jueves, enero 31, 2008

 

Un misógino buscapleitos de cantina

Ni López Obrador ni su paje, Fernández Noroña, deben haber escuchado jamás aquella canción de Sabina que explicaba que "hay mujeres veneno, mujeres imán, mujeres consuelo, mujeres puñal, hay mujeres de fuego, hay mujeres de hielo, mujeres fatal". Quizá no sienten admiración por las mujeres, quizá, si alguna vez lo escucharon, no entendieron nada.

Hay pocas cosas que puedan definir mejor el carácter autoritario, intolerante, retrógrado, de un político, como la xenofobia y la misoginia. Quien insulta a otro por su origen o su género podrá presumir de algunas cosas, pero jamás de progresista, liberal, democrático, civilizado. En realidad, la xenofobia y la misoginia son el reflejo de una profunda ignorancia personal y política, la expresión de un vacío que nunca se puede llenar simplemente con los destilados del rencor personal o social. López Obrador y varios de sus incondicionales, comenzando por Fernández Noroña, pero también por alguno de sus intelectuales de cabecera que no saben cómo justificar que el rey está desnudo, han tratado de ocultar y disfrazar la xenofobia que desprendió la campaña contra Juan Camilo Mouriño, "acusándolo" de ser extranjero pese a que documentalmente estaba y está comprobado que es mexicano por nacimiento. Algunos han tratado de argumentar que se trataba de una "indagatoria jurídica", no de xenofobia, pero no se tomaron la molestia de observar y leer las caricaturas, las declaraciones, los editoriales de sus compañeros de ruta. Es xenofobia lisa y llana, el problema es que López Obrador y su gente no pudieron disimularla.

Pero más graves aún son los insultos de López Obrador a la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, por el sólo hecho de ser mujer. Ya antes, y frente a numerosos testigos, el propio López Obrador se había referido en forma despectiva, misógina, contra la dirigente de su propio partido, para descalificar su aceptación de la presidencia de esa Mesa Directiva. Fernández Noroña, como siempre, fue quien trasmitió al público los dichos privados del jefe cuando dijo que la diputada "entregaba su cuerpecito" para llegar a esa posición. Ahora, cuando se inicia un periodo ordinario de sesiones, Zavaleta recibió en sus oficinas de San Lázaro al secretario de Gobernación, Mouriño, y desató la ira del líder.

Zavaleta es una destacada militante del PRD, pero es la presidenta de la Cámara de Diputados: algunos ignorantes pueden no comprenderlo pero tiene responsabilidades institucionales, independientemente de sus posiciones políticas personales: no está ahí para representar al PRD o al lopezobradorismo, sino al Congreso, a uno de los Poderes de la Unión. López Obrador podía establecer un debate serio o criticar esa reunión, pero no tiene derecho (y ello muestra su verdadera estatura moral) a descalificar, insultar, agredir y hacerlo con los peores desdoros machistas y misóginos. Esa es su verdadera forma de hacer y entender la política y de comprender la vida: ¿usted se imagina, por ejemplo, al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas declarando que una compañera de su partido recibió al secretario de Gobernación para que "le agarre la pierna"?, ¿las mujeres que militan en el PRD no tienen nada que decir, no pueden exigir, muchas de ellas militantes feministas históricas, un poco de respeto por quien se autodenomina su dirigente? No es un caso aislado: cuando se dio la salida de Rosario Robles, los comentarios de López Obrador y su gente fueron también terriblemente misóginos, al descalificar a la entonces presidenta del partido, por ser mujer y por sus relaciones, independientemente de sus posiciones políticas. López Obrador usa el insulto como arma política, la misoginia o la xenofobia son instrumentos para ello. Lo ha utilizado con los miembros de su partido y sus adversarios, incluso con sus aliados, cuando osan contradecirlo.

Me desconcierta ver a militantes de izquierda de toda la vida sumisos, callados, ante este tipo de atropellos, de agresiones; me enoja mucho más el silencio de algunos de los intelectuales que tratan de explicarnos "que lo que López en realidad quiso decir" es otra cosa; medios que tratan de ocultar la nota. Me apena que César Yáñez tenga que salir, 24 horas después, a explicar que las declaraciones de su jefe fueron "sacadas de contexto", cuando fue la respuesta, directa, en una conferencia de prensa, a la pregunta de qué opinaba de la reunión de Mouriño con la diputada Zavaleta. ¿Cómo pudieron sacarlo de contexto o a la misoginia habrá que sumar la debilidad de carácter para no aceptar lo sucedido y, por lo menos ofrecer, en forma personal y asumiendo sus declaraciones, disculpas a la diputada y a las mujeres de su partido?

Ello se refleja a muchos otros ámbitos: ahora López quiere debatir con alguien, con quien sea, para tener espacios en los medios, pero hace dos años no quiso participar en el debate con los otros candidatos. Vamos, ni siquiera quiso debatir con Cárdenas sus respectivas propuestas programáticas. Y Cárdenas no le estaba disputando la candidatura: sólo quería que se debatiera, dentro del mismo partido, el programa electoral para 2006. López ni se dignó contestarle. Nunca quiso debatir, nunca aceptó una entrevista con alguien que no fue simpatizante suyo, sus militantes más cercanos recorrieron medios antes de las elecciones de julio advirtiendo a los dueños de los mismos qué periodistas se podrían quedar y cuáles se tendrían que ir si ganaba su jefe. La lista de acciones y reacciones de grosera intolerancia podría continuar, pero los únicos que no las ven son los militantes del lopezobradorismo.

Ni López Obrador ni sus incondicionales pueden presentarse como progresistas o democráticos con esas credenciales. Por lo pronto, nuevamente mis respetos a Ruth Zavaleta, que lo puso en su verdadero lugar: no es un líder, es un buscapleitos de cantina.

Jorge Fernández Menéndez

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