lunes, agosto 04, 2008

 

Aprender a desaprender

Como nación, siempre nos lamentamos de que somos un país que no ha aprovechado los vastos recursos naturales con los cuales hemos sido bendecidos; nos preguntamos por qué ocupamos lugares mediocres en los comparativos de competitividad entre los países.

Nos cuestionamos, además, por qué países que hace tres décadas estaban más atrasados económicamente que nosotros, como Corea del Sur o Irlanda, han incrementado su PIB per cápita desde 1980 en 300 y 200 por ciento respectivamente. Incluso el promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha incrementado su PIB per cápita en 55 por ciento desde 1980, mientras nosotros lo hemos hecho únicamente en 20 por ciento en términos reales.

Nos lamentamos de que no hemos sabido sacar más rápidamente de la pobreza a más mexicanos y que la desigualdad económica es un problema que amenaza con desembocar en una crisis social. Nuestros empresarios se lamentan de que no pueden ser competitivos a nivel internacional y que les cuesta trabajo enfrentar la competencia internacional.

Una de las causas que pudieran explicar lo anterior es que durante siglos los mexicanos hemos aprendido una gran cantidad de mitos que han quitado los incentivos o nos han dado señales equivocadas para aprovechar nuestro potencial como país. Si queremos algún día progresar, necesitamos aprender a desaprender lo que hemos aprendido.

Uno de estos mitos es que para resolver cualquier problema, lo único que hay que hacer es destinar más presupuesto público. Voy a poner un par de ejemplos: educación y seguridad.

En el caso de la educación, escuchamos frecuentemente que para solucionar el problema educativo (enfocándonos en la calidad) lo que hace falta es que México gaste el equivalente al 8 por ciento del PIB en educación.

En el año 2007 gastamos el equivalente al 6.9 por ciento del PIB en educación, lo cual nos coloca como uno de los países dentro de los miembros de la OCDE que más gastamos en educación. Gastamos por arriba del 5.9 por ciento que en promedio gastan todos los países de la Organización.

En el sexenio del Presidente Vicente Fox el gasto en educación como porcentaje del PIB se incrementó de 5.5 a 6.5 por ciento del PIB, siendo uno de los países que mayor crecimiento tuvo en el gasto educativo en ese lapso.

¿Cuál es el resultado? Avanzamos en incrementar la cobertura educativa y podemos hablar que tenemos cobertura universal en educación básica. Sin embargo, en términos de calidad ocupamos el último lugar en los resultados de las pruebas aplicadas por el Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés) en matemáticas, ciencia y lectura dentro de los países miembros de la OCDE.

En el grupo de países que no pertenecen a la Organización y que tienen un nivel de desarrollo semejante al nuestro, no ocupamos un lugar muy destacado. Esto demuestra que si bien gastamos mucho dinero en educación, lo gastamos mal. La conclusión que podríamos obtener es que para resolver la calidad educativa no es necesario gastar más dinero, sino gastarlo mejor. Esto es, buscar que los recursos lleguen directamente a los alumnos y no se queden en burocracia y sindicato.

Otro tema sensible es el de seguridad. Hace un par de semanas me invitaron a dar una plática sobre perspectivas económicas al ITESM Campus Aguascalientes. El otro orador era el Secretario de Finanzas del Gobierno de Aguascalientes. Me llamó la atención que los asistentes le reclamaron al Secretario el grave problema de inseguridad que vive Aguascalientes que, al igual que Monterrey (como revela EL NORTE sobre los secuestros exprés), hace no muchos años era un lugar apacible y tranquilo para vivir.

Lo lógico era que los reclamos hubieran sido para el Procurador de Justicia o el Secretario de Seguridad Pública, pero al ser el encargado de los dineros públicos, la queja era que el Gobierno estatal no destinaba suficientes recursos para seguridad.

Hay que aclarar que, en estos momentos, a todos los niveles de gobierno, se están destinando cantidades muy significativas para el combate a la delincuencia. Estos recursos se destinan a comprar más armamento, entrenamiento y logística para las policías y el Ejército. Sin embargo, a pesar de todos estos recursos, en los últimos dos años la inseguridad se ha elevado a niveles alarmantes.

Intervine en la discusión y comenté que quizá la solución no era destinar más presupuesto para comprar armas. Inclusive sería contraproducente, ya que estas armas podían caer en manos de la delincuencia. Que lo más conveniente era destinar algo de este presupuesto a labores de inteligencia, en donde las autoridades pudieran anticipar, en base a la recopilación y análisis de la información relevante, los movimientos de la delincuencia.

Nuevamente, gastar más en el rubro de seguridad no significa necesariamente que esto se traduzca en una reducción de los índices y de la incidencia delictiva. Habría que gastar mejor en fortalecer las labores de inteligencia para tener los efectos deseados.

También tenemos otras creencias. Por ejemplo, para que un sector económico pueda crecer la mejor forma de hacerlo es a través de un monopolio o en un mercado con pocos participantes. Es obvio decir que la estructura económica en la mayoría de los sectores económicos es muy concentrada y con efectos nocivos en la competitividad del país y en el bienestar social de la población.

Otro de los mitos es que hay que limitar y, si es posible, prohibir, la actividad económica en sectores económicos considerados "estratégicos" como el petróleo o la electricidad porque se lesiona la soberanía del país.

Para realmente progresar, necesitamos deshacernos de estas creencias míticas y aprender a desaprender los mitos que hemos aprendido a lo largo de muchos años, que son los que han perpetuado el atraso de México.

Abel Hibert
ahibert@prodigy.net.mx

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