viernes, enero 11, 2008

 

Campo y TLCAN

"Cultivemos el trigo de nuestro pequeño campo, sin ocuparnos de la cebada que se eleva en el campo del vecino".
Marcel Prevost


Nuestros políticos han aprovechado nuevamente toda oportunidad para gritar: "Ahí viene el lobo". Ahora lo han hecho con motivo de la entrada en vigor este 1o. de enero del 2008 de la última etapa del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el TLCAN.

En las últimas semanas hemos visto una verdadera avalancha de declaraciones de políticos en periódicos y otros medios de comunicación que nos anuncian que se aproxima el fin de la agricultura mexicana como consecuencia de la apertura total del mercado norteamericano para productos del campo.

Entre las declaraciones que he leído en los últimos días se cuentan algunas que señalan que se perderán millones de empleos por la apertura, que cientos de miles tendrán que migrar a los Estados Unidos, que la agricultura mexicana se desplomará, que los pobres del campo se multiplicarán, que los precios de alimentos subirán y que los precios de los alimentos bajarán (depende de quién lo diga).

La verdad es que estos escenarios catastrofistas son tan falsos como los que originalmente se lanzaron cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio.

Lo que está ocurriendo hoy es que se da el último paso en un acuerdo comercial que entró en vigor hace 14 años para eliminar lo que quedaba de aranceles en unos cuantos productos, entre ellos el maíz, el frijol y el azúcar. La principal atención se ha prestado al caso del maíz. Distintos grupos políticos han organizado movilizaciones para exigir que se cierren las puertas a la importación libre de maíz porque esto, supuestamente, amenaza no sólo nuestra agricultura sino nuestra identidad nacional.

Quienes organizan estas protestas, sin embargo, al parecer no se han dado cuenta que desde hace años México ha estado ya importando maíz libre de aranceles... y exportándolo también. ¿Por qué? Simplemente por el hecho de que así lo han exigido los mercados.

México es autosuficiente en maíz blanco, el cual se utiliza preferentemente para el consumo humano y en especial para la producción de tortillas. De hecho, vendemos un pequeño excedente a Estados Unidos, que virtualmente no tiene producción de maíz blanco.

La situación es completamente distinta en el caso del maíz amarillo. En éste tenemos y hemos tenido siempre un déficit por lo que importamos millones de toneladas al año de Estados Unidos. Este maíz amarillo no se utiliza en general para consumo humano sino como forraje para ganado y como insumo para la producción de alta fructosa. Hasta ahora la importación de este maíz estaba nominalmente sujeta al pago de un arancel, pero el gobierno ha ampliado unilateralmente los cupos de importación sin arancel debido a que necesitamos el producto.

A principios de este 2007, cuando se registró un aumento en la tortilla como reflejo de un alza en el precio del maíz en Estados Unidos, el gobierno mexicano tuvo que hacer malabares para traer a nuestro país una mayor cantidad de maíz amarillo. Para eso amplió los cupos de importación sin arancel. Ya estamos importando maíz sin arancel.

¿Que el campo mexicano es pobre? Claro. Pero eso no es culpa de una medida que apenas entrará en vigor este 1o. de enero o del Tratado de Libre Comercio que se ha aplicado a lo largo de los últimos 14 años y que ha permitido un aumento muy importante en las exportaciones de productos agropecuarios y alimentos de México a Estados Unidos.

La pobreza del campo mexicano es producto de otros factores. Uno de ellos es estructural. México no ha concluido la transición poblacional que todos los países del mundo han llevado a cabo en su proceso de desarrollo y que implica la transformación de una sociedad rural a una urbana. Quienes piensan que de alguna mágica manera México puede quedar exento de este proceso mundial simplemente están tratando de engañarse a sí mismos o a los demás. Lo que necesitamos como país es tomar medidas que permitan la generación de empleos en la industria y los servicios en el campo y no a tratar de mantener, a base de subsidios, una actividad agrícola; es imposible conservar 20 o 25 millones de campesinos en nuestro país.

