miércoles, agosto 23, 2006

 

Revolucion social

No incurrirá en hipérbole quien diga que López Obrador ya está fuera de sí. En efecto, es insensato su propósito de hacer una revolución social -tuvo el buen cuidado de no decir "socialista"- que trastoque las estructuras del País y establezca un gobierno popular. Quien tenga dos dedos de frente, o uno al menos, sabrá que no hay en México las condiciones subjetivas y objetivas en que podría fincarse un movimiento revolucionario. Muchos problemas hay en el País, es cierto, el principal de ellos la pobreza, pero es evidente que los mexicanos rechazan la violencia como medio para buscar remedio a esos males. La nula respuesta que López Obrador ha obtenido en su llamado a la resistencia civil es seña clara de que su planteamiento es falso y no tiene cimientos en la realidad.

Son cada vez más claras sus desatentadas convocatorias a la violencia, a la insurrección; por eso resulta inexplicable que todavía haya intelectuales y políticos que dicen ser partidarios de los métodos pacíficos y democráticos y sin embargo no se deslindan aún de ese hombre que tiene ya perdido el rumbo, que ha renunciado de plano a la vía democrática, y que descalifica a todas las instituciones, incluso a la que todavía podría favorecerlo en términos de ley. La táctica de AMLO se finca ahora en la posibilidad de que la escalada de violencia que promueve conduzca a una acción del Estado en la cual corra la sangre, único medio de dar vida a un movimiento que va languideciendo ya en el tedio y en la frustración. Se sintió calumniado López Obrador cuando se dijo de él que era un peligro para México. Pero con sus hechos y sus dichos está mostrando que tal señalamiento no era calumnia: era una simple descripción...

Armando Fuentes Aguirre, Caton, El Norte
afacaton@prodigy.net.mx

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