jueves, enero 19, 2012

 

Prometer no empobrece

La campaña a la Presidencia en el 2006 de Andrés Manuel López Obrador tenía dos componentes centrales: las promesas de felicidad futura y la amenaza de castigo a los supuestos responsables de nuestras desgracias. En su actual campaña, a quienes antes amenazaba ahora les profesa amor, reconciliación y perdón. En donde sigue siendo el mismo es en prometer ocurrencias.

En noviembre del año pasado, por ejemplo, afirmó respecto al desempleo: "eso vamos a atenderlo nosotros, a 7 millones de jóvenes en los primeros meses. En seis semanas le doy empleo a cuatro millones...". Se trata de una mentira o una muestra de estupidez. En el 2011 se crearon casi 600 mil empleos con una tasa de crecimiento de 3.5 por ciento. Para cumplir la promesa de AMLO, en un regla de tres simple, la economía requería crecer 40 por ciento para generar 7 millones de empleos en un año.

AMLO no siempre dice lo mismo. En otras ocasiones ha prometido a 7 millones de jóvenes empleo y educación. No queda claro si una u otra o las dos, pero remata su promesa afirmando que se terminaron los rechazados en la UNAM o en cualquier otra institución de educación superior. Otra mentira o estupidez. ¿Quien se inscriba a la UNAM tendrá lugar asegurado? Sin ningún tipo de filtro, ¿se imaginan el nivel de los estudiantes?

Más allá de su pasión por las promesas fáciles, sorprende el poco eco que tienen. No encontré crítica entre sus adversarios a su promesa de crear 7 millones de empleos. Tampoco fue tema en los artículos de opinión. Ya nos acostumbramos a sus fantasías.

Partimos del equivocado principio de que para eso son las campañas, para inventar. Un error en la respuesta del precio del boleto del Metro es un escándalo, prometer alguna estupidez, no.

Esto es absurdo. Es mucho más grave prometer imposibles. Si gana el que ofrece este tipo de promesas y las trata de cumplir, llevaría al país a la quiebra. Cumplir ciertas promesas sí empobrece. Ahora bien, si gana y no las cumple, erosiona aún más el valor de la democracia. La buena noticia para AMLO es que si pierde la elección, siempre puede criticar a quien gane por no generar 7 millones de empleos. Eso es lo cómodo de ser oposición.

De las pocas cosas que permite la ley electoral es prometer. Si AMLO decidiera hacer un spot publicitario de sus fantasías para generar empleo, éste no podría quitarse del aire. La ley no castiga una promesa por más absurda que sea. Sin embargo, si el PAN o el PRI usaran ese material concluyendo que AMLO es un peligro para la estabilidad económica del país, el IFE podría suspender el spot por ser considerado una campaña negativa. Para la autoridad electoral, una campaña es negativa aunque la crítica esté bien fundamentada, basta que lastime al ofendido. En palabras de una sentencia del Tribunal: "...la Constitución prohíbe a los partidos políticos y coaliciones el empleo de cualquier expresión que denigre, aun cuando sea a propósito de una opinión o información y a pesar de que los calificativos pudieran encontrar apoyo en la literatura, la ciencia o la historia...". Habrá que ver si llegamos al extremo de que la autoridad electoral retire un spot porque agravia al ofendido que usen sus propias palabras, ya sea una mentira o un olvido.

Las campañas suelen estar basadas en vagas promesas. Casi nunca en decir cómo se van a alcanzar dichos ofrecimientos. AMLO tiene razón cuando pide debates a sus contrincantes, aunque semanales pueden ser muchos. Sin debates de verdad y abiertos, no como el del PAN del martes que asemejaba un diálogo de sordos, nos quedamos en el reino del rollo, donde cada quien va tirando su evangelio. La propia legislación es ambigua. Hay una confusión respecto a qué tipo de debates se puede hacer ante los medios de comunicación, con lo cual, si no se aclara, va a justificar a los que no quieren debatir el evitarlo.

Más allá de los catálogos de promesas, no hay siquiera claridad ideológica que permita entender qué tipo de modelo de país tienen los candidatos. AMLO no parece atreverse a mencionar que su modelo aparente es el estado nacionalista revolucionario que todo lo controla. Peña no acaba de decirnos si su estado eficaz es una variable de esa visión o si va en serio en sus promesas de liberalizar el sector petrolero y otros. El PAN no acaba de defender si en lo que cree es en el mercado con un estado limitado pero eficaz. Todos seguirán prometiendo banalidades o tonterías mientras no les cueste en el debate público.

Carlos Elizondo Mayer-Serra
@carloselizondom

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