La otra razón de la pobreza del campo mexicano es la fragmentación de la tierra. La reforma agraria, motivo de orgullo para tantos políticos, es responsable en buena medida de la pobreza del campo porque ha dejado la geografía mexicana desgarrada en parcelas diminutas, de un promedio de cinco hectáreas, que no permiten la inversión ni la productividad.

Éstas no son faltas del Tratado de Libre Comercio. Ni este acuerdo comercial traerá consigo este año el desplome de la agricultura nacional. Quienes lo anuncian sólo buscan el aumento de subsidios a sus organizaciones.

Subsidios

El gobierno de Estados Unidos gasta una enorme cantidad de dinero de los impuestos en subsidios al campo y especialmente al maíz amarillo. Esto es un abuso para los contribuyentes estadounidenses, pero los mexicanos nos beneficiamos. ¿Por qué? Porque tenemos que importar de todas maneras el maíz amarillo para forraje que no producimos. Si el gobierno estadounidense no diera estos subsidios, los mexicanos simplemente tendríamos que pagar más por este maíz y subirían los precios del pollo y la carne que consumimos.


Sergio Sarmiento

Etiquetas: , , , , , , , ,


martes, enero 08, 2008

 

Apertura en maíz: ruido y hechos

Ni panacea ni cataclismo. La apertura en maíz en realidad va a cambiar poco el panorama que ya existe en el campo. Pese al ruido político que se ha hecho y que va a continuar por algunas semanas o meses, no se va a producir ninguna gran tragedia en el campo mexicano por la libre importación de maíz procedente de Norteamérica.

Si a partir de este enero se hubiera permitido la importación de maíz libre de arancel por primera ocasión; si no hubiese existido un recorte gradual de los impuestos a la importación desde 1994; si la producción dominante en el País fuera la de maíz amarillo y no blanco; si Bush no hubiera impulsado el uso del maíz para producir etanol; si no existiera un incremento de la demanda mundial; si no hubieran pasado todas esas cosas, otra sería la historia.

Pero todo eso ocurrió y ha dejado a los productores de maíz en condiciones favorables para enfrentar la apertura final del 2008 o, por lo menos, sin el riesgo de ser arrasados por las importaciones. La apertura a la libre importación de maíz es una oportunidad política y emocional para tratar de levantar nuevamente una corriente en contra del libre comercio.Pero vamos por partes para entender lo anterior.

Cuando arrancó el Tratado de Libre Comercio, en 1994, la cuota de importación al maíz proveniente de Estados Unidos era de 206.4 por ciento. El año pasado, el arancel que se pagó fue de sólo 18.2 por ciento. El cambio más importante ya había ocurrido. Pero además, se establecieron cupos para poder importar maíz libre de arancel, que fue de 2.5 millones de toneladas en 1994 y el año pasado ya fue de 3.6 millones con importaciones totales de maíz que se estiman en casi 8 millones de toneladas del año pasado.Si tuviéramos un mercado en el que la producción nacional no lograra colocarse y en el que llegara por primera vez y de manera masiva la importación, entonces la amenaza para los productores sería realmente muy grande.

La importación, fundamentalmente de maíz amarillo, no se ha hecho para desbancar la producción nacional, sino fundamentalmente para cubrir lo que no se produce en México y se han destinado a las industrias almidoneras, cerealeras, harineras, de frituras y al sector pecuario. A lo largo de los últimos años, ha cambiado la dieta de la población y hay un mayor consumo de maíz amarillo, procesado en la industria o usado como alimento para animales. Si la producción dominante en México fuera de maíz amarillo, la competencia con las importaciones sería diferente, pero el cultivo dominante es el de maíz blanco.

El otro factor que está presente en la coyuntura es la situación del mercado internacional, que ha tenido un cambio estructural en los últimos años. La demanda del maíz para la producción de etanol en Estados Unidos, así como el crecimiento de la demanda mundial como insumo pecuario por los cambios en los hábitos alimenticios de China e India, han determinado incrementos de precios de hasta 100 por ciento en un par de años. En nuestro País, de acuerdo con el Banco de México, el incremento de los costos del maíz como insumo para la producción fue de 48 por ciento en los últimos dos años. Esta coyuntura es muy favorable para los productores en un mercado en el que ellos tienen el control.

