sábado, noviembre 26, 2016

 

La gran prueba

Nuestro País enfrenta hoy una de sus pruebas más difíciles en su historia.

 

Un Gobierno estadounidense impredecible y posiblemente errático a partir del 20 de enero nos debe poner a trabajar unidos más que nunca.

 

No está a prueba nuestro nacionalismo, sino nuestra capacidad de defender las instituciones que hemos construido como país.

 

Los resultados de una votación cerrada que han dividido a la nación más poderosa del mundo es parte de una tendencia que amenaza otros cambios de Gobiernos como el que ya se vive en Inglaterra con el Brexit, y se advierte en Francia, Italia y otras economías en próximas elecciones.

 

Vivimos un momento en el que reina la desesperación por la incomprensión de que no se pueden resolver todos los problemas con medidas extremas y lapidarias.

 

Mientras tanto, se alejan las posturas de comprender que la posición intermedia y el trabajo ordenado, honesto y con respeto a la dignidad humana y al Estado de derecho son las únicas vías de crecer mejor y más justamente en el largo plazo.

 

Este vacío en la argumentación en el mundo está provocando las salidas fáciles y falsas.

 

Ante la impotencia de que las economías crezcan a la velocidad que una población demanda, el camino es la cerrazón: prefiero vivir de espaldas al mundo para yo mismo convertirme en un ente improductivo y pobre como la historia lo ha demostrado una y otra vez. Y si el mundo necesita de mi apoyo para mantener paz y equilibrio, ya no los ayudaré, aunque se destruyan entre sí, al cabo yo vivo en otro continente lejos del conflicto.

 

Los grandes movimientos de la sociedad y de su economía se han basado en abrazar la competencia y la globalización.

 

Así nació Estados Unidos buscando impulsar su desarrollo libre de ataduras de un Gobierno británico que prohibía su emancipación y su libertad de creencias y de comercio.

 

De la impotencia de los Gobiernos para dirigir con efectividad y honestidad la administración, combatiendo la corrupción, la impunidad y la urgencia por soluciones rápidas, las sociedades en democracia optan por cambiar el rumbo 180 grados, destruyendo lo positivo que se había alcanzado.

 

Es tanta la ignorancia dentro de los procesos electorales democráticos que se busca hoy dar un vuelco hacia la extrema derecha, mismo que puede llevar a un exceso absurdo, como lo han sido también los movimientos a la izquierda extrema. Ambos ignoran las leyes finas, pero siempre contundentes de la economía.

 

Por ejemplo, no puede un país cerrarse a los movimientos migratorios cuando la tasa de crecimiento interna de su población va en picada, a menos de que se busque reducir el tamaño de su economía y su riqueza.

 

No puede un país aislarse de la globalización y la competencia para pretender así ser más competitivo, innovador y productivo.

 

México es el segundo cliente más grande de Estados Unidos. Le compramos más de una quinta parte de todo lo que produce. Nuestro vecino del norte es el principal socio comercial y le vendemos una proporción similar de todo lo que producimos.

 

Esta simetría comercial era algo impensable cuando nació el TLCAN, pero hoy habla de la complementariedad entre México y Estados Unidos.

 

Por ello, debemos buscar defender las ventajas comparativas que hemos construido a largo de tantos años, buscando una mayor integración económica frente a la economía más abierta del mundo, Estados Unidos, que ahora parece que quiere dar la espalda a la globalización que, paradójicamente, fue lo que los hizo grandes y competitivos.

 

ADENDA

Dejó de existir el líder revolucionario que abrazó el comunismo, Fidel Castro. Nadie ha impactado tanto un país como él, dejando dos generaciones perdidas.

Para bien y para mal, luchó por sus ideales marcando la historia del siglo 20 como ningún otro gobernante, y colocando a Cuba como sinónimo de Fidel en el mundo.

 

Vidal Garza Cantú

vidalgarza@yahoo.com


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