martes, febrero 06, 2007

 

La Constitución

"Una buena Constitución es infinitamente mejor que el mejor déspota."
Thomas B. MacCauley

¿Es la nuestra la primera "Constitución social" del mundo? Probablemente. Los constituyentes de 1917 hicieron un esfuerzo especial para crear una Carta Magna que, al contrario de la de 1857 o las de otros países del mundo hasta entonces, no se limitara a garantizar los derechos fundamentales de los individuos sino que construyera una sociedad más equitativa a través de la promulgación de derechos sociales. La constitución de la Unión Soviética, la segunda "Constitución social" de la historia, vino después.

La Constitución soviética ha quedado ya relegada al basurero de la historia. La mexicana, después de 90 años, sigue siendo la ley fundamental de nuestro país, pero ha creado una de las sociedades más desiguales del mundo.

No es casualidad. La Constitución mexicana, precisamente a través de sus esfuerzos por legislar derechos sociales y promover una sociedad más justa, ha creado obstáculos a la eficiencia económica que son una de las razones por las cuales tenemos una sociedad pobre y extraordinariamente desigual.

Al contrario de la Constitución de 1857, que garantizaba la propiedad privada, la de 1917 considera en su artículo 27 que "La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro del territorio nacional, corresponde originariamente a la nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada". En otras palabras, la propiedad privada de la tierra en nuestro país es una concesión de la nación -del gobierno- y no un derecho fundamental del individuo. Este precepto constitucional ha servido de base para la creación del ejido, una forma colectiva de propiedad que ha sido una de las causas fundamentales de la pobreza que agobia al campo mexicano.

El artículo 123 establece que "Toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil". Pero este derecho en abstracto de poco o nada sirve cuando muchas otras leyes de nuestro país establecen obstáculos a la inversión productiva que es la única forma de crear esos empleos.

El artículo 28, en su primer párrafo, prohíbe los monopolios y las exenciones de impuestos. Pero una vez dicho esto, el mismo artículo señala que "No constituirán monopolios las funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva en las siguientes áreas estratégicas: correos, telégrafos y radiotelegrafía; petróleo y los demás hidrocarburos; petroquímica básica; minerales radioactivos y generación de energía nuclear; electricidad y las actividades que expresamente señalen las leyes que expida el Congreso de la Unión". Pero precisamente estos monopolios en áreas estratégicas han impedido un mayor desarrollo del País.

El artículo 25, promulgado en 1983 por el Gobierno de Miguel de la Madrid, establece que "Corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional". El 26 añade que "El Estado organizará un sistema de planeación democrática del desarrollo nacional que imprima solidez, dinamismo, permanencia y equidad al crecimiento de la economía para la independencia y la democratización política, social y cultural de la nación". En un tiempo en que la mayoría de los países del mundo han abandonado la "planificación central" del comunismo soviético, y han entendido que el mercado es el mejor sistema generador de prosperidad, nosotros la mantenemos en nuestra Carta Magna.

Tenemos una Constitución que establece derechos que se convierten en mera expresión de buena voluntad porque no crea los instrumentos para convertirlos en realidad. ¿De qué sirve una Constitución que establece el derecho al trabajo, a la vivienda o a la salud si impide que surjan las condiciones que permitan cumplir estos derechos?

Hemos vivido 90 años con esta "primera Constitución social" en la historia del mundo, la cual tenía como propósito generar una sociedad más próspera y con una mejor distribución de la riqueza. Hoy debemos reconocer que el resultado ha sido exactamente el contrario. Casi la mitad de la población mexicana vive en la pobreza y un 20 por ciento en la miseria. La desigualdad en nuestro país es tan notable como en el momento en que los legisladores de Querétaro promulgaron nuestra Carta Magna. Lo curioso del caso es que millones de mexicanos han votado con los pies y han ido a buscar una mejor vida en un país en el que, paradójicamente, no hay una Constitución social sino una que simplemente protege principios fundamentales, entre ellos, el de la propiedad privada.

La Constitución no es, por supuesto, la única explicación de la pobreza y la desigualdad en México. Pero esta ley fundamental, con su visión de la propiedad como una dádiva del Estado, con sus monopolios en áreas estratégicas y con sus limitaciones a la inversión productiva, ciertamente no ha sido un buen aliado en el propósito de construir una sociedad más próspera.

Sergio Sarmiento, El Norte, 5 de febrero 2007
-------------------------------

Ya ni China tiene tan cerrada su economía como México. Hasta Cuba permite inversión privada, extranjera, en exploración y extracción de petróleo. Un Estado todo poderoso, dizque protector, rector de la economía, solo inhibe la libertad individual, la restringe. Nos empobrece.

Etiquetas: , , ,


Comments: Publicar un comentario



<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?