Pero además, en el debate que se ha producido en las últimas semanas, los grandes ausentes -como casi siempre- son los consumidores. Se habla de los cientos de miles de productores de maíz, pero nadie alza la voz por las decenas de millones de consumidores de este grano en México. Desafortunadamente, las condiciones del mercado internacional van a impedir que la eliminación total del arancel signifique una reducción de precios.

Este cuadro no implica que a los productores de maíz en el campo mexicano les esté yendo bien de manera generalizada. Hay la polarización que es casi costumbre en México. Mientras productores como los de Sinaloa se benefician de los subsidios y son altamente competitivos, con empresas rentables, hay cientos de miles que siguen produciendo en condiciones de atraso y que utilizan una buena cantidad para el autoconsumo, directa o indirectamente, alimentando con él a los animales de traspatio que tienen. Esa condición de atraso del campo mexicano ni va a empeorar ni va a ser resuelta con la apertura. Para cambiarla se necesitaría una nueva vocación agrícola para cultivar productos más rentables así como el desarrollo de actividades industriales en el campo.

En contra de lo que se cree, la reducción relativa de la población en el campo ha sido mínima, de apenas 3 puntos porcentuales desde que existe el TLCAN y los 25 millones de personas que lo habitan requieren de una nueva vocación productiva.

Perfiles del campo
En esta década, el crecimiento de la producción de maíz alcanza 6.3 millones de toneladas, y las importaciones aumentaron 2.3 millones, casi sin modificación en la estructura total de consumo.

Enrique Quintana
enrique.quintana@reforma.com

Etiquetas: , , , , , , , ,


viernes, febrero 02, 2007

 

Contradicciones populistas

"Los contrastes y las contradicciones que pueden alojarse simultáneamente en una corteza cerebral echan por tierra cualquier sistema político, optimista o pesimista".
Albert Einstein

La Marcha por la Defensa del Salario, el Empleo y la Soberanía Alimentaria que se llevó a cabo ayer en el centro de la Ciudad de México llevaba en el nombre sus propias contradicciones.

Uno puede protestar por el alza de precios, o defender el salario, el empleo o incluso la soberanía alimentaria, pero colocar todo en la misma canasta de propuestas, como lo han hecho los participantes en la marcha, es no entender cómo funciona la economía. Quizá el problema es que la preocupación real de los organizadores de la marcha no era ni el salario ni el empleo ni la soberanía alimentaria sino simplemente confrontar al gobierno de Felipe Calderón.

Uno puede "defender el salario" y pedir, como lo hacen algunos de nuestros políticos, que regresen los controles de precios que se aplicaron en los sexenios de Luis Echeverría y José López Portillo. Pero para esa defensa del salario tendríamos que regresar a la vieja estrategia de esos gobiernos de castigar a los productores, especialmente a los del campo, para favorecer a las ciudades. Esta estrategia siempre ha sido injusta, ya que en el campo se encuentran los más pobres de los pobres. Pero tiene una cínica lógica política, ya que hay más votantes en las ciudades que en el campo.

No deja de ser extraño que organizaciones de productores del campo, como la priista Confederación Nacional Campesina (CNC), se hayan unido a esta protesta. Después de todo, sus agremiados serían los primeros perjudicados en caso de aplicarse un control de precios. Estos grupos deberían recordar simplemente las consecuencias que los controles de los años 70 y 80 tuvieron sobre los campesinos.

Defender el empleo, por otra parte, requiere de una estrategia por completo distinta. Los controles de precios no sólo no sirven para generar empleos sino que, al desmotivar la inversión productiva, inhiben también su creación.

Los organizadores de la marcha han dicho, asimismo, que defienden la soberanía alimentaria, pero esto contradice también el propósito de promover precios más baratos para los alimentos. "Soberanía alimentaria" es, por supuesto, uno de esos términos que significa una cosa distinta en boca de cada político. Pero si lo que quiere decir ahora es que debemos tener un país que produzca todos sus alimentos principales, vamos a generar sin duda una gran escalada inflacionaria.

