martes, mayo 05, 2015

 

Desempleo con título

"Nunca dejé que la escuela interfiriera con mi educación". Mark Twain

 

Durante mucho tiempo un título universitario fue un pasaporte a la clase media. Ser licenciado, médico o ingeniero aseguraba un ingreso digno en un país con salarios de miseria.

 

Por eso los padres de familia impulsaban a sus hijos a ir a la universidad sin importar su vocación o inclinación mientras que los gobiernos gastaban crecientes cantidades de dinero para subsidiar la educación superior que hicieron virtualmente gratuita y también masiva.

 

Toda acción, sin embargo, provoca una reacción. Los mercados se han saturado para casi todas las profesiones. No sólo se han desplomado las posibilidades de empleo sino también los salarios de los egresados.

 

Hace algunas semanas leía un artículo en el El Financiero (14 de abril) sobre una reciente Feria del Empleo del Gobierno de la Ciudad de México.

 

Farmacias Similares ofrecía un puesto para botarguero, es decir, para una persona que personifique al Dr. Simi, por 6 mil 700 pesos al mes, más un "atractivo" plan de compensaciones. En cambio los puestos para graduados universitarios pagaban alrededor de 5 mil pesos.

 

El INEGI reporta que en el primer trimestre de este 2015 solamente el 20.9 por ciento de los desocupados no contaba con estudios completos de secundaria. En cambio el 79.1 por ciento correspondía a personas de "mayor nivel de instrucción".

 

Las cifras de diciembre del 2014 mostraban que el 40.9 por ciento de los desocupados tenían preparatoria o universidad.

 

Los graduados universitarios mexicanos no están trabajando en los campos para los que se han preparado. En el 2012 sólo un 40 por ciento laboraba dentro de su especialidad (gestiopolis.com).

 

Un graduado puede ganar más dinero conduciendo un Uber o vendiendo bienes raíces. El dinero gastado por el contribuyente para la educación universitaria se desperdicia en buena medida.

 

Los graduados universitarios están pagando la factura de políticas populistas que se iniciaron hace décadas y persisten todavía.

 

Quizá las medidas se hayan aplicado de buena fe, con la falsa idea de que todos los mexicanos pueden ser universitarios, pero al final se revierten contra aquellos que supuestamente debían beneficiar.

 

El sistema público universitario se expandió durante décadas por presiones de estudiantes rechazados y por el interés de los rectores de universidades públicas de tener más alumnos y mayores presupuestos sin importar lo que ocurra con los graduados.

 

El resultado fue ampliar el número de estudiantes a un nivel tal que no había posibilidad de que la economía pudiera generar empleos para todos. Con la masificación ha habido también un deterioro de la calidad. Muchos de los graduados simplemente no tienen la capacidad para desempeñarse en su campo de preparación en el mundo laboral.

 

Si no queremos seguir condenando a los graduados al desempleo y a la pobreza deberíamos reconocer que es imposible que todo el mundo pueda ser licenciado, doctor o ingeniero. La inflación de títulos se traduce necesariamente en desempleo y en una reducción de sueldos.

 

Una educación universitaria es cara y el costo debe reflejarse en las colegiaturas, como ocurre en Estados Unidos, el Reino Unido y muchos países desarrollados. Debe haber becas, pero sólo para estudiantes de buen desempeño y sin recursos.

 

Cobrar 20 centavos al año a todos no lleva más que a una distorsión del mercado educativo y a una saturación de las profesiones, exactamente lo que estamos viendo. Las universidades mexicanas deben concentrarse en mejorar la calidad antes que en perseguir la masificación.

 

De nada servirá una reforma universitaria, empero, si no se logra un mayor crecimiento de la economía.

 

Si el País sigue creciendo 2 por ciento al año no habrá ni más empleos ni mayores salarios para nadie.

BLOQUEANDO

Ayer unas 200 personas bloquearon durante horas la autopista México-Cuernavaca causando un daño enorme a miles de personas. Los bloqueos no sólo se siguen permitiendo en México sino que se vuelven cada vez más comunes, con una lamentable pérdida de productividad.

 

Sergio Sarmiento

www.sergiosarmiento.com


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