sábado, agosto 02, 2008

 

Perdió MEC, perdió la izquierda + Fracasó Camacho, no Calderón

A pesar de los autoelogios del jefe de gobierno del DF, los propios perredistas tienen claras las razones del fracaso de la consulta: sí influyó la campaña en contra que hicieron los medios y el gobierno panista, pero Marcelo Ebrard y el PRD dieron los suficientes motivos para ahuyentar a los ciudadanos de las urnas.

El problema de fondo estuvo en un hecho claro: Ebrard convirtió la consulta en parte de su campaña por la candidatura presidencial perredista y se olvidó del tema petrolero en sí. Por eso puso como coordinador de la consulta no a un operador de movilizaciones sino a Manuel Camacho Solís, un experto en sucesiones presidenciales fallidas. Si el gobierno panista logró boicotear la consulta, entonces Camacho resultó incompetente.

Las críticas a la consulta han sido desdeñadas por Ebrard por venir de la oposición. Por tanto, la crítica desde dentro adquiere mucho más valor. En este punto se localiza el artículo publicado antier martes en La Jornada por Luis Hernández Navarro, asesor zapatista, simpatizante perredista y director editorial del diario, ajeno a los desdenes a Ebrard. Se trata de una crítica desde la izquierda de a deveras:

--No hay razón para balances optimistas.

--El referendo fue un hecho positivo, pero estuvo mal diseñado y parido. Hegemonizado por el gobierno de la ciudad de México y por el PRD, pagó el costo del castigo ciudadano a hechos como la tragedia del News Divine, el cochinero de las elecciones internas de ese partido y sus interminables pleitos. Quienes hicieron propaganda en contra no necesitaron decir mentiras. Les bastó preguntar qué confianza podía haber en la organización de la consulta si el instituto político que la promovía hace fraude en el nombramiento de sus dirigentes.

--La consulta fue convocada y organizada desde las alturas del poder. Prescindió, en lo esencial, del impulso ciudadano desde abajo. Para muchas personas fue, apenas, un programa gubernamental más. Apenas y logró movilizar a una parte de los ya convencidos. Su principal reto era modificar el sentido común de la gente de a pie que considera que de nada sirve participar en un ejercicio de este tipo, pues de todas maneras el gobierno federal hace lo que quiere. No sólo no lo logró, sino que ni siquiera se propuso hacerlo.

--Para promover el referendo se echó mano del personal que trabaja en las delegaciones de la ciudad de México y en el sol azteca. Recorrieron los barrios y colonias de la ciudad distribuyendo volantes, sin ánimo de hablar y escuchar a los vecinos. Dejaron sus materiales informativos en los parabrisas de los automóviles como si se tratara de anuncios comerciales.

--Hace ya más de 10 años que el sol azteca convirtió la política en un asunto de profesionales a sueldo. Desterró la mística y el compromiso militante tan extendidos en la izquierda mexicana de la década de los 70 y 80. Alejó a la gente de la participación en los asuntos que le competen directamente. Decapitó los movimientos sociales y los metió en la lógica del cretinismo parlamentario más pueril. La consulta no fue ajena a estas prácticas.

--Ninguno (de los ciudadanos e intelectuales participantes) desempeñó un papel central. Su esfuerzo se estrelló en el muro de una estrategia dominada por la lógica estatal, a la que se subordinó el protagonismo de la sociedad organizada. El actor visible del ejercicio fue el jefe de Gobierno de la ciudad de México, no los ciudadanos.

Esta crítica de la verdadera izquierda contra la consulta de Ebrard lleva a algunas conclusiones:

1.- Manuel Camacho fracasó. Y lo que es peor: a pesar de tener todo el aparato del Estado en el DF.

2.- La consulta se organizó no para definir una posición petrolera sino para apuntalar una pasión. Ebrard preparó la consulta para su proyección presidencial, para quitarle la bandera petrolera a López Obrador y para tomar el control del PRD.