Por geografía y fragmentación de la tierra, México simplemente no es y quizá no puede ser autosuficiente en granos. Si buscamos cortar las importaciones de Estados Unidos, particularmente de maíz, vamos a provocar un alza muy importante en el precio de esta gramínea y también de los productos finales que se elaboran con ella, especialmente la tortilla. Muchos pensaban que participaban en la marcha como protesta al alto precio de la tortilla y resulta que están pidiendo medidas para que suba mucho más.

La verdad es que estos objetivos contradictorios revelan el propósito real de la marcha. Los distintos grupos de oposición en el País, algunos del PRI y otros del PRD y del Frente Amplio Progresista, han advertido con el aumento en el precio de la tortilla el primer momento de debilidad del Presidente Calderón.

La popularidad del mandatario se desplomó en los primeros días de enero, directamente como consecuencia del alza en la tortilla. En la encuesta telefónica semanal de Ulises Beltrán y Asociados, el acuerdo con la forma de gobernar del Presidente Calderón cayó del 63 por ciento el 4 de enero al 52 por ciento el 12 de enero. Y si bien el Acuerdo para Estabilizar el Precio de la Tortilla ha subido con rapidez esta cifra, a 60 por ciento el 25 de enero, perredistas y priistas han visto el primer signo de debilidad del Presidente y no han querido dejarlo pasar de largo. El propósito fundamental de la marcha es, así, el de demostrar la fuerza de la oposición frente a un gobierno que se percibe en problemas.

Es perfectamente correcto que las fuerzas de la oposición hagan su desplante de fuerza, aun cuando las disputas entre priistas y perredistas han quedado de manifiesto en las diferencias sobre quién había de hablar en el Zócalo. Pero las cosas hay que llamarlas por su nombre. Los grupos políticos que participaron ayer en la marcha no están presentando propuestas coherentes para obtener alguno de sus dispares objetivos. Las medidas que exigen se contradicen entre sí. Su único propósito real es confrontar al gobierno. Éste es un objetivo legítimo de la oposición, pero no es correcto afirmar que lo que se busca es defender el salario, el empleo y la soberanía alimentaria.

Gasto del DF
Que los partidos del Frente Amplio Progresista y los sindicatos del PRD y del PRI gasten su dinero en apoyar la primera de las grandes manifestaciones de este año puede resultar natural. Que el gobierno perredista del Distrito Federal utilice a la fuerza pública para despejar las calles para la marcha y recursos económicos para proporcionar apoyo, agua y sanitarios portátiles a los marchistas que tantas molestias causan a los ciudadanos es inaceptable. La próxima vez que los capitalinos paguen su impuesto predial tendrán derecho a exigir que se les devuelva la parte que el gobierno perredista utiliza para promover sus causas políticas en lugar de servir a los gobernados.


Sergio Sarmiento, El Norte, 1o de febrero 2007


Etiquetas: , , , , , ,


jueves, febrero 01, 2007

 

Viaje redondo

Nuevamente un excelente cartón de Paco Calderón. Aunque si fue una marcha bastante grande, al final sólo hicieron el ridículo, pues muy apenas reunieron la décima parte de lo que AMLO llegó a concentrar en su pico de popularidad después del 2 de julio, cuando reunió alrededor de 400 mil personas. Ayer se suponía que no sólo eran seguidores del peje, sino que había otras organizaciones, y aún así fue relativamente poca gente. Y eso que supuestamente protestaban por una "causa justa", el incremento de los precios de productos básicos. ¿Ya se les acabó el gas?

