domingo, noviembre 30, 2008

 

Los votivos del lobo

Les comparto un cartón de Paco Calderón que no tiene desperdicio. "Retrata" de genial manera la idiosincrasia del mexicano, la causa primigenia de nuestros males y problemas.

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jueves, agosto 07, 2008

 

Una tragedia de México y sus familias

Imagine este escenario por un momento. Piense que usted es la persona que está hablando, póngase en sus zapatos, sólo el tiempo que le tome leer este texto.

"He sido muy afortunado, Dios me dio la oportunidad de tener un hijo, un hermoso niño que sólo pedía una cosa: cariño. Para eso había venido al mundo: para amar y ser amado. Lo acogí en mis brazos y crecimos juntos. Nos complementamos, yo tenía la necesidad de ofrecer ese cariño que él tanto requería. Tuve la oportunidad de darle algo mejor: una familia que vivía en armonía; una mamá, una hermana y un hermano.

Recuerdo el primer día que me dijo "papá" y sentí como el cielo se abría, los pájaros cantaban y el sol iluminó el mundo. De la mano íbamos a su escuela. Los primeros días se le llenaban los ojos de lágrimas, no quería despegarse de mí, pero pronto encontró su mayor interés por el colegio: sus amigos. Además, se divertía jugando fútbol y adoraba la música.

Jamás olvidaré su expresión cuando logró descifrar "mamá", cuatro letras que comprendían el universo entero. Dios nos colmaba de bendiciones.

Pasaron los años, me sorprendía ver cómo mi pequeño niño se hacía un hombrecito, que maduraba a pasos agigantados, que crecía para ser casi de mi tamaño. Amamos la vida.

Cumplió catorce años, lo celebramos juntos, en familia con algunos amigos. La vida nos sonreía. Pero un día el cielo se nubló, los pájaros enmudecieron y la tragedia invadió nuestros corazones: en el camino por donde pasaba mi hijo, se cruzaron unos hombres desalmados, personas que no podrían ser descritas con un adjetivo porque no los hay para poderlos describir. Me avisaron que mi hijo acababa de ser secuestrado, ¿cómo?..., ¿cómo podía ser aquello?..., iba acompañado de un chofer y también se lo habían llevado. Al parecer, los plagiarios eran o se hacían pasar por policías.

La noticia me dejó pasmado. No tenía idea de cómo actuar. Por fin nos confirmaron el plagio y pidieron rescate. Sí, querían dinero a cambio de mi hijo, ellos decían que esa era "la negociación". También me dijeron que recibiría un presente para que supiera que hablaban en serio. De eso no cabía duda. Al día siguiente, el drama fue mayor, localizaron un cadáver en la cajuela de un coche, era el chofer, amigo de nuestra familia que cumplía responsablemente con su deber y que dejó en duelo a los suyos ¡¿Por qué sacrificar así a un hombre inocente?!"

-- Hasta aquí habla el padre de familia --

Imagine un minuto lo que ese padre y su familia pudieron sentir en aquél momento, pasaron días en total incertidumbre, sin saber en dónde estaba su hijo, si comía o tenía frío, si era golpeado o amenazado. Peor aún, no sabían si estaba vivo o no. Pero la esperanza nunca muere y ellos esperaron cincuenta días que convertidos en horas podrían traducirse en meses, minutos que se convertían en años y segundos que eran una eternidad sorda.

Aquél padre pidió asesoría; no sabía cómo actuar ante tal situación. En realidad nadie lo sabe, porque en esas circunstancias las posibilidades de actuar son nulas. Buscó por todos los medios la manera de que su hijo volviera, se hincó ante las autoridades, pidió auxilio a la policía, visitó las oficinas de los procuradores y a los altos mandatarios, rogó a Dios mañana y noche, deseó cambiar su vida por la de su pequeño.

Nada, pasaban los días y nada. Sólo prevalecieron la esperanza y el amor, que lo hacían sostenerse en dos piernas.

Dinero. ¡Qué poco valor puede tener el dinero si la vida de un ser humano está en juego!

Por supuesto, aquél padre pagó el rescate. Sabía que esas monedas eran tan viles como las de Judas; no tenían valor y menos sentido. Supo que su hijo estaba vivo. Habló con él como prueba de vida y la esperanza volvió a brillar en los corazones de aquella familia. Pero después el silencio enmudeció al mundo. Pasó un día, otro, otro y otro, nada, no hubo llamadas, ni el timbre sonó, ni nadie llegó.

Las suposiciones fueron ilimitadas. Creían que el día estaba cerca, su hijo volvería y gritaría: "papás, acá estoy". Sí, los santos estaban enterados, a todos les habían rezado; sólo esperaban y mantenían la esperanza.

