lunes, septiembre 29, 2008

 

Corrupción, educación, pobreza, 2006

El martes 23 de septiembre se dio a conocer el Indice Internacional de Percepción de Corrupción 2008 de Transparencia Internacional. No hubo sorpresas: Dinamarca, Suecia y Nueva Zelandia son percibidos como los países con menor corrupción en el mundo, con una calificación de 9.3, mientras que México, por tercer año consecutivo, se mantiene en un patético 3.6 en el lejano puesto 72 de las 180 naciones encuestadas. No es un destino regional o latino: Uruguay y Chile, se ubican en el lugar 23 con una puntuación de 6.9, (y 14 naciones del área están mejor calificadas que nosotros).

¿Deberíamos asombrarnos de esa situación cuando en Monterrey todos los organismos empresariales publican un desplegado denunciando la corrupción del gobierno municipal de Adalberto Madero y no pasa nada?¿cuándo todas las encuestas demuestran un crecimiento muy significativo de la corrupción en el Distrito Federal y tampoco pasa nada?¿cuándo algunos ven con naturalidad e incluso como un derecho adquirido que se puedan "heredar" plazas laborales, que se pagan de nuestros impuestos, para venderlas o negociar con ellas como si fueran un patrimonio personal?¿cuándo existen estados, municipios, sindicatos, sectores descentralizados que no terminan de rendir cuentas?¿asombrarnos por ejemplo, que un hombre inhabilitado por malos manejos financieros por la Federación en el sexenio anterior, hoy esté a cargo del deporte olímpico mexicano, recibiendo recursos públicos sin rendir cuenta por ellos?.

No es una casualidad que mientras en términos de percepción de corrupción estamos muy lejos de cualquier nación de la OCDE, también lo estemos en educación o en la burocracia (una aliada imprescindible de la corrupción) que ahoga cualquier inversión, por importante que sea o que tengamos el peor sistema educativo de entre esos países. Un ejemplo, en Morelos, como en buena parte del país, la mitad de la población mayor de 15 años no ha completado la educación básica. Muchos no tienen, por ello trabajos bien remunerados y cada vez es mayor la migración, sobre todo hacia Estados Unidos. Todos queremos trabajos mejor remunerados, la pregunta es cómo se generarán los mismos si no existe la educación básica para ocuparlos. El hecho es que el salario promedio entre la población económicamente activa del país, entre los que están en la economía formal, es de unos 6 mil 200 pesos por persona, mientras que el ingreso promedio de quienes trabajan en la informalidad es de 3 mil 300 pesos. ¿Alguien puede dudar que se requieren más técnicos, más trabajadores calificados, más conocedores de sistemas e informática, para poder crear esas fuentes de trabajo y que estén mejor pagadas?. Necesitamos todo eso pero la verdad es que no necesitamos ni más maestros ni mucho menos un sistema que premia el inmovilismo, la burocracia y la falta de capacitación. Tampoco necesitamos más abogados, más comunicadores, más aspirantes a publicistas o incluso más médicos generales, cuando muchos no alcanzan un puesto de trabajo y los que lo hacen para el estado ganan menos que cualquier trabajador manual bien calificado.

Hace unas semanas se desató un vendaval porque la líder del sindicato de maestros Elba Esther Gordillo dijo, con poca diplomacia, que en lugar de más normales se necesitaban más escuelas técnicas. Tenía razón. No necesitamos más maestros y menos aún de educación primaria básica, simplemente porque la pirámide demográfica indica que necesitamos profesores para educación media. Y necesitamos menos maestros pero mejor preparados, porque buena parte de ellos, lo han demostrado las pruebas de evaluación, no tienen siquiera los conocimientos básicos de matemáticas y español, mucho menos los requeridos para cualquier formación técnica especializada. En lugar de invertir en más normales, se debería invertir en mejorar y ser mucho más exigentes con las actuales, diversificando la formación normalista, y en la creación de escuelas técnicas que formen los profesionales que requiere el mercado de trabajo y por los cuales sí paga buenos salarios. De otra forma, lo que tenemos es una enorme deserción o jóvenes que terminan la educación básica o media, con una formación que no les sirve más que para empezar, cuando encuentran un trabajo, en la escala laboral más baja.

Que en todo este contexto sectores del magisterio quieran seguir heredando sus plazas, que cualquiera que termine la carrera normal tenga en automático una plaza en el gobierno aunque no haya en dónde ocuparlo, que no quieran ser sometidos a exámenes de evaluación y tampoco que las plazas se otorguen tras exámenes de oposición, me parece no sólo un grave error: es absolutamente inmoral y carente del más mínimo compromiso con la sociedad. Lo que están realizando en estos días ese grupo de dirigentes con sus seguidores: bloquear ciudades y vías de comunicación, tomar por asalto instalaciones de gobierno, no iniciar el ciclo lectivo en estados como Morelos o en la práctica no hacerlo como en Michoacán, es injustificable. Tanto como que las autoridades federales o locales no actúen en ningún sentido o que algunas, como las de Quintana Roo, terminen aceptando el chantaje y otorgando todo eso y más.

Porque, además, no nos engañemos: esto nada tiene que ver con la educación, es una repetición (decía Marx que la historia se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como comedia, aunque esto no tenga nada de gracioso) de lo que ya vimos en el 2006 en Oaxaca: son los mismos actores, con un vestuario apenas diferente, con la misma escenografía pero en otro escenario geográfico, y con los mismos intereses. Es otro conflicto de poder, de corto plazo, desestabilizador y enfocado a los próximos comicios. Lo único seguro es que a ninguno de estos señores les importa un bledo la educación.

Por: Jorge Fernández Menéndez
Publicado en: Periódico ExcelsiorFecha: Jueves, 25 de Septiembre de 2008

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