jueves, enero 05, 2012

 

¿Corea del Norte es el camino?

Coincido completamente con dos artículos de esta semana publicados por colegas de esta página, cuyos nombres no menciono por norma de la casa, sobre el pésame de la dirección del Partido del Trabajo en México a sus camaradas por la muerte de Kim Jong-Il. Ambos se refieren de una manera u otra al aviso dado por Guillermo Sheridan, una de las personas más incisivas y perspicaces que conozco en México, hace unos días.

Vuelvo a citar lo esencial del texto del PT:
 
"El Partido del Trabajo de México lamenta el sensible deceso de nuestro camarada Kim Jong Il, líder del pueblo de Corea del Norte, y quien con gran sabiduría condujo a los norcoreanos por el camino de la paz y el desarrollo económico, político, social y cultural. Sus aportaciones son, sin duda, un legado de suma importancia para todos los pueblos que buscan su liberación de las cadenas del capitalismo salvaje, siguiendo el ejemplo de su padre Kim Il Sung, fundador de la República Popular Democrática de Corea, quien hasta el último aliento luchó por un mejor país. Reconocemos en ellos su liderazgo y su fortaleza para conducir los destinos de su gran nación".

Si el tema es importante no es por lo que diga la corrupta y sumisa dirección del PT, que nadie toma en serio desde hace tiempo. Importa porque el PT es uno de los partidos políticos de los cuales López Obrador es candidato a la Presidencia. No se trata de la adulación o incondicionalidad del PT con el dictador coreano: lo que importa es lo que piensa AMLO. Y esto seguramente nunca lo sabremos: ni él se pronunciará ni los medios lograrán arrancarle un comentario.

Pero la postura de AMLO y la de los otros dos partidos que lo apoyan -PRD y Movimiento Ciudadano- sí debe ser conocida porque los mexicanos debemos definirnos el 1 de julio, en las urnas, con pleno conocimiento de causa.

AMLO podrá decir, como en el 2006 a propósito de Chávez y Castro, que él no conoció a Kim Jong-Il, ni a su hijo Kim Jong Un, ni a su padre Kim Il-Sung (como si todos los cristianos hubieran conocido a Cristo y los musulmanes a Mahoma).

Importa porque es básico conocer el pensamiento de quien puede ser el próximo Presidente de México: ¿le parece que Corea del Norte es un ejemplo digno de admiración, de respeto, de elogios, o no? ¿Piensa que se trata efectivamente de una de las últimas y peores dictaduras estalinistas que sobrevive en la faz de la tierra o simplemente no le importa? Como tampoco parece importarle ser candidato de un partido que se manifestó en los términos adulatorios citados.

Conviene recordar que en su equipo figuran dirigentes de primera línea del PT (Monreal, Anaya, Cárdenas, Cantú); sin duda, entre la tercera y la cuarta parte de los diputados y denadores de la coalición que pueda llevar a las Cámaras vendrá del PT, y si llegara a ganar una parte de su gabinete saldría de las filas del PT. En otras palabras, López Obrador no está solo, es candidato de varios partidos, aparecerá en la boleta con candidatos al Congreso y tendrá que gobernar con alguien.

Este tipo de debate debe darse ya en México. Sí es relevante lo que piensan la dirección de los partidos, los candidatos, sus colaboradores; pero no sólo sobre las decisiones del IFE y del Trife, sobre los spots de sus adversarios, sobre las pifias de otros candidatos, o a propósito de obviedades (reducir la desigualdad, cambiar la estrategia de la guerra de Calderón); sino sobre temas que pongan en evidencia las diferencias reales de pensamiento (nacionalismo revolucionario o mayor integración con América del Norte; inversión privada en Pemex o no, etc.).

Desde la posguerra hasta 1989, los partidos comunistas de Europa Occidental llegaron, abandonaron, o fueron desterrados del poder por su sumisión completa o parcial a Moscú. Pero sobre todo por la idea del socialismo de la URSS como el camino: lo esencial era la convicción de que ése era el camino.

Para AMLO, ¿Corea del Norte es el camino?

Jorge Castañeda 
jorgegcastaneda@gmail.com
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Aunque uno quisiera creerle a AMLO que ya no es violento, que ya no es priísta. Que no es populista. El punto es que está rodeado de gente corrupta (Bejarano et al), priístas de lo peor (Bartlett et al), y de comunistas totalitarios (el PT) que sólo nos hacen concluir que AMLO es puro rollo, un mentiroso, o incongruente al rodearse de todos ellos. El debate no es quién representa un cambio (ninguno lo representa) o quien es menos corrupto (todos los políticos lo son, en todos los partidos hay mugre, porque los mexicanos así somos) sino en que visión de país, que debate propondrá a la sociedad mexicana el siguiente presidente: ¿Uno que nos lleve al crecimiento económico con las reformas estructurales pendientes o uno que nos regrese al pasado, a la docena trágica (1970-1982) con deuda, hiperinflación, demagogia y populismo?

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