Otra semana y el padre volvía a suplicar al mundo entero que le ayudara, pero el silencio se ahogaba en sí mismo. Esperaría toda una vida si fuera necesario, pero la incertidumbre de no saber en dónde estaba su hijo agujereaba el dolor de aquellos padres. Habían pagado, ¿por qué no se comunicaban con ellos?..., algo raro pasaba, quizá los secuestradores se habían peleado entre ellos, quizá habría pasado otra cosa, quizá y quizá…

Por fin, recibieron una llamada. Quien hablaba no quería entrevistarse con el jefe de familia, pero el padre espetó: "dígame, aquí estoy"; creía estar preparado para todo. El comunicante informó que habían encontrado el cuerpo de una persona en la cajuela de un coche y había que reconocerlo.

No entraré en detalles de aquél hecho de horror, el cuerpo llevaba varias semanas metido en una bolsa de plástico, era irreconocible. Por la dentadura se logró identificar al muchacho de catorce años al que le había sido arrancada la vida, despojada debido a la desgracia que azota a nuestro país. Sí, a un niño inocente que tuvo la mala fortuna de pasar frente a unos sicarios por casualidad.

Póngase usted en los zapatos de aquellos padres, que desean que nadie llegue a sentir lo que ellos pasaron en los últimos cincuenta días. Piense que nadie en este país está exento de que le suceda algo parecido. Este crimen es un atentado contra cada familia de México y cada uno de sus habitantes. La muerte de ese muchacho significa la descomposición social a la que hemos llegado, la lloramos todos los mexicanos que tenemos hijos y los que no los tienen. Todos nos unimos al dolor de aquella familia que también es la nuestra.

México no merece esta realidad ni que la vivan las próximas generaciones. Es urgente un cambio. La impotencia invade a la sociedad civil. Unámonos para exigir que nuestras autoridades de los tres poderes de la Unión, de los estados y municipios trabajen decidida y coordinadamente contra la delincuencia y en favor de la seguridad de las personas, para que en el corto plazo todos los mexicanos podamos vivir tranquilos.

Condenamos la impunidad y la violencia.

¡Ya basta!

Alfredo Harp Helú
María Isabel Grañén Porrúa

Agosto 2008


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martes, julio 01, 2008

 

Ebrard, el Ulises del PRD Y el Chuayffet de Acteal

Cuando fracaso la incursión policiaca en el centro de Oaxaca en junio de 2006 para desalojar a maestros disidentes perredistas, el PRD convirtió al gobernador Ulises Ruiz en el directamente responsable de los golpeados y colocó su renuncia como tema vital. Y cuando fueron asesinados más de veinte indígenas en Acteal, Chiapas, el PRD presionó hasta lograr la renuncia del secretario de Gobernación.

Hoy Marcelo Ebrard se aparece como el Ulises Ruiz y el Emilio Chuayffet del PRD. Ante la tragedia de nueve jóvenes muertos en un operativo policiaco aprobado como jefe de gobierno del DF, ahora Ebrard se dice víctima de una campaña. Y como López Obrador ante la corrupción de René Bejarano o la violación arbitraria de un amparo, Ebrard dice que es un compló en su contra por su ventaja en las encuestas.

Pero en política siempre recibe lo que se da. En 1997 Ebrard fue el operador de la maniobra en la Cámara de Diputados para lograr un punto de acuerdo de los partidos en contra de Chuayffet y negarle su condición de interlocutor político, a pesar de que Chuayffet era secretario de Gobernación. Luego el PRD convirtió a este funcionario casi en el responsable directo de los indígenas muertos. Hoy el congreso debe meterse en el caso de la Divine para evitar la impunidad del poder.

Hoy el PRD está a prueba en el caso de la disco Divine, más allá de complós o de encuestas presidenciales. Lo menos que importa es la posición de Ebrard en las encuestas. Lo que se quiere la opinión pública es que haya un responsable de la tragedia, alguien que deje de preocuparse por la política y se presente ante la opinión pública como el encargado de las funciones del gobierno. Si Joel Ortega y Marcelo Ebrard dicen que no son esos responsables, entonces el DF se encuentra en un peligroso vacío de poder: no hay jefe de gobierno ni jefe de policía que respondan por sus subordinados.

Joel Ortega es un cartucho quemado. Su preocupación no es por el cargo. El peligro de su renuncia temprana es que la presión popular lo convierta en más culpable que responsable y que por ello deba de ir a la cárcel. Y Ebrard tiene ambiciones más pedestres: no quiere que unos cuantos muertitos empañen su carrera hacia la presidencia de la república, sin importar que los jóvenes fueron sacrificados por operativos diseñados y ordenados por él. Por lo pronto, los doce muertos en el Divine se suman a los tres policías federales linchados en Tláhuac cuando Ebrard era secretario de Seguridad Pública.