3.- El saldo de las cifras es insuficiente para darle una base social significativa a López Obrador y al PRD, pero suficiente para armar un ruido en su objetivo de reventar la reforma calderonista, al Congreso y las calles. López Obrador y Ebrard no quieren el voto de la gente para una alternativa sino nada más para tronar a Calderón.

4.- La baja votación fue un castigo del electorado a Ebrard, al GDF, al PRD y a López Obrador. La organización de la consulta tuvo todo a su favor, pero los organizadores carecieron de uso político de largo plazo. Los ciudadanos del DF le dieron la espalda a los juegos políticos de Ebrard.

5.- La consulta reveló la mentalidad autoritaria y tramposa de Ebrard: con el 4.5% de votos sobre el padrón electoral en contra de la reforma quiere imponerle su voluntad al gobierno federal; pero paradójicamente ignora el 10% de votos que dieron el a la reforma del presidente Calderón en la consulta y que el jefe del GDF estaba obligado a tener en cuenta y a cuando menos mencionar.

Por tanto, no fue una consulta democrática sino amañada.

Carlos Ramirez

www.indicadorpolitico.com.mx

cramirez@indicadorpolitico.com.mx

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miércoles, julio 30, 2008

 

Tomémosle la palabra a López Obrador

Por una vez tomémosle la palabra a López Obrador: pidió el domingo que el gobierno escuche los resultados de la consulta petrolera. El gobierno, el PAN, el PRI, el propio PRD, los demás partidos, los medios, debemos hacerlo. Los resultados son transparentes: pese al acarreo, la compra de votos, la obligación de los funcionarios públicos locales a participar en la misma, a que se cometieron los mismos actos del "cochinero" de la elección interna del PRD (¿qué mejor ejemplo que el propio Guadalupe Acosta Naranjo declarando el viernes que no podría votar porque no tenía credencial de elector y el domingo se fotografió haciéndolo?¿cómo hizo para conseguir en un sábado una credencial de elector?), al dispendio de recursos de los gobiernos locales perredistas, votaron apenas 800 mil personas en el DF y sin dar ningún tipo de resultados confiables, la dirección del PRD acepta que en todo el país podrían haber votado dos millones, lo que suena inverosímil ante lo desairiado que estuvo en los estados la consulta. El hecho es que si como también dice el PRD, entre el 80 y el 85 por ciento votaron por el no, eso implicaría que rechazan la reforma petrolera alrededor de un millón y medio de electores, sobre un universo muy superior a los 70 millones. Un millón y medio que representan poco menos del 4 por ciento de quienes votamos en la elección del 2006, o sea 42 millones de personas. Entonces respetemos la posición de ese 4 por ciento de electores duros del PRD (eso es lo que son y demuestran, una vez más, que su votación se está derrumbando en forma estruendosa: en el 2006 recibieron casi 15 millones de votos, o sea que de quienes votaron por López Obrador votaron ahora por rechazar la reforma energética sólo el 10 por ciento del total) pero también la del otro 96 por ciento de los electores, sin contar a los casi 30 millones de ciudadanos que no votaron en el 2006 y por supuesto tampoco ahora.

