sábado, agosto 02, 2008

 

Perdió MEC, perdió la izquierda + Fracasó Camacho, no Calderón

A pesar de los autoelogios del jefe de gobierno del DF, los propios perredistas tienen claras las razones del fracaso de la consulta: sí influyó la campaña en contra que hicieron los medios y el gobierno panista, pero Marcelo Ebrard y el PRD dieron los suficientes motivos para ahuyentar a los ciudadanos de las urnas.

El problema de fondo estuvo en un hecho claro: Ebrard convirtió la consulta en parte de su campaña por la candidatura presidencial perredista y se olvidó del tema petrolero en sí. Por eso puso como coordinador de la consulta no a un operador de movilizaciones sino a Manuel Camacho Solís, un experto en sucesiones presidenciales fallidas. Si el gobierno panista logró boicotear la consulta, entonces Camacho resultó incompetente.

Las críticas a la consulta han sido desdeñadas por Ebrard por venir de la oposición. Por tanto, la crítica desde dentro adquiere mucho más valor. En este punto se localiza el artículo publicado antier martes en La Jornada por Luis Hernández Navarro, asesor zapatista, simpatizante perredista y director editorial del diario, ajeno a los desdenes a Ebrard. Se trata de una crítica desde la izquierda de a deveras:

--No hay razón para balances optimistas.

--El referendo fue un hecho positivo, pero estuvo mal diseñado y parido. Hegemonizado por el gobierno de la ciudad de México y por el PRD, pagó el costo del castigo ciudadano a hechos como la tragedia del News Divine, el cochinero de las elecciones internas de ese partido y sus interminables pleitos. Quienes hicieron propaganda en contra no necesitaron decir mentiras. Les bastó preguntar qué confianza podía haber en la organización de la consulta si el instituto político que la promovía hace fraude en el nombramiento de sus dirigentes.

--La consulta fue convocada y organizada desde las alturas del poder. Prescindió, en lo esencial, del impulso ciudadano desde abajo. Para muchas personas fue, apenas, un programa gubernamental más. Apenas y logró movilizar a una parte de los ya convencidos. Su principal reto era modificar el sentido común de la gente de a pie que considera que de nada sirve participar en un ejercicio de este tipo, pues de todas maneras el gobierno federal hace lo que quiere. No sólo no lo logró, sino que ni siquiera se propuso hacerlo.

--Para promover el referendo se echó mano del personal que trabaja en las delegaciones de la ciudad de México y en el sol azteca. Recorrieron los barrios y colonias de la ciudad distribuyendo volantes, sin ánimo de hablar y escuchar a los vecinos. Dejaron sus materiales informativos en los parabrisas de los automóviles como si se tratara de anuncios comerciales.

--Hace ya más de 10 años que el sol azteca convirtió la política en un asunto de profesionales a sueldo. Desterró la mística y el compromiso militante tan extendidos en la izquierda mexicana de la década de los 70 y 80. Alejó a la gente de la participación en los asuntos que le competen directamente. Decapitó los movimientos sociales y los metió en la lógica del cretinismo parlamentario más pueril. La consulta no fue ajena a estas prácticas.

--Ninguno (de los ciudadanos e intelectuales participantes) desempeñó un papel central. Su esfuerzo se estrelló en el muro de una estrategia dominada por la lógica estatal, a la que se subordinó el protagonismo de la sociedad organizada. El actor visible del ejercicio fue el jefe de Gobierno de la ciudad de México, no los ciudadanos.

Esta crítica de la verdadera izquierda contra la consulta de Ebrard lleva a algunas conclusiones:

1.- Manuel Camacho fracasó. Y lo que es peor: a pesar de tener todo el aparato del Estado en el DF.

2.- La consulta se organizó no para definir una posición petrolera sino para apuntalar una pasión. Ebrard preparó la consulta para su proyección presidencial, para quitarle la bandera petrolera a López Obrador y para tomar el control del PRD.

3.- El saldo de las cifras es insuficiente para darle una base social significativa a López Obrador y al PRD, pero suficiente para armar un ruido en su objetivo de reventar la reforma calderonista, al Congreso y las calles. López Obrador y Ebrard no quieren el voto de la gente para una alternativa sino nada más para tronar a Calderón.

4.- La baja votación fue un castigo del electorado a Ebrard, al GDF, al PRD y a López Obrador. La organización de la consulta tuvo todo a su favor, pero los organizadores carecieron de uso político de largo plazo. Los ciudadanos del DF le dieron la espalda a los juegos políticos de Ebrard.

5.- La consulta reveló la mentalidad autoritaria y tramposa de Ebrard: con el 4.5% de votos sobre el padrón electoral en contra de la reforma quiere imponerle su voluntad al gobierno federal; pero paradójicamente ignora el 10% de votos que dieron el a la reforma del presidente Calderón en la consulta y que el jefe del GDF estaba obligado a tener en cuenta y a cuando menos mencionar.

Por tanto, no fue una consulta democrática sino amañada.

Carlos Ramirez

www.indicadorpolitico.com.mx

cramirez@indicadorpolitico.com.mx

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