sábado, noviembre 26, 2011

 

El menos peor

Hace unos días envié una columna de "Juan Ciudadano" que se publicó en El Norte que hablaba sobre las promesas huecas de los candidatos y en la que se invitaba a revisar lo que los candidatos habían hecho en sus puestos anteriores para decidir su voto. Al final hice algunos comentarios donde reforzaba el argumento del columnista y ponía como ejemplos a López Obrador y a Peña Nieto.

Recibí varios comentarios de algunas personas criticando que no había dicho nada de algún panista e incluso se me dio el argumento de que el PAN ya había tenido "2 oportunidades" y que no había podido, que el PRI no era opción y que por lo tanto había que probar con el PRD que nunca había gobernado.

Primero hay que aclarar que el PAN aún no define candidato como los otros dos. Hace ya varias semanas publiqué en Twitter y en Facebook el siguiente comentario: "Si fuera perredista votaría por Ebrard. Si fuera priísta por Beltrones, y si fuera panista por Vázquez Mota", pues de los precandidatos en ese entonces eran los "menos peores" de cada partido. Hoy sabemos que perredistas y priístas han seleccionado al peor de sus opciones, y el PAN aún no decide, y ya tiene una cuarta opción, Javier Livas, que ahora resultaría no sólo el menos peor, sino que sería una excelente opción. Lamentablemente Livas no tiene el peso al interior de su partido y es un completo desconocido para la mayoría de la población, por lo que es casi un hecho de que no ganará la elección interna panista.

Al igual que en el 2006, nuevamente los partidos están escogiendo opciones muy malas, pésimas, y nos están orillando a votar por el menos peor. No me gusta este tipo de decisión, no me satisface. Pero lamentablemente no hay opciones. Algunas personas que se mantienen informadas y que tampoco quieren escoger al menos peor han decidido anular su voto. Otros son apáticos de la política y nunca votan, les da igual, son los abstencionistas. Quienes decidan anular su voto tienen todo mi respeto, no así los abstencionistas. Anular el voto es una decisión razonada, valiente, y que al menos da la tranquilidad personal de que no se respalda, que no se aprueba a la partidocracia que tenemos. Quienes sí van a las urnas y anulan su voto si tiene derecho a opinar y criticar a todo el sistema. No así los abstencionistas.

Pero lamentablemente, con la Ley Electoral vigente en México, anular el voto tampoco logra nada. Por ahí circulan varios correos que invitan a anular el voto, incluso algunos dicen, erróneamente, que si se anula la boleta para senadores no habría senado y se ahorraría dinero. Los votos nulos no se cuentan, es falso que si hay 20% de votos nulos se anula una casilla. Anular el voto sólo le da tranquilidad, paz mental a quien lo anula de no respaldar a ningún partido. Pero no se lograrán cambios ni mejorará el sistema político, y menos el país. Si en países como España, donde si está legislado el voto nulo o blanco, en las elecciones generales que tuvieron en días pasados, a pesar de un desempleo de más del 20% de la población económicamente activa, y a pesar de que ahí nació el movimiento de "los indignados" que reniegan de todo el sistema político, el voto nulo no logró nada, más que ganara el Partido Popular, de la derecha, por amplia mayoría y que gobernará sin contrapesos los siguientes 4 años.

Y eso es lo que el voto nulo y el abstencionismo hacen, potencializar el voto de los partidos que más voto duro, más acarreados, tienen. Con la legislación actual aunque los votos nulos fueran mayoría la elección sería válida, legal. De todos modos alguien ganará y ese alguien gobernará y administrará, se gastará, el Erario, nuestros impuestos. ¿Cuál es el objetivo entonces del voto nulo? Quienes lo promueven insisten en que es un castigo, una protesta contra la partidocracia. Pero a los políticos ni les importa, al contrario, los votos nulos aumentan los porcentajes con los que se calculan las prerrogativas que reciben del Erario. Para mí el voto nulo sólo da tranquilidad mental personal, nada más.

¿Y que logra votar por el menos peor? Quizá tampoco logre gran cosa, sobre todo porque gane quien gane no lo hará con mayoría en el Congreso, como ha sucedido desde la elección del 2000. Sin mayoría en el Congreso quien gane la presidencia no podrá pasar su agenda política en automático y si la oposición lo decide podrá bloquear todo, como ha sucedido en los últimos 11 años. ¿Entonces? Bueno, hay algo que si puede hacer el ejecutivo aunque no tenga mayoría en el Congreso: proponer la agenda de temas a nivel nacional, así como llevar mano en el gasto gubernamental federal, que en un país tan centralizado como el nuestro, es bastante.

Es por esa razón que escoger al menos peor aumenta las probabilidades (no garantiza) de que el Erario se gaste de manera racional (sin mucho endeudamiento, sin tanto déficits) y que el debate nacional se incline hacia las reformas estructurales, hacia propuestas que pudieran permitir que el país avance en la dirección correcta. No hay garantía, como ya se vio en los dos últimos sexenios, pues al no haber mayoría en ese sentido en el Congreso, las reformas no pasan o si se aprueban son mutiladas o sólo quedan en buenos deseos. Pero al menos se propusieron y discutieron. Tuvieron una oportunidad.

