martes, enero 24, 2012

 

El populismo de López Obrador

Hay diferentes definiciones de "populismo". Una de ellas tiene que ver con el uso político de la economía. Con tal de ser popular entre la población, un político niega las realidades del mercado. Quizá lo que mejor resuma esta definición es una recomendación de un gobernante populista sudamericano a un colega suyo de otro país, por ahí de mediados del siglo pasado: "Si los trabajadores te piden, dales. Si te piden más, dales más. Al fin y al cabo la economía es flexible". Es un error porque la economía no tiene nada de flexible. Al revés, es inflexible e implacable.

Puede ser que una política populista funcione durante algún tiempo. Pero al final del día alguien acaba pagando los costos y generalmente es la sociedad. Los gobiernos populistas suelen financiar con deuda las medidas "populares". Por ejemplo, incrementan los subsidios pero no suben los impuestos para financiarlos (lo cual sería impopular). No queda otra más que endeudarse. Los pasivos se acumulan y, en la medida en que un país se sobregira, sube el riesgo de pagar y el costo del endeudamiento. La gran cantidad de deuda acaba por estrangular la economía de un país. Inevitablemente llega el momento de apretarse el cinturón. Las sociedades acaban pagando un costo carísimo por el populismo. Suelen terminar peor de lo que estaban antes de que comenzara la fiesta populista.

Por definición, el discurso populista es popular: le encanta al electorado. Cuando un candidato presidencial promete que reducirá el precio de gasolinas, gas, diésel y la energía eléctrica, pues eso suena a música pura para la mayoría de la población. Y eso es lo que prometió López Obrador este fin de semana.

Muy bien. El problema es que se trata de una promesa populista que niega las realidades del mercado. En lugar de que a los precios de los bienes y servicios los determine su escasez relativa, el político, desde su escritorio, los define, para ser popular; los pone por debajo del precio de mercado, otorgándole un subsidio a la población, subsidio que tiene que pagarse de alguna forma. Si no se incrementan los impuestos, lo único que queda es aumentar la deuda pública.

No sólo eso. Definir los precios por decreto produce un conjunto de distorsiones. Si el gobierno, como promete AMLO, baja los precios de las gasolinas, se incrementa la compra de automóviles de más cilindros, que consumen más. Amén que el subsidio, a quien más beneficia, es a los más ricos, que son los que tienen coches. Si el gobierno subsidia la electricidad, los consumidores ya no ponen focos ahorradores y dejan la luz prendida todo el día. Esto implica un mayor consumo de combustibles fósiles que incrementa el calentamiento global. ¿Es eso lo que queremos los mexicanos?

Si gana, AMLO también promete construir cinco refinerías en México. Se trata de otra propuesta populista porque la refinación de petróleo es un pésimo negocio en todo el mundo. Las refinerías, por lo general, pierden dinero. Si las empresas petroleras refinan crudo es para que haya más consumo de petróleo, cuya extracción es el gran negocio. Y resulta que López Obrador está prometiendo abrir cinco nuevos malos negocios para los contribuyentes. ¿Por qué deberíamos aceptarlo? Pues porque resulta popular la idea que el país tenga cinco refinerías más, que generarían muchos empleos con dinero público. Al fin y al cabo, el que pondría los recursos sería el gobierno y, si hubiera pérdidas -como actualmente las hay en las refinerías de Pemex-, pues éste las absorbería. Lo que rehusamos ver es que esas pérdidas nos cuestan a toda la sociedad.

López Obrador ha anunciado a parte del gabinete que lo acompañaría en caso de ganar la Presidencia. Muchos son gente respetable. Y aunque los hombres importan, lo más relevante son las políticas públicas que implementaría el candidato en caso de ganar. Algunas de las que propone AMLO son, sin lugar a dudas, populistas.

Leo Zuckermann

            Twitter: @leozuckermann

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Las políticas populistas generan inflación con el paso del tiempo. Y la inflación es el impuesto a los pobres, que son quienes más la sufren. Todo lo que propone AMLO ya lo vivimos en México, en la "docena trágica", el periodo de 1970 a 1982 de los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo. Sólo la gente que tiene más de 60 o más años vivió esa docena trágica como adulto de manera completa. Pero ahí están los datos, en los libros, en mucha información en internet para el que quiera saber la verdad. Las propuestas de AMLO ya se aplicaron en México y las consecuencias aún las estamos padeciendo.


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