miércoles, mayo 16, 2007

 

La izquierda: chivo en cristalería

Se celebró el 18° aniversario de la fundación del PRD en una ceremonia más bien deslucida, sin la participación del "líder moral" Cuauhtémoc Cárdenas o de miembros fundadores como Porfirio Muñoz Ledo, y sin la presencia física, aunque sí extrañamente mediática del "presidente legítimo" Andrés Manuel López Obrador. Asistieron los gobernadores del DF, Marcelo Ebrard, y de Zacatecas, Amalia García, no así Lázaro Cárdenas Batel de Michoacán. También acudieron legisladores, pero hubo notables ausencias, como la de Carlos Navarrete; Ricardo Monreal y, notoriamente, la del "gabinete legítimo" o la de políticos e intelectuales cercanos a AMLO, como Manuel Camacho. Extraña celebración para el partido que hoy es la segunda fuerza política del país.

Más allá de presencias, ausencias o video-apariciones, lo que salta a la vista es el permanente signo de contradicción que acompaña al partido que aglutina a la izquierda mexicana. Mientras hacia afuera ocupa el segundo lugar en preferencias electorales, al interior el PRD no encuentra la brújula y se evidencia la profunda crisis interna por la que atraviesa el partido. Y esto es preocupante, porque la democracia mexicana requiere de su presencia vigorosa, de una oposición constructiva que responda a los millones de votos obtenidos el año pasado. Mientras el país avanza, la dirigencia partidista parece haber quedado inmovilizada por el peso del lastre lopez-obradorista. Y la parálisis sale cara: en una encuesta realizada por GEA a fines de marzo, el 45% de los entrevistados afirmó sentirse identificado con el PAN, aunque no hubieran votado por dicho partido, mientras que 55% de los entrevistados afirmó que votaría por los candidatos del PAN si en ese momento tuviera que elegir diputados federales.

Es hora de concentrar baterías y reorientar esfuerzos hacia la modernización del partido y hacia la consolidación de la izquierda necesaria. En este sentido se han pronunciado miembros destacados de la propia izquierda. Voces tan calificadas como la de Roger Bartra con su brillante ensayo "El lodazal mexicano" (Letras Libres, octubre de 2006). Sin dejar de reconocer el "voto considerablemente alto" que recibieron tanto el PRD, como su candidato presidencial, Bartra identificó con meridiana claridad las causas de la derrota de López Obrador y de la izquierda contestataria que lo sigue apoyando y adelantó sin ambages la tesis de que "el discurso incendiario de López Obrador contra la asustadiza clase media le hizo perder millones de votos". Es decir, al margen de su aguda crítica al populismo conservador, al cacique y su pirámide de redes clientelares, o a la des-modernización de la izquierda y de los intelectuales cautivados por el espejismo populista, Bartra sostiene que la confrontación y la furiosa campaña en nombre de los pobres contra la clase media, los ricos y el presidente Fox; la denuncia de un gobierno supuestamente represor y cuasi-fascista que había conducido al país a un desastre económico; el desprecio por la legalidad y las instituciones democráticas; la insistencia de proponer políticas populistas que implicaban el regreso al asistencialismo que trata a los pobres como minusválidos, el fundamento de una pretendida superioridad moral, entre otras, fueron acciones que alejaron a los electores potencialmente más inclinados a la izquierda.

De ahí que el reto ahora para el PRD y para el movimiento social que desea abanderar sea reposicionarse como una opción política institucional, regida por procesos y no jalonada por tribus y corrientes; democrática, es decir, que acepte sin ambigüedades las reglas, los árbitros y los resultados electorales, y progresista, en el sentido más amplio de la palabra: que no sea opositor sistemático, que no pelee por esquemas económicos superados, sino por la mejor distribución de recursos e ingresos, que se concentre en propuestas que abatan la pobreza y eleven el nivel vida de la población, que abandone la confrontación y los temas que únicamente dividen a la sociedad. Finalmente, que retome la auténtica defensa de esa clase media que tantos votos les dio.

Termino con la visión de Bartra: "Espero que, en la izquierda intervengan sus líderes más democráticos, sus gobernadores más sensibles, sus aliados más inteligentes y sus intelectuales más críticos. Si no logran cambiar el curso de la confrontación, se enfrentarán al sólido muro de una coalición que representará la inmensa mayoría de los ciudadanos, y la izquierda seguirá pataleando tercamente como un chivo en la cristalería de la democracia."

Verónica Ortiz Ortega, México, DF.

Comentario tomado de las Lupas de González Iñigo

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