domingo, julio 01, 2012

 

Pasado o futuro

Para Bismarck, el gran Canciller alemán, "nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería". La tarea del ciudadano en un día de elecciones como hoy es dilucidar entre propuestas, imágenes y mentiras. Todo se vale en una contienda, y la que hoy concluye no fue excepción. Ahora viene la responsabilidad ciudadana.

Los candidatos hicieron su tarea y hoy le toca al ciudadano optar. Como hace seis años, en los últimos días se ha intentado generar un ambiente de descalificación de los procesos electorales. A diferencia de entonces, hoy las encuestas arrojan números muy distintos que le confieren una mayor confiabilidad al ejercicio democrático. Los dos principales candidatos no ponen en juego la estabilidad económica como sí lo estuvo entonces. El avance en este frente es sólido y la amenaza de regresión económica ha amainado tanto que no fue tema relevante en la contienda.

Hoy la tesitura es distinta. Es entre el pasado y el futuro: reconstruir lo que funcionaba o construir una plataforma distinta hacia el futuro. La realidad es que pese a los avances democráticos que se han dado, estamos lejos de vivir en una democracia consolidada. Los políticos no cumplieron con su responsabilidad de construir instituciones que, al dar solidez y predictibilidad a los procesos de toma de decisiones, eliminaran el riesgo de inestabilidad que acompaña a las transiciones de Gobierno. Con nuestro voto los ciudadanos debemos forzar a los políticos a construir las instituciones clave para el desarrollo, la estabilidad y el crecimiento acelerado.

De los tres principales contendientes que hoy se presentan ante el electorado, uno no ha dejado de amenazar con el desconocimiento de los resultados y el contingente de otro sueña con restaurar el viejo régimen. Ambas situaciones son emblemáticas de la inmadurez que caracteriza a nuestra democracia. En las democracias consolidadas lo que se disputa es un pequeño cambio de enfoque que no pone en entredicho la vida cotidiana de la población o la estabilidad del país. Las discusiones en las últimas semanas revelan que estamos lejos de haber arribado al punto en el que eso sea cierto. El hecho de que la estabilidad (o el riesgo del retorno del PRI) sea tema de discusión es revelador en sí mismo.

La ciudadanía tiene que optar por la mejor opción, o combinación de opciones, que le confiera certidumbre respecto al futuro. El caso de la economía ilustra: aunque ésta ha ido mejorando sistemáticamente (2011 fue el año de mayor creación de empleos de nuestra historia), persisten disputas sobre la dirección que debe seguir. En los planteamientos que se escucharon en la contienda un candidato idealizaba el pasado, otro planteaba un retorno a lo que funcionaba y otro más ofrecía un replanteamiento hacia el futuro. A pesar de que México vive una de las mejores circunstancias del mundo en materia económica, la efervescencia es enorme.

Detrás de muchos de los planteamientos se encuentra la idea de que es posible y deseable reconstruir momentos emblemáticos del pasado (sobre todo los 60 o los 70). Una mejor alternativa sería hacer nuestra la ola de cambio que ha caracterizado al mundo en este medio siglo: asirla y romper con los obstáculos que ha generado esta economía polarizada y contrastante donde una parte crece con celeridad en tanto que otra languidece sin rumbo ni oportunidad. Las diferencias aparentes pueden parecer pequeñas, pero se trata de una diferencia radical de enfoque y visión. La pregunta es cómo asegurar el avance hacia consolidar una plataforma de crecimiento con igualdad de oportunidad para todos. El voto es un instrumento limitado, pero excepcional, para ello.

La disyuntiva en la elección de hoy reside en el para qué del Gobierno y qué implica eso para el futuro del País. Es fundamental romper con los impedimentos al crecimiento, muchos de ellos originados en ese mundo idílico de hace décadas que, como dijo Cervantes, nunca fue tal. Por eso es clave quién gane, pero también quién quede en segundo lugar: porque determina la orientación hacia adelante o hacia atrás.

México tiene que ver hacia adelante, dejando el pasado en la historia. La clave del futuro no reside en restaurar, sino en liberar y darle instrumentos al ciudadano para que pueda competir en un mundo globalizado donde la capacidad de agregar valor está determinada por la calidad de la educación (y su naturaleza), la funcionalidad de la infraestructura física y humana y las vinculaciones con el resto del mundo. El ciudadano tiene hoy la oportunidad y la responsabilidad de construir con sus votos los equilibrios que mejor contribuyan a lograrlo: votar diferente para Presidente y para el Legislativo.

En décadas pasadas México abandonó el modelo económico introspectivo porque éste había agotado su viabilidad. Hoy comenzamos a ver los resultados de décadas de transformación y, por vez primera en mucho tiempo, el futuro se ve promisorio. Es momento de dar el gran salto hacia el futuro.

Requerimos un Gobierno competente que construya condiciones políticas y estructurales para que la economía pueda prosperar a un ritmo muy superior al que hemos experimentado recientemente. También, un Gobierno acotado que evite e impida excesos o retrocesos, pues la inmadurez de nuestra democracia hace factible que eso ocurra. Tenemos que dar el giro final: construir la plataforma de un país moderno, en un entorno de libertad en el que la creatividad de la ciudadanía pueda florecer en la forma de actividad empresarial a la que todos tengan acceso.

La opción en esta elección es clara: regresar a lo que ya fue y no funcionó, o dar el gran salto, con conducción gubernamental, hacia el cambio que no acabó de cuajar en la última década, pero que es necesario y, en buena medida, inexorable. Cada votante tendrá que determinar cuál es la mejor combinación que fuerce a los políticos a actuar.

Hace días expresé mi preferencia de candidato. La tarea del votante hoy es decidirse e ir a votar por quién pueda avanzar -y no tenga alternativa de hacerlo- para crear condiciones que hagan posible un futuro diferente. La responsabilidad del resultado será toda suya.

Luis Rubio
www.cidac.org
 

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