domingo, marzo 02, 2014

 

La letra muerta de Juárez

Ante un grupo reducido de comensales en Los Ángeles, Rudy Giuliani, el ex Alcalde de Nueva York, fue cuestionado por un amigo mío sobre las razones de que hubiera triunfado su estrategia antidelincuencia en NY y hubiera fracasado en la Ciudad de México. Su respuesta fue contundente: López Obrador consideró que las recomendaciones no eran viables en México. El paciente no se tomó la medicina.

 

Una de las recomendaciones que el entonces Jefe de Gobierno de la capital consideró imposibles de aplicar me llama mucho la atención: acabar con el comercio ambulante (que en el fondo es erradicar una señal que avala el incumplimiento de la ley, la corrupción y otros delitos mayores. El fenómeno de inseguridad crece, como monstruo, pero se inicia a partir de algo pequeño).

 

Entiendo que la filosofía de un Gobierno populista tenga bases clientelares a las que no desea afectar. También que el ambulantaje no se termina por decreto y que la situación en México es grave, millones de personas dependen de éste. La paradoja es que este ambulantaje abona la cultura de desprecio por la ley y el surgimiento de delitos mayores.

 

Giuliani erradicó señales de tolerancia al delito cuando fue Alcalde de NY, pintó la raya, gestó un punto de quiebre en una tendencia social. En mi paso por Santiago de Chile, considerada una ciudad segura, no vi ambulantaje. El problema en México es que tenemos una gran inclinación por apropiarnos de lo ajeno, sacar provecho del espacio público, aunque se afecten derechos de terceros.

 

En 1969, Jorge Ibargüengoitia escribió que la frase célebre de Juárez "el respeto al derecho ajeno es la paz" era una joya del sentido común, y que los mexicanos no éramos un pueblo respetuoso del derecho ajeno, sino extraordinariamente conscientes del propio. De vivir el guanajuatense, tendría infinitamente más material para sostener su dicho.

 

De buena fuente me entero de un caso sobre la Av. Revolución, cruce con Mixcoac, en la Ciudad de México, donde una zapatería es administrada por la segunda generación de la familia. Desde hace años los ambulantes se apropiaron de lo ajeno, la banqueta. El propietario del negocio formal ha hablado con todas las autoridades posibles, de distintas jerarquías, y nadie ha resuelto nada. Colmo del descaro: los ambulantes exigen al empresario el uso de su baño y energía eléctrica, so pena de represalias. En el último capítulo de esta historia, le ofrecieron comprarle el negocio.

 

Si en México no hay la voluntad política de terminar con las señales que promueven y avalan la apropiación de lo ajeno como símbolo de progreso, la frase de Juárez no será más que letra muerta en libros de historia. Coincido con el autor de "Instrucciones para Vivir en México", "el respeto al derecho ajeno es la paz" es un homenaje al lugar común, una obviedad (es precisamente en lo obvio donde está la posibilidad de encontrar respuestas a problemas mayores).

 

Qué bien que se capture a los grandes capos del crimen organizado, pero también que se acabe con los "viene-vienes", los franeleros, los limpiaparabrisas, los puestos en las banquetas. Qué bien que haya una estrategia antisecuestro, pero que también haya una estrategia antiapropiación de lo ajeno (incluye las manifestaciones que bloquean vías y plazas públicas, los cobros de derecho de piso). Todos estos personajes pertenecen a la misma línea evolutiva del delito. El problema es que no lo vemos así.

 

El sistema político actual se nutre y lucra con quienes se apropian de lo ajeno, y la mayor muestra de esto acaso sea el gobernante corrupto, que se adueña de un derecho de lucro. Así, un estadista ve por el derecho de los muchos, mientras que el político convencional y mediocre ve por lo ajeno de los muchos.

 

A casi 45 años del apunte de Ibargüengoitia y 147 años de la frase juarista, el País está peor en cuanto al respeto por el derecho ajeno. Hay letras que, al morir, nos sepultan.

 

Eduardo Caccia

@eduardo_caccia


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