Si se respeta el resultado de la consulta, el congreso tendría que comenzar a dictaminar inmediatamente una reforma a PEMEX, porque ésta tiene el apoyo de la mayoría de la población. Incluso en esta lógica, la reforma propuesta por el priismo (que está muy lejos de los compromisos públicos que habían asumido muchos de sus principales dirigentes) se queda definitivamente corta. No sólo por los números que arrojan la consulta: en la encuesta de BMG y asociados publicada en Excélsior ayer, resultó que el 48 por ciento de los encuestados en el DF apoyan una reforma como la planteada por el ejecutivo federal, el número aumenta al 52 por ciento en Guadalajara y sube al 57 por ciento en Monterrey. Pero es más interesante el resultado cuando se va a los distintos capítulos, sin decir si son parte o no de alguna de las iniciativas: el 67 por ciento en el DF y Guadalajara (un 58 por ciento en Monterrey) apoyan incluir en el consejo de administración de PEMEX a profesionista especializados; la propuesta de los "bonos ciudadanos" tiene un apoyo de entre el 68 y el 65 por ciento; que PEMEX contrate personas físicas o morales para que colaboren en la exploración y desarrollo del petróleo, tiene un apoyo de entre 59 (en Guadalajara) y 69 por ciento (en Monterrey, en el DF es de 63 por ciento); que personas físicas o morales puedan participar mediante permisos en el transporte, distribución y almacenamiento de derivados del petróleo, tiene un apoyo del 62 al 56 por ciento. Uno de los capítulos más controvertidos, que se permita a PEMEX contratar con terceros los servicios de refinación, tiene un respaldo de 49 por ciento en el DF; del 55 por ciento en Guadalajara y de 53 por ciento en Monterrey. Ahí están las cifras y ello, combinado con los resultados y sobre todo los índices de la participación ciudadana de la consulta, demuestran qué es lo que quiere la gente. Respetémoslo.

Para el perredismo, que una vez más ha apostado a las cartas lopezobradorista, el resultado es un desastre: la votación en el DF fue de la mitad de lo que esperaban pese a todas las irregularidades y a la enorme cantidad de dinero involucrada. Dice ahora Manuel Camacho que la participación podría haber sido mayor si el PAN y el gobierno hubieran apoyado la consulta. Es una verdad de Perogrullo, pero el hecho es que la consulta fue una iniciativa partidaria, del PRD, que tuvo en el GDF respaldo y patrocinador, incluso económico, y que terminó en un fracaso: el perredismo, o mejor dicho el lopezobradorismo (¿sigue considerando López Obrador a Ebrard como parte del mismo o ya ha decidido cortar amarras con el jefe de gobierno?) quiso hacer una demostración de fuerza y terminó exhibiendo su creciente debilidad.

Para el PRD queda ahora sólo un objetivo: tratar de salvar lo que se pueda después del daño ocasionado primero por las muertes del News Divine y ahora por este fracaso político. Ya Guadalupe Acosta Naranjo ha declarado que podrían ir a una propuesta conjunta con el PAN y el PRI sobre el tema; el PRI ya ha colocado su iniciativa como eje articulador sobre el cual podrán girar los acuerdos y muchos podrán decir que "frenaron" la iniciativa presidencial para "privatizar" PEMEX. Lo preocupante en todo caso no es que sea mentira sino que lo que finalmente se apruebe, como ocurrió en el terreno fiscal o electoral, sea un híbrido, con algunos aspectos positivos y otros negativos. Un poco con la idea, sobre todo del priismo, de que las reformas que se aprueben sean aquellas que permitan mantener las cosas funcionando, sin ir al fondo y haciendo una suerte de remodelación de la casa, esperando que los cambios estructurales reales les toque realizarlos a ellos en 2012. Es política y es legítimo. La pregunta es quién paga por el progresivo deterioro de la casa, que no pueden ocultarse con reformas cosméticas. A contestar esa pregunta están renunciando el PRI y el PAN.

Por: Jorge Fernández Menéndez
Publicado en: Periódico ExcelsiorFecha: Martes, 29 de Julio de 2008

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domingo, julio 27, 2008

 

Devotos y Paganos

Cartón de Paco Calderón del día de hoy.

Quisiera saber cuál fue el resultado de la consulta. :-D

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SuperLiga y consulta

Jueves 24 de julio 2008

1. En el torneo llamado SuperLiga, en el que contienden cuatro equipos de futbol mexicanos y cuatro estadounidenses, acaba de suceder algo insólito que tiene que ver con los reglamentos que ordenan a una competencia y con su aplicación. También con el sentido común.

En el grupo A, tres equipos quedaron empatados con seis puntos, fruto de dos victorias y una derrota en cada caso. El Dynamo de Houston, Guadalajara y Atlante estaban en esa situación. El otro competidor, el D.C. United, perdió sus tres partidos. No obstante, sólo podían calificar a la siguiente ronda el primero y el segundo lugar. ¿Qué criterio de desempate debía ser aplicado? Ésa era la pregunta clave.

