de castigar a los productores, especialmente a los del campo, para favorecer a las ciudades. Esta estrategia siempre ha sido injusta, ya que en el campo se encuentran los más pobres de los pobres. Pero tiene una cínica lógica política, ya que hay más votantes en las ciudades que en el campo.
No deja de ser extraño que organizaciones de productores del campo, como la priista Confederación Nacional Campesina (CNC), se hayan unido a esta protesta. Después de todo, sus agremiados serían los primeros perjudicados en caso de aplicarse un control de precios. Estos grupos deberían recordar simplemente las consecuencias que los controles de los años 70 y 80 tuvieron sobre los campesinos.
Defender el empleo, por otra parte, requiere de una estrategia por completo distinta. Los controles de precios no sólo no sirven para generar empleos sino que, al desmotivar la inversión productiva, inhiben también su creación.
Los organizadores de la marcha han dicho, asimismo, que defienden la soberanía alimentaria, pero esto contradice también el propósito de promover precios más baratos para los alimentos. "Soberanía alimentaria" es, por supuesto, uno de esos términos que significa una cosa distinta en boca de cada político. Pero si lo que quiere decir ahora es que debemos tener un país que produzca todos sus alimentos principales, vamos a generar sin duda una gran escalada inflacionaria.
Por geografía y fragmentación de la tierra, México simplemente no es y quizá no puede ser autosuficiente en granos. Si buscamos cortar las importaciones de Estados Unidos, particularmente de maíz, vamos a provocar un alza muy importante en el precio de esta gramínea y también de los productos finales que se elaboran con ella, especialmente la tortilla. Muchos pensaban que participaban en la marcha como protesta al alto precio de la tortilla y resulta que están pidiendo medidas para que suba mucho más.
La verdad es que estos objetivos contradictorios revelan el propósito real de la marcha. Los distintos grupos de oposición en el País, algunos del PRI y otros del PRD y del Frente Amplio Progresista, han advertido con el aumento en el precio de la tortilla el primer momento de debilidad del Presidente Calderón.
La popularidad del mandatario se desplomó en los primeros días de enero, directamente como consecuencia del alza en la tortilla. En la encuesta telefónica semanal de Ulises Beltrán y Asociados, el acuerdo con la forma de gobernar del Presidente Calderón cayó del 63 por ciento el 4 de enero al 52 por ciento el 12 de enero. Y si bien el Acuerdo para Estabilizar el Precio de la Tortilla ha subido con rapidez esta cifra, a 60 por ciento el 25 de enero, perredistas y priistas han visto el primer signo de debilidad del Presidente y no han querido dejarlo pasar de largo. El propósito fundamental de la marcha es, así, el de demostrar la fuerza de la oposición frente a un gobierno que se percibe en problemas.
Es perfectamente correcto que las fuerzas de la oposición hagan su desplante de fuerza, aun cuando las disputas entre priistas y perredistas han quedado de manifiesto en las diferencias sobre quién había de hablar en el Zócalo. Pero las cosas hay que llamarlas por su nombre. Los grupos políticos que participaron ayer en la marcha no están presentando propuestas coherentes para obtener alguno de sus dispares objetivos. Las medidas que exigen se contradicen entre sí. Su único propósito real es confrontar al gobierno. Éste es un objetivo legítimo de la oposición, pero no es correcto afirmar que lo que se busca es defender el salario, el empleo y la soberanía alimentaria.
Gasto del DF
Que los partidos del Frente Amplio Progresista y los sindicatos del PRD y del PRI gasten su dinero en apoyar la primera de las grandes manifestaciones de este año puede resultar natural. Que el gobierno perredista del Distrito Federal utilice a la fuerza pública para despejar las calles para la marcha y recursos económicos para proporcionar apoyo, agua y sanitarios portátiles a los marchistas que tantas molestias causan a los ciudadanos es inaceptable. La próxima vez que los capitalinos paguen su impuesto predial tendrán derecho a exigir que se les devuelva la parte que el gobierno perredista utiliza para promover sus causas políticas en lugar de servir a los gobernados.
Sergio Sarmiento, El Norte, 1o de febrero 2007
Etiquetas: demagogia, economia, inflacion, populismo, precios, salario, subsidios
lunes, enero 22, 2007
La demagogia salarial nos amenaza
En las próximas semanas, la pretensión de un aumento salarial de emergencia va a estar en el primer plano.
A lo largo de los últimos días se ha demandado una revisión de emergencia de los salarios mínimos y más aumentos en los contractuales.
¿Está justificada desde el punto de vista económico esta demanda?
