viernes, marzo 05, 2021

 

Tarifas eléctricas

"La electricidad puede transformar la vida de la gente, no solo económica sino socialmente". Piyus Goyal

Andrés Manuel López Obrador es un político, y el objetivo más importante de los políticos es obtener y conservar el poder. Por eso ha insistido tanto que su contrarreforma eléctrica tiene el popular propósito de evitar alzas en las tarifas. Una estrategia que compra electricidad más cara y sucia, sin embargo, elevará inevitablemente los costos.

 

No subir tarifas, a propósito, es un pobre objetivo en estos tiempos. La tecnología está permitiendo reducir costos y precios de electricidad. En el mundo desarrollado han desaparecido ya los ineficientes monopolios estatales y se ha diversificado la oferta. Las nuevas tecnologías, como la eólica o la solar, eran subsidiadas en un principio, pero hoy son competitivas y permiten reducir costos.

 

El precio, sin embargo, no debería ser el objetivo principal de una política energética. Venezuela tiene la tarifa doméstica más baja del mundo, 0.000 dólares por kilovatio/hora; sí, la electricidad se regala virtualmente en Venezuela, pero los consumidores sufren apagones y fluctuaciones constantes que descomponen sus aparatos eléctricos y les impiden trabajar. Alemania registra, en cambio, el precio doméstico promedio más alto del mundo, 0.384 dólares por kWh, pero con una electricidad de buena calidad y muy limpia.

 

Debido a los subsidios, México promedia un precio doméstico relativamente bajo, 0.080 dólares por kWh, en comparación, por ejemplo, con Canadá, 0.109, o Estados Unidos, 0.149 (es.globalpetrolprices.com), pero la electricidad de nuestros vecinos es mucho mejor.

 

La tarifa doméstica, sin embargo, no es la más importante para construir prosperidad en un país. En Canadá, el precio promedio que pagan las empresas, 0.088 dólares por kWh, es bastante menor que el doméstico y lo mismo ocurre en Estados Unidos, 0.111, y Alemania, 0.232.

 

En México las empresas pagan 0.157, casi el doble que los hogares y mucho más que nuestros socios del T-MEC. Una de las consecuencias es que Canadá, Estados Unidos y Alemania son países más ricos que México.

 

No subsidian a los consumidores, pero sí permiten el surgimiento de empresas competitivas que crean más y mejores empleos. El objetivo de una política energética no debe ser bajar las tarifas, sino subir el bienestar.

 

Así como un político no debe prometer que no habrá apagones, como espero haya aprendido ya el Presidente López Obrador, tampoco debe ofrecer que no habrá aumentos de tarifas. En un sistema sano, los precios son consecuencia de los costos y, en la electricidad, los dos más importantes son los combustibles y el laboral.

 

El año pasado el costo de los combustibles se desplomó y los precios de la electricidad bajaron en todo el mundo, mas no en México. Lejos de pasar el ahorro a sus clientes, la CFE se lo embolsó, pese a lo cual perdió 78 mil 920 millones de pesos.

 

El director Manuel Bartlett, increíblemente, canceló un acuerdo previo con el sindicato y de un plumazo elevó el pasivo laboral de la empresa. Las empresas privadas pagan mejor a sus trabajadores, pero curiosamente tienen costos laborales inferiores.

 

La mejor manera de evitar aumentos excesivos es contar con un sistema eléctrico eficiente. La nueva ley busca exactamente lo contrario. Los costos los empezamos a pagar el año pasado cuando no se trasladó el ahorro en los combustibles a los consumidores. En el futuro, al comprar la electricidad más cara, lo que no paguemos en tarifas lo cubriremos en subsidios, y en un menor bienestar para los mexicanos.

MINISTROS

La segunda sala de la Suprema Corte ya declaró inconstitucionales las medidas de la nueva ley de electricidad, pero AMLO se muestra confiado que el pleno le dará ahora la razón. Para cancelar la ley se requieren ocho votos de 11 ministros. El Presidente nombró a tres y tiene a un cuarto como aliado.

 

Sergio Sarmiento

 


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