En eso está terminando la gestión política del gobierno perredista en el DF: un jefe de policía temeroso de ir a la cárcel y un jefe de gobierno que no quiere perder puntos en las encuestas por la presidencia de la república. En medio, el PRD que ha prácticamente matado la vida social y económica en la ciudad de Oaxaca por renunciar al gobernador Ruiz en función del operativo policiaco y que hoy no sabe cómo acuerpar a Ebrard.

El PRD, por tanto, ha demostrado que carece de autoridad moral. ¿Dónde está la senadora perretista-perredista-petista Rosario Ibarra de Piedra que ha defendido apasionadamente a los golpeados en Oaxaca y a los indígenas de Acteal? ¿Por qué no ha condenado el operativo del Divine, por qué no ha criticado a Ortega, por qué no ha pedido la renuncia de Ebrard por la violación a los derechos humanos de jóvenes? Por la complicidad del poder, ya no la defensa de los derechos humanos. Ahora se sabe que las tareas de la señora Ibarra son políticas, no humanas. Y peor: de partido, de facción.

Como Ulises Ruiz, Ebrard es el directamente responsable del operativo en la Divine. Pudo haberlo detenido. Estuvo en condiciones de haberlo postergado. Supo con anticipación como para haberlo redefinido y ordenar el operativo, en horas no de funcionamiento, contra los dueños y contra los inspectores delegacionales. Pero no lo hizo.

Por eso, como Ulises Ruiz, Ebrard debe ser analizado con el mismo razonamiento político: un gobernante atrabiliario, represor, violador de derechos humanos. Porque al final las dos variantes del conflicto le tocan a Ebrard: el del operativo que mató a nueve jóvenes y el del ministerio público capitalino que depende del GDF en la violación de las garantías de los jóvenes sobrevivientes. Si para el PRD Ruiz es responsable y debe renunciar, entonces Ebrard también debe seguir el mismo camino.

Por eso el problema de la Divine no es político ni electoral. Los que defienden a Ebrard con el argumento de que lo atacan por las encuestas no son sino cómplices morales de un acto criminal del gobierno de la ciudad de México. Y Ebrard, el genio de las travesuras para desviar la atención, habrá demostrado la ruindad de la política al tratar de salvarse con el argumento del compló y de su posicionamiento en las encuestas. Si la presidencia de la república bien vale nueve jóvenes muertos, ¿qué diferencia podría existir entre Ebrard y Echeverría, Díaz Ordaz, Figueroa, Ruiz y otros priístas represores?

Lo que falta por saber es el comportamiento del PRD. Una tarea vital de la ética política exigiría la solicitud de cuentas de un acto criminal por parte de un gobierno perredista. El PRD en el DF debería ser el primero en exigirle cuentas a Ebrard y a Ortega. Pero resulta que la millonaria sobrecargo Alejandra Barrales fue puesta como dirigente del PRD capitalino por Ebrard y forma parte del grupo político de Ortega.

Si el PRD no ajuste cuentas con sus gobernantes capitalinos, entonces tendrá que ajustarlas con el electorado en el 2009.

Carlos Ramirez

(Blog e Indicador Político TV en http://www.grupotransicion.com.mx/.)

cramirez@indicadorpolitico.com.mx

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viernes, diciembre 28, 2007

 

Ebrard, un López aumentado y sin corregir

En las épocas priistas, Marcelo Ebrard fue, durante cinco años, el principal operador de Manuel Camacho en el DF. En 2000 era candidato del efímero partido de Centro Democrático y resignó su candidatura para apoyar a López Obrador. Ya con éste en el gobierno terminó al frente de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina, la cual tuvo que dejar después del asesinato de dos agentes de la PFP en Tláhuac, sacrificados junto con un compañero que sufrió graves quemaduras en los hechos, sin que el gobierno capitalino hiciera nada por rescatarlos. Pero fue premiado con algo mejor: la Secretaría de Desarrollo Social, encargado de la muy clientelar estrategia lopezobradorista (que en términos reales no es sino la continuación, corregida y ampliada, de la que llevaron a cabo Camacho y Ebrard entre 1989 y 1993 en el DF). Y, de ahí, con todo el apoyo del tabasqueño, saltó a la candidatura para la capital, donde ganó con amplitud.

