domingo, septiembre 03, 2006

 

Mas sobre la intolerancia de algunos AMLO-filicos

Profesores Intolerantes
Los actos de protesta del candidato del PRD, la toma del Zócalo y de Reforma, y las declaraciones cada vez más radicales e insostenibles de López Obrador han provocado un reacomodo político notable. Líderes de opinión, comunicadores, analistas y un número creciente de ciudadanos que apoyaron al candidato del PRD han tomado distancia de AMLO. Muy pocos están dispuestos, al parecer, a validar la desestabilización política del País que López Obrador busca para tomar el poder, la "purificación de las instituciones" al margen de la ley, y mucho menos, el irresponsable llamado a emprender una revolución que hizo hace días en la prensa extranjera.

Este flujo de opiniones ha dejado en evidencia la inmovilidad de la prensa doctrinaria y del núcleo duro de quienes apoyan a López contra viento y marea: profesores, académicos y artistas, enclaustrados ideológicamente, que viven una realidad propia y cerrada. Maestros y escritores que firmaron recientemente un largo desplegado en REFORMA, a quienes habría que pedirles, para empezar, un recuento "firma por firma" porque hay nombres que aparecen dos o tres veces en la lista; y, para terminar, que expliquen a la opinión pública qué entienden por democracia. Al parecer, no se han enterado de que en un sistema democrático el recuento de votos no puede pasar por "encima de la limitada contabilidad y de interpretaciones normativas estrechas", porque es precisamente el número de votos lo que decide quién es el ganador en una elección, y las leyes, las que deben determinar las características de cualquier proceso democrático.

Estos artistas, profesores y su público cautivo, el inerme estudiantado que los padece, son los principales consumidores de periódicos y revistas -pasquines doctrinarios- que en cualquier otro país del mundo servirían a un público marginal. El suplemento semanal de unos de ellos me hizo el dudoso honor de dedicarme, con mi nombre en el título, un artículo escrito por un profesor de la UAM, que me acusa de abrigar "gérmenes fascistas". El nombre del profesor no importa. Su artículo merecería -dadas las pocas luces del autor, sumadas a su nulo talento literario y analítico- pasar directamente al basurero, si no fuera un ejemplo redondo del modo de pensar que priva en el medio académico que apoya a López Obrador.

Paradójicamente, este sector de la sociedad que acumula grados universitarios y tiene acceso potencial a todo tipo de fuentes de información no ha transitado a la democracia. Cautivos de un marxismo trasnochado, impermeable hasta a las lecciones del socialismo real, estos ideólogos se quedaron atrapados en el pasado. Forman parte de un mundo intelectualmente cerrado, un sistema hermético y autista que de modo no muy distinto al de los universos fundamentalistas religiosos, maneja un método muy cómodo de pensamiento que, en palabras de Arthur Koestler -que conocía el asunto de primera mano-, "pretende explicar todos los fenómenos que suceden bajo el sol y tener una cura para todos los males que aquejan a la humanidad".

Se trata de un sistema que rechaza cualquier hecho que modifique sus postulados. Veamos.

El método del artículo, muy común en tiempos de Stalin, es sencillo: 1. Se repite ad nauseam un postulado (falso o verdadero, lo mismo da). En este caso, el incomprobable fraude. 2. Se divide al mundo sin hacer un solo matiz, en "buenos y malos". En este universo maniqueo, son "malos" todos aquellos que critican al líder seráfico o están en contra de "la causa". Entre los villanos no puede faltar "el gran capital transnacional y transnacionalizado" (sic). 3. Se le adjudica al opositor lo que el fanático padece. Si el ideólogo apoya a un político que tiene a todas luces rasgos autoritarios y fascistas, el "protofascista" es el crítico que señala esos rasgos. (Lección derivada, por cierto, de la historia soviética y alemana de los años treinta. Stalin acusaba a sus oponentes de proponer políticas que él mismo estaba aplicando, y los comunistas alemanes, que colaboraron con los nazis en más de una ocasión, calificaban a los socialistas como "social-fascistas"). 4. No hay necesidad de elaborar un solo argumento. El debate es criptonita para estos ideólogos que han abdicado de la razón. En lugar de argumentos, llenan un párrafo tras otro con insultos y descalificaciones. "Se trata de un sistema", explicaba Koestler con razón, "que acaba con las facultades críticas". 5. Por último, los profesores e ideólogos anacrónicos que pueblan nuestras universidades invalidan cualquier crítica, haciéndola a un lado, y buscando la supuesta raíz psicológica o sociológica, o los supuestos intereses que tienen que encontrarse "detrás" de la objeción: los resabios "pequeño burgueses" del crítico, su falta de conciencia de clase, la pertenencia a "la derecha" o, peor aun, rayar las fronteras del fascismo.

Quien haya dedicado tiempo a estudiar las mentalidades totalitarias, como lo hice yo cuando fui profesora de El Colegio de México, tendrá que aceptar que estos ideólogos intolerantes estaban mejor entrenados en el pasado soviético que añoran. El profesor que le dedicó tantos caracteres a mi artículo sobre Orwell y AMLO se indigna de que yo compare a López con Mussolini, "sin que al parecer se (me) ocurra" que tiene más en común con Perón. ¡Qué inmenso consuelo! Los mexicanos estamos enfrentando tan sólo un caso de fascismo light.

Isabel Turrent, El Norte 
iturrent@yahoo.com

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