sábado, febrero 09, 2013

 

Vigencia constitucional

¿Es vigente la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos? Claro que sí, es la respuesta jurídica. Sin embargo ¿es legítima nuestra Carta Magna para la realidad que vivimos? La respuesta no es tan clara aquí, tratemos de revisar por qué.

El pasado martes conmemoramos el 96 aniversario de nuestra Constitución; no sé si también debemos reconocer la flexibilidad reconocida en su numeral 135 y recordar las más de 600 reformas que ha tenido en casi un siglo.

Una reciente encuesta de Mitofsky señala que sólo el 42 por ciento de los mexicanos sabe qué se conmemora el 5 de febrero. Menos del 25 por ciento sabe cuál es el artículo que habla sobre la educación (Artículo 3) y menos del 18 por ciento sabe dónde está enmarcado el derecho laboral (Artículo 123).

Sin duda, nuestra Carta Magna no fue hecha con la intención de ser leída, sino obedecida, pero sus capítulos y su orden son tan contradictorios que la hacen poco realista: inicia con las garantías individuales y mezcla en ellas algunos derechos sociales, luego pasa a hablar de los Poderes de la Unión sin contemplar ningún puente entre sociedad y autoridad.

Parecería que nuestra Carta Suprema fue escrita en un momento en que la sociedad debía permanecer en silencio y ser simple espectadora agradecida con los derechos sociales que la lucha revolucionaria y los liberales le habían concedido no en la realidad, sino sólo en el papel.

La verdad es que la sociedad no existe en la Constitución Mexicana. De hecho las palabras "sociedad" y "pueblo" sólo se mencionan 10 veces cada una a lo largo de los 136 artículos que conforman nuestra Carta Magna.

Curiosamente, otras palabras parecen tener más fuerza en la Constitución. Por ejemplo, "gobierno" tiene 94 menciones, "autoridad" 71 y "Estado" tiene 121.

La palabra "Congreso" aparece 124 veces en todo el texto, "Presidente" en 99 ocasiones, y la palabra "diputados" se menciona 93 veces.

También reflejo de que la sociedad está alejada de su Constitución es el hecho de que sólo hay una mención a la palabra fundamental de cualquier país "democracia". En dos ocasiones se menciona "crecimiento económico", pero 39 veces se mencionan a los "partidos políticos".

La palabra "consenso" no aparece en ninguna parte y sólo hay 10 menciones a "acuerdos".

Para Karl Loewenstein, estudioso del derecho constitucional alemán, sólo hay tres clases de constituciones: las normativas, que tienen un estrecho vínculo entre la realidad y la norma escrita, que es sentida y vivida tanto por los titulares del poder como por sus ciudadanos; las semánticas, también llamadas pseudoconstituciones, que son las que se aplican, pero más para mantener el monopolio del poder público y no para regular el proceso político; y las nominales, que carecen de ese vínculo entre realidad y norma y no se aplica en la realidad.

La nuestra cae en este tercer apartado, a diferencia de la estadounidense con sus casi 226 años de vida y que es una Constitución normativa.

Aquí considero que cabe la reflexión de comparar el principio de nuestra Constitución con la de Estados Unidos.

La Constitución de nuestros vecinos inicia reconociendo que es el pueblo el que se constituye como una nación y es el tenedor y depositario original de los derechos, y que entre todos éstos se deben construir y defender.

Nuestro Artículo 1 señala que es la Constitución, no el pueblo, la que reconoce, procura y garantizará los derechos fundamentales a los mexicanos.

Con ello supuso que alguien supremo, abstracto, lejano, intangible y no identificable daba y garantizaba los derechos que se señalan en la Carta Magna, cuando en esencia debemos de reconocer que los derechos se construyen, defienden y mantienen gracias al trabajo y respeto tanto de sus ciudadanos como de su Gobierno.

Nuestra Constitución es vigente y será legítima cuando la ciudadanía y el Gobierno respetan sus postulados, cuando les son suficientemente válidos para su quehacer diario, pero, sobre todo, cuando alimentan la libertad y las capacidades de lograr acuerdos para mejorar nuestro desarrollo.

Moderna para su época, lo cierto es que nuestra Constitución enmarcaba un anhelo de todos los mexicanos que hoy no vemos realizado, precisamente porque no fueron tomados en cuenta.

Como muchas leyes en la actualidad, que son letra muerta al legislarse de espaldas a la sociedad, nuestra Carta Magna es el reflejo de esa distancia entre el Gobierno y sus ciudadanos. Distancia que produce el rezago en la vigencia de los derechos individuales y sociales que precisamente la Constitución buscaba garantizar.

Vidal Garza
vidalgarza@yahoo.com

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