martes, julio 03, 2007

 

Manipulación y difamación como sistema

En este espacio y más ampliamente en el libro Calderón Presidente, siguiendo a Harry Frankfurt, calificamos a López Obrador como un bullshitter, un término que del inglés se podría traducir como manipulador o un charlatán, un personaje diferente y más peligroso que un simple mentiroso. Frankfurt, en su nuevo libro, Sobre la verdad, dice que esos manipuladores o charlatanes "son impostores y farsantes que, cuando hablan, sólo pretenden manipular las opiniones y las actitudes de las personas que les escuchan... su máxima preocupación consiste en que lo que dicen logre el objetivo de manipular a su audiencia. En consecuencia, el hecho de que lo digan, sea verdadero o falso, les resulta más bien indiferente... son una amenaza aún más insidiosa que la mentira para el normal desarrollo de una vida civilizada".


En su libro sobre las elecciones del 2 de julio, López Obrador confirma aquel diagnóstico: la serie de charlatanerías y manipulaciones, de datos presentados en forma conscientemente falsa son tantos que impiden, incluso, colocarlo en el simple terreno de la mentira. Ya varios analistas han refutado con amplitud pasajes de su texto. En lo personal se refiere a mí en las páginas 80 y 81, con una historia que tergiversa y usa con el fin de difamarme. Para explicar un supuesto fraude en la elección de 1998 en Zacatecas, retoma algo que ya había manejado en la revista Proceso el 7 de marzo de 1999 (página 9), con respecto a una grabación telefónica, el domingo de esa elección, entre un servidor y alguien que originalmente López Obrador dijo que era Jesús Salazar Toledano. En realidad, era una plática con el entonces subsecretario de Gobernación Emilio Gamboa (como ahora dice en su libro López Obrador).

Tengo copia de la grabación telefónica porque el 8 de marzo de 99, en sus oficinas del PRD, me la entregó el propio López Obrador (ese día, también me mostró su credencial de elector y me dijo que se había registrado en el DF, adelantándome que estaba estudiando la posibilidad de lanzarse como candidato, según ocurrió unos meses después). En esa grabación lo que se escucha es que le pregunto a Gamboa qué números tenían en Gobernación sobre los comicios y él me dice que Televisa tenía al candidato priista con un punto arriba, pero que dirían que estaban empatados. Yo le comenté que había estado con Ricardo Monreal, que estaría en mi programa en la noche y que decía que la entrevista fue tranquila, limpia, etcétera. Y que si ganaba el PRI lo iba a reconocer, que era lo que Monreal me había dicho. En ese momento la charla es interrumpida por una llamada y Gamboa me pide que espere, dice que es el secretario y tenía que contestarle. Y Gamboa platica con su interlocutor sobre las tendencias de las encuestas y un boletín del PRI. Termina, y palabras más, palabras menos, se despide de quien esto escribe. En qué demostraba eso un fraude o delito no lo sé, pero que un servidor no tenía nada que ver con esa historia era obvio. Esa noche, el único medio electrónico donde estuvo en vivo, por más de media hora, Ricardo Monreal, fue en el programa Punto de partida, que entonces conducía un servidor en MVS Multivisión; el primer periodista que adelantó las tendencias que le darían el triunfo en Zacatecas fui yo. Y todo fue un par de horas después de esa plática con Gamboa porque, como cualquier periodista que está cubriendo una elección, se habla con todas las fuentes posibles para saber qué tendencias tienen y cómo ven las cosas.

López Obrador, por ejemplo, sabía que había tenido una larga charla, cerca de las cuatro de la tarde, con Monreal en sus oficinas y había hablado telefónicamente con López Obrador (lo había puesto en la línea Monreal), y ampliamente con Jesús Ortega, entonces secretario general del PRD.

En su libro, López Obrador utiliza esa misma historia, ya reescrita ocho años después, para intentar difamarme. Olvida -para los manipuladores la historia es un engorro- lo que él mismo me dijo el 8 de marzo en sus oficinas y publiqué, entonces, en El Financiero el 15 de marzo de ese año y nunca lo desmintió: que incluso le había pedido al reportero que lo entrevistó, Álvaro Delgado, que mi nombre no se incluyera porque no era relevante. Pero, además, fue López Obrador quien afirmó eso en las páginas de Proceso, en la edición del 14 de marzo de 1999: "Señores -dice el texto de la carta que se puede leer en la página 64 del número 1167 de Proceso-, ratifico lo dicho en la entrevista que sostuve con Álvaro Delgado, pero creo necesario hacer dos precisiones. Una. El periodista Jorge Fernández Menéndez no formó parte del operativo de defraudación electoral en Zacatecas: él estaba en esa entidad cumpliendo con su trabajo informativo.

"Dos, los que sí participaron en ese operativo fueron Francisco Labastida y Emilio Gamboa Patrón, secretario y subsecretario de Gobernación, respectivamente, y conviene aclarar que a este último personaje lo confundimos con Jesús Salazar Toledano al escuchar las grabaciones, un abrazo, Andrés Manuel López Obrador". Eso fue el 14 de marzo de 1999. Ahora, en su libro, el ex candidato presidencial me difama utilizando la misma historia que él desmintió, sin más razón, creo, que las opiniones críticas que he tenido con respecto a su desempeño como jefe de Gobierno y candidato presidencial.

Por cierto, en mi estudio tengo colgado un reconocimiento firmado por el entonces gobernador Ricardo Monreal (con quien he tenido acuerdos y diferencias, a quien en alguna oportunidad critiqué en forma injusta y lo rectifiqué ante el público, además de que lo respeto plenamente) que me entregó en un acto público en la mucho más cercana fecha de julio de 2004, un documento en el que me declara "huésped distinguido" de la ciudad de Zacatecas, por la "valiosa visita a esta noble y leal ciudad". Se lo agradecí infinitamente. Por cierto, grabar llamadas es un delito.

Jorge Fernández Menéndez

Etiquetas: , , , ,


Comments: Publicar un comentario



<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?