sábado, abril 14, 2007

 

Camacho y China

Manuel Camacho Solís está fascinado con China. Y, la verdad, tiene razón. En una reciente colaboración periodística el dirigente del Frente Amplio Progresista no escatima elogios al progreso de China. Explica, también con razón, que ese país logró multiplicar por diez el crecimiento de su economía de 1978 a 2006. En términos de capacidad de compra, es la segunda economía del orbe, sólo detrás de Estados Unidos. "China es un ejemplo mundial de desarrollo económico. Le está permitiendo crear una vasta clase media y convertirse en la segunda economía del mundo. El modelo está a la vista", escribió Camacho Solís.

Muy bien. Lo único que no se entiende en el artículo de Camacho es por qué su partido, el PRD, se opone a que en México se realicen las reformas que han permitido a China un desarrollo tan impactante. Las reformas son buenas, pero en China. Aquí en México son malas y hay que oponerse a ellas. Ni con el Tratado de Libre Comercio estuvieron de acuerdo. Proponen cerrar fronteras a importaciones. La globalización les incomoda. En fin, el caso es que la fascinación que embarga a Camacho la comparten otros integrantes del PRD, tal vez porque piensan que el desarrollo de ese gigante asiático es un logro del sistema socialista. Nada más falso. De socialista, China sólo tiene la falta de libertades individuales. Es una dictadura de partido -en serio, no bromitas- y todo su sistema económico está ceñido al más riguroso orden capitalista.

Hace dos años, en una visita a China, con una diputada del PRD y el director de un periódico mexicano, conocimos una enorme maqueta con lo que será Shanghai en el año 2020. Ahí estaban, para los inversionistas transnacionales que quisieran llevar su dinero y sus empresas a Shanghai, los edificios blancos de lo que ya está construido. Los grises, que estaban en proceso. Y los de color de rosa que se iban a edificar antes de 2020. Una maravilla arquitectónica que incluía hasta los parques y centros de recreación. El colega periodista le preguntó a la diputada del PRD: ¿Cómo se llama eso?, mientras apuntaba a la formidable maqueta de Shanghai en 2020.

La diputada le contestó con jiribilla: "Control del Estado".

-No, diputada. Eso se llama certeza jurídica, replicó el periodista.

Efectivamente, así es. El inversionista que se va a instalar en Shanghai sabe que, si invierte en un edificio o en un terreno, va a ser como está en la maqueta. Que no se lo van a expropiar. Que en la entrada no se van a instalar vendedores ambulantes. Que no le van a poner una terminal de autobuses o de taxis pirata. Que no le van a invadir paracaidistas apoyados por un partido político. Es decir, no hay la menor posibilidad de que ahí florezcan las calamidades que se han disparado en el Distrito Federal con los gobiernos del PRD.

En Pekín nos invitó a comer el ministro del Interior de China, que vendría siendo como el secretario de Gobernación aquí. Le pregunté qué pasó con el discurso de la igualdad social en su país. La respuesta fue amplia y categórica. La igualdad por decreto sólo genera pobreza. El igualitarismo es un cáncer que daña a la economía y a la población. El ministro tenía razón. El problema de los países como China -y, en alguna medida, el nuestro- no es la desigualdad, sino la pobreza. Con la igualdad de Mao Tse-tung todos los chinos estaban a expensas de morir de hambre con una mala cosecha. Las hambrunas generadas por el socialismo eran brutales debido a los millones de personas que morían cada año. Corea del Norte es el país más igualitario de Asia. Pero es el más pobre de todos.

Desde que Deng Xiao Ping inició la apertura de la economía al capitalismo hasta la fecha, hay por lo menos 400 millones de chinos que conforman una clase media y alta con elevada capacidad de consumo. No es poca cosa. Entre 1978 y 2006 se creó en China un mercado consumidor más grande que el de Estados Unidos. Lo consiguieron mediante la apertura de su economía. Con la llegada masiva de capitales extranjeros a disfrutar de certeza jurídica y legislación laboral flexible. Con inversión privada en todos los campos de la energía. Con respeto -ahora consagrado en la Constitución de ese país- a la propiedad privada.

Es decir, lo hicieron por el camino que en México no podemos transitar, entre otras cosas por la oposición del PRD. Se oponen a la apertura de la economía. No quieren reforma energética. No quieren reforma laboral. No respetan la propiedad privada. Y creen que la desigualdad es el principal problema de México. Entonces, ¿de dónde les viene la admiración por China? Sólo que sea por la dictadura de partido que hay en ese país, pues China empezó a despegar cuando abandonó los dogmas económicos que en México abraza el Partido de la Revolución Democrática, el partido de Camacho.

Pablo Hiriart, Excelsior, 13 de abril 2007

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Comments:
Manuel Camacho es un vividor de la política !!
Al igual que el peje, Camacho es realmente un priísta sin hueso en el PRI.
El peje y Camacho no son de izquierda y sólo están disfrazados de amarillo.
 
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