En cambio si gana el peor, que tampoco lo haría con mayoría en el Congreso, el debate nacional, las propuestas presentadas al Congreso, los presupuestos anuales, se inclinarían hacia opciones populistas, demagógicas, déficits mayores, y un riesgo mayor de perder la estabilidad macroeconómica que hemos gozado (aunque a la mayoría parece que se les han olvidado las épocas de crisis recurrentes, inflaciones de 2 y 3 dígitos, devaluaciones, cero crédito) en los últimos 15 años.

Cuando se habla de escoger el menos peor normalmente los argumentos giran en torno a quién tiene una cola más larga que le pisen, a quién tiene más larga la historia de corrupción. Y claro que eso es una variable importante a evaluar. Pero en la política mexicana (y yo diría que la mundial, ahí tenemos los casos de Italia, Grecia, España, Francia, Brasil, EUA, y un larguísimo etcétera) no hay partido que no tenga sus muchísimas historias y casos bien documentados de corrupción, nepotismo, autoritarismo, opacidad, de sus militantes. Por lo que tratar de identificar al menos peor, al menos sucio, en el ámbito de corrupción sería una tarea muy difícil sino que imposible. Y por lo tanto se vuelve hasta cierto punto inútil.

Aún más inútil, sino que ingenuo y hasta pueril, es decidir el voto en base a oportunidades con argumentos como "ya tuvo dos oportunidades no merece otra" o "nunca ha gobernado en la grande así que merece una oportunidad". Todos los partidos, aún el PRD que no ha ganado la presidencia, han demostrado sus debilidades, la valía (o minusvalía) de sus militantes y líderes "distinguidos". Cualquiera que tenga 2 dedos de frente tiene la capacidad de imaginarse el resultado sin tener que probar a alguien simplemente porque no ha tenido la oportunidad, sobre todo cuando en su discurso (ya no hablemos de su actuar) traen propuestas que ya sabemos en carne propia (al menos quienes vivimos al menos una de las muchas crisis que se vivieron en los 30 años anteriores a la última década) son una apuesta segura al fracaso, al exceso gubernamental, deudas, inflaciones, y a incrementar aún más a la gorda burocracia. Yo no necesito darle la oportunidad a alguien que nunca la ha tenido para saber que lo que propone profundizaría aún más el retraso que tenemos.

¿Qué necesidad tenemos de que el debate nacional, las iniciativas en el Congreso, se alejen de las reformas estructurales que tanto se han postergado y que tanto necesitamos? Podrán decir que no pasará nada porque nadie tiene mayoría en el Congreso y no se aprobará nada. Quizá así sea, pero ¿si en una de esas nos toca la de malas y se aprueba? Los legisladores ya han demostrado también que, aún y cuando son 628 personas, muy seguido se ponen de acuerdo para aprobar reverendas estupideces. Hay mucho populismo, demagogia, entre los legisladores cuyo mayor interés es quedar bien con sus cúpulas partidistas para asegurar el siguiente hueso. Yo la verdad prefiero no correr ese riesgo.

Como electores en una partidocracia no nos queda más que votar pensando en inclinar las probabilidades hacia el lado donde quizá se aprueben las reformas estructurales que eventualmente nos permitan crecer a un mayor ritmo, que quizá permitan más inversión productiva que es la única que genera empleos (no se crean por decreto presidencial, aunque sea el mesías), que quizá limiten los monopolios empresariales (públicos o privados) así como los sindicales. Debemos intentar inclinar la balanza pensando en una reforma laboral que flexibilice el mercado de trabajo y que acaben con los monopolios sindicales y los líderes ricos y obreros pobres. Debemos pensar en una reforma energética que permita inversiones en electricidad e hidrocarburos que generen empleos, más competitividad en el sector. Una reforma fiscal que premie la inversión privada, y que grave al consumo, eliminando los subsidios generalizados que sólo benefician a los que más gastan (que son los que más tienen). Hay que pensar de qué lado podría darse una reforma política que permita candidaturas independientes, segunda vuelta, reelección, que disminuya el poder de las cúpulas partidistas (menos partidocracia) y aumente la del ciudadano (más democracia) y libertad de expresión total política.

En resumen, de qué lado están las propuestas liberales, modernizadoras, para votar por ellas, y no aumentar las probabilidades del grupo de políticos que han dominado el debate nacional en la mayor parte de los últimos 40 años hacia el conservadurismo (mantener el status quo), de que todo siga igual, privilegiando a sindicatos, burócratas, políticos, y empresarios  que viven de extraer rentas (y no hablo de corrupción) del Erario, de los ciudadanos. Yo no necesito darle la oportunidad a alguien que ya dijo, por ejemplo, que resucitaría a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro para que los flojonazos del SME y su millonario líder Martín Esparza sigan sangrando al Erario con un pésimo servicio para la ciudadanía. ¿Qué necesidad? Medítenlo.

 

Dany Portales

http://no-al-populismo.blogspot.com

 


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