Etiquetas: , , , ,


miércoles, enero 24, 2007

 

El encanto populista de los controles de precio

En mi columna del 23 de agosto del año pasado, "La importancia de los precios", señalé que esperaba "que el gobierno de Felipe Calderón utilice estándares muy rigorosos a la hora de evaluar las políticas públicas y los programas sociales, de manera que evite introducir distorsiones adicionales en la economía mediante la manipulación innecesaria de los precios..." Es una decepción, por tanto, que apenas transcurrido mes y medio desde el inicio de su administración haya tomado decisiones en función de presiones políticas, mostrando con ello un claro desdén por las señales económicas.

Los gobiernos han tratado de fijar precios mínimos o máximos en todas partes y desde tiempos ancestrales. En México está muy arraigada la idea de que las decisiones burocráticas sobre la asignación de recursos solucionarán nuestros problemas económicos. De hecho, al ver la reacción del público ante las intromisiones gubernamentales, uno podría decir que somos víctimas del encanto de los controles. Ello no justifica, sin embargo, que una de las primeras acciones del gobierno de Felipe Calderón haya sido la interferencia con la operación del mercado en el caso de la tortilla y el maíz, ante el escándalo que se suscitó con el aumento del precio de esos productos.

El alza se debe, en gran parte, al incremento de precios internacionales del maíz por su uso creciente en la producción de etanol, y en menor medida a la política oficial de entorpecer la importación libre del grano. Nada tiene que ver el argumento fantasioso de las autoridades y del Congreso que culpa de ello a los especuladores y acaparadores del producto; pero si bien esos señalamientos carecen de sustento económico, tienen en cambio un gran contenido político, por lo que no extraña la decisión de anunciar un programa que incluye, entre otras acciones, el acuerdo de un precio tope a la tortilla.

La dimensión política de esta intromisión en el mercado del maíz y la tortilla se aprecia mejor cuando la comparamos con la inacción de las autoridades ante las oscilaciones del precio del tomate durante el año. Maíz y tomate son productos del campo y su cotización depende, entre diversos factores, de las condiciones climatológicas y la producción global, pero hasta ahora nadie se ha avocado a señalar cuando sube de precio el tomate que ello es resultado, como ahora en el caso del maíz y la tortilla, de especuladores y acaparadores del producto.

La tortilla subió de precio porque el maíz subió de precio. Y esto sucedió porque la cotización internacional del grano se elevó, como mencioné antes, al demandarse para la producción creciente de etanol. La liquidez que existe en la economía debido a la política monetaria laxa de Banco de México facilitó la transferencia de precios a los consumidores.

La solución económica es dejar que los mercados acomoden los nuevos precios relativos, mientras que la solución política, que no confía en los mercados, se inclina por leyes que controlen "la especulación y el acaparamiento", que le establezcan topes a los precios que se pueden cobrar con el supuesto fin de simbolizar la oposición a la escasez que existe. La escasez duele, ya que significa que no puedo tener todo lo que deseo. Sin embargo, lo único que logrará el gobierno con estas medidas es acrecentar las distorsiones que ellos mismos crearon en el mercado de maíz y, por tanto, en el de la tortilla.

El atractivo político de los controles de precios es fácil de apreciar. Aun cuando fallan en proteger a muchos consumidores y perjudican a otros, los controles prometen proteger a grupos de consumidores que encuentran particularmente difícil pagar los incrementos de precios. A pesar del uso frecuente de controles de precios, y a pesar de la lógica superficial de su atractivo, los economistas nos oponemos por lo general a ellos. La razón es que los controles de precios distorsionan la asignación de recursos y cuando se introducen en mercados donde la demanda no se satisface con la producción existente a los precios anteriores, como sucede ahora con el maíz y la tortilla, sólo hacen que las cosas empeoren.

En los sectores donde se aplican controles se debilitan, por un lado, los incentivos para que los consumidores disminuyan su consumo, mientras que por el otro, se desalientan a los proveedores de hacer inversiones adicionales para aumentar la capacidad de producción que, en última instancia, es lo que aliviaría en definitiva la escasez.

Cuando el problema es la ausencia de mercados competitivos, la solución no son los controles de precios, sino atacar las causas de que no exista la competencia. En el caso del maíz y la tortilla, es una tontería afirmar que no existe un entorno de competencia para que el precio refleje adecuadamente las condiciones del mercado. En todo caso, el problema está en los controles arbitrarios a la libre importación del grano y no en el precio de la tortilla, que sólo refleja las condiciones del mercado internacional del maíz.