Al parecer, las normas establecían dos criterios para resolver la cuestión: a) quien hubiera resultado vencedor en la contienda entre los empatados y b) la mejor diferencia de goles. El primer criterio, en este caso, resultaba inoperante: el Atlante le ganó al Guadalajara, el Guadalajara hizo eso mismo contra el Dynamo, y el Dynamo venció sobre el Atlante. Y los tres le ganaron al D.C. United. De tal suerte que la diferencia de goles parecía el único criterio posible.

El Dynamo tenía 7 goles a favor y 2 en contra; el Guadalajara, 3 y 3, y el Atlante, 5 y 6. De tal suerte que establecer quiénes pasaban a la siguiente ronda resultaba sencillo, transparente y justo. Pero, no. Los organizadores decidieron aplicar dos criterios distintos ante una situación no similar sino idéntica: el primer lugar se definiría por la diferencia de goles (ganó el Dynamo) y el segundo por el resultado del encuentro entre los dos restantes equipos (el Atlante le ganó 2 a 0 al Guadalajara).

Total: un oso de aquéllos, de los que hacen época. Al aplicar dos criterios diferentes se llegó al absurdo (documentado en el suplemento Cancha, 21/07/08) de que lo mejor para las Chivas, en su último encuentro, hubiese sido perder por 8 a 0. De esa manera el Atlante sería el primer lugar gracias al criterio de mejor diferencia de goles, y el Guadalajara hubiese sido segundo, ya que le había ganado al Dynamo por 1 a 0.

Moralejas: a) No se deben aplicar criterios distintos a situaciones similares, y b) si ello se hace lo más probable es que se construyan desembocaduras absurdas, vergonzosas.

2. Veamos ahora la consulta que realizará el gobierno del Distrito Federal en relación a la eventual reforma energética a la luz del episodio anterior. La consulta se efectuará el próximo domingo, ¿cree usted que sería pertinente que el Gobernador de Guerrero -del PRD- hiciera una consulta pública sobre lo que está haciendo el Gobernador del Estado de México -del PRI-? ¿Sería adecuado que el Gobernador de Durango -del PRI- hiciera una consulta sobre los proyectos que lleva a cabo el Gobernador de Querétaro -del PAN-? ¿Convendría que el Gobernador de Guanajuato -del PAN- hiciera una consulta sobre la gestión del Jefe de Gobierno del Distrito Federal -del PRD-?

Es más, ¿qué diría usted si el Presidente de la República llama a una consulta nacional sobre la despenalización del aborto en el Distrito Federal mientras la Asamblea Legislativa estaba discutiendo el punto o sobre el Presupuesto mientras el proyecto está siendo debatido y negociado en la Cámara de Diputados? ¿Sería correcto que el Senado de la República llamara a una consulta popular sobre las designaciones que conforman el gabinete del Presidente? En estos casos, los temas son importantes, y tomar la opinión de los ciudadanos nunca está de más.

Pero algo estaría fallando. La lógica de cabeza. Resultaría absurdo. ¿Por qué? Porque las autoridades estarían sobreactuando o actuando más allá de sus competencias. Realizarían una consulta sobre algo que está en el marco de responsabilidades de otra autoridad y de esa manera se estarían extralimitando. Es (creo) de sentido común.

Además, quien revise la Ley de Participación Ciudadana del DF podrá constatar que dicha norma sí autoriza al jefe de Gobierno a realizar consultas... pero únicamente sobre los asuntos sobre los que tiene competencia. Y en el caso de la reforma energética, la "bolita" está en el Congreso. La autoridad está capacitada para consultar sobre aquello que es parte de su responsabilidad, pero consultar lo que es responsabilidad de otros resulta ilógico.

O para decirlo de otra manera: si le parece bien la consulta del domingo 27 le tendrán que parecer bien también las posibles consultas arbitrariamente enunciadas con anterioridad. Porque, como en el caso de la SuperLiga, hay que subrayar que ante situaciones similares deben aplicarse las mismas reglas.

