jueves, febrero 02, 2017

 

Ideas simplistas y equivocadas

El Presidente de Estados Unidos (EU), Donald Trump (DT), ha basado sus propuestas de política comercial en la idea de que los déficits comerciales bilaterales, así como los totales, son un síntoma de fracaso económico. Él insiste, por tanto, en que impondrá aranceles y buscará mejores tratados comerciales para lograr un equilibrio o hasta un superávit comercial que, además, eleven la inversión y el nivel de empleo en su economía.

 

La realidad es contraria a estas ideas simplistas y equivocadas. Los déficits comerciales bilaterales son irrelevantes; el déficit total es muchas veces benéfico; los aranceles reducen el poder de compra de sus propios habitantes, y el nivel de empleo no depende de la política comercial sino de las políticas internas.

 

Primero, es una tontería hablar con preocupación del déficit comercial bilateral de un país, como también es que cualquiera persona hable de su enorme "déficit bilateral" con Soriana, Wal-Mart o HEB. Nadie se angustia por eso. Lo mismo sucede en el caso de una empresa, que seguramente tiene un "déficit bilateral" con cada uno de sus proveedores.

 

Segundo, los déficits comerciales totales son en muchas ocasiones síntomas de mejor salud económica que los superávits. Esta no es una idea fácil de entender, porque a simple vista parece contraria a la "lógica" tradicional. Ello explica por qué DT y, de hecho, también muchas personas en nuestro país, se pronuncian en favor de acciones que conviertan el déficit que "perjudica", en un superávit que "beneficie".

 

Una analogía quizá ayude a aclarar esta idea errónea. Una empresa que tiene proyectos de expansión siempre compra más de lo que vende, esto es, tiene un "déficit comercial". Compra materias primas, y también adquiere maquinaria y equipo, que en conjunto superan los ingresos por la venta de su producto. El faltante se cubre con capital de los accionistas y con crédito, sea éste de instituciones bancarias o proveedores. En otras palabras, le entran más recursos financieros de los que salen y tiene, por tanto, un superávit en su cuenta de capital.

 

Una cosa similar sucede con los habitantes y empresas de un país cuando comercian con los habitantes y empresas de otros países con el fin de llegar a intercambios mutuamente benéficos. Un país puede importar más de lo que exporta cuando su economía tiene potencial de crecimiento y recibe capital externo para financiarlo. Estos recursos, junto con las exportaciones, financian las compras que se hacen del exterior, que incluyen no sólo bienes de consumo, sino también materias primas y bienes de capital. En este sentido el déficit comercial es, contrario a lo que piensa DT y muchas otras personas, un síntoma de una economía robusta y dinámica.

 

Un país atraerá capital externo cuando la inversión es mayor a su ahorro, como sucede en EU. Esto se traduce en una entrada neta de recursos externos (cuenta de capital superavitaria) y, forzosamente, en un exceso de importaciones sobre exportaciones (cuenta comercial deficitaria). Sin entrar en detalles técnicos, baste decir que por razones de identidad contable no puede ser de otra manera.

 

En consecuencia, si DT quiere un superávit comercial, tiene que aceptar que el ahorro será entonces mayor que la inversión en EU y, por ende, que habrá una salida neta de capital. Él quiere, sin embargo, una entrada neta de capitales a EU, pero, por más que tuitee, no podrá lograrlo si al mismo tiempo promueve un superávit comercial.

 

Tercero, DT amenaza con aranceles de hasta 35 por ciento a las importaciones de México. Es mucho lo que se puede decir sobre este particular, pero por ahora baste con señalar algunos puntos. Primero, el arancel no lo pagan los países exportadores sino los consumidores del país de destino. DT con ello reduciría el poder de compra de sus habitantes. Segundo, el TLCN le impide aplicar ese tipo de aranceles, pero si lo abandona, el arancel no puede ser mayor al que permite la Organización Mundial de Comercio (OMC), que para EU se ubica alrededor de 3.5 por ciento. Tercero, si para poner un arancel mayor abandona la OMC, desataría una guerra comercial que dañaría a la economía global, pero también a millones de empresas y personas estadounidenses.

 

Finalmente, el comercio libre es benéfico no porque contribuye a un aumento en el empleo total, sino porque igual que el cambio tecnológico, mejora los niveles de vida de la población al elevar la productividad y dar acceso a productos de mejor calidad y menor precio. Eso es cierto para EU como para México. El intercambio con el exterior altera la distribución de trabajos por sector, como también lo hace la innovación tecnológica y el comercio interno. La creación o pérdida de empleos totales depende del ciclo económico y la política económica interna, pero no de la política comercial.

 

Salvador Kalifa

sakalifaa@gmail.com


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