La reacción del Presidente Calderón es preocupante no sólo porque no resuelve el problema, sino porque nos hace creer que los políticos, en vez de la competencia en el mercado, son mejores para determinar el precio de los productos, lo que en la práctica es una fórmula segura para el desastre. Además, los techos "temporales" de precios tienen una forma muy curiosa de ser finalmente no tan temporales. Los techos a los precios deben verse como lo que son: parte del problema y no la solución.


Salvador Kalifa, El Norte, 24 de enero 2007
salvadorkalifa@prodigy.net.mx
--------------------------------------

Hay que decirlo con todas sus letras, la decisión de un pacto para el precio de la tortilla es una medida populista. Y como tal aquí lo denunciamos. Que se habran los cupos de importación de maíz, pero sobre todo que se promueva el uso de mejores variedades y más tecnificación en el campo. Si todas las hectáreas que hoy se siembran con maíz produjeran 8 toneladas c/u, no tendríamos este problema. Pero ojo, el precio del maíz estaría por abajo de 1000 pesos la tonelada en perjuicio de los campesinos. No hay lonche gratis, ni para un lado ni para el otro.

Etiquetas: , , , , ,


martes, enero 16, 2007

 

Lecciones de economía básica

El alza en los precios internacionales del maíz, y sus repercusiones en
México –que los medios de comunicación han magnificado hasta la histeria-
encierran cuatro valiosas lecciones de economía que, mucho me temo, vamos a
desperdiciar.

Lección uno: La ley de la oferta y la demanda funciona, aun para aquellos
que voluntariosamente se afanan en negarla, atenuarla, distorsionarla,
aislarse de sus efectos, posponerla. Cuando los inventarios totales de maíz
en EUA han bajado nueve por ciento de diciembre de 2005 a diciembre de 2006
(ver reporte del 12 de enero de 2007, del USDA) y cuando la oferta mundial
de maíz cayó 0.9 por ciento en 2006 respecto de 2005, en tanto que la
demanda mundial de maíz aumentó 3.5 por ciento en el mismo periodo (ver
reporte de la Universidad Estatal de Dakota del Sur), ¿qué sucede? Sencillo,
que los precios suben.

Lección dos: Los mercados – la gente, alguien, algunos- reaccionan
inteligentemente ante los precios altos (en este caso del petróleo y de sus
derivados) y buscan alternativas para ajustarse a la nueva situación, por
ejemplo: generar combustibles mediante insumos diferentes al petróleo, como
el maíz. En los seis años que han transcurrido de este siglo (2001 a 2006
inclusive) el consumo de maíz en Estados Unidos para producir etanol se ha
más que cuadruplicado. Así pues, los precios del maíz seguirán creciendo a
menos que rápidamente la oferta se ajuste al aumento de la demanda (poco
probable) o que los precios del petróleo se desplomen, desalentando
relativamente la demanda de maíz para producir etanol (evento incierto). Lo
inteligente es entender y atender lo que sucede en los mercados; lo estúpido
es ignorar los mercados, para entretenerse en fantasías demagógicas.

Lección tres: La liberalización o apertura comercial es el mejor aliado de
los consumidores en busca de precios bajos. La globalización es benéfica
para quienes menos tienen. Los políticos mexicanos, salvo excepciones, han
estigmatizado durante diez años la apertura comercial plena al comercio de
maíz –entre otros bienes- que habrá de darse en 2008, gracias al TLCAN. Hoy
esa apertura es su mejor aliado para bajar los precios. Ojalá hubiésemos
tenido dicha apertura desde 1994.

