martes, julio 12, 2016

 

¿Cómo se hace un gran maestro?

¿Cómo se hace un gran maestro?

 

El provocativo título de una portada reciente de The Economist (TE). Un tema muy apropiado ahora que algunos maestros en México "dan clases" de violencia, bloqueos y cómo dañar a niños.

 

Mientras aquí nos peleamos para ver si "se evalúa al maestro", en el mundo desarrollado esto ya no es tema. Allá buscan mejorar al maestro, el elemento clave en una educación de calidad.

 

"El secreto de buenas calificaciones y alumnos estelares son los maestros. Un alumno que toma clases de un gran maestro (del 10 por ciento superior) aprende tres veces más del que está en el grupo de uno malo (del 10 por ciento peor)", explica TE.

 

John Hattie de la U. de Maryland analizó resultados de más de 65 mil estudios de mejora en la calidad educativa aplicados a 250 millones de estudiantes. Sorpresa: no pesan tanto cosas que los papás aprecian como clases pequeñas, uniformes o dividir alumnos por habilidad.

 

Lo más importante: un gran maestro. Que por cierto no nace, se hace: "se puede hacer extraordinarios a maestros comunes y corrientes". Algo que puede revolucionar a las escuelas (y al mundo).

 

"Las escuelas olvidan enseñar a sus alumnos más importantes: los maestros. En la OCDE, el 40 por ciento nunca ha aprendido a presenciar clases de otros maestros", añade.

 

Un buen maestro establece metas claras, estándares altos de comportamiento (del alumno), planea bien sus clases y utiliza técnicas didácticas probadas.

 

"En la docencia, el camino a la maestría no pasa por teorías abstractas sino por práctica intensa basada en experiencias probadas y métodos pedagógicos". Lo que TE llama "el oficio del salón".

 

La revista reseña el estudio de Rob Coe de la U. de Durham que afirma que no funcionan técnicas de enseñanza generalmente aceptadas como alabar al alumno sin razón para motivarlo, aceptar o promover "estilos diferentes de aprendizaje" y pensar que alumnos pueden descubrir conceptos complejos solos.

 

No, el maestro tiene que guiar. Por eso, instituciones privadas y gubernamentales experimentan, generan y capacitan con métodos que sí hacen diferencia. Por ejemplo:

 

· Hacer preguntas provocativas aleatorias a todos y no solo a los "listos".

 

· Encargar tareas cortas por escrito.

 

· Planear clases con objetivos calendarizados.

 

· Liderazgo del maestro pero con alta interactividad grupal.

 

· Anticipar errores comunes.

 

"El oficio del salón" aplica recetas específicas obtenidas de observar y desmenuzar las mejores prácticas de los mejores maestros.

 

Por ejemplo, la revista británica cita las 62 técnicas de Doug Lemov. Tienen nombres pegadores, como "estíralo", "no pidas perdón", "empieza con el final". O una de mis favoritas, la 26: todos escriben (vea un video en nuestros sitios).

 

La premisa de esta técnica yo la he comprobado: escribir algo antes de discutir o exponerlo ayuda a tener mejores ideas. Bien dice Lemov: "reflexionar antes de convertir pensamientos en palabras da la oportunidad (al estudiante) de participar con mejores ideas y lograr mayor confianza".

 

El también autor del libro "Enseñar como Campeón" asegura que para llegar a ser experto en enseñar bien (y en cualquier cosa) se requieren tres cosas: práctica, práctica y práctica. Igualito que en los deportes.

 

"La forma como Roger Federer golpea un revés es el resultado de incontables horas de práctica y análisis. Al encontrar una falla en su juego (un gran atleta) la desmenuza en partes y trabaja en la ejecución de pequeños cambios", explica una nota reciente sobre la revolución educativa en el diario The Guardian.

 

Sólo con un sistema ingenieril para mejorar a los maestros se pueden obtener grandes alumnos que contribuyan poco a poco a mejorar a un país (relea "Los dos Méxicos").

 

El rotativo británico es contundente: "la globalización incrementa la presión para que los sistemas educativos mejoren".

 

Esta verdad indiscutible es para México una tragedia. Mientras que países desarrollados buscan potenciar su calidad educativa, nosotros estamos atascados en el primer paso. Condenados a verle las suelas a los que van a ganar la carrera.

 

EN POCAS PALABRAS...

 

"El maestro hace la diferencia, no el salón de clases".

Michael Morpurgo, autor inglés

 

Jorge A. Meléndez Ruiz

benchmark@elnorte.com

Twitter: jorgemelendez


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