jueves, agosto 17, 2017

 

Oleada populista (¿Qué es el populismo?)

El término "populismo" y el adjetivo "populista", se usan hoy día de tantas formas, la mayoría de ellas peyorativas, que obligan a definirlos para propósitos de esta columna como las posturas ideológicas, tanto de derecha como de izquierda, que fincan sus pretensiones políticas promoviendo medidas económicas y sociales que reciben el apoyo de las clases populares, pero que carecen de bases objetivas que las haga viables y positivas para los habitantes de un país en el largo plazo.

 

"Populismo" fue usado por primera vez en Rusia en 1878 para nombrar una fase del movimiento socialista de la época, que en 1917 se materializó en la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, donde se instauró el régimen socialista soviético en aquel país, extendido luego a Europa Oriental, varios países de Asia, África y hasta América, con la Revolución Cubana en 1959.

 

En América Latina, en particular, la ideología socialista se combinó con el nacionalismo, para producir lo que se fue perfilando con el tiempo como un movimiento "populista", esto es, que busca el apoyo de las clases populares, donde caben desde el cardenismo mexicano y el justicialismo peronista argentino hasta el socialismo venezolano de Hugo Chávez.

 

Con las variantes de cada caso, el populismo latinoamericano se caracterizó por su ideología de izquierda, un líder que personificaba el ideal nacionalista, un Estado rector de la economía y redistribuidor de la riqueza, y su oposición a la apertura hacia el exterior en materia de comercio y a la inversión extranjera.

 

Las políticas económicas y sociales que se derivan de esa variante populista explican, en gran parte, el atraso económico de América Latina, ya que los gobiernos de la región, por convicción o presionados por los activistas de izquierda, rechazaron las medidas económicas orientadas hacia el mercado, la apertura hacia el exterior, la mayor participación del sector privado y una política económica disciplinada.

 

Todos esos experimentos populistas resultaron en un fracaso económico. No obstante, siempre hay quienes presentan sus políticas económicas como novedosas y llenas de bondades. Esta práctica que por décadas estuvo concentrada en países pobres o emergentes, en particular en América Latina, aparece ahora en los países desarrollados, con el ropaje de un populismo de ideología conservadora nacionalista, que promete muchos beneficios para el pueblo.

 

Los ejemplos más claros de esta tendencia son el Reino Unido con el "Brexit" y el actual Presidente de Estados Unidos (EU), Donald Trump (DT), quien desde el anuncio de su campaña a mediados de 2015 planteó una estrategia basada en un nacionalismo radical con el lema de "EU primero", y la promesa de corregir el comercio exterior "injusto".

 

El discurso nacionalista y proteccionista del Brexit y de DT sigue teniendo eco al otro lado del Atlántico. Un ejemplo fueron las elecciones parlamentarias en Holanda, donde en marzo pasado un candidato populista de derecha estuvo a punto de ganarlas. Algo similar sucedió en Francia en abril y mayo, cuando la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen, ocupó el segundo lugar en la primera vuelta y concurrió a una segunda, ganada por su contrincante de centro izquierda Emmanuel Macron.

 

El alcance de este renacimiento populista, ahora con políticas nacionalistas y aislacionistas, tendrá más pruebas en Europa con las elecciones de Alemania en septiembre próximo, así como con la posibilidad de que un candidato de extrema derecha triunfe en Austria si hay elecciones parlamentarias anticipados en el otoño y/o que gane en Italia un populista antieuropeo en las elecciones previstas para la primavera de 2018.

 

En México no estamos exentos de esta oleada populista, que por razones históricas se concentra en activistas de izquierda. Así, el desencanto de la población por el pésimo desempeño del actual Gobierno en relación con los múltiples casos de corrupción, impunidad y violencia que agobian al país, abre la puerta otra vez al canto de la sirena que entona con mucha habilidad Andrés Manuel López Obrador, un populista a la vieja usanza latinoamericana, que seguramente será un dolor de cabeza durante las elecciones presidenciales de 2018.

 

Estoy convencido que, de ganarlas, sus políticas deteriorarán bastante nuestra situación económica, como también estoy convencido de los daños que las políticas de DT causarán a la economía estadounidense y global. El peor de los mundos, sin embargo, es que se presente la mezcla de ambos, porque sería una terrible pesadilla económica para México, de la que tardaríamos muchos años en despertar.

 

Salvador Kalifa

sakalifaa@gmail.com


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