Se dirá, sin embargo, que la importancia del tema energético, la búsqueda de la participación ciudadana, la buena causa, justifica en esta ocasión la consulta. La vieja fórmula de que el fin justifica los medios. Sólo que la coartada no cabe y menos tratándose de una autoridad que debe estar sujeta al principio de legalidad.

Se me acusará de formalista y en efecto. Si algún día llegamos a construir un Estado de derecho digno de ese nombre, las formas -donde cristalizan los compromisos para la vida en común- serán fundamentales, inviolables, porque son las únicas capaces de poner un dique a los abusos de autoridad, que de manera reiterada, por "buenas razones", creen que pueden actuar por encima de los límites que les imponen las leyes.

La consulta bien la podía haber organizado el PRD o una serie de ONG o cualquier grupo de ciudadanos, porque ellos no tienen taxativa alguna. Pero el Gobierno sí. Ese razonamiento elemental: que la autoridad no puede hacer lo que quiera, aunque sea amparada por "buenas causas", es lo que nos cuesta entender y asimilar.


José Woldenberg

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viernes, julio 25, 2008

 

La "consulta" ...

Cartón de Paco Calderón publicado el día de hoy en distintos medios.

Ya empezaron a amenazar, que habrá toma de la tribuna, manifestaciones, violencia. La minoria secuestrando a la mayoría. La democracia no es sinónimo de consensos. La democracia es el gobierno de la mayorías. Aunque en México no hay democracia, lo que hay es una partidocracia.

¿Cuándo tendremos un gobierno de izquierda, progresista, como el de Felipe Gzz. en España?

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martes, julio 22, 2008

 

Los cochineros

"No sólo estamos retrocediendo: también vamos para atrás".
Catón (Armando Fuentes Aguirre)


El partido que este mismo año nos trajo el "cochinero" ahora nos presenta la consulta ciudadana sobre la reforma petrolera. Para ello está obteniendo el apoyo -"en sus ratos libres"- de funcionarios del gobierno del Distrito Federal, quienes hacen proselitismo abierto a favor de la posición del PRD. Cuenta la administración capitalina para este ejercicio con un presupuesto que no se ha dado a conocer. Los caciques políticos de siempre están encargados de las movilizaciones y los acarreos. El PRD ha conseguido también el respaldo del Instituto Electoral del Distrito Federal, lo cual demuestra una vez más su sometimiento al partido hegemónico de la capital del País.

Las preguntas de la consulta han sido redactadas para generar un rechazo a la propuesta de reforma del Gobierno federal. Un grupo de "auditores ciudadanos", todos simpatizantes del PRD y enemigos de la "privatización del petróleo", certificarán la equidad y limpieza del proceso. Una vez más el partido que se quejó de haber sido víctima de una elección de Estado en el 2006 organiza en su terreno una votación viciada de origen.

Lo anterior es una lástima, porque bien habría valido la pena llevar a cabo una verdadera consulta ciudadana sobre la reforma petrolera, como habría sido importante tenerla sobre otros temas de importancia nacional, por ejemplo, la contrarreforma electoral. Una vez más tendremos que acudir a encuestas de opinión para conocer la verdadera posición de los mexicanos.

Lo que podemos esperar este próximo domingo -como en la llamada "consulta verde" que el gobierno capitalino llevó a cabo hace un año- es un ejercicio en el que participarán solamente los simpatizantes del PRD y del gobierno capitalino. En la consulta de julio de 2007 sólo votaron unas 472 mil personas, entre una población de 8.7 millones. Los que sufragaron eran en buena medida partidarios del PRD. No se aplicaron controles eficaces que garantizaran la limpieza o equidad del proceso. Lógicamente, el PRD consiguió un respaldo de más del 90 por ciento (lo cual no se ve en ninguna elección realmente democrática). Este resultado se utilizó después como justificación para aplicar una serie de medidas impopulares y de dudoso valor para luchar contra la contaminación.