Lección cuatro: Los precios bajan por productividad, no por decreto. La
productividad promedio por hectárea de maíz en México es ridículamente baja
respecto de la productividad en esa materia en EUA y en el mundo. Aún en un
hipotético escenario sin subsidios agrícolas en EUA, los productores
mexicanos -también generosamente subsidiados- seguirían en desventaja. Lo
que, por cierto, comprueba palmariamente la existencia y los efectos de las
ventajas competitivas y de las ventajas comparativas. Pregunta: ¿Estamos
aprendiendo estas lecciones básicas o estamos lidiando el problema
"políticamente", a periodicazos?....

Ricardo Medina Macías, DF.
----------------------------

Bien, lo que tiene que suceder, ¿qué crees?: Siempre termina por suceder. La
inflación es un fenómeno que tiene que suceder porque los bancos centrales
lo provocan artificialmente de vez en vez con su emisión desbordada de
dinero y crédito, intentando evitar otro fenómeno que también es inevitable
(sólo que, en vez de artificial, éste es natural en el sistema capitalista
que nos rige): los descensos en la secuencia de ciclos económicos. Una y
otra vez, los políticos y financieros amos del pandero gritan que "¡No es el
momento!" de una baja en el ciclo.

Consecuentes, los bancos centrales obedecen a ese grito desesperado y "toman
medidas" que ellos, siguiendo a Keynes, llaman "contracíclicas". Esas
medidas, en realidad, es una sola medida: aumentar la "liquidez" del
sistema. O sea, inflan artificialmente el circulante y atizan el crédito vía
el sistema bancario; crean dinero de la nada (pues se supone que eso
estimula la demanda, que a su vez activa la oferta, etcétera, sólo que ese
chulada de proceso es más pura teoría que realidad sólida). Con eso los
macro-economistas manipuladores aprendices de brujo se sienten muy chichos
porque "vencen" la tendencia normal.

Pero, claro, con esa medida solamente retrasan (y agravan) el problema:
piensa en un resorte que ellos comprimen y comprimen hasta que a la postre
la fuerza es demasiada y el resorte avienta una patada de regreso más
potente según haya sido la fuerza que antes lo comprimió. En fin, de todos
modos ellos siempre creen que "resuelven" el problema, aunque sólo sea por
un rato. Entonces la economía recupera su crecimiento, al menos a la tasa
ranita a que nos acostumbró la tríada Gil-Ortiz-Fox. Luego viene el rebote y
otra vez se pierde la estabilidad. En esta fase de rebote
(inflacionaria-devaluatoria, genéricamente conocida como "crisis") estamos
entrando. Adelante, secretario Carstens, la señorita tortilla le extiende la
más cordial bienvenida.

Guillermo Fárber, SIN/DF.
--------------------------

Pues son lecciones muy básicas de economía, lamentablemente en México esta
educación no se le da a la gente en general, sólo unos cuantos tenemos
acceso a esta información. Por eso muchos luego luego piden subsidios,
precios controlados y otras barbaridades que ya esta más que probado que no
funcionan. Al contrario, dichas medidas en el mediano y largo plazo causan
más pobreza, desabasto, inflación y por ende, empobrecimiento de la
población. ¿Hasta cuándo aprenderemos?

Dany Osiel Portales Castro

Etiquetas: , , ,


miércoles, enero 10, 2007

 

Rebasar por la izquierda??

Les comparto éste excelente cartón de Paco Calderón
Para entender mejor a qué se refiere éste cartón, leer la editorial de Enrique Quintana a continuación.

Etiquetas: , , , , , ,


 

No al populismo de los precios controlados

¿Qué hacer con el precio de la tortilla?
De repente han surgido de nuevo afanes controladores que piden detener a como dé lugar el alza de la tortilla.

El alza al precio de la tortilla no es de esta semana y no se va a detener. De repente pareciera que algunos se dieron cuenta de que ya no existía precio controlado y que costaba cada vez más caro el kilo.

Y también han surgido las voces que dicen que hay que regresar al esquema de controles. El razonamiento parece muy simple. Si la tortilla es un producto que consumen los sectores con menores ingresos y hay que evitar el deterioro del poder adquisitivo de estos grupos, pues simplemente hay que ponerle un freno a su precio con un decreto y asunto arreglado.

