lunes, agosto 21, 2006

 

Fuera del DF

"Democracia es la sospecha recurrente de que más de la mitad de la gente tiene razón más de la mitad del tiempo."
E.B. White

TIJUANA.- México no es el Distrito Federal. Ésta es una realidad que queda clara a quien viaja por la República en este momento de tensión política.

No debe sorprender que Andrés Manuel López Obrador haya montado su bloqueo para presionar a los magistrados del Tribunal Electoral en el Distrito Federal. No es sólo el hecho que la sala principal del tribunal esté ubicada en la Capital de la República. La razón más importante es que sólo el Distrito Federal le da a López Obrador la carne de cañón que necesita para mantener vivo su movimiento.

Son varias las razones. Una de ellas, por supuesto, tiene que ver con el apoyo abierto que el gobierno de la Ciudad de México le otorga al movimiento de López Obrador. Es difícil pensar que cualquier otro gobierno local o estatal en el País le daría respaldo a una movilización destinada a dañar los intereses de los propios ciudadanos de la ciudad o entidad. El gobierno que encabeza Alejandro Encinas, sin embargo, lo ha hecho de manera abierta, sin importar los "costos políticos" o las consideraciones de carácter ético.

Otra razón importante es el hecho de que la Ciudad de México es, desde hace mucho tiempo, la entidad más perredista del País. Las raíces de esta situación se hunden en los tiempos. El Distrito Federal fue la única ciudad que tuvo un movimiento estudiantil generalizado como el de 1968. La fuerte presencia ideológica de la Universidad Nacional Autónoma de México, una institución pública con presencia fundamentalmente capitalina, inclinada al marxismo en muchas de sus escuelas, es sin duda un factor que ha hecho que las ideas de izquierda sean más aceptadas en la Capital federal que en otras ciudades del País. Por otra parte, la concentración en la ciudad de organizaciones gangsteriles políticas, como los Panchos Villas o las Panteras, que viven de obtener privilegios especiales del gobierno, permite tener en el Distrito Federal cuerpos de choque siempre listos para llevar a cabo manifestaciones y bloqueos a favor del grupo que mejor convenga y en contra de los intereses de la población.

Una razón adicional es la concentración de medios nacionales en el Distrito Federal. Las televisoras, las cadenas de radio y los periódicos con presencia nacional tienen, casi todos, sus sedes centrales en la Ciudad de México. Esto permite dar una resonancia nacional a hechos que muchas veces sólo tienen importancia local. Esta situación le permitió a López Obrador transformar sus conferencias de prensa como jefe de gobierno capitalino en una plataforma para su campaña presidencial. La toma del centro de Oaxaca, que lleva más de tres meses, nunca tuvo, a pesar de su gravedad, la misma cobertura de medios que la toma de Paseo de la Reforma.

Los intentos por generar un movimiento de apoyo fuera del Distrito Federal por parte de los simpatizantes de López Obrador han sido infructuosos. Los participantes en esos movimientos no han logrado un respaldo popular que les permitiera mantener bloqueos o plantones significativos. Pero, además, no han contado con el apoyo de sus gobiernos locales.

Una de las razones por las que la economía nacional ha seguido funcionando bien a pesar de los bloqueos y amenazas de López Obrador es precisamente el hecho de que el movimiento que éste ha encabezado es fundamentalmente local. La mayor parte de la economía mexicana funciona independientemente de lo que ocurra en Paseo de la Reforma o incluso en el Distrito Federal. La idea de que la Ciudad de México concentra el 25 por ciento o más del Producto Interno Bruto es una simple ilusión. Quizá la Ciudad de México concentra el 25 por ciento de la contabilidad corporativa del País, pero no de la actividad generadora de riqueza. Muchas de las grandes empresas consolidan sus resultados en el Distrito Federal, pero venden en toda la República.

México no es el Distrito Federal. A final de cuentas éste es un factor muy importante que tendrán que tomar en cuenta López Obrador y sus generales en la estrategia política que están asumiendo. Si lo que quieren realmente es ahogar la economía del País y provocar una crisis que resulte en ingobernabilidad, para así tener acceso al poder, necesitarán mucho más que simplemente asfixiar a la Ciudad de México. El problema es que su radicalismo está generando rechazo no sólo entre los capitalinos, sino en el resto de los habitantes del País.

Por otra parte, en ningún lugar de México que no sea el DF encontrarán los radicales un gobierno local dispuesto a ayudarlos en su propósito. Ni siquiera Amalia García, la Gobernadora perredista de Zacatecas, estaría dispuesta a permitir que su partido asfixiara económicamente a su estado para conseguir una ventaja política.

Sergio Sarmiento, El Norte
sarmiento.jaquemate@gmail.com

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