Nadie puede dudar que Ebrard conoce la ciudad y sus manejos políticos. Tampoco, que es un político inteligente e informado. Por eso su llegada al gobierno capitalino (con sus evidentes deseos de ser candidato presidencial en 2012) hacía esperar mucho más de Ebrard. Su actuación a lo largo de este 2007, sin embargo, ha sido, para quienes esperábamos la construcción de una alternativa moderna desde la centroizquierda, decepcionante. Ebrard ha sido más de lo mismo: pistas de hielo con un costo de un millón de pesos diarios (como todo el mundo sabe, el patinaje sobre hielo es una de las tradiciones culturales y deportivas más cercanas a nuestra sociedad, junto con el snorkel en los canales de Xochimilco y el esquí en el Peñón de los Baños); la inauguración, utilizando hasta el mismo camioncito que usaba AMLO, de obras viales inconclusas y mal diseñadas, como el llamado distribuidor vial de La Concordia, en la salida a Puebla (que fue inaugurado el domingo y cerrado el martes); negocios y obras públicas entregadas a los amigos por la vía de adjudicación directa; programas sociales en dinero en efectivo de los que no existen ni padrones de beneficiarios ni cuentas públicas; como López Obrador agotó el esquema del cambio de placas para recaudar dinero ahora lo que se cambiarán serán las tarjetas de circulación y, pese a que lo que sobran son taxis y éstos no terminan de cumplir con la normatividad mínima, se "legalizarán" los más de 20 mil pirata, claro, todos aquellos afiliados a las asociaciones ligadas al PRD y al ala bejaranista, como los llamados Pantera, que son, además, donde se comete la mayor cantidad de delitos sin que nadie los moleste. La lista podría seguir y abarcar, por ejemplo, la intolerancia de las autoridades, con la diferencia de que ahora, cuando el jefe de Gobierno es criticado, como ocurrió con el secretario del Trabajo, Javier Lozano, no sólo se le organizan manifestaciones de los grupos fascistoides que encabeza Fernández Noroña, sino que además se le amenaza por conducto del secretario de Seguridad Pública, Joel Ortega, quien por lo visto no tiene nada mejor que hacer para defender a los capitalinos de la inseguridad.

Ello tiene relación con lo que es más grave: la negativa pública a observar y atacar un problema que rebasa a las autoridades locales, el del narcotráfico y la violencia. Aparecen tres personas decapitadas en el Distrito Federal y los hechos de violencia se han sucedido uno tras otro a lo largo del año, con ejecuciones y ajustes de cuentas de todo tipo, sin embargo, para el jefe de Gobierno, no ocurre nada: los decapitados no son producto de ninguna ola de violencia, ajustes de cuentas no hay y cuando ocurren corresponden a "conflictos originados en otras entidades". El narcotráfico en la ciudad no existe, ni opera aquí, dicen las autoridades locales, cártel alguno. No sólo es mentira: se trata de una negligencia absoluta. Por supuesto que en la Ciudad de México operan todos los cárteles del narcotráfico: aquí es donde se consume el mayor volumen de droga del país; es la plaza más importante para el lavado de dinero; un lugar privilegiado para la operación y el refugio de sus jefes; existen vías de comunicación con todo el territorio nacional y con el resto del mundo, para recibir y enviar droga, armas y dinero. En el oriente de la ciudad hay zonas donde las autoridades policiales reconocen que ni siquiera pueden entrar y allí existen grandes depósitos de drogas, armas y artículos de contrabando. No es ningún secreto de Estado.

¿Es responsabilidad directa del gobierno de Ebrard esa situación? No, es algo que se ha ido gestando a lo largo de los años, pero al desconocer esa realidad, al tratar de negarla, como ocurrió con la marcha contra la inseguridad o los asesinatos de los miembros de la PFP en Tláhuac, lo que se hace es permitir que el fenómeno crezca y se desarrolle. Si todos estos y muchos otros problemas que la ciudad debe afrontar de la mano le guste o no de las autoridades federales son negados y esa colaboración rechazada, que nadie se asombre entonces porque la competitividad de la capital se rezaga con respecto al resto del país o que las inversiones bajen y el desempleo crezca al mismo tiempo que aumentan los subsidios directos y, por ende, el endeudamiento. Es, en términos estratégicos, un desastre, porque el deterioro de la calidad de vida, con o sin pista de hielo, es evidente.

Pero es también un pésimo cálculo político: si Ebrard se limita a aplicar, corregidas y aumentadas, las mismas políticas que implementó López Obrador, ¿por qué Ebrard sería mejor candidato que El Peje en 2012?, ¿por qué éste estaría dispuesto a ofrecerle la candidatura a alguien que no ha hecho sino seguir al pie de la letra sus instrucciones? Ebrard está cometiendo, quince años después y en otro tono, pero con el mismo sentido, idénticos errores que cuando buscó la candidatura presidencial con Manuel Camacho en 1993. El resultado, si él no cambia, será el mismo.

Jorge Fernández Menéndez

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