Nuevamente voy a ser impopular, pero creo que el planteamiento es básicamente demagógico.
Si hay preocupación por el poder de compra de los sectores más pobres, la opción es aumentar los subsidios directos con objeto de compensar temporalmente el efecto del mayor precio de la tortilla y de otros alimentos.
En las últimas semanas se ha dicho que la tortilla es esencial en el consumo de la población.
Para poder observar qué tan esencial es, hay que ir a las cifras. Las únicas disponibles respecto a lo que pesa la compra de tortillas en el gasto de las familias son las de la Encuesta de Ingreso-Gasto de los Hogares.
De acuerdo con la información del último estudio, que se realizó en 2004, gastan en la compra de tortillas de maíz el 80.8 por ciento de los hogares mexicanos, lo que significa que compran tortillas aproximadamente 21 millones de familias.
La que come más tortillas en México es la clase media.
Entre la población que se encuentra en los deciles 4 al 8, es decir, a la mitad de la tabla de la distribución del ingreso, en 9 de cada 10 hogares se compran tortillas.
El gasto promedio diario por cada hogar era de 4 pesos con 60 centavos cuando se hizo el estudio. Considerando el incremento promedio del kilo de tortilla, ese monto era de 5 pesos con 50 centavos al final del año pasado.
En las primeras semanas de enero, con el aumento promedio que se ha dado y que anda en el 25 por ciento, para comprar la misma cantidad de tortillas, el gasto llegó a 6.90 pesos al día en promedio.
En los sectores medios, el desembolso adicional que ha tenido que realizarse en este mes es de 1.40 pesos diarios, lo que equivale a 42 pesos adicionales al mes.
Las estimaciones de la misma Encuesta señalan que el gasto total que realizan los hogares ubicados en esos segmentos es de alrededor de 6 mil 200 pesos mensuales en promedio.
El impacto específico del aumento reciente en la tortilla en el gasto total es de 0.7 por ciento.
En el caso del 30 por ciento de los hogares más pobres, el impacto es mayor porque de su gasto total, poco más del 3 por ciento se realiza en tortillas y el gasto que efectúa cada familia es apenas del orden de 2 mil 900 pesos.
Sería muy bueno que los salarios mínimos pudieran incrementarse en términos reales en una proporción mucho mayor y que los salarios contractuales también se pudieran revisar muy por arriba de la inflación.
Dar tales aumentos sin que haya efectos inflacionarios es posible si la productividad del País crece.
Pero para que la productividad crezca, se requiere que tengamos un crecimiento del PIB de más de 5 por ciento anual de modo sostenido.
De acuerdo con la información disponible, la participación de los asalariados en el ingreso total del País ha tenido poca variación en la última década.
En 1995, el 29 por ciento del ingreso del País correspondía a los asalariados y en 2004 (último año con información disponible) esa proporción era del 28.8 por ciento.
Aunque en términos reales, el salario promedio de cotización del IMSS ha tenido un ligero crecimiento en los últimos años, ha sido poco significativo. Sin embargo, al menos desde los últimos años de la Administración de Zedillo y a lo largo del sexenio de Fox, se logró detener la caída de los salarios reales.
Hay dos realidades que a veces resulta difícil asimilar, pero que si somos honestos, debemos reconocer.
La primera es que hay un alto porcentaje de la población mexicana, alrededor de la mitad, que sigue bajo la línea de la pobreza, y a la cual cualquier incremento en los precios de los alimentos le implica una pérdida sensible.
Es a este sector al que se deben canalizar más apoyos, entregados de manera directa y transparente.
Pero, al mismo tiempo, la realidad es que el alza en los precios de la tortilla (todavía no hay información para valorar el impacto de todas las alzas) está lejos de justificar una revisión de emergencia en los salarios en 40 por ciento, como lo ha planteado el PRD.
Hay una obvia intención política en esa demanda, que tiene el propósito de ganar popularidad y restarla al Gobierno de Calderón, que, por supuesto, se va resistir a ella.
El Gobierno tendrá que enfrentar el reto de lograr que no se salga de control la conducción económica del País, aun si ello implicara una pérdida de puntos en las encuestas, como seguramente va a ocurrir.
Lo que sí debe cuidar Calderón es que no vaya a perder la legitimidad necesaria para emprender cuanto antes las reformas que por tantos años han quedado pospuestas en el País.
Enrique Quintana, El Norte, 22 de enero 2007
enrique.quintana@reforma.com
Etiquetas: demagogia, economia, inflacion, maiz, pobreza, populismo, salario, tortilla