No tendrá mucho caso prestar atención a los resultados oficiales de la consulta. Éstos no serán representativos de la opinión de la población en general sino sólo de los simpatizantes del PRD. Los dados están cargados. Un aspecto significativo que deberemos observar, sin embargo, será la participación. El gobierno del Distrito Federal está utilizando un monto importante de recursos públicos para promover la consulta. Si vota un porcentaje muy pequeño de la población, el ejercicio habrá sido un fracaso. No es lo mismo una consulta en que participe el 60 por ciento de los ciudadanos que una en la que sólo un 10 por ciento se presente. La legitimidad política de la posición del PRD cambiará de manera significativa dependiendo de la participación que logre en la consulta.

Para el PRD ha sido particularmente incómodo que esta consulta haya sido precedida por la anulación definitiva de las elecciones internas del partido, las cuales se llevaron a cabo el 16 de marzo de este año. Lo que más molesta a los dirigentes del partido que están impulsado la consulta, ya como parte de sus campañas políticas hacia el 2012, es que la anulación se dé faltando apenas una semana para su realización.

La Comisión Nacional de Garantías del PRD utilizó una mera formalidad para la anulación de la elección del 16 de marzo. Los comicios del PRD no fueron declarados nulos por alguna de las prácticas ilegales que han sido designadas en conjunto como el "cochinero", sino porque los funcionarios de alrededor de mil 100 casillas, de las 4 mil 900 que se instalaron en el País, no fueron los designados originalmente. Éstos no se presentaron, por lo que se pidió a quienes esperaban en la fila para votar que ayudaran. Sólo que éstos no demostraron ser miembros del partido. Y los estatutos dicen que los funcionarios deben ser miembros del PRD.

Poco importó que la mayoría de estas casillas no hubieran tenido otras irregularidades y que quienes asumieron el trabajo sin paga de manejar las casillas hubieran actuado de buena fe para apoyar al partido. Me pregunto que habrían hecho los perredistas si estas mil 100 casillas no se hubieran instalado ante la ausencia de los funcionarios originales. Los gritos de "cochinero" habrían sido todavía mayores.

La consulta de este próximo domingo no correrá la misma suerte debido a que no habrá un rival que proteste por las irregularidades. Ni panistas ni priistas ni independientes están participando. Al final, la votación no será más que una reedición de la llamada consulta verde, que a pesar de ser un fracaso en participación se utilizó como justificación para una cuestionable estrategia política.


Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com
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¿Quién garantizará los resultados de la "consulta ciudadana"? ¿los mismos que acaban de anular su cochinero?

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lunes, julio 21, 2008

 

La tramposa confusión

Todos hablan de la democracia y a nombre de los valores democráticos. No hay quien se atreva a cuestionar al régimen universalmente acreditado. Y sin embargo, la palabra tan salivada pierde precisión como concepto. Las medidas más opuestas, los instrumentos más contradictorios, las prácticas más disímiles reciben elogio idéntico. Resulta que todos veneramos la misma palabra y cada uno la define a su antojo. La confusión no es siempre inocente. Hay mucha trampa en el embrollo. Trucos para que cualquier política encuentre el baño bendito de la legitimación democrática.

El debate sobre el petróleo refleja esta tramposa confusión. La oposición a la reforma presidencial encontró una salida astuta: organizar una consulta para que sean los ciudadanos quienes decidan la suerte de la propuesta. En apariencia, la idea es impecable: escapar de la tenaza de las élites y permitir que la gente decida. Que empuje con su voto la iniciativa presidencial o que la detenga.

¿Quién teme a la decisión popular?, preguntan los promotores de la consulta. Sólo los oligarcas que recelan de la ciudadanía se oponen. Sin miedo a la participación colectiva, hay que democratizar la democracia y darle a la gente el voto decisivo.

