viernes, agosto 01, 2008

 

Cuidado con una reforma que retrase más a Pemex

Los Senadores van a trabajar a marchas forzadas para tener pronto el dictamen de la reforma petrolera. Pero, ojo, ¿qué reforma?

Pues, ojalá que a la hora de poner los puntos sobre las íes en el análisis de las diferentes propuestas hagan bien las cuentas para definir quién habrá de pagar la expansión de la empresa o de las empresas, ahora con eso de las nuevas filiales que se proponen.

Aclaremos empero que el problema principal de Pemex está lejos de ser de dinero.

Es cierto que también debe cambiar el régimen fiscal que agarra parejo y que ha creado la "petroadicción" en las finanzas públicas tanto federales como locales.

Pero, aun si se le dejara mucho más dinero en las arcas, no resolvería sus problemas si no se alinean de manera diferente los incentivos al interior de la empresa.

Regresaremos luego a este punto.

Por lo pronto, lo que es un hecho es que el desarrollo de la refinación así como de la distribución le van a costar mucho dinero si se mantiene el esquema planteado por el PRI.

El mérito de la propuesta del Ejecutivo de abrir la maquila al sector privado es que se dejaba la actividad menos rentable de toda la cadena de producción en manos privadas, mientras que los recursos se concentraban en las áreas más redituables.

Ayer nos enterábamos que el costo de extracción en promedio del gas natural es de menos de 1 dólar por cada millón de BTUs, mientras que el precio de venta de este hidrocarburo anda en 12.60 dólares en julio.

Sabemos que el costo promedio de la extracción de cada barril de petróleo en México es de 4.36 dólares en promedio, sin embargo el precio promedio del petróleo en este año es de casi 94 dólares, 20 veces más que el costo de extracción.

En contraste, el negocio de la refinación es de márgenes pequeños. No es despreciable, pues puede haber tasas de retorno de 15 a 20 por ciento, pero nada tiene que ver con la altísima rentabilidad de la extracción.

En la medida que los recursos de los que disponga Pemex tengan que repartirse en las diversas actividades de la cadena, en esa medida bajará la rentabilidad global de la empresa y por lo tanto el potencial de obtención de renta petrolera y su posible uso para las tareas del Estado.

El mérito que tiene la fórmula planteada por el Presidente Calderón es que mueve hacia el sector privado actividades menos rentables.

La propuesta del PRI no lo hace y deja la incógnita respecto a las fórmulas de financiamiento de las nuevas refinerías que habrían de ser construidas y operadas por las "empresas espejo" o filiales, como les quiera llamar.

Probablemente las fórmulas disponibles se parezcan más bien a los Pidiregas, lo que implicaría la acumulación de más deudas.

En el caso del transporte, a la hora de que la Comisión de Energía del Senado haga las cuentas, deberían ser congruentes y si impiden que el sector privado participe en la construcción y operación de ductos que lleven fluidos líquidos, entonces también deberían prohibir que estos fluidos los transporte el sector privado sobre ruedas.

El problema es el negocio de 250 millones de dólares anuales que significa la provisión del transporte para Pemex, en el que participan connotados personajes del PRI.

Así que si no van a cambiar las reglas para preservarles el negocio a los contratistas de este gremio, lo mínimo sería que lo dijeran.

En lo que se refiere a todos los límites que se le pusieron a los contratos de desempeño, creo que lo único que harán es que tanto Pemex como las empresas contratistas tengan que trabajar más en la definición de los contratos para hacer viable a las pocas empresas especializadas en aguas profundas entrarle.

Y, en este caso, no es imposible que cualquier día se le ocurra a alguien decir que esta reforma al artículo sexto de la Ley Reglamentaria del Artículo 27 en materia de hidrocarburos es anticonstitucional, lo que llevaría el caso hasta la Corte, con todo el tiempo que requeriría el desahogo de esa discusión.

Quizá para cuando se llegara a alguna conclusión ya estaríamos importando petróleo crudo.

A lo que tienen que ponerle mucha atención es a las fórmulas para asegurar la participación mexicana en los contratos. No vaya a ser que estén repitiendo aquí el error que se cometió en la privatización de Telmex cuando se gestó la competencia hasta muchos años después.

Las ganas de llegar a una reforma han llevado a muchos a decir que la propuesta del PRI tiene muchos puntos de convergencia con el planteamiento del Ejecutivo, pero cuando se ve con lupa, encontramos diferencias sustantivas.

Y no está nada claro cómo la propuesta priista va a resolver algunos de los problemas centrales de la empresa.

No es por ser pesimista, pero no es imposible que la reforma que salga deje las cosas... peor que como ahora están.

Regresaremos al tema.

Enrique Quintana
enrique.quintana@reforma.com


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Como todas las "reformas" que se han hecho en México desde 1989, la energética será incompleta y quizá hasta contraproducente. Al tiempo. Seguimos haciendo las cosas a "la mexicana", al "chile". Por eso tenemos los resultados que tenemos.

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