miércoles, diciembre 14, 2005

 

Chávez y López

Por Salvador Kalifa, El Norte

Ver y oír al Presidente Hugo Chávez de Venezuela confirma porqué América Latina no ha podido cerrar la brecha de ingreso y productividad que la separa de Estados Unidos desde hace más de cien años. Este personaje utiliza el mismo discurso y los mismos argumentos que diferentes caciques, dictadores y políticos de nuestros países han esgrimido por décadas, haciendo abrigar esperanzas falsas a una población sufrida y desmotivada, siempre en espera de un redentor milagroso que la saque de la miseria y el rezago económico en el que se encuentra.

La versión mexicana de ese espécimen de político mesiánico cautivador de masas la encontramos en el señor Andrés López, quien aprovecha cuanta oportunidad se le presenta para azuzar la lucha de clases en nuestro País, al abusar hasta el cansancio de un discurso donde todo lo plantea a la luz de "nosotros los pobres" y "ustedes los ricos".

Las fórmulas de Chávez son las mismas que utiliza en nuestro País López, quien seguramente se murió de ganas por aparecer junto con Maradona y Chávez en la Contra Cumbre de las Américas, compartiendo un discurso demagógico y cautivador, pero al mismo tiempo hueco y sin sentido económico alguno.

Para estos personajes siempre es importante verse como una víctima, para ganar así la simpatía del pueblo. Chávez lo hace con el petate de una "inminente" invasión del suelo venezolano por el imperialismo yanqui, mientras que López se esmera en presentarse ante la población como una persona boicoteada por el IFE y la Suprema Corte de Justicia, así como amenazado de muerte por fantasmas del internet. Se trata, a fin de cuentas, de una víctima inocente a punto de ser devorada por las fauces de un ogro poderoso, sea este el Gobierno de Estados Unidos en el caso de Chávez en Venezuela, o las oligarquías política y empresarial en el caso de López en México.

No hay duda que hasta ahora esas actitudes les han ganado a ambos personajes una amplia popularidad en sus respectivos países. Chávez se ha sostenido, gracias a los precios elevados del petróleo, por más tiempo del que hubiera sido posible en otras circunstancias; mientras que la imagen mesiánica de López crece ante la ineptitud del Presidente Fox y las condiciones mediocres en las que se encuentra la economía.

Estos líderes carismáticos hacen promesas redentoras y utilizan los recursos del Estado y sus instituciones para distribuir bienes y servicios a sus electores de manera de mantener y expandir su base de poder. La tradición jerárquica de América Latina hace que estos personajes se presenten como la "encarnación" de la voluntad popular, y se erijan como sus defensores contra quienes la amenazan.

El populismo debilita a las instituciones sociales, entre las que se encuentran el Poder Judicial, el Congreso y las propias autoridades del Ejecutivo. Chávez es un ejemplo evidente de esto, pero López no se queda atrás con su desafío de las instituciones, comenzando con su desacato cuando fue Jefe de Gobierno a aplicar el SUVA en el Distrito Federal, hasta sus enfrentamientos con el Poder Judicial.

Los mensajes económicos de Chávez y López se centran en tratar de darles a los ciudadanos una falsa impresión demagógica de las políticas económicas de mercado, incitándolos a rechazar las reformas estructurales y el "neoliberalismo".

La demagogia es un método para convencer a un auditorio de un hecho falso apelando al sentido común de la persona. La demagogia no es necesariamente mentira, ya que no usa datos falsos directamente, pero en su lugar manipula con desinformación a un público ingenuo para que llegue a esa conclusión. Un demagogo es un líder político que apela a los sentimientos del público mediante el uso de la retórica y la propaganda. Hugo Chávez y Andrés López son demagogos.

La preocupación más importante en relación con los personajes populistas no es su abuso de la retórica demagógica que dice colocar al "pueblo" y las "masas" por encima de las élites "explotadoras", sean éstas los burgueses acaudalados, las autoridades actuales o los miembros de un partido político; sino más bien el tipo de medidas económicas que utilizan para supuestamente lograr sus objetivos y cumplir sus promesas.

El populismo económico en su uso actual significa simplemente el lenguaje político que ofrece la utilización de la política económica, como por ejemplo, el gasto público o el uso de subsidios a los bienes de consumo popular, para mejorar el bienestar de las masas. Los desastres económicos ocurren precisamente cuando se generaliza la intervención gubernamental con la ilusión de que es una panacea que corrige todos los males, mientras que, al mismo tiempo, se bloquea por distintos medios la operación de los mercados.

El desdén por la economía de mercado en el PRD quedó claro en las palabras de su vocero, Gerardo Fernández Noroña, quien al referirse el 7 de noviembre al candidato del PAN, Felipe Calderón, señaló que "los miembros del Comité Ejecutivo Nacional del Partido (PRD) aún están en espera de su definición frente al neoliberalismo, el ALCA, el libre comercio, la privatización de las aduanas...".

La llegada de un populista demagogo al poder no se traduce en forma alguna en ventajas económicas duraderas para la población. Por el contrario, comete una torpeza tras otra, aplicando políticas públicas que comprometen cada día más el futuro económico del país. Eso es precisamente lo que está sucediendo en Venezuela, donde Chávez adopta una posición bravucona frente a las empresas privadas, que poco a poco reducen, posponen o suspenden sus planes de inversión en ese país. Algo similar ocurrirá en México si, como todo parece indicar, Andrés López se convierte en Presidente mediante el voto de la población el próximo 2 de julio.

Salvador Kalifa es doctor en economía y consultor económico y financiero.
Su e-mail es: salvadorkalifa@prodigy.net.mx

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