El instrumento de la consulta, sin embargo, no podría estar más fuera de sitio que en este debate. Los dispositivos de democracia semidirecta tienen sentido cuando es necesaria una inyección extraordinaria de legitimidad a una decisión trascendente. Puede funcionar cuando existen dispositivos confiables de imparcialidad y cuando el tema puede reducirse a una opción simple. Quienes han participado en el debate sobre el petróleo coinciden en la complejidad del tema y en la necesidad de abordar las múltiples aristas del problema y las muchas implicaciones de cada una de las propuestas.

En todo caso, no pueden compactarse decisiones complejas que implican una cadena abundante de transformaciones, a un simple respaldo o rechazo. ¿Respaldo a qué, rechazo de qué? El intento de síntesis del Instituto Electoral del Distrito Federal es, como ya han advertido los especialistas, un fracaso. Se comprimen varias iniciativas en una sola, sin darle a la gente la oportunidad de discernir sobre ellas.

La intermediación política adquiere en asuntos como éste su verdadero sentido. Reformas como la petrolera son el jugo del trabajo parlamentario. Insertar aquí una consulta es desconocer el valioso aporte de los institutos representativos. Es que el gran servicio del trabajo parlamentario es precisamente la posibilidad de encontrar coincidencias que vayan más allá del sí y del no. El oficio de los congresos es escapar de esa lógica y fabricar acuerdos.

En el Congreso puede encontrarse acomodo a intereses diversos y convertirse la política binaria en política que agrega. Por eso éste es el tiempo del Congreso. A esta instancia corresponde calibrar el mérito de las propuestas y el basamento de las resistencias. El Congreso, así sea visto por la ciudadanía como un nido de ineptos y charlatanes, está llamado a convertirse en fuente de una política imaginativa que logre el acuerdo necesario. El contraste con la política del referendo es notable. Mientras la consulta congela la decisión política en disyuntiva entre dos monosílabos, la política congresional abre el espacio para la conjunción de visiones distintas. Si la consulta endurece la política, el Congreso puede oxigenarla.

Desde luego, una consulta como la que promueve la oposición de izquierda es un premio a la movilización. Se sabe bien que no es el mecanismo idóneo para sopesar la opinión pública. Para ello, los mecanismos demoscópicos son infinitamente mejores. En realidad, la consulta que se nos ofrece como democratizadora no es más que una manifestación con urnas. Un gran mitin que no se reúne en la plaza, sino que se agrega simbólicamente en las urnas. Imposible eliminar el sesgo del convocante que llamará preponderantemente a sus seguidores. Los opositores tendrán derecho a expresarse por esta vía; lo que no es aceptable es que presenten la voz de sus partidarios como la voz de la gente. Es falso, pues, que la política del referendo sea, en todo caso, más democrática que la política parlamentaria.

Otra tramposa confusión se cobija bajo el prestigio del consenso. Se sugiere que el consenso es una valiosa añadidura democrática. El argumento parte de la absurda condena de lo que se ha ido tildando como "mayoriteo". En el delirante vocabulario del presente, la decisión de la mayoría se vuelve odiosa. Se aspira, en cambio, a una decisión que vaya más allá de la aritmética para alcanzar el "consenso".

La idea ha sido expuesta por el Rector de la Universidad Nacional, quien pidió recientemente una reforma "que no divida" y que sea algo "que salga de consenso". Bajo la romántica cortina de la conciliación política se esconde una trampa que nada tiene de democrática: el consenso -que debemos entender como el consentimiento entre todos los miembros de un grupo- implica el poder absoluto de la minoría más diminuta.

En efecto, la búsqueda de consenso otorga a cualquier grupo, por pequeño que sea, un veto insuperable. La política del consenso es por ello contraria al gobierno democrático de las mayorías y contraria también a la exigencia democrática de la decisión. La aspiración consensual cancela el deber de decidir y bloquea la posibilidad del movimiento.

Bajo la bandera democrática se esconden dos trampas: la demagogia de una consulta de partido y la demagogia de un romántico consenso. El debate petrolero necesita encontrar el cauce de sus instituciones y entender que la democracia es procesamiento de desacuerdos.

Jesús Silva-Herzog Márquez

http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com

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