El problema es que esa forma de gestionar la economía dio lugar a quiebras, desabastos, mercados negros y enorme corrupción.

Pero el pasado no está tan distante. La propuesta de Ley de Precios Competitivos que planteó el "gobierno legítimo" de AMLO disfraza el regreso del control de precios con el lenguaje de la competitividad.

Un sistema de precios es simplemente un sistema de información en el organismo económico. Cuando se controlan los precios, generalmente lo que se hace es impedir que ese sistema de información funcione y se le reemplaza por las decisiones burocráticas que toman los que definen los precios controlados.

Esto no quiere decir que los gobiernos deban renunciar a las políticas sociales. Pero es mucho más sensato, por ejemplo, operar un sistema como el de Oportunidades o como el de los "viejitos" en la Ciudad de México, por citar dos de gobiernos y tendencias diferentes, que un esquema de control de precios.

Cuando el subsidio se da directamente al consumidor y se le entrega en efectivo, es seguro que él pueda asignar de mejor manera los recursos que si el subsidio se opera a través de los controles de precios.

Voy a ser impopular con esta afirmación, pero el peso específico que tienen las tortillas en el gasto de los hogares es mucho menos de lo que usualmente se piensa. En el total de los hogares mexicanos, el gasto en tortilla es el 1.37 por ciento del total.

En el segmento de los hogares más pobres, la proporción del gasto que se destina a tortillas es de 0.4 por ciento mientras que el 10 por ciento de más ingresos gasta el 1.8 por ciento en este producto. Los ricos comen más tortillas.

El problema de fondo no lo podemos ocultar con ningún control de precios. Lo que está ocurriendo es que en los últimos meses se ha dado un uso alterno al maíz, específicamente en la producción de etanol y biodiesel. Esto ha incrementado la demanda y la oferta no se ha movido al mismo ritmo.

La consecuencia es que el maíz se está encareciendo en casi todo el mundo y que el precio de la tortilla ya se había incrementado en 13.6 por ciento el año pasado y había sumado un 30 por ciento en los últimos 3 años.

No hay que engañarse, mientras no haya un fuerte incremento de la oferta a nivel mundial, lo más probable es que en los siguientes meses, el precio del maíz y con él, también el de la tortilla, sigan para arriba.

Voy a ser reiterativo deliberadamente, pero el camino para que esto no impacte en el poder adquisitivo de los grupos de menores ingresos, no es el control.

Las vías para minimizar el impacto son dos.

La más importante de ambas es el crecimiento y el empleo. Una economía en el que hay un crecimiento que es a su vez generador de empleos y de ingresos estables va a dar a las familias el margen para que este aumento de precios no sea relevante.

La segunda vía es que mientras que los sectores más pobres no puedan incorporarse al empleo, debe haber recursos del Estado que se entreguen directamente a los consumidores. Puede ser a través del pago de efectivo o de entrega en especie, en los lugares en los que haya deficientes sistemas de distribución.

El alza de la tortilla tiene otra cara que casi nunca se ve, la oportunidad que representa para los productores rurales.

De hecho, el uso del maíz como combustible puede abrir una opción a los productores del campo para que puedan generar ingresos en los sectores más pobres de las áreas rurales si se sabe aprovechar adecuadamente y se promueven programas de desarrollo.

Ya hay muy pocos que se acuerden -uno empieza a sentirse viejo por recordar estos hechos-, pero el desarrollo estabilizador que tanto enorgulleció al País en los 60 no se quebró sólo por obra y gracia de Echeverría, sino por los controles de precios a los productos agropecuarios.

Se logró mantener la inflación baja, es cierto, pero a costa de descapitalizar el campo y propiciar una masiva importación de mercancías. Al final, el déficit agroalimentario fue una de las causas de que la estabilidad ya no pudiera sostenerse y todo reventara finalmente con la devaluación de 1976.

Ojalá haya quedado bien asimilada la lección.

Enrique Quintana, El Norte, 10 de enero 2007
enrique.quintana@reforma.com

Etiquetas: , , , , ,


This page is powered by Blogger. Isn't yours?