sábado, enero 11, 2014

 

Engaño populista

Probablemente no haya en el vocabulario del mexicano una palabra que nos haga recordar lo débiles, mal informados y malintencionados que han sido nuestros políticos con respecto a la sociedad, como "populismo".

Durante décadas esta palabra se introdujo en la práctica del Gobierno de una manera tal que disminuyó las capacidades de la población, lo mismo en los grandes programas por el campo mexicano -que siguen sin mejorar su productividad- como en los planes sociales que sólo alivian temporalmente un problema de pobreza estructural y que continúa a pesar de los cientos de millones de pesos invertidos.

Y ante la falta de auténticos liderazgos que inspiren a la población a lograr mejores condiciones de vida, los administradores de lo público se dedicaron a darnos pan y circo.

En 1994, buscando mayor participación, la sociedad motivó una reforma electoral que abrió las puertas a la ciudadanización de las elecciones. Veinte años más tarde, aterrorizados por lo que el voto libre podría acarrear, los secuestradores del poder público transaron la partidocracia. Una que hoy ha necesitado cambiar tres veces de Consejo Electoral y nunca ha reducido el presupuesto anual para los partidos políticos.

Este año México gastará alrededor de 12 millones de pesos al día vía las transferencias que el IFE envía a los partidos. Sin embargo, sin auditorías como las que el SAT practica a las empresas, los partidos políticos son hoy el bastión populista que beneficia sólo a sus miembros. Han dado la espalda a la población.

El resultado es claro en dos frentes. Primero, los partidos pagan a ciertos medios de comunicación y éstos aplauden lo que sus clientes hagan. A lo mejor me equivoco, pero no recuerdo una crítica seria al PRD por parte del diario La Jornada o una al PRI por parte de otros medios.

Segundo, no conozco un partido que critique a un Gobernador o Alcalde de sus filas, sin embargo, se esmeran en criticar a la Oposición con justificaciones baratas y sin argumentos sólidos.

Al final, lo que nos ha pasado es que todos los partidos políticos han olvidado su tarea de representar los ideales democráticos que les dieron origen, a cambio de su canonjía presupuestal y de poder.

Este círculo vicioso ha generado también Gobiernos locales que se oponen a los otros partidos, partidos que son agencia de colocación política. Y en todo esto, la sociedad sale sobrando.

El populismo es tal que abundan programas en los tres niveles de Gobierno para apoyar a los pobres que cuestan más administrarlos que el beneficio real que otorgan y que resultan botines para los políticos afanosos de autopromoverse.

Abundan subsidios para los desempleados que benefician también a los que no quieren trabajar, becas a los que no han podido estudiar -y que reprueban porque no quieren hacerlo-, sin que se conozcan los resultados medibles de estos gastos.

La diferencia entre administrar bien un Gobierno y ser un Gobierno populista está en la irresponsabilidad del futuro de las finanzas y de la población. Son programas populistas porque irresponsablemente se olvidan de manejar con cordura los programas que son para habilitar a la sociedad y hacerla más fuerte, no para mantenerla entretenida.

Hoy el afán de populismo lo vemos en las explicaciones de los Gobiernos municipal y estatal que buscan salidas fáciles a los problemas y desdeñan el análisis crítico, la revisión de indicadores, la búsqueda de información pertinente para lograr soluciones en las que la sociedad sea protagonista, no limosnera.

El gobernante es mandatario, nosotros somos los mandantes. No hay que olvidarlo.

Sin embargo, parece que todos los días nuestros Gobiernos y sus políticos se encargan de buscar que se nos olvide quién manda con el engaño populista de sus discursos y pésima administración pública.

Vidal Garza Cantú 
vidalgarza@yahoo.com


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