viernes, noviembre 15, 2013

 

Cigarra y hormiga

"Cantando la cigarra pasó el verano entero sin hacer previsiones allá para el invierno".
Félix María Samaniego
 
Érase una vez una cigarra que pasaba el verano cantando y burlándose de una hormiga que laboraba del alba al anochecer. "Para qué pierdes el tiempo trabajando", decía la cigarra a la hormiga, "si el día es cálido y hermoso y la naturaleza se presenta en todo su esplendor".

"El tiempo no permanecerá así todo el año", respondía la hormiga sin detenerse. "En unos meses bajarán las temperaturas, los árboles perderán sus hojas, los cielos se cubrirán de nubes y los campos ya no rendirán sus frutos. Éste es el momento de trabajar para tener sustento en el invierno".

La cigarra rió y siguió cantando, pero meses después los cielos se tornaron grises, las temperaturas descendieron y los campos quedaron desnudos. La hormiga se refugió en su madriguera, cómoda y calentita, con alimento suficiente para el invierno, una buena colección de libros y sus discos favoritos de Mozart y Bach.

La aterida cigarra acudió a la casa de la hormiga para pedirle un préstamo. El frío era agobiante: necesitaba alimento y un lugar cálido para pasar el invierno. La hormiga le preguntó:
 
-¿Qué has hecho en el buen tiempo?

-Yo -dijo la cigarra- a todo pasajero cantaba alegremente, sin cesar ni un momento.

-¿Conque cantabas cuando yo andaba al remo? Pues ahora, que yo como, baila.

No quedaron, empero, así las cosas. La cigarra organizó un movimiento de protesta. Con el apoyo de otras cigarras que se hallaban en el mismo caso, bloqueó carreteras, avenidas y aeropuertos, pero también la entrada a la madriguera de la hormiga y el acceso al Ministerio de la Gobernación.

"Es injusto", decía la cigarra, "que la hormiga tenga tanto mientras nosotras tenemos tan poco. Somos pobres porque ella es rica. Hay que quitarle lo que ha acaparado para que todas seamos tan prósperas como ella".

El Ministerio de la Gobernación encontró justo lo que pedían, sobre todo porque las cigarras, que eran mayoría en el reino, le prometieron sus votos al partido en el poder. Ordenó el Ministro de inmediato la confiscación de todos los bienes de la hormiga. Era injusto, dijo en su solemne decreto, que una hormiga tuviera tanto mientras las cigarras pasaban hambre y frío. El Ministro se quedó con la mitad de los bienes de la hormiga y repartió la otra mitad entre las cigarras del reino, que con alegría festejaron durante el invierno el triunfo de la justicia social.

El tiempo, como suele hacerlo, siguió su camino y sus mudanzas. Al invierno siguió la primavera e inmediatamente después el verano. La cigarra reanudó sus fiestas y sus cantos. Los viajeros que llegaron al reino le aplaudieron y festejaron su gracia y su salero naturales.

Su única inquietud vino de no encontrar a la hormiga. No quería ya burlarse de ella sino cantarle e invitarla a un coro. Pero la hormiga no estaba ese verano trabajando en sus habituales campos.

Pronto llegó el otoño y más adelante el invierno. Las cigarras tuvieron una vez más frío y hambre y organizaron manifestaciones y bloqueos que se volvieron violentos. El Ministro de la Gobernación, temeroso por su propia persona y familia, mandó guardias a cobrar el impuesto de la hormiga que sostendría a toda la comunidad de las cigarras. Pero la hormiga no apareció ni en su madriguera ni en ningún otro lugar.

Las cigarras, enfurecidas, lincharon al Ministro y lo despojaron de los bienes de la hormiga que aún conservaba. Al final del invierno no había ya nada que expropiar y las cigarras fueron falleciendo una por una de frío y hambre sin poder ya cantar o bailar.

Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com


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