sábado, junio 23, 2012

 

Mi voto

Llegó el momento de decidir: la oportunidad que cada ciudadano tiene de traducir su experiencia y responsabilidad en un voto. Cada contendiente tiene activos y pasivos y cada uno entraña una visión distinta del futuro. Explico aquí mi voto.

En una sociedad abierta, los ciudadanos deciden quién los va a gobernar por medio de una marca en una papeleta, acción que parece pequeña, pero constituye una decisión fundamental: ahí el ciudadano resume sus expectativas para mejorar su vida. Aunque un candidato nos pueda gustar más que otro, lo crucial es saber cuál sabrá responder cuando venga el momento de tomar decisiones en circunstancias de crisis que no son anticipables y no están en un "script". En ese momento lo único que cuenta es la fortaleza de la personalidad y temperamento del Presidente, lo que en inglés se llama "character". No existe traducción perfecta, pero el concepto engloba la entereza, valores y visión de quien está a cargo. Por eso la persona importa.

En estos meses los candidatos nos han saturado de mensajes y discursos. Mucho de eso acabará en el basurero de la historia porque el calor de la contienda genera propuestas e ideas que no siempre son factibles (o deseables) en la realidad del gobernante. Quien gane la elección tendrá que definir objetivos, estrategias y el personal responsable de aplicarlos. Ya hemos visto los costos de equipos pobres y/o leales. Será clave un equipo profesional y excepcionalmente capacitado que rompa los entuertos, sin importar su origen partidista.

El contexto que caracteriza al País requiere habilidades muy particulares. En el momento de mayor cambio y turbulencia en el País y en el mundo (1994-2012), tuvimos tres Presidentes sin habilidades políticas para sumar contrincantes y enfrentar desafíos sin parangón. En los próximos seis años el País tendrá que alcanzar al menos la reconciliación política interna que siente las bases para la construcción de un país de instituciones; y la transformación de las estructuras económicas para eliminar los privilegios, monopolios y fuentes de favoritismo que resultan en tasas tan pobres de crecimiento. ¿Cuál de los candidatos tiene la capacidad y visión para avanzar estos objetivos manteniendo la estabilidad?

Desde mi perspectiva, hay cuatro factores o atributos que definen a la mejor persona para gobernarnos. Primero, valores: sus creencias, visión del mundo y concepción del ciudadano frente al Gobierno. Segundo, su talento ejecutivo: capacidad de definir objetivos, armar equipos, supervisar subalternos y responder cuando las circunstancias cambian. Tercero, habilidad y disposición a negociar con los contrarios. Finalmente, la entereza para mantener la ecuanimidad y claridad de visión para no perder el rumbo.

Mi voto es para quien reúne estos atributos. En cuanto a valores, cree en la libertad de las personas como esencia de la vida, respeta creencias y preferencias distintas a las suyas, tiene una profunda preocupación por la pobreza y la desigualdad y sabe que sólo sumando -una coalición- y construyendo instituciones se puede construir para el futuro. Su ética es la de una ciudadana que entró como adulto a la política y que separa lo propio de lo público con una nitidez sin parangón. Tiene una particular convicción que es la de la igualdad de oportunidades para todos, comenzando por los que llegan con mayores desventajas a la vida.

En la década pasada, observé a Josefina Vázquez Mota como Secretaria de Desarrollo Social, de Educación y como líder de su bancada: en cada puesto mostró una impactante capacidad ejecutiva, superior a la de Calderón. Como jefa supo armar los mejores equipos, se deshizo de quienes no funcionaban, exigía cuentas precisas y no tenía problema de trabajar con gente más capaz que ella. La imagino invitando a su equipo a los mejores, al margen de partido o ideología: quienes sumen y puedan resolver los problemas del País. No es experta en todo y por eso busca al mejor talento, sin limitarse al que está en su grupo cercano. Cuando no conoce un tema, pregunta y tiene una prodigiosa capacidad para entender y actuar.

En la SEP mostró capacidad negociadora y no tuvo dificultad para entenderse con la líder magisterial y llevarla a una reforma innovadora: fin a la venta de plazas y compensación a los maestros en función del desempeño de los niños en exámenes estandarizados, ambos anatema para el sindicato. Cuando los huracanes, conoció la pobreza y desesperanza agudas y se abocó a resolver las causas, no sólo a atenuar los síntomas: cambió e institucionalizó Oportunidades y eliminó la politización en el reparto de víveres y otros apoyos.

Entró a la política como ciudadana y no ha dejado de serlo. Entiende el estado de ánimo del País y lo que ha logrado ha sido producto de su esfuerzo, capacidad, sensibilidad y visión. No es dogmática y es una persona con sentido común.

Conocí a Josefina hace más de 20 años porque un día la escuché en el radio y la busqué para invitarla a incorporarse a mi institución (no aceptó). La he visto en momentos de éxito y de dificultad. Jamás perdió la brújula. Siempre, hasta en las peores, supo reagruparse y seguir adelante. Como todos, tiene falibilidades, pero su historia muestra enorme capacidad de aprendizaje y autocontrol. Detrás de su sonrisa hay una política que calcula y ha demostrado capacidad para decidir, torcer brazos y sumar a sus interlocutores, hasta a los más difíciles. Lo que muchos interpretan como suavidad es una disposición a escuchar y a sumar: dominó al Congreso e hizo posible la aprobación de prácticamente toda la agenda del Presidente. No teme a los asuntos más peligrosos. Cuando actúa, nadie la para.

Los tres contendientes tienen cualidades y experiencias valiosas. Pero estoy convencido de que sólo ella reúne la mejor combinación de atributos, capacidades y visión. También tengo la certeza de que sólo ella tiene la capacidad de nombrar al equipo más capaz de resolver los problemas de seguridad, economía, empleo y estructura institucional porque no tiene miedo de invitar a quienes tengan las habilidades y darles todo su apoyo. Ya es tiempo de que tengamos en la Presidencia a alguien con los pantalones bien puestos.

Luis Rubio
www.cidac.org

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