domingo, febrero 18, 2024

 

¿Democráticos?

¿Democráticos?

Las comparaciones son odiosas, decía mi abuelita. Pero ayudan a entender cómo vamos.

 

Hoy hay una marcha para defender la democracia mexicana. La mala noticia es que ya no lo somos. Según el más reciente "Índice de Democracia" de la revista The Economist, México ni siquiera es una democracia imperfecta, como lo era antes de la llegada de AMLO. Ahora somos un régimen híbrido, entre la democracia y el autoritarismo.

 

Lo fácil es culpar al mensajero de ser conservador. Sin embargo, el Brasil del Gobierno de Lula, mucho más de izquierda que el de AMLO, es considerado una democracia imperfecta. Se encuentra en el lugar 51 del ranking; México está en el 90, por debajo de todos los países de América del Sur, salvo Venezuela y Bolivia. América Central se cuece aparte.

 

¿En qué rubros salimos peor calificados? En los de funcionamiento del Gobierno y en cultura política. Un criterio para la baja calificación en el primer rubro es que el Legislativo deje de ser el poder constitucional dominante.

 

No se necesita un índice para saber que vamos en retroceso. Lo más evidente es el creciente papel del crimen organizado en los procesos electorales. Son preocupantes las conclusiones de un seminario dedicado al tema llevado a cabo recientemente en El Colegio de México: "las organizaciones criminales han acotado la democracia mexicana con su capacidad para decidir quiénes compiten en las urnas y quiénes no".

 

El debate público es fundamental en una democracia. El votante debe estar bien informado y elegir sin presiones. Los siervos de la nación recordándoles quién les da los apoyos sociales violan esa premisa.

 

A AMLO le encanta decir que en sus mañaneras hay un diálogo circular. Lo hay, pero es lo contrario a lo esperable en una democracia. Empieza y termina en el mismo lado, el suyo.

 

Recientemente AMLO retó al periodista Tim Golden, autor del artículo donde se señala que el crimen organizado financió su campaña en el 2006, a ir a una mañanera. ProPublica, donde se publicó el artículo, respondió: en ese terreno AMLO tiene el control y no tiene sentido asistir, pero: "Esperamos que el Presidente López Obrador nos conceda una entrevista". A AMLO no le gusta eso. Casi no las ha otorgado, ciertamente a ningún reportero crítico.

 

La creciente falta de pluralidad de los medios de comunicación limita cada vez más la información que tienen los electores. Los canales propiedad del Gobierno se han vuelto claros medios de propaganda.

 

Importa marchar hoy porque AMLO y su candidata han prometido que, de ganar la elección y la mayoría constitucional, van a destruir las instituciones autónomas que hicieron posible una vida democrática, aunque imperfecta. Éstas le permitieron a AMLO ganar en el 2018.

 

En su propuesta, los consejeros del INE y ministros, magistrados y jueces del Poder Judicial serían electos por voto popular. Parece democrático. Es lo contrario. Primero, porque los candidatos son nominados por el Ejecutivo y el Legislativo, es decir, por quienes tengan esa mayoría. Segundo, porque ¿se imaginan los acuerdos que harán los candidatos a jueces con quienes financien sus campañas? Y tercero, porque ambos órganos están ideados para proteger a las minorías. Si la mayoría controla al órgano electoral, lo hará para asegurarse de contar los votos a favor de quien esté en el poder, como cuando se caía el sistema de conteo de votos. Si el Gobierno controla al Poder Judicial, las leyes serán siempre interpretadas como el Gobierno lo desee.

 

El objetivo de Morena es una autocracia electiva. Es decir, ganar elecciones para quedarse con todo el poder y evitar la competencia electoral genuina.

 

Esta elección se hará fuera de las reglas de equidad con las que ganó AMLO hace 6 años. Pero depende de los ciudadanos defender que en México siga habiendo contrapesos.

 

Carlos Elizondo Mayer-Serra

 


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