lunes, octubre 30, 2006

 

Violencia

 
"En un principio la enfermedad es fácil de curar pero difícil de diagnosticar... pero con el paso del tiempo se hace fácil de diagnosticar pero difícil de curar".
Maquiavelo
 
Al final cayó por tierra la idea de que se podía evitar la violencia negociando y cediendo constantemente ante las exigencias de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Este viernes pasado 27 de octubre la jornada de bloqueos de calles y carreteras ordenada por la APPO en Oaxaca se saldó con confrontaciones que dejaron cuando menos tres muertos y decenas de heridos. El sábado, finalmente, el Presidente Vicente Fox tomó esa decisión postergada durante casi cinco meses de enviar la fuerza pública federal a Oaxaca.

El camarógrafo estadounidense Brad Will y el maestro Emilio Alonso fueron, al parecer, muertos por disparos de funcionarios o policías vestidos de civil o quizá de ciudadanos simpatizantes con el Gobernador Ulises Ruiz que buscaban levantar las barricadas de la APPO. El hecho de que se hayan llevado a cabo el viernes varios intentos simultáneos por levantar las barricadas en distintos puntos de Oaxaca sugiere un plan coordinado, quizá preparado por el gobierno del estado.

Esteban Zurita, un habitante de Santa María Coyotepec, fue al parecer ultimado por miembros de la APPO o de la sección 22 del SNTE. "Qué autorización tienen los maestros de usar armas de fuego" dijo a un reportero de El Universal Graciela Zurita, hija del fallecido. "Lo mataron a sangre fría. Que no quieran hacer esto como de la APPO. Mi padre no pertenecía ni a la APPO, ni a los maestros, ni a nadie. Y ya nos lo mataron".

Estos hechos de violencia obligaron al Presidente Fox, después de meses de reticencia, a enviar a miles de efectivos de la Policía Federal Preventiva y del ejército a Oaxaca. Es triste reconocerlo, pero el hecho de que uno de los muertos haya sido estadounidense le imprimió un sentido de urgencia a la acción que no habían generado los homicidios previos de una decena de oaxaqueños. Ayer, después de organizar a sus efectivos, la PFP comenzó su avance hacia el centro de la ciudad.

Las responsabilidades criminales que se han venido acumulando en estos cinco meses en Oaxaca no pueden soslayarse. Por supuesto que deben presentarse cargos en contra de quienes el viernes y en otros días dispararon y mataron a personas de uno y otro bando. Pero también debe haber acciones judiciales en contra de quienes durante cinco meses usaron la fuerza para asfixiar Oaxaca y volvieron así inevitable la violencia.

Asegurar, como lo hace la APPO o el PRD, que la única violencia en el estado es de quienes buscaban levantar las barricadas o de la policía es cerrar los ojos a la realidad. No hay duda de que con el bloqueo de cinco meses de Oaxaca se buscaba provocar la confrontación violenta que hemos visto.

La fuerza pública, aun si se usa correctamente, no representa la solución a la crisis de Oaxaca. Son demasiado numerosos y demasiado fuertes los enemigos de Ulises Ruiz que piden su renuncia y su destitución. Quizá el gobernador pueda permanecer en funciones si es apuntalado por el gobierno federal, pero lo sería a un costo muy grande para el estado y para los oaxaqueños. El mandatario debe considerar la posibilidad de renunciar a su cargo por el bien de Oaxaca.

Las autoridades de todos los niveles, sin embargo, deben aprender la lección. Es absurda la idea de nuestros políticos de que se puede evitar la violencia si no se recurre a la fuerza pública cuando los grupos políticos violan la ley. Lo que hemos visto a lo largo de los últimos años es que, al hacer concesiones constantes a los grupos que usan la fuerza para presionar al gobierno, lo único que se logra es dar incentivos para aumentar estas presiones. Si realmente se quiere evitar la violencia, es importante que desde el primer momento quede claro que las presiones, especialmente las que se llevan a cabo a través de bloqueos que violan los derechos de terceros, no son aceptables en el México actual.

Vicente Fox hizo todo lo posible por evitar el uso de la fuerza pública en Oaxaca. Dejó que durante más de cinco meses se violentaran impunemente los derechos de los oaxaqueños. Permitió que se postrara económicamente a la ciudad y que se dejara sin educación a los niños del estado. El Gobernador Ulises Ruiz llevó a cabo, mientras tanto, un juego perverso. Hizo un intento de desalojo de los grupos que habían tomado el centro de Oaxaca el 14 de junio, pero retiró a su fuerza pública dos horas después; y desde entonces insistió en que la responsabilidad era del gobierno federal y no del estado. El Presidente Fox trató también de evadir la responsabilidad hasta que la violencia del viernes confirmó que eso era imposible.

La lección es inevitable. Es mejor aplicar la ley desde el primer momento y no permitir que las cosas lleguen al punto en que la gente se haga justicia a balazos. Esto es lo que había ocurrido en Oaxaca para el momento en que la federación decidió mandar la fuerza pública.
 
Sergio Sarmiento, El Norte, 30 de octubre 2006

Comments:
No soy persona que discuta política, pero como yo lo veo, el problema está en el balance.
No me parece prudente que las autoridades cedan así como así ante la presión generada por las marchas y los plantones pero, por otro lado, ¿cómo se supone que deben oponerse los pueblos al mal gobierno, al nivel que sea?
Nuestra falta de cultura como sociedad civil es lo que desencadena todos estos conflictos. La "presión", como la entendemos en México, nunca será la solución.
 
Creo que si hay maneras pacificas de presionar a los gobiernos. Las elecciones son una de ellas.

Tambien las marchas y manifestaciones sin bloquear y dañar a terceros.

La manera violenta como la APPO y otros grupos actuan no es la correcta. Aun suponiendo que sus objetivos sean buenos.

saludos
 
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