lunes, octubre 06, 2014

 

Incoherencias gubernamentales

Hace "algunos" años, cuando estudiaba finanzas públicas en la Universidad de Wisconsin, uno de los elementos importantes del temario era la "Teoría de las Fallas del Mercado". De acuerdo con varios de sus postulados, el gobierno podía (debía) intervenir en la economía, precisamente para corregir las fallas en cuestión.

Algún tiempo después, ganó prestigio intelectual e influencia práctica la idea de las "Fallas del Gobierno", fincada en dos nociones de sentido común: 1) los políticos y los burócratas no saben (pueden) mucho más que el resto de los mortales; y, 2) igual que todos nosotros, persiguen de veras primero que nada su propio interés, no el discursivo "bien común". Creo que en el caso de México no se necesita probar el realismo de estas dos percepciones. Como quiera, los gobiernos de todas las latitudes se encargan casi a diario de refrendar su validez. Los que siguen son apenas unos cuantos ejemplos recientes de las incoherencias referidas en el título.

Unas semanas atrás me ocupé en estas páginas del caos económico creado en Venezuela por las políticas económicas "socialistas" de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Hace unos cuantos días, Clorox, una conocida compañía estadounidense, anunció que cerraba sus operaciones (tres plantas) en aquel país, con la consiguiente desocupación de 450 empleados. Clorox citó como causa del cierre el absurdo control oficial del precio de sus productos, frente a una inflación desaforada -creación del gobierno. El episodio podría formar parte de cualquier libro de texto de microeconomía. Es obvio que las incongruencias gubernamentales son la razón del problema, pero Maduro dijo que los males económicos son la manifestación de una guerra económica contra el país, emprendida por los capitalistas y por los oponentes políticos del régimen. ¿Aló presidente?

Las incongruencias no son privativas del subdesarrollo. Frente al ascenso relativo de las cargas tributarias en Estados Unidos, muchas grandes compañías han diseñado y puesto en práctica estrategias que reubican parte de sus transacciones en otros países. Esto se ha llamado una "fuga de empresas". En lugar de pensar lógicamente en realinear los impuestos en cuestión, el presidente Obama ordenó al secretario del Tesoro poner en práctica (sin mediación del Congreso) regulaciones que obstaculicen los movimientos. Para justificar sus acciones, el presidente señaló retóricamente que "su administración actuará donde quiera que pueda para proteger el progreso que el pueblo americano ha logrado con su duro trabajo". Por su parte, el secretario apuntó que las transacciones en cuestión "pueden ser legales, pero son malas". En otras palabras, el asunto ya no es económico ni jurídico, sino ético. Yeah, right, Mr. Lew.

En Europa, el Banco Central Europeo (presidido por el italiano Mario Draghi) ha decidido imitar, con rezago, a sus contrapartes japonesa y estadounidense, intensificando la flojedad monetaria, echando mano más o menos del mismo instrumento -esto es, comprando valores en el mercado financiero, creando dinero para el caso. Lo cierto es que cinco años de tasas de interés mínimas no han podido sacar del estancamiento a la economía del continente, entre otras razones, porque los bancos no han aumentado el crédito concedido a las empresas y las familias -a pesar de su baratura histórica. Entre las razones explicativas de ello me parece que sobresalen dos: 1) por el lado de la demanda, la incertidumbre reinante sobre la evolución de la economía y, entonces, sobre el riesgo representado por un mayor endeudamiento; y, 2) por el lado de la oferta, el aumento drástico de las exigencias para que las instituciones bancarias aumenten su capital, eleven su liquidez y disminuyan su apalancamiento. En español esto quiere decir que los acreditados potenciales son más cautelosos y que los bancos tienen menos margen de maniobra para prestar. Así pues, las autoridades pretenden, por una parte, que la banca expanda el crédito para reanimar la economía pero, por la otra, la limitan con nuevas regulaciones. Incoerenza, Dottore Draghi. No planteo con lo anterior que sea innecesario fortalecer las finanzas bancarias. Apunto simplemente que, al hacerlo, no es razonable esperar buenos resultados de una expansión monetaria adicional.

Es cierto que, a veces, el gobierno puede intervenir positivamente en la economía. Para lograrlo, sus acciones necesitan un mínimo de consistencia.

